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domingo, 22 de abril de 2007

Manifiesto de Ciudadanos para el Día de Castilla y León - Villalar - 23/04/2007

“Ciudadanos, Partido de la Ciudadanía” (C’s) considera que la política debe regirse por los principios de racionalidad y sentido común y no por los sentimientos y las pasiones.

Por este motivo, ejerciendo firme y respetuosamente el derecho a discrepar con el pensamiento casi unánime del resto de partidos de Castilla y León, no participaremos en ningún tipo de acto político o iniciativa dedicado a exaltar sentimientos de pertenencia situados al margen del concepto de ciudadanía, que debe ser el principio rector de un Estado moderno e ilustrado. Los derechos, los deberes y las libertades son de los ciudadanos, no de las piedras ni de los territorios.

El ser humano tiene una dimensión social, en la cual se inscriben sus sentimientos de pertenencia a colectivos de diversa índole. Sin embargo, las tradiciones, costumbres e ideario de dichos colectivos no pueden oponerse ni prevalecer sobre las leyes del espacio común de convivencia que compartimos: el Estado de derecho.

Consideramos lícito que se organicen actos folklóricos o culturales como puede ser el llamado “Día de Castilla y León” o la “Fiesta de Villalar”, pero nos parece inadmisible la utilización de recursos públicos, necesarios para cubrir necesidades sanitarias, educativas o de asistencia social, para promover un artificioso sentimiento “castellanoleonés” como elemento legitimador de reivindicaciones políticas o sociales.

Este disparate, que nace de la misma idea reaccionaria de identidad colectiva en que se basan los movimientos nacionalistas existentes, es la contribución de nuestras élites locales a la desestructuración de la trama de afectos que debe ser España.

Este enfoque localista y tribal no sólo pervierte el debate político, sino que traspasa sus límites y contamina a pilares básicos de nuestra sociedad como, por ejemplo, la educación.

No es de recibo, y debemos decirlo en alto -no sólo en nuestras conversaciones privadas- que los niños de Castilla y León estudien durante años y años únicamente la geografía y la historia de esta comunidad autónoma, desconociendo cada vez más las del resto de España. Frente a esta vuelta a la Edad Media, el futuro se encuentra en iniciativas como la reciente propuesta de la presidencia alemana de la Unión Europea para que todos los escolares de Europa estudien una historia común.

La Comunidad Autónoma de Castilla y León se justifica si, y sólo si, es una división administrativa más útil para todos y cada uno de los ciudadanos que vivimos en ella, permitiéndonos un mejor ejercicio de nuestros derechos individuales y una mayor proyección a través de la interacción con el resto de España y de una creciente integración en Europa.

Ante aberraciones como la segmentación de las enseñanzas por autonomías, o la desigualdad de un sistema sanitario que se fragmenta en cerrados reinos de taifas, C’s propone considerar seriamente la conveniencia de devolver competencias al gobierno central si esto beneficia al ciudadano, aunque perjudique a quienes se reparten los cargos y las prebendas en el actual modelo autonómico.

Desde C’s exigimos que no se gaste ni un solo euro del erario público en extender sentimientos regionalistas o localistas, que deben quedar circunscritos al ámbito de lo privado, y recordamos que el 23 de abril, día del Libro, también se homenajea a Shakespeare y Cervantes, que representan a una universalidad cultural mucho más provechosa que los diminutos sentimientos de identidad que se intentan fomentar entre nosotros.

A las personas que quieran asistir a la fiesta de Villalar, les deseamos que disfruten de una actividad de ocio colectiva que debería estar desprovista de manipulaciones políticas interesadas. Pero recordamos a los partidos políticos y organizaciones, que con frecuencia utilizan esta fiesta como altavoz de reivindicaciones y propaganda de sus actuaciones, que su objetivo debe ser la promoción del bienestar y de las libertades de las personas, y que el origen de nuestros derechos no procede de la fuerza de un sentimiento de pertenencia a una entidad pseudo-histórica, sino de los principios y valores que nuestra Constitución consagra: gracias a los mismos, todos somos ciudadanos.


