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jueves, 21 de junio de 2012

Fraude



La gran recesión no ha sido culpa del libre mercado. Por contra, su causa debe buscarse en la profunda intervención del estado y los bancos centrales en la economía, provocando, de manera fraudulenta, ciclos recurrentes de expansión artificial, burbuja y recesión económica que terminan pagando todos los ciudadanos. FRAUDE (DOCUMENTAL)

miércoles, 20 de junio de 2012

Abducidos por la Economía


"El estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás" Fréderic Bastiat

Ha ido ocurriendo poco a poco, la yihad contable, pero al final nuestras vidas se han terminado convirtiendo en una variable dependiente del déficit público, la prima de riesgo, la deuda, la inflación, el PIB y una colección de elementos que llevan camino de convertirse en los nuevos ídolos de la religión de nuestros días, a los que hace tan solo cinco años ni siquiera conocíamos.

Los seres humanos ya no somos la medida de todas las cosas, de las que son o las que no son, como nos anunció Protágoras hace veinticuatro siglos; tampoco somos ya constructores de nuestro destino, como reflejó Amado Nervo; ni siquiera somos una identidad definida en un Yo, porque ahora sólo somos circunstancias.

Parece que la última deshumanización del ser humano será económica, poniendo punto final a todas las precedentes en el último encarcelamiento de nuestros sueños de libertad. Bien pensamos, por algún momento, que sería política o tecnológica, pero la economía se ha erigido en diosa de los tiempos a la que debemos brindar nuestro tributo, rendir liturgia, y cumplir con sus preceptos si no queremos condenarnos al infierno de la quiebra de nuestras vidas y obras.

El materialismo ha triunfado, en su forma capitalista y socialista al mismo tiempo, al menos en España. Sólo hay que comprobar el paralelismo existente entre la gráfica de la deuda pública española y la del paro, ahora ya podemos decir que somos esclavos del Estado y de los mercados, gracias a decisiones políticas erróneas de las que no existen, todavía, responsables.

Nadie ha sido capaz de explicarnos por el momento lo que realmente ha ocurrido, cuando es extraordinariamente sencillo, porque en este blog lo advertimos en enero de 2009 y nadie nos hizo caso. La situación actual de la economía española se la debemos al genio delirante de un personaje que ahora se esconde en Al Jazeera, para pedir disculpas a distancia, porque no se atreve a dar la cara en el escenario nacional.

La crisis económica que actualmente atraviesa España se debe fundamentalmente a dos factores, el descomunal crecimiento del Estado en todas sus formas con la intención de conducir este país a una economía intervenida desde el poder político que es la utopía de todos los socialismos, y al mismo tiempo, consecuente con esta proeza, a la devastación de toda economía productiva ajena al Estado, es decir, al colapso de los mercados y las actividades privadas, que han quedado reducidas a su mínima expresión, fundamentalmente porque en España, para algunos, todo lo que no sea público es sinónimo de estafa, mientras que para otros, cada vez más, la estafa proviene de lo público, que se ha llenado de parásitos ineptos que además deciden el curso de nuestras vidas hacia la frustración y la ruina, mientras preservan sus intereses, privilegios y beneficios a salvo de cualquier eventualidad que los pueda poner en peligro.

España no estaría como está, si el contador de nubes no hubiera elevado la deuda pública al doble en los últimos cuatro años de gobierno, sencillamente para ocultar la ineptitud de todos los que tomaron las decisiones desde el poder, al ilustre cejado sólo se ocurrió apagar el fuego que comenzaba en 2008, cuando esto era una desaceleración y según su ministro Solbes, nada tenía que ver con una crisis, con ingentes cantidades de gasolina, hasta organizar un incendio que ahora ya no podemos apagar, al no poder pagar lo que debemos.

Aznar, su predecesor, dijo que nadie había hecho tanto daño a un país en tan poco tiempo como Zapatero, y le acusaron de soberbia, los que ocultaban el mesianismo del cazurro que ha dejado hipotecados a nuestros nietos para toda su vida por haber dado rienda suelta a sus delirios mesiánicos. Deberíamos promover que se le juzgara en el Tribunal de la Haya por crímenes contra la humanidad, por el genocidio existencial y la devastación que ha dejado, cual Atila, tras su paso por La Moncloa.

