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domingo, 28 de diciembre de 2014

La mafia laboral asociada a lo público

¿Por qué España es el país de Europa con más gente viviendo de lo público?

En España, un 25 % del gasto público se dedica a salarios. A pesar de las quejas organizadas,  la propaganda sindical, y las intoxicaciones informativas; los 2,8 millones de empleados públicos (en realidad, la cifra podría superar los 5 o 6 millones, si contamos los asalariados que trabajan la mayor parte de su tiempo para organismos públicos, prácticamente el doble de lo que nos informan), convierten a los españoles en los ciudadanos europeos que más dinero dedicanos a pagar los asalariados que se contratan con criterios políticos, ajenos a la realidad de nuestras necesidades, desde entidades públicas.

España dedica un 25 % a pagar salarios de sus empleados, mientras que Alemania la cifra es del 17%, Italia 21%, Francia 23% y Reino Unido 22 %. Sin embargo, con la crisis económica se ha hecho una operación de camuflaje perfectamente urdida desde el poder, fundamentalmente en las comunidades autónomas y ayuntamientos, creando empresas, muchas de ellas parásitas, que viven a expensas de lo público, en las que se han colocado muchos de los empleados desalojados del sector público. Estas empresas vienen realizando una competencia desleal promovida, consentida y permitida por las administraciones públicas y las autoridades políticas, pues se llevan el grueso del trabajo por criterios de amiguismo y corrupción, muchas veces a precios más elevados que los de mercado. Aquí hay una bolsa de corrupción que supera a todas las demás y que no ha sido ni mencionada por los medios de comunicación al servicio del poder.

La externalización, que es como se llama la cosa, también  se paga con dinero público. Si bien los empleados públicos en España (14 %), no son más que en otros lugares, según Eurostat la población activa de asalariados públicos es muy similar al de nuestros vecinos: Alemania 13%, Italia 12%, Francia 16% y Reino Unido 16%, sin embargo, síi lo son los empleados que viven de lo público (indirectos y contratados), cifra que podría elevarse hasta un 30-35 % de la población activa, que sin duda es la cifra más elevada de Europa. Esto funciona como un auténtico pesebre electoral para los partidos políticos, que conculca cualquier atisvo de democracia en nuestro país.

España ocupa uno de los primeros lugares por empleados públicos directos e indirectos, ciertamente es uno de los países de Europa en que hay menos funcionarios profesionales, el cuarto por la cola en 2013, lo que sirve de estrategia para decir que faltan funcionarios, cuando en realidad lo que sobran son empleados públicos que ocupan los puestos de trabajo que corresponderían a los jóvenes mejor cualificados para esos puestos y a los parados que han sido desplazados por no disfrutar de padrino en el poder. 

Funcionarios en España hay 1.625.128, hasta 2,8 millones es personal contratado por el dedo correspondiente, con criterios de necesidad o bien criterios políticos, en la inmensa mayoría de los casos. Esta desmesura soberbia en un país que tiene cinco millones de personas sin trabajo no puede transigirse y debe erradicarse de inmediato.

La crisis ha impactado en menor medida sober el empleo público que sobre el sector privado, disminuyendo el primero en una proporción mucho menor que el segundo, al contrario de lo que ha ocurrido en la Unión Europea. Incluso en España, el empleo público ha seguido creciendo hasta 2010 en numerosos sectores.

Colocar enchufados por el poder, privando a aquellos que se merecen el trabajo del que otros enchufados les desplazan

En España, las tasas de restitución de funcionarios se han reducido al 10 % con la sana intención de colocar enchufados por el poder, bien de forma directa, o indirecta, desde empresas afines al poder, a expensas de la población joven mejor formada y con más paro de la OCDE y de los parados de larga duración que son desplazados por estas prácticas caciquiles, a la precariedad más absoluta. El fenómeno no es reciente, en este país han entrado en la administración pública personajes que llevan más 35 años afincados en el pesebre público, porque un día tuvieron la fortuna de que alguien con poder les reclamara. Algunos ya están próximos a la jubilación y llevan toda su vida viviendo de decirle a los demás lo que debían hacer, con una cualificación o inteligencia que en un país normal les dejaría en las listas del paro por muchos años. ¿Cómo va a funcionar este país bien si tiene un auténtico cáncer en el expolio público con sus correspondientes metástasis?. Está en estado terminal, que es lo que le corresponde.



La provisionalidad, el caciquismo, el nepotismo y el amiguismo nunca han sido denunciados por los defensores de lo público, es decir, por aquellos que ocupan puestos de trabajo que no les corresponden, posiblemente innecesarios, desplazando a jóvenes mejor formados  y más aptos, parados de larga duración y sectores más devastados. En ciertas ocasiones, estas empresas contratadas, subcontratan el trabajo, multiplicando por dos o tres su coste real. Estos parásitos son los que organizan habitualmente las huelgas y las mareas de todos los colores. Los que viven cobrando aproximadamente el doble que los empleados de empresas privadas por hacer más o menos la mitad.

