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lunes, 12 de marzo de 2007

Se despide Chirac, un presidente nefasto para Francia y para Europa

Por fin, después de 12 años, casi tan interminables como los 14 del dañino Mitterrand, se acerca el fin de Chirac. Se dirigió ayer a los franceses, por televisión, en ese estilo entre napoleónico y monárquico que inauguró, con más talento y recursos, el General de Gaulle, padre y encarnación insustituible de la Vª República.

(ver aquí la intervención de Jacques Chirac en TV, el 11-3-2007)

En el país de la Razón, del positivismo y de la laicidad, del raciocinio en suma al servicio de la res publica, pronunció nada menos que cuatro veces la palabra amor y sus derivados. "El amor por Francia", "amo a Francia y os amo" protagonizaron de forma insólita la introducción y el cierre de un discurso que, suponíamos algunos ilusos, iba a ser político. A los franceses les gusta mucho el amor, sobre todo hablar de ello, no sé si hacerlo, pero dudo mucho de que dicho campo lexical lo tengan atribuido, en sus mentes, tradiciones y sensibilidad, a la política y a la gobernabilidad. La irrupción irracional, repetitiva e insistente de ese vocablo en la despedida (en la que la única persona emocionada era la que pronto dejará la presidencia) es una ilustración involuntariamente paródica de la decadencia de la vida política francesa, iniciada hace ya bastante tiempo, probablemente desde los tremendos desaciertos y la ignominia de los gobiernos mitterrandianos, cuando la izquierda llegó al poder, siendo minoritaria... por la voluntad del propio Chirac, enemigo mortal del liberal-conservador Giscard d'Estaing, en 1981.

Se suele decir que "seuls les imbéciles ne changent pas d'avis". Si se le aplica la divisa popular a Chirac, deberemos sacar la conclusión de que ha sido el mayor genio del siglo veinte: vendía l'Humanité (diario comunista) a principios de los 60 en el boulevard Saint-Michel, después se convirtió en alto funcionario de la administración gaullista, pero traicionó en 1974 al candidato natural de dicho movimiento, el héroe de la resistencia Jacques Chaban-Delmas, dándole así la victoria al tecnócrata Giscard, de quien fue un fiel primer ministro durante dos años, antes de traicionarle a él también, haciendo una férrea oposición desde el mismo bando político, hasta ponerle en bandeja la presidencia, como hemos mencionado, al amoral Mitterrand, hombre de derechas de toda la vida pero candidato del partido socialista.

Le tocó luego ser el primer ministro enemigo de Mitterrand, por ese juego extraño de la cohabitación, anomalía del régimen que jamás debería haber consentido el Consejo contitucional. Eran tiempos de thatcherismo y ultraliberalismo, y también se convirtió Chirac, pero aplicando recetas a la francesa, con éxitos muy inferiores a los del reformismo británico de los años 80. Balladur, su fiel escudero, se volvió contra él en la segunda cohabitación y estuvo a punto de arrebatarle la presidencia en 1995. Pero el traidor traicionado seguía con la baraka, esa suerte de los atrevidos sin escrúpulos.

Han sido doce años en los que no se ha cumplido ninguna de sus promesas de regeneración democrática y de modernización económica. Junto con cinco años de cohabitación (¡la tercera!) con unos socialistas arrodillando el país con la ley de las 35 horas, única en el mundo, se ha conformado con dirigir la nación de forma colbertista, con esa idiosincrasia de la derecha francesa, entre solcialnacionalista y radicalsocialista, desvinculada de la evolución del mundo, de la apertura de las fronteras y de la globalización.

Su política europea fue un fracaso rotundo, frenando involuntariamente el proceso de integración continental -al no poder convencer a una mayoría de franceses para que aprobasen el proyecto de Constitución-, y relegando así el país más importante(con Alemania) de la Unión Europea a un segundo plano, indigno de su historia y de su vocación.

En lo único que están de acuerdo todos los partidos franceses, desde la extrema derecha del Front National (xenófoba pero incondicional de Sadam Hussein) hasta la Liga Comunista Revolucionaria, pasando por todo el espectro de la representación parlamentaria, ha sido en alabar su comportamiento antes y durante la segunda guerra del golfo. Emulando a los Chávez del populismo tercermundista, envió a su dócil servidor Villepin a la ONU, donde pronunció un discurso admirado por las naciones árabes más radicales, por Fidel Castro y por las izquierdas occidentales (con la honrosa excepción del laborismo inglés): Los Estados Unidos eran el demonio en persona, y no había que meterse con el dictador Hussein (muy amigo de Chirac desde los contratos jugosos y opacos de los años setenta).

