desde 2.006 en Internet

jueves, 25 de diciembre de 2008

El lazarillo de Tormes ataca de nuevo.

Naciones reales y naciones virtuales

Una nación es una entidad política real, tan real, al menos, como un Estado. Los Estados-Nación no han sido producto de la casualidad, sino de la evolución histórica de los pueblos, se han establecido en un camino intermedio entre la cooperación y el conflicto, entre la dominación política desde el poder y la lucha de los ciudadanos contra sus excesos y defectos. Tienen un origen establecido y contrastado, y algo muy interesante, admiten la pluralidad en su concepción y construcción, en un abanico amplio que va desde los que las niegan hasta los que las afirman. Las naciones reales son reconocidas internacionalmente por las suprainstituciones mundiales: ONU, FMI, Banco Mundial, OIT, OTAN...

Las naciones virtuales proclaman su existencia sobre las interpretaciones sesgadas de los hechos históricos y culturales, tienen su origen en el deseo de un determinado sector de la población, siempre minoritario, que trata de convencer a la mayoría de su “realidad”. Se fundamentan en la opresión ejercida sobre su génesis por las “metrópolis”, autodeclarándose “colonias”, cuando en realidad son sus seguidores los que pretenden establecer un colonialismo territorial con los ciudadanos que han tenido la desgracia de haber nacido o estar viviendo en su demarcación, a los que chantajean, mientras prometen redimirlos.

Las naciones virtuales, al igual que los videojuegos, provienen de una interpretación particular de la realidad, fundamentada en un sueño irrealizado e irrealizable, de una forma de practicar legalmente el parasitismo, que permite obtener pingües beneficios de la supuesta metrópolis, antes que su emancipación política –que presentan siempre como destino, cuando en realidad es medio, para obtener sus fines, es decir, privilegios políticos y económicos-.

Las naciones virtuales, no han llegado a tiempo a la historia, de otra forma serían naciones reales, por lo tanto son extrahistóricas e idiosincrásicas. Enarbolan su reconocimiento por la “metrópolis” a la que siempre acusan de esquilmar su identidad, y por otras naciones virtuales, pero en realidad, su situación no se debe a ninguna opresión centralista, expropiación, o devaluación política, sino de su incapacidad demostrada de no alcanzar el status que en su creencia les corresponde.


De la existencia de España

En España, antiguo reino de reinos, hay numerosas comunidades, unas establecidas sobre criterios territoriales históricos, en algún caso con alguna diferencia política (territorios forales), otras sobre estructuras culturales peculiares (una lengua diferenciada), y otras sobre criterios prácticos. España no es un invento, sino el producto de mucha sangre derramada a lo largo de los siglos, de conflictos políticos resueltos e irresolubles, de una reunión de territorios, pueblos y culturas en un común compartido y homogéneo. Las diferencias que se aducen desde las comunidades que aspiran a nación, ni son suficientes, ni son reconocidas por todo el mundo.

Estas naciones virtuales, que alegan su pulsión irredenta por la autodeterminación, asemejan a un brazo o una pierna que quisieran emanciparse de un cuerpo por amputación. Realmente se consideran a sí mismos y consideran a los demás como equinodermos, como la estrella de mar, y piensan que si se amputa uno de sus brazos, surgirán dos estrellas de mar, eso sí, diferentes.

De la existencia de sus parásitos

El origen de las naciones virtuales se fundamenta en el parasitismo político de unos iluminados y la estupidez política de un huésped al que no le importa que le extraigan su vitalidad, sea en forma de riqueza o de poder político, porque no sabe ni lo que está representando. Las naciones virtuales, en la actualidad de la España democrática, son un producto de las pretensiones de los nacionalistas furibundos y las concesiones del PSOE, contra la voluntad de la inmensa mayoría de los españoles, nunca representada por el PP, por cierto, que pretende seguir los pasos de sus rivales para que le acepten en el juego de componer sinfonías. Estas protonaciones imposibles, son producto de una interpretación sesgada de la realidad, y no de la interpretación compartida por la práctica totalidad de los ciudadanos y el poder soberano que atesoran.

Desnacionalizar España, convertir nuestro país en una realidad huera, es algo que les interesa a los nacionalistas y los socialistas, con el fundamento práctico de perpetuarse en el poder creando una nueva mitología, previo vaciamiento de la realidad existente y destrucción de sus fundamentos. Impedir que los españoles se identifiquen como tales, es la mayor opresión organizada que se ha hecho sobre los ciudadanos de este país desde la desaparición de la Santa Inquisición, ni siquiera Franco se atrevió a tanto.

