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viernes, 16 de enero de 2009

Los Zanahorios

Un lector ha preguntado en el correo ¿qué es eso de los zanahorios de lo que algún comentarista alardea?. Pues es verdad, no todo el mundo sabe que son, o mejor dicho, que somos los zanahorios.

Los zanahorios surgimos en los meses anteriores del II Congreso de Ciutadans, como representantes de la diversidad existente y el cabreo que supuso ver como los dirigentes del partido tiraban por tierra las ilusiones de muchos ciudadanos que habían acudido de todas partes a la llamada de libertad, igualdad y justicia para Cataluña, que Albert Boadella y unos cuantos amigos, habían invocado ante la opresión del social-nacionalismo cuatribarrado.

Testigos de los desmanes del poder en una formación política embrionaria, como era Ciutadans, se unieron para derrocar un régimen de opresión en su propio partido que emulaba el esgrimido por la Generalitat. Ciutadans no pudo ser, porque sus dirigentes querían que sus militantes fueran borregos dóciles y en realidad eran fieros ciudadanos, dispuestos a combatir las estridencias de una política nacionalista insumisa con la Constitución, secesionista con la nación, y opresora de la libertad. Los ciudadanos zanahorios, como buenos demócratas, no admitieron la imposición de los dirigentes y sus manipulaciones, ni la incrustación de candidatos en las listas, ni la expulsión de militantes por expresarse en libertad, ni la persecución de los discrepantes, ni el respeto al liderazgo inmerecido de un Presidente y un Secretario General, tan ambiciosos como torpes.

Y entonces llegó Ciudadano Ubú, una simpática zanahoria dispuesta a representar la voz de los que callan, que se convirtió inmediatamente en el líder carismático de la “corriente zanahoria”, los desencantados, los oprimidos, los aburridos y los hartos de ver como tanto esfuerzo colectivo se iba a la mierda por los errores de unos pocos dirigentes, que lamentablemente ocupaban el lugar que no les correspondía.

La batalla fue dura, pero al final, como ocurre en las mejores novelas de terror, los malos ganaron. En realidad, en aquel Congreso de las Hespérides triunfó el miedo de los catalanes a que Ciutadans se hiciera un partido español, triunfó el miedo de los izquierdistas que pensaban que los liberales les desplazarían del poder si jugaban en igualdad de condiciones, triunfó el no nacionalismo catalán frente al “España somos todos”y triunfó el leninismo sectario en la organización del partido, como ahora ocurre en UPyD.

Los zanahorios perdimos aquella batalla política para triunfar en la paz posterior, el partido se fue quedando sin militantes, sin ideas, con los dirigentes elegidos y todas las torpezas acumuladas por quienes les apoyaron, hasta convertirse en lo que hoy es, un barco fantasma con el holandés errante atado al mástil, que clama porque alguien le ayude a concluir su peregrinaje por la inexistencia.

Pero los zanahorios seguimos adelante, cambiamos el color naranja por el magenta del partido de Rosa Díez, muchos apoyamos su comienzo, con recursos materiales y humanos, nos aproximamos a UPyD para hacer posible el sueño que fue imposible en Ciutadans: un partido democrático en el que la justicia prevaleciese en un clima de libertad. Y tampoco fue posible.

En Cataluña, conocimos como en ningún lugar, las auténticas intenciones de UPyD, vimos de lo que eran capaces los seguidores de Rosa Díez y descubrimos que no había futuro en un partido aún menos democrático en su organización que Ciutadans, con una ideología exclusivamente socialista, con una ausencia de libertad ofensiva, y con unos dirigentes, bastante torpes por cierto, encaramados al poder, que ejercían con singular descaro su tiranía.

Evidentemente, los zanahorios también denunciamos en esta ocasión, el atentado contra la democracia ocurrido en UPyD, pero en esta ocasión nos surgieron competidores muy beligerantes, fundamentalmente agrupados en la corriente interna de Libertad Ciudadanos, (supongo que ellos serán "los remolachos") que últimamente, como le había ocurrido a Ciudadano Ubú en su día con Ciutadans, fue denunciado a la policía y a la justicia, por discrepar de las consignas del sanedrín magenta.

Pues amigo, eso somos los zanahorios, los ciudadanos que se acercan a los partidos políticos y comprueban la inexistencia de democracia interna en su interior, los desmanes de los dirigentes, la corrupción, la inmoralidad, la injusticia de sus decisiones y el único interés propagandístico de promocionarse en la vida, utilizando la política y el engaño de los ciudadanos para ello, aprovechándose de sus seguidores, a los que tratan como borregos.