Ciudadanos en la Red

sábado, 21 de abril de 2007

El Spot de la Ciudadana Puta

Haz click sobre este enlace y verás el vídeo con el spot + la intervención completa de Esperanza García en la Presentación de las Candidaturas, esta mañana, en Barcelona.




Este es el discutido anuncio de Ciutadans - Ciudadanos para la campaña de las próximas elecciones municipales. La polémica se centra, esencialmente, en que aparece una prostituta diciendo -en catalán- yo soy tu candidata; cuando el Partido, de momento, no tiene una política definida hacia el problema de la prostitución; pero de igual manera que tampoco ha hecho nada por los niños inmersionados, y, al menos que se sepa, por absolutamente nadie, excepto por los amigos y familiares de sus dirigentes. En resumen: polémica facilona generada con la esperanza de arañar votos que tendrían que llegar a raudales si se trabajara bien. Lamentablemente, sólo se observa una absoluta parálisis, ninguna idea a desarrollar, y nula repercusión en la sociedad.

L´ Europe c´est moi

Francia se recrea mañana en la primera vuelta de las presidenciales y de los electores franceses dependerá, una vez más, el modelo posible de la Unión Europea.

Los electores franceses son extraordinariamente pragmáticos, aunque agradecen los esfuerzos que hacen sus políticos por apasionarlos. Lo demostraron en el referéndum de la Constitución Europea, elaborada por el Presidente de la Convención, Valerie Giscard d´ Estaing, que también había sido su máximo dignatario, y al que estamparon un no lapidario en su biografía, y de paso recordaron a los europeos que no hay que comprar todo lo que venden los políticos, no como en España.


Así son los franceses, temerosos del porvenir pero temerarios con su pasado, del que tratan de distanciarse para permanecer instalados en la modernidad política. A nuestros vecinos galos les aterroriza ser convencionales, como los belgas o los alemanes, pero también extravagantes como los italianos. Se miden con los ingleses por las definiciones de los conceptos políticos y su aplicación en la sociedad.

Los franceses se consideran más ciudadanos que todos los demás europeos, y consideran que la Revolución Francesa de 1789 ha sido la única existente en la defensa de los valores civiles. Se olvidan siempre de que Cromwell en 1648, ciento cincuenta años antes, consiguió ejecutar democráticamente a un rey en la Torre de Londres. Y también se olvidan que los Estados Unidos de América firmaron su declaración de Independencia en 1776, y los españoles, en su sempiterno amagar sin dar, no ejecutaron al Rey, pero le desposeyeron en 1812 en las Cortes de Cádiz de sus poderes soberanos.

Que nadie le diga a un francés algo sobre la libertad, la igualdad, o la independencia, porque siguen pensando que ellos han sido los inventores del orden político moderno en Occidente, y además se sienten imbuidos de la responsabilidad de preservar su criterio ecuánime y ecuménico como el más puro entre las democracias occidentales.

Es cierto que las aportaciones de algunos de sus más reconocidos politólogos, han sido aprovechadas por todos: el equilibrio de poderes de Montesquieu, la voluntad general expuesta en El Contrato Social de Rousseau, o el concepto de la tolerancia como elemento indispensable de la convivencia elaborado por Voltaire.

Sin embargo, y a pesar de sus producciones políticas, no se puede establecer sin pecar de chauvinismo, la ilusión en la que viven nuestros vecinos cuando piensan que la democracia como sistema de gobierno surge en Grecia, pero solo concluye su desarrollo y se consolida en Francia. Napoleón pensaba lo mismo sobre el orden, pero partiendo en esta ocasión del ancestro romano.

LAS ELECCIONES DE MAÑANA

En estos tiempos de remodelación cultural y opulencia aparente, los franceses están más divididos que en otras ocasiones, porque se han mezclado las ofertas políticas y los intereses sociales de forma transversal; las encuestas no acaban de determinar la dirección última de los votos, nadie se atreve a decir quien será el próximo presidente de Francia, pero mañana en la primera vuelta del proceso quedará sin duda determinado.

Solo hay una variable a discernir, que consiste en saber que hará la izquierda francesa. La derecha se agrupará en torno a Sarkozy, dejando claro que Le Pen existe, pero los votantes de la izquierda no se sabe realmente lo que harán.

