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domingo, 8 de febrero de 2009

Hacia el choque de civilizaciones

En 1.991, Huntington describió lo que ocurriría en los próximos años, en su libro The clash of civilizations. Hoy, uno de nuestros colaboradores, Brétema, ha expresado su lamento en nuestro foro, con un artículo que expone con claridad la estrategia urdida por los etnicismos, y le he respondido a continuación, con mi opinión sobre la cuestión, pues el etnicismo nacionalista que estamos viviendo, sólo es una de las caras del problema global en el que estamos inmersos.

Les dejo el artículo de brétema y a continuación mi respuesta


SE ACABÓ LA HISTORIA, CON EL NACIONALISMO ETNICO ES IMPOSIBLE EL PACTO (por Brétema)

A algunos ya hace bastantes años que nos resulta evidente que con el nacionalismo étnico los españoles hemos cometido un error: pensamos en los momentos iniciales de la transición que concederles autogobierno, competencias, cultura y educación les haría sentirse cómodos en España, y nos hemos equivocado. Nos hemos equivocado porque el nacionalismo étnico no es un nacionalismo cívico, que pueda respetar a su pueblo, un pueblo mixto en el que la identidad es compleja y dual. Los etnonacionalistas son fundamentalistas de la identidad, y por tanto quieren imponer los rasgos de una etnia incontaminada imaginaria sobre todo el territorio que consideran propio, como Euskalerría o Els Paisos Catalans. Y este delirio les lleva a no renunciar al ideal de la patria absoluta más que coyuntural y tácticamente, pero buscando la realización completa de su imagen soñada en un proceso que consideran orientado a ese objetivo final.

Para ello necesitan disponer de un Estado y soberanía, por lo que la pertenencia a España, el sometimiento a sus intereses generales y a sus leyes, constitucionales u ordinarias, lo harán siempre que no tengan más remedio, pero a regañadientes y preparándose para dar el próximo paso cuanto antes.

Por eso el pacto fundacional de la democracia española del 78 ha fracasado: nunca se sentirán cómodos en el marco de un Estado que no sea el propio, porque eso supondría pactar la renuncia parcial y definitiva a su religión política, para acomodar a otras etnias y rasgos extraños en el territorio del que se consideran propietarios. Nunca se sentirán cómodos en el pluralismo, y eso es lo máximo que les puede ofrecer una España que no puede renunciar a su pluralidad.

Los etnonacionalistas son tan fundamentalistas como los islámicos, que después de haber invadido medio Mundo consideran que los territorios ocupados están consagrados al Islam, y no pueden ser ocupados por infieles, por lo que siempre estarán en guerra para recuperarlos ---el caso de Al Andalus, por ejemplo--- o expandir su religión a todo el Mundo. Por eso, con unos y otros, no es posible el pacto, sino el establecimiento de límites, el levantamiento de muros de libertad que ellos sepan y sientan que nunca podrán traspasar. Pero para hacer esto, que es inevitable e inaplazable si se quiere que la libertad sobreviva, es vital tener claro que se han de acabar los pasos atrás, y que incluso es necesario recuperar terreno ya perdido. Por ejemplo, en España, es vital el control de la enseñanza de la religión islámica, o el control del sistema educativo en los territorios etnonacionalistas, porque nunca se acabará su búsqueda de la sacralidad y el absoluto definidos por la religión, que al ser fundamentalista es siempre política: su objetivo es conseguir un poder que pueda imponer su etnia ---vasca, o catalana, o aria--, o su religión islámica a los que de momento son distintos. Y en la realización de ese objetivo arrasarán con la libertad, con la Nación española, con la Constitución y con el Estado.

Por eso, frente a ellos, es preciso ser conscientes de que la defensa de la libertad con firmeza es irrenunciable, y que la única Nación y el único nacionalismo que encajan en la libertad y la democracia son el nacionalismo cívico español y la Nación española basada en el reconocimiento de la pluralidad y la libertad de todos. Pero reconocimiento sólo hasta el punto en que el equilibrio de la pluralidad no se rompa; sólo hasta el punto en que algún grupo intente imponer su ganga tóxica a los demás. A partir de ese punto está el Muro de la mayoría, y el que intente romperlo o sobrepasarlo incurrirá en ilegitimidad e ilegalidad, con la consiguiente represión democrática.