Los zanahorios somos ciudadanos hartos de la política y los políticos de este país, que en vez de quedarse callados cuando han contemplado la auténtica realidad de las formaciones políticas que dicen defender los intereses generales (pero que en realidad sirven exclusivamente para la promoción de los dirigentes), deciden tirar de la manta y mostrar al mundo, lo que realmente piensan, sienten y hacen los dirigentes políticos que utilizan las urnas como una inversión para sobrealzarse ante los demás, de la forma que sea, como sea, cuanto antes.


Erasmo de Salinas

Razón y progresismo

Las aviesas intenciones del progresismo son extraordinariamente perjudiciales para el futuro inmediato de la cultura occidental. Esta ideología política residual, que proviene del estrepitoso fracaso del socialismo real tras la caída del telón de acero y la correspondiente frustración en la implantación universal de las premisas marxistas, tiene como único objetivo desplazar a la razón como criterio válido y valioso en la regulación de la convivencia de los seres humanos en sociedad y en su adaptación a las dificultades que acontezcan en sus vidas, sencillamente, porque la razón es incompatible con la percepción de la realidad que favorece sus intereses. La razón fundamentada en conocimientos, experiencias y hechos, expone sus equivocaciones con facilidad, por lo tanto debe ser derribada: pensar es fascista.

El progresismo, que no puede competir con racionalidad, ni siquiera con sentido común, con otras interpretaciones de la realidad existente, denuncia permanentemente la razón occidental, que proviene del desplazamiento de los mitos por el logos que hicieron los griegos, -pretendiendo el regreso al mito, "su" mito- como un instrumento de opresión al servicio del poder, que ha permitido la creación de un mundo inicuo de privilegiados y desposeídos: una tremenda falacia propagandista.

¿Quién no conoce a algún socialista que se dedique a la política o a los sindicatos que no se esté aprovechando personalmente de su estatus predicando "las verdades" para los demás, que a él o ella no le incumben?. Creo que nadie, todos hemos visto como han medrado algunos socialistas gracias a la política en las últimas décadas, cuando antes de entrar en política no tenían otro futuro que el correspondiente a sus cualidades personales.

La tradición racional, a la que debemos la hegemonía cultural de Occidente, las más altas cotas de organización y bienestar social, los más elevados logros científicos y tecnológicos, las máximas cotas de democracia y libertad, los niveles de riqueza económica no superados por otras civilizaciones, molestan a los progresistas, porque ellos no pueden ofrecer alternativa, y lo único que pueden hacer es aprovechar lo creado por otros modelos, para recrearse en sus delirantes pretensiones de forma parásita, porque parásito es aquel que vive a costa de lo ajeno y no de lo propio.

El progresismo -y entiéndase en el concepto que se utiliza desde el PSOE y no en el de oposición polar a las ideologías conservadoras-, es un movimiento político perverso, heredero del socialismo real que alejo del bienestar a millones de personas en el pasado, y sólo puede ofrecer como referentes el comunismo de China o Cuba, la debacle histórica de los países del Este de Europa, en los que la libertad era cercenada cada día, las "demogracias" latinoamericanas de Chavez, Morales, y compañía, y como utopía máxima, las socialdemocracias nórdicas, fundamentadas en una cultura calvinista del esfuerzo colectivo, inviable en los países de ámbito latino, más orientados al disfrute de la vida, que al trabajo y el ahorro.

Por eso los progresistas prefieren la "razón común" a cualquier lógica racional, la razón común es la que proviene de lo que diga la mayoría democrática, como si la mayoría pudiese decidir sobre lo que ignora. Las verdades "democráticas" sustituyen a las racionales. Como decían los anarquistas en la década de los setenta del siglo pasado: "comed mierda, un millón de moscas no pueden equivocarse". Y a este paso, mucha mierda vamos a tragar. Los progresistas socialistas, se acantonan en la democracia, despreciando la razón, la ley, y la experiencia, niegan otra realidad que no sea la que ellos perciben desde su fanatismo fundamentalista, por eso sustituyen la justicia por reglamentos, la razón por protocolos, y la experiencia por constructos, apartándose de cualquier posibilidad de resolver los problemas sociales, porque ellos son el principal problema social cuando gobiernan, sin posible solución para los gobernados más que apartarlos del poder.

El progresismo vende políticamente la igualdad para todos mientras promueve la diferencia para algunos privilegiados: los afines a sus ideas, los "colocados" en el poder en todas sus extensiones por poseer carnet del partido, creando una nomenclatura. Lejos de servir a la democracia para lograr un mundo mejor, el progresismo la utiliza para organizar un mundo mejor para algunos: sus representantes, sus clientes y algunos de sus votantes (porque siempre perjudica a la inmensa mayoría). Las pretensiones organizacionales que se establecen desde el progresismo radican en la tiranía social, su objetivo es beneficiar a la mayoría -la mayoría de los suyos, por supuesto- aunque para ello tengan que perjudicar a las minorías, que acumuladas pueden ser mayoría, pero diversa y no homogénea.

