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martes, 3 de abril de 2007

La inducción del olvido

Las técnicas de persuasión se han convertido en algo inherente a nuestras vidas. Cada día asistimos a la presencia de numerosas prácticas que tratan de influir en nuestras decisiones. La publicidad y la propaganda, o los discursos de esperanza establecidos desde las creencias ideológicas o religiosas, nos van ahormando a las necesidades del sistema.

De tal forma que nos convertimos en consumidores de productos que algunos han decidido que consumamos, en electores de opciones políticas que nos salvan de la maldad de sus contrarios, en trabajadores no remunerados cuando ponemos gasolina, visitamos una hamburguesería o un supermercado.
El sistema nos clasifica, fija el rango de nuestros objetivos y nos diseca con el aerosol de sus bondades, para que ocupemos el nicho que nos corresponde en el cementerio existencial que se ha organizado con la llegada de la globalización.

Vivimos en el sistema más civilizado que ha habido nunca, según sus mentores. Todos los que quieren representarnos y utilizarnos, nos hablan en sus discursos del bienestar que nos procurarán, cuando en realidad nuestro bienestar habría de proceder de lo que nos quitan, de lo que nos falta, de lo que nos resta, de lo que sustraen de nosotros.

No trato con estas palabras de ensalzar el regreso al mundo feliz de Rousseau y su parábola del buen salvaje, o a la arcadia feliz de los griegos o a otras mitologías que renuncian al progreso, para retornar al paraíso.

Sencillamente reivindico las cosas que nos pueden hacer felices, que con los niveles de productividad y consumo que se exigen actualmente para sobrevivir en nuestra civilización, cada día resulta más difícil alcanzar.

Pero además hay otro peligro añadido, y es que nos estamos olvidando de que nosotros somos los que tenemos que determinar nuestras auténticas necesidades y deseos. Cada día resulta más difícil leer alguna colección de palabras que nos despierte del adormecimiento, ver un programa de televisión interesante que nos haga pensar, una película que invite a la reflexión, o escuchar una melodía "inolvidable".

Si, inolvidable, ese concepto se está reduciendo cada vez más en nuestras vidas, hay una conspiración para asfixiar lo inolvidable, que es precisamente lo que somos, por que la vida sólo es una colección de recuerdos inolvidables, esos momentos culminantes de nuestra existencia que descollan en el escenario de nuestros deseos, ilusiones y sueños. Que nos conducen a la heroicidad extraordinaria de habernos sentido absolutamente humanos y plenos, y haber tomado conciencia de ello.

En esta sociedad que algunos califican de avanzada, estamos condenados a repetir, se nos educa para repetir, como si fuéramos máquinas; todo son protocolos establecidos, actos mecánicos, excelencia organizacional, magníficas rutinas para acortar las dudas y erradicar los errores.

En estas condiciones es necesario un programa conductual para hacernos olvidar, para inducir una amnesia de lo que somos y como somos, para posteriormente obligarnos a renunciar a ser nosotros mismos, y poder someternos a la existencia canalizada que se ha previsto para nosotros.

Si somos buenos, y no ofrecemos resistencia, podremos disfrutar de los logros de nuestro opulento sistema económico que nos permite comer todos los días, dormir bajo techo y contemplar decenas de canales de televisión. Para aviso de reaccionarios, bien se encargan de mostrarnos las pateras, las miserias y las hambrunas de otros lugares.

Quiero reivindicar el derecho a recordar, a tomar conciencia de lo que he sido, para saber quien soy y lo que puedo y espero ser; pero no es posible, si no me excluyo y me aíslo lo suficiente, porque en esta vorágine entusiasta de toma y daca, todos padecemos una extraña enfermedad llamada amnesia. Habrá sido por los golpes que nos han dado en el camino.

Procurar en estas circunstancias el bienestar individual, y por supuesto el colectivo, es un auténtico acto de lucha por la libertad.

Hago una última recomendación, recordemos permanentemente lo que somos, para saber lo que realmente queremos, y no solo lo que quieren de nosotros. Si lo hacemos así, estamos contribuyendo a que algún día las cosas sean diferentes y sin duda mejoren, y si no alcanzamos a verlo, por lo menos preparemos el camino para que los que vengan detrás puedan vivir en un mundo mejor.