Francia no es España, y la candidata Royal, recogerá votos de las mujeres, de los jóvenes, de los funcionarios, pero debido a su intrascendencia no serán demasiados, y eso que a los franceses les encanta la frivolidad, pero en los espectáculos, no en la política.

Las opciones más a la izquierda están como siempre muy fraccionadas, y recogerán ese porcentaje testimonial de votos que siempre impide a los socialistas estar seguros de que pasarán a la segunda vuelta.

Y tenemos a Bayrou, y su transversalismo rústico-elitista, que representa los valores de la Francia tradicional, y la necesidad de un cambio fundamental de las formas de hacer política. Sus propuestas se podrían resumir en algo que les encanta a los franceses: vamos a hacer cambios, pero con la cabeza, no con los pies, con los pies se juega al futbol. Eso le proporcionará muchos votos, y posiblemente haya gente de izquierdas que viendo las inconsecuencias de la candidata socialista, desplacen su voto hacia el centrismo transversal y abierto del único candidato que sabe ordeñar una vaca, y le puede dar una bofetada en público a un mozalbete tostado que le hurga en los bolsillos, sin siquiera sonrojarse.

Este es el escenario en el que mañana se debatirá el futuro de Francia y el de Europa. Resulta evidente que mis simpatías recaen sobre Bayrou, y creo que va a derrotar este domingo a la candidata socialista. Sin embargo, también estoy seguro de que si así sucede, la socialdemocracia europea va a recibir el mayor varapalo de su historia, y quizás sea lo mejor para Europa y su futuro, porque esta orientación política tras la caida del muro se ha perdido en la rosa de los vientos.

En la primera vuelta, los franceses menos conservadores elegirán entre Bayrou y Royal, por el criterio de quien de los dos podrá representar mejor el aserto de La France c´est moi, y Bayrou le saca cabeza y cuerpo a la Royal, en esta carrera.

Pero en la segunda vuelta, triunfará Sarkozy, porque los franceses cambiarán su criterio de elección, en la pretensión de que su país lidere la Europa del mañana inmediato. Y en estas circunstancias, Sarkozy le lleva mucha ventaja a Bayrou que es demasiado francés, o a la Royal, que es demasiado de ningún sitio. El candidato de la UPM es hijo de la nueva Europa, la de la inmigración, pero también la de "Francia tierra de acogida"; con orígenes húngaros, griegos, sefardíes, y un pasado familiar anticomunista y antiislamista, casado con una española y sabiendo mantener el tipo.

Vivimos en la actualidad un progreso regresivo, que recupera algunas cosas del pasado, y con el fenómeno de la inmigración, es mucho más importante alguien que lo conozca, que alguien que lo tema. Las antiguas monarquías europeas buscaban con los enlaces matrimoniales de sus miembros una paz duradera. A Sarkozy nadie le podrá negar su origen diverso, y su orgullo por ser francés, al mismo tiempo, esto halaga los sentimientos patrióticos de sus electores. Le grandeur siempre se hizo a expensas de legiones extranjeras.

Le Pen, un hombre inteligente, se ha encargado de hacerle la campaña electoral a Sarkozy, diciendo que si él presidiera Francia, el candidato de la derecha no podría presentarse a las elecciones. Eso no le ha quitado ni un voto a Le Pen, tampoco le ha dado ninguno, pero a Sarkozy posiblemente le haya procurado millones. Le Pen lo ha hecho con toda la intención. Tampoco Édith Piaf era francesa de rancia raigambre.

En la segunda vuelta, los franceses votarán al compatriota que mejor pueda representar la frase con la que se inicia y concluye este artículo: l´Europe c´est moi, o lo que es casi lo mismo en estos tiempos: La nouvelle Europe, est Sarkozy.


Erasmo de Salinas

Jornada de reflexión para franceses perplejos


Hoy “reflexionan” más de 40 millones de electores franceses, antes de votar mañana en lo que será el principio de una maratón electoral que sólo terminará en junio, pues Francia es el único país del mundo que elige a su gobierno votando cuatro veces (presidencial y legislativas a dos vueltas).

