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sábado, 31 de marzo de 2007

Proyecto ZaZa (19): Así ven a ZP en la RAI


Recuperamos el viejo proyecto ZaZa con este vídeo que nos remite nuestro corresponsal en Palermo, Giancarlo Rossetti, en el que se puede observar a nuestro eximio presidente del gobierno congraciándose con los ciudadanos y las ciudadanas de Italia, para convencerles de que el futuro pasa inexcusablemente por la Alianza de las Civilizaciones civilizadas de los civilizados civiles cívicos. Una gran propuesta que introducirá las ideas magníficas del ínclito sujeto en las crónicas épicas del sufrimiento popular, nacional e internacional.

NI RAZA, NI MAZA, TODO POR LA PAZ(a)

Gracias Hereje!

jueves, 29 de marzo de 2007

Hijos de Babel

La evolución también ha alcanzado la comunicación humana. El acto de comunicarse cada día resulta más fácil gracias a los avances técnicos, pero sin embargo, el proceso de comunicarse cada día resulta más complejo, por un problema básico del lenguaje, que solo permite transferir conocimientos, pero tiene enormes dificultades para transmitir todo lo relacionado con las emociones.

Hoy está suficientemente aclarado que la biología no define lo esencial de nuestra especie. Desde que Darwin erradicó la mano de Dios de la evolución humana, nos hemos hecho cada día más dueños de nuestra existencia, aunque esto no quiere decir que seamos demasiado conscientes y responsables, en cuanto a muchas de las pautas por las que discurre nuestra vida.


Somos seres culturales, que disponemos de la capacidad de comunicarnos, lo que posiblemente ha contribuido más que ninguna otra cualidad humana a la transformación del mundo que habitamos.

Foucault, entre otros autores reconocidos, explicó la futilidad de las convenciones lingüísticas para comprender o explicar las cosas de la vida y el mundo. Mac Luhan nos dijo que en esta aldea global, el medio era el mensaje. Chomsky descubrió los conceptos de la gramática generativa.

El lenguaje es relativo a la cultura, eso se conoce bien desde la antropología. ¿Cómo explicarle a un bantú que habita en una aldea africana los problemas de tráfico que hay en Madrid?. Tendremos las mismas dificultades que a él le asaltarían, si se propusiera explicarnos por que sus rituales espantan a los demonios.

El lenguaje es pura convención, aunque estamos convencidos de su utilidad, no acabamos de comprender correctamente su relatividad. Pero el lenguaje es insuficiente como mecanismo de comunicación, aunque esto no impida que mantenga su hegemonía a la hora de que transfiramos contenidos informativos.

Tal vez sea necesario evolucionar en la comunicación, incorporando nuevos canales de transmisión y otras formas de almacenar los contenidos y sus representaciones.

Los jóvenes, a los que siempre debemos estar atentos, se están cargando el lenguaje en sus conversaciones de MSN, en los mensajes telefónicos SMS, en los chats; parece que la fidelidad del lenguaje sólo permanece en el habla, aunque también se establezcan nuevas jergas, que los adultos entendemos con dificultad.

Esta forma de actuar es un mensaje en sí mismo, quiere decirnos que lo importante es comunicarse, aunque sea cargándose la gramática, la ortografía o el idioma. En cierta manera es una deconstrucción, y al mismo tiempo una peculiar señal de identidad.

Una vuelta de tuerca a la espita que promoverá la explosión controlada de los valores sobre los que se ha asentado la evolución cultural de nuestra especie, tal y como la hemos conocido hasta ahora.

Pero este des-hacer, tiene algo de regresivo al mismo tiempo, de expresión animal, o de grito gutural primigenio ante la asfixia tecno-económica y organizativa en que se ha convertido la existencia de los ciudadanos que habitan el mundo occidental.

En Francia se han producido hace menos de un año, gestos de destrucción promovidos por jóvenes inmigrantes que reclaman espacios nuevos y se dedican a incendiar automóviles, uno de los símbolos fundamentales de la civilización occidental. Siendo el automóvil a nuestra civilización, como las torres gemelas a los Estados Unidos, que también fueron incendiadas, como los trenes de Atocha.

El fuego catártico y purificador, que tanto le agradaba estudiar a Bachelard, es una vez más el instrumento elegido para destruir lo que existe, para cambiar el espacio y las relaciones entre los humanos y las cosas.

Creo que estamos mucho más sometidos de lo que creemos a una dictadura de las palabras, del lenguaje, que ha desplazado en su expansión a otras formas de comunicación más primitivas, pero no por ello irrelevantes.

Los jóvenes parecen saber, tal vez nosotros se lo hayamos enseñado, que la comunicación es más importante por los contenidos que transfiere, que por las formas establecidas y asumidas de transmitirlos.

Se vive un nuevo romanticismo, y todos los romanticismos son antirepresivos y regresivos a la vez, quizás un poco depresivos y melancólicos, pero marcan y definen el punto de nuevos avances que vendrán posteriormente. Son pasos atrás para tomar nuevo impulso, recreos que se toma la especie para contemplarse a sí misma.