Recordar es revolucionario, olvidarse, es la muerte de la existencia libre.


Erasmo de Salinas

domingo, 1 de abril de 2007

Als Ciutadans praguntan: 2007-02




Proyecto ZaZa (20): Ukranian Link

Publicaban en libertad digital lo siguiente: el proyecto estrella de Zapatero en política Exterior gira en torno a la Alianza de Civilizaciones. El propio Gobierno reconocía que poco se había hecho por este plan. Por ello, se han puesto manos a la obra y, este martes, tras un encuentro de expertos, han hecho pública su gran propuesta. Bajo el lema "La imaginación como capital social" y "De la mano del rap como educador", los organizadores anunciaron que "crearemos una red de raperos europeos y latinoamericanos para que eduquen en valores y se conviertan en embajadores de la Alianza de Civilizaciones". También pretenden crear una Alianza local de Civilizaciones, que aglutine territorios como Leganés, Alcorcón, Móstoles o Parla.

Pues bien, hemos encontrado la conexión ucraniana de nuestro presidente en un grupo que se llama como él, ZP, ¡oh cielos!, hemos descubierto la facción ucraniana del proyecto Alianza de las Civilizaciones, ustedes mismo pueden constatarlo si entienden un poquito de ruso. Nos lo temíamos, sabíamos que los soviets andaban detrás de todo esto. ZP es mucho más que un presidente del gobierno, es el nombre de una conspiración internacional organizada desde el Kremlin. Nuestros espías en Kiev seguirán informando.
A la conexión Ucraniana



NI RAZA, NI MAZA, TODO POR LA PAZ(a)

sábado, 31 de marzo de 2007

Als Ciutadans praguntan:



Paraprogresismo: la doctrina de ZP

Una sociedad que no aspira a su máximo desarrollo, es una agrupación de seres humanos sin esperanza, inerte y vacua de contenidos. A lo largo de la historia hemos conocido ejemplos de sociedades agónicas, habitualmente recubiertas de esplendor populista y semiótica trascendental, nos referismos a los absolutismos.

Las ideologías dogmáticas compiten con las religiones en el ámbito de las creencias, con la intención de desplazarlas y sustituirlas. El fascismo y el comunismo son los ejemplos más conocidos, ambos se distinguen en un aspecto fundamental, los fascismos enaltecen al héroe divinizado, los comunismos, al pueblo divinizado. Los fundamentalismos, no emulan nada, son movimientos religiosos en sí mismos.


Todos los movimientos políticos aspiran en la intimidad, aunque no lo expresan públicamente, a implantar su ideologías en la sociedad, por medio de la propaganda y el marketing de sus valores, por las legislaciones que producen, por las prácticas que muestran, por la representación pública de su cultura particular y la presencia mediática de sus líderes. Los progresistas aspiran a implantar avances sociales rápidos, los conservadores avances sociales lentos.

Sin embargo, los avances sociales no se establecen en el vacío, en la tábula rasa, en la hoja en blanco, este es el error que cometen algunos imprudentes políticos de izquierdas; porque no comprenden que la sociedad que tratan de representar y cambiar, se encuentra estructurada con su propia orografía de costumbres y tradiciones. Es cuestión de antropología. Negar la evidencia de partida conduce a numerosos errores y barbaridades políticas.

El paraprogresismo del PSOE

En las sociedades más avanzadas, los partidos ubicados en la izquierda democrática presumen de su lucha por el progreso. El gobierno de Zapatero, y en general la administración gestionada políticamente por el PSOE, quiere vender a la sociedad española su colección de modernidades, y su capacidad de implantar cambios rápidos en nuestra sociedad, por medio del decreto-ley.

Cegados por el poder e insuficientemente preparados para afrontar el gobierno de un país de 45 millones de habitantes, han injertado en nuestra sociedad determinados cambios sociales que responden más a sus necesidades de reafirmación y captación electoral que a la demandas reales de la sociedad española

La gestión política de estos cambios, traerá a la larga numerosos problemas a nuestra sociedad, pero como lo único que importa a los políticos socialistas es quedar bien ante sus futuros electores, entran en la dinámica rupturista con la tradición y la costumbre, por simple estrategia de captación de votantes. No ya con la religión, lo que era de esperar, sino con la política, o la estructura social vigente.

