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sábado, 12 de febrero de 2011

Redactivismo: la revolución cibernética


La red de redes se está convirtiendo paulatinamente en la primera fuente de información para los ciudadanos, sobretodo los más jóvenes. Pero también es un nuevo territorio en el que se pueden explorar las relaciones y las comunicaciones humanas. La ampliación de la realidad que nos ofrecen las nuevas tecnologías todavía está en sus comienzos. Posiblemente, en pocos años, asistamos a un proceso de emulación revolucionaria que tendrá como escenario el mundo virtual y se acabará materializando en la realidad, de forma tangible. Hoy se establece su urdimbre.

Los movimientos sociales de emancipación popular surgidos recientemente en los países árabes, son un ejemplo de lo que acontecerá en los países en los que un número suficiente de ciudadanos tengan acceso a la red y un sistema opresivo de poder. Una de las primeras medidas que se ejerció para sofocar la revolución de Túnez y la de Egipto, fue cerrar la red al mundo exterior, pero resultó inútil.

La revolución de los jazmines en Túnez comenzó por un hecho singular, la inmolación de un joven por la intervención intempestiva de la policía al decomisarle el carrito de frutas con que se ganaba la vida. El joven era ingeniero informático y se quemó a lo bonzo ante un edificio gubernamental, se llamaba Mohamed Bouazizi, tenía 26 años, y moría días después en el hospital de Ben Arous. Rápidamente, sus amigos y compañeros expandieron la noticia por la red, desencadenando las revueltas que han llevado a Túnez a empezar a escribir una nueva página de su historia.

El ciberactivismo ("netactivism", Net-Act) tiene diversas formas de presentación, a veces se restringe a campañas en la red, como la acometida por los detractores de la Ley Sinde en España, pero en otras ocasiones como el caso de las revoluciones del Magreb se expanden a la vida real. También se producen alternativas mixtas que comparten red y realidad. Sus derivaciones materiales conducen a formas de "terrorismo virtual" como el recreacionista o el poético

Las formas de manifestación también son diversas, pueden ser individuales o colectivas, anónimas o identificadas, legales o ilegales, agresivas o expositivas, ceñirse a un espacio o área concreta de crítica o ser generales; también pueden ser favorables a determinadas alternativas o contrarias a otras, pueden utilizar recursos para atentar contra espacios privados o públicos, como es el caso del hackerismo, pueden tener múltiples niveles de actuación. Lo que está claro es que son una reacción humana compleja, individual en algunas ocasiones, pero con más frecuencia colectiva, bien organizada o espontánea, y siempre con un elevado nivel de sofisticación.

Hay campañas en la red que se ocupan de promover determinadas acciones positivas, habitualmente colectivas, para difundir algún proyecto o acción compartida con una finalidad de acción política, pero la mayoría de las acciones son de carácter negativo. Los objetivos preferentes de los ataques cibernéticos son las instituciones públicas y las grandes corporaciones comerciales y económicas. Habitualmente, en el comienzo de la acción, siempre hay un factor desencadenante concreto que se puede identificar, sobre un lecho de opresión del poder, vulneración de la ley, o explotación de los seres humanos. A veces las campañas son realizadas por los propias víctimas, y en otras ocasiones se desarrollan de forma solidaria por parte de los expertos que apoyan a las víctimas en sus reivindicaciones y resistencia.

La revelación de datos secretos de la administración norteamerican que nos ha ofrecido la plataforma Wikileaks de Julian Assange, el performance de los "Yes Men" o las campañas organizadas de la agrupación internacional Anonymous, son ejemplos de diversas presentaciones de este movimiento social de reacción cívica, orientados al desenmaramiento del poder, pero también los hay de protesta organizada como el Partido Pirata con representación en Europa, o las diversas plataformas contra la Ley Sinde en España.

En la mayoría de las acciones realizadas se mantienen determinados códigos morales que se fundamentan en la injusticia acontecida sobre un individuo, un determinado colectivo o la población general. Los criterios de reacción provienen de la obra “Desobediencia Civil” de Henry David Thoureau, que influyó en personajes relevantes como Mathama Gandhi o Martin Luther King. En la mayoría de las ocasiones no se utiliza la violencia contra las personas, sino contra los intereses políticos o económicos de aquellos que ejercen el poder con oprobio o los que no respetan las leyes por detentar una posición de privilegio.

