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sábado, 18 de diciembre de 2010

La cruzada de la prensa social del paro


A medida que el PSOE va descendiendo en las encuestas, la última ya le ha llevado hasta el 30,5 % (próximo al desastre del PSC en Cataluña), los ventiladores mediáticos del socialismo comienzan a desangrarse en la hemorragia de improperios que les caracteriza. Lo que dirán de aquí hasta el 22 de mayor, pasará a los anales del periodismo como la gran cruzada, incluso algunos medios que habitualmente no apoyan al PSOE se han dejado contagiar por la afición a la intoxicación.

En esta magnifica epopeya de la infamia los personajes preferidos de la escuadra del pesebre son tres: Aznar, Cascos y Esperanza Aguirre, simplemente porque son los más inmunes a sus coacciones literarias.

El expresidente Aznar, desde la peineta de Oviedo, ha decidido seguir su camino sin feedback, diciendo lo que le parece, haciendo alarde de libertad e independencia en este sistema urdido con la dictadura del pensamiento políticamente correcto. Aznar puede mirar atrás y recordar que cuando se fue dejó superavit económico, 2,3 millones de parados, una deuda saneada y un país que funcionaba bien.

El exvicepresidente Cascos, llamado el doberman con ese cariño que derraman las juventudes socialistas, también se puede sentir orgulloso de haber dejado un PP organizado y eficaz, las principales infraestructuras del país en marcha y un rastro de sobriedad que no ha vuelto a recobrarse en el Ministerio de Fomento.

Sobre la Presidenta de la Comunidad madrileña, decir que es el principal pararayos de la insidia socialista desde hace muchos años, lo que no impide que sus resultados electorales sobrepasen el 50 % en la Comunidad de la capital de España.

Realmente, cuando se lee la prensa del régimen, da pena observar como encomian la desastrosa gestión de los gobiernos socialistas de Rodríguez Zapatero, que ha llevado este país a la ruina, con casi 4,5 millones de parados, una deuda desbocada, un déficit irrefrenable y una demolición institucional con un parasitismo inusitado en un país democrático, mientras los sindicatos miran hacia otro lado y los votantes del engendro se callan.

Resulta realmente patético ver que los que medios de comunicación que avalan a los que han destrozado el país malmeten con saña contra los que lograron que alcanzara las cotas más altas de bienestar y riqueza. Pero es clarificador comprobar que durante estos años lo único que han hecho es engañar a los ciudadanos, inventando brotes verdes, sobreelevando a los altares a auténticos ineptos y repartiendo paz y amor, mientras vivían magníficamente del pesebre gubernamental, cuando se queden sin el combustible que les regala el Gobierno y que pagamos todos los españoles, creo que van a sufrir una grave quiebra, porque algunos de ellos tienen más gente trabajando en sus plantillas que lectores, lo que se puede extender a a alguna televisión autonómica y emisoras de radio afines.

Y aún tratan de seguir queriendo hacer bueno lo pésimo, maldiciendo lo que realmente fue extraordinario comparado con lo que hay en la actualidad. Los medios de comunicación de la izquierda de este país han perdido toda credibilidad y van a tardar tanto en recuperarla como los españoles tardemos en salir de la crisis, porque gracias a ellos que nos han engañado con continuidad sobre la gestión de los Gobiernos de Zapatero, también estamos así. Cuando el PSOE caiga, caerán con él.

Con Franco teníamos la prensa nacional del movimiento y con Zapatero tenemos la prensa social del paro. Poco hemos avanzado si sólo hemos logrado cambiarle el collar al régimen.

Biante de Priena

jueves, 16 de diciembre de 2010

“Cascos amenaza con fundar un nuevo partido”, según Bono


La manipulación de la información a que nos someten los medios de comunicación en España es fascinante. Como se habrán fijado, la noticia del titular va entre comillas, porque se corresponde con un magnífico bulo que Ignacio Villa el jefe de informativos de la emisora COPE largó ayer a las 14 horas, aprovechando la conferencia sobre el AVE de Asturias dictaría Francisco Álvarez Cascos en Oviedo, a las 19:30 horas, que por cierto ha sido un éxito de público con más de mil personas que han asistido a presenciarla en directo, más otros miles de asturianos y españoles que han podido seguirla por televisión, gracias al equipo de El Comentario TV. El ambiente excelente, divertido, entregado, precisamente en la capital asturiana, lugar de todos los akelarres para erradicar al exvicepresidente de las listas del PP a la Presidencia del Principado.

Tras el bombardeo informativo iniciado por la COPE, inmediatamente las escuadras mediáticas que habitualmente se posicionan contra el PP, se han ocupado de expandir “la noticia” “urbi et orbe”, mostrando la imperiosa necesidad que tienen de saber en que concluye el episodio asturiano, por la sencillar razón de que la espera les impide arremeter contra el PP. Pablo Sebastián ha escrito un artículo advirtiendo de que tan malo es decidir por Cascos, como en su contra. La Vanguardia nos anuncia que Cascos ya está harto de esperar. A El Plural de Sopena, poco le ha faltado para ponerle nombre al “nuevo partido”. Diario Crítico ha dicho que Cascos tiene un plan para imponerse como candidato, siguiendo una noticia que tiene su origen en La Nueva España, que sugiere que Cascos es el ariete de Aznar y Esperanza Aguirre para arremeter contra Rajoy y la dirección nacional del PP. Libertad Digital, delimitando el territorio y la responsabilidad de la ulterior decisión, ha dicho que hace nueve meses Rajoy comentó que “él personalmente se encargaría de Cascos”. En Público vuelven a mostrar la tensión existente, prolongan la especie de la COPE y le dan voz al porteador de los improperios, para que se explaye. María Dolores de Cospedal ha dicho que pronto se sabrá la decisión, tal vez antes de Navidad. Seguro que no serán los únicos medios que se manifiesten.