Y esta actitud de base implica cambiar el pacto fundacional de la democracia del 78, que se basaba en que era posible el acuerdo: porque lo que hay frente a la democracia española es un nacionalismo étnico, basado en la imposición y la defensa táctica de la pluralidad de puertas afuera, para imponer estratégicamente la homogeneidad de puertas adentro, una vez que se cruzan las fronteras del Ebro, Alava o el Bierzo. El error fundacional de la democracia española actual es pensar que estábamos tratando con un nacionalismo cívico, que defendía la libertad, cuando lo que defiende es la imposición y la homogeneización.

Y esa Historia se ha acabado: no queda más remedio que el gran Pacto de Estado de los españoles, que somos la mayoría, contra los que quieren destruir la España de la libertad y el pluralismo, la España de la unidad desde la pluralidad. Es preciso el pacto de la gran mayoría que asuma un nacionalismo cívico, en el que España sea reconocida como la Patria de todos, irrenunciable, frente a las minorías delirantes y fundamentalistas.

Si ese Pacto de Estado no se activa de una vez, ya podemos despedirnos de la democracia, de Europa y del progreso: iremos para atrás, como ya estamos empezando a ir, a velocidad crecientemente acelerada. En lugar de un Muro para defender la libertad, ya dispondremos de unos Pirineos que nos separen de Europa de nuevo, que separen las taifas tribales de la libertad del Mundo avanzado.

Respuesta de Erasmo

HACIA EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES

Brétema, el progreso y el nacionalismo étnico compadrean perfectamente, y despotrican contra la nación clásica, histórica, establecida, constitucional, porque sus intereses son convergentes, y la nación es la única institución que les puede hacer frente, tras su apropiación del Estado.

El progreso es desarrollo material, científico, institucional, técnico, y su urdimbre es el concepto de civilización de origen francés, su consecuencia inevitable "la cultura de masas" -telebasura, consumo futbolero, negación del arte, de la cultura, de la educación independiente, relativismo, postmodernidad, pensamiento blando-. La civilización, ya no es cultura en el sentido alemán de sublimación, ni en el inglés de ecuanimidad, es, sencillamente, la toma del poder por los "civilizados incultos" que buscan cambiar el escenario de poder, de la verdad racional y contrastada, a la verdad democrática incontrastable, la de la mayoría: si una multitud ve un cerdo volando, los cerdos voladores existen.

Por otra parte, la etnicidad tiene varios frentes, la cultura de las "naciones sin Estado", la cultura de las naciones étnicas a las que de poco ha servido el Estado, ni la democracia (como las sudamericanas), y por otra parte, se adhiere antes a los programas de las naciones de otras civilizaciones (árabes, asiática, africanas...) que abjuran de la democracia, que a la que pertenecen. Es un frente común, bien trazado, contra la hegemonía occidental de valores y principios, de costumbres y tradiciones, que nos han traído hasta aquí, es una reacción contra el establishment económico-político.

Bretema, estamos viviendo la segunda edición de la Revolución Francesa a escala global, pronto llegará el terror si Obama no lo impide, QUE LO IMPEDIRÁ. Zapatero, es uno de los principales cabecillas de la revuelta, que no dudará en instalarnos en el régimen del TERROR con tal de salirse con la suya; estamos viviendo los prolegómenos de la Revolución Cultural China o la del Kmer Rojo, o el puro estalinismo soviético, que en esta ocasión, y de una forma discreta, va apartando a los mejores, a los que se esfuerzan, a los que realmente luchan, a los herederos de los que han logrado que la humanidad haya llegado hasta aquí, para sustituirlos por cualquiera que les venere, que les apoye, que comparta su cosmovisión delirante.

El progreso nos ha conducido a la tiranía laica, no hay dios, pero hay tiranía democrática contra todos los valores incrustados en la civilización occidental; es la lucha contra la globalización, contra el sistema de mercado, contra la democracia, contra la ley, el Estado de Derecho, la autoridad racional, el orden establecido a lo largo de siglos. La crisis es el primer ataque masivo contra la civilización occidental, no es la consecuencia del fracaso de la democracia, el capitalismo, y los valores occidentales, es la usurpación de los mismos por los políticos para acabar con lo que somos e implantar un nuevo modelo retrógrado, regresivo, caótico, y tiránico, desde el poder que ha sido controlado por los destructores, organizados contra el capitalismo y la democracia, en numerosos canales que van desde el cambio climático hasta la alianza de civilizaciones.