La justicia social del progresismo es la que beneficia a dos, aunque perjudique a un tercero, aunque este tercero sea el que haya creado más riqueza por su esfuerzo, capacidad e inteligencia, de los tres. Inevitablemente, la consecuencia inmediata de esta ley progresista es que los que más producen dejan de producir, porque el beneficio que pueden obtener no les compensa, pues el que no hace nada o muy poco, recibe prácticamente lo mismo. Pero de esta forma, al tiempo que todos los países con gobiernos progresistas se van empobreciendo, su apoyo por parte de las masas va creciendo, en proporción a la injusticia que supone que los que más trabajan reciban menos y los que menos trabajan reciban más. El progresismo incrementa de forma extravagante las cotas de dependencia de los ciudadanos, porque fomenta el no hacer y la mediocridad, creando ignorancia, paro y miseria.

La ideología progresista entiende que, la razón hegemónica en la cultura occidental es la razón capitalista, fundamentada en el humanismo cristiano y la libertad, que establece diferencias injustas desde una perspectiva social, porque premia al que más hace y castiga al que no hace, denuncia la forma de vivir occidental, fundamentada en la producción incesante y el excesivo consumo. Denuncia la riqueza y la pobreza como consecuencias de la injusticia, y no de las diferencias personales y los aciertos y errores que se van acumulando a lo largo de la existencia. Para los progresistas, la fortuna es una consecuencia de la suerte, de los privilegios heredados, pero nunca del esfuerzo personal, ni del aprovechamiento de las oportunidades que te puede brindar la vida. No hay riqueza justa, porque justa sólo es la pobreza, por eso la justicia social consiste en hacer cada vez más pobres a cualquier precio, porque los pobres, ignorantes, incapaces y dependientes del Estado, son los más fieles votantes del progresismo, el núcleo duro de sus triunfos electorales, porque son el sector de la población que se mueve más por la fe en lo que les dicen que por la razón propia.

El progresismo considera que los desafortunados, provienen de la desigualdad de origen, de las mayores dificultades a superar que han tenido, y de la mala suerte. Consideran que los que triunfan en la vida son unos explotadores, y los que fracasan, unos explotados; consideran que la pobreza y la riqueza son accidentales, y que provienen exclusivamente del expolio de los privilegiados. Con un gobierno progresista, destacar en la vida es peligroso, como ocurría en la época del revolución cultural china, porque el que se diferencia por sí mismo, el que no respeta los límites del redil, es un elemento subversivo y amenaza el bienestar de la colmena, porque pretende ser más que sus semejantes. Con el progresismo solo pueden aspirar a ser más que los otros, los elegidos colectivamente, -es decir, los propuestos por el líder y sancionados por los demás- no los que destacan individualmente.

La ideología progresista trata a los seres humanos libres e independientes como enfermos sociales, que quieren diferenciarse de los demás para oprimirlos posteriormente. El buen ciudadano progresista es el que obedece, el que cumple lo que establecen las autoridades incompetentes, el que no protesta, el que sabe esperar a que llegue el momento en que colectivamente reciba un premio de sus semejantes por haberse portado bien y haber cumplido con las tareas que se le han asignado. El que produce, consume, paga sus impuestos y se siente feliz de poder llegar a casa y tragarse lo que echen en la televisión, y que considera como valores máximos los que se anuncian en el catecismo progresista: los peligros del cambio climático, los crímenes imperialistas de Estados Unidos e Israel, la urgente necesidad del pacifismo y la alianza de las civilizaciones, la brutalidad de la cultura machista, las falacias del cristianismo, el fascismo de los que no piensan como ellos, la negación de cualquier criterio de identidad individual, el valor imperante del vanguardismo, la imprescindible corrección política del pensamiento único, y la prevalencia de lo colectivo sobre cualquier frivolidad individual.

Por eso cualquier valor tradicional, principio ético, o creencia moral que se aparte de lo establecido, debe ser erradicada como peligrosa, y condenada al ostracismo hasta su desaparición de la faz de la tierra. La diversidad, la pluralidad, la heterogeneidad de los seres humanos debe ser ocultada, aplastada y eliminada.

El progresismo, como un cáncer, ha ido ocupando los lugares que la razón había alcanzado para imponer un nuevo mito: la salvación de los peligros de la existencia sólo se puede obtener desde una ideología que considera a todos los seres humanos iguales. En realidad, utiliza el espacio de las creencias y no de la razón, por ello tiene que erradicar el cristianismo de la sociedad, aunque sea implantando el islamismo o el budismo, pero fundamentalmente el ateismo. El progresismo nos trae una buena nueva, Dios ha muerto, y el Estado se ocupará de todos nosotros a partir de ahora, nuestros hijos estudiaran el nuevo catecismo de Educación para la Ciudadanía, y todos seremos felices en un mundo de paz y amor.