En fin, sobre la realidad en la conferencia de Cascos, un magnífico ambiente, más humano que político, efusividad entre sus seguidores, con una convivencia exquisita y mucha ilusión, cuando han ratificado sobre los hechos lo que ya sabían: que Cascos es el candidato ineludible del PP para Asturias, porque de no serlo sencillamente volvería a triunfar el PSOE en las elecciones autonómicas con facilidad y ese es un argumento poderoso del que nadie con criterio puede zafarse. La decisión está tomada hace mucho tiempo por la dirección nacional del PP, con toda seguridad será Cascos el próximo candidato del PP por Asturias y con toda seguridad el próximo Presidente asturiano.

Parece mentira que enter tantos encomiables cronistas de la realidad no se den cuenta de lo que está ocurriendo, cegados por la necesidad que tienen, fundamentalmente los que apoyan sutil o abiertamente al PSOE, los que le deben favores a la dirección regional del PP, o los que cuestionan a la dirección nacional del PP con Mariano Rajoy, Cospedal y su equipo.

Fundamentalmente porque necesitan que Rajoy nomine candidato por Asturias y como Rajoy lo sabe, hace precisamente lo contrario; necesitan que nomine o no nomine a Cascos, con urgencia, por eso muestran su prisa y presionan la decisión, fundamentalmente porque necesitan que el PP produzca noticias para disolver todas las desastrosas informaciones que nos está brindando el PSOE y así poder enmascararlas. Pero como en la dirección nacional del PP lo saben, se limitan desde hace meses a no producir noticias propias, más que las referentes a sus reuniones de partido, o las intervenciones puntuales de Rajoy y Cospedal para criticar sin descanso lo que está haciendo el PSOE, que se está quemando en su propia salsa gubernamental y desde el PP se muestran extraordinariamente sorprendidos de cómo se puede meter la pata de forma tan continuada, algo que el público está contemplando en todo su esplendor.

Como para nominar a Cascos está la cosa, porque al día siguiente si es nominado saldrían miles de noticias y comentarios diciendo que el PP se había derechizado, que era el anticipo del regreso de Aznar y que se mostraba de esa forma que el PP seguía siendo un partido autoritario que no respeta la democracia, ni lo que dicen los órganos intermedios de dirección de su partido; en caso de que no se nominara a Cascos, ya tendrían servido el comienzo de la división del PP, a punto de escindirse de forma inmediata en dos grupos, uno liderado por Esperanza Aguirre con Aznar (que es su objetivo histórico) y otro por Mariano Rajoy y su equipo novedoso. Realmente en estas condiciones lo más inteligente que puede hacer Rajoy es no decidir y seguir permitiendo que elaboren todas las fantasías posibles, está siguiendo la estrategia del rival según el dilema del prisionero, repitiendo la última jugada habitual del PSOE, que es criticar siempre al PP de lo que les sale mal, ahora en el PP se critica la indecisión, la ambigüedad, la ausencia, y eso está permitiendo contemplar a la opinión pública el auténtico desastre en el que nos han metido creando soluciones que se convierten inmediatamente en problemas más graves que los problemas que pretendían resolver.

En estas circunstancias Francisco Álvarez Cascos sigue diciendo lo de siempre, que sigue disponible, y Rajoy sigue diciendo lo de siempre, que hay que esperar, como no va a hacerlo si está viendo como su rival político arde en sus propios despropósitos. La espera beneficia a Cascos y a Rajoy, eso es de lo que no se dan cuenta, y perjudica al PSOE que es de lo que se trata. Beneficia a Cascos porque el día que sea nominado, los medios de comuniciación que hoy lo señalan como problema del PP, lo convertirán en objetivo sensible de sus iras contra el PP, y beneficia a Rajoy, porque los tiene más despistados que a un pulpo en la T4. “Si falan, que falen”. Cascos es asturiano y como tal expone su decisión y Rajoy gallego y como tal expone su indecisión. Los dos juegan los papeles que les corresponden, mientras los demás miran y la cuestión sigue en el candelero, mejor esta que cualquier otra, porque al fin y al cabo se resuelve dentro del PP en cuanto sea posible. Así que nadie en el PP tiene un problema con la candidatura de Asturias, mientras que fuera del PP los tienen todos los demás.

Y hoy en Madrid, otro homenaje a Cascos, con Esperanza Aguirre de invitada de honor, que nos hablará de las virtudes del pico, la pala, la unidad y la esperanza, y lo buen candidato que es Cascos, la suerte que tendrá Asturias cuando sea su próximo presidente, pero ni una palabra de Rajoy, ya verán, entre otras muchas razones, porque antesdeayer estuvieron comiendo juntos en Alcorcón tan felices y sonrientes, posiblemente comentando que lo de Cascos será mejor decirlo para después de Reyes, que para Navidad, mientras los desesperados medios que apoyan al PSOE siguen condenados a seguir teniendo que dar explicaciones sobre lo que está haciendo el partido que defienden como penitencia.

Por cierto, voy a darles una primicia de toda solvencia anónima a los escribidores, pero rogándoles que no mencionen la fuente: el nuevo partido de Cascos se llamará Partido Popular y el tránsfuga de Don Manuel Fraga se ha ofrecido a presidirlo si Aznar acepta ser su Secretario General y Rodrigo Rato su Tesorero y creo, aunque no me lo han confirmado, que tendrá por emblema una gaviota con las alas extendidas.

Enrique Suárez

miércoles, 15 de diciembre de 2010

A pico y pala se abre el futuro


Cuando hoy, 15 de diciembre a las 19:30 horas, Francisco Álvarez Cascos acuda a la sede del Colegio de Médicos de Asturias en el número 10 de la Plaza de América de Oviedo para dictar una conferencia sobre las infraestucturas ferroviarias con especial incidencia sobre el AVE, aceptando la amable invitación que le ha brindado el Colegio de Ingenieros de Asturias, algo va a cambiar en la realidad política asturiana y española, yo también tengo una corazonada. Esta conferencia no será el único acto al que acudirá Francisco Álvarez Cascos esta semana, mañana mismo día 16, recibirá un homenaje en el distrito de Salamanca de Madrid, al que asistirá Esperanza Aguirre, que hoy mismo ha declarado: “"Nadie ha ganado nunca unas elecciones sin bajarse del autobús. Hay que trabajar hasta el último minuto. ¡Pico y pala!".

