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jueves, 23 de agosto de 2012

¿Cómo se manipula la opinión pública en España?: las redes socialistas


Los enemigos de la libertad siempre actúan de forma colectiva: es un axioma

Desde hace una década, la opinión pública española está siendo sometida a un ejercicio de violencia democrática ininterrumpido, con el único objetivo de erradicar la libertad de pensamiento y expresión de este país. Primero desde el Gobierno, ahora desde la oposición, asistimos cada día al bombardeo organizado con la intención de lavar el cerebro a los españoles, creando la mitología de que el ser humano sólo puede salvarse de los grandes males de este mundo si renuncia al egoísmo individual, hasta convertirse en masa amorfa y sumisa, en un adoctrinamiento moral permanente.

El problema es que los propagandistas de la izquierda nos ocultan tras su proeza samaritana, sus auténticas intenciones: ocultar su egoísmo colectivo a la hora de acumular privilegios y recolectar beneficios defendiendo “las causas más nobles” siempre que redunden en su propio provecho, un aliciente de lo más “altruista”; aunque esto acabe perjudicando a todos los demás, ricos o pobres. No en vano, la pobreza se ha incrementado en España un 20 % (25 % de la población) y el paro un 140 % (25 % de la población), tras “la pasada” socialista. Además de haberse incrementado el analfabetismo real y funcional en todo el país, la dependencia, y la miseria; estos hechos también se ocultan (o se induce a su olvido) con una censura impropia de una democracia, destacando los pírricos logros de los gobiernos socialistas ante las hecatombe que nos han legado y que estamos viviendo.

Las redes socialistas, comunistas, sindicalistas y afines, actúan de forma sencilla y sectaria, organizándose para la acción del agit-prop mediático cada día, colonizando los grupos de Facebook, retwiteando las noticias que favorecen sus argumentos, expulsando del menéame a todos los discrepantes, y aplaudiendo las noticias que van saliendo en los medios digitales en maniobras orquestadas para una expansión sincronizada, mientras que desprestigian todas las que critican sus planteamientos. Cierto es que cada día se va reproduciendo también esta actitud desde posiciones conservadoras o nacionalistas, en una competición sin descanso por llevarnos a la confrontación y el conflicto permanente, en el pastoreo de las opiniones a que nos someten, para ir completando sus rediles electorales.

Sin embargo, lo que está cada día más claro es que la información publicada y “me-gustada” no viene a ser un reflejo de la opinión pública mayoritaria, sino más bien de su manipulación y adoctrinamiento, porque la minoría más ruidosa del más de lo mismo, no es portavoz de la mayoría silenciosa, que lo único que desea es que dejen de manipularla en el nombre de Dios, del bienestar de la humanidad o de la próxima invasión de los alienígenas. Los motivos para creer se han acabado, cuando los españoles están sufriendo en sus carnes el azote del colectivismo mental, del ensalzamiento de lo público para pesebre de parásitos, y el pensamiento único que nos conceden los que se salvan a si mismos mientras anuncian que van a salvarnos a todos los demás.

La sociedad dependiente que se ha creado en este país, exclusivamente con el objetivo de que los sectarios de la izquierda se perpetuaran en el poder, aunque fuera hundiendo este país y a sus habitantes, por su mezquindad, en el más profundo abismo de la miseria, no tiene ninguna posibilidad de lograr sus propósitos; a mí solo me conmueve al desconsuelo de los años que vamos a tardar en desincrustarnos la costra mental que nos han dejado, que va a terminar expulsando de este país a los jóvenes mejor formados de nuestra historia (55 % de paro juvenil), desposeyendo a España de su principal capital humano, porque a unos indigentes intelectuales se les haya ocurrido la desafortunada idea de descerebrar a este pueblo por todos los medios, para que los apoltronados políticos, de la izquierda y la derecha, de los nacionalismos y los populismos, los sindicalistas y empresarios de pesebre, puedan seguir manteniéndose en el poder como la más depravada mafia reaccionaria de la historia reciente de España.