Mientras tanto, unos cuantos se seguirán forrando, sin dar golpe, hablando de igualdad e injusticia social, mientras otros seguiremos trabajando más cada día para hacerlo posible y Zapatero acudirá a “tengo una pregunta para usted” a responder a algún demandante de empleo: “acaso no sois felices, ahora que os he liberado de vuestros opresores”. Y todos aplaudirán a rabiar, mostrando una gran sonrisa, mientras sube el recibo de la luz, porque en España no habrá centrales nucleares, mientras le podamos comprar la energía eléctrica sobrante que Francia produce con las suyas, porque son unos incivilizados. Es el precio del progreso, que todos pagaremos gustosamente, para que el cambio climático -la nueva representación del demonio-, no acabe con todos nosotros.


Biante de Priena

jueves, 15 de enero de 2009

UPyD o la Revolución del más de lo mismo

El pasado 6 de agosto de 2008, publicaba en este mismo blog un escrito autocomplaciente, titulado “el arca de la libertad”. Quizás hoy sea bueno recordar lo que entonces se decía, a propósito de un artículo que ha escrito Rosa Díez en su blog y que ha titulado “somos revolucionarios”, más bien reaccionarios, porque nada nuevo aportan que no haya existido previamente, revolucionario implica cambio, evolución, diferencia, mutación, novedad, y nada de esto nos ofrece UPyD, que repite los mismos errores del resto de formaciones políticas españolas.

Como se podrá comprobar, Rosa Díez, que parece a punto de heredar a su homónima Rosa de Luxemburgo (la de la revolución permanente), habla de las cosas que se hacen desde su partido, vende el producto, y la verdad es que lo vende bien, es una gran agente comercial.

Rosa Díez, acaba de descubrir la democracia y se siente fascinada. Realmente, Rosa Díez lleva toda su vida en política, y ha sido testigo (y responsable) de los desmanes que se han cometido en el PSOE durante los últimos treinta años. Y con la moral del converso, ahora nos anuncia la buena nueva de que la democracia existe y que ella nos trae un mensaje de buena voluntad. Y defiende la alegría, a su manera.

Rosa Díez quiere recoger el descontento de este país, que es mucho, en el río revuelto de la política española de un PSOE en vesánica huída hacia delante y un PP que espera su proceso de momificación. A eso se le llama oportunismo político y también es más de lo mismo.

La líder de UPyD, única protagonista y portavoz de la revolución que anuncia, se ha dedicado a tomar todos los errores que se han cometido en política en los últimos años, especialmente los relacionados con las aberraciones impuestas por los nacionalismos, y ahora está dispuesta a vendernos la purga a todos nuestros males. El crecepelo democrático más maravilloso.

Para ello no dudará en disfrazarse de patriota, ya verán. Ella, que en el nacimiento de su partido tenía dificultades para pronunciar la palabra España, porque solo se refería al Estado, hasta que comprobó que denominar nuestra nación por su nombre le podría traer muchos votos, como así fue. Savater dejo de decir tonterías y no volvió a repetir aquello de que la idea de España se la soplaba.

Pero que nadie se engañe, UPyD es una excrecencia del PSOE, que trata de representar el socialismo español, ante la fragmentación que se deriva de la política federal descubierta de Zapatero, de todos los socialismos nacionalistas que representa.

UPyD promovió en su día un Manifiesto por una Lengua Común, del que no se sabe que fue, porque ni siquiera se supo cuanta gente había firmado y eso que fue apoyado por el PP, La COPE, Libertad Digital, El Mundo, Hazte Oir, y no sé cuantas asociaciones más. Extrañamente, desde Ciudadanos en la Red no todos lo apoyamos, cuando llevamos más tiempo que Rosa Díez defendiendo el español ,como idioma genérico y preeminente de nuestro país, que UPyD o que Ciutadans.

Verán ustedes, UPyD se sigue anunciando como una opción progresista (a lo que no se tiene objeción alguna), pero lo que no se puede admitir bajo ningún concepto es que se promueva como un partido liberal que pretende la transversalidad política (como dice Rosa en su artículo).

En UPyD no hay liberales, pero sí hay oprimidos, que se quejan, que son purgados y expulsados. No se puede aceptar que una líder de un partido político que pretende ser revolucionario, prosiga en el engaño a los ciudadanos, presumiendo de lo que no es, ni puede ser, ni ella, ni su partido. UPyD representa las iras del PSOE de Felipe González, el de la corrupción y el pelotazo, ante las veleidades progresistas y nacionalistas del PSOE de Rodríguez Zapatero.

En UPyD hay un modelo de Estado fuerte, no de nación libre. En el partido magenta se defienden los derechos de los ciudadanos, no sus libertades. Por eso en abril de 2008, ya dijimos que estábamos hartos de UPyD y lo seguimos estando. No de su presencia, sino del engaño al que pretender someter a los ciudadanos españoles hastiados de la política, y necesitados de algo que no les defraude, una vez más.