Con P de Pico y P de Pala se forman las siglas PP de Partido Popular, la única alternativa política con posiblidad real de extraernos del desmadre político social y económico que ha urdido el PSOE, que durante los últimos seis años ha atravesado como un obus la historia de España, desde un Estado en Alarma por el atentado del 11-M hasta hasta un Estado de Alarma declarado por el Gobierno socialista, incapaz de resolver un conflicto laboral con los controladores aéreos desde hace seis años y que ahora, urgido por las prisas de obtener liquidez con la venta de AENA, ha cometido la mayor barbaridad histórica que se recuerda en nuestra democracia, acabando de reventar el Estado de Derecho.

Hasta que el último controlador aéreo deje de estar militarizado esta nación permanecerá secuestrada en un estado de excepción impuesto improcedente, inadmisible, e inconstitucional. Tras la expulsión del Gobierno de estos fascistas disfrazados de demócratas, con el triunfo inevitable de una alternativa, podremos hablar de cómo blindar nuestra democracia con libertad, para que ningún advenedizo aspirante a Mesías, como José Luis Rodríguez Zapatero, vuelva a ciscarse en nuestros derechos y soberanía, pero el primer objetivo para recobrar la democracia en este país es dejar al PSOE con la cifra más baja de representación política de su historia, para que reflexionen sobre lo ocurrido, porque no se puede destrozar un país y el bienestar de un pueblo, con la soberbia, ignorancia e impertinencia que han derrochado en plena impunidad los socialistas. La recuperación social, política y económica tras el legado que nos dejarán nos llevará más de una década, en la que veremos a nuestros padres recortar su bienestar y a nuestros hijos sin trabajo.

Sigo insistiendo que antes de asumir responsabilidades de Gobierno, el PP debería encargar una Auditoría General del Estado a agentes independientes y exigir responsabilidades civiles y penales a los políticos del PSOE por su gestión corrupta de los recursos públicos, así como la dilapidación de los mismos en las causas más peregrinas. Si la economía española está hoy como está se debe fundamentalmente al despilfarro que se ha organizado de forma sistemática desde el Gobierno. Es hora de exigir responsabilidades a quien nos ha conducido a la quiebra. No se puede permitir ni un instante más que sigan envolviéndonos en su artera propaganda. Al fin y al cabo, los socialistas que hayan sido honestos saldrán adelante y los que han sido corruptos tendrán que abandonar el partido, porque José Luis Rodríguez Zapatero y su camarilla, no solo han destrozado el país, sino también la credibilidad de España, las instituciones del Estado y su propio partido, el PSOE, al que le espera una larga travesía por el desierto de su inconsecuencia. Basta ya de tomadura de pelo.

El aparato de agitación y propaganda del PSOE, perfectamente organizado por el superministro Rubalcaba que posee toda la información y poder en sus manos, está dispuesto a la defensa numantina de todos los “apesebrados” que le deben el bienestar de su vida, con la mayoría de los medios de comunicación a su favor, con todo el dinero del Estado para imponer su burka sectario a los españoles, por lo que se espera una batalla electoral épica en los próximos meses, en la que los ciudadanos tendrán que discernir sin duda alguna a quienes detentan el poder para su usufructo de quienes les ofrecen libertad y superación de la actual coyuntura.

Hace casi cuatro años, con la ayuda del libro “El mito de la izquierda” de Gustavo Bueno, ofrecimos a nuestros lectores una presunción de lo que haría la izquierda en nuestro país, no nos equivocamos, era previsible lo que ocurriría. Con el mismo criterio que mostramos la realidad de lo que acontecería, hoy anunciamos que la batalla electoral que se avecina será la más dura de nuestra democracia, porque en el PSOE saben que se la juegan a todo o nada y no están dispuestos a perder los privilegios que han adquirido en el poder y que dificilmente podrían mantener fuera de él. Por su parte el PP sabe que si no obtiene una mayoría absoluta no tendrá nada que hacer porque los nacionalismos, envenenados con el engaño por el PSOE durante estos años, siempre pactarán antes con el PSOE que les puede ofrecer lo que pidan, que con el PP que les pondrán más objeciones.

Se abre un periodo constituyente en el que España se juega su futuro como nación y los españoles nos jugamos seguir siendo europeos, independientes, demócratas y libres. El PSOE ha mordido la manzana de la tiranía, al igual que los nacionalismos, y no estarán dispuestos a ceder ni un ápice en su deconstrución del Estado español al servicio de sus intereses y privilegios. Quien no duda en declarar Estados de Alarma preventivos con tal de salvarse electoralmente, aunque sea para aplastar los derechos de los trabajadores más privilegiados de este país, no dudará en imponer el régimen que le permita perpetuarse en el poder. Al igual que no nos equivocamos en la predicción que hicimos en el año 2007, es muy posible que ahora tampoco lo hagamos.

Por eso las sabias palabras de Esperanza Aguirre que ayer pronunció en la cena de Navidad del PP madrileño celebrada en Alcorcón son el lema de la campaña que se necesita, que coinciden con el lema de apoyo que la plataforma que promueve el regreso a la política asturiana de Francisco Álvarez Cascos que se ha mantenido desde hace meses. En esta ocasión no se trata de elegir candidatos que puedan ganar en las elecciones, sino de buscar aquellos que no puedan perderlas, porque el PSOE va a tensar el ambiente en una apoteosis épica de todas sus tácticas y estrategias de persuasión, agitación y propaganda para denostar al PP, extrayendo toda la información que posee sobre candidatos y gestiones. La beligerancia electoral que se avecina no tendrá nada que ver con el talante, sino con el talento. Cualquier desliz, imprudencia o inconsistencia nos conducirá a la reiteración de la debacle. Cualquier creencia en que las cosas pintan mal para el PSOE, no siendo necesaria más que la paciencia y la prudencia en la espera hasta que se caigan por si mismos, conducirá al fracaso.