Da mucha pena contemplar esa negación de la prosperidad de los españoles en nombre del progreso, que no es otra cosa que el eufemismo del conservadurismo más extremo, al mantener una gerontocracia de impresentables e indocumentados dirigiendo este país como una casta aristocrática, en nombre de las causas más anheladas y los objetivos más nobles, desde una hipocresía democrática que habría hecho sonrojarse a las mismas cortes franquistas, por su depravada e insólita soberbia.

Enrique Suárez

miércoles, 22 de agosto de 2012

Los profesionales sanitarios de este país no necesitan adoctrinamiento


En este país de nunca jamás que nos va quedando, una de las noticias que me ha sorprendido ingratamente es la de determinadas agrupaciones sociales, medios de comunicación, ONGs, partidos políticos y algunos sabios quintacolumnistas, tertulianos o no, ejerciendo una presión irritante e incesante sobre los profesionales sanitarios de este país, para que incumplan con el proyecto de ley de excluir a los inmigrantes ilegales de su acceso a la sanidad pública, estableciendo una barrera económica para que puedan recibir asistencia, que va desde los 700 a los 1400 euros. Prodigio de inhumanidad de este Gobierno que debe ser demonizado por acabar con la dependencia de los debiles, cuando en realidad lo que creo que se pretende es acabar con los réditos de sus supuestos defensores, bien organizados en defender sus propios intereses.

Incluso algunas asociaciones sanitarias, sindicatos profesionales y agencias corporativas han comenzado una campaña de objeción de conciencia, para que se inscriban en ella aquellos sanitarios que quieran oponerse a la legislación gubernamental.

Con todas estas acciones, no cabe más que pensar que los profesionales sanitarios de este país, supuestamente descerebrados y desalmados, necesitan del adoctrinamiento moral de los buenos samaritanos para oponerse al adoctrinamiento moral de los que toman las decisiones sobre la sanidad pública desde el Gobierno, y que el pueblo discierna entre unos y otros.

Desde mi punto de vista, estamos asistiendo a la enésima entrega de la utilización de un determinado grupo humano, en este caso los inmigrantes ilegales (y consecuentemente los profesionales sanitarios), para mostrar al mundo quienes son los buenos y quienes son los malos, porque somos incapaces de comprender que en este mundo de las cosas que se pagan con el dinero público no hay buenos ni malos, sino gestiones eficaces o ineficaces, derroche o ahorro, más impuestos o menos.

Hasta donde conozco, no he leído nunca la noticia de que un inmigrante legal o ilegal en este país haya sido desatendido en caso de necesidad, aunque si conozco muchos casos de europeos de países más ricos que España que han venido a atenderse de sus problemas a la sobrecargada sanidad pública española, fundamentalmente porque a un señor que se llama José Luis Rodríguez Zapatero se le ocurrió integrar en nuestro sistema sanitario entre los años 2009-2010 a siete millones de inmigrantes sin incrementar en la misma proporción los recursos correspondientes para atenderlos, y eso es una penosa gestión de los recursos públicos, porque no solo incrementó el trabajo de los profesionales que mantienen la salud pública de este país, sino que también redujo la calidad asistencial al incorporar siete millones de personas más, con un sistema sanitario que estaba diseñado para siete millones de personas menos, tal vez sea la nefasta gestión de los recursos públicos que se trate de ocultar con estas campañas de propaganda.

Por lo demás, no creo que ningún profesional sanitario de este país necesite consejos morales de “los buenos samaritanos” que posiblemente más que defender a los inmigrantes quieran poner a parir al gobierno, utilizando a los inmigrantes, por tratar de establecer un control sobre el gasto sanitario público en tiempos de crisis.

Los profesionales sanitarios de este país, no necesitan que nadie les diga lo que tienen que hacer en cuestión de atender o no atender a todos aquellos que lo necesiten. No hacen falta campañas de propaganda, ni de agitación mediática, a la que algunos nos quieren acostumbrar, tratando de erradicar la conciencia individual de todos los miembros de un colectivo, que ya sabrá resolver sus problemas como lo ha hecho a lo largo de su historia, para imponer la conciencia colectiva a ese colectivo, como si tal cosa fuera necesaria.