Los grandes alpinistas saben que escalar no es sólo ascender, alcanzar la cima solo es el resultado final, se asciende como adición de otras muchas acciones, entre las que saber descender o quedarse quieto también es importante. Los buenos montañeros, como los grandes viajeros, conocen que el placer no está en alcanzar el destino previsto, sino en disfrutar del recorrido que nos conduce hasta él. La vida es un viaje maravilloso.

La evolución de nuestra especie, el progreso de la cultura, el desarrollo de un mundo nuevo, pasa inextricablemente por la destrucción de la hegemonía del lenguaje como forma de comunicación (que no por la destrucción del lenguaje).

El camino hacia el mañana pasa por la construcción de la torre de Babel (o de Google, como ustedes prefieran).

El futuro no necesita superhombres ensalzados por Spengler o idealizados por Nietzsche, necesita hombres (y mujeres) superándose, saliendo de sus complejos, desprendiéndose del lastre de sus miedos y vergüenzas.

El mañana comienza ahora, enterrando los silencios del lenguaje, que son todas aquellas cosas que no pueden expresarse con palabras, y que guían nuestras vidas mucho más que la gramática. En otra ocasión lo dije, a pesar de los esfuerzos de los poetas, los sentimientos que se han expresado con palabras son sentimientos muertos. Las palabras son las tumbas en las que se entierran las emociones.

El próximo paso evolutivo será clasificar las emociones humanas para poder representarlas literalmente, después se hará lo mismo con las relaciones, y por último, las sensaciones se organizarán en categorías que permitan su organización.

Como de las emociones se derivan fundamentalmente los valores y las creencias, se logrará una construcción armónica de todos los elementos estableciendo alguna suerte de principio jerárquico, para concluir en alguna presentación estándar. El mundo, tal y como lo conocemos, está desapareciendo cada día, al tiempo que surgen nuevas formas de representar la realidad. Prueba del cambio que está ocurriendo es la desaparición paulatina de la vida privada, apagar el móvil o el ordenador es como renunciar a la vida, una pequeña muerte social.

Sin embargo, corremos el peligro de quedar atrapados en nuestra propia obra, el hombre-masa que tan bien describió Ortega y Gasset tiene más capacidad de destruir lo existente que de construir algo realmente nuevo. La naturaleza de las masas es el consumo desaforado y reiterativo, antes que la genial creación o la producción de novedades que vayan sustituyendo lo consumido. Por primera vez en la historia de Occidente, los seres humanos nos estamos consumiendo a nosotros mismos, en una especie de autocanibalismo.

Como matizaría Cortázar, si aún viviera, no perdamos de vista la cuestión, porque podemos encontrarnos con la ingrata sorpresa de que no somos nosotros los constructores de Babel, sino Babel la que nos construye, o nos destruye.


Erasmo de Salinas

miércoles, 28 de marzo de 2007

Ecoteología

Dedicado a Albert Boadella,
¡va por tí, maestro!.


Tras la decadencia de los pensamientos únicos, camino que conduce al olvido de todos los dogmatismos, (religiosos, sociales, ideológicos o políticos), brotan opciones compensatorias de forma continua, antes de la perentoria extinción.

Ideas de cambio, de transformación de la sociedad, de erradicación de la maldad, de "buenismo", de respeto puritano al medio ambiente y a los demás, de acciones no violentas a medio camino entre las propuestas de Buda y las de Gandhi, de orgullo zen de aquí no pasa nada aunque pase, y otros maravillosos sueños fundamentados en la resolución de la culpa irredenta de haber sido expulsados del paraíso por nuestros pecados.

Todo este compendio de deseos e ilusiones, fundamenta un retorno del poder divino en forma de sucedáneo, no solo el Islam remonta el vuelo. En Occidente, tras la decadencia del Imperio Romano, algunos avezados y persuasivos filósofos estoicos, mutados al cristianismo, implantaron la fe de Cristo, que tras la Teoría de la Evolución de Darwin, quedó desinflada y destronada.

Cuando la idea de Dios no se puede mantener ante la crueldad que el hombre manifiesta por instinto, entonces se sustiye por una forma menor de representación del orden divino: la Naturaleza, que representa la fuerza de la vida, que contiene ese halo de misterio que conduce de nuevo a la creencia, aún en esta epoca de descifrado del genoma.

La vida tiene mucha mitología. Al parecer, de la vida que ha existido en la Tierra desde los orígenes, han desaparecido más del 99 % de las especies que alguna vez habitaron el planeta. La muerte, también tiene mucha mitología, y además da miedo, lo que le concede un gran poder simbólico para persuadir de otras cosas.

El laberinto sin minotauro

Cuando se compran filetes en el supermercado (lo que en cierta forma recuerda por extensión a una representación del "maná"), se hace desde la pérdida de todo conocimiento de su origen, de su proceso de producción. Se consumen sin pensar a que ternera pertenecen. Ese olvido inducido forma parte de nuestra civilización, porque si supiéramos que era de la "Lucera", esa vaca feliz que vimos en aquel prado pastando y nos da leche, posiblemente no nos la comeríamos.

Después de visitar un matadero, uno puede imaginarse como fue Auschwitz. La vida se elimina de forma mecánica. Desde hace muy pocos años, en los pueblos se ha prohibido acabar con la vida de las vacas, también se llevan al matadero.