Los historiadores valorarán la actitud de Francia en los meses anteriores al inicio de la guerra de Iraq. Pero es indudable que la intransigencia francesa, arrastrando al imprudente Schroëder en una escalada verbal sólo comparable con la rigidez y la miopía de la administración Bush, contribuyó de forma decisiva a la división del mundo libre y occidental sobre la posición a adoptar frente a la dictadura iraquí.

Se va pues uno de los peores presidentes del país vecino, sin pena ni gloria. Hombre de traiciones y renuncias, emprendedor enérgico, desacomplejado y desprovisto de maquiavelismo (a diferencia de Mitterrand), entregará a su sucesor un país sumido en una crisis estructural profunda, producto de los errores cometidos por todos los gobiernos desde hace un cuarto de siglo.

Si gana Segoléne Zapatejá, a la decadencia se añadirá un componente nuevo, el de una incompetencia personal probablemente desastrosa a la hora de dirigir la quinta potencia mundial. Si es Bayrou, con su discurso mieloso "ni izquierda ni derecha, sino todo lo contrario", el provincianismo más obsoleto y montaraz se instalará en el Elíseo. Y si, como los sondeos lo dejan entrever, Nicolas Sarkozy, hijo de húngaro y de judía, casado con una biznieta de Albéniz y amante de España, accede a la presidencia, un centro derecha algo más liberal ma non troppo tomará las riendas del poder, entre la desconfianza de los sectores sociales más progresistas y la esperanza de quienes, en el conjunto del espectro político, desean el restablecimiento de la autoridad basada en la virtud republicana, tanto en la calle como en palacio.

En cuanto a la modernización inaplazable del país... on verra.

Dante Pombo de Alvear, Crónicas de Calypso

La Surribes s´`asta sistamatiçan. ¡¡No bulem a la Surribes!!


La Surribes s´`asta sistamatiçan. ¡¡No bulem a la Surribes!!


domingo, 11 de marzo de 2007

España es poesía (06): Cesar Vallejo



César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco, un pueblo andino del Perú. Sus padres fueron Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. César fue el menor de once hermanos. Su apariencia mestiza se debe que sus abuelas fueron indias y sus abuelos sacerdotes gallegos. Era “hombre muy moreno, con nariz de boxeador y gomina en el pelo”, según González Ruano.

Considerado entre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX, a pesar de la brevedad tanto de su obra como de su vida (fue, en opinión del crítico Thomas Merton, "El más grande poeta universal después de Dante").

Murió joven, y nos legó inolvidables palabras encadenadas sobre los contrapuntos de la España que conoció, la de la guerra civil.


XIV

¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…

España, aparta de mí este cáliz (obra póstuma).

11-M : Una ceremonia incomprensible

El domingo 11-M por la mañana, un callado Borbón ha depositado una corona ante el monumento por las víctimas del 11-M, inaugurado frente a la estación de Atocha.

De la misma forma que no se entiende el estruendoso silencio del monarca ante la gravedad de los últimos acontecimientos en España, con un asalto al orden constitucional y a la libertad desde el propio gobierno, hincado de rodillas ante el chantaje terrorista, tampoco se entiende esta enigmática y posmoderna ceremonia, sin palabras, con una familia real que estrecha las manos de los políticos y funcionarios de turno, sin dirigirle ni siquiera una mirada a los familiares de las víctimas, aparcados a un costado, invitados pasivos de una conmemoración en la que deberían ser, sin embargo, y junto a los 191 muertos y 1.500 heridos, los principales protagonistas.

Un país sin liderazgo, representado por jefecillos insolventes y deshumanizados, ésa es la fotografía del día. Mudos hoy, como sordos ayer ante las palabras ciudadanas.

Dante Pombo de Alvear, Reflexiones liberales

Somos lo que somos


Se han acabado las trampas, los engaños y las miserias, hoy, dos millones de personas han acudido a la manifestación de Madrid convocada por el PP, adherida por el Foro de Érmua, AVT y 187 asociaciones más, para concluir la transición.