Realmente se puede decir que hay una mafia laboral en España asociada a lo público, tanto por la contratación de enchufados desde el poder, como por la creación de empresas que trabajan exclusivamente para lo público y viven de lo público donde se han ido colocando los 400.000 desalojados del empleo público directo.  

El empleo asociado a lo público es uno de los mayores nichos de corrupción existente en este país, amparado por las autoridades políticas de todos los partidos, donde colocan a afines, parientes y amigos, con saber hacer la o con un canuto, para luego complicar aún más la vida de los ciudadanos, con normas y reglas sin otro sentido que hacer necesario lo innecesario y así, hacerse imprescindibles, y mantener su pesebre, los enchufados, su trabajo y su salario y los políticos, sus votos.

Pero además hay un agravante, esta legión de colocados por el poder cobra aproximadamente el doble que los empleados de empresas privadas, por la fortuna de haber sido incluidos en nóminas públicas o que provienen de lo público, pero además con una cualificación deficiente y una incapacidad extraordinaria para ocupar los puestos de trabajo que detentan. Prueba de ello es el deterioro paulatino que se comienza a observar en la inmensa mayoría de los organismos públicos.

El mayor crimen que comete este gobierno contra sus ciudadanos, al igual que todos los organismos de poder en este país, es que los españoles tengamos que endeudarnos en 55.000 millones de euros el próximo año, para pagar los empleados públicos y afines que nos sobran, que no son necesarios y que han sido colocados por el poder en todas sus formas, impidiendo el acceso a un puesto de trabajo a los jóvenes con mayor paro de Europa y a los cinco millones de parados que existen en este país. El tapón de corrupción laboral en lo público es el principal vínculo que nos encadena al tercermundismo, donde lugares como  Andalucía, Asturias o Extremadura son el paraiso, pero en menor escala este fenómeno ocurre en todas las demás comunidades autónomas. 

El mayor fraude de este país y nadie habla de él

Cada 100.000 colocados innecesarios este país tiene que pagar 5.000 millones de euros, así que si redujéramos en un 1.100.000 los empleados públicos y dependientes  de lo público, y dejáramos que esos puestos de trabajo fueran ocupados  de forma natural por jóvenes cualificados que se hicieran funcionarios (hay un millón de licenciados en el paro y otro millón de jóvenes trabajando en condiciones deplorables y muchos más en el paro condenados a un salario social el resto de sus días), dejaríamos de tener incremento de deuda pública cada año, y no habríamos alcanzado el billón de euros que ahora tenemos.

Hace unos años denuncié que mientras este país perdía un 25 % de su masa laboral general, inexplicablemente, en la época de Zapatero, la masa laboral pública se incrementaba en un 25 %, hasta los 3,2 millones de asalariados, todos los sectores perdían empleo menos el público, con la única finalidad de colocar a los afines, y los votantes agradecidos del futuro en unión de sus familias. El modelo andaluz, que ha permitido gobernar al PSOE durante 40 años en Andalucía, con sus EREs y sus cacicatos, para seguir siendo la comunidad con más lento desarrollo del país. Que sin embargo ha utilizado el PP en comunidades como Valencia y Murcia, con la misma finalidad. Pero además, cobrando salarios aproximadamente del doble que se cobra por la misma tarea en el sector privado, especialmente los más elevados.

Es hora de que este país madure y exponga a la luz el entramado de corrupción laboral asociado a lo público, si algún día queremos recobrar la normalidad. Es hora de que estas prácticas corruptas sean denunciadas por los ciudadanos, los enchufados desalojados del salario social que se les ha concedido y los corruptos que han inventado y amparado este sistema de depredación vayan a la cárcel. Es hora de acabar con el caciquismo político en España, que hace exclamar a los inversores extranjeros que este país está organizado para beneficiar a la casta política y a las élites acomodadas: "Ha sido horrible tratar de hacer negocio en esta región, ya nos habían dicho que era coto vedado para ésto; es un sitio exclusivo para los políticos y la élite acomodada"

Un país con cinco millones de parados, de ellos un millón de licenciados, la mayor cifra del mundo, no se puede permitir que unos chulos con carnet político o sindical decidan su futuro. No es una cuestión de igualdad, es una cuestión de justicia. Si el PSOE ha sido el creador de este sistema de expolio y degradación de lo público, a expensas de los cinco millones de parados españoles, en su mayoría jóvenes; el PP de Mariano Rajoy es el mayor responsable del paro existente en este país y del amparo a las mafias laborales que en el existen, asociadas a lo público. Podemos ha propuesto como solución incrementar aún más el pesebre público. Lo llevamos claro con esta calaña de impresentables y crápulas

Enrique Suárez



martes, 10 de junio de 2014

La fractura generacional en España



 La muerte de Sócrates - Jacques Louis David

"Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros." Sócrates

He estado reflexionando sobre lo que ocurre en este país entre los más  jóvenes y los mayores, para llegar a la conclusión de que los jóvenes, divino tesoro, están protestando con  razón contra un mundo de apalancados en el poder que les ha desalojado de su destino, por seguir manteniendo en las posiciones de privilegio a una cohorte de encastados políticos que se afianzan a su sueldo, fundamentalmente en el ámbito público, como las garrapatas a sus huéspedes, indistintamente del poder que les haya colocado.