La red de redes se ha convertido en un bosque de conocimientos y comunicación, por eso uno de los patrones más frecuentes de conducta reaccionaria es la ofrecida por Ernst Jünger en su obra “La Emboscadura”, auténtico manual de supervivencia en una sociedad tiránica, en la que los seres humanos son tratados con desprecio por los detentadores del poder, por los usurpadores de la justicia. Esta obra se publicó en 1950, mucho antes de que internet existiera, pero en ella ya se ofrece la descripción de las técnicas para resistir en el bosque virtual de la red o de la vida real, que de forma simbólica se ha convertido en patria de los seres libres, que han decidido vivir de sus propios recursos sin explotar a nadie.

En el mundo feliz que representa la globalización y el final de la historia que anunció Fukuyama, las conductas humanas posibles se van reduciendo hasta conformar sociedades homogéneas, agregados amorfos como las denunciadas por Ortega y Gasset en “La Rebelión de las Masas”, las descritas por George Orwell en su ucronía “1984”.

El escenario colectivo se puede completar con las descripciones de algunas conductas de simulación, como las expuestas por el Premio Nóbel Czeslaw Milosz en su obra “El Pensamiento Cautivo”, en las que sugiere para la supervivencia en mundos sociales oprimidos un comportamiento utilizado por los árabes, conocido como “el ketman” que consiste en una especie de observación participante reactiva, en la que los sujetos representan asumir las normas políticas correctas públicamente, mientras de forma privada y particular conspiran contra la opresión del poder.

Por último, los destinos de estos movimentos sociales siempre se fundamentan en una utopía mística o mitológica de restitución de lo usurpado por el poder, más allá del contrato social y la democracia. Es la “hibrys” la desmesura de los poderosos, la que desencadena la reacción de los oprimidos en la búsqueda de un cambio en el poder, o en la creación de mundos utópicos, porque nos acercamos al Crepúsculo de los dioses y el Regreso de los Titanes que refirió Hölderlin o la creación de una Nueva Tierra Prometida como la propuesta en la distopía descrita por Ayn Rand en "La Rebelión de Atlas" y el nuevo mundo de John Galt, pero sin duda el objetivo último es el regreso al paraiso perdido en el que la virtud humana destaque sobre la decadencia a la que nos conduce la detentación del poder por aquellos que utilizan la fuerza de la violencia tiránica, la usurpación de la justicia, o la corrupción de los mandatos conferidos, para imponer su voluntad sobre sus semejantes de forma inadmisible.

Quizás el referente icónico más conocido de los movimientos de reacción cibernética sea el de la película V de Vendetta, basada en los comics de Alan Moore y David Lloyd, con “V” un personaje oculto tras la máscara de Guy Fawkes, que busca en su alegoría que la gente recobre la conciencia sobre su dominio desapercibido y reaccione ante la opresión a que está siendo sometida por los poderesos, con una campaña para derrocar el poder tiránico vigente. Una recreación actualizada y renovada del mito de Prometeo, que abandona el Olimpo del poder mítico para ofrecer a la humanidad el logos de la razón que da comienzo a la civilización, representado de forma simbólica por el fuego que acaba con el viejo sistema de creencias.

Ramnusia, la diosa de la venganza, se transforma en Némesis, la acción de venganza real, para recobrar el orden perdido, erradicando del poder a aquellos que lo utilizan en su beneficio para obtener privilegios, aunque sea a costa del perjuicio de todos los demás.

Enrique Suárez

viernes, 8 de octubre de 2010

Mi extraña muerte en Facebook


Un día descubrí que estaba muerto en la red social de Facebook, mi cuenta había sido deshabilitada, quizás porque dije algo inconveniente, tal vez por invitar a unos amigos a algun acontecimiento, o simplemente porque a alguien le molestó mi avatar o nick.