El movimiento en política se demuestra andando, y en UPyD se han encargado de acallar cualquier voz discrepante (como hicieron en Ciutadans, que está actualmente al borde del marasmo). En UPyD ni se cumple la Ley de Partidos, ni el artículo 6 de la Constitución española. Algún militante llegó a solicitar el año pasado la disolución del partido al Defensor del Pueblo por falta de democracia interna.

Ciertamente, la organización leninista de la formación magenta que han impuesto Carlos Martínez Gorriarán y sus acólitos, es el veneno mortal que conducirá a su final. No se puede pretender en pleno siglo XXI, con toda las facilidades para comunicar la información, mantener una organización política sectaria, acotada y siniestra, más propia de comienzos del siglo XX.

No han entendido, al igual que Ciutadans, el mensaje de la sociedad española, de los ciudadanos españoles, hartos de la política de partidos, en los que determinados gerifaltes proponen a los representantes, mientras que los electores los ratifican en las urnas. Los españoles quieren democracia, no partidos políticos sin democracia, que llegados a la representación pública resultan incontrolables y terminan haciendo lo que les da la gana a sus líderes. Los españoles no queremos ser representados, lo que queremos es representarnos a nosotros mismos, o delegar nuestra representación en quien nos ofrezca confianza suficiente, y evidentemente, de forma provisional, no sin condiciones.

España, actualmente, es un desastre gracias a los políticos. Más políticos, nuevos políticos, otros políticos, se tiñan del color que les parezca y se disfracen de salvadores inevitables, no van a resolver los problemas políticos que tenemos los españoles. No se trata de insistir en el más de lo mismo, se trata, precisamente, de superar el más de lo mismo, no que alguien decida por todos, sino que todos decidan y se elija al que mejor puede representar lo que han acordado. No se puede estar a favor del laicismo y aprovechar las enseñanzas del jerarquismo vaticano para organizar un partido político. La horizontalidad en las decisiones, sin cúpulas ni bases, es imprescindible.


UPyD está condenado a seguir los pasos de Ciutadans, otro intento fallido, fundamentalmente gracias a sus dirigentes, no solo por las enormes dificultades que supone incorporarse de nuevo al reparto de la tarta del poder, pero también, desgraciadamente, un nuevo fracaso para los ciudadanos no representados políticamente con las formaciones existentes, o tal vez, el mismo de siempre.


Erasmo de Salinas

España año zero: política y miseria

Es lo que queda del país, aquel que se llamó España durante quinientos años y hoy no se llama porque está mal visto, unas cuantas instituciones maltrechas, una desvencijada historia forzada y violentada con la ganzúa de la memoria electoralista, una geografía inquietante e indefinida, unos ciudadanos desiguales y diversamente oprimidos, unas arcas del Estado vacías, el recuerdo de una Constitución que pudo haber sido y ya no es, de una democracia transida por el arrebato de la ambición y mucha propaganda, demasiada, al servicio de la soberana estupidez de unos políticos que han destruido más en cinco años de lo que se había construido en veinticinco.

Y lo más extraño es que de todo lo acontecido no hay responsables. Han soltado los elefantes en la sala de vajillas de la dinastía Ming, y ahora quieren que nos acostumbremos a los platos de plástico, mucho más funcionales y prácticos. De ser un país que políticamente podía competir en libertades con cualquiera de los más avanzados, hemos pasado a ser un país en el que los derechos se han convertido en torcidos para beneficiar a los poderosos y perjudicar a los demás.

Y todo esto ha ocurrido por varias razones que se exponen a continuación:

La intempestiva política del PSOE

Cuando un partido en el Gobierno, se dedica a regular los problemas de sus clientelas particulares, en lugar de los intereses generales de los ciudadanos, mal vamos. La política del PSOE se ha caracterizado por varios frentes peculiares, todos ellos caracterizados por el apoyo a los sectores más radicales de la sociedad en diversos ámbitos, sustituyendo la historia por la histeria, y la memoria por la memez.

Al PSOE, como organización socialista, le gusta clasificar a la gente, porque abomina de los seres humanos individuales, le molestan las particularidades que no se puedan hacer colectivas, y prefiere hablar con las personas si se acomodan a las etiquetas correspondientes. De esta forma, la política de apoyo a las mujeres se convierte en feminismo, la política de apoyo a los homosexuales en homosexualismo, la política de apoyo al poder absoluto del estado en opresión, laicismo, alineación, y alienación. Al PSOE le gusta desposeer con avaricia a los ciudadanos de su identidad, sus valores, sus principios, sus creencias, y su pluralidad, para convertirlos en blancos o negros. Blancos son los que nos siguen y negros los fachas, es decir, todos los demás, los que no ven a Zapatero como el único salvador posible de los problemas de los ciudadanos de este país.

