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viernes, 29 de mayo de 2009

Los cerdos vuelan, pero todavía no ponen huevos

Decía un caricaturista de la Filegende Blätter en 1846 refiriéndose a Marx y Engels: “Habláis de igualdad y de reparto de bienes; pero veamos si yo ahorro mi parte, privándome de bienestar, y vosotros dilapidáis la vuestra, de forma frívola e inane, ¿qué sucederá entonces?”. Marx respondía diciendo, “nada, volveremos a repartir de nuevo”. Esta escena resume la política del Gobierno de Zapatero.

La política de Zapatero está fundamentada en la desposesión estratégica de los españoles, de su nación, de sus derechos, de su libertad, de su igualdad, de su dinero; evidentemente con el fin de reducir su soberanía, convirtiendo a los ciudadanos de este país en funcionarios y mendigos al servicio del Estado. Los desposeídos de hoy, serán votantes socialistas de mañana.

Por eso no reconoció la crisis económica hasta última hora, por eso no le da importancia a la cifra de desempleados más elevada de nuestra historia, ni a la descomposición del Estado, ni a los abusos de poder desde su partido, porque su objetivo no es el nuestro, el de los ciudadanos. Zapatero quiere incrementar el malestar de este país y de sus habitantes desde el Gobierno.

La propaganda de su partido dice exactamente lo contrario, que vela por los intereses de los españoles, fundamentalmente los más desfavorecidos, como la hija de Manuel Chaves, por ejemplo.

El problema es que en política existe una línea de no retorno que hace tiempo que este Gobierno ha cruzado y ya sólo puede mentir, embadurnar las cosas, y enmierdar aún más la política, para que no se aprecie la estafa pública a que nos ha sometido.

En un un país normal le quedarían 4 telediarios al señor Presidente, pero en España, al igual que ocurre en Venezuela, Cuba, o Bolivia, la víscera y el odio son un recurso, y los infelices prefieren ser guiados hacia la siguiente etapa de la infelicidad por uno de los suyos, antes que por un “culpable contrario”.

Cierto es que Aznar llevó este país a la riqueza y Zapatero lo ha devuelto a la pobreza, haciéndonos perder el tren de la historia europea. Eso sí, las niñas podrán abortar a los 16 años absolutamente solas para tomar una decisión importante, sin el conocimiento y la comprensión de sus padres; los parados seguirán creciendo, los políticos sacando tajada, los sueños quedarán rotos, y las esperanzas muertas, pero el que se atreva a decirlo públicamente será reconocido como un fascista y deslegitimado en su discurso, porque la única verdad es la de que los cerdos vuelan, pero no ponen todavía huevos. ¿Algún fascista se atreve a negarlo?.

Suerte a los abstencionistas del 7-J.


Erasmo de Salinas

Barbena da San Chuan...., praparan la pirutecnia par camà la basura y als dasechus-01

La abstención histórica: el 7-J, yo veto

Nos van a decir de todo para llevarnos al matadero de la soberanía ciudadana, incluso que como no acudamos a votar resucitará Franco y Garzón no habrá sido culpable de prevaricación. Nos van a presionar y coaccionar porque están realmente asustados, ven que se les puede acabar el negocio. Falsearán las encuestas como ha hecho el CIS, diciendo que se iba a producir la mayor participación de las Elecciones Europeas desde que existen en nuestro país. En Europa las cosas están parecidas, el último Eurobarómetro habla de un 66 % de abstención de media en todos los países que acuden a urnas, lo que quiere decir que en muchos países será aún bastante mayor, esperemos que el nuestro sea uno de ellos.

El análisis de estos datos es bien sencillo, la gente que acuda a votar es la que sigue creyendo que esta democracia es el meno malo de los sistemas de representación del poder ciudadano en su transmutación política, la que no acude a votar no cree eso, porque cree otra cosa o porque ya no cree nada.