Al ponerme en contacto con los administradores del asunto, descubrí que Bot, un amable y simpático ente de origen desconocido, me remitía mensajes clonados en los que me solicitaba hacer la pregunta desde el correo con el que me dí de alta para poder responderme, tuve que buscarlo y encontrar las claves, pues un año es demasiado tiempo para la memoria en un mundo atiborrado de inútiles cosas para recordar, hice lo que me demandaba, más tarde me pidió que confirmara mi nueva cuenta, lo que tambien hice, (no recuerdo haber sido tan obediente desde hace años), pero sin embargo no sirvió de nada, dejó de escribirme y hasta hoy. Bot ya no quiere saber nada de mí o al que copia los mensajes prefabricados se le han acabado y tendrá que consultar con alguien que piense para ver como responde a mis preguntas sobre dónde se ha celebrado el juicio, cual ha sido la sentencia y quien ha decidido la condena.

Aunque haya sido una muerte virtual, fácil de solventar creando otra cuenta de correo, para crear otra cuenta de facebook y volver a convocar a todos los amigos que tenía explicándoles la fortuita situación inesperada, Bot deja una advertencia de que si hago tal cosa todas mis cuentas de correo podrán ser invalidadas, que debe ser algo parecido a la muerte eterna.

Realmente me estoy planteando seriamente si regresaré al caralibro, que ha servido a su dueño Mark Zuckerberg, para convertirse en la persona más influyente en el mundo de la tecnología. No tengo nada contra Mark, el oficio de todo negociante es forrarse y si además inventa el mecanismo para hacerlo por sí mismo mucho mejor, otros se forran a costa del prójimo y encima son elegidos en las urnas para salvarnos la vida, pero no llevo con paciencia lo de Bot, porque estoy seguro que al final de la cadena de control debe haber algún ser humano que toma las decisiones y veran ustedes, a mí eso de que me eliminen como si fuera un ternero en un matadero, sin darme siquiera explicaciones de mis faltas y delitos, pues me resulta bastante ominooso y me cabrea.

También pienso que he sido yo el que ha concedido a los del caralibro la oportunidad de hacerme estas cosas en magnífica impunidad, manteniéndome en la incertidumbre de que habré dicho o hecho, o quien o quienes son los hijos de su madre que me han denunciado por haber dicho o hecho algo que no les haya gustado.

Por lo pronto me voy a tomar un descanso y voy a sancionar con mi indiferencia a partir de esta carta a estos sicarios Bot del feisbuk, donde las dan las toman. Que se vaya enterando Mark Zuckerberg que ya no juego a su negocio y que ya tiene un detractor más.

Un buen amigo mío ha comparado el suceso con lo ocurrido en el Holocausto judío cuando los seguidores de Yahve iban desapareciendo a manos de los nazis. Yo creo que exagera, tampoco es para tanto, aunque la alegoría del asunto tiene cierto paralelismo, eso hay que reconocerlo.

Pero lo que tengo claro es que la libertad de expresión no se respeta en facebook, exactamente no, no se puede decir todo, se puede decir todo lo que no sea inconveniente para alguien y no me refiero a insultos, coacciones o amenazas, que eso es de razón, sino a que si dices que te gustan los toros entre antitaurinos o que eres seguidor del Madrid entre aficionados del Barsa, te puede pasar cualquier cosa. Facebook nos quiere clasificar en grupos homogéneos.

Que no hay isogoria, vamos, que la libertad no es igual para todos y que los consejos de guerra de Bot me recuerdan a aquellas cosas que ocurrían en las dictaduras: ha sido usted condenado a muerte, y si preguntabas el porqué, te decían: por algo que habrá dicho o hecho, y se quedaban tan frescos.

Si fuera el único caso que conozco de impunidad manifiesta en una decisión de expulsión sin explicación de sus motivos siquiera, pues podría considerar que hay equívocos que ocurren al azar, pero como sé que no soy el primero, ni seré el último, solo me queda preguntarme: ¿si hubiera consumido todo lo que me ofrecen en facebook hubiera ocurrido lo mismo?. No lo creo, y se comienza por una discriminación en el consumo y se termina por eliminar a los que no consumen nada de lo que ofrece el juego enjaulado. ¿A ver si tiene razón mi amigo y el Facebook este es como un campo de concentración virtual?. Para reflexionar es la cosa.