No es de extrañar que en este país mientras el paro ha crecido en un 25 %, (en los jóvenes ha llegado hasta el 58 %) al mismo tiempo el empleo público lo ha hecho también en un 25 %, fundamentalmente en las autonomías, y todavía no entiendo para que necesitamos más Estado, si tenemos más tecnologías y comunicaciones, salvo que sea para que los parientes, amigos y compañeros de los colocadores, tengan una buena forma de vivir en tiempos de crisis. Esto viene a ser el enchufe de toda la vida, porque además, al mismo tiempo que tenemos más empleados públicos que ningún país de Europa por número de funcionarios, el número de funcionarios nos hace retroceder al cuarto lugar por la cola entre los países europeos.  

Los jóvenes están contra la casta porque se ha convertido en un obstáculo injusto a su futuro, y asistimos a la hipocresía de todos los partidos para no resolver esta cuestión, así teniendo más de un millón de licenciados en el paro, estos sólo ven como alternativa la emigración. Bien podían emigrar los inútiles que nos sobran y se encuentran aferrados al poder, es hora de descostrar las instituciones de todos aquellos que ocupan un puesto de trabajo que no les corresponde, gracias a los sindicatos o los partidos políticos.

Hay otra fractura inédita, urdida con interés también por los políticos de todos los partidos y es la inmersión en el mundo irreal que proclaman: aquí se han inventado y se inventan cada día naciones que no existen, arcadias felices, enemigos que no son, miedos que despistan, intoxicaciones por doquier y sospechosos que, en realidad, son críticos con la molicie de la casta, de la costra y de la mugre que se acantona en el poder en este país, y en el privilegio y beneficios que concede lo público. Y evidentemente, también lo privado, parasitado por lo público, que ha llegado a participar en más del 50 % de la riqueza del país.

Es importante esta cuestión, porque esto coincide con las generaciones de españoles mejor formadas de nuestra historia, las que tienen más acceso al conocimiento –y al mismo tiempo las que han sido desposeídas de criterios críticos fraguados en la reflexión sosegada, más que en el ímpetu emocional, ahornadas en el lavado de cerebro que siempre se organiza desde el poder-. Sí, tenemos las generaciones jóvenes mejor formadas de la historia de este país, las que más han viajado y las que tienen más acceso al conocimiento, pero al mismo tiempo las más manipulables de nuestra historia, las más impresionables, las que necesitan creer en algo diferente a lo que existe, porque lo que existe en el poder es una estafa organizada por mafias que en vez de servir a la sociedad se sirven de ella, estamos, sin duda, ante un grave problema.

Lo digo con sinceridad, me gustaría que ese fuera el mensaje de las nuevas alternativas políticas rupturistas que se han presentado en las últimas elecciones y han triunfado, porque les puedo confirmar desde mi experiencia vivida que el panorama es desolador, cuando ves que en el poder de este país hay una “kakistocracia” en la fortaleza de los órganos rectores del Estado y unos Gobiernos que prefieren expulsar a los hijos de los demás al mundo, que retirarles a los suyos las prebendas.

Saturno se nos ha hecho partidario y eso tiene mal pronóstico. No pidamos a los más jóvenes que cesen en su lucha justa por hacerse un camino, unámonos a ellos para desalojar del poder a todos los sinvergüenzas que se benefician de nuestra inocencia en su indecencia y corrupción. No hay que abjurar del aire nuevo y revolucionario, pero sin modelos impuestos, ni bolivarianos, ni altermundistas, ni secesionistas, ni inventos de diseño. Como se decía en mis tiempos, no es bueno quitar un perro para poner un lobo a defender los rebaños.

A Sócrates le condenaron a muerte, a suicidarse, por hacer pensar a los jóvenes por si mismos, el crimen se conocía como asebeia (la profanación de los mitos) y junto con la hibris, que es la desmesura de los poderosos, eran dos de los delitos más importantes de la Grecia Antigua. "Critón, le debemos un gallo a Esculapio", fueron sus últimas y enigmáticas palabras, el último mensaje antes de expirar, tal vez para decir que había que seguir creyendo hasta la misma muerte en que había alguna solución a las cerrilidades del poder y luchar, desde el conocimiento, por la esperanza de cambiar las cosas.

El único camino que nos puede sacar de esta encrucijada histórica pasa inexcusablemente por la libertad y se aleja del papanatismo adanista, presentista y desmoralista de querer cambiar el mundo a la medida de sus intereses, aprovechando la ocasión del ocaso de los ídolos de ayer, para instalar los de mañana. Nos sobra esta casta parásita, al igual que todas las que aspiran a sustituirla; hay que civilizar a los políticos de una vez, no politizar a los ciudadanos, y hay que desalojar del poder a todos los que no deben estar en él de forma injusta e impuesta.

Enrique Suárez


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