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martes, 16 de diciembre de 2008
lunes, 15 de diciembre de 2008
Las Ratas y la Crisis
TEXTO: Con esto de la crisis ni siquiera la basura tiene la misma calidad que antes / Sí, esta mierda no está nada buena
Blog: dibujandolacrisis.blogspot.com
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La deshumanización: una estrategia política

Resulta fascinante escuchar las declaraciones hostiles de los partidos de izquierdas contra el capitalismo, cuando viven magníficamente en su seno. Sin un sistema de mercado, con economías centralizadas y estatalizadas, ningún gobierno socialista ha sido capaz de generar recursos suficientes para que sus gobernados sobrevivan con cierta dignidad, a pesar de haber reducido siempre su libertad a la más mínima expresión.
Sin embargo, los socialistas critican al capitalismo como un movimiento criminal y deshumanizador, mientras que desde el capitalismo se dice exactamente lo contrario: se considera que el socialismo es la causa de todos los males. En mi criterio, ambos son extraordinariamente perjudiciales para el ser humano, si no se controlan exhaustivamente, sin interrupción.
Las políticas socialdemócratas –"el socialismo en el capitalismo"-, sólo sobreviven y destacan en lugares donde el capitalismo se desarrolla libremente. Teóricamente, se ocupan de la redistribución de la riqueza, sin pararse a valorar de donde proviene su obtención -los socialistas, son grandes conumidores capitalistas de los recursos producidos por todos-.
Pero en realidad, el socialismo también procura riqueza, aunque de forma sectaria, restringiéndola exclusivamente a sus “nomenclaturas” –los privilegiados del partido y afines-. Nadie que no sea socialista ha progresado jamás bajo un gobierno socialista, más bien, los detractores del colectivismo siempre han salido perjudicados. Aunque al socialismo le gusta hablar siempre más de pobreza, en el anímo de acostumbrarnos a todos a que nos consideremos ricos por saber no desear, más que por poseer, algo muy cristiano, por cierto.
En relación a la riqueza, el socialismo lo único que hace es sustituir a los empresarios capitalistas por empresarios socialistas, y desvíar privilegios en función del victimismo histórico y no del mérito actual. Se puede demostrar fácilmente cuando se observa que la proporción entre ricos y pobres, en nuestro país, por ejemplo, ha permanecido exactamente igual desde la época de la transición política. La estructura social no ha cambiado, lo que ha cambiado es la renta per cápita –gracias a la incorporación de España a Europa, fundamentalmente-, por eso hay menos pobres, pero sigue habiendo los mismos ricos –eso sí, un buen porcentaje de ellos hoy son hoy socialistas-.
Pobres hay los mismos en nuestro país, aunque son menos pobres, eso sí, porque España ha mejorado en su conjunto a pesar de la política, pero la proporción de pobreza es la misma: el 20 % de los españoles son pobres ahora y eran pobres en 1978. ¿Qué ha hecho el socialismo en 30 años para resolver la pobreza?: nada.
El socialismo, al igual que el capitalismo, son movimientos materialistas –buscan beneficios materiales- y deshumanizadores – lo hacen a costa de deshumanizar al ser humano-. A ninguno de los dos les interesa el ser humano, sino lo que pueden extraer de él.
El capitalismo convierte a los ciudadanos en instrumentos del mercado, en productores y consumidores, reduciendo la consideración del ser humano al “tanto posees, tanto vales”. El capitalismo convierte el trabajo en una mercancía más, al igual que la tierra, y el dinero. El sistema de mercado no busca el bienestar del ser humano, sino la plusvalía que pueda extraer de su anulación como tal ser humano. Porque los beneficios del capitalismo provienen de la destrucción de lo humano.
Aunque tal vez, sea aún menos dañino que el socialismo, porque se limita a quitar de tu vida el trabajo (lo que produces), pero te permite hacer “lo que quieras” con el tiempo que te sobre (evidentemente, siempre que dediques buena parte de tus recursos al consumo). El socialismo no es mejor, destruye la identidad de los seres humanos convirtiéndolos en elementos de sus clasificaciones y taxonomías: usuarios, clientes, contribuyentes, votantes, o ciudadanos. Al anular la identidad de los seres humanos se produce una alienación similar a la que provoca el capitalismo: “tanto has dejado de ser, tanto vales”. Valora al ser humano en cuanto se desposee de su libertad, como el capitalismo lo valora en tanto que produce y consume.
Son buenos ciudadanos los que entregan al Estado –y al gobierno- lo mejor de sí mismos, es decir todo, al igual que en el Capitalismo se lo entregan al Mercado; pero los socialistas mienten, cuando enarbolan la frase: “el bienestar colectivo antes que el individual”, mientras que la realidad es que los políticos socialistas obtienen su bienestar individual proclamando que promueven el bienestar colectivo, en la falacia mayor de la historia de los seres humanos, de la misma magnitud al menos que las soflamas del capitalismo: “por el consumo hacia la libertad”.
Los políticos socialistas mienten, porque presumiendo de procurar la igualdad social, no la han conseguido jamás, salvo en cotas de pobreza como la de Cuba, China, o la extinta Unión Soviética. La igualdad se va produciendo realmente porque los países incrementan su riqueza con el paso de los años –en un sistema capitalista, nunca en un sistema socialista- y los pobres son menos pobres cada día.
Los pobres de hoy, habrían sido ricos ayer, aunque no hubiera habido jamás un gobierno socialista en España. Eso es el progreso, el paso del tiempo, y la mejoría de las circunstancias generales, especialmente la organización y la técnica, porque la gente cada día produce más y mejor, y consume más y peor, no porque el socialismo haya hecho justicia social. Precisamente los únicos países que no progresan son los socialistas, los que abjuran del capitalismo, como se ha visto a lo largo de la historia reciente.
El capitalismo actúa con más sinceridad, directamente nos dice: “voy a explotaros, procurad sacar algún beneficio”. Pero el socialismo nos miente: “voy a luchar contra vuestra explotación”, cuando realmente está obligado a explotarnos más cada día, y evidentemente lo hace, porque el crecimiento del "Estado benefactor" cada día necesita más servidumbres. Los sindicatos, que también se benefician del socialismo y el capitalismo, procuran que esta verdad no se sepa jamás, para seguir viviendo sus dirigentes sin dar palo al agua a costa de los demás. El movimiento sindical actual en España es la mayor colección de parásitos que ha habido en nuestra historia próxima.
La propaganda en el socialismo cumple la función de la publicidad en el capitalismo, ambas buscan el consumo. El socialismo busca fieles a sus ideas, como las religiones, mientras que el capitalismo busca actividad comercial, compradores, consumidores, fieles de la ley de la oferta y la demanda. Ni el capitalismo, ni el socialismo respetan al ser humano, y nada les importa su destino sino es en función de lo que le puedan extraer a lo largo del tiempo, mediante la explotación –capitalismo- o el expolio –socialismo-.
El ser humano, nunca ha estado más alienado que en los tiempos actuales, nunca ha sido tan despojado de su esencia, para convertirlo en un instrumento existencial al servicio del poder económico y político. Que más da que se disfrute de toda la información y la comunicación, si la información no se puede comer, y además está absolutamente intoxicada desde el poder, que controla los medios de comunicación.
El futuro pasará por que los seres humanos recobremos nuestra soberanía existencial, nuestra humanidad que es lo esencial y que se construye con unas cuantas cosas: un criterio, voluntad, la propiedad sobre nuestra vida, la libertad, un marco ético, un sistema justo, una relación armónica con el medio y con los demás, y mucha menos intromisión incrustada en nuestras vidas, sea en forma económica -capitalismo- o política -socialismo-.
El primer paso para el cambio, es saber que es lo que nos beneficia y nos perjudica, erradicando de nuestras vidas a los que se aprovechan y benefician de nuestro deterioro humano, a los explotadores y los expoliadores. La política ya no es un instrumento beneficioso a nuestro servicio, sino una herramienta que sirve a los políticos para explotarnos –económicamente- y expoliarnos –políticamente-.
La próxima revolución requiere la recuperación de la soberanía individual de los seres humanos, ante capitalistas y socialistas, que serán limitados en sus atribuciones. O lo conseguimos, o nos convertirán en sus esclavos.
Biante de Priena
Sin embargo, los socialistas critican al capitalismo como un movimiento criminal y deshumanizador, mientras que desde el capitalismo se dice exactamente lo contrario: se considera que el socialismo es la causa de todos los males. En mi criterio, ambos son extraordinariamente perjudiciales para el ser humano, si no se controlan exhaustivamente, sin interrupción.
Las políticas socialdemócratas –"el socialismo en el capitalismo"-, sólo sobreviven y destacan en lugares donde el capitalismo se desarrolla libremente. Teóricamente, se ocupan de la redistribución de la riqueza, sin pararse a valorar de donde proviene su obtención -los socialistas, son grandes conumidores capitalistas de los recursos producidos por todos-.
Pero en realidad, el socialismo también procura riqueza, aunque de forma sectaria, restringiéndola exclusivamente a sus “nomenclaturas” –los privilegiados del partido y afines-. Nadie que no sea socialista ha progresado jamás bajo un gobierno socialista, más bien, los detractores del colectivismo siempre han salido perjudicados. Aunque al socialismo le gusta hablar siempre más de pobreza, en el anímo de acostumbrarnos a todos a que nos consideremos ricos por saber no desear, más que por poseer, algo muy cristiano, por cierto.
En relación a la riqueza, el socialismo lo único que hace es sustituir a los empresarios capitalistas por empresarios socialistas, y desvíar privilegios en función del victimismo histórico y no del mérito actual. Se puede demostrar fácilmente cuando se observa que la proporción entre ricos y pobres, en nuestro país, por ejemplo, ha permanecido exactamente igual desde la época de la transición política. La estructura social no ha cambiado, lo que ha cambiado es la renta per cápita –gracias a la incorporación de España a Europa, fundamentalmente-, por eso hay menos pobres, pero sigue habiendo los mismos ricos –eso sí, un buen porcentaje de ellos hoy son hoy socialistas-.
Pobres hay los mismos en nuestro país, aunque son menos pobres, eso sí, porque España ha mejorado en su conjunto a pesar de la política, pero la proporción de pobreza es la misma: el 20 % de los españoles son pobres ahora y eran pobres en 1978. ¿Qué ha hecho el socialismo en 30 años para resolver la pobreza?: nada.
El socialismo, al igual que el capitalismo, son movimientos materialistas –buscan beneficios materiales- y deshumanizadores – lo hacen a costa de deshumanizar al ser humano-. A ninguno de los dos les interesa el ser humano, sino lo que pueden extraer de él.
El capitalismo convierte a los ciudadanos en instrumentos del mercado, en productores y consumidores, reduciendo la consideración del ser humano al “tanto posees, tanto vales”. El capitalismo convierte el trabajo en una mercancía más, al igual que la tierra, y el dinero. El sistema de mercado no busca el bienestar del ser humano, sino la plusvalía que pueda extraer de su anulación como tal ser humano. Porque los beneficios del capitalismo provienen de la destrucción de lo humano.
Aunque tal vez, sea aún menos dañino que el socialismo, porque se limita a quitar de tu vida el trabajo (lo que produces), pero te permite hacer “lo que quieras” con el tiempo que te sobre (evidentemente, siempre que dediques buena parte de tus recursos al consumo). El socialismo no es mejor, destruye la identidad de los seres humanos convirtiéndolos en elementos de sus clasificaciones y taxonomías: usuarios, clientes, contribuyentes, votantes, o ciudadanos. Al anular la identidad de los seres humanos se produce una alienación similar a la que provoca el capitalismo: “tanto has dejado de ser, tanto vales”. Valora al ser humano en cuanto se desposee de su libertad, como el capitalismo lo valora en tanto que produce y consume.
Son buenos ciudadanos los que entregan al Estado –y al gobierno- lo mejor de sí mismos, es decir todo, al igual que en el Capitalismo se lo entregan al Mercado; pero los socialistas mienten, cuando enarbolan la frase: “el bienestar colectivo antes que el individual”, mientras que la realidad es que los políticos socialistas obtienen su bienestar individual proclamando que promueven el bienestar colectivo, en la falacia mayor de la historia de los seres humanos, de la misma magnitud al menos que las soflamas del capitalismo: “por el consumo hacia la libertad”.
Los políticos socialistas mienten, porque presumiendo de procurar la igualdad social, no la han conseguido jamás, salvo en cotas de pobreza como la de Cuba, China, o la extinta Unión Soviética. La igualdad se va produciendo realmente porque los países incrementan su riqueza con el paso de los años –en un sistema capitalista, nunca en un sistema socialista- y los pobres son menos pobres cada día.
Los pobres de hoy, habrían sido ricos ayer, aunque no hubiera habido jamás un gobierno socialista en España. Eso es el progreso, el paso del tiempo, y la mejoría de las circunstancias generales, especialmente la organización y la técnica, porque la gente cada día produce más y mejor, y consume más y peor, no porque el socialismo haya hecho justicia social. Precisamente los únicos países que no progresan son los socialistas, los que abjuran del capitalismo, como se ha visto a lo largo de la historia reciente.
El capitalismo actúa con más sinceridad, directamente nos dice: “voy a explotaros, procurad sacar algún beneficio”. Pero el socialismo nos miente: “voy a luchar contra vuestra explotación”, cuando realmente está obligado a explotarnos más cada día, y evidentemente lo hace, porque el crecimiento del "Estado benefactor" cada día necesita más servidumbres. Los sindicatos, que también se benefician del socialismo y el capitalismo, procuran que esta verdad no se sepa jamás, para seguir viviendo sus dirigentes sin dar palo al agua a costa de los demás. El movimiento sindical actual en España es la mayor colección de parásitos que ha habido en nuestra historia próxima.
La propaganda en el socialismo cumple la función de la publicidad en el capitalismo, ambas buscan el consumo. El socialismo busca fieles a sus ideas, como las religiones, mientras que el capitalismo busca actividad comercial, compradores, consumidores, fieles de la ley de la oferta y la demanda. Ni el capitalismo, ni el socialismo respetan al ser humano, y nada les importa su destino sino es en función de lo que le puedan extraer a lo largo del tiempo, mediante la explotación –capitalismo- o el expolio –socialismo-.
El ser humano, nunca ha estado más alienado que en los tiempos actuales, nunca ha sido tan despojado de su esencia, para convertirlo en un instrumento existencial al servicio del poder económico y político. Que más da que se disfrute de toda la información y la comunicación, si la información no se puede comer, y además está absolutamente intoxicada desde el poder, que controla los medios de comunicación.
El futuro pasará por que los seres humanos recobremos nuestra soberanía existencial, nuestra humanidad que es lo esencial y que se construye con unas cuantas cosas: un criterio, voluntad, la propiedad sobre nuestra vida, la libertad, un marco ético, un sistema justo, una relación armónica con el medio y con los demás, y mucha menos intromisión incrustada en nuestras vidas, sea en forma económica -capitalismo- o política -socialismo-.
El primer paso para el cambio, es saber que es lo que nos beneficia y nos perjudica, erradicando de nuestras vidas a los que se aprovechan y benefician de nuestro deterioro humano, a los explotadores y los expoliadores. La política ya no es un instrumento beneficioso a nuestro servicio, sino una herramienta que sirve a los políticos para explotarnos –económicamente- y expoliarnos –políticamente-.
La próxima revolución requiere la recuperación de la soberanía individual de los seres humanos, ante capitalistas y socialistas, que serán limitados en sus atribuciones. O lo conseguimos, o nos convertirán en sus esclavos.
Biante de Priena
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Capitalismo,
Ciudadanos y Política,
Socialismo
domingo, 14 de diciembre de 2008
La desmesura se cargará la democracia

Viendo las cosas que hace este Gobierno - y que consiente esta oposición- es fácil pensar en que manos se encuentra nuestro futuro. El marco que delimita nuestra existencia y su desarrollo está pletórico de despropósitos, henchido de barbaridades, inflado de decisiones insólitas, orondo de mediocridades.
Si dejamos que el porvenir de este país sea guiado por esta banda de ineptos mucho tiempo más, no habrá reversibilidad posible; antes de que la destrucción del Estado alcance el grado de ruina irresoluble, aunque solo sea por pundonor y salvar las lentajas, algo estamos obligados a hacer, todos, que nadie se escaquee.
¿Pero qué hacer?.
Pues vayamos por partes, lo primero es acabar con el programa del PSOE-PP de destrucción de lo existente, para crear una nueva realidad, porque toca la España 2.0, que a saber que es.
Nos están cambiando discretamente la libertad por un redil, y eso nos lleva a una nueva pregunta: ¿por qué permitimos que nos traten como al ganado en vez de cómo ciudadanos que es lo que somos?, ciudadanos dueños del poder soberano de regir nuestro destino, de decidir nuestro futuro, de exigir al Gobierno que se ciña a nuestra Constitución, de plantar cara ante tanta estupidez organizada como estrategia de opresión, y reparto de privilegios. Somos ciudadanos no súbditos, no siervos, no ganado.
El Gobierno ha fracasado y debemos exigir su dimisión por tierra, mar, aire y estratosfera. El Gobierno nos está robando para hacer parcelas culturales a su medida, semilleros electorales con nuestro dinero, y lo estamos permitiendo. El Gobierno, este Gobierno, ha tenido la desfachatez de inmiscuirse en nuestra vida privada, diciendo lo que podemos conocer, lo que tenemos que hacer, y hasta donde tenemos que someternos. Trata como vasallos a los españoles, cuando con la excepción de los once millones de descerebrados que les han apoyado en las urnas, no creo que ni uno más acepte como signo de ciudadanía un yugo, aunque sea en forma de Z.
Sí, un yugo, que imponen desde su sectarismo inmisericorde unos mediocres que en su vida soñaron con alcanzar en la vida normal, en la que todos estamos, el poder que hoy han acumulado. De todos los miembros del Gobierno, salvo una o dos excepciones, todos los ministros, secretarios, consejeros y asesores han hecho su vida dentro de la política, los sindicatos o las asociaciones políticas o politizadas. Son mediocres reconocidos que nunca han destacado en nada en su vida que no tuviera previamente la bendición y el apoyo de la política de sus partidos. En la oposición, en menor grado, no mucho menor, ocurre prácticamente lo mismo. La política se ha llenado de parásitos analfabetos que demuestran su incultura con declaraciones solemnes y decisiones desproporcionadas, que solo conducen al progresivo deterioro de la situación general.
El analfabetismo ocupa la política
El socialismo ha descerebrado este país, porque indigentes intelectuales que no han sido capaces ni de acabar sus estudios, hoy ocupan cargos de consejero en las empresas a las que extorsionan políticamente. Gente sin experiencia alguna, mediocridades ambulantes, están dirigiendo escalas de funcionarios que se han dejado la vida para alcanzar su posición. Incapaces demostrados están marcando objetivos de futuro, cuando no tienen ni puñetera idea ni de que va el presente. Y tanta memez no se puede soportar, nos van a llevar a la ruina, porque además, en la oposición, no hay nadie que ose contravenir el silencio de Rajoy esperando que pase el cadáver del enemigo ante su puerta, porque es incapaz de triunfar compitiendo en unas elecciones. Una nulidad mediocre no puede contraponerse a otra mediocre nulidad, porque se equilibran.
El país funciona de la siguiente forma, aquí de 100 personas teóricamente trabajan 35, el resto son dependientes, pero el problema no es la dependencia de los que lo son, sino la de los que no lo son y se han hecho dependientes gracias al beneficio social de un Gobierno que prefiere hacer del Estado una granja electoral que una empresa productiva o por lo menos que no dé demasiadas pérdidas. Un país subvencionado es un país secuestrado, condenado a la derrota, y la destrucción, sin salida.
El sistema de seguridad social que tenemos en España, gracias a la ineptitud de este Gobierno no puede mantenerse por mucho tiempo, vamos hacia los cuatro millones de parados, siete millones de niños, ocho millones de pensionistas y seis millones de ciudadanos improductivos (estudiantes, amas de casa, trabajadores temporales, contemplativos).
19 millones de españoles tenemos que producir riqueza para que vivan 45 millones, dentro de poco serán 18 millones. De esos 18 millones hay aproximadamente ocho millones de trabajadores dependientes de sectores públicos, que no generan riqueza material, sino riqueza en bienestar, en servicios, etc, que a duras penas puede ser equilibrada, y siempre dará pérdidas.