No sé por que la vida de la pobre vaca que pasta alegre por los prados, tiene menos derecho a ser elogiada e incluso defendida ante el inusitado poder depredador de la especie más violenta y carnívora. Hablando del derecho a la vida creo que debemos ser igualitarios. Tanto monta el toro de lidia como la vaca de prado o ¿tal vez no?.

En Asturias y otras tierras del norte de España hay una costumbre que es el San Martín o la matanza, se coge un cerdo, se le cuelga boca abajo, se clava un cuchillo en la arteria correspondiente, por el aficionado matarife de turno y se espera a que se desangre entre chillidos insoportables. ¡Pobre bicho!. Luego se celebra invitando a los comensales. Los cerdos también sirven en otras culturas para los ágapes, por ejemplo en los lejanos mares del sur en una ceremonia de despilfarro.

La morcilla se hace de sangre, también los chorizos. Todavía no he oído a ninguna comunidad espiritual- ecológica que haya manifestado algo al respecto, y eso que la costumbre está muy extendida, tal vez sea por eso por lo que no dicen nada. No sé por qué los cerdos, al igual que las vacas, no pueden tener defensores aguerridos de su derecho a la vida. Pero como no es fiesta nacional, sino costumbre tradicional, se respeta porque no tiene interés político ir contra ella.

La cultura, a pesar de todo, y de todos, incluye la muerte; y también la crueldad, porque toda muerte producida es una muerte violenta. Recordemos lo que decía Voltaire, que la civilización es la forma más desarrollada de barbarie. Se considera que los primeros actos culturales conocidos fueron enterramientos, además de la producción de algunas toscas herramientas. Somos seres mortales, y todos los seres vivos nos caracterizamos, entre otras cosas, por que alguna vez habremos de morirnos. La muerte es inherente a la vida.

La Cultura es una elaboración humana, al menos nadie se ha atrevido a decir que provenga de la Divina Providencia. Los seres humanos somos carnívoros por tradición y conveniencia proteica, aunque también podamos ser vegetarianos, lo que es muy respetable; pero en ese caso, deberíamos preocuparnos también por la vida de los guisantes, porque también es vida, y cabe preguntarse ¿qué derecho tenemos a acabar con ella?. Y qué decir de la vida embrionaria que impedimos cuando nos comemos un huevo frito.

Volviendo al arte de Cúchares, insisto, forma parte de la tradición, de nuestra cultura española. A mi no me gustan, particularmente, he acudido en una ocasión a ver al bombero-torero con mi hija y me divertí, no había muerte, pero si un montón de enanos que hacían de bufones, también me pareció cruel, pero es una forma de ganarse la vida, no he vuelto.

Yo no contribuyo a que sobreviva la fiesta nacional, pero está ahí, y la respeto, por que no me considero con criterio para proponer la abolición de ninguna tradición cultual, porque supongo que quienes las crearon en su momento por algo lo harían y por qué representan elementos valiosos para nuestra existencia, aunque sean arquetípicos o simbólicos. Conservar las tradiciones, también es una forma de hacer ecología, y de luchar por la libertad, lo que no significa ninguna suerte de fijismo o inmovilismo, que no se malentienda.

Los nuevos profetas

Pero estoy en contra de la ECOTEOLOGIA, esa creencia proselitista que viene a ocupar el espacio dejado por las religiones tradicionales; estoy en contra de sus dogmas, fruto de una doctrina panfletaria, organizada al socaire de consignas políticas que pretenden objetivos ajenos a lo que proponen, mientras las mejor intencionadas buscan una vez más la redención del pecado original, estoy en contra de los "paraprogres", esa secta infame que vive de las rentas producidas por la veneración a la estupidez.

Sin embargo, no estoy en contra de la ecología, por que es una ciencia humana, que por cierto, según Hawley y otros, también alcanza a nuestra especie. Aunque tampoco es para dramatizar, y hay muchos intereses creados sobre el tema, que rentabilizan el desconocimiento de muchas cosas.

La ecología debe ser humana, y debe ocuparse de respetar también las tradiciones y los ecosistemas culturales. Los políticos ecologistas más serios, como Al Gore, aquel candidato que disputó el poder a Bush, hablan de cuestiones como el protocolo de Kioto, el efecto invernadero o la capa de ozono, pero también de las crueles guerras que devastan el planeta, del hambre y del sufrimiento humano. La ecología tiene cosas mucho más importantes a las que dedicarse, para ocuparse de los toros.

Del tema de la tauromaquia se ocupan diversos grupos “anti-establishment”, los nacionalistas, los ecologistas de izquierdas, los arribistas, y un grupo menor de gente bien intencionada y sensible que realmente no sabe a quien sirve con sus propuestas.

Por supuesto que la ecología deber ocuparse de recordarnos que hay que respetar la vida, pero no la vida de laboratorio, la vida simulada, sino la vida tal como es, la vida en un mundo habitado por seres humanos y otros seres vivos. Resultando que como el ser humano se concede una cultura desde hace muchos milenios, pues también debe defender la vida cultural del ser humano.

