
¿Se imaginan ustedes que en Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos, Portugal, o cualquier país occidental, se hiciera un manifiesto que recogiera firmas para reivindicar el derecho a aprender, conocer, hablar y utilizar la lengua oficial del Estado en su territorio?
¿Se imaginan ustedes que alguno de nuestros ilustres intelectuales del pasado como Ortega y Gasset, Marañón, Cela, Umbral, Cervantes, Azaña, Quevedo, Zorrilla, Juan Ramón Jiménez, o Miguel Hernández, nos vieran suscribiéndonos al idioma?
Hay un error moral en el planteamiento, los damnificados por el secuestro cultural son hoy irrecuperables; los que han sufrido el acoso y opresión de los nacionalismo, exigen una reparación; los que han sido desposeídos de lo suyo requieren una restitución. Si hay delito, hay delincuente o delincuentes.
Hay un error jurídico al delatar un indeleble daño a nuestro idioma, sin establecer un responsable del mismo. Los nacionalistas por acción y los partidos nacionales por omisión, han sido responsables de lo ocurrido. En la sociedad, los intelectuales y los ciudadanos, con algunas honrosas excepciones, han / hemos permanecido ausentes de la defensa de nuestro idioma. No se puede reclamar lo que es tuyo y te han arrebatado al descuido, sin establecer quién ha sido el ladrón. El agresor no ha sido anónimo, ni mucho menos.
Hay un error político que consiste en reclamar socialmente lo que políticamente nos corresponde por ley, este formato de reivindicación socava todo nuestro armazón institucional y constitucional. No se puede reclamar un derecho constitucional reconocido, con intelectuales y firmas, hay que reclamarlo en los tribunales, en el Parlamento, pero no en la calle. ¿De qué nos sirven las instituciones?.
Hay un error de inteligencia, porque establece un precedente, que es dejar nuestros derechos expuestos a la intemperie de lo opinable: si el idioma está en entredicho, TODO LO DEMÁS TAMBIÉN. Este manifiesto abre el melón a nuevos frentes de agresión, más que cerrarlo. Tras este manifiesto se cuestionará cualquier cosa, la Monarquía, la Nación, la Libertad y la misma Vida.
Hay un error histórico, que es situar el idioma español en pie de igualdad con las otras lenguas cooficiales del Estado, si compiten en la misma categoría se olvida la primacía cultural y constitucional.
Hay un error estratégico, todos los que no sean nacionalistas pueden firmar el manifiesto, lo firmará todo el mundo Rajoy y Gallardón, Federico y Leguina, y posiblemente el alcalde de Estepona y la hija del Presidente del Senado. Tal vez, si le apuran, lo firmará hasta Zapatero. No lo firmarán los nacionalistas, y no lo firmaremos algunos, que defendiendo el objetivo más incluso que los firmantes, no aceptamos borrego como exponente de libertad.
Y qué se va a conseguir con las firmas, dice CMG que llevar al Parlamento una propuesta de Ley para que los grandes partidos se mojen en la cuestión. O sea, que llevamos 30 años de rebeldía autonómica, los representantes políticos mirando a Bulgaria y ahora llega UPyD y lo resuelve sin más, porque le apoyan uno o dos millones de firmantes.
Hace poco asistimos a un caso de reclamación popular contra la injusticia suprema con recogida de firmas (800.000), protagonizado por el padre de Mariluz, una víctima de un asesino que la justicia española se había olvidado de recluir, y hasta Zapatero le dijo que no se preocupara. ¿Qué no se preocupara?, no señores, el padre de Mariluz se estaba ocupando, había perdido a su hija a manos de un desalmado, como los españoles hemos perdido nuestro idioma a manos de los nacionalistas, fundamentalmente en las regiones que gobiernan con el PSOE. Ya veo a Zapatero decirle a Savater que no se preocupe cuando le entregue las firmas, que ya le ha dicho a la ministra de educación que a ver si los nacionalistas no son malos y respetan la LOE.
Verán, yo a ésto no juego, no me da la gana. Creo que nuestro idioma se merece más respeto por parte de todos, firmar este manifiesto es suscribir un abono al mundo de Zapatero para no volver jamás, prefiero quedarme al otro lado del espejo, al menos seguiré siendo europeo y me haré la ilusión de que mis derechos son como los de los irlandeses, que votan lo que quieren y no quieren, porque viven en una democracia.
Señoras y señores, "El Quijote" para leerlo y disfrutarlo, no para escenificarlo en una representación veraniega de chiringuito playero.
Biante de Priena