Al PSOE, como partido totalitario, le interesa el control del poder en todos los ámbitos de la política, la sociedad, la cultura, la justicia y los medios de comunicación. Quien discrepa de sus intervenciones es condenado al ostracismo, porque todo lo que se aparta de lograr su objetivo de creación de una sociedad deshumanizada, es un escollo a superar y aplastar desde el poder.

¿Han visto ustedes alguna vez a un socialista discrepar del socialismo?, es algo extraordinario, pero aunque parezca que es por cohesión, en realidad es por temor a diferenciarse, a ser alguien que tenga ideas propias en un mundo en el que sólo caben ideas comunes y compartidas. En realidad son fanáticos, que en vez de servir a la democracia, la secuestran para servirse de ella y lograr sus objetivos particulares, que perjudican a una inmensa mayoría, pero benefician a sus clientes, afines, y simpatizantes. El socialismo es un cáncer para la libertad, sin tratamiento alguno, más que su extirpación absoluta. Nadie puede sentirse libre bajo un gobierno socialista, porque el socialismo es una cárcel en la que sólo cabe el pensamiento único y clonado.

La ausencia-muerte del Partido Popular

De los errores cometidos por el partido conservador español desde que Aznar dejó de ser presidente, se podrían escribir varias enciclopedias. Sin duda, el mayor error de todos ha sido mantener a Rajoy de presidente del partido, demostrada su ineficacia persistente en reducir el avance del socialismo en España. Tantas veces se han equivocado en el Partido Popular, que por cálculo de probabilidades deberían comenzar a acertar en alguna ocasión pero no, no ocurrirá, porque el partido de la derecha, ha seguido paso a paso la hoja de ruta que le ha ido programando el PSOE desde hace cinco años, ha mantenido en sus poltronas a líderes políticamente fofos, y con la excepción de los lugares donde se ha mantenido arriba (Madrid, Valencia, Murcia, Castilla León), ha ido perdiendo cuota de representatividad. Nadie puede comprender como Arenas sigue rigiendo el PP en Andalucía después de haber perdido su partido seis elecciones consecutivas, lo mismo ocurre en Castilla La Mancha, Extremadura, Aragón o Asturias. De Navarra mejor no hablar. De La Rioja, Cantabria, Baleares, Galicia, y Canarias habría que pedir responsabilidades todos los días por los errores cometidos.

En cuanto a Cataluña y País Vasco, la alianza existente entre nacionalistas y socialistas, ha impedido cualquier avance del PP desde comienzos de la democracia. Nunca han logrado nada y seguirán sin lograrlo, porque no se han parado a comprender lo que ocurre. El PSOE ha convertido al PP en el coco, y no han sido capaces de sacudirse el sambenito, porque la gente piensa que votar al PP es promover el regreso del franquismo. Hay que ser torpes, para no enfrentar con una perspectiva liberal los problemas nacionalistas, pero no, erre que erre, los que se equivocan son los demás.

En fin, que seguirán perdiendo elecciones, porque son unos incapaces, y realmente han relegado en el partido a todos los que tenían las ideas claras, a los que eran coherentes, y a los que hacían más daño, para dejar el PP a la medida de los intereses de José Blanco, ese Partido Popular tardofranquista, ultracatólico, y autoritario que apoya a los imperialistas norteamericanos. Una imagen que no son capaces de quitarse porque van con corbata y traje de alpaca a la televisión, como si fueran los directivos de la empresa que pueden joder a la mayoría de los españoles.

Los nacionalistas esos


Todo el mundo culpa a los nacionalistas de los males de España, cuando en realidad no representan ni al 10 % de la población. Los nacionalistas tienen legítimo derecho a la existencia, por supuesto. Pero lo que no es normal es que dirijan la política de todos los españoles cuando son una minoría escasa, pero muy llamativa, muy mimada por los medios de comunicación, muy sobrealzada por el miedo que imponen con sus afinidades electivas y sus hechos diferenciales. En las últimas elecciones generales UPyD obtuvo más votos que el PNV, pero un solo escaño frente a seis del partido vasco.
En realidad lo que ocurre en este país no es un problema del nacionalismo, es un problema de los partidos de ámbito nacional que necesitan a los nacionalistas para gobernar el Estado, ese es el problema. El problema de este país es el enfrentamiento permanente entre el PP y el PSOE, no los problemas con los nacionalistas.

Pero la situación es extraordinariamente perversa y tiene difícil solución con la repetición de patrones políticos por parte del PP y del PSOE. En Cataluña se ha extinguido el español de las escuelas, no por el poder de los nacionalistas, sino por la falta de acuerdo de los partidos nacionales. Mientras el PSOE siga ofreciendo destruir derechos de todos los españoles a cambio del apoyo de los nacionalistas del PSC, del PSE y del PSGa, será el PSOE responsable de los desmanes del nacionalismo y no los nacionalistas.