Acudir a votar en las circunstancias que estamos viviendo es darle las gracias al opresor por no oprimir más, comunicarle al tirano que estamos a su servicio, informar al autócrata de que es nuestro ídolo. Votar el 7-J es la mejor forma de reconocer que se desconoce lo que es la democracia. Ningún demócrata español acudiría a una ejecución pública, y en esta ocasión, como en todas las demás, dar nuestro voto a estos mequetrefes es contribuir a la asfixia de la soberanía ciudadana.

Cuando se está usurpando la democracia por la política, exclusivamente para hacer negocios económicos, para actuar en pleno nepotismo, para urdir estrategias de desfalco público, no se puede votar, hay que vetar, y la mejor forma de vetar es abstenerse de participar en una pantomima.

Sólo vetando recobraremos la libertad, la igualdad, la justicia y la Constitución que nos han arrebatado, votar en estas elecciones europeas sí que es regresar al franquismo, es gritar el viva las caenas, es hacer el idiota. Es un acto de insolidaridad con los que sufren, y un acto de frivolidad que permitirá a los políticos seguir detentando el poder sin merecérselo.

No premies la ineptitud y la insidia. El 7-J, veta, quédate en casa o vete a pasear pero no contribuyas al espectáculo transfundiendo con tu propia sangre un régimen insoportable, en el que la estupidez reina en hegemonía.

Votar el 7-J, es conservador, es mantener las cosas igual que están hasta que se pongan peor. Es la hora del cambio, de plantarse, de decir que con los españoles no se juega, es la hora de la rebelión en las urnas, no seas esquirol, participa en la huelga electoral, para que no nos sigan tomando el pelo.


Biante de Priena

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Cómo puede ganar el PP las Elecciones Europeas?

Me prometí a mi mismo no hacerlo otra vez, pero no puede no hacerlo, no sé si me explico. Estoy refiriéndome a indicarle al PP el camino, porque está más perdido que un vikingo en el Cabo de Hornos; a pesar de todo –que es mucho-, se trata de España y yo soy español, no del PP, que quede claro, pero sí de los españoles que han heredado con orgullo el legado de los Padres de la Patria Española, y no me refiero al sucedáneo de 1978, sino a los auténticos, a los de 1812, los de Cádiz, que inscribieron la palabra Nación como antídoto del poder absoluto del Monarca de turno, del Presidente de la República correspondiente, o de un cazurro advenedizo con tanta petulancia como ausencia de inteligencia, y la palabra Pueblo, agrupación de todos los ciudadanos españoles, como sujeto histórico constitutivo de la Nación y de su futuro.

Aquellos que por primera vez hablaron de Libertad en nuestro país, de Igualdad entre los españoles –de todas las latitudes- y que sofocaron la invasión del francés en último término. Aquellos que pusieron por primera vez en nuestra nación La Ley por encima de todos y de todo. Sí, aquellos de los que nos han hecho olvidarnos para evitar comparaciones en el servicio a sus conciudadanos.

La Constitución de 1812, a pesar de sus altares y timideces, es un monumento singular a nuestra condición identitaria nacional, comparable a las derivadas de la Independencia de los Estados Unidos, las decisiones del Parlamento Rabadilla de Cromwell, o las consecuentes a la Revolución Francesa. En cualquier país se sienten orgullosos de sus signos de identidad jurídica y política, pero en el nuestro, durante los últimos años, la presión del PSOE y los nacionalismos y la anuencia del PP, nos han llevado al desconocimiento absoluto de lo que realmente somos los ciudadanos españoles, la contrapropaganda de nuestra identidad ha sido poderosa y se ha financiado con fondos públicos, para miseria de la clase política española. Hemos votado por los enemigos de lo que somos, y hemos permitido que nos hagan a la medida de sus intereses y beneficios.

Pero no me dispersaré que me emociono ante tanta insidia, hablábamos del PP, del Partido Popular actual, el más desnortado de la historia, guiado por el líder más inseguro e ineficaz de toda su existencia, asesorado por unos acomplejados próximos a las tesis del Gallardón del New Deal, por ejemplo Arriola, el jefe de todas las derrotas de los últimos años en el PP, que ha aconsejado un perfil bajo de reacción, amagando sin dar, y no mucho, esperando que el rival se deteriore en sus propios errores de Gobierno.