Al PSOE y los nacionalistas les resulta mucho más rentable políticamente deshacer España, que respetarla tal como es, siguiendo las enseñanzas de Lenin, de instrumentalizar absolutamente todo, para lograr sus propósitos. Afortunadamante, en nuestra nación de prolongada historia, profunda cultura, y ancestral origen, no es la primera vez que los traidores al común pretenden beneficiarse a costa de perjudicar a la inmensa mayoría, a la larga, todos esos intentos, condenados al fracaso desde su inicio han terminado siendo sofocados, por la ley o por las armas , y en esta ocasión no será diferente.

España es un producto de la mezcla cultural a través de los siglos de numerosas culturas en una pequeña civilización particular y definida, reconocida históricamente, fértil en nuestros sentimientos y en el desarrollo real del mundo, desde antes incluso de que los romanos dominaran construyeran su imperio. Pero los nacionalistas iluminados y los socialistas condescendientes, pretenden reescribir la historia, en su delirio singular, a la medida de su antiespañolismo, como si se pudiera hacer tal cosa impunemente. Esa es la segunda fase de la implantación de recuerdos por lavado de cerebro que pretenden imponer con retroactividad mediante la ley de memoria histórica, más ajustada a sus sueños que a la realidad existente.


La picaresca española de los nacionalistas

Pero mira que son torpes estos modernizadores, en la Novela Picaresca ya habíamos resuelto los españoles las ecuaciones de intercambio entre actores de forma sencilla. Es tan español el argumento que surgió aquí y no en otro lugar del mundo.

La realidad de la picaresca consiste en unos aprovechados espabilados que despluman al descuido a un pardillo afortunado, que habitualmente ha alcanzado su posición sin esfuerzo, privilegiado por la suerte que acompaña a los imbéciles, y además no tiene mucha conciencia del significado del lugar que ocupa. En un país de cuento, en que los ciegos eran los medios de comunicación y los que vivían cerca de ellos, comían queso y disfrutaban de la vida, inmersos en la miseria circundante.

El Lazarillo de Tormes, y en general, todas las novelas picarescas, remedan "El Elogio de la Locura" de Erasmo de Rótterdam, porque para criticar al poder, lo mejor es hacerse el loco, o estar ciego, vamos, dar pena antes que envidia. Pasó con Franco (entonces los nacionalistas y condescendientes se descubrían poco, lo justo) y ocurre ahora, porque nunca tantos anónimos firmaron sus relatos en blogs, periódicos, y panfletos. El anonimato colectivo, eso es España en estos momentos, mientras se fragua el cuarto acto, entre crispaciones, desesperaciones y afilar de sables. La España "ciega", esta vieja nación, no duerme nunca -hace que duerme-, sobretodo si se sabe rodeada de pícaros.

Que los pícaros son los nacionalistas, está claro, pero el papel del anfitrión de La Moncloa, no sé si se corresponde más con el de imbécil afortunado o el de ciego desconfíado. Y ahí está el único dilema de los españoles y de España.

Habría que preguntarle al autor, si se pudiera, por el desenlace. La identidad del autor - anónimo por cierto -, para no levantar suspicacias en una España que retrató con magisterio, se ocultaba de la Santa Inquisición que dictaba moral, perseguía a los discrepantes, y los condenaba a la hoguera, previo paso por torturas; no todos los anonimatos tuvieron éxito, porque los únicos que perduraron, más que de autor desconocido terminaron siendo obra de la Fuenteovejuna, que despachaba comendadores con la misma facilidad que se apaga un ordenador.

Tanto correr hacia ningún sitio para seguir siendo lo mismo, así se ha hecho España, a borbotones, entre pícaros, pardillos, espectadores y comendadores. Y dicen los nacionalistas que no son españoles, cuando se comportan como arquetipos estereotipados, pues que digan, que ya diremos los españoles lo que son cuando corresponda, y a ver si no les hacemos pagar por los desperfectos y molestias que nos han ocasionado, y al pardillo-ciego que nos ha representado estos años, que San Martín le bendiga.