Al respecto de las intenciones humanas hay cuatro posiciones bien diferenciadas: una que propone que el ser humano es malo, representada por el Leviatán de Hobbes; otra que considera que el ser humano es bueno, expuesta en la parábola del buen salvaje de Rousseau; otra, con la que coincido, que dice que el hombre es bueno y malo, y que puede representarse con las obras de Locke o Voltaire, en su tratado sobre la tolerancia, y por último, la que niega que el hombre sea bueno o malo, que forma parte del radicalismo anti-sistema.

Yo creo en la cultura humana, que por supuesto integra el hecho religioso, porque soy de los que piensa que en estas cosas de la creación, como decía el Rig Veda hace 35 siglos: “lo mortal ha hecho lo inmortal" y no al revés; lo que quiere decir que no hay nada vivo que pueda ser inmortal.

Una de dos, o la ciencia se equivoca por completo o de Dios sólo existe su idea, como diría Gustavo Bueno, y por lo tanto no nos ha creado, sino que hemos sido nosotros quienes le hemos creado en forma de idea. Pero ese tema da para un largo debate y no lo vamos a desaprovechar ahora.

A pesar de ser laico, defiendo que la gente pueda tener creencias religiosas, no soy beligerante al respecto, no practico el laicismo. Solo considero necesario que la gente asuma en libertad los principios morales que le parezca, pero siempre que se ubiquen en su espacio, que es el mundo de la fe, los rituales y los mitos, que considero muy interesantes, incluso imprescindibles para configurar nuestra forma de pensar y hacer, pero irrelevantes a la hora de razonar, o de entender las cosas desde la ciencia o la filosofía, y por supuesto, evitando todo adoctrinamiento, cada uno tiene la libertad a creer en lo que le dé la gana y nadie tiene derecho a imponer su creencia a los demás.

Las enseñanzas críticas: de Marx a Darwin.

Es curioso, como hablando de la fiesta de los toros se puede llegar a interpretar la creación del Universo. Tal vez, los toros sirvan para eso, para estimularnos a que hablemos de otra cosa; al igual que el futbol es una representación simbólica y desinflada de la guerra, la tauromaquia representa simbólicamente nuestra relación cruel con el medio, por qué somos seres salvajes, carnívoros, agresivos y violentos, que jamás podremos ser domesticados, de lo que me alegro.

Somos animales con un insano instinto de crueldad, por eso hemos dominado el planeta, por instinto de supervivencia y dominación del resto de las formas vivientes; la cultura, la civilización, la educación, la tolerancia, los buenos propósitos, sólo son redenciones y compensaciones de nuestra naturaleza hostil, solo necesitamos sentirnos amenazados y el despliegue de sevicia puede ser inagotable.

La civilización occidental está organizada por el capitalismo que es una forma de depredación incomensurable, y sin embargo nos ha procurado las cotas de bienestar material más elevadas del planeta, pero también nos ha convertido en consumidores esclavos de muchas cosas innecesarias, que la propaganda interesada ha convertido en imprescindibles. Creo que habría que volver a leer a Marx, olvidando el marxismo.

Sobre la crueldad humana hay numerosos ejemplos: campos de concentración nazis, vuelos de la muerte en Argentina, exterminio del 95 % de otras formas de cultura, explotación de niños en diversos países, guerras permanentes en todo el planeta, hambre que podría resolverse con los excedentes alimenticios, negación de los derechos fundamentales al 80 % de los pobladores del planeta.

Esto ocurre hoy, ahora, y seguirá ocurriendo, porque forma parte del juego tonto de que los filetes lleguen al supermercado, y los comamos todos los días, aunque en la vida hayamos visto una vaca. La alternativa sería volver a la prehistoria y salir a cazar animales salvajes para poder comer carne.

Es el precio que debemos pagar por que nuestra civilización sobreviva, el de reconocer que somos autores por colaboración y consentimiento de todos los desaguisados humanos que ocurren en el mundo, y nadie va a hacer nada por cambiarlo en muchos, muchos años; más bien al contrario, haremos lo posible porque no cambie nada, aunque nos redimamos de la culpa haciendo manifestaciones contra la guerra y la globalización.

La cultura se ha creado para que no nos asesinemos y nos comamos unos a otros, el fuerte dominará al débil, sea humano o animal. Y que lo diga y lo reconozca, no significa que lo apruebe, pero negarlo es ponerse una venda en los ojos. Los paraprogres pretenden ser los gurús de la civilización occidental, que ocurrió sin su participación, pero con coche y televisión.

Yo puedo escribir lo que me dé la gana por qué tengo la fortuna de ser occidental, la suerte de habar nacido en la cultura que domina el mundo, y tengo tiempo, dinero y ordenador conectado a internet para poder comunicarme, y una sociedad con sistemas de protección, de distribución de alimentos, de seguridad, y de ventajas adquiridas por las generaciones que nos precedieron y que sufrieron e hicieron sufrir a otros para llegar aquí.

Pero que nadie me culpe de no cambiar las cosas, quizás sea más sincero que otros, porque llegado el momento, no me imagino a los "revolucionarios oportunistas" renunciando a nada, más bien lo que desean es liderar el proceso de cambio para beneficiarse, aunque sea perjudicándonos.