Por lo tanto hay 10 millones de españoles estamos obligados a tirar del carro, absolutamente explotados, hartos, y desorientados, con una conciencia de fracaso al ver que sólo triunfan los mediocres, con una percepción funesta de la realidad.
Esos 10 millones de españoles (e inmigrantes, por supuesto) es todo el capital humano que tenemos para sacar adelante a 4,5 personas cada uno y además producir para que los políticos sigan repartiendo nuestro dinero a las entidades financieras, a los amigos en apuros, a los pintores de cúpulas, a los titiriteros, a la Alianza de Civilizaciones, a los delirios de todos los ombligos que están en el poder y en sus inmediaciones.
Y mientras pasan los años, y seguimos viendo como el que no pega palo al agua pero tiene carnet de un partido político mejora en sus condiciones de vida y los que nos dejamos la vida en el trabajo cada día vamos peor. Este sistema se cae, y lo único que podemos evitar es que nos caiga encima. No se puede seguir engañando a la gente.
Los diez millones de españoles que trabajan fuera del Estado en este país son los que producen la mayor parte de los ingresos para que todos los demás puedan vivir como viven, muchos de ellos son autónomos. Evidentemente, su decisión, no puede pesar lo mismo que la de los que no han pegado palo al agua en su vida, o la democracia se irá a la mierda.
La democracia, como la ley, es un sistema que funciona con libertad e igualdad para todos, pero fundamentalmente con justicia, sino se convierte en un instrumento de impostura. En este país no todo el mundo disfruta de las mismas condiciones, los privilegiados se concentran alrededor de la política y los sindicatos, y los desfavorecidos, explotados, y ninguneados, fuera del poder, cuando son los que hacen posible que el sistema se sostenga. Las cosas tienen que cambiar, y muy pronto, o será demasiado tarde.
Biante de Priena
Si dejamos que el porvenir de este país sea guiado por esta banda de ineptos mucho tiempo más, no habrá reversibilidad posible; antes de que la destrucción del Estado alcance el grado de ruina irresoluble, aunque solo sea por pundonor y salvar las lentajas, algo estamos obligados a hacer, todos, que nadie se escaquee.
¿Pero qué hacer?.
Pues vayamos por partes, lo primero es acabar con el programa del PSOE-PP de destrucción de lo existente, para crear una nueva realidad, porque toca la España 2.0, que a saber que es.
Nos están cambiando discretamente la libertad por un redil, y eso nos lleva a una nueva pregunta: ¿por qué permitimos que nos traten como al ganado en vez de cómo ciudadanos que es lo que somos?, ciudadanos dueños del poder soberano de regir nuestro destino, de decidir nuestro futuro, de exigir al Gobierno que se ciña a nuestra Constitución, de plantar cara ante tanta estupidez organizada como estrategia de opresión, y reparto de privilegios. Somos ciudadanos no súbditos, no siervos, no ganado.
El Gobierno ha fracasado y debemos exigir su dimisión por tierra, mar, aire y estratosfera. El Gobierno nos está robando para hacer parcelas culturales a su medida, semilleros electorales con nuestro dinero, y lo estamos permitiendo. El Gobierno, este Gobierno, ha tenido la desfachatez de inmiscuirse en nuestra vida privada, diciendo lo que podemos conocer, lo que tenemos que hacer, y hasta donde tenemos que someternos. Trata como vasallos a los españoles, cuando con la excepción de los once millones de descerebrados que les han apoyado en las urnas, no creo que ni uno más acepte como signo de ciudadanía un yugo, aunque sea en forma de Z.
Sí, un yugo, que imponen desde su sectarismo inmisericorde unos mediocres que en su vida soñaron con alcanzar en la vida normal, en la que todos estamos, el poder que hoy han acumulado. De todos los miembros del Gobierno, salvo una o dos excepciones, todos los ministros, secretarios, consejeros y asesores han hecho su vida dentro de la política, los sindicatos o las asociaciones políticas o politizadas. Son mediocres reconocidos que nunca han destacado en nada en su vida que no tuviera previamente la bendición y el apoyo de la política de sus partidos. En la oposición, en menor grado, no mucho menor, ocurre prácticamente lo mismo. La política se ha llenado de parásitos analfabetos que demuestran su incultura con declaraciones solemnes y decisiones desproporcionadas, que solo conducen al progresivo deterioro de la situación general.
El analfabetismo ocupa la política
El socialismo ha descerebrado este país, porque indigentes intelectuales que no han sido capaces ni de acabar sus estudios, hoy ocupan cargos de consejero en las empresas a las que extorsionan políticamente. Gente sin experiencia alguna, mediocridades ambulantes, están dirigiendo escalas de funcionarios que se han dejado la vida para alcanzar su posición. Incapaces demostrados están marcando objetivos de futuro, cuando no tienen ni puñetera idea ni de que va el presente. Y tanta memez no se puede soportar, nos van a llevar a la ruina, porque además, en la oposición, no hay nadie que ose contravenir el silencio de Rajoy esperando que pase el cadáver del enemigo ante su puerta, porque es incapaz de triunfar compitiendo en unas elecciones. Una nulidad mediocre no puede contraponerse a otra mediocre nulidad, porque se equilibran.
El país funciona de la siguiente forma, aquí de 100 personas teóricamente trabajan 35, el resto son dependientes, pero el problema no es la dependencia de los que lo son, sino la de los que no lo son y se han hecho dependientes gracias al beneficio social de un Gobierno que prefiere hacer del Estado una granja electoral que una empresa productiva o por lo menos que no dé demasiadas pérdidas. Un país subvencionado es un país secuestrado, condenado a la derrota, y la destrucción, sin salida.
El sistema de seguridad social que tenemos en España, gracias a la ineptitud de este Gobierno no puede mantenerse por mucho tiempo, vamos hacia los cuatro millones de parados, siete millones de niños, ocho millones de pensionistas y seis millones de ciudadanos improductivos (estudiantes, amas de casa, trabajadores temporales, contemplativos).
19 millones de españoles tenemos que producir riqueza para que vivan 45 millones, dentro de poco serán 18 millones. De esos 18 millones hay aproximadamente ocho millones de trabajadores dependientes de sectores públicos, que no generan riqueza material, sino riqueza en bienestar, en servicios, etc, que a duras penas puede ser equilibrada, y siempre dará pérdidas.
Por lo tanto hay 10 millones de españoles estamos obligados a tirar del carro, absolutamente explotados, hartos, y desorientados, con una conciencia de fracaso al ver que sólo triunfan los mediocres, con una percepción funesta de la realidad.
Esos 10 millones de españoles (e inmigrantes, por supuesto) es todo el capital humano que tenemos para sacar adelante a 4,5 personas cada uno y además producir para que los políticos sigan repartiendo nuestro dinero a las entidades financieras, a los amigos en apuros, a los pintores de cúpulas, a los titiriteros, a la Alianza de Civilizaciones, a los delirios de todos los ombligos que están en el poder y en sus inmediaciones.
Y mientras pasan los años, y seguimos viendo como el que no pega palo al agua pero tiene carnet de un partido político mejora en sus condiciones de vida y los que nos dejamos la vida en el trabajo cada día vamos peor. Este sistema se cae, y lo único que podemos evitar es que nos caiga encima. No se puede seguir engañando a la gente.
Los diez millones de españoles que trabajan fuera del Estado en este país son los que producen la mayor parte de los ingresos para que todos los demás puedan vivir como viven, muchos de ellos son autónomos. Evidentemente, su decisión, no puede pesar lo mismo que la de los que no han pegado palo al agua en su vida, o la democracia se irá a la mierda.
La democracia, como la ley, es un sistema que funciona con libertad e igualdad para todos, pero fundamentalmente con justicia, sino se convierte en un instrumento de impostura. En este país no todo el mundo disfruta de las mismas condiciones, los privilegiados se concentran alrededor de la política y los sindicatos, y los desfavorecidos, explotados, y ninguneados, fuera del poder, cuando son los que hacen posible que el sistema se sostenga. Las cosas tienen que cambiar, y muy pronto, o será demasiado tarde.
Biante de Priena
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