En este escenario, el regreso de Francisco Álvarez Cascos a la política en el ámbito de Asturias es imprescindible por numerosas razones, la primera es que es el único candidato con posibilidades reales de obtener una mayoría absoluta en las elecciones del 22 de mayo, la segunda que siendo el político más investigado de este país no tiene nada que ocultar, a pesar de las amenazas de José Blanco; la tercera es que reune en su persona las características opuestas como gobernante a las que han mostrado los gobernantes del PSOE; la cuarta que es uno de los pocos políticos populares que intimida y contraargumenta las artimañas socialistas con desparpajo; la quinta, que nadie como Francisco Álvarez Cascos puede reunir en su persona y concentrar todos los ataques del PSOE, por lo que puede jugar un efecto pararayos que le permita enrocarse a Rajoy para librarse de la agresión continuada a que previsiblemente le someterán desde el PSOE.

La era del supuesto talante con guante de seda y zarpa de acero que ha esgrimido José Luis Rodríguez Zapatero se ha acabado, porque ahora están las lentejas en peligro. Si ayer demonizaron al PP excluyéndolo de la política, aislandólo con un cordón sanitario, sin estar en peligro su porvenir, que no serán capaces de hacer cuando ahora lo vean peligrar. La campaña electoral que ya ha comenzado se resolverá en una carrera de resistencia a la tensión y las agresiones continuadas, para eso hace falta experiencia, trayectoria y recursos extraordinarios, no es el momento de hacer experimentos, sino de confiar en quien pueda asegurar que no se amilanará ante el acoso, la infamia y la estridencia.

Francisco Álvarez Cascos es el candidato ineludible que Asturias necesita, cualquier alternativa no solo haría fracasar al PP en el Principado, sino en toda España. Cuando Esperanza Aguirre advierte de que estas elecciones se ganarán a pico y pala, cuando ha obtenido en Madrid los mejores resultados de su historia, está diciendo que en Asturias y en toda España se necesita coraje, trabajo, pico y pala para alcanzar la victoria electoral, sin complejos y sin espejismos.

Quiero recordar una frase de André Gide que refleja magníficamente la idea que he querido transmitir: este mundo se divide en crustáceos y sutiles, siendo los primeros aquellos que se empeñan en mantener las mismas estrategias para resolver problemas que han cambiado con el paso del tiempo. Enfocar la estrategia electoral en el ámbito de resolver el talante sería el mayor error que podría cometer el PP, porque el talante ha muerto y ahora en el PSOE surge el “palante”, el todo vale, el fin que justifica los medios, las estrategias de supervivencia. En ese escenario, Francisco Álvarez Cascos no solo es ineludible, sino también inevitable. No darle opción de juego en las elecciones autonómicas supondría el mayor desastre para el PP, para Asturias y para España. ¿Cómo van a confiar en el PP los electores si a uno de sus mejores políticos, en los extravagantes momentos que vivimos en España, se le aparta de la primera línea de fuego por motivos espúreos?. Sería la mejor forma de mostrar que en el PP pesa más el interés electoralista que la eficacia gubernamental, algo muy peligroso en estos momentos, porque lo identificaría inmediatamente con un PSOE paralelo.

Enrique Suárez

lunes, 13 de diciembre de 2010

Caudillo Rubalcaba


“A vista de este ejemplo, ciudadanos, antes morir que consentir tiranos”. Monumento a Torrijos y sus seguidores. Plaza de la Merced. Málaga.


Dentro de veinte o treinta años, algún ciudadano de este país o lo que quede de él por entonces, se preguntará qué fue lo que ocurrió en España a comienzos del mes de diciembre del año 2010, cuando el PSOE logró apartarse por enésima vez de la Constitución para imponer su voluntad autoritaria a los españoles. La perspectiva histórica nos permitirá ver con mayor claridad lo que hoy se ha urdido con apariencia de confusión desde la propaganda gubernamental, en una estrategia de desmantelamiento provocado del Estado de Derecho desde el poder, algo que acontece periódicamente en todo régimen autoritario y revolucionario que se precie.

Es difícil, muy difícil, describir la historia del instante inmediato, hacer la crónica de la realidad ocurrida la última semana. En los tiempos actuales, el periodismo se dedica a la transcripción de las noticias, creando fotos replicadas de los acontecimientos, desde distintos ángulos, con diversas perspectivas, siempre con distintas intenciones, pero sin apenas entrar en su interpretación o análisis. Se muestra la realidad de forma icónica, tal como parece que es, al menos en su apariencia, en su representación. Sin embargo se comete un grave error, porque la palabra no puede competir con la imagen en la descripción de la realidad, ni en la inmediatez de la noticia, aunque si puede hacerlo con precisión en la disección de sus entresijos.

Las nuevas tecnologías nos han llevado a pensar, en nuestra inocencia, que hemos alcanzado el dominio sobre la realidad porque somos capaces de fotografiarla, de comentarla de forma inmediata, de analizar los hechos casi al mismo tiempo que ocurren, pero sin embargo se ha perdido mucho con la instantaneidad, algo de lo que se beneficia quien pretende que la realidad no se conozca, que se oculte, como habitualmente se hace desde el poder. La catarata informativa a la que nos someten los medios de comunicación, impide que se vea lo que arrojan desde el Gobierno al espacio público de opinión. Antes de que se pueda hacer un análisis e interpretación sosegada de los hechos, ya tenemos diez noticias más que atraen nuestra atención, así estamos condenados a seguir haciendo surf por la superficie de la realidad informativa, no sabiendo si son lenguados, tiburones o calamares las especies que se mueven bajo la aparente realidad que nos muestran, bajo la verdad oficial que nos ofrecen. Aquí la única libertad que queda es la de cambiar de canal de televisión con el mando a distancia.

El entendimiento y la comprensión de lo que ocurre en nuestra vida y circunstancias se resiente, creando una situación de hastío que nos hace repeler el bombardeo tóxico a que nos someten desde el poder y la manipulación de la información interesada que nos brindan los medios de comunicación. No me cansaré de repetir la frase de Noam Chomsky: “la propaganda en una democracia, es lo mismo que la coerción de un estado totalitario”; es decir, la propaganda, cuando es urdida desde el poder, es la coerción que convierte una democracia en un estado totalitario, no menos totalitario, por ser más discreto e intangible, eso es algo que actualmente ocurre en España, aunque nos parezca extravagante. Trataré de mostrarlo a continuación.