Las opciones residuales

Izquierda Unida, UPyD, Ciutadans son partidos socialistas, pero con envoltorio diferente, tienen algunas peculiraridades, IU gobierna con el PNV y EA en el País Vasco, con ERC y el PSC en Cataluña, y con el PSA en Asturias. Con eso se conforma, parcelitas de poder y dos diputados es suficiente para mantener la supervivencia vendiendo el mismo producto que el PSOE, corregido, aumentado y radicalizado.

UPyD y Ciutadans, también son formaciones socialistas, en este caso no nacionalistas, lo que no quiere decir que defiendan la nación española, ni mucho menos. Defienden un Estado multifacético y plural en el que los ciudadanos recuperen derechos comunes, en realidad son excrecencias del PSOE, que tratan de heredar de sus errores, y aprovechar la coyuntura para ver si le pueden quitar también algún voto al Partido Popular. Son formaciones oportunistas, que proclaman un discurso homogeneizador y ecuánime, muy grato a los oídos de los que están hartos de tanta estupidez, pero que en realidad son partidos políticos en miniatura, que cometen los mismos pecados que sus hermanos mayores: falta de democracia interna, exclusión de los discrepantes, acotamiento del poder en una oligarquía férrea, y ausencia de proyecto e ideas propias, porque los que pudieran tenerlas, salen corriendo cuando ven que los mejores estarán sometidos a la tiranía de los peores, que se han apalancado en el poder.

¿Qué se puede hacer como ciudadano de a pie?

Ante el panorama político que tenemos en España, creo que la única alternativa racional es emigrar o pasar inadvertido, y dedicarse a las aficiones que cada uno pueda procurarse. La política en España no existe, porque está en manos de antipolíticos, que han convertido en un negocio personal la representación pública, y harán lo que les dé la gana mientras sigan obteniendo apoyo de los ciudadanos.

Actualmente, no hay opción política en España, que sea merecedora del mínimo respeto, quien se respete a sí mismo, no puede cometer el error de votar por alguien para que le represente, que solo va a representar sus propios intereses. En España no hay democracia, hay un entramado político que ha secuestrado la democracia. En España no se respeta la Constitución, ni por los políticos, ni por los ciudadanos. Y a pesar de pagar unos impuestos excesivos para los malos servicios públicos que recibimos, absolutamente politizados, mediocres e insatisfactorios, no hay opción en la política que pueda remediarlo. En la sociedad, por ahora, tampoco.

Creo que solo nos salvaría una invasión de los musulmanes, una quiebra del Estado, el estallido de una guerra civil o una abstención tan inmensa que hiciera a los políticos actuales salir corriendo hacia el exilio antes de ser juzgados y condenados a privación de libertad, e inhabilitación para cargo público de por vida.

En las próximas convocatorias electorales quédense en casa, dejen de participar en esta escenificación democrática que enmascara una dictadura. Verán ustedes, si acuden a las urnas, se exponen a que el día que las cosas cambien, alguien les reclame daños y perjuicios por colaboración con delincuentes reconocidos. No sean comparsas, que se voten ellos mismos y que hagan el ridículo, aún más. Y si quieren divertirse voten a los legalizadores del cannabis o el partido pirata que quiere ir a Europa para protegernos de “alibabistas” de la SGAE, esa organización fiscal-policial privada que se ha inventado el PSOE para controlar a los ciudadanos en internet. O algo saldrá, mantengan la esperanza, porque es lo último que se pierde.


Biante de Priena

miércoles, 14 de enero de 2009

El director de El Mundo acaricia el talón de Aquiles del PSOE

Apostaron por el progresismo, que desde 1989, año de la caída del Muro de Berlín, nos ocultó lo que había dejado el socialismo real en la Alemania del Este, en los países del telón de acero, en la extinta Unión Soviética, y han perdido, les queda poco tiempo, pero se aferrarán al poder como garrapatas. En la sempiterna huída hacia delante de la izquierda, el PSOE ha parasitado España, infectando la sociedad de estupidez y frivolidad, la gestión de los servicios públicos de ineficacia, la conciencia de la gente de imposibles, y nos van a legar un futuro más negro que una noche sin luna, pero miran a otro lado y se autoexcluyen de cualquier responsabilidad.

Los progresistas nunca son responsables, progresismo y responsabilidad son términos mutuamente excluyentes. Los errores de Maleni no son nada comparados con los que ha cometido Zapatero, al que le viene bien tener un pim-pan-pum próximo, alguien que lo haga peor, para parecer que la estupidez es una cuestión de gradiente, y no de insuficiencia de recursos propios.