A ver si me lees Mark y pones orden, que como los Bot se sigan dedicando al exterminio te vas a quedar sin clientes, o simplemente con los más obedientes y cumplidores de todas las normas, es decir los más aburridos, e influenciables, los que están dispuestos a consumir todo lo que les ofreces en facebook. A mí este Mark me recuerda a un pastor de un rebaño de ovejas, que las esquila hasta que un día las acaba esquilmando, si dejan de ser productivas. Y es que hay desigualdad manifiesta, el Bot de Mark me puede eliminar y yo no puedo ni siquiera puedo saber por qué, por si se le ocurre enviarme un mensaje de disculpa. Exterminio puro y duro, de ente y obra, que yo sepa estas cosas solo ocurrían en la Unión Soviética como nos relataba Alexander Solzhenitsyn.

Esto del facebook huele cada día más a proyecto de secta con sus dioses, sus mitologías y sus rituales de obligado cumplimiento. ¿Estamos reinventando el tiempo perdido o formas de perder el tiempo?.

Escrito desde el más allá de facebook, es decir, desde la realidad.

Biante de Priena

jueves, 30 de septiembre de 2010

El poder somos nosotros


Desde la llegada de las nuevas tecnologías de la comunicación a la cultura occidental se está produciendo una evolución singular en la representación de los seres humanos, tanto en su condición invidual como en la colectiva. La cultura de la imagen va recortando diferencial con la cultura literaria en cuanto a la definición de la realidad. Hoy la realidad no se describe, se fotografía, se retransmite o se filma, si es posible en directo.

Hace tan solo siete años que los habitantes de este mundo nos quedamos asombrados con la retransmisión de la guerra de Irak en directo, que transimitió la CNN en 2003. A comienzo de la década de los noventa del siglo pasado, hace tan solo veinte años, comenzó el boom de la informática personal doméstica. Los móviles en su difusión masiva provienen de finales de esa misma década. Internet, una herramienta de la que hoy podríamos prescindir con extraordinaria dificultad, comenzó a funcionar en España a buen ritmo, también en la década de lo noventa del siglo pasado. En apenas veinte años el mundo ha cambiado de forma vertiginosa. ¿Pero cómo hemos cambiado los ciudadanos en ese tiempo?.

La comunicación nos ha cambiado

También hemos cambiado en nuestros hábitos, hoy prácticamente estamos permanentemente localizados por el móvil, disponemos de correo electrónico con el que nos comunicamos prácticamente gratis con cualquier lugar del mundo. Algunos publicamos nuestra opinión en blogs y foros y estamos interconectados con nuestros amigos por las redes sociales. Pero también tenemos libre acceso a mucha más información de la que podríamos adquirir en toda nuestra vida, repartida por los temas más diversos y variopintos. Y sin duda podemos recorrer millones de mundos virtuales y disfrutar de películas y series imposibles hace dos décadas.

La comunicación se ha imbricado en nuestro cáracter de forma extraordinaria. Incide en la construcción de nuestra personalidad pero también en el establecimiento y mantenimiento de nuestras relaciones humanas. Nos hemos hecho más sociables y sociales en el mundo virtual, al tiempo que nos hemos aislado más en el mundo real. Hoy hay patologías adheridas al uso excesivo de internet, que siguen un perfil similar a las adicciones. Está comenzando a haber mucha gente que tiene más dificultades para comunicarse en una escena real que con un interlocutor a miles de kilómetros por medio de un chat. Sin duda todos estos aspectos han ido modificando desde nuestra estructura mental hasta nuestros hábitos de vida.

Realidad y ficción llegan a confundirse, caminamos a marchas forzadas hacia una realidad onírica, a medio camino entre los hechos reales y los deseos irrealizables. Hay una presión hacia la homogeneidad humana en agrupaciones sociales que a veces llega a resultar insoportable. Hoy la patria propia es el muro de facebook o Twitter, en el que cada uno describe desde su vida hasta los principios de la termodinámica, según corresponda. Los muros de las redes sociales parecen en ocasiones los de las lamentaciones, pero en otras son la epítome de la dicha. Todos nos miramos y observamos en las redes sociales, aprendemos de otros en una suerte de aprendizaje vicario y participamos o no lo hacemos dependiendo de nuestra determinación o estado de ánimo.