El poder descontrolado

Regresando al tema que nos ocupa, lo acontecido en España a comienzos de diciembre de 2010, nos brinda una imagen real de lo que ha hecho el Gobierno del PSOE a lo largo de estos años, no es un incidente sin importancia, sino un resumen concentrado de la contundencia violenta de su égida. En tan sólo seis años hemos pasado, con los mismos actores y escenarios similares a un cambio de papeles que intranquiliza, de una oposición que exigía un Gobierno que dejara de mentirnos, a un Gobierno que nos miente y además criminaliza a todo aquel que se atreva a dudar de su palabra, en la más esplendorosa actitud inquisitorial que caracteriza el inacabado viaje sin retorno del PSOE y los gobiernos de Rodríguez Zapatero.

El Gobierno nos ha mentido, señor Rubalcaba, usted nos ha mentido con el mismo desparpajo que su compañero Moltó le dijo a Mariano Rubio aquello de “míreme a los ojos, señor Rubiopara, años después, organizar un desfalco en Caja Castilla La Mancha de 4.000 millones de euros. No es la primera vez que usted nos miente, realmente nos miente siempre, tiene usted menos credibilidad con la información política que nos proporciona que el señor Madoff con la gestión económica que organizó la quiebra del sistema financiero mundial, porque nos permitió ver en qué manos sucias estaba nuestro futuro y descubrir el montón de mierda sobre el que asentaba la ilusión artificial de nuestro bienestar.

El destino y los errores del Prisionero de Zenda, han alzado a Alfredo Pérez Rubalcaba a la Vicepresidencia del Gobierno (como anticipo de su futura candidatura a la Presidencia), no por sus valores, virtudes, principios, ideas, o genialidades, sino por qué ante una estafa política continuada como la que nos ha ofrecido el PSOE, lo más aconsejable es poner al mando de la nave al paladín más avezado del arte de no decir la verdad a la opinión pública, un amoral consciente, un genio tenebroso del siglo XXI que trata de imponer su voluntad de forma autoritaria, sin respetar reglas ni normas, pero brindando una exquisita apariencia democrática a sus discursos de diseño, perfectamente pergeñados con el propósito de mostrar la imagen de un gobernante sobrepasado por las circunstancias que trata de resolver los problemas del Estado que dirige, administra y gestiona, siempre por el bien de su comunidad, aunque sea utilizando mano dura, si no queda otro remedio. Con la era Rubalcaba se acabó el talante y comienza el “palante”, el fin que justifica los medios, la consolidación del objetivo de perpetuación en el poder de su partido, con ese aroma de ebriedad de despotismo en el ambiente que siempre delata a los tiranos.

El señor Vicetodo es un personaje complejo, siniestro, ladino, que utiliza la insidia con gallardía, a mucha gente le da realmente miedo (incluso a muchos entre los suyos) que alguien como él haya acumulado tanta información y poder en sus manos. Si a su mentor secuestrado en La Moncloa, se le podía atribuir delirio de grandeza, narcisismo, adanismo, soberbia y papanatismo ideológico, al señor Rubalcaba nada de eso le conmueve porque sus caracteres se adhieren a motivos exclusivamente personales, es la representación más ajustada del poder desenmascarado, la ambición, el egoísmo, la resistencia prolongada, la exuberancia gloriosa de la mediocridad siempre resultona con la que se ríe de sus prójimos; sus múltiples disfraces, su escurridiza trayectoria, su profesionalidad política en el sentido que Tayllerand concedió al término, hacen de él un personaje político inolvidable y digno de suculentas descripciones literarias.

Si Zapatero nos recuerda a Napoleón por sus veleidades (no por sus proezas), Rubalcaba se asemeja al Duque de Otranto, Fouché, que también fue su ministro de interior, el único personaje que intimidaba al emperador, según sus propias palabras. Él lo sabe y se aprovecha de esa proyección para imponer su voluntad con destreza en las decisiones que se adoptan por el Gobierno, porque la única ideología de Rubalcaba, como la del carnicero de Lyon, es su perpetuación en el poder.

José Blanco, pasaba por allí y se encontró un sabotaje

Lo acontecido en el tema de los controladores es una fotografía de nuestra miserable realidad, porque desde el Gobierno se viene urdiendo desde hace meses la estrategia, nada es casual, todo ha sido intencionado, con alevosía y premeditación, como cualquier crimen que se precie.

En febrero de 2010, José Blanco, a la sazón ministro de Fomento, inicia la criminalización del colectivo de controladores aéreos, imponiendo su voluntad en una negociación inflexible y autoritaria a mayor bien social, en defensa, dice, de los intereses de los ciudadanos; una causa loable como las que le gusta esgrimir al PSOE en campaña electoral permanente, persuadiendo que salva a sus votantes mientras les destroza la existencia. ¡Ay si al PSOE se le juzgara por sus hechos en vez de por sus buenas palabras!, que pocos le brindarían su confianza.

A fuerza de decretos impuestos, el ministro de Fomento ha ido atenazando con su opresión al colectivo de controladores, con el asesoramiento de sus compañeros sindicalistas, algo que ha visto tantas veces en su vida desde el otro lado de la barrera pero que ahora impone desde la autoridad del empresario que paga, aunque no sea con su dinero, posiblemente algo que siempre envidió en su intimidad de incompetente. Ese poder de decidir sobre los demás, sin reunir méritos para ello, debe ser orgásmico para quien no ha hecho otra cosa conocida en su vida que vivir de la política, a costa de los demás.

El ministro más inepto del Gobierno, seduce así a la opinión pública con la idea de que los privilegios de los vigilantes del espacio aéreo resultan inadmisibles en una sociedad con cuatro millones de parados, que su partido ha creado, por cierto, muchos de ellos votantes del PSOE. Si les hemos quitado el trabajo, condenándolos a la miseria, se dice a sí mismo, ahora que están cabreados contra nosotros vamos a darles circo del que se ve en la tele, eso es lo que les gusta, utilizando a los controladores como carnaza, como chivo expiatorio por sus extravagantes privilegios (mucho menores de los que gozan la mayoría de los políticos, por cierto); en sus cálculos se anticipa de esa forma un triunfo seguro matando dos pájaros de un tiro: por una parte preparando AENA para su privatización inmediata, gracias a sus onerosas pérdidas y la necesidad de liquidez del Gobierno y por otra, enconando a la opinión pública contra los que más ganan, para que se les olvide quienes son los que les han hecho perder más en la historia de la democracia. Los ricos son siempre culpables, aunque se hayan hecho ricos con su trabajo, menos los políticos, claro.