El PSOE ha apostado por Zapatero y ha perdido, esto no significa que Mariano Rajoy, LLamazares o Rosa Díez hayan ganado, ni mucho menos, en realidad, los únicos que han sacado tajada han sido los nacionalistas, como viene ocurriendo en los últimos treinta años. Está claro que con la caída de Zapatero todos pierden, porque se ha demostrado que si no son capaces de derribar a un rival tan flojo, es que no están a la altura ni de ser oposición, ni mucho menos de formar gobierno.

Gracias al actual Presidente del Gobierno, los españoles hemos comprobado el “elevado nivel” que presentan los políticos en España, comenzando por él, su corte de ministros incapaces, los 650 asesores, los diputados y senadores, todos los altos cargos políticos (más bien, altas cargas), y toda esa legión de “colocados” que han convertido nuestro país en el mundo de colores que prometía el ministro Bermejo, y en el que la alegría de los titiriteros de la ceja es inexpugnable. Hasta han vuelto a ensayar lo del no a la guerra, a ver como andan de apoyos fáciles.

El PSOE, tras los pasos de UCD

Hace tiempo lo dejé escrito, Zapatero es clave en la supervivencia del PSOE, si él fracasa, arrastrará al partido a su final. Y un efecto curioso será el que acontecerá en el resto de las formaciones políticas españolas tras la debacle en la que nos ha instalado el chico de la sonrisa floja y el buen talante (“un poco de tensión”, recuerdan).

También dejé escrito, que la crisis económica acabaría con las historias para no dormir de este personaje que desmerece a Alicia en el País de las Maravillas, y se van cumpliendo los plazos. El déficit mayor del 3 % de 2008 nos aproxima al abandono provisional del euro, junto con Grecia, Irlanda y Portugal.

Con Zapatero derrotado, comenzará el “salvemos el socialismo”, el frentepopulismo de costumbre, el “no pasarán esos opresores fascistas”, la movilización de los sindicatos y un abanico de leyes controvertidas, como la del aborto, la de la eutanasia, y muchas promesas de reparto de dinero entre los menos favorecidos, que se expoliará a los que estén un poco más favorecidos, dejando igual a los más favorecidos, que son en realidad los intocables.

La oposición se disfrazará de lo que sea necesario para convencer a los ciudadanos de que ellos lo harán mejor, sin darse cuenta de que los partidos políticos en España están heridos de muerte, no solo el PSOE, sino todos ellos, incluso los nacionalistas. No les doy más que una legislatura de vida, tras concluir la presente –que concluirá antes de lo previsto, por supuesto-. Ni todos los políticos del Parlamento poniéndose de acuerdo podrán detener la vorágine que se avecina.

Las advertencias del director de El Mundo

Ha sido muy interesante el último artículo de Pedro J. Ramírez, titulado “En la piel de Walter Burns” que publicó el pasado domingo en El Mundo, en el que aprovechando algunos comentarios sobre los hábitos tradicionales del periodismo que se exponen en la película Primera Plana obsequiada con el diario, se dejó decir de pasada como se fue al traste el entramado que Felipe González había construido en su época de presidente. Es curioso, pero no menciona en ningún momento a Zapatero.

También es sugerente la viñeta que acompaña al artículo (y que acompaña el presente), que nos muestra a Walter Burns con el telegrama azul en la mano abanicándose, en el que se muestra el indulto de un condenado a muerte que el alcalde de Chicago omitió con intención, porque la ejecución de un activista anarquista le reportaría beneficios electorales.

La frase final es una clara declaración de guerra contra el imperio Z, de alguien que sabe más de lo que dice: “...porque si buscar lo que de verdad ocurrió es muy excitante y descubrirlo resulta sensualmente gratificante, el orgasmo sólo se alcanza cuando estás en condiciones de demostrarlo”.

Se comenta hace tiempo en los mentideros periodísticos que el director de El Mundo cuenta con esas pruebas que le permitirán demostrar lo que ha dicho. ¿Y qué ha dicho Pedro J. que no ha quedado ratificado?. Evidentemente, todo lo relacionado con el 11-M, sabe que Zapatero es el talón de Aquiles del PSOE y también sabe que el 11-M es el talón de Aquiles de Zapatero.

Lo expresaba en una carta del director a comienzos del año 2008, suceso ciertamente infrecuente en su trayectoria de los últimos tiempos, responder directamente a las alocuciones de los políticos, en este caso, el Presidente del Gobierno.

Al respecto, el pasado 17 de diciembre de 2008, el director de El Mundo pronunció una conferencia en el Foro de Nueva Comunicación, en la que dejaba bien claro que la justicia debe reabrir el caso del 11-M: “este hecho determinante de la historia del siglo XXI”.

Las novedades de El Mundo, que anticipa su director, anuncian una nueva vuelta de tuerca a la realidad. El periodismo de papel solo tiene futuro si utiliza sus recursos para realizar investigación directