Algo se cocía días atrás, cuando un Rajoy más antipático y retraído que nunca, en la Cope y a pesar de la insistencia de FJL, le negó el apoyo y la solidaridad a "la cadena de los obispos", como dicen los socialistas y Gallardón, y se limitó, rayando en la descortesía y superando con creces el umbral de la cobardía, a defender genéricamente la libertad de expresión.
La pregunta es: ¿para qué necesita el Sr. Rajoy la libertad de expresión si no la usa?
El espectáculo que está dando el PP en estos días es bastante más desolador que el de los socavones de Bellvitge. Ante el desastre gestor de un gobierno incapaz de administrar unas obras y acosado hasta por sus aliados, Rajoy ofrece paz y consenso; ante los insultos y amenazas de Pepiño, matoncito de barrio del Psoe, Rajoy confirma que la verdad sobre el 11-M nunca le interesó; ante las agresiones guerracivilistas de los aspirantes a asesinos en la manifestación de la plaza San Jaime de Barcelona, Rajoy renuncia a su anteprograma de reforma constitucional; ante la necesidad de darle ánimo a millones de españoles hondamente preocupados por el Socavón Nacional, Rajoy margina más que nunca a Mayor Oreja y a Vidal-Quadras, y permite que el señorito Costa no sólo marque su campaña de centro-izquierda, sino que también le corrija cuando se aleja de la nueva línea Prisa.
Entre los pocos políticos del PP que anteponen el futuro de España a sus miedos y/o ambiciones, sólo Esperanza sigue hablando, porque a ella no la pueden callar, pero es evidente que Rajoy, en ese mar de dudas que le sumerge, está a punto de entregar las armas antes de dar la batalla electoral más importante desde 1977.
Mientras tanto, millones de ciudadanos observan con inquietud y desasosiego la marcha hacia el abismo sin que nadie tome las riendas de la resistencia. Pueden seguir esperando y lamentarse como Casandra, anunciando la derrota final. O pueden intentar hacer algo para que por ellos no quede: por ejemplo, salir de su particular y cómodo armario, expresarse, reaccionar, defenderse y luchar.
Dante Pombo de Alvear
La pregunta es: ¿para qué necesita el Sr. Rajoy la libertad de expresión si no la usa?
El espectáculo que está dando el PP en estos días es bastante más desolador que el de los socavones de Bellvitge. Ante el desastre gestor de un gobierno incapaz de administrar unas obras y acosado hasta por sus aliados, Rajoy ofrece paz y consenso; ante los insultos y amenazas de Pepiño, matoncito de barrio del Psoe, Rajoy confirma que la verdad sobre el 11-M nunca le interesó; ante las agresiones guerracivilistas de los aspirantes a asesinos en la manifestación de la plaza San Jaime de Barcelona, Rajoy renuncia a su anteprograma de reforma constitucional; ante la necesidad de darle ánimo a millones de españoles hondamente preocupados por el Socavón Nacional, Rajoy margina más que nunca a Mayor Oreja y a Vidal-Quadras, y permite que el señorito Costa no sólo marque su campaña de centro-izquierda, sino que también le corrija cuando se aleja de la nueva línea Prisa.
Entre los pocos políticos del PP que anteponen el futuro de España a sus miedos y/o ambiciones, sólo Esperanza sigue hablando, porque a ella no la pueden callar, pero es evidente que Rajoy, en ese mar de dudas que le sumerge, está a punto de entregar las armas antes de dar la batalla electoral más importante desde 1977.
Mientras tanto, millones de ciudadanos observan con inquietud y desasosiego la marcha hacia el abismo sin que nadie tome las riendas de la resistencia. Pueden seguir esperando y lamentarse como Casandra, anunciando la derrota final. O pueden intentar hacer algo para que por ellos no quede: por ejemplo, salir de su particular y cómodo armario, expresarse, reaccionar, defenderse y luchar.
Dante Pombo de Alvear