El día 3 de diciembre, justo antes del puente más largo del año, Zapatero no se desplaza a la Cumbre Iberoamericana, con lo que al alpinista inefable le gusta el boato y la parafernalia de las cumbres internacionales, en previsión de lo que pudiera acontecer. Por la mañana se saca un decreto ley, posiblemente inconstitucional, que somete a los controladores a unas condiciones más propias del régimen cubano que de España, un país de la Unión Europea; que vulneran con seguridad la Constitución, el Estatuto de los Trabajadores y la legislación internacional en materia laboral, como se demostrará cuando ya no esté el PSOE en el Gobierno, cuando no haya a quien exigir responsabilidades.

Con la misma premeditación que la perpetración de un crimen, se elige esa fecha precisamente, porque desde el Gobierno se piensa que los controladores aéreos no serán capaces de moverse de sus pantallas, dejando colgados a cientos de miles de pasajeros inocentes, porque de esa forma se echarían encima a la opinión pública, como efectivamente ocurrió, porque posiblemente, con más corazón que inteligencia, los controladores se plantaron y dejaron de trabajar nada más conocer la última vuelta de garrote vil sobre sus derechos que les había impuesto el Gobierno, en un “más vale morir de pie, que vivir de rodillas”, que debería traer algún recuerdo a sus negreros socialistas que solo recuerdan la memoria histórica de lo que les han hecho, jamás de lo que ellos han hecho a los demás.

Con la Navidad llegará el Mesías, como todos los años

Nada fue casual ni sorpresivo, señor Rubalcaba, no ocurrió, se provocó con la mayor insidia y contumacia la situación de emergencia desde el Gobierno. Con el único objetivo de ornamentar su coronación como futuro Presidente del Gobierno, una medida de fuerza ante las cámaras que le diera la puntilla a la época del talante y el Estatut de Montilla, y pusiera en su sitio a unos rebeldes privilegiados que osaron enfrentarse con el poderoso Estado que usted ejecuta. Un golpe en la mesa y las instituciones para que todo el mundo se diera cuenta de quien tenía todo el poder en sus manos, no diferente en propósito y argumentos a los que utilizó Franco para iniciar la Guerra Civil dando un Golpe de Estado, con el propósito de erradicar un mal mayor que exige la vulneración del Estado de Derecho con firmeza. ¿No es lo que usted ha hecho?, señor Rubalcaba.

La declaración del Estado de Alarma fue el sigiloso pronunciamiento, del número dos en un marco de desconcierto, descalabro económico, indecisiones e improvisación al que nos tiene acostumbrados su secuestrado político, el número uno; su puesta en escena resultó apoteósica, exuberante, grandiosa, como me consta que le agrada a sus pretensiones. Si no fuera porque no me gusta que se engañe a la gente, que desde el poder no se oprima a los ciudadanos, que la inteligencia no sirva para que un ambicioso egoísta se salga con la suya a costa de los demás, tenga bien seguro que le felicitaría, porque realmente tiene su mérito mentir con tanta desmesura sin mover un músculo.

Es usted un actor de teatro magnífico, señor Rubalcaba, pero también, como usted nos ha recordado en tantas ocasiones, yo como ciudadano soberano, quiero que los gobernantes no me mientan, que no se rían de los ciudadanos con tanta chulería y desparpajo, sobretodo de los que no son capaces de ver con nitidez sus movimientos y piensan que usted es el Mesías providencial que necesitamos con urgencia, los que habitualmente entran al trapo electoral que desde el PSOE les tienden.

Con una singular finta política ha mostrado usted la ineptitud gestora de José Blanco, la incapacidad diletante del Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien manda en el Gobierno, quien gobierna realmente el país, y quien es el único que puede conseguir para el PSOE que sigamos en el más de lo mismo, es decir, con los millones de “apesebrados pastorcillos” que le deben su bienestar al partido, a expensas del malestar de todos los demás, en este viaje de nuestro país hacia el abismo, que no acaba de concluir. Con esta jugada ha dejado de ser usted un personaje político, para convertirse en el nuevo aspirante a caudillo “que tanto se necesita en España”.

¿Cómo arderá España?

Pues va a ser que no, señor Rubalcaba. Le ha perdido la ambición, no era el momento de mostrar todo su poder a los españoles, porque los españoles abjuramos de las dictaduras, precisamente gracias al PSOE, que nos lo ha restregado a lo largo de los últimos 32 años, con memoria histórica incluida. Usted será recordado por haber hecho que este país pase el trigésimo segundo aniversario de su Constitución en Estado de Alarma, nada más y nada menos, por haber puesto el mandato conferido por las urnas al servicio exclusivo de sus intereses personales y partidarios.

Su jugada fue magistral, hay que reconocerlo, pero se ha equivocado de escenario, ni es tiempo, ni lugar. Si hubiera sido en la Rusia de 1917 posiblemente usted hubiera competido en gloria con Stalin, si hubiera sido en la Alemania de 1933 posiblemente hubiera competido en autoridad con Hitler, si hubiera sido en la España de 1936, posiblemente hubiera competido en decisión con Franco, pero para su desgracia, estamos en la España de 2010, desvalida y desvencijada, pero europea, libre y democrática, en la que este admirador de Erasmo de Rotterdam y Tom Paine, está aquí para señalarle con el foco de la palabra y mostrar a mis compatriotas, con todo el esplendor que su obra se merece, su auténtica catadura moral y política.

Todos los tiranos son iguales, es inherente a los ambiciosos que detentan el poder, imponer su voluntad. ¿Cuál será la próxima hazaña que nos tendrá preparada el ministro Rubalcaba?, es previsible, incendiará España (supongo que en sentido metafórico), como Nerón hizo con Roma, para ver como arde y así borrar las pruebas de los crímenes contra la razón que se han cometido desde los Gobiernos dirigidos por su máscara política, el presidente por accidente, José Luis Rodríguez Zapatero, al que el señor Rubalcaba llevó al poder a golpes de pásalo aliándose implícitamente con los terroristas del 11-M, para ser su sombra, hasta que llegara el momento oportuno para desplazarlo y convertirse en el nuevo Mesías. Lástima que esta película la gente la haya visto tantas veces que no se dejará engañar por ella, ¿o tal vez sí? quien lo puede saber, los españoles que gritaron “viva las cadenas” son capaces de cualquier cosa, más difícil lo tenía el felón Fernando VII y le llamaron “el deseado”.

Lo que está claro es que con el aspirante a todo, Alfredo Pérez Rubalcaba comienza un periodo ominoso en la democracia española, lo que dure dependerá de lo que seamos capaces de soportar los españoles, que viendo las barbas de los controladores aéreos, valdrá más que nos vayamos afeitando antes de que paguemos impuestos por preguntar qué hora es. Pues nada, señor ministro, esperar y ver. Tenga cuidado con las cerillas, que está usted sentado sobre un gigantesco depósito de queroseno, no crea que lo digo para que a usted no le pase nada, porque usted está por primera vez en su vida donde siempre quiso estar, lo digo por todos nosotros, los sufridos españoles, que estamos obligados a asistir a su magnífico espectáculo de fuegos artificiales jamás contemplado en estos predios, y fundamentalmente, porque los destrozos que usted ocasione los vamos a pagar todos nosotros, los españoles, da igual que los provoque el Gobierno, que los controladores aéreos, que la pertinaz sequía.

Enrique Suárez
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía

domingo, 12 de diciembre de 2010

España: una guerra de doscientos años


En su exilio de Santa Helena, aquel hombre que logró unificar a toda Europa contra él, imprecaba hace 200 años a la diosa fortuna maldiciendo España, la maldita guerra de España, que destrozó su hoja de ruta imperialista. Cierto es que sin la madre Rusia, Napoleón no hubiera sido derrotado, la resistencia del pueblo del Volga siempre ha sido tan notoria como la española, posiblemente también inconsecuente para el cambio de las relaciones del pueblo con el Estado, siempre opresor contra los ciudadanos.

El pequeño corso abjuraba así de los españoles, harapientos y miserables, infravalorados por el valido Godoy que sirvió más los franceses que a los españoles y que compitió en felonía con el hijo de su señor, el “deseado” Fernando VII, que no dudó en ofrecerse en adopción al emperador francés para convertir nuestra nación en una colonia gala. Felipe VI debería recordarlo y pedir disculpas en nombre de su dinastía, ya que su padre no lo ha hecho, en su futura y atribulada coronación. No amaneceré monárquico de repente, pero la situación que atraviesa la Corona española en estos tiempos es un fiel reflejo de la que atravesamos todos los españoles, ambos nuevamente, pueblo y Rey, estamos secuestrados por un propósito inconfesable, como en aquella ocasión.

El hispanista Raymond Carr, ha considerado que España ha vivido en un conflicto continuado desde la guerra de Independencia contra el invasor francés del siglo XIX hasta la conclusión de la guerra civil del siglo XX, el mismo conflicto con distintos personajes, motivos, circunstancias y escenarios, así lo expresa en su magnífica obra “España 1808-1939” (1966), y lo recuerda en el artículo publicado el día once de diciembre en el ABC Cultural, titulado “Ruido y furia, después nada”, con motivo del análisis de la singular obra de Ronald Fraser “La maldita guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia “(2006).

Quizás debamos pensar que ese conflicto sigue abierto a diez años del comienzo del siglo XXI y posiblemente se prolongue “sine die” si la inteligencia de los españoles no lo impide y supera el bucle histórico en el que permanecemos atrapados desde hace dos siglos. Salvo el eterno conflicto entre palestinos y judíos, por diferencias muy superiores, no creo que haya otra confrontación tan prolongada como la española en la toda la historia contemporánea mundial.

Algo tendrá que ver el beligerante carácter de los hispanos, pero sin duda también la intolerancia y cerrazón que caracteriza a nuestro pueblo. Sin duda también la conflictividad entre el poder y la libertad, la incapacidad de establecer una auténtica democracia y la negación implícita de un ajuste duradero entre el Estado guiado por los Gobiernos de distinto color y la Sociedad Civil de todas las épocas, es decir, la nación.

En España, el Estado, como reunión de instituciones y decisiones de poder, y la Nación, como pueblo reunido y producción agregada de cultura en el tiempo, viven en un conflicto irresoluble desde hace dos siglos; el factor fundamental de esta incoherencia es la incapacidad de los políticos para lograr un marco común respetado por todos, que permita el desarrollo de objetivos compartidos. En España cada hito histórico abre las más profundas heridas, establecidas de antemano entre los que quieren algo y al mismo tiempo, lo contrario. No hay posibilidad alguna de consenso, porque no hay intersección de intereses. El mito de las dos Españas, se ha convertido más bien en un rito ineludible e inexcusable.

Ser español es difícil en estas circunstancias, los nacionalismos lo saben y se aprovechan de la coyuntura, a pesar de que dos de las batallas más importantes contra el francés, que permitieron la independencia española como nación, acontecieron en Gerona y Vitoria, los catalanes y vascos lucharon como el que más por la independencia de España y su configuración nacional. Pero el conflicto eterno es sin duda entre las fuerzas más conservadoras y las más progresistas. Alguien dijo que los españoles eran cristianos atípicos, porque cada uno tenía su propia interpretación de la divinidad, su forma de creer y no creer, su particular relación con las instituciones religiosas y con Dios. Algo parecido ocurre con las instituciones políticas.

Es tradicional que en nuestro país donde unos ven un límite, otros ven una posibilidad; mientras las derechas siempre piensan que España siempre se está destruyendo como debería ser, las izquierdas piensan que nunca acaba de construirse como debería ser, así llevamos doscientos años y seguiremos otros doscientos años si no alcanzamos el grado de inteligencia colectiva para superar este escollo que evita siempre la definición de los intereses generales y comunes.