No es facil establecer si esta coyuntura será positiva o negativa para la especie, lo que está claro es que puede ser ambas cosas al mismo tiempo, depende del uso que se dé a las herramientas de las que disponemos un arma, y internet es un arma poderosa, puede salvarnos la vida o acabar con ella.

Desbordados por la realidad

Quizás la reflexión más sobria sobre lo que está ocurriendo es que vivimos desbordados por la realidad que nos acontece, sea factual o virtual, o ambas entremezcladas. Parece que estamos condenados a que nuestra propia obra nos atrape en una jaula, con un teclado, un ratón y una pantalla ante nuestros ojos, porque disponemos de una ventana por la que las representaciones virtuales del mundo van pasando.

El ocio va cobrando cada día más importancia en nuestras vidas desde que los occidentales estamos condenados a consumir todo lo que producen los chinos y los indios de forma desesperada, el problema de occidente será el trabajo productivo sin materiales, porque la inmensa mayoría de las cosas materiales que habrá en nuestras vidas provendrán de otros continentes.

Quizás sea la oportunidad para la civilización occidental avance, de hecho es extraordinariamente fácil porque contamos con poblaciones cada día más formadas que disfrutan de un tiempo de ocio considerable para pensar y repensarse.

Vivimos una época muy similar a la que en la Grecia Clásica con el estallido de las comunicaciones marítimas y el comercio, permitió una de las épocas más espléndidas de nuestra civilización. También en aquella ocasión hace 2500 años los griegos podían reflexionar y abrir el mundo a su conocimiento, y lo hicieron, en cierta forma lo que conocemos como Occidente es su legado. Pero al igual que por entonces, los griegos tuvieron que batirse con los enemigos de la libertad representados por los persas, mucho más numerosos, que pretendían devolver a la civilización helena a una cultura teocrática y despótica, también entre los griegos surgieron fuerzas regresivas que querían imponer su tiranía. Pero los griegos avanzaron, a pesar de todo, culminando su dominio del mundo con Alejandro Magno, que era en realidad macedonio.

El cambio es posible

Disponemos de todos los elementos para cambiar el mundo de forma cualitativa y provechosa para la inmensa mayoría. Pero las fuerzas regresivas, fundamentalmente religiosas y políticas, tratan de imponer su yugo desde el poder sobre la humanidad, como ha ocurrido a lo largo de la historia. En estos mismos momentos se está produciendo una feroz lucha entre los defensores de la libertad que aspiran a un mundo nuevo y mejor y los defensores del poder, que tratan de detenerlos porque en realidad eso haría que perdieran sus privilegios, en muchas ocasiones inmerecidos. El poder trata de acantonarse, inútilmente, en una representación ficticia de los seres humanos, contra los sueños de libertad de los que quieren representarse a sí mismos en la realidad, sin intermediación alguna.

Vivimos una auténtica crisis de representación del poder en todas sus formas, hace unos meses era económica con la quiebra de numerosas entidades financieras, también política, con un declive paulatino en la credibilidad que nos ofrecen los representantes políticos que nosotros mismos hemos elegido en las urnas, hoy mismo con los sindicatos. Ocurre también en las grandes religiones como el cristianismo o el islamismo. Pero también en los niveles más microcósmicos como las relaciones de pareja o de familia, las relaciones padres-hijos, las relaciones entre amigos o vecinos del barrio. Hay una fuerte reacción humana ante las relaciones de poder fundamentadas en la autoridad jerárquica no soportada más que por mitos y creencias.

La civilización occidental está pidiendo a gritos un cambio en las relaciones humanas con una exclusión del poder de nuestra existencia, fundamentalmente el poder representado por otros. Es algo fácil de entender, si podemos acceder a cualquier lugar del mundo en un instante y comunicarnos con gentes distantes, absolutamente extrañas para nosotros, ¿por qué razón tenemos que seguir siendo representados como si fuéramos analfabetos del siglo XIX?. ¿Acaso los políticos que nos representan han demostrado más capacidad que sus representados?. Seguramente mucha gente que hoy está en el paro tiene mucha más capacidad para ocupar la Presidencia del Gobierno o los ministerios que los actuales representantes detentan.