No pienso renunciar a nada de todo ésto, incluidos los toros, por qué es mi cultura, que está hecha sobre océanos de sangre, asesinatos de inocentes y riqueza inmerecida, y claro que habrá que cambiar poco a poco, y espero que cada vez seamos mejores y hagamos las cosas mejor, pero eso no quiere decir que seamos buenos, siempre, en cualquier condición o circunstancia, por que no lo somos, ni lo vamos a ser, y quien diga o proponga lo contrario miente como un bellaco, y busca su propia ventaja, posiblemente.

Erradicar a los paraprogres, me quedo con los toros

A mucha gente se le llena la boca con palabras como solidaridad, justicia universal, equidad, erradicación de la crueldad y la violencia, defensa a ultranza de la vida, derechos, responsabilidad, crecimiento sostenible, ahorro energético, paz, democracia, que sólo son palabras piadosas y nada más. Los que tenemos la fortuna o desgracia de vivir en el mundo occidental estamos condenados a mantenerlo como sea, y al precio que sea. De lo contrario, nos veremos mirando a La Meca cinco veces al día o trabajando como los chinos por 50 euros al mes, muchas más horas que las que aquí trabaja cualquiera.

La solidaridad, hermosa palabra, es un sucedáneo de la caridad cristiana, que les gusta pronunciar más a los paraprogres. Pero tambien ellos, seguro que antes de renunciar a lo que son y a lo que tienen, que es lo que realmente les hace, se dejarán la vida en el empeño, por qué renunciar a lo que uno es para que otro sea, no es solidaridad, es idiocía. Ya veremos cuando tengan que abandonar el poder como nos muestran a todos su generosidad magnánima.

Recordemos que la democracia se fundamenta en la competición, no en la cooperación. El sistema económico que nos acoge es la representación de la selección natural, y la ley de la oferta y la demanda, es más poderosa que cualquier forma de justicia.

Pero yo también quiero un mundo mejor, un mundo Disney, una arcadia feliz, una utopía global en la que todos seamos muy buenos; yo no necesito ser malo o cruel para ganarme la vida, pero sé que otros si lo van a ser, por eso la utopía forma parte de mis sueños y no de mi realidad. Aunque luche cada día por intentar que el mundo mejore.

Como Freud decía en "El porvenir de una ilusión", soy pesimista sobre los auténticos cambios en la condición humana que se requieren para transformar la sociedad, de forma que pueda cambiar la forma de vida de nuestros hijos, y que esos cambios permanezcan transformando el mundo del mañana; no sobre los aparentes, que son muchos, y demasiado cacareados por los funestos miembros de la clase política y sus aparatos propagandísticos.

Decía Wallon, que con la educación se puede convertir a los niños en asesinos o santos, no estoy de acuerdo. La santidad es un propósito inalcanzable, y si no leánse Las confesiones de San Agustín, pero se puede mejorar y a eso dedicamos nuestro esfuerzo algunos.

Esto no quiere decir que no haya habido seres humanos buenos, claro que los hay, los hubo y los habrá, como no iba a haberlos. Sócrates, Jesucristo, Abraham Lincoln, Che Guevara, Martín Luther King, Robert Fitcherald Kennedy, Gandhi, Isaac Rabin, Miguel Angel Blanco, Ernest LLuch, o Tomás y Valiente, pero resulta patético que todos hayan muerto asesinados. Esto no lleva remedio. Somos crueles hasta con nuestros mejores semejantes.

Hay que tener mucho cuidado con lo que se propone, cuando a una civilización se le quitan sus tradiciones, sus mitos, sus dioses, sus ritos, y su vida organizada desde las costumbres consecuentes, habitualmente se extingue o se autodestruye.

Por la sencilla razón de que otra con otras violencias nuevas y más inteligentes e intrasigentes, vienen a ocupar el nicho ecosistémico vacío. La civilización occidental es al menos conocida y mejorable, respeta más principios políticos que cualquier otra, y procura defender los derechos humanos, tanto en su seno, como fuera de él, por eso hay que ser prudentes en las propuestas de cambio. La Alianza de Civilizaciones es un invento pueril, porque no puede detener el choque de civilizaciones descrito por Hungtington.

Antes de abrir la caja de Pandora de la justicia universal por ser simplemente buenos, pensemos lo que puede ocurrir si realmente somos malos, o si otros lo son. En realidad, somos buenos y malos, es la conjunción de ambas características la que nos hace humanos, criminales y santos a la vez, como decía Voltaire. Quizás sean las circunstancias las que nos condicionen en la bondad y la maldad, o tal vez las relaciones entre nosotros.

Concluyo recomendando un libro clarificador sobre la cuestión: "El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr. Hide" de Robert Louis Stevenson, en el que se puede observar la lucha interna del hombre por resolver su dualidad moral.

Si se ponen pesaditos los muchachos antitaurinos, quizás este verano me decida a acudir a ver mi primera corrida de toros, me han dicho unos amigos que José Tomás vuelve a los ruedos el 17 de junio en Barcelona, hasta ahora no le conocía de nada, pero voy a empezar a interesarme por la vida y obra de este diestro.

Los toros es España, a muchos no les gusta nuestro país, y lo de los toros lo usan para sus propósitos secesionistas e interesados, o será que les molesta el valor del torero ante la bestia, que al final representa el valor de los españoles contra grupos nacionalistas, como ETA-Batasuna o ERC.

Claro, ahora me explico por qué los de izquierdas están contra la guerra de Irak, ¡porque no les gustan los toros!.


Biante de Priena

domingo, 25 de marzo de 2007

La realidad y los enemigos de la libertad

Desde que estudio antropología, he ido descubriendo algunas cosas interesantes. Creo que la complejidad del ser humano, es un buen punto de partida para hablar de la realidad. Las dificultades del cambio de paradigma y la trampa viscosa del relativismo en la que permanece atrapado el pensamiento occidental, requieren que elijamos bien el comienzo

El ser humano es un prodigio de complejidades y complejos, que se autodesarrolla en un medio hostil, natural y cultural, por un singular proceso de autopoiesis. Esa es la realidad humana, independiente de los perceptores, ajena a los intereses, eximida de juicio, indeterminable.


La realidad también es relativa, por supuesto. Pero del propio relativismo de la realidad surgen algunos fenómenos interesantes, que han recobrado especial interés en la época que vivimos, gracias a la eclosión de la tecnología. La realidad se ha ampliado, con términos como hiperrealismo, realidad virtual, mundo aparente, falsedad auténtica (Umberto Eco).

En un mundo tan interconectado y comunicado como el nuestro, la realidad ha dejado de ser individual, para convertirse en algo social, una creación colectiva; se considera por tanto, que la construcción de la realidad se hace desde la sociedad (constructivismo social), desde el conjunto de seres humanos agrupados que definen lo que hay, o lo que hubo, o lo que habrá. Es la perspectiva compartida la que permite crear planteamientos comunes y válidos.

Esa mirada de dos o más, nos separa de la perspectiva emocional del yo de cada uno. Aunque no se debe descartar que dos enamorados vivan la experiencia de la contemplación de una puesta de sol en el Cabo Sounión, con las sensaciones que provienen de sus neurotransmisores (realidad interna) y no del astro rey que observan desde ese lugar (realidad externa), pero esto forma parte de otro debate.

En general se acepta, que cuando dos miran algo al mismo tiempo, las cosas se aprecian mejor que cuando lo hacen por separado, en cuestión de tiempo o espacio, pero tampoco es algo que pueda demostrarse. “Cuatro ojos ven más que dos”, dice el refrán castellano.

Es el mirar lo que define

El perspectivismo, fue estudiado por la Teoría de la Gestalt hace muchos años, pero también por filósofos como Ortega y Gasset. Es el mirar lo que define. Yo no soy yo, yo soy yo y mis circunstancias. Y esas circunstancias, que son culturales, educativas, históricas o personales, ofrecen la plataforma desde la que se mira la realidad.

El microscopio, el telescopio o el calidoscopio desde el que interpretamos lo que estamos viendo con nuestro criterio más adecuado. No son nuestros ojos los que definen lo que vemos, sino el color de los cristales de nuestras gafas.

El criterio es importante, y se establece sobre lo aprendido, que es lo conocido, y lo conocido es lo que se ha visto de la realidad, porque hay muchas cosas que nos pasan desapercibidas por que nuestro criterio no es suficiente para apreciarlas. Un paciente ve fiebre en la fiebre, un médico, sin embargo, anticipa su origen y prevé su resolución.

Criterio y percepción se retroalimentan, la percepción depende del criterio y el criterio de la percepción. Por esto la perspectiva de las cosas es individual, única, e intransferible y depende de la percepción posible y del criterio suficiente.

La realidad se construye socialmente desde una determinada perspectiva compartida, que a su vez es una solución dialéctica establecida desde los criterios (opiniones, juicios, definiciones) y percepciones, más o menos afortunadas, de los que realizan su evaluación en unas determinadas circunstancias.

Pero con la llegada a nuestra existencia de los elementos virtuales, fabricados sobre soportes cibernéticos, las cosas han cambiado. La realidad se ha ampliado.

La expansión de la realidad

Ocurrió lo mismo con la llegada de las emisoras de radio y televisión a mediados del siglo pasado, y primero había sucedido con el telégrafo y el teléfono. Todos ellos son medios de comunicación pasiva, activa o interactiva.

Añadimos un nuevo elemento al problema. La realidad de la que se informa y que se conforma, no es exactamente la realidad que se comunica. La realidad que se transmite no tiene por que coincidir con la realidad auténtica, es decir, lo que nos dicen sobre la realidad puede ser erróneo, porque depende del juicio o criterio de aquellos que nos informan, y no solamente puede ser erróneo por azar o equivocación, sino que puede ser erróneo a conciencia y voluntad, porque hay un interés particular en que nos creamos lo que nos cuentan.

Como cada día nos cuentan más cosas y nuestro acervo cultural se fundamenta mucho más en la información que nos hacen llegar que en la que percibimos directamente por nosotros mismos, con nuestra propia experiencia, debemos estar atentos para advertir que si no ponemos remedio a la cuestión, llegará el día en que sabremos sólo lo que algunos quieren que sepamos y poco más. Es decir, sabremos lo que interesa a algunos que sepamos y no sabremos lo que no interesa que sepamos. Esta es la tendencia actual.