Para ser más exactos, reflexión para unos y acción para otros. Copiando lo peor de la izquierda española, el partido socialista francés, afín según parece a la jurisprudencia Rubalcaba, ha decidido en efecto transgredir las reglas del juego, pero al estilo Psoe, aparentando legalidad. Durante todo el día, miles de militantes perfectamente organizados inundarán (a título personal, obviamente, no más faltaba) buzones electrónicos, blogs y celulares con sms, consignas, eslóganes, seudoopiniones, en fin, toda esa basura entre telemática y estalinista que los españoles bien conocen desde Iraq y el 13-M.

Hace unos días, Zelig Zapatero acompañó a Segolena Zapatejá en el último mitin de campaña de la candidata socialista francesa. Fue en Toulouse, ciudad emblemática del republicanismo exiliado español. Ella es como él, atípica, con ejercicio personalizado del poder, algo iluminada, ignorante en muchos aspectos de lo que debiera ser su campo de conocimiento, advenediza y con esa estilo postmodernista repleto de radicalidad urbanosocietal, como dicen ahora.

Queriendo complacer a su compa español, instaló en el estrado una inmensa bandera española, idéntica a la que nunca usan Moncloa ni Ferraz, y todo terminó con la Marsellesa, que Segolena no canta (unos dicen que porque no se la sabe, otros que porque se las da de Marianne, en un impulso místico que la autocoloca como una semidiosa reinante sobre los pobres y vulgares mortales de la république).

En España se han comentado estas elecciones en la prensa, con mayor interés, indudablemente y como siempre, que el que demuestran los medios franceses hacia nosotros. Se han cometido errores y hasta contrasentidos donde menos los esperaba. Particular consternación ha causado en mí un artículo del Profesor Francesc de Carreras, aludiendo al final del gaullismo, con más de veinte años de retraso. Ignorando así que el gaullismo empezó a desaparecer de Francia en 1969, con la dimisión del General y el advenimiento del filotecnócrata Pompidou; el desmantelamiento se aceleró con la llegada al poder del politécnico Giscard d'Estaing en 1974, y murió definitivamente recibiendo clandestina sepultura en el aciago 1986, cuando, contraviniendo la regla de oro de la 5ª República, el delincuente Mitterrand y el amoral Chirac firmaron el infame pacto de la cohabitación.

Carreras, a continuación, comete otro error garrafal, al presentar a Bayrou como la alternativa regeneradora, en un símil implícito e indefendible con Ciutadans. Es desconocer que Bayrou es un “vieux de la vieille”, un político profesional representativo de la clase política más convencional, diputado desde hace décadas, jefe del partido UDF y ministro en varias oportunidades. Ha estado metido, objetivamente, en todas las financiaciones ocultas de los años anteriores a la reglamentación del funcionamiento de los partidos, ha estado en cohabitaciones, se ha presentado y ha votado siempre con la mayoría de centro derecha... Su deriva populista es reciente y táctica, en pos del espacio imposible del centro perdido, como Lecanuet en 1965 y Poher en 1969; quiere evitar el fracaso de sus antecesores mediante la estratagema del “que se vayan todos”, olvidando que Francia no es la Argentina, con tufillo de petainismo-lepenismo (decente) incluído: ha querido, por ejemplo, disimular que una de sus abuelas era irlandesa, pues se enorgullece de la pureza de sus orígenes bearneses y cita veinte veces al día alguna diatriba de d’Artagnan. Estos franceses de souche (Bayrou, Royal, el trotskista Besancenot), es decir de raíz, son quienes tratan un día sí y otro también al inmigrante Sarkozy (hijo de húngaro y de judía, nieto de griego, sin ninguna ascendencia francesa y casado con una biznieta española de Albéniz) de xenófobo, coincidiendo en una diagonal perversa con el fascista Le Pen, cuando éste menciona que si se hubieran cerrado las fronteras, como él pide, Sarkozy se presentaría a las elecciones en Budapest...