Nos llevan a la nada directamente, para modelarnos posteriormente al servicio de sus intereses. Sólo reunidos bajo el pabellón de la libertad podremos salvarnos de los opresores.


Brétema / Erasmo de Salinas

sábado, 7 de febrero de 2009

Los viejos políticos abandonan la cosa

Hay noticias que pasan desapercibidas, por qué rápidamente, los que programan la propaganda en los grandes partidos (y los pequeños) procuran ocultarla entre un montón de preocupaciones nuevas que nos ofrecen gratuitamente y que sirven a sus intereses de desprestigiar a los rivales. Crear preocupaciones es una actividad bien remunerada en estos tiempos, sobretodo en la política, pero también en la economía.

Cuando los humanos tenemos muchas preocupaciones al mismo tiempo, entramos en una situación de pensamiento confuso, en la que nos resulta difícil tomar decisiones, nos quedamos paralizados, y el miedo nos invade. Tratamos de lograr más información sobre lo que zahiere nuestra tranquilidad, pero con las intoxicaciones organizadas, cuanto más conocemos, menos sabemos.

La información se está convirtiendo en un arma agresiva, con la que los partidos políticos fustigan al personal, mientras siguen construyendo sus respectivas pirámides, en las que enterrarán con seguridad su historia, antes de sucumbir definitivamente.

En este juego de “enmierdar el asunto”, la crisis del Grupo Prisa (Ser, El País, Cuatro), compite con otras alternativas informativas, como La COPE, El Mundo, ABC, La Razón, Onda Cero, Antena 3, y medios de internet como Libertad Digital y Periodista Digital. Ningún medio de comunicación español se salva de la desmesura en estos tiempos.

Soy de los que piensa que hay que regresar al ser humano como sea y cuanto antes. Los materialismos, tanto el capitalista como el socialista, nos han conducido directamente al infierno. La organización del bienestar mantenido ha fallado, también por la desmesura, la codicia y la ausencia de profesionalidad en los políticos.

Por eso cuando ves a un comunista y socialista de 78 años irse del PSOE, después de haber dedicado su vida a los partidos de izquierda, habiendo ocupado todos los cargos posibles en el entramado representativo, diciendo que se va por qué hoy no hay democracia interna en el PSOE, invita a realizar una profunda reflexión. En el PP, ocurre otro tanto de lo mismo, y aunque no se ha comentado, con la marcha de María San Gil y Ortega Lara, me consta que han sido varios los exdiputados y exsenadores, que de una forma discreta y desapercibida, se han dado de baja del partido después de décadas de afiliación.

Hoy el PP y el PSOE se han convertido en auténticas empresas electorales, poco tienen que ver con la política, y los aparatos de los partidos controlan la situación con zarpa de hierro en el más puro estilo estalinista (los partidos nuevos, como Ciutadans y UPyD hacen exactamente lo mismo). El acto político de elegir a los representantes públicos se ha convertido en el acto mercantil de consumir un producto que resulte menos nocivo que sus alternativas.

Hasta los políticos auténticos que se han dedicado toda su vida a la cosa pública, nos están advirtiendo de lo que está ocurriendo con su marcha de la política. Aunque sea de una forma discreta, que pasa desapercibida ante el marasmo informativo, hay gestos honestos en los viejos políticos, que separan su nombre de las formaciones políticas que han contribuido a levantar, para desentenderse de todo lo que pueda ocurrir. Nos envían un mensaje muy claro: eso ya no es mi partido político, es otra cosa.

Se bajan del barco antes de que se hunda definitivamente, tras estrellarse contra los ciudadanos y el sentido común. No van a participar en el engaño que quieren hacer los políticos a los ciudadanos, ese es su mensaje. Otros se quedan, porque sus intereses no son la defensa de la democracia y de la libertad, sino del poder y el negocio. Ellos, los que se van, saben que la política es algo más que un espectáculo.


Erasmo de Salinas

viernes, 6 de febrero de 2009

Apurando el "Cagatió" -002


¡¡Estúpido ciudadano catalán, paga mi merienda de Sant Jordi!! ¡¡El Fascio Cuatribarrado te lo ordena!!

El vídeo de Valero y otras cuestiones

En su blog Desde el Infierno, el señor José Luis Pastells-Valero ha hecho público un vídeo en el que considera que el Presidente de Gobierno José Luís Rodríguez Zapatero es un sinvergüenza con suerte y un bastardo político. El vídeo dura 19 minutos, hace una defensa muy personal de España y del ejército, al que considera que la ministra Chacón le está tomando el pelo, entre otras cosas; el señor Valero demuestra un coraje inusitado en estos tiempos de marasmo.

En la red de blogs antiZP, de la que nos sentimos orgullosos de pertenecer, cada día más de 300 blogs despotricamos sobre las diversas barbaridades políticas que nos conceden nuestros representantes públicos.

La plataforma de las clases medias de Enrique de Diego y sus seguidores han convocado para el próximo 14 de febrero una reunión masiva de cabreados contra los políticos en la Plaza de Colón de Madrid.

En diversos foros españoles como el de foropolítica, todopolítica, periodista digital, escolar, o el nuestro, de ciudadanos en la red, todos los días se cuelgan cientos de hilos en los que se denuncia la situación política que estamos viviendo en España, con miles de comentarios, en los que en la mayoría de los ocasiones los políticos no salen bien parados.

En las biografías de políticos españoles que aparecen en la wikipedia, en la sección de discusión, se pueden leer cosas que harían sonrojarse a cualquiera, desde la homosexualidad encubierta, las relaciones ocultas, o los vicios, y abusos de algunos líderes políticos hasta acusaciones, que de probarse, serían motivo de intervención jurídica de oficio.

Por último, en los periódicos digitales, tanto en los que tienen edición de papel como los que se restringen exclusivamente a la divulgación de sus noticias por la red, y en el espectro que va desde Libertad Digital hasta El Plural de Sopena, se pueden leer en los comentarios numerosas denuncias contra los políticos, que serían motivo de dimisión inmediata de corroborarse.

Hay una suerte de cohesión entre todos estos fenómenos que se manifiestan a través de internet, que coincide con el hartazgo de la representación de la cosa pública que nos brindan los elegidos. No se puede todavía hablar de frente público contra los políticos, pero en el camino se está.

Está claro que la libertad y la democracia, expresadas fundamentalmente en este medio de comunicación que es la red de internet, es el principal mecanismo de control del sistema, del que disponemos los ciudadanos para enfrentarnos a la opresión política. Sin embargo, no es de demasiada utilidad, y más bien sirve de desahogo y desagüe de la cólera contenida de los ciudadanos ante los desmanes de los representantes políticos.

Pero esto conduce a una enorme dispersión de energía, un hermoso tiempo perdido por parte de mucha gente, que no se acaba de materializar en una reacción unívoca y contundente que realmente sea eficiente y eficaz para derrocar este régimen putrefacto en que estamos obligados a vivir miles de ciudadanos que lo detestamos, y a los que cada día nos exaspera un poquito más.

Es hora de reconocer que hoy en día, la auténtica oposición a los políticos brota en internet, pero no acaba de configurarse en un frente común. En junio hay elecciones europeas, no sé como se va de tiempos, y si sería posible reunir la fuerza suficiente para presentar una candidatura formada por todos los discrepantes, y organizada a través de internet, con la única finalidad de denunciar de forma permanente y continuada lo que está ocurriendo en nuestro país.

El programa sería sencillo, tan sencillo que no tendría ni que escribirse, un solo tema, en el que nos pondríamos todos de acuerdo:
exigir el cumplimiento de la Constitución Española de 1978 por parte de los políticos y ciudadanos españoles. El nombre de la agrupación de electores, que no partido político, también sería fácil: Constitución.

Lo demás es cosa de organizarse, ahí queda la idea, ah, y para que no haya problemas con la elección del candidato, entre todos los que se atrevan se realiza un sorteo y se asignan los puestos de la lista según el número que obtengan.

Creo que va siendo hora de que los que estamos hartos de los políticos españoles, utilicemos sus mismas armas para erradicarlos. Al final todo se resume a dos opciones bien diferenciadas: o seguimos viviendo en el mundo que ellos crean para su provecho, o lo derribamos y les obligamos a ser decentes.