Auguro un excelente porvenir a todas aquellas plataformas humanas que brinden la oportunidad de que los ciudadanos se puedan representar por sí mismos. De hecho el éxito de las redes sociales es un avance de lo que viene, que serán redes humanas en todos los ámbitos, y fundamentalmente en el ámbito del poder, es decir, en la política. Posiblemente ha llegado la hora de que el ser humano domine el poder y la política y no sea dominado por otros, desde el poder y la política. Autodominio es lo que viene, estamos en plena transición hacia un nuevo sistema de relaciones fundamentado en la equidad y la libertad y no en el desequilibrio insoportable de la tiranía de unos sobre otros desde la interpretación convencional del poder y su representación ficticia de los seres humanos.

Biante de Priena

lunes, 12 de abril de 2010

Esclavos del progreso



"La miseria es el síntoma; la enfermedad es la esclavitud."
Bertrand Russell


La postmodernidad no acaba de morir, su paradigma sucesor no acaba de nacer, mientras tanto vivimos en un tránsito hacia destinos ignorados que, conociendo la deriva de la historia occidental, conducirán posiblemente a tiempos mejores. La inmediatez de la época en que vivimos, dirige el análisis de la realidad cotidiana (económica, política, cultural) a la mirada que un profano puede tener sobre la Bolsa de Valores, con esa ingenuidad amateur y esperanzada de obtener pingües beneficios con un poco de fortuna. Craso error, a los ojos de un “bróker”, que se guía por las tendencias generales del Mercado y el análisis fundamental, eso es una soberana estupidez, puesto que un jugador de bolsa profesional sólo cuenta beneficios o perjuicios a final de la temporada, que puede durar un ciclo de varios años.

La prisa nos atenaza, parece que el mundo está obligado a cambiar de inmediato porque nos desagrada como es, algo que no ha hecho nunca, ni posiblemente hará jamás, porque el mundo no cambia de repente, ni siquiera en las revoluciones. El Imperio Romano tardó siglos en descomponerse; el Renacimiento necesitó mil años de oscuridad previos; las revoluciones, inglesa, francesa, española, rusa, china o americana tardaron décadas en ofrecer los primeros frutos sociales; para que surgiera la Unión Europea, tal y como hoy la conocemos, se tuvieron que producir dos guerras mundiales y el largo declive de la Unión Soviética durante la mayor parte del siglo XX.

Los tiempos actuales se rigen por el imperativo del deseo y no el de la realidad, estamos embriagados por los logros de la tecnología de consumo, hasta hacernos pensar que todo está al alcance de nuestra mano cuando es un simple espejismo de la imaginación; los poderes públicos y privados nos han invitado a que nos creamos los nuevos dioses del Universo, porque han tenido la magnífica idea de reducir la realidad a lo que se puede hacer ante la pantalla de un ordenador o una videoconsola, parece que estamos al borde de un cambio de era, cuando en realidad, estamos pudriéndonos en el más de lo mismo.

La globalización está ejerciendo un efecto pernicioso sobre nuestra forma de pensar, sentir y hacer. Cuando hablamos con un amigo que está a diez mil kilómetros se nos olvida que está a diez mil kilómetros, porque hemos resuelto la distancia psicológica que nos separa de él por medio de la comunicación inmediata que nos proporciona internet, se nos olvida que él vive en una realidad diferente a la nuestra, que mañana amanecerá siete horas después o antes que en nuestra ciudad o pueblo y que nuestra realidad es completamente diferente. Sin embargo, la comunicación inmediata hace que pensemos que no existen las distancias, que nuestro amigo está al otro lado del tabique de la habitación desde la que escribimos cuando en realidad no es así. La conquista de la comunicación, fenomenal invento del que somos voraces consumidores, nos hace perder la configuración real de nuestra existencia, está trastocando las relaciones humanas y la propia identidad de la inmensa mayoría de los ciudadanos del mundo.