Ni el país está preparado, ni la sociedad española demanda cambios radicales, pero el PSOE se ve obligado a ofertarlos para dotarse de contenido político, ante su incapacidad de hacer precisamente lo que se esperaría de un gobierno de izquierdas, que sería promover la igualdad social, afianzar la igualdad laboral, expandir los derechos existentes, ofreciendo seguridad jurídica a los que cuentan con menos recursos, facilitar el desarrollo independiente de los jóvenes, en temas laborales, de vivienda, de ayudas familiares y sociales; pero también organizar la asistencia de los mayores en términos de calidad de vida y bienestar.

En este país se necesita más una odontología gratuita, una psicología pública, o una plenitud de derechos laborales de los autónomos, que una ley de violencia de género; pero las primeras requieren un esfuerzo político considerable, y no reportan grandes beneficios electorales; mientras que la segunda, establece una organización institucional, una red de feministas defensoras de las ideas de izquierda que se encargarán de hacer proselitismo político favorable a los partidos de izquierda, aunque para ello tenga que promover desigualdades insoportables y discriminaciones inadmisibles que terminarán perjudicando la convivencia en nuestra sociedad.

Con la ley de dependencia, la política de inmigración, las de igualdad jurídica de los homosexuales, las concesiones a los nacionalismos, o las contemplaciones con los terroristas de ETA, ocurre otro tanto de lo mismo. El PSOE busca afianzar su poder anclándose en determinadas bolsas electorales, al precio de su función de granero permanente a sus propuestas políticas.

Asistimos al secuestro económico de grupos electorales importantes dentro de nuestra sociedad, que al ser obligados a la polarización última pierden todo su valor de reivindicación justa para convertirse en movimientos domesticados, al servicio del poder. Evidentemente que se requiere igualdad jurídica en el caso de las mujeres o los homosexuales, pero lo que no se necesita es el apoyo al feminismo, o al gaycismo, porque son movimientos en su mayoría sectarios, y tenemos un presidente que se declara profundamente feminista, si Rajoy dijera que se declaraba profundamente cristiano, seguro que sería criticado por los progres.

El PSOE se está cargando la convivencia de los españoles, con conocimiento de causa. Pretendiendo con sus decisiones políticas causar un impacto social, y un cambio favorable de la mentalidad de los electores de este país hacia sus presupuestos ideológicos. Pero la bolsa de valores nunca ha subido tanto, y la de la compra tampoco, jamás ha habido tanto nepotismo en la administración pública, y los negocios corruptos se expanden como una epidemia. La política de un gobierno, que se autoproclama de izquierdas, debería suponer el contrapunto a los excesos plutocráticos, y sin embargo se ha establecido como su más preciado sostén.

El populismo reaccionario del PP

Decía Marx lo siguiente, y no estaba equivocado:

Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o con su expresión jurídica que son las relaciones de propiedad dentro de las cuales se ha desenvuelto hasta entonces. Con el desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas para el progreso. Abriéndose de esta forma una época de revolución social.

Ante el progreso surge la reacción, pero ante el paraprogreso brota la crispación social. El paraprogresismo del PSOE ha conducido al PP a la toma de la calle, al enfrentamiento permanente, a plantarse ante los desmanes de los socialistas en aras del avance social, a la ruptura de la inercia establecida en la transición política, y a la disolución del consenso en cualquier tema político. La convivencia ciudadana ha alcanzado grados de exasperación y de regresión a etapas conflictivas superadas hace décadas.

Está claro que el PP defiende la tradición y la costumbre en sus políticas, como una fuente de identidad y seguridad ante la realidad existente.

Los socialistas se han olvidado de que la derecha de este país proviene del monopolio de valores, religiosos y políticos, que se forjaron en una dictadura de cuarenta años. No es una derecha moderna, sino que permanece anclada en su burbuja ideológica de nación, religión, y propiedad. Sus acciones políticas son más conservadoras que en otros lugares de Europa, porque va resolviendo sus complejos lentamente, pero de forma paulatina lo ha ido consiguiendo.