La medida de la estupidez de los españoles es directamente proporcional a que todavía, tras lo ocurrido, no hayamos sido capaces de llevar a la cárcel a 20.000 mandatarios socialistas por corrupción, cohecho y prevaricación y a otros tantos, de los demás partidos políticos, que contribuyeron con su silencio a que estemos como actualmente estamos.

Tenemos lo que nos merecemos, por conformarnos con ser súbditos cuando ayer fuimos soberanos; por aceptar vivir en esta farsa demagógica a la que, los que mandan denominan democracia y los que somos mandados, tiranía; por quedarnos callados, inmóviles y atenazados por la ira, y el miedo, mientras permitimos que los que mandan nos sigan contando cuentos y no les exijamos rendir cuentas.

Enrique Suárez

domingo, 17 de junio de 2012

¿Haber ahorrado más o haber despilfarrado menos?


"El hombre no puede saltar fuera de su sombra" Proverbio Árabe

Supongo que alguno de ustedes se habrá sorprendido al ver al mismo Zapatero recobrado, tras su desaparición de la escena pública en los dos últimos meses. A él, humilde donde los haya, no le ha servido un medio español, ni europeo o norteamericano para hacernos llegar sus inolvidables reflexiones sobre la situación dantesca de la economía española –la del país que él gobernó durante siete largos años, que no se nos olvide-, no, porque en un alarde de cosmopolitismo cazurro, para dotar a su reaparición de solemnidad giliprogresista se nos ha ido hasta Al Jazeera, para hablarnos a los españoles y a los socios de la Alianza de Civilizaciones, desde su liderazgo mundial en el desarrollo de las energías sostenibles, los brotes verdes y el progresismo internacional, mientras sigue escribiendo libros de economía y contando nubes.

También se habrán sorprendido ustedes con el contenido de sus declaraciones en las que reconoce que si hubiera ahorrado más no estaríamos como estamos, parece que sus palabras inducen a pensar en un posible arrepentimiento, pero descuiden, para nada es esa su intención, ni voluntad, más bien al contrario. Cuando nos habla de ahorro, lo que quiere decirnos en realidad es que ha sido extraordinariamente generoso con el pueblo que ha gobernado, que no ha dudado ni un momento en hacer todos los esfuerzos, aunque fuera elevando la deuda pública al doble en los cuatro últimos años de su égida, para que los españoles no nos diéramos cuenta de las barbaridades que habían cometido sus gobiernos hasta que le pasara la tierra quemada y los trastos de gobernar a su sucesor, Mariano Rajoy, y poder salvar así su partido, el PSOE, y todos los parásitos que viven a su sombra de la debacle que hubiera acontecido en su formación política, en caso de que la crisis le hubiera estallado, en las actuales proporciones, en sus narices.

Pero lo peor de todo, es que el despilfarro de Zapatero no fue arbitrario, sino selectivo, porque siempre estuvo orientado a favorecer a sus promotores, clientes y seguidores, despreciando a los demás españoles, la libertad y la razón. Él es así, un líder mundial que da lecciones al planeta de hasta donde puede llegar la gilipollez humana y los delirios de un iluminado.

Lo de las declaraciones en Al Jazeera no ha sido casualidad, sino una magnífica forma de despreciar a los españoles, a los mercados internacionales, a los aliados europeos y norteamericanos y a todos los que no vean en este esperpento al próximo líder interplanetario que este mundo necesita. Aunque también, pensándolo bien, tal vez sea en el único lugar que le han permitido seguir diciendo chorradas, para que los musulmanes aprendan como son los occidentales y los españoles, algo así como Zapatero y duerman felizmente tranquilos, sabiendo que si este llegó a Presidente de España, Occidente está al caer, como fruta madura.

Debe tranquilizar mucho no tener un Presidente de Gobierno como Zapatero, no es por nada, que ya dijo Mariano Rajoy que España no es Uganda. Que más quisiéramos, Uganda es un país serio comparado con el vodevil nacional que nos hacen soportar nuestros egregios mandatarios.

Enrique Suárez

jueves, 14 de junio de 2012

¿Quién va a poner orden en España?

"Si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justícia" Paul Auster

Quizás esta sea la pregunta que preocupa a más españoles, porque lo que está ocurriendo en España es la constatación de que la farsa política que hemos vivido durante la última década, al menos, no tenía otro objetivo que expoliar a los españoles por tierra, mar y aire. Se mire donde se mire, todo es un ejemplo de corrupción, oprobio y molicie. Da asco lo que cada día contemplamos en los medios de comunicación, no hay país en el mundo en el que la casta política esté más señalada por su usurpación constitucional y del Estado de Derecho, que la española.

Creer que estamos en una democracia con tanto mangante viviendo de representarnos es una estupidez que ya comparten muy pocos españoles. Es que resulta increíble todo lo que estamos viviendo, además en una barbaridad sin fin, no queda institución que no esté tocada por la corrupción. Pero no pasa nada, porque todos los partidos políticos se han aliado para blindarse ante cualquier reclamación.

La última entrega de la farsa nacional es el linchamiento político y mediático del Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar. Quizás, con el agravante de que no debiera ser él, precisamente, el que utilizara los recursos públicos para finalidades privadas, de las que si es responsable, debiera rendir cuentas como cualquiera, pero esta operación recuerda al famoso ventilador de Alfonso Guerra, porque el café para todos siempre era con azúcar: vosotros podréis robar lo que queráis, pero al que trinquen ni una palabra de que todos los demás estamos haciendo lo mismo.

A Alfonso Guerra siempre le ha gustado meter sus zarpas en la justicia española, sólo hay que recordar su: “Montesquieu ha muerto”, para decir que en este país no volvería a haber jamás una justicia independiente del poder político. También debió asesinar al descuido a Chomsky, porque desde hace años los medios de comunicación españoles solo se dedican a campañas de intoxicación y censura pagadas con fondos públicos.

Lo del asedio a la justicia por la izquierda española viene de lejos, no en vano en este país seguimos sin saber quienes fueron los autores intelectuales de la dictadura de Primo de Rivera, el golpe de estado catalán y la semana trágica, la revolución de octubre de Asturias, la guerra civil, el golpe del 23-F, el GAL, el pacto de los faisanes con ETA y el 11-M. Se van acumulando demasiados casos en la historia de España relacionados con algo en lo que acaba siempre surgiendo el PSOE, como para no tener sospechas de que algo inexplicado está ocurriendo en la política, justicia y comunicación pública españolas.

Pero lo que está claro es que por mucho que el señor Dívar haya podido financiarse con dinero público, es una insignificancia comparado con el dinero que se ha desviado por la política española desde fondos públicos a privados, y que haciendo un cálculo a mano alzada no disminuiría de 300.000 millones de euros en los últimos diez años, a razón del 3 % del presupuesto que han administrado los políticos españoles. Pero de forma preventiva, no está de más, para aquellos que han estafado a los españoles, hacer una operación para devaluar la justicia española que pudiera juzgarles, algo que encaja magníficamente con las operaciones de camuflaje a que nos tienen acostumbrados los totalitarios que presumen de demócratas.

Cuando les señalen el dedo de la justicia española que pudiera señalar a los corruptos que han hundido a este país, antes de exigirles responsabilidades por sus innumerables delitos, no se olviden de mirar hacia arriba, porque tal vez la luna ya no esté, porque se la hayan llevado.

Pero sigue causándome una profunda incertidumbre quien va a poner orden en este país, porque así no podemos seguir, con un PSOE que trata de ocultar su miserable existencia pública desviando la atención de los ciudadanos, con un PP que no se atreve a comenzar a exigir responsabilidades, con una justicia contaminada por el ambiente putrefacto, con unas instituciones inservibles, con una monarquía apestada, con un país sin rumbo, en ruinas, con seis millones de parados, abandonado a su suerte por Europa, y una sociedad civil absorta que no sabe exigir responsabilidades a todos aquellos que la han conducido a la pobreza, la miseria, la alienación y el colapso.

Enrique Suárez

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