Biante de Priena

jueves, 5 de febrero de 2009

La sociedad escalar


Buscando alguna información actual sobre la sociedad dual, he descubierto que Joaquín Estefanía ha escrito recientemente sobre este mismo tema en El País, aunque lo ha hecho de una forma bastante light, refiriéndolo exclusivamente al mercado laboral. La sociedad dual ha sido descrita por numerosos sociólogos, pero quizás haya sido Alain Touraine el que le ha dedicado más atención.

Este modelo de estructura social, consiste en una fragmentación que discrimina irreversiblemente la sociedad integrada de la sociedad excluida, con una frontera prácticamente inexpugnable entre ambas. Se puede resumir en que una parte de la sociedad tiene acceso completo a prácticamente todos los privilegios, mientras otra parte tiene acceso a todas las desposesiones de la vida social. Entre ambas un magma de gente que aspira a localizarse en el tramo beneficiado y huir del desfavorecido. Algunos autores consideran que el factor diferencial que distingue ambas es el trabajo.

Para determinar la diferencia podemos utilizar dos ejemplos, un funcionario y un inmigrante recién llegado. El funcionario tendrá acceso durante toda la vida a los beneficios de la vida social, mientras el inmigrante solo tendrá acceso a alguno y no de forma continuada. El primero vivirá en un régimen de plenos derechos, y el segundo en uno de plenas dificultades. El primero vivirá en un lugar determinado, tendrá un vehículo, todas las comodidades en su hogar, enviará a sus hijos posiblemente al mismo colegio durante su infancia y tendrá una vida organizada con periodos de trabajo y ocio. El segundo se buscará la vida, posiblemente en la economía sumergida, vivirá en un piso patera con otros en igual situación, solo accederá de vez en cuando a un trabajo con derechos sociales en el que con seguridad será explotado, y posiblemente tenga problemas para fundar una familia, tener hijos, o comprarse una vivienda y disponer de comodidades en el hogar.

Y pueden vivir en la misma ciudad, pasear por las mismas calles, disfrutar de algunos servicios públicos, pero el funcionario podrá acceder a situaciones que el emigrante jamás alcanzará en su vida. Evidentemente, el panorama que nos ofrece este modelo de sociedad es aterrador y forma una burbuja de opresión y violencia que corre peligro de estallar en cualquier momento.

Ciertamente las cosas no son exactamente así, porque el modelo de la sociedad dual que los socialdemócratas se empeñan en asignar a los neoliberales, en realidad no existe, es una proyección delirante al servicio de la propaganda, aunque realmente atractivo para los intereses políticos de los que se benefician de crear “conciencia social” en la población.

Un mundo injusto

Cierto es que el mundo no es demasiado justo en cuanto a la cuestión económica, en las sociedades occidentales el 20 % de la población más privilegiada controla el 60 % de los recursos, y el 20 % de la población más desfavorecida apenas llega al 10 % de los mismos, lo que coincide con las cifras de pobreza en nuestro país.

Riqueza y pobreza siempre la ha habido en la historia social, y no hay ningún país en el mundo que la haya resuelto, incluso tras los experimentos del socialismo real, que mantuvieron prácticamente las mismas cotas de desigualdad, eso sí, con un mensaje de justicia social que nunca se cumplió. No hay igualdad social, ni en Cuba, ni en China, hay privilegiados y desfavorecidos, como en todas partes.

Quienes nos azotan con la necesidad de alcanzar mayores cotas de justicia social, no hablan habitualmente de seres humanos concretos, porque consideran que todos los seres humanos somos iguales y únicamente iguales, lo que resulta una estólida memez. La igualdad plena entre los seres humanos es una utopía, y además una necedad.

Precisamente es la diversidad, como nos refiere Geertz, lo que caracteriza a los seres humanos, porque en una condición de igualdad de oportunidades unos seres humanos se atreven a dar un paso arriesgado hacia su futuro, se caen y se levantan, y siguen adelante lamiéndose las heridas, y otros se quedan esperando a que la oportunidad les visite en su domicilio. Evidentemente, sería extraordinariamente injusto que los dos disfrutaran de las mismas condiciones de vida, solo por el hecho de haber nacido.