El conflicto reciente de los controladores aéreos levantándose en rebeldía contra el Estado resulta inconcebible en cualquier otro país europeo, al igual que la imposición alevosa a este colectivo, por parte del Gobierno, de una serie de decretos autoritarios con su criminalización previa desde el poder del Estado. La consecuencia, la militarización del colectivo, la solución autoritaria habitual que compite en violencia intempestiva con los pronunciamientos de los espadones en el siglo XIX y las dictaduras militares del siglo XX.

La solución que el poder establece en España para resolver los grandes conflictos siempre es la misma, el golpe de mano, la imposición del poder y la autoridad, la intervención del ejercito, cargándose instituciones, Constitución y Estado de Derecho de un plumazo, para volver a empezar, siempre volver a empezar, con las lecciones de la historia sin aprender, sin servir para nada; ni a los ciudadanos, rebeldes o serviles, ni a los políticos que les representan y acaban gobernándoles desde el despotismo.

Seguimos viviendo atrapados en un bucle de disenso entre poder y libertad desde hace doscientos años, algo que han denunciado los intelectuales españoles, historiadores, sociólogos y políticos durante los últimos dos siglos. Hay algo que no funciona, o posiblemente haya algo que funcione mal, por encima de las instituciones y el poder, quizás sea el inconformismo de los españoles o la incapacidad para entendernos, pero está claro que España tiene una asignatura pendiente y no es otra que la tolerancia, aquella virtud imprescindible para la convivencia de los pueblos que alababa Voltaire. Los españoles somos demasiado intolerantes y rebeldes para ser ahormados por el poder, tanto desde las fuerzas del cambio como desde las de la tradición. Pero también somos demasiado inconsecuentes para organizarnos en una comunidad de intereses y objetivos, en una sociedad civil homogénea, en una Nación. Ese proyecto abierto, inacabado, inconcluso, imposible, e inagotable al desaliento, es al final, nuestra nación: España, un no ser siendo, más bien un estar.

Quizás sea el momento histórico para cambiar definitivamente la realidad, porque entre los españoles hay muchas más cosas compartidas que las que son asumidas desde la política. Al final, cuando hay paro, déficit, endeudamiento y deterioro institucional, a todos nos afecta por igual, seamos de la ideología que seamos o de la comunidad en la que habitemos. En los últimos seis años hemos tenido una actuación gubernamental que deja mucho que desear, es cierto, pero algunas cosas, aunque escasas, se habrán hecho bien, el problema es que cuando cambiemos el color del Gobierno se producirá un bandazo hacia el otro lado y dentro de seis años volveremos a estar igual que ahora. Más allá de los intereses de facción, están los intereses de la Nación, el pueblo reunido a lo largo del espacio y el tiempo.

Los españoles, de todas las condiciones, ideologías y orígenes volveremos a hartarnos, una vez más, del más de lo mismo. Estamos cansados de que los Gobiernos miren por los intereses de los partidos que los promocionan, antes de hacerlo por los intereses de los ciudadanos a los que representan. De que manden antes de Gobernar, de que nos traten como súbditos o vasallos y no como ciudadanos soberanos y libres. La tutela política de los españoles debe desaparecer definitivamente, es insoportable que los políticos nos traten como analfabetos en pleno siglo XXI, tratando de envolvernos en su propaganda y mentiras sin el mínimo respeto a nuestra condición de ser sus soberanos, y no sus siervos.

Cuando en cualquier país occidental un Gobierno alcanza el poder, inmediatamente recibe el apoyo de la oposición para realizar su tarea de gobernar, hay un común que se respeta, pero España ese común es siempre tan mínimo y fútil que se desvanece en los primeros meses de legislatura. ¿Tan difícil es ponerse de acuerdo en las cosas comunes que compartimos para que prevalezcan los intereses generales sobre las que discrepamos derivadas siempre de una particularidad?

Si España va bien, todos vamos bien. Si España va mal, todos vamos mal. Si hay trabajo es bueno para todos, si hay riqueza, desarrollo y bienestar, también. Si se eleva la renta per cápita todos estaremos felices y si desciende todos lo pagaremos. España no necesita políticos cortoplacistas que miren exclusivamente por los intereses de su partido, sino estadistas que miren por los intereses de las próximas generaciones. En la era de las nuevas tecnologías, con la información inmediata y la multiplicidad abierta de opiniones y criterios, se necesita un marco común de actuación, absolutamente respetado por todos, quien no lo acepte debe ser recriminado y segregado por la inmensa mayoría, porque no pueden prevalecer intereses particulares sobre intereses comunes, aunque los intereses comunes deben incluir también los particulares, la diversidad natural de nuestro país.

Los españoles sabemos hoy, mejor que nunca, que los errores de imponer los principios ideológicos sobre la atención real a las auténticas necesidades se pagan con deterioro en la calidad de vida para todos. Necesitamos más hechos y menos hipótesis. Los gobiernos no pueden exigir conciencia, responsabilidad, austeridad y rigor a los ciudadanos, más bien al contrario, somos los ciudadanos los que debemos exigir a los Gobiernos un comportamiento óptimo, ajustado a la realidad y adecuado a nuestras circunstancias. Esa es la lección que debemos adquirir de los últimos seis años, de la situación de crisis en la que estamos.

El PSOE se ha equivocado y lo pagará en las urnas, pero el PP también se equivocará con seguridad si no comprende que los errores de su rival no son el problema que debemos resolver, sino la consecuencia de que en España no haya una política que impida los errores, con unos políticos que estén a la altura de evitarlos nuevamente, que son los que nos merecemos los españoles. Es hora de superar la maldición de España, la guerra de los doscientos años, es necesaria la paz definitiva, es hora de que todos seamos españoles subiendo a la misma montaña, aunque lo hagamos por distintos caminos y en distintos tiempos, es hora de superar el absolutismo inútil y alcanzar definitivamente el relativismo auténtico de nuestra realidad común y diversa. Es hora de la reunión bajo la misma bandera.

Sin libertad, sin respeto, sin inteligencia, sin reflexión y prevención de reproducir los mismos errores, sin democracia real, no hay otro futuro que la declaración de un Estado de Alarma permanente para que los Gobiernos impongan su voluntad contra la voluntad del pueblo en un despotismo anacrónico e inadmisible.

Enrique Suárez

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