No se trata del fin del gaullismo, pues ninguno de los últimos cuatro presidentes lo era. Se trata, desde los acuerdos de Schengen, la adopción del euro y el NO a la constitución europea, de una encrucijada más sobre el tema identitario de los países del viejo continente, cuya resolución determinará en gran parte el devenir de nuestras sociedades.
Y como siempre, Francia enfrenta esta cuestión decisiva a su manera, fiel a su idiosincrasia histórica, a su sentido de la excepción, tan insoportable para los ingleses, desconcertante para los alemanes e incomprensible para los estudiosos españoles de hoy.

Lo peor y lo más inquietante no es lo que han dicho los candidatos mayoritarios, pues al fin y al cabo las opciones económicas y de seguridad no están tan alejadas, ya que si la izquierda gana terminará aplicando en buena parte las recetas de la derecha, más eficaces (después de un par de años de demagogia y confusión, como Mitterrand en 1981-83), y si gana la derecha colbertista de Sarkozy, la praxis será como siempre, neocentrista y estatalista.

Es mucho más significativo lo que no han dicho: su incapacidad para tratar la cuestión de la inmigración y de las tensiones socioétnicas, que crean exasperación, abstencionsimo y voto extremista en los segmentos de la población más expuestos a la inseguridad y a la precariedad. La ausencia casi absoluta de los temas internacionales en la campaña. La imposibilidad de enfrentar con valor y lucidez el desafío de la globalización.

Ni siquiera el mejor de los candidatos con posibilidades de ganar, el más voluntarioso, el mejor preparado, el más realista, es decir Nicolas Sarkozy, se ha atrevido a decirles toda la verdad a los franceses. Esa verdad que Churchill sí pronunció en 1940 ante el pueblo británico: vienen horas de sufrimiento, dolor y lágrimas.

Y es que el General y Sir Winston, precursores geniales y lúcidos atrevidos, no han dejado prole política, de forma que navegamos entre ineptos peligrosos y sin escrúpulos (Zapatero y Royal) y políticos preparados pero previsibles (Blair, Merkel, Sarkozy), cuando lo que Europa necesita es una clase política que admita su incapacidad para enfrentar lo que nos espera desde los esquemas del pasado.

Dante Pombo de Alvear, Crónicas de Calypso

viernes, 20 de abril de 2007

La dictadura de los siervos

Vivimos tiempos convulsos, disfrazados de una aparente plenitud social y económica, mientras el color de la realidad, refleja los tonos frívolos propios de los regímenes decadentes. El presidente Zapatero, visita la Comisión Nacional del Mercado de Valores y nos relata un cuento maravilloso olvidándose de la balanza comercial cada día más deficitaria, mientras los banqueros absortos de la primera fila aplauden como niños en un guiñol, viendo a su héroe referir la proeza de dominar a las bestias. Conthe nos explicará su versión de las cosas el próximo día 24 de abril.

En los medios de comunicación, todos los días se cuentan barbaridades políticas que han dejado de ser barbaridad, por que la paciencia de los ciudadanos soporta casi todo. La tolerancia es inmensa ante la corrupción, los atentados contra la libertad, las decisiones abusivas, los nepotismos, estupros y coacciones. La vida actual en España remeda a un mundo feliz en el que no ocurre nada malo, porque todos los que ven algo malo deberían arrancarse los ojos, por no dejarse cegar por el esplendor gubernamental.

Los ciudadanos nos hemos convertido en consumidores de información que apenas influye en nuestro criterio, porque hemos llegado a la conclusión de que todo lo que ocurre en la política en nuestro país es una cuestión de locos y de pocos, los que se aprovechan de su condición de políticos. Cada día se reparten informaciones aptas para el consumo de los ciudadanos, que conducen a la interpretación liviana de las acciones políticas.

Los ciudadanos, consumidores de información, estamos sometidos a la dictadura mediática que determinan nuestros políticos y expanden los medios que controlan. Ellos producen la información que debemos consumir, los medios la regulan para nuestro consumo, y a esta manipulación se la denomina libertad en esta época.