No hay una derecha en España que pueda soportar el caso De Juana Chaos, o la libertad de Otegui por dictamen del fiscal impuesto por el PSOE.

La derecha española se ha ido democratizando, al mismo paso que los socialistas han ido abandonando el marxismo. Hasta ahora había progresado adecuadamente, pero con las provocaciones del insigne ZP y el aislamiento político que le ha impuesto como cordón sanitario, nuestra derecha ha vuelto a afianzarse en sus posiciones más dogmáticas, que se pueden resumir en respeto a las tradiciones, la exaltación del nacionalismo español, y la oposición permanente a los cambios sociales, que no resulten imprescindibles.

El terrorismo light de ZP

Zapatero ha tensado la cuerda de la democracia, en una huida hacia delante, ante la incapacidad de abordar los auténticos problemas de la sociedad española, porque no cuenta con capacidad política para acometer la búsqueda de auténticas soluciones.

Sin embargo nos ha llenado de colorido esta legislatura, siguiendo los postulados que Marx estableció para el fetichismo de la mercancía: el presidente Zapatero nos está “vendiendo” progreso, porque es incapaz de conseguir que nuestro país avance socialmente. Socava las estructuras sociales vigentes, en una suerte de terrorismo light de pedrada al sacristán, en domingo de ramos.

En el ámbito internacional, tras la salida de Irak por las bravas, nos ha condenado al ostracismo y al aislamiento; de estar a la cola de los países occidentales, hemos pasado a estar a la cabeza de los movimientos latinoamericanos revolucionarios. Somos el padre Estado, donde fuimos la madre patria.

En el ámbito nacional, no se han logrado transformaciones importantes en la sociedad, más bien al contrario, los problemas que han surgido y van a desarrollarse con los nacionalismos, moderados o extremos, nunca habían sido tan importantes. Tantas concesiones hacen peligrar la identidad española, y eso es algo que no puede tolerarse a ningún político. Pero a la izquierda la nación siempre le ha molestado, y prefiere el estado como argumento.

En el ámbito económico, los ricos cada día se enriquecen más, y los pobres se empobrecen más. El sistema de igualdad social establecido por el PSOE ha conducido en el balance final a una sociedad más acogotada económicamente, con cada vez más sectores dependientes, en la que ya no se respetan ni las legislaciones laborales, y en la que los jóvenes, los mejor preparados de la historia de este país, naufragan cada día en la imposibilidad de alcanzar la independencia de sus padres.

En el ámbito político, jamás se había alcanzado tanta crispación en España a lo largo de los últimos treinta años, ni tras la muerte de Franco. La política de provocación esgrimida contra la derecha, impide cualquier posibilidad de diálogo sobre temas importantes para nuestro país; sobretodo esos temas que cruzan varias legislaturas, y eso la gente lo sabe, y no va a seguir consintiéndolo.

En el ámbito social, los españoles no disfrutan de más recursos en su vida diaria, pero cada día les cuesta más sostener su sistema de vida, y todo por beneficiar a determinados sectores sociales que benefician electoralmente al PSOE. El precio del estancamiento social de todos, para que avancen los que ZP patrocina, que serán los que terminarán votando por él, sin duda.

El paraprogresismo consiste precisamente en vender progreso social, cuando en realidad lo que se hace es patrocinar a los amigos y seguidores, en prejuicio de todos los demás. Es pura apariencia de avance social, muy ajustada a los planteamientos de alguien que cree vivir en el país de las maravillas, donde los cafés cuestan 80 céntimos.

El progresismo de Zapatero es como el cuento de la lechera, pero la vaca la pagamos entre todos, mientras que la leche la reparte entre los suyos, hasta que se rompa el cántaro. Zapatero es un reaccionario camuflado, quiere matar a Franco a disgustos, ahora que lleva más de 30 años muerto y enterrado.

Un héroe antifranquista fuera de plazo, que funciona con el chip de rehabilitar la memoria histórica, necesita someter a su pueblo a una colección de hazañas y genialidades, para ser recordado eternamente, aunque sea por sus errores y el rechazo de su pueblo. Al final, este antimaquiavelo de la política lo logrará, será recordado y aborrecido por todos.


Biante de Priena

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