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martes, 19 de agosto de 2008

Manifiesto por la destitución de Rodríguez Zapatero

La situación política y económica que se está viviendo en España es catastrófica, pero desde el Gobierno español trata de ocultarse, en un acto de oscurantismo sin precedentes. Ante la crisis económica, nuestro Presidente del Gobierno ha decidido no reconocerla, lo que expresa la inmadurez, impertinencia y petulancia de sus criterios políticos.

Si no se toman medidas excepcionales con carácter urgente, la economía española va a ser una de las más perjudicadas del mundo occidental, según nos indican medios de comunicación financieros e internacionales, como Liberation, The Financial Times, The Economist, o The New York Times.

La situación de crisis económica que fue expuesta por numerosos analistas y por rivales políticos del PSOE a finales del año pasado, ha sido omitida y ocultada expresamente por el Presidente Rodríguez Zapatero y todo su partido , con el único objetivo de triunfar en las elecciones generales mintiendo a los ciudadanos con intención y conocimiento de la situación.

Rodríguez Zapatero a fecha actual, con la inflación más elevada y con las mayores tasas de desempleo de las comunidades más avanzadas de Europa, con un crecimiento del PIB del 0,1 % en el último semestre, con advertencias del Banco Central Europeo sobre la necesaria corrección de nuestra política económica, se permite establecer decisiones políticas sobre le economía de nuestro país, demostradamente insuficientes y equivocadas. En vez de transferir a los ciudadanos la necesidad de "apretarse el cinturón", ha elegido el camino de mantener e incrementar el gasto del Estado.

La crisis económica conducirá a la crisis social, porque los ciudadanos de este país deberán realizar un esfuerzo fiscal inusitado para afrontar las veleidades económicas de un Gobierno que ha despilfarrado ingentes recursos en políticas arbitrarias. Los ciudadanos pagarán los errores del PSOE, limitando aún más su nivel de supervivencia, y empobreciéndose gracias a la imprevisión y errores de los políticos que guían la economía de este país.

El Estado providencia ha fracasado, el superavit fiscal se ha esfumado en tres meses, incluso se ha denunciado por parte de algún político que hay una fuerte tentación de proveerse de fondos en la "caja de la seguridad social", poniendo en peligro la subsistencia de las clases pasivas de este país de ahora y del futuro. El Estado de Bienestar alcanzado por los españoles a lo largo de los últimos treinta años está en peligro, gracias a los errores de un Gobierno incompetente, y un Presidente inconsecuente.

En estas circunstancias especiales, es necesario que los ciudadanos no nos quedemos de brazos cruzados viendo como el Estado español entra en quiebra, para acabar comprobando su incapacidad en la financiación de los servicios públicos que gestiona y administra.

La democracia no concede poderes ilimitados a nuestros políticos, sino poderes restringidos por nuestra Constitución y el más mínimo rigor y sentido común, que si son transgredidos, convierten a un Gobierno y a su Presidente en ilegítimos por muy democrática que haya sido su elección.

Es hora de ejercer democráticamente nuestros derechos, porque la democracia no sólo permite elegir a nuestros representantes, sino que nos obliga a revocarlos si no cumplen con lo acordado o descubrimos que nos han mentido como es el caso, en un acto de ciudadanía responsable.

Es hora de afrontar la realidad. Es hora de solicitar públicamente la destitución del Presidente español y de su Gobierno, y la convocatoria de nuevas elecciones generales.


Redacción de Ciudadanos en la Red

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lunes, 18 de agosto de 2008

Chatarreros de la política

No hay un partido político de izquierdas en este país, todas las opciones han mudado al progresismo, como denunciara Julio Anguita hace unos cuantos años. La izquierda española se ha incrustado en el capitalismo, los sindicatos se han apoltronado, los movimientos reivindicativos han sido desactivados por el Gobierno. La izquierda ha cambiado los intereses de los trabajadores por los acuerdos con los nacionalismos, todo lo más que se puede esperar de la izquierda en España es una posición no nacionalista, que es exactamente una alternativa consentidora del nacionalismo como un mal menor.

