Si me preguntan porque soy español, pues tampoco sabría que decirles, tal vez porque ser español es no ser otra cosa y al mismo tiempo no tener la obligación de ser lo que algunos quieren desde el poder que se sea.
Lo de ser español es parecido a lo de ser liberal, uno no ejerce hasta que no le aprietan porque no hay necesidad de hacerlo, pero si te pisan con la opresión, como ocurre en estos tiempos, pues entonces rebelión que es lo que acontece.
La identidad española, por mucho que algunos se empeñen, no es el blasón de los perdedores, ni tampoco garantía de victoria segura, es un una forma de pensar y sentir, y de entenderse con la vida. Los españoles somos capaces de morir por una idea, que al día siguiente despreciamos con solemnidad, si ya no es necesario reivindicarla. Ese impulso y pasión forma parte de nuestra forma de ser y sentir, de la furia española que es como decir que cuando tomamos conciencia de estar perdidos, nos revolvemos y no nos rendimos.
Ser español es valorar los instantes, ser ciertamente desorganizado, vivir adaptándose a lo que ocurre, sin previa planificación, ni objetivos. Algo muy relacionado con la supervivencia. Porque los españoles valoramos lo humano antes que lo mecánico, y tenemos resistencia activa a las imposiciones del poder.
Y es que ser español es más un “NO-SER” que un SER, porque al contrario que otros la identidad la llevamos discretamente y no la utilizamos sino es necesario; en este país la gente ha aprendido a no identificarse si no es estrictamente necesario.
Por eso a algunos nos molesta precisamente el SER exhaustivo que pretenden los nacionalismos, que buscan la identificación exclusiva como garantía de pureza.
En España todo está mezclado, y es la MEZCLA un valor que nos distingue, nadie sabe mezclarse como nosotros, por eso en este país se observan las transiciones en el arte más extravagantes, pasar del mozárabe al gótico, es algo que no podría hacer un europeo, y aquí se llenan las mezquitas y las sinagogas de santos y vírgenes.
Es el derecho a ser lo que somos, a poder mezclarnos como nos de la gana, y a exigir tolerancia con lo que hacemos como la que concedemos a los demás, lo que nos lleva a la resistencia, porque ser español es quizás la identidad más cosmopolita de las conocidas, en todas partes mezclados, siempre.
La política se ha ocupado siempre de diferenciarnos y distinguirnos para hacernos a la medida de sus intereses, desde los reyes católicos hasta los nacionalistas actuales. Les molesta nuestra identidad plural, esa forma de ver las cosas con alegría y tristeza al mismo tiempo.
Un hecho significativo de las condiciones que se dan en nuestro país es la comunidad gitana, porque gitanos hay en todas partes, pero sólo en España se ha elevado su forma de expresarse a arte.
El problema es que hay algunos nuevos nazis que buscan la exclusión de los que no comparte su objetivo de pureza cultural, y lo más dramático es que desde el partido socialista o el popular se les comprende. Hacen lo mismo que Hitler con los judíos, o Stalin o Fidel Castro con los disidentes, y nadie dice nada.
No acaban de enterarse de que ser catalán, vasco o gallego, es precisamente renunciar a ser español, que es al mismo tiempo ser catalán, vasco o gallego, indistintamente; porque ser español es no ser exclusivamente nada, ni español siguiera, salvo que toque serlo, porque las circunstancias creadas por otros lo requieran.
Hablar español no es un privilegio, es la expresión cultural de un pueblo con muchos siglos de historia y memoria, por eso los nacionalistas nunca lograrán convencernos de que ser catalán, vasco o gallego es una “necesidad”, al contrario, la necesidad es de los políticos que buscan esa coyuntura para seguir implantando su modelo inventado de realidad y cultura.
No se puede ser catalán, vasco o gallego sin ser español, porque eso no existe más que en la delirante cabeza de unos cuantos iluminados. No somos los españoles los que limitamos la libertad, promovemos la diferencia, o privilegiamos nuestros derechos sobre los demás, precisamente ser español es todo lo contrario. Los nacionalismos son movimientos de expropiación de nuestra identidad, para imponernos el yugo de una perspectiva que nada tiene que ver con nuestro carácter, cultura e historia. Es privarnos de lo que somos, para hacernos a la medida de sus sueños, y esto vale para todos los políticos de todos los colores y creencias.
Algo que entendemos con tanta facilidad en cuestiones religiosas, parece mentira que la gente no lo vea con claridad. Por eso, yo soy español..., español..., español, y me alegro por los que se sientan molestos y les fastidie.
Biante de Priena