Nuestros hijos ya no podría prescindir de internet en sus vidas, como nosotros no podríamos prescindir por mucho tiempo de los medios de comunicación anteriores a la red. Nos hemos educado con demasiados elementos ajenos y eso nos hace cada día más dependientes de lo externo, y posiblemente, menos seguros de nosotros mismos, y también más desconfiados.

Sin embargo, creo que hay un proceso de autenticidad en todo este juego de influencias, y es que la complejidad que nos define se está trasladando por primera vez, sin cortapisas, al mundo en que vivimos, y por eso nos parece cada día más complejo esto del arte de vivir.

La realidad virtual

A mi hijo de doce años, le acaban de hacer alcalde de un pueblo imaginario en un país imaginario pero que imita y simula los países reales, el está muy orgulloso de su proeza. Baudrillard, recientemente fallecido, nos habló de los simulacros con profusión. Nuestra vida cada día es más simulada, pero esto no quiere decir que sea menos real.

Por una parte veo bien que mi hijo sea alcalde imaginario, porque es una forma de retornar a la mitología y la leyenda que hemos perdido con tanta tecnología y precisión, pero por otra parte me preocupa que se espete contra las frustraciones de esa forma de vida irreal de forma precoz y esto pueda afectarle en su vida real. Lo mismo ocurre con otros videojuegos, en este mundo paralelo que se construye en las consolas y ordenadores.

Es cierto que ahora podemos ser caballeros en la Edad Media, o pilotos de aeronaves, o navegantes oceánicos sin salir de nuestra propia casa. Está bien, la virtualidad de los juegos nos permite experimentar cosas que de otra manera quedarían fuera de nuestro alcance, todo esto hace crecer nuestra experiencia, pero de forma limitada y encerrada, diferente del contacto físico con el mundo real.

Perdemos buena parte de las sensaciones que acontecen en un encuentro con la realidad, que en su conjunto conforman una plataforma privilegiada de captación de sensaciones, que construyen nuestra peculiar sensibilidad, de la que surgen las emociones, los sentimientos, el dolor, el placer, el frío y el calor, entre otras muchas cosas.

Tal vez estemos huyendo de ese mundo sensible y natural, porque no podemos controlarlo, porque conecta nuestras neuronas más primitivas con el miedo a la realidad no controlada, y como de esa relación se pueden producir problemas de interacción, eludimos por comodidad, el contacto directo con lo que puede ocasionarnos frustración o conflicto.

Sin embargo, de la mezcla con el mundo real surge buena parte del aprendizaje, y cuando se producen problemas, se aprende a afrontarlos y superarlos, lo que nos convierte en seres más independientes, asertivos y determinados, y nos hace sentirnos más seguros y tranquilos en la vida.

Pero también las experiencias virtuales nos hacen resolver miedos, frustraciones o complejos, que de otra forma, resultaría más complicado y costoso resolver en un escenario real. La simulación no sustituye a la realidad, solo nos ofrece un ensayo controlado, sobre la misma.

Solo hay una realidad

Desde mi criterio, considero que
ambas realidades son necesarias, la auténtica y la virtual, al contrario de lo que muchos piensan, la realidad sustancial no puede ni debe sustituirse con una realidad virtual, pero tampoco debe ocurrir lo contrario, que se integren, y es precisamente lo que está aconteciendo en nuestras vidas.

La realidad cotidiana más humana y natural, va perdiendo importancia e influencia sobre la formación de nuestro criterio en relación a la realidad virtual. El concepto que tenemos sobre nosotros mismos y el mundo en que vivimos, cada día depende más de algo ajeno y externo a nosotros, que proviene de la tecnología.

Ssupongo que llegara el día que su influencia se equilibre en nuestro beneficio, hay que ser optimista al respecto, pero no hay que bajar la guardia. Mientras tanto habrá que seguir observando con prudencia como se va construyendo socialmente –y tecnológicamente- la realidad, con espacios y tiempos dedicados a lo existente y lo inexistente.

Cuando era niño, la realidad virtual era muy primitiva y tenía poca importancia, en la definición del criterio; eso me permitía leer libros, ver películas, e imaginar. Hoy los niños siguen imaginando, pero con imágenes virtualizadas que otros diseñan y que son elegidas por criterios determinados, y en muchas ocasiones, interesados.

Estos avances culturales contribuirán a crear una fantasía homogénea y compartida. Los sueños serán más parecidos cada día. Las princesas se parecerán a una nieta de la Barbie y los príncipes a un biznieto de Robin Hood. Los malos se parecerán a Osama Ben Laden y los buenos a Gandhi. Todo con el fin de hacer homogéneos nuestros criterios.

Es el precio que pagamos por el progreso: la identificación indexada. Nos están preparando para la clasificación última, para catalogarnos con algo más complicado que una serie de cifras. Están dibujando nuestra silueta del futuro y una vez que se haya desarrollado el proceso será irreversible. Llegaremos a algo parecido a un mundo feliz, como el descrito por Aldoux Huxley. Estaremos clasificados exhaustivamente y por lo tanto, quedaremos determinados.