El error más grave que ha cometido el PP, incluso mayor que no haber sustituido a Mariano Rajoy por Esperanza Aguirre en el Congreso de Valencia-Bulgaria –para no importunar a Gallardón y los barones del partido- ha sido mantener al castrador Arriola –el marido de la dicharachera Celia Villalobos-, sociólogo del desastre de la derecha en este país, como maestro de ceremonias. ¿Qué opinarían ustedes de un cirujano al que se le mueren todos los pacientes?, ¿de un entrenador de futbol que hace que su equipo pierda todos los partidos?, pues lo mismo.

El que ha llevado al PP al ¿qué hacer? ha sido este individuo, no exclusivamente, eso es cierto, pero tiene la misma responsabilidad que el guionista de un fracaso teatral o de una película que nadie acude a ver, porque por muy buenos que sean los actores, un bodrio no lo aguanta cualquier hijo de vecino.

Sin Pedro Arriola el PP estaría mucho mejor, pero la estructura de tensiones que existe en el partido desde lo de Valencia-Bulgaria impide cualquier cambio, por qué sería interpretado como un gesto simbólico para la sucesión. A los delfines les interesa el fracaso de Mariano Rajoy, pero no a los españoles y ya está bien que prevalezcan más los intereses de su partido sobre los de la Historia de España.

¿Qué debe hacer Mariano Rajoy, como líder del PP?, muy sencillo quitarse a Arriola de encima y nombrar un equipo de tecnócratas del asunto, dirigidos por alguien con criterio y conocimiento como Costa, pero con un equipo colegiado, de expertos en propaganda y publicidad, sociología electoral y marketing político, auténticos estrategas que se conozcan las tácticas que está usando el PSOE para triunfar en las elecciones y las neutralicen con otras similares, golpe por golpe, ojo por ojo.

¿Qué mensaje debe emitir el PP? Sencillamente el contrario al PSOE de la disgregación y el desencuentro de los españoles. De forma resumida, hemos llegado hasta aquí, no estamos bien, vamos a dejarnos de buscar culpables –que los hay- y vamos a mirar al futuro, que nos queda mucho trabajo por delante con la crisis que nunca existió y los cinco millones de parados que tenemos por delante.

¿Qué contrapropaganda debe emitir el PP?, ninguna, no es necesario, debe jugar el papel del torero sabio, pases largos al PSOE, sin lucimientos ni veleidades y dejar que el manso se desangre con la acción del picador y los banderilleros –los medios de comunicación-, eso sí, al final de la campaña, con la estocada bien ensayada, esperar a que el toro junte las manos y no fallar en la suerte. A Zapatero ni nombrarlo, porque el mejor desprecio es no hacer aprecio. Esta vez se trata del PSOE, no de Zapatero, ¿entendido?

¿Algo más?, pues sí, que Mariano se quite la corbata y lleve la camisa sudada con unos buenos manchones bajo los alerones, para que parezca más humano, contando algunas anécdotas personales, utilizando la metáfora y la alegoría, y si es necesario algún refrán o chascarrillo castizo; ya se lo advertimos en las pasadas elecciones generales, no nos hizo ni puñetero caso, y así le fue. Todo aderezado con un discurso respetuoso y culto dedicado a los ciudadanos de este país que están hartos de que el imbécil de las cejas les considere idiotas. Un poquito de Manolo Escobar y Rock sinfónico, por aquello del retroprogresismo, tampoco sobra.

Y ya está, el PP de Mariano Rajoy, con los trajes de Camps y la mierda de los vídeos del PSOE, ya tiene ganadas las elecciones.

Que conste que lo hago por mi país, España, no por el PP, pero es que si vuelve a ganar el PSOE estamos perdidos, y para que este país no se quede sin futuro es necesario que gane el PP, luego ya veremos.


Jean Le Non

Arriola, deja que el PP sea de los españoles, imbécil

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