La fantasía está servida, lista para consumir, el acceso directo a la información existente en la red nos ha deslumbrado, haciéndonos olvidar que para comprender las cosas es necesario un criterio, y el criterio no proviene exclusivamente del acceso a la información, sino de la disciplina, el estudio, el análisis y la experiencia de conocimiento. Hoy, los más jóvenes piensan que es una pérdida de tiempo aprender declinaciones del latín o resolver integrales, porque todo eso está en internet, a golpe de click de ratón en el Google. Consideran que los adultos somos unos inadaptados, incapaces de adaptarse al estallido de las nuevas tecnologías y prescinden de nuestros consejos para guiarse por la vida y el mundo, porque los consideran anticuados y desfasados con la nueva realidad. El epigonismo ha sido desplazado por el adanismo.

No se dan cuenta nuestros vástagos del hundimiento personal que supone para las personalidades no desarrolladas, inmaduras e inexpertas, el acceso expedito a todo lo que abarcan sus sentidos.

En realidad lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, globalizada y enriquecida, es algo que remeda a la venta de la primogenitura de Esaú a Jacob por un plato de lentejas; los jóvenes actuales están entrando discretamente en el último cautiverio siguiendo las fascinantes melodías del flautista de Hamelín convertido en Twitter o Facebook, Google o Yahoo, Windows o Linux, en la alienación de una disolución de su yo en un entramado colectivo, que recuerda el de las colmenas o los termiteros. Están siendo homologados como consumidores, para extraerles el valor añadido durante su miserable existencia, despojados de su identidad propia por medio de un Nick y un avatar, convertidos en ganado estabulado, que considera prioritario el ser para los demás antes que el ser para sí mismos, en sí mismos, sobre sí mismos. La individualidad no existe si no es reconocida por otros.

Es un regreso al pensamiento mágico por medio de la técnica, en que los mitos sustituirán de nuevo al logos, para convertir en vulgares creyentes a seres racionales capaces de transformar su realidad a su antojo, con esfuerzo e inteligencia. En esta labor deshumanizadora y esclavizadora todos los poderes conforman alianza: los políticos porque les interesa tener anestesiada a la población para reproducir sin fin su miseria expoliadora; los económicos porque sólo tienen interés en los seres humanos por lo que puedan consumir mientras tres mil millones de chinos, indios y otros ciudadanos empobrecidos del planeta, en fuerte crecimiento, puedan comprarse un automóvil, una vivienda y salir de vacaciones; los culturales, porque la cultura de masas es altamente rentable y escasamente exigente; los religiosos, porque en un mundo de creyentes es más fácil hacer proselitismo; los mediáticos y tecnológicos, porque esperan vivir su época más dorada.

Tras la pantalla de aparente libertad de un ordenador se oculta la mayor cárcel de todos los tiempos; cautiva y desarmada, la humanidad espera órdenes para configurarse en su próxima esclavitud: la renuncia a cualquier libertad que no sea la estar conectados (vivos) o desconectados (muertos).

Biante de Priena

martes, 5 de enero de 2010

El silencio de los corderos o la estabulación de ganado en facebook


No deja de escucharse por todas partes que las redes sociales son la gran revolución de internet, aunque evidentemente no dejan de ser un negocio y por tanto, una actividad que se ciñe a las estrictas reglas de cualquier actividad comercial. Nadie regala nada, y menos en estos tiempos de apropiación indebida indiscriminada. También son una forma de regular la acción política y social sin que se note demasiado en la realidad, la gente comunica sus problemas, haciendo públicas las distintas opresiones propias y privilegios ajenos, y posteriormente se queda mucho más tranquila habiendo descargado su conciencia, para que no ocurra nada más allá de la manifestación pública de alguna cuestión privada.

Pero quizás el efecto más pernicioso de las plataformas como facebook y otras similares sea sobre el Espacio Cultural. Aunque bien puede decirse que eso no es problema de facebook que se limita a interaccionar gente y agruparla en relación de sus diversos intereses y aficiones. Pero en realidad la cuestión es más complicada.