Hace 25 años, acudía a las manifestaciones que convocaba el compañero Llamazares en la Universidad de Oviedo; anda que no tuvimos que hacer manifestaciones, jornadas de paro y lucha, para que algún día terminara siendo el líder de IU que hoy es, contra buena parte del PC.

Ahora se acumulan recuerdos de aquellos tiempos en mi memoria, como aquellos compañeros socialistas que trataron de excluir al resto de los cincuenta compañeros que andábamos por el paro, para quedarse con las dos plazas que repartía el alcalde de nuestro pueblo, que casualmente, también era socialista.

Cuantas mentiras hemos tenido que soportar a esta gente, para que se colocaran en la vida por el ascensor político de sus partidos. Los dirigentes de la izquierda española se han acomodado de la forma más ramplona, diciéndole al pueblo que por su bien, era necesario que aquel compañero o compañera ocupara el puesto correspondiente que más le convenía al liderzuelo de turno.

Esta es la izquierda de la progresía, aquella casta a la que Julio Anguita denunció, una y otra vez, prefiriendo que se acordaran de su familia a que le llamaran progre. Don Julio, que pena que la vida no le haya permitido seguir en la brecha, lo que se ha perdido el pueblo.

La izquierda que llamaba a Adolfo Suárez, en los momentos más difíciles de la transición “tahúr del Mississipi”, con la única finalidad de desprestigiarlo ante los españoles, y arrancarle votos, la única ley que ha imperado en la ideología socialista. Votos y más votos, para ocupar todas las cotas del poder, en todos los ángulos, y desde todas las perspectivas. Para entramar la España de la trama, desde los cien años de honradez, que concluyeron en Roldán y el hermano del vicepresidente.

Cuántos socialistas se han ido al otro mundo, diciendo que no era ésto por lo que habían luchado; cuantos comunistas han abjurado de sus representantes después de haberse dejado años de miseria y persecución durante el franquismo, para que ahora se pacten mezquindades, para que se haya renunciado a todo, con tal de seguir en el poder a cualquier precio.

¿Cuantas veces la progresía ha condenado a los que no pensaban como ellos a formar parte de la extrema derecha, al cordón sanitario, o directamente al franquismo hereditario?.

Pues basta ya de rentabilizar la memoria histórica, tras cerca de treinta años de Democracia y Constitución, se ha acabado el plus deudor y la infamia. La democracia es de todos, y la libertad, no es precisamente lo que los "progres" mejor defienden.

Se acabó la igualdad a la medida de los intereses más egoístas, la discriminación positiva del hermano pobre, del maltrecho luchador. Se acabó el cuento de la hormiga y la cigarra, aquí todos somos insectos, y algunos, más ponzoñosos que otros.

Es hora de decir que si alguien ha utilizado la democracia con intereses partidistas en este país, no han sido precisamente la derecha o el centro, sino la izquierda y los nacionalismos.

España es una consecuencia de este hacer y deshacer; al final, siempre hay alguien que quiere que nuestro país siga delante de la mejor forma posible, y alguien que quiere que se viva en conflicto permanente, porque puede rentabilizar mejor el conflicto que la cooperación. Ahora los términos parecen invertirse.

Tras tantos años de historia política, los españoles tendríamos que ser idiotas para no reconocer que siempre que la izquierda triunfa en este país, disminuyen los conflictos, se amasan grandes fortunas, se reparten muchas prebendas a los afines, se convierte al adversario en un error, y se controlan todos los poderes y los medios de comunicación para hacer un rodillo contra los que piensan de otra forma.

España no tiene entre sus defensores a los arribistas de la izquierda, a aquellos que gritaban "muerte a la nación y viva las cadenas", y que a punto estuvieron de impedir que nuestro país iniciara la guerra de la Independencia contra el invasor francés por sus intereses, y a los que hubo que convencer para que firmaran la primera Constitución Española, la de 1812.

Son demasiadas historias las ocurridas desde entonces, para seguir pensando que las izquierdas españolas serán capaces de defender primero a su país, que a su partido político y sus propios intereses.

Hoy es un día grande para la democracia y la libertad, y por supuesto, para España, la de todos los españoles, la nuestra. Hoy, el pueblo se ha manifestado contra las izquierdas y los nacionalismos, incluida la banda terrorista ETA.

Enhorabuena pueblo español, ciudadanos españoles, compatriotas.


Erasmo de Salinas

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