Que España sea anónima, no significa que no exista, más bien al contrario, existe oculta, esperando la ocasión de liberarse de los sinvergüenzas que la expolian. En poco tiempo, estas palabras cobrarán pleno sentido.



Erasmo de Salinas

martes, 23 de diciembre de 2008

El imprescindible final del "progresismo"

NOTA PREVIA: El progresismo, usurpado por el CEJALISMO de José Luis, es una ideología de origen liberal y española, fue un liberal, Don Salustiano Olózaga su principal precursor, llevando el liberalismo doceañista hacia el liberalismo doctrinario, que era la moda en aquellos tiempos (1835-1875). El progresismo NADA TIENE QUE VER con el socialismo, pero tras la caída del Muro de Berlín y la ausencia de ideas, el socialismo español se ha envuelto del progresismo que jamás podra defender, porque ni lo entiende, ni lo conoce, ni sabe realmente cual es su auténtico sentido. En el artículo que a continuación les expongo, mi crítica es a ese falso progresismo al que los socialistas denominan progresismo, no al progresismo español y liberal que condujo a algunas de las adquisiciones civiles más importantes de nuestra historia.

El progresismo es el rival a batir, tanto por la izquierda –Julio Anguita- como por la derecha de este país. También por los no alineados y los no alienados.

El progresismo es según el “progresista” que lo ha expuesto en la wikipedia –aunque alguien advierte que se necesitan fuentes fiables- lo que a continuación copio y pego:

“En la actualidad el término progresismo agrupa doctrinas filosóficas éticas y económicas de ciertas tendencias políticas relacionadas tradicionalmente a la izquierda. El término surge como contraposición al de conservador. A diferencia de estos últimos los progresistas pretenden erradicar todo vestigio de pasado histórico con el fin de mejorar la condición socioeconómica de ciertos colectivos sociales. Los conservadores abogan por lo mismo, pero inclinándose por la defensa de ciertas tradiciones y valores sociales, que no son necesariamente derechistas en todos los casos. El progresismo actual defiende libertades individuales como: el feminismo, derechos de los homosexuales, el aborto, y el ateísmo. También apoya la diversidad religiosa y la inmigración. La ideología progresista está muy extendida a nivel mundial, en especial Europa y Latinoamérica. Para la propagación de esta ideología se utilizan los medios de comunicación masivos (prensa, radio, televisión) y los partidos políticos de izquierda. Está basado en "liberté, egalité et fraternité (libertad, igualdad y fraternidad)" que son los principios ilustrados".

Para añadir a continuación:

“Ocurre el hecho curioso de que, mientras en todo el mundo los sectores progresistas abanderan nombres ligados a la izquierda política, en EE. UU. dichos sectores han adoptado el nombre de liberales, nombre que en otros países se relaciona a sectores que en la actualidad no son vistos como progresistas, lo que ocasiona la confusión de mucha gente que piensa que por la coincidencia de nombres, en Estados Unidos no existiría el progresismo a la usanza de los demás países occidentales”.

Evidentemente, ésto nada tiene que ver con el progresismo, porque a nadie se le ocurre definir como “libertades individuales”, planteamientos colectivos, determinados por una visión sectaria de la realidad, como el feminismo, el homosexualismo, el ateismo, o las posiciones pro-abortistas.

¿Qué es el progresismo mal entendido por el socialismo?

Es la doctrina política que exalta el progreso como bien supremo de la sociedad. La dificultad inmediata para su comprensión semántica proviene de la definición que se conceda al concepto de progreso.

Progreso puede ser cualquier cosa, que no sea conservar. El progresismo tiene precisamente como máximo objetivo destruir lo existente para construir una nueva realidad.

El progresismo es una forma de fascismo, un pensamiento único y totalitario, que pretende convertir a los ciudadanos a su fe en la renuncia a todo lo establecido, para esta forma, construir un mundo nuevo, porque en el que vivimos hay demasiada injusticia, miseria, opresión, y privilegios.

Los progresistas no son demócratas, porque consideran que no cabe otra interpretación de la democracia que la que ellos hacen. Abjuran de la libertad individual, porque piensan que la libertad no es necesaria para establecer un mundo mejor, es más, la libertad ha sido el principal argumento que han utilizado los conservadores para construir el mundo a su medida. Al igual que Lenin se hizo la famosa pregunta: democracia, ¿para qué?, los progresistas inquieren: libertad, ¿para qué?.

El progresismo no habla de libertad, porque prefiere hacerlo de derechos, pero con un sesgo negativo. El derecho a abortar prevalece sobre el derecho a la vida, el derecho a morir libremente prevalece sobre el de vivir libremente. El progresismo, es en realidad, un materialismo, un antihumanismo, que considera que los seres humanos sólo son importantes en su conjunto, como sociedad. Esto se ratifica en la asignación del adjetivo “social” o “colectivo” a todas las esencias humanas en la política: educación social, justicia social, salud social, bienestar social, política social, realidad social, lucha social. El progresismo fagocita a los seres humanos para hacer un zumo social con ellos, en esta ideología, los seres humanos son clasificados de forma cuantitativa, porque son considerados como clones, absolutamente iguales. No hay lugar en el progresismo para la diferencia.

Los progresistas han tuneado el socialismo, para desvincularse de los fracasos del socialismo real, derivados de las extrañas interpretaciones que los estatalistas han hecho del marxismo. Para los progresistas, no existen el individuo o la persona, como tampoco existe la clase; fundamentan su prevalencia en los colectivos clientelares, doctrinarios y sectarios, que supuestamente han sido excluidos del poder hasta ahora: feminismo, homosexualismo, ecologismo, pacifismo, nacionalismos, altermundismo, “aliancismo”, para representar la unidad humana en relación a sus pretensiones e interpretaciones.
El progresismo denostará la tradición, la historia, la coyuntura existente, el orden establecido, las legislaciones vigentes, porque considera que son un producto de la hegemonía de un orden conservador que impide el cambio hacia su utopía. El mundo existente en la actualidad es un producto de un orden de privilegiados injustamente, bien por herencia o logro, al fin y al cabo, de oportunidades que han excluido a la mayoría y que han favorecido a los que partían de antemano con ventaja.

El progresismo, es el envoltorio ocultador de los fracasos del marxismo, un intento de salvar los bártulos tras el estrepitoso naufragio del modelo soviético en organización social y política, y por supuesto, económica. Es un movimiento regresivo, que pretende recrear el socialismo, porque no acaba de soportar su declive y degeneración en una burocracia corrupta.

Por último, el progresismo valora todo lo nuevo, la modernidad permanente, la innovación artística, el relativismo ideológico, el culto a la vanguardia, y la “iconización” de la realidad con nuevos ídolos, que sustituyan a los anteriores. Es un movimiento exhibicionista, que actúa con descaro, considerando que el poder es un instrumento a su servicio para organizar el mundo a su favor.

Sin duda, utiliza todos los medios a su disposición para implantarse, desde los recursos públicos hasta los medios de comunicación a los que subvenciona, y en su fanatismo excluye la posibilidad de alternativa o sustitución por parte de otros. ¿Quién puede gobernar el mundo mejor que nosotros, los progresistas?.

El progresismo será desplazado por la transversalidad

No se han enterado los progresistas del poco tiempo que les queda en el poder, porque la información inmediata, la comunicación libre, y la libertad que fluyen en la red, acabará con ellos.

La transversalidad es lo contrario del progresismo, en primer lugar porque representa la pluralidad que se establece sobre el reconocimiento de las diferencias, exactamente lo opuesto al pensamiento único de esta perniciosa ideología.

La transversalidad actúa políticamente de forma inversa al progresismo, diversas posiciones deben establecer un acuerdo beneficioso para todos, no exclusivamente una posición debe establecer lo que es bueno para todos. En este sentido son antitéticos. Por eso la transversalidad reconoce que la democracia es un espacio propicio al acuerdo entre diversas posiciones, mientras que el progresismo considera que la democracia es una herramienta al servicio de sus pretensiones.
Desde la transversalidad, el ser humano individual cobra vigencia, al igual que la libertad. El máximo principio de la transversalidad, o del transversalismo es no perjudicar a nadie, mientras que desde el progresismo se busca el beneficio de la mayoría o de su clientela, aunque se perjudique a todos los demás.

El relativismo transversal es positivo, puesto que considera que desde distintas posiciones la realidad no se ve de la misma forma, mientras que el progresismo considera que si no se ve la realidad como se establece desde sus presupuestos, es que los demás están ciegos.

El transversalismo aspira a la mezcla del conjunto en la mejor alternativa posible, mientras que el progresismo reniega desde su segregacionismo de cualquier intercambio con quien no comparte sus objetivos políticos. Ser transversal es vivir en el presente, sin renunciar ni al pasado, ni al futuro. Ser progresista es vivir en un sinvivir, porque no existe el presente, sino un pasado del que no acaba de librarse y un futuro que no acaba de llegar.

Y esto nos conduce a la exaltación del despilfarro que nos depara el progresismo en su nihilismo, viviendo el hoy como si fuera mañana. Inconscientemente, desde los patrones morales que establece el progresismo inducen a los ciudadanos a vivir como si fueran condenados a muerte sin posibilidad de indulto. El más allá es a donde se pueda llegar superando los límites, los mismos que no puede superar el progresismo al exponerse a la realidad, y ver como en su tozudez se impone ante su inducción a su cambio.

El único problema que tenemos en España se llama progresismo, y está representado por los partidos de izquierda como el PSOE e IU, y también por los diversos nacionalismos que parasitan y son parasitados por los partidos progresistas; la única solución al progresismo se denomina transversalidad, un movimiento que dista tanto del progresismo del PSOE como del conservadurismo del PP, en realidad dista de todas las opciones exclusivamente políticas.

El transversalismo, es precisamente una nueva dialéctica entre los ciudadanos y sus representantes políticos concebido sobre un diálogo permanente y no sobre la delegación de soberanía de los ciudadanos en los políticos. El control del poder debe permanecer en los ciudadanos, y no permanecer enquistado en el seno de los partidos políticos. Vamos directamente hacia un nuevo contrato social, en el que ciudadanos y políticos volverán a ser iguales, se erradicará la corrupción política, y las decisiones importantes serán asumidas por todos de forma directa, no representadas exclusivamente por los políticos.

El sufragio universal, al igual que la representación política, serán superados por la democracia participativa. Las necesidades de los ciudadanos no serán determinadas más que por ellos mismos, y en la política no tendrán cabida más que los mejores, los más capaces, los que demuestren sus cualidades para administrar los recursos.

Ese es el examen que viene para los ciudadanos y los políticos, los ciudadanos estamos preparados para superarlo, pero en España hay muy pocos políticos que se salvarán de la quema, acantonándose en el poder, mintiendo, dilapidando los recursos de todos, y actuando como auténticos señores feudales cuando en realidad son reos de servidumbre a las decisiones soberanas de los ciudadanos.

Los políticos "progresistas" y conservadores no saben que la maquinaria del poder se ha puesto en marcha, y en esta ocasión, al contrario que en las precedentes, ellos son la única representación del absolutismo a erradicar. Los ciudadanos no solo tenemos derecho al voto, también tenemos derecho al veto, y la libertad de ejercerlo.


Biante de Priena

lunes, 22 de diciembre de 2008

El ministro Corbacho y la Reforma Laboral


El mayor problema que tiene nuestro país, al contrario de lo que ocurre en otras comunidades occidentales, no es la crisis, sino la incapacidad del Gobierno para resolverla.

España tiene problemas peculiares, que no ocurren en otros países de nuestro entorno.

El más importante, es la escasa cualificación profesional de la mayoría de ministros. Con la excepción de dos o tres, todos los demás han hecho su carrera en la política, y sin la política no estarían en la situación social y económica en la que se encuentran actualmente.

En ningún país serio se admitiría como ministro a alguien que no ha completado el bachiller, imagínense que esto ocurriera en Francia, Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, países que eligen los mejores y no los más afines, sería un escándalo, pero aquí, algunos medios de comunicación, algunos periodistas del pesebre, nos lo presentan como una virtud.

El caso del actual ministro de trabajo e inmigración, Celestino Corbacho es peculiar, cuando uno lee su historia en El País, parece que los españoles hemos sido bendecidos por los dioses, y en la vikipedia en catalán aparece como abogado y profesor universitario, nada menos.

La escasa formación del ínclito personaje no le ha impedido ser al menos 16 cargos públicos, simultáneamente algunos, ni ingresar, al menos, 150.000 euros al año como Presidente de la Diputación de Barcelona (poca cosa, comparado con los 300.000 euros al año que se ingresan el señor Montilla y su señora).

Sobre las andanzas del ínclito ministro que pretende regularizar la presencia de inmigrantes en nuestro país, que el anterior ministro de trabajo, Jesús Caldera, desregularizó, nos habla Carlos López en su blog con tres capítulos sobre su historia personal, que parecen conducirnos a Palermo. Y también lo hacen el blog Pensamientos en voz alta.

En manos de este personaje tiene España su futuro, los más de tres millones de parados directamente y los demás, indirectamente. Algunas de las decisiones que requiere nuestro país para resultar competitivo es impedir los blindajes laborales que han establecido los sindicatos durante los últimos 30 años. En las condiciones actuales, pronto nos acercaremos a los cuatro millones de parados, y de no mejorar las circunstancias de la crisis hasta 2010 como ha dicho el Presidente del Banco de España, lo vamos a pasar muy mal.

Por muy buen alcalde de Hospitalet que haya sido durante 15 años, a pesar de haber ocupado la Presidencia de la Diputación de Barcelona, uno de las diputaciones que más dinero mueve de España, y a pesar de ser el brazo derecho del Presidente de la Generalitat, el señor Corbacho adolece de los mínimos requisitos, conocimientos y experiencia, para afrontar la reforma laboral que exige la estructura económica de nuestro país.

La experiencia complementa y fortalece el conocimiento, pero nunca puede sustituirlo. Y mientras tanto, miles de licenciados en ciencias laborales, siguen fichando en la cola del paro, y viendo como sus esperanzas se pudren.


Erasmo de Salinas

sábado, 20 de diciembre de 2008

Yo creo en la navidad, pero no creo en Zapatero



Felices fiestas a todos/as/es/is/us/-s/*s

No se qué de Zapatero

No es fácil acostumbrarse a vivir en una dictadura, pero se puede, sólo hay que intentarlo con esmero y denuedo.

Recuerdo hace muchos años, cuando visité algún país de aquel este de Europa tan lejano, gélido, soso, y tan bien estratificado tras el telón de acero, que la primera sensación que recibí fue la tristeza de la gente. Ese deambular sin destino, o hacia un destino que desagrada a la inmensa mayoría. La misma sensación ratifiqué posteriormente en varias ocasiones.


En España, en las postrimerías del franquismo, se apreciaba algo parecido: un aburrimiento inmanente, un hartazgo del más de lo mismo, una impotencia pública, porque los ciudadanos eran más súbditos o siervos que seres humanos libres.

Cuando la libertad se desvanece, se producen numerosas alteraciones en las personas. En Cuba, por ejemplo, han hecho de la alegría un producto para los turistas, sentarse en la bodeguita y reír, mientras tengas dólares, claro. En China todo está bien organizado, si quieres vivir experiencias humana gratificantes, las pagas y las tienes.

En España, hasta hace unos años, las cosas no eran así. Por las noches se podía salir y tomar algo con los amigos, las calles estaban llenas de gente, y más en un periodo próximo a la Navidad. Ahora no, una cena de los de la oficina, de antiguos amigos del colegio, y para de contar. Parece que la gente va teniendo miedo de salir de su casa, sea por la delincuencia o por los precios. Cierto es que en el resto de Europa las cosas de la vida en la calle ya se han “normalizado” hace tiempo y la mayoría de la gente se compra unas botellas en los supermercados y prepara opíparas cenas en sus casas, pero no es lo mismo que rondar bajo las farolas.

A nuestro país, acudían turistas de todas partes para divertirse, fundamentalmente porque el alcohol está más barato, y también porque los precios son menores que en otros países occidentales. Ahora ya no vendrán, el turismo se va a ir al garete. Creo que en los próximos meses-años nos va a estallar la burbuja hostelera en la cara.

Y bien, no digo que Zapatero sea el único responsable de este cambio sociocultural, pero estoy seguro de que alguna responsabilidad tiene. Y el ha sido uno de los principales autores de habernos jodido nuestra forma de vivir. A mi, este mundo organizado, fundamentado en el precio y no en la alegría de la gente no me gusta. En cuanto pueda, me largo de España, hay otros lugares más agradables para vivir. Seguiré el devenir de este país por la red.

Supongo que me iré a un país latino americano, o a uno árabe, o a la India, o a uno africano, porque allí todavía la vida fluye de forma natural, aunque sea en medio de la más absoluta miseria, y no de esta forma estereotipada que tanto recuerda a la agonía o la muerte. No me gusta lo que están haciendo con nuestro país, porque hoy sentirse español es sufrir las mayores vejaciones de forma gratuita, y español pienso seguir siendo hasta que me muera, o sea que toca exilio.


Biante de Priena

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...