En el caso de los inmigrantes, que pronto será un problema en nuestro país, hasta los indicadores económicos consideran que el lugar donde más inmigrantes se asientan es un reflejo de la actividad económica y las oportunidades de ganarse la vida. Y precisamente, es en estos lugares, donde los que no tienen empleo, culpan a los inmigrantes de habérselo arrebatado. Craso error, porque un inmigrante siempre parte con más dificultades para encontrar un trabajo estable, bien remunerado, y cuando lo consigue, no es porque nadie se lo haya regalado, sino porque se lo merece. Y aquí tenemos uno de los graves dilemas a los que se enfrenta la socialdemocracia, porque si favorece a quien le vota, perjudica a quien se ha ganado la oportunidad de trabajar, en desigualdad de condiciones de partida. Sería injusto, muy injusto desposeer al inmigrante de lo que ha logrado por sus propios medios.

La sociedad escalar: una alternativa a la sociedad dual

No conozco que este término haya sido utilizado con anterioridad, por lo que se hay algún autor al que le esté pisando su trabajo, le pido disculpas, pero me parece oportuno utilizar el modelo para definir algunas cuestiones.

El mundo va hacia una sociedad escalar, no se quedará atrapado en una sociedad dual. La sociedad escalar es la que permite atravesar las fronteras de delimitación entre las clases privilegiadas y las desfavorecidas. En el ejemplo de los inmigrantes que he puesto con anterioridad se aprecia con claridad, hay inmigrantes que se integran plenamente y autóctonos que no lo hacen en su vida, disfrutando incluso de más posibilidades de partida. Los inmigrantes saben que solo pueden vivir del favor público una temporada escasa, pero hay autóctonos que se han habituado a vivir del erario público sin dar golpe, muchos ocupan puestos políticos y sindicales bien remunerados, pero protestan por la injusticia “que afecta a los demás”, y claman por la tremenda injusticia de la pobreza, pero no reparten sus ingresos con los más desfavorecidos, más bien los incrementan en la defensa sistemática de la opresión capitalista que impide a un porcentaje de la sociedad abandonar la pobreza.

Vamos hacia una sociedad en la que el trabajo será un bien escaso, por lo que los que ofrezcan una opción más competitiva se quedarán con los mejores puestos, mientras que los que viven de contarnos la de injusticias que hay en este mundo se quedarán sin trabajo, pero eso no es injusto, es extraordinariamente justo, porque el que más da, más se merece y menos quita, porque los que quitan a los demás sin dar nada, son los que están aprovechándose.

La sociedad escalar es la que realmente se puede considerar justa, quien da lo mejor que tiene, se merece lo mejor, y quien no da nada, pudiendo darlo, se merece lo peor. Pero la sociedad escalar rompe el esquema de vida de los parásitos sociales. Y eso es lo que preocupa a muchos de ellos que llevan utilizando la propaganda desde hace décadas para convencernos de que estar afiliado a un sindicato o a un partido político de izquierdas es un valor, más importante incluso, que haberse hecho una carrera con doctorado incluido.

La sociedad escalar cierra las puertas a los favores y privilegios del poder, y exige que para ocupar un puesto de representación pública hay que demostrar que se reúnen condiciones suficientes para ello, aunque se haya sido elegido por un partido político o un sindicato para obtener el privilegio, no vale con protestar, también hay que dar trigo o haberlo dado, cuando se tuvo ocasión.

Los mejores deben ocupar los puestos más altos de nuestra sociedad, eso es justo, lo injusto es que mediocres reconocidos se vean beneficiados por la fortuna política y ocupen cargos y puestos que no se merecen. Es hora de que la sociedad española se libere del chantaje social a que está siendo sometida desde hace años, por quienes diciendo que defienden a los demás, exclusivamente pretenden mantenerse encaramados en el privilegio, por el mero hecho de contarnos que el mundo es injusto si ellos no están en lo más alto, y llevando años estando en lo más alto, el porcentaje de pobres sigue siendo el mismo, el 20 %, igual que hace 30 años, cuando comenzamos a disfrutar de la democracia en nuestro país y posiblemente aumente a partir de ahora.

La escala de privilegios sociales debe correlacionar exactamente con la escala de esfuerzo demostrado, la injusticia social es precisamente que los que alcancen los privilegios, lo hayan hecho vendiendo el humo de la salvación del prójimo, mientras se salvan ellos exclusivamente.

Si en las sociedades occidentales hemos llegado a alcanzar cotas de bienestar inimaginables hace cien años, ha sido gracias a quienes lo han hecho posible, no a los que se han dedicado a contarnos que se pudo haber hecho mejor.


Biante de Priena

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