El sistema por el que se regula facebook, establecido en unas reglas aparentemente simples de funcionamiento no es tan sencillo, en realidad se puede comparar al funcionamiento de un microondas, pues son pocos los que saben cómo funciona, pero muchísimos lo que utilizan. Evidentemente este patrón se puede aplicar a todo lo que aparece en internet, en windows o en cualquier aplicación informática. Pero aquí, tras los avatares, hay personas y no chips de silicio, aunque se tratan de igual forma.

¿Qué somos los 350 millones de participantes en facebook?, pues los hijos de una sociedad opulenta que debe luchar contra el aburrimiento, al tiempo que busca trabajo o mejorar su situación personal, en época de múltiples agresiones tecnológicas que se abren en el abanico desde el acoso hasta la exclusión. Hay una obligación implícita en nuestra sociedad a participar en todos los foros abiertos e interesantes, lo que al mismo tiempo supone la disminución de actividad en la vida real.

La virtualidad se ha incrustado en nuestra existencia y ya no sabríamos vivir sin ella. Cierto es que esto ha supuesto una ampliación o extensión del ser humano, más allá de los límites de la realidad cotidiana, pero también está suponiendo un cambio cultural sin precedentes para el que los seres humanos no estamos preparados, ni educados, ni tenemos criterio para decidir si nos conviene o no nos conviene, y por lo tanto nuestra libertad se reduce, no se amplía, al contrario de lo que muchos piensen. Nuestra libertad se reduce porque sólo se amplía en su vertiente virtual, pero a costa de reducirse en su ámbito real.

Facebook es una herramienta de comunicación prácticamente “gratuita”, pero también es otras muchas cosas que desconocemos, porque en realidad también es un instrumento de alienación, un sistema de anomia perfectamente organizado. La utilidad de Facebook es la comunicación de personas de una forma sencilla, pero funciona con los criterios de una ganadería porque sus intereses son mercantiles.

Para Facebook, los seres humanos somos cabezas de ganado, de los que se puede extraer un beneficio comercial, ¿y cómo se hace?, pues de una forma muy sencilla, invitándonos a definirnos, a vincularnos, a consumir, a adscribirnos, hasta crear un perfil de nuestras apetencias, deseos y necesidades.

Cada perfil de Facebook es una ficha informativa que permite clasificar a los seres humanos según intereses y propósitos que desconocemos. El más simple es con una finalidad de ofrecernos las cosas que queremos, para hacer una publicidad selectiva sobre nuestros intereses. Pero también hay otros, que son estudiados con detenimiento en la gran base de datos de que dispone la empresa.

También hay cosas positivas, Facebook invita a la gente a participar, a decidir, a actuar, a representarse, a enfrentarse con otros que tienen ideas o emociones diferentes, y sin una herramienta como esta hay mucha gente que no se atrevería a hacerlo o sencillamente decidiría no hacerlo en la vida real. Amplia el repertorio de conductas posibles, al tiempo que va recortando selectivamente las que no interesan.

Cuando un conflicto se establece en un determinado grupo la forma de resolverlo habitual es excluir a quien dice algo que genera distorsión, aunque lo haga de la forma más educada y cordial. Alguno pensará que es una cuestión ideológica de los administradores, nada tiene que ver con ello, porque la única finalidad que tienen todos ellos es que Facebook siga creciendo, por eso quien tiene un comportamiento inapropiado con la finalidad última de este propósito,
“quién no hace crecer Facebook” por el motivo que sea (y crear incongruencia o tensión comunicativa en un grupo es uno de los más perniciosos) , es eliminado, no resulta útil al propósito final.

La alegoría es sencilla, con Facebook estamos alimentando el monstruo que algún día nos acabará devorando, lo peor es que lo sabemos, pero no hacemos nada por evitarlo. No somos nosotros los que participamos en Facebook, que va, es Facebook el que participa en nuestras vidas, aunque sean virtuales, detrayendo la energía humana (tiempo fundamentalmente) que requiere para poder sobrevivir. Facebook no somos nosotros, nosotros somos cada día más Facebook, que no es lo mismo. No nos servimos de Facebook, Facebook se sirve de nosotros.

Erasmo de Salinas.

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