Pero la libertad nada tiene que ver con el consumo ofrecido, ni mucho menos con el interés manipulador de nuestros eximios representantes políticos. Hay otra realidad que no se comunica, o que se transmite de boca a boca, que es la más auténtica. Los políticos nos han adocenado, hasta el punto de involucrar a los ciudadanos plenamente en la perversión de su juego de intereses: lo único posible es lo que nosotros hacemos.

Estamos concienciados de que lo existente es malo, pero puede ir a peor, y vivimos con miedo a que ocurran cosas insospechadas que deterioren el bienestar y el malestar existentes, y por eso nadie mueve pieza; cuando en realidad, si hacemos una reflexión, concluiremos en que si lo que existe es malo, cualquier alternativa podría ser mejor.

Pero durante largos años hemos sido sometidos a un lavado de cerebro bien organizado y muy sutil, propio de los movimientos políticos que pretenden autoperpetuarse y por el que se nos induce a pensar que cualquier cambio nos puede conducir a la catástrofe, y que todo nuestra realidad está cogida con alfileres, al pespunte. Los altavoces mediáticos así lo confirman, reiterando el discurso iniciado desde las plataformas gubernamentales, y no contestado desde la oposición.

Este estado de incertidumbre, de inseguridad, de amenaza, conduce a la parálisis de los ciudadanos tanto en sus peticiones como en sus propuestas. Solo podemos aspirar a lo realmente existente, otras alternativas no existen.

Ayer escuché a un sindicalista, que en su día protagonizó una memorable lucha contra los intereses empresariales en los años ochenta, como decía que vivimos en un mundo inventado por los políticos, los sindicatos mayoritarios, los empresarios afines al poder, y otras agrupaciones o “lobbys” y que va a resultar muy difícil desmontar esta estructura de corrupción. Las próximas generaciones, nuestros hijos, están condenadas a vivir en un nuevo absolutismo, el de las organizaciones mafiosas que controlan nuestras vidas por sus intereses mercantiles, por el juego de intercambio interesado entre todos ellos.

Realmente escuchar a alguien que se ha dejado piel en el asunto, acometer contra todo lo existente, tras 30 años de su lucha pone los pelos de punta, y en realidad, tiene toda la razón. ¿De qué sirvió lo que hizo?, se preguntaba.

En este país las cosas comenzaron a torcerse con el primer gobierno del PSOE de 1982, que amparado en el cambio social que este país realmente necesitaba, estableció sus redes de poder para afianzarse en cargos, sueldos y prebendas. Este país ha resistido estoicamente los mayores pelotazos económicos de la reciente historia europea y aquí no ha pasado nada.

Recientemente hemos asistido a la intervención del gobierno en el asunto Endesa, hasta lograr un reparto más acorde con los intereses económicos de sus favoritos. No podemos seguir así, con un gobierno organizando y permitiendo corrupciones y una oposición inerte, silente y senil, que en estos temas no es capaz de presentar batalla. En realidad hay una pequeña trampa en todo el desaguisado, que nos pasa desapercibida.

No son los políticos los que controlan los mercados, son los mercaderes los que controlan a nuestros representantes políticos, y les han convertido en sus siervos. Estamos asistiendo perplejos a la instauración de un nuevo absolutismo, el del mercado, que se ha adueñado de la política, de los medios de comunicación, y de la sociedad.

El peligro queridos ciudadanos no está exclusivamente en los políticos, sino en que todos los políticos vienen determinados en sus decisiones por los intereses que les corresponde defender, que precisamente no son los de los ciudadanos, sino los de sus señores, los que les permiten hacerse ricos en una sola legislatura que dura cuatro años.

Mientras los ciudadanos consintamos que nuestros políticos se sigan forrando como lo están haciendo, estamos condenados a vivir por debajo del umbral del bienestar que nos corresponde como octava economía mundial. Los españoles vivimos peor gracias a los beneficios que detraen nuestros políticos y sus protectores / protegidos, del bienestar que nos corresponde.

Ellos, nuestros políticos, y todos sus amigos, sí viven en un mundo feliz, el que nosotros les procuramos con nuestros votos. No lo malgastes con quien te represente mal, con quien lo utilice para empobrecerte. ¿Cuántos billetes de 500 euros has visto en tus manos?, ¿y en las suyas?.


Biante de Priena

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