Si no hacemos algo y lo hacemos pronto, creo que la libertad dejará de asociarse a nuestra existencia, porque a alguien con suficiente poder, se le ocurrirá que si se conocen las cualidades positivas para ser algo determinado, no se deberá (por el criterio moral de turno) ser otra cosa, por razones de eficacia y ese principio de autoridad dogmática, definido como bien común. Esto me recuerda a la realidad esclava de otros tiempos, en la época de los egipcios, griegos o romanos. Cierto es que no nos legaron la esclavitud exclusivamente.

La construcción socializada de la realidad

La construcción social de la realidad, dejará paso a la construcción socializada de la realidad, pero lo socializado es algo de origen político, no social. Es algo determinado por alguien que detenta el poder, según un criterio ajustado a las necesidades del sistema clasificador, sea persona o grupo.

Seremos lo que algunos con poder suficiente para determina nuestro destino nos permitirán ser. Seremos solamente juguetes para su juego. Esto resulta muy peligroso y debemos estar atentos para rechazarlo e impedirlo.

Debemos establecer criterios, ahora que aún podemos, para defendernos de la determinación que se nos viene encima con la globalización. El mundo ya se ha dividido en dos categorías: mayoritariamente productores (los países menos avanzados) y mayoritariamente consumidores (los países más avanzados), este proceso que ha comenzado es irreversible, y estamos solo al comienzo.

El siguiente paso en la globalización es determinar quienes van a ser mayoritariamente más beneficiados (cada vez menos) y quienes mayoritariamente perjudicados (cada vez más). Esto conduce a diversas formas avanzadas de oligarquía, con oligopolios de consumo exclusivistas.

El mundo está entrando en una dicotomía imparable, que conduce a una realidad dual, jerárquica, impermeable, cerrada, y extraña. Estamos asistiendo a una revolución que bien podría denominarse feudalismo económico en un sistema de aparente democracia política. Esta es la auténtica realidad de nuestra cultura, sobre la que asienta la civilización occidental en la actualidad.

Decía Rapapport, un antropólogo muy interesante, que el ser humano crea la cultura en la que vive para tratar de dar significado a un mundo que no lo tiene. Estoy de acuerdo con él. Somos arañas que tejemos con la tecnología de la que disponemos, una cultura en forma de red virtual en la que estamos quedando atrapados.

La realidad que estamos construyendo será la realidad que acabará destruyéndonos. Y perdón por la redundancia, esta es la auténtica realidad. No en vano, siempre hemos sido seres efímeros con pretensiones, nihilistas, acomplejados, y susceptibles para el adoctrinamiento y la propaganda.

Las termitas o las abejas son seres más avanzados desde una perspectiva ecológica y global, construyen sus propios espacios, pero no destruyen el mundo con sus creaciones como nosotros. El mundo, a la larga, será de los insectos, nosotros somos demasiado soberbios como para permanecer en la cresta de la ola evolutiva.

Esa será la realidad que algún día verán nuestros descendientes, cuando la incoherencia y la incongruencia de nuestros actos, de nuestra construcción irracional e inhumana de la realidad, acabe con la especie.

Superar el hiperrealismo

Hoy estamos asistiendo a una nueva forma de canibalismo, una antropofagia existencial, ochocientosmil años después de que el Homo Antecessor poblara la sierra de Atapuerca. Nos estamos comiendo el futuro de generaciones venideras, con la exención ecológica y antropológica que nos concedemos.

Esa es la realidad que no cambia, la de nuestro enfrentamiento permanente, por que este mundo se ha construido siempre sobre los conflictos, reales o irreales, inventados o consecuentes, pero al fin y al cabo, evitables con un poco de cordura y algo menos de orgullo y prepotencia.

El peligro no se encuentra en el hiperrealismo que han denunciado Baudrillard, Eco o Boorstin, no, ese no es el problema. El auténtico conflicto se establece con el precio que debemos pagar para evolucionar, negar la realidad más auténtica, y aceptar la realidad más virtual que nos ofrecen, cada día un poco más.

La hiperrealidad es un envoltorio de la realidad, establecido desde el exterior (fetichismo de la mercancía que diría Marx) para transformar la realidad en un bien apto para el consumo y el negocio.

Es el precio que nos exige nuestra civilización occidental para seguir avanzando, que nos deshagamos de nuestra realidad propia y auténtica para poder comprar y consumir la que nos ofrecen. Es decir, para incrementar el negocio y la producción que convierte en ricos a los mismos de siempre.

Ante esta agresión inhumana, recomiendo clavar los dedos en la tierra, darse un baño en el mar, abrazar un árbol, recoger el aroma de una flor o contemplar las estrellas en una noche de luna llena, si es posible en compañía de otros. Sentir, es la mejor forma de vacunarse contra la locura de los usurpadores.

La globalización es la puerta del futuro, del camino de esperanza que conduce a un mundo mejor, en el que nuestros deseos puedan hacerse realidad; como decía Bachelard, reivindiquemos el derecho a soñar; no permitamos nos fabriquen sueños a la medida para luego vendérnoslos, aunque cada día sean más asequibles, son extraordinariamente perjudiciales para nuestra libertad.


Biante de Priena

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