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sábado, 12 de julio de 2008

Zapatero declara la guerra a Marruecos

Este verano de terracita próxima y ventilador que nos espera con la “no crisis”, va a incrementar la creatividad proporcionalmente al cabreo de los ciudadanos, más atentos que de costumbre por estas fechas al devenir de la descomposición del Estado, a la evolución del régimen amorfo, zafio y vacuo de Rodríguez Zapatero.

Quizás fueran los gobernantes chinos los primeros que tomaron conciencia del peligro que suponía tener desocupada a la gente, por eso construyeron grandes obras de regadío. Los babilonios también hicieron prácticamente lo mismo, aunque comenzaron las grandes construcciones públicas como jardines, palacios y murallas para mantener a sus pueblos entretenidos, y emprendieron contiendas próximas con sus vecinos para lo mismo. Los egipcios construyeron las grandes pirámides, gracias a su economía agrícola de aluvión.

Los griegos, grandes innovadores, se dedicaron a conquistar a otros pueblos próximos y a pelearse entre ellos, incorporando los intercambios y la comercialización como una nueva fuente de riqueza. Los romanos sabían que no se podía tener al pueblo en “crisis permanente” por eso repartían circo y pan, entre campañas de expansión. La “pax romana” era más una necesidad coyuntural que una propuesta ingeniosa.

Se hacía la guerra para mantener a la gente ocupada, y de paso se conquistaba el mundo para que los romanos vivieran mejor a costa de los demás. El pan del circo, (representación del “maná” bíblico), la persecución de los cristianos, las campañas contra los galos, y los chismes de palacio les mantenían tranquilos. El desempleo entre campañas en la antigua Roma pasaba en ocasiones del 50 % de la población, y cuando el hambre crecía, los conflictos también.

La historia de Europa, se comprende mucho mejor desde la “hipótesis de las necesidades” que desde las de los grandes personajes, que es como nos la han contado. España es Europa desde hace siglos, aunque en ocasiones no lo parezca.

Los problemas de la crisis actual provienen en mi opinión, de la hegemonía del capitalismo tras la caída del Muro de Berlín. Tener enemigos siempre ha sido rentable económicamente, un dinamizador que ha procurado progreso hasta nuestros días. Sólo países muy evolucionados como los nórdicos o Suiza, se pueden permitir el lujo evolutivo de vivir en paz y crecer al mismo tiempo, por su tecno-organización avanzada. Francia, Alemania, Italia, Japón o Reino Unido también lo pueden hacer, pero con más dificultad.

Sin embargo, España, no está en esa categoría de países que puedan vivir sin grandes conflictos, y al mismo tiempo seguir creciendo económicamente, por mucho que se empeñe el nuevo “príncipe de la paz”. Nuestro país necesita conflictos, porque todavía está haciéndose democráticamente hablando. De ahí se deriva la pugna interior con los nacionalismos, la próxima persecución de los inmigrantes, y la crispación de la legislatura anterior entre el PSOE y el PP.

La conflictividad interna de un país se reduce cuando se incrementa la externa. Independientemente de los criterios morales, y desde el pragmatismo y la inteligencia, el envío de tropas a Irak que hizo el presidente Aznar era una opción que podía garantizar la paz interior en España, y llevaría a nuestro país al grupo G-8 de cabeza. La medida era de libro. Pero no fue así, ¿por qué?.

Una parte de los ciudadanos de este país se rebelaron contra la decisión política de su presidente, precisamente los que hoy se benefician política y económicamente de haberlo hecho, con Rodríguez Zapatero en la cabeza de la manifestación. El cambio de orientación de nuestra política exterior, nos ha llevado de ser un país de cola de las democracias avanzadas, a ser líder de los regímenes no democráticos de Latinoamérica, y un potencial alíado de los países árabes, sin embargo, el petróleo nos cuesta lo mismo que a los que invadieron Irak y Afganistán, porque el mercado no distingue buenos de malos, sino clientes y productores.

El problema de la política exterior de Zapatero es que no tiene salida hacia arriba y sólo nos puede hundir en la miseria. Cuando la crisis apriete las costuras, cuando la realidad nos asfixie lentamente, cuando la riqueza que dejó el gobierno de Aznar se haya dilapidado por completo y no quede de donde tirar, al Gobierno que esté en La Moncloa sólo le quedarán dos alternativas, el conflicto interno en proporciones desconocidas, no hablo de guerra, no creo que seamos tan brutos, o el conflicto externo, y aquí no me resisto a decir que nuestro “gran amigo” Marruecos es el principal candidato a recibir las iras de los españoles que no tienen que comer.

Ceuta y Melilla puede ser la chispa necesaria, porque en España se ha acumulado suficiente ira, y ahora sólo falta la miseria que nos traerá la crisis económica, para que ocurran tres cosas: un conflicto interior, un conflicto exterior (Marruecos está en el punto de mira), o una revolución que decapite el régimen de Zapatero, con cárcel o exilio para los que hoy detentan el poder.

Algunos pensarán que exagero o ironizo, tal vez sea así, o tal vez no.
El tiempo, que es el único juez implacable, me dará o quitará la razón. Hay que esperar. La historia, lamentablemente, se equivoca menos que los imbéciles inconscientes. Se imaginan ustedes el titular: “Zapatero declara la guerra a Marruecos”.

Erasmo de Salinas

viernes, 11 de julio de 2008

Money, Money:Titiriters chupópters, inducumantads y cagons no saban ni lu ca firman.


Com Mamunçi,
LuZ Casal tiene muy pocas luZes,

Los españoles y su lengua

A propósito del Manifiesto por una Lengua Común de Fernando Savater y su círculo

Algo ha logrado el "Manifiesto por la Lengua Común" promovido por el "círculo Savater" y UPD, apoyado por El Mundo, Libertad Digital, Hazte Oír, La Razón, y el PP, algún socialista aislado y numerosos ciudadanos anónimos, al menos ha conseguido señalar la realidad con el dedo de la razón, y los caníbales nacionalistas y progresistas casi se lo comen de un bocado.

Hay gente que se aparta del Manifiesto tras haberlo firmado, Gamoneda, Luz Casal, tal vez Marina, por la politización que ha ido adquiriendo. Parece que la realidad de sumisión del castellano en las comunidades donde se hablan otras lenguas, no haya tenido su origen e interés en la política de consolidación nacionalista.

Medrados charnegos en Cataluña, como Montilla y Chacón, han tratado rápidamente de boicotear la iniciativa, mostrando que su defensa del catalanismo no admite dudas, y es más furibunda incluso que la de los nacionalistas radicales, pero esto no es política, es costumbre de conversos o marranos.

El mismo Fernando Savater en un artículo publicado hoy mismo en El País, titulado "Ciudadanía y Lengua Común", advierte de la concomitancia de muchos de los impulsores iniciales del manifiesto con los promotores de la asignatura Educación para la Ciudadanía, aprovechando para establecer común causa de ambas propuestas sociales, pero esto tampoco es política.

Hoy mismo, he leído un comentario jocoso de uno de nuestros lectores diciendo que "alguien que había escrito su obra en gallego como el Premio Nóbel Camilo José Cela..."; Cela defendió el gallego como Alarcos Llorach defendió el asturiano, Axular el vasco, o Josep Pla el catalán, con criterio y conocimiento.

La gran obra de Cela está escrita exclusivamente en castellano, pero en El País de 21-XII-2006, tras reconocer que salvo una carta y el discurso de entrada en la RAG escritos en gallego poca cosa más de Cela había en esta lengua, el editor Alvarellos, decía lo siguiente: "Una parte de Cela decidía acercarse a Galicia" (sic), pero esto tampoco es política.

¿Qué no es política?

La lengua no es política, es cultura, y las culturas no compiten salvo que estén en guerra encubierta (que es precisamente lo que ocurre en España), pero señor Savater se le olvida a usted -una vez más- lo más importante, que la cultura no puede provenir de la política, sino al contrario, es la política la que deriva siempre y en cualquier circunstancia de la cultura, al igual que la lengua.

Por esa razón no he firmado su manifiesto, porque entre todos los intelectuales, frikis, y anónimos que lo han firmado, todavía no he escuchado a ninguno decir algo tan sencillo como que la política no puede establecer ni la cultura, ni la lengua, ni el curso de la vida de los seres humanos. Y no lo han dicho porque ustedes no conciben la cultura como algo que pertenece por derecho a los individuos, o al agregado de ciudadanos que deciden expresarse en libertad, sino a un conglomerado amorfo de gente que es la sociedad.

Porque ustedes no consideran que los individuos tomados de uno en uno tengan libertad y derechos por ser ciudadanos de un Estado democrático, sino que consideran que es el Estado el único con capacidad de otorgar, delimitar y decidir que derechos y libertades deben tener los ciudadanos. Y no es así, precisamente, lo que se establece en nuestra Constitución.

El "círculo de Savater" quiere hurtar a los ciudadanos su libertad de elegir y decidir, olvidando que para que haya libertad al menos tiene que haber dos alternativas, que en el caso de la lengua, por ejemplo, se ha conculcado en las comunidades que han sometido al castellano hasta excluirlo de las instituciones por intereses exclusivamente políticos, organizando la formación educativa en la lengua que beneficia a sus intereses. Pero esto parece que tampoco es política.

El señor Savater quiere hacer una finta intelectual obviando que ha sido el Estado en su representación autonómica, en manos de los nacionalistas, los socialistas y los populares, el que ha permitido el sometimiento del castellano, su acoso y maltrato, en plena impunidad. Si hoy el idioma español ha desaparecido de la educación infantil en algunas comunidades españolas es gracias a la política, pero promover una rectificación política de un error del Estado en manos de unos políticos irresponsables, no resuelve el problema.

Porque el problema no se soluciona con promocionar cuidados paliativos a una lengua que está plenamente viva en el mundo hispano, sino en erradicar a los parásitos que la asolan y asedian, que la censuran, que la reprimen, que la amputan, que la secuestran y eliminan por eutanasia, porque les interesa a sus finalidades políticas.

La lengua nada tiene que ver con la política, ni con el Estado; no es el Estado el que debe imponer ninguna lengua, porque somos los ciudadanos los que tenemos el derecho de establecer que lengua debe ser la del Estado, y lo hemos hecho en la Constitución de 1978.

El problema es que el Estado español, tanto a nivel nacional, como a nivel autonómico, en manos de los políticos irresponsables y papanatas, ha traicionado y traiciona los fundamentos de la democracia al no respetar lo establecido por la Constitución española de 1978, es decir, lo que hemos establecido los ciudadanos libremente.


La traición como política


El problema es mucho más grave que lo que se puede constatar en relación a nuestro idioma, porque se ha subvertido por la política el orden establecido por el pueblo, por los ciudadanos si lo prefiere. Los políticos se han pasado por el forro nuestra Constitución, y lo siguen haciendo cada día en plena impunidad.

Ese es el problema que tenemos los ciudadanos de este país, los españoles, que ya no vivimos en un Estado de Derecho, que la Constitución ya no garantiza nada, que los políticos hacen lo que les da la gana en relación a sus propios intereses, contra los de los ciudadanos.

Por eso no he firmado su manifiesto, porque es una trampa que impide la solución legítima de nuestros problemas, tratando de implantar un apósito en una hemorragia incoercible, en un acto estético y simbólico que les permita a usted y a otros lavar su conciencia, para promover una muerte digna del español en las comunidades bilingües, para que no se diga que no lo intentaron.

A los de la izquierda se les ha ido la mano en el asunto, y algunos de los firmantes del Manifiesto, representantes de la izquierda más racional, saben que esa es la situación que estamos viviendo en España y tratan de rectificar el error progresista.

Pero resulta patético verle a usted y a otros defender la misma España que defiende Rodríguez Zapatero, pero corregida y matizada, por eso el que suscribe este artículo no ha firmado el Manifiesto, ni lo firmará, porque en realidad la única pretensión del mismo es eliminar las estridencias más impopulares para seguir implantando la sumisión inconstitucional de España a los intereses del modelo Estatal de eliminación de las libertades individuales, entre otras, la de poder elegir el idioma en el que queramos expresarnos los españoles en cualquier lugar de nuestra nación, y teniendo las instituciones del Estado a nuestro servicio, y no la tergiversación de que los ciudadanos estemos al servicio de las instituciones del Estado.

Piden ustedes tolerancia para el español, cuando en realidad somos los españoles los que hemos decidido que la comunicación en nuestro idioma es un derecho inalienable de cada uno de los ciudadanos españoles, y el Estado, lo único que tiene que hacer es garantizar su vigencia y permanencia, nada más, pero no lo hace, se opone ilegítimamente a reconocer nuestros derechos.

El idioma español no tiene un problema político, señor Savater, son los políticos irresponsables y traidores a nuestra Constitución, los que tienen un problema con el idioma español, y los ciudadanos de este país no tenemos ningún problema con la lengua castellana, sino con los políticos que no respetan nuestra Carta Magna, y desde la más absoluta tiranía implantan su criterio en contra de nuestra libertad, derechos, necesidades y bienestar.

Usted quiere salvar a los políticos corruptos, señor Savater, yo quiero que los tribunales de justicia les juzguen, les declaren traidores, y les sentencien a la cárcel o el exilio, que es lo que corresponde. Todavía hay clases y categorías, yo no compadreo con un régimen corrupto, y menos con uno que se ceba en los niños, que son nuestros hijos, para implantar e imponer sus objetivos, con la sumisión del español en las comunidades gobernadas por nacionalistas y socialistas, con la Educación para la Ciudadanía para que el Estado se convierta en única doctrina, con la deshumanización rampante de nuestra existencia, con la renuncia a nuestra Constitución legítima, vigente y legal.

Biante de Priena

jueves, 10 de julio de 2008

La ciudadanía es un grado

Comentario a "La fortaleza vacía" de Biante de Priena

La corrupción de la aristocracia lleva a la oligarquía, y la de la democracia a la demagogia. Y eso es lo que está pasando en España: corrupción en la élite, y degeneración en las masas, como un proceso circular y autorreforzado que lleva al hundimiento de la respública. ¿Por qué se produce este proceso de clausura arriba y aborregamiento abajo que ocasionan la desconexión entre ambos niveles y la putrefacción del sistema?

En los años sesenta del siglo pasado, los efectos del desarrollo europeo, la emigración, el turismo, y las inversiones internacionales produjeron trece años de desarrollo económico, personalización del poder, estabilidad y aborregamiento en el contexto de la dictadura de Franco. En aquellos años, España cambió de raíz su estructura económica y social y sus patrones culturales. Hasta que la crisis internacional de mediados de los setenta, junto a la senilidad y muerte de Franco propiciaron un cambio de régimen tras un período de unos cinco años de desorden y descomposición de la sociedad y el poder.

¿Periodificamos? ¿Trece años de expansión y cinco de descomposición?

En aquella época, los chicos del PCE eran como un plúmbeo enjambre de avispas, incluso para los que éramos antifranquistas pero no muy activistas: queríamos formarnos, estudiar, trabajar, y no aceptábamos subordinar totalmente nuestras prioridades personales a las exigencias de la huelga general política, ni los intereses generales del país al objetivo de paralizar todo para conseguir un cambio de régimen. Así que imagínense cual era el comportamiento predominante en la mayoría de los españoles: iban a lo suyo y no querían meterse en líos. Recuerden, hasta Franco aconsejaba a no sé quién no meterse en política, como hacía él mismo. Entre tanto, Carrillo estaba en Francia, Camacho iba de huelga en cárcel, el clan de la tortilla hacía excursiones campestres, Pujol cantaba en Montserrat y fundaba bancos, y Arzalluz andaba por ahí.

Pero el clima general, en aquellos años, era idealista: se creía en el fin de la utopía, que se encarnaría en la Tierra, unos cuantos se iban de comuna, marijuana, música y amor libre, y salvo incidentes lejanos, como Irak, digo, Vietnam, el mundo iba per lui meme.

Hoy las cosas son algo distintas: parece que estamos terminando el quiquenio dorado que empezó en el 2002, la inmigración mantiene el tirón de la economía, nos vamos a hacer turismo a todos los rincones del mundo, y hasta invertimos en Latinoamérica; Franco no está senil, sino en eterna adolescencia, el plúmbeo enjambre de avispas son los nacionalistas, el Movimiento Nacional todavía está en proceso de configuración, y cuando se produzca el cambio de régimen la opción no será comunismo o democracia, sino implosión o democracia.

Pero los ciclos parecen acortarse: del 60 al 73, frente a del 2002 al 2008, y quizá del 73 al 78 frente a del 2008 al 2011.

Pero siempre, la ciudadanía es un grado: una minoría que genera un movimiento, que genera reuniones (Tívolis, Plataformaspros, ¿Gravinias?), que genera redes, que genera partido. Pero siempre una minoría que se transforma en el grano de mostaza (o en el culo) minúsculo que fermenta la masa inerme, que al fin despierta y apoya un cambio de régimen. Pero los ciudadanos somos ese forúnculo minúsculo que se debe hacer sentir para extender su sensibilidad a los durmientes y generar una élite que encabece el proceso de fermentación. Todavía no lo hemos conseguido, pero en eso estamos. ¿Faltan tres años?

En fin, hoy me he dejado llevar por el relajo de analogías que sugieren, e implican riesgos perceptivos y posibles equivocaciones. Empecé intentando hacer un breve comentario a “La fortaleza vacía”, de Biante, y me salió casi un artículo, aunque dejo para otro día el tema de las exigencias cualitativas, de tipo moral e intelectual, que se derivan del grado de ciudadanía. Ciudadanía es ascenso, no descenso; democracia, no oligarquía; honestidad, no manipulación; creación de nuevos consensos, no cerrazón cerril; enriquecimiento humano, no envilecimiento.

En fin, este casi artículo es una despedida, pues me voy a desconectar hacia el Báltico, aunque este año no es tan atosigante el calor. Hasta la vuelta, que tengan un buen verano.


Luis Bouza-Brey

Este Verano Tampoco Habrá Rebelión en la Granja

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