Queridos
“buenos samaritanos”, hagan el favor de dejar fuera de la política la conciencia y dignidad de los trabajadores sanitarios de este país, que digan lo que digan ustedes, harán lo que sea necesario sin su ayuda ni consejo, para cumplir con su obligación, más allá de lo que trate de imponérseles desde el Gobierno.

Confíen ustedes un poco más en aquellos que tienen que tomar las decisiones sin aleccionamientos ni moralinas. Que hasta ahora no han sido necesarios ni sus adoctrinamientos ni los del Gobierno, para que cumplieran adecuadamente con su trabajo, con inmigrantes y con cualquier ser humano que lo requiera.

No vaya a ser que terminen acudiendo los asalariados públicos Sánchez Gordillo y LLamazares, con los carritos, a salvarnos a todos a la llamada de la justicia universal y los profesionales sanitarios terminen siendo agredidos como las cajeras del Mercadona, por el bien de la humanidad.

Enrique Suárez

viernes, 17 de agosto de 2012

Carta de Francisco Franco Bahamonde a los españoles *

"Creía que los alemanes eran más altos", Francisco Franco Bahamonde, conversando con Hitler en Hendaya.


Españoles todos,

Aunque sé que jamás mis sucesores os leerán esta carta, supongo que algún español dará con ella algún día, siempre he confiado en vosotros, sois un magnífico pueblo, aunque nunca os habéis valorado lo suficiente, incluso fuisteis capaces de no hacer nada para deshaceros de mi régimen autoritario durante los cuarenta años que duró. Cómo todos sabréis, yo me morí en la cama de puro viejo, nadie me apartó del poder más que la muerte.

Sé que a partir de mi muerte os van a destrozar, pero yo no he podido quedarme más con vosotros, otras obligaciones me reclaman. Nunca os dije que en este país lo que más abundan son los mangantes, conmigo se mantuvieron a raya, pero tras mi muerte se reproducirán como las ratas y vais a enteraros de lo que es una dictadura, cuando salgan adelante todos los partidos políticos, por la izquierda, la derecha o los nacionalismos, todos dispuestos a trincar lo que no han trincado durante los cuarenta años que los he contenido.

Aunque no lo creáis, yo también quería ser un demócrata desde los años sesenta, pero viendo lo que me rodeaba decidí no mover pieza; los que me sucederán os venderán como democracia un negocio que se van a montar para aprovecharse de vosotros, para oprimiros con sus chorradas, para esquilmaros, para estafaros sin fin. En realidad, no serán demócratas, sino aprovechados que utilizarán la democracia para alcanzar privilegios que la vida no les concedería de otra forma, ya os dije que en España abundan los mangantes, tened cuidado con todos ellos porque sin daros cuenta siquiera os habrán dejado pelados, los de izquierdas, los de derechas, los nacionalistas, los sindicalistas y otras gentes del buen vivir a vuestra costa.

Yo les he conocido bien durante todo este tiempo, cada uno mirando para sus intereses diciendo que defiende los de todos, todos vendiendo sus utopías particulares para cobraros el servicio a precio de genios cuando son lo más burro que podéis imaginaros.

Una cosa de la que quiero advertiros es que todos son iguales, lo único que cambian es la forma de embaucamiento, unos dirán que lograrán lo que nunca se ha logrado, otros que harán que las cosas vayan a mejor, pero todos os tomarán el pelo, porque entre lo que digan y lo que hagan habrá más distancia que entre la Tierra y Neptuno. Enteraos de que mienten más que hablan, mienten hasta cuando se creen que dicen la verdad. Y no olvidéis que vivirán muchísimos años de denostar todo lo que yo hice, de llamarme facha, asesino y cosas peores, pero veréis, muchas cosas no serán ciertas, pero si rentables para ellos. Yo era un español más, ni muy ambicioso, ni me creía un genio, sabía lo que había y tiré para adelante, en algunas cosas me habré equivocado, pero en otras, como la de mantener a raya a tanto sinvergüenza estoy seguro de que acerté.