La izquierda política ha sido deslegitimada por la historia, por la caída del socialismo real en la Unión Soviética y los países del antiguo telón de acero. Pero también por las urnas, porque IU no es de izquierdas, y el PSOE ha dejado de serlo para convertirse en administrador del capitalismo de Estado. La izquierda se ha vendido al gran capital, abandonando los motivos originales de su demanda.

UPyD y Ciutadans son partidos de izquierda, disfrazados de transversalidad, con la única intención de restar votos a la derecha. Rosa Díez y Albert Rivera están condenados a entenderse y si no lo hacen públicamente, lo hacen en privado lo que se puede comprobar con el "pacto de omertá" que UPyD Cataluña le ofrece permanente a Ciutadans, para no menoscabar su andadura en la autonomía del virrey Montilla. En realidad, hay un acuerdo más amplio, que remeda la coalición del olivo italiana en esta región española que lidera el PSC. El PSC, apoyado por todos los partidos con la intención de matizar, que no de frenar, la opresión del nacionalismo.

En el País Vasco, origen de Basta Ya que fue el embrión de UPyD, tampoco se ha hecho nada más que las consabidas denuncias contra ETA y el mal del nacionalismo. En realidad, no se quiere molestar al PSE, criticarlo sí, pero no interrumpir su labor. Son partidos apéndices del socialismo autonómico nacionalista, no moverán un dedo jamás, por defender la estructura nacional de nuestro país, España, pero si aparentarán que lo hacen, con manifiestos y verbenas conciliatorias.

De la izquierda inexistente y la derecha sin rumbo

Los supuestos representantes de la izquierda española, no son de izquierdas, son progresistas, esa entelequia de modernidad y desarrollo colectivo que busca sustituir a la lucha de los menos privilegiados, de los oprimidos y de los aplastados por una sociedad capitalista cada día más siniestra, porque el gran capital también se ha escorado hacia las veleidades de quien tiene el poder político y la gestión pública de recursos. En España, el capitalismo es paleto, subsidiado, incapaz de generar riqueza, usurpador, advenedizo, y rentista.

Quizás todos estos movimientos expliquen la deriva sin rumbo de impulsos erráticos del Partido Popular, que dice cada día más tonterías, como que por la gobernabilidad es necesario negociar con los nacionalistas, sin reconocer que el origen primigenio de los problemas políticos que tenemos en este país es una consecuencia de las excesivas concesiones que se han hecho a los que defienden modelos secesionistas.

Demuestran Partido Popular y PSOE no estar a la altura de la defensa de nuestra Constitución caiga quien caiga, no ser capaces de establecer un acuerdo de Estado para independizar a la justicia de la política porque más de uno con un sistema judicial no politizado, con una fiscalía general al servicio del Estado y no del Gobierno, podrían acabar en los tribunales, y posteriormente en la cárcel o el exilio.

España se desmorona, pero en vez de buscar soluciones, el único interés que tienen los políticos españoles es que entidad comercial les pagará más por los cascotes de las ruinas.

En realidad nuestros representantes no son políticos, son chatarreros de la política, una brigada de demolición de las instituciones del Estado muy bien organizada que destroza lo que ocupa, para rentabilizar el solar patrio en la venta por parcelas y la reconstrucción tras la destrucción que han hecho. Tenía razón El Roto en aquella viñeta en la que decía algo así como que los políticos siempre se beneficiaban, primero destruían y cobraban y luego reconstruían y cobraban, ellos, sus beneficiarios y sus testaferros. Y es que la política española sigue el modelo del cáncer o de los virus, extrae recursos del huesped donde asienta sin importarle si lo destruye, al fin y al cabo, la política española es una mezcla extraña de desmesura, impostura y caradura, una auténtica locura sin tratamiento.


Biante de Priena

¡Que mierda de país!


Exteriores abandona a un grupo de españoles en Georgia

domingo, 17 de agosto de 2008

Crisis sanitaria en España

Uno de los sectores sociales que se verá más afectado por la crisis económica y política en la que estamos viviendo será la sanidad pública. El sector privado de la sanidad en España es subsidiario de la pública, por lo que puede incluirse como apéndice del común.

Los problemas de la sanidad española son múltiples y complejos, derivados de la ineptitud gestora de los políticos que se han acantonado en los puestos de dirección para defender los intereses del Gobierno de Rodríguez Zapatero o de los Presidentes de las autonomías que les pagan los sueldos cada mes.


Hay lugares en los que la detracción de recursos públicos para organizar delirios particulares de los políticos están trayendo graves consecuencias sobre el bienestar de los ciudadanos, sobre su seguridad sanitaria y sobre las posibilidades de mantenimiento en el futuro de un nivel de prestaciones equivalente al actual.

La realidad es que la sanidad se está privatizando, algo que no debería resultar alarmante en un país normal, en España resulta casi un acto criminal, porque la externalización de recursos sanitarios en realidad oculta una operación mercantil que beneficia a los favorecidos por el régimen socialista, popular o nacionalista, según ubicación y circunstancia.

En el año 2.000 la cobertura sanitaria era prácticamente universal, en la mayoría de las comunidades autónomas, tanto en oferta de recursos como en demanda de los mismos. En oferta porque el Estado procuraba recursos completos, desde la atención sanitaria directa hasta todos las atenciones complementarias que requiere, en demanda porque los ciudadanos sólo por ser españoles tenían asegurada la asistencia completa de sus problemas por el servicio nacional de salud.

Con la transferencia autonómica de los recursos se han producido numerosas desviaciones y peculiaridades gestoras, que expuestas con claridad ponen los pelos de punta a cualquier ciudadano medianamente informado.

La sanidad está tremendamente politizada, posiblemente sea el sector público más politizado. La gestión sanitaria no tiene como prioridad la asistencia de los ciudadanos, porque cada vez presenta más metástasis políticas, que en realidad busca defender la cara del régimen correspondiente, en un alarde de propaganda y ocultación.

Es cierto que el Ministerio de Sanidad se ha quedado como testimonial en la gestión de los recursos sanitarios, pero el Gobierno español es responsable de todos y cada uno de los problemas sanitarios de nuestro país. Sean por falta de recursos, sea por desviación de los mismos, o sea por que los negocios prevalecen sobre los intereses de los ciudadanos.

En estos momentos se están haciendo grandes negocios en sanidad a espaldas de los ciudadanos, porque de la transferencia de recursos del Estado a las Autonomías, se ha pasado a la transferencia de recursos de las Autonomías al mercado, al mundo de los negocios.

Algunas de las operaciones mercantiles que se están haciendo con los recursos de la sanidad pública son las siguientes:

Grandes operaciones inmobiliarias, como ubicar un hospital o centro de salud en determinado lugar y comprar previamente los terrenos circundantes previo chivatazo a los amigos, porque incrementarán inmediatamente su valor.

Conceder rescisiones de medicamentos de demostrada eficacia a determinados laboratorios, para que dos años después saquen una molécula similar a un precio diez veces mayor que los originales. Permitir la incorporación de nuevas sustancias de utilidad no suficientemente demostrada.

Privatización de servicios sanitarios como todos los relacionados con los servicios parasanitarios, el transporte, la limpieza, la seguridad, concedidos a empresarios próximos a las causas particulares de cada autonomía.

Restricción de la incorporación de nuevos profesionales sanitarios, con la intención de realizar contratos con profesionales de otros países que acepten gustosos la proletarización laboral en su incorporación al sistema.

Permitir por parte del Estado la publicidad engañosa de los nutricéuticos, alimentos que llevan incorporadas sustancias que supuestamente son beneficiosas para la salud, sin haber realizado suficientes contrastes científicos de su eficacia. Cuenten diez anuncios televisivos en cualquier cadena y descubrirán que casi un 50 % están relacionados con la salud, especialmente en las emisiones matinales que tienen una audiencia de mayor edad y con más problemas de salud.

Un fuerte crecimiento del sector de la parafarmacia, devolviendo la ciencia médica a la época de la creencia irracional, porque la diferencia entre una sustancia eficaz contrastada, y otras sustancias que posiblemente sean beneficiosas, es la misma que la de seguir con vida o morirse de forma extraña.
La sanidad no se libra de la contaminación política, al contrario, cada día se está haciendo más incisiva y agresiva, sin que ninguna asociación sanitaria o de consumidores diga absolutamente nada, porque todas son dependientes del Gobierno y tienen su silencio comprado y asegurado desde los órganos de gestión y concesión de subvenciones.

Se está produciendo una estafa sanitaria a los ciudadanos de este país, un signo más del deterioro irreversible del Estado, de la degeneración de la política, del abuso y la opresión del poder, y de la pasividad estúpida de los ciudadanos que aceptan que les erosionen sus derechos sin hacer absolutamente nada.

Mientras haya salud no ocurrirá nada, pero el día que precisen de asistencia más allá de un catarro o unas anginas, pónganse a temblar, no por la buena formación de los profesionales sanitarios españoles, posiblemente de los más prestigiosos del mundo, sino por la aventura que supone llegar desde la demanda de asistencia a su prestación, y todo gracias a los numerosos obstáculos políticos que se han interpuesto entre los enfermos y quienes tienen que asistirles.

Lo dicho, que no falte la salud, y en su defecto no se pierdan las series "House", "Urgencias", "Anatomía de Grey", entre otras, para que comprueben como en realidad no son las cosas, y muéranse felices pensando lo afortunados que son por todo lo que han avanzado las ciencias de la salud en las series televisivas.


Erasmo de Salinas

sábado, 16 de agosto de 2008

Ciudadanos y políticos se enfrentan en España

El conflicto está en marcha, sólo queda saber la hora y fecha de la quiebra completa de la confianza de los ciudadanos en sus representantes políticos. El mayor problema que tiene nuestro país es que los ciudadanos no tienen experiencia en la resolución de sus conflictos sociales y políticos sin recurrir a intermediarios, porque estos últimos se han encargado de que los españoles no sepan afrontar la lucha si no es por medio de su intervención.

Los sindicatos de clase se han desclasificado para convertirse en oportunidades de rentables cargos de representación, como si fueran consejeros delegados del trabajo. Los partidos políticos hace tiempo que van por su cuenta y a lo suyo. La justicia está demasiado politizada y el cuerpo fiscal se ha convertido en un agente del Gobierno, no del Estado. La iglesia católica esta en periodo de letargo conveniente. Los medios de comunicación representan sus intereses comerciales, utilizando los problemas de la sociedad española para generar ingresos, y además no hay sociedad civil con capacidad de respuesta política, porque las agencias que podrían enfrentarse a los políticos han sido erradicadas o abducidas por el Gobierno.

Todos los políticos defienden unos intereses comunes que consisten en su supervivencia política, una vida cada vez más cómoda y ostentosa, poco trabajo y esfuerzo, y consideran la política como una actividad mercantil extraordinariamente rentable, por eso se dedican con toda su fuerza y ambición a perpetuarse a cualquier precio.

Todas las políticas que se hacen a este país responden a este propósito de mantener una existencia cómoda de sus agentes, y a la propaganda de las ideas que más rentables les resultan, que evidentemente no son las más necesarias para los ciudadanos.

Todos los ciudadanos estamos cada vez más hartos de los políticos, y hemos pasado de considerarlos como representantes de una noble profesión, a que nos parezcan vulgares ladrones organizados, estafadores prestos a delinquir por obtener ventajas personales, que no sólo nos hurtan el presente sino que nos restringen y limitan el futuro. Cada día somos más los que pensamos que sin políticos viviríamos mejor, porque los funcionarios podrían hacer su trabajo sin tener que rendir cuentas a unos ineptos, porque la mayoría de los políticos actuales lo son.

La representación política nos sale demasiado cara, con los nacionalistas porque cada euro que dedican a la construcción de sus sueños nos lo detraen de los servicios que no recibimos, con los socialistas porque han convertido el Estado en su granja particular rentable exclusivamente para ellos, y con los populares porque han demostrado que ni saben negar, ni afirmar tampoco, no están a la altura de lo que se requiere en este país, sólo saben gobernar pero todavía no han aprendido a ser oposición. Y ninguna de estas formaciones políticas pasaría la ITV democrática, según los propios militantes que las nutren. ¿Es necesario continuar con esta pantomima de democracia sin libertad, sin igualdad y sin justicia?.

Estamos viviendo en un cambio de paradigma, la realidad no puede seguir siendo como es y no acaba de ser como debiera. Y como en todos los cambios de paradigma el conflicto está latente hasta que se haga manifiesto.

La consecuencia esperada es la desaparición de la actual forma de representación política, el fin de los partidos políticos tal como los conocemos, y de los políticos que sólo buscan en la política su interés personal, que utilizan la política como si fuera un negocio.

Es cada día más perentorio un cambio en la forma de pensar en los españoles, para que descubran que la democracia no consiste exclusivamente en votar cada cuatro años a los representantes que eligen los partidos políticos, para que los ciudadanos queden atrapados exclusivamente entre decir que los aceptan o que los rechazan.

El precio de no hacer nada para los ciudadanos, de confiar en sus actuales representantes es asumir pasivamente todo lo que decidan, los nacionalistas subvencionando sus delirios, los socialistas su peculiar forma de ver el mundo, y los populares cualquier cosa.

Los nuevos partidos políticos como Ciutadans y UPyD tampoco han elegido la representación ciudadana como alternativa, y prefieren seguir el clásico fiasco de sus compañeros parlamentarios. Ambas opciones están condenadas al fracaso, porque sólo pueden nutrirse de quienes dicen no a esta forma de hacer las cosas, y a lo primero que dicen no los votantes de Ciutadans y UPyD es a la depravación política, son electores que tiene que especializarse en la elección de lo minoritario, de lo infrecuente, de lo raro. Votando a Ciutadans y UPyD se creen que votan contra PSOE, PP y los nacionalismos, pero en realidad votan por su supervivencia política, porque amortiguan la crítica que les vendría encima a las formaciones tradicionales si no hubiera opciones alternativas.

Pero la alternativa de las nuevas formaciones no es a los partidos políticos y ahí se equivocan ambas, sino a la política que están haciendo los partidos políticos contra los intereses generales de los ciudadanos. No se trata de matizar los errores de PSOE, PP y nacionalismos, sino de negar su legitimidad para hacer lo que están haciendo en España, pero siguen sin enterarse porque no les conviene y pretenden seguir jugando en un lodazal de confusión y corrupción al que denominan arena política como si eso fuera lo más normal.

La democracia no es exclusivamente el derecho a votar, sino el derecho a elegir. La democracia es una regeneración de la vida institucional, pero si la vida institucional está prostituida entonces es pura demagogia. No hay democracia si no se respeta la Constitución, si se vulnera el Estado de Derecho, si se politiza la justicia por medio del cuerpo fiscal y la elección de sus representantes, si un representante público utiliza su posición pública para hacer sus propios negocios. Eso no es democracia, es un cuento democrático.

¿Estamos los españoles a la altura de lo que la catastrófica situación política de nuestro país, de la crisis económica en la que estamos viviendo, y la perversión de la vida política requieren de nosotros?.

Yo soy optimista, creo que sí. El último trimestre de 2008 va a ser un periodo muy duro, porque hemos pasado de ser un país rico a ser un país con muchas dificultades, gracias a los políticos, dificultades que pagaremos los ciudadanos, y que costarán más caras a los que dispongan de menos recursos, como siempre.

En este conflicto los políticos juegan con ventaja, pero los ciudadanos tenemos la razón de nuestro lado. Los políticos consideran que el poder es suyo, cuando se han olvidado y nos han hecho olvidar que exclusivamente son nuestros representantes, no nuestros amos.


Biante de Priena

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