Pero lo que quería deciros es que cuando lleguéis a una situación catastrófica que está por venir, os van a aturdir con miles de datos, con miedos y peligros, hasta haceros vivir en situación de amenaza permanente, pero no les hagáis demasiado caso, todo eso es para ocultar sus crímenes, a ello les ayudarán los jueces que han colocado y los medios de comunicación que habrán comprado, en el fondo son mucho más fascistas que yo, aunque presuman de demócratas, porque no lo son: un demócrata no se aprovecha del pueblo, le sirve cuando ostenta un cargo de representación, no se sirve de él.

Al final, lo que tenéis que hacer para libraros de tanto farsante es denunciarlos sin interrupción, y esperar que alguien desde la justicia os haga caso; cuando comiencen a caer irán todos juntos uno detrás de otro, todo es cuestión de tiempo, en el fondo todos ellos son unos cobardes, vagos y apoltronados que no saben lo que es sacarse las castañas del fuego por si mismos, sino no se dedicarían a la política, que es como una jubilación anticipada de la vida real para vivir entre el chisme y la corrupción.

Por España no os preocupéis, si ha aguantado invasiones y guerras, golpes de Estado y revoluciones, y gobernantes como Felipe II o yo mismo, puede con todo, los españoles sois un pueblo duro, tal vez tanta opresión como habéis soportado os ha hecho fuertes. Resistid con lo que podáis, porque al final todos los mangantes caen, sólo es cuestión de tiempo. Mientras tanto sed felices con lo que os quede.

¡Viva España y vivan los españoles!

FFB

* esta carta fue encontrada bajo un colchón de lana en el Palacio del Pardo, siguiendo un avejentado mapa que se había hallado previamente bajo la vitrina de la Tizona del Cid en el Alcázar de Toledo, mientras la desplazaban para repararla; no sabemos si es una carta auténtica o apócrifa, pero dado su interés, hemos decidido publicarla en Ciudadanos en la Red como exclusiva mundial.

domingo, 12 de agosto de 2012

La quiebra moral de España


Quizá más importante que la hecatombe económica o el marasmo político que sufrimos en España, de la que son autores todos los políticos que nos han representado, sea más grave y perjudicial, la quiebra moral, la desmoralización con la que nos enfrentamos a salir del profundo abismo existencial en el que nos han introducido los que han regentado el poder con la confianza de las urnas.

Por mucho que se empeñen los partidarios de las formaciones políticas con representación parlamentaria, lo que estamos viviendo en los últimos años en España poco tiene que ver con una democracia, más bien es una tiranía que ha utilizado la democracia para segregar al pueblo español en dos categorías bien diferenciadas: la masa y la casta, la primera obligada a obedecer las leyes aunque sean injustas, mientras que la casta las incumple cada día, permaneciendo inmune e impune ante los acontecimientos.

El diccionario de la RAE dice que desmoralizar es: “corromper las costumbres con malos ejemplos o doctrinas perniciosas” y también es sinónimo de desalentar. Precisamente a comienzos de año denunciamos que en este país se estaba fraguando una nueva doctrina política a la que se denominó “desmoralismo” y que consiste en hacer pensar a los españoles que la única solución a nuestros problemas, exclusivamente puede provenir de los que los han creado, es decir, los políticos españoles que han gobernado y hecho oposición durante los últimos años; también de los jueces politizados y corruptos que han impartido una justicia diferente para los ciudadanos que para los políticos, y por supuesto, los medios de comunicación que, sin otro criterio que el de procurar su supervivencia con subvenciones, porque ya no cuentan con audiencias suficientes, nos han censurado, intoxicado, embutido en propaganda y distraído sin interrupción para que no pudiéramos conocer quienes han sido los autores de la catástrofe.

En las últimas semanas estamos asistiendo a la apoteosis del esperpento, con escenografías revolucionarias protagonizadas por parásitos sociales que llevan viviendo del poder desde hace treinta años; con jueces que han sido apartados de sus puestos por corrupción mientras otros se niegan a presentar cuentas de sus gastos; con periodistas que advierten de que están siendo amenazados por altos cargos policiales; con políticos que han espiado a otros partidos para erradicar la libertad; con miembros de la familia real que han participado en historias de corrupción; con banqueros que están en los tribunales por haber expoliado las arcas de las Cajas de Ahorros que se transformaron en bancos quebrados para ocultar la corrupción de todos los partidos políticos y sindicatos que contenían.

Sin embargo, a la mayoría de los españoles que no son imbéciles, no se les oculta que esto es una cortina de humo creada por todos aquellos que han tenido alguna responsabilidad en lo ocurrido, por todos los parásitos del erario público que han mirado exclusivamente por sus intereses egoístas sin pensar siquiera en las asfixiantes circunstancias que supondría su ineptitud, soberbia y mendacidad.

España está llena de ladrones, de corruptos, de sinvergüenzas de todos los partidos y jerarquías, de todas las profesiones y cargos, que se han unido en el único objetivo de echar tierra sobre el asunto para que nunca sepamos quienes han sido los autores del fracaso de este país, sin embargo los españoles sabemos que los autores de todo lo ocurrido han sido los miembros de la casta que se ha bañado en los lodos de la corrupción, y que ahora quiere borrar pruebas de sus delitos con una representación teatral a modo de ultimatum y amenaza contra los españoles: o nosotros o el abismo.

Habría que ser muy idiota para elegirles a ellos que han sido precisamente los que nos han llevado al abismo, aunque todavía no están completamente identificados, el círculo de la sospecha se cierne cada día sobre sus cuellos, al PSOE ya lo ha silenciado, a los nacionalistas apenas se les escucha, y los del PP ya ni hablan; la justicia española ni está ni se la espera, salvo que sea para condenar a unos ancianos por robar una lata de anchoas y exculpar al yerno del Rey o a miles de políticos corruptos al mismo tiempo, que se han llevado muchos millones de euros. Y los medios de comunicación españoles, nos siguen hablando de la prima de riesgo, de los eurobonos, de lo mal que estamos y lo mal que nos pondremos, fundamentalmente para crear el clima de miedo atenazante que nos obligue a olvidarnos de lo que ha ocurrido y pasár página sobre los responsable. Gracias a su colaboración, que bien la cobrarán, los españoles estamos viviendo permanentemente en el sobresalto.

Pero no se nos olvida que la casta parasitaria formada por políticos, sindicalistas, jueces y medios de comunicación, con la connivencia de todos los funcionarios y empleados públicos que les han consentido tal nivel de corrupción, deben presentar cuentas y dejarse de cuentos. Cada día más españoles estamos enfrentados con la casta y dentro de poco tiempo ya no les quedará donde esconderse, aunque todavía queda mucho trabajo por delante.

Los españoles exigimos que los responsables de lo que ha acontecido en España sean llevados a tribunales independientes no politizados, aunque haya que juzgarlos en Alemania, porque en España la justicia está desacreditada por completo y también que restituyan todo lo que han robado, nos da absolutamente igual que su motivación sea dar de comer a los pobres, contratar a los afines, crear la Alianza de Civilizaciones, o hacerse un chalet en Mónaco.

Los ladrones no se distinguen por su origen político o las causas que defiendan, sino por la cantidad que han expoliado al pueblo, con el agravante de haberlo hecho desde la política, cuya función era precisamente la de haber evitado la corrupción, el robo y la molicie que han ejercido sobre los españoles.

La mayoría de los españoles, de izquierdas, derechas, nacionalistas, apolíticos, y abstencionistas sabemos que la única forma de salir adelante que tenemos, es lograr que los responsables de lo que ha ocurrido devuelvan lo que han robado y se pasen una temporada en la cárcel, recobrando un orden legal que se ha vulnerado y envilecido hasta cotas de despropósito. Hacerlo posible, es una labor del pueblo español reunido con el único objetivo de liberarse de la tiranía de la casta, aquellos que han defendido sus propios intereses sectarios frente a los que, de forma activa o pasiva, les hemos permitido alzarse con el poder para ejercer su tiranía.


Enrique Suárez

sábado, 11 de agosto de 2012

La España infestada

Parásito: dicho de un organismo animal o vegetal; que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo, sin llegar a matarlo

La plaga de parásitos que asola la tierra de Cervantes cada día se va adueñando de más circunstancias y vidas, alcanzando cotas de epidemia, este país está lleno de delincuentes, unos con corbata y otros con Kufiyya, pero la mayoría todavía no han sido identificados.

El erario público es el principal terreno que habitan los parásitos españoles, que en nombre de las más sacrosantas y nobles intenciones han vaciado las arcas del Estado para los próximos veinte años. Unos lo han hecho desde los consejos de administración de las Cajas de Ahorro, formadas por los principales partidos políticos de este país y los sindicatos; otros lo han hecho directamente desde las administraciones públicas, desde el Estado, desde las autonomías, desde las diputaciones, desde los ayuntamientos; aún otros han creado empresas fantasma para transferir fondos desde lo público a lo privado; algunos se dedican a cobrar las prestaciones sociales en este páramo laboral que nos ha legado la izquierda del pleno empleo y los sindicatos de van a acabar con todo, que han creado 3 millones de nuevos parados, y cientos de miles de puestos de trabajo en la economía sumergida.

Por si fueran pocos los nacionales, también hemos ido recogiendo parásitos internacionales que se vienen a tratar de los problemas de salud desde países más ricos que el nuestro y otros desde países más pobres. Por último tenemos a todos los empleados públicos que se han instalado desde el enchufe en los últimos años con patente de funcionario, gracias a los partidos políticos que los han colocado y que no bajan de medio millón. Si a ellos añadimos los políticos, sindicalistas, cantantes y sonantes, que forman legión, España es sin duda el país con más parásitos del planeta.

¿Y cómo se puede resolver una infestación como la que sufre España con cientos de miles de parásitos viviendo de lo público?, pues sencillamente reduciendo lo público hasta su más mínima y necesaria expresión, no hay otra manera, por mucho que se empeñen algunos de culpar a la banca, a los partidos políticos, a los sindicatos, al grupo Bildelberg, a Alemania o a Perico de los palotes, sólo hay una forma de resolver esta epidemia, reduciendo lo público y aislándolo de los parásitos, con un control exhaustivo de los recursos por parte de los órganos correspondientes, que a su vez deben ser vigilados de cerca por algún medio de control creado ex profeso por el Gobierno y en seguimiento permanente por el Parlamento, los Medios de Comunicación y la Justicia española.

Cuanto más tiempo se tarde en hacerlo, más graves serán las consecuencias; debemos abandonar definitivamente la propaganda y las campañas orquestadas para ocultar esta situación porque corremos el grave peligro de no poder resolver por nosotros mismos nuestros problemas, como dejemos que la cuestión se relaje.

En estos momentos la situación de España es muy grave, tan grave, que si no se toman las decisiones acertadas y oportunas nos veremos arrojados a una situación como la que se vive en Grecia donde están pensando en bajar el SMI de 730 euros a 500 euros, cuando un café cuesta en cualquier bar cuatro euros. Por supuesto ya se han reducido las pensiones y los salarios públicos en más de un 50 %.

Por mucho que la gente se ocupe de saber si en España hay más parásitos de izquierdas o derechas, populistas o nacionalista, a los efectos es lo mismo, da igual que unos sean el 70 % y otros el 30 %, o viceversa, al final roba igual un parásito de izquierdas que de derechas y roban lo mismo a los que votan por las izquierdas, las derechas o los nacionalismos.

Los españoles no se acaban de dar cuenta todavía (y hay muchos que tratan de confundirlos más) del auténtico conflicto que se vive en España, que es el de los parásitos que viven de lo público (ojo, hay gente que vive en lo público que hace magníficamente su trabajo, que no es poco, a esos no me refiero), frente a todos los demás que los pagamos.

Hasta que los habitantes de este país no se den cuenta de que ese es el único y grave problema que tenemos en España, seguiremos discutiendo sobre el singular color de las nubes que cuenta Zapatero y la elocuencia de sonora de los silencios de Rajoy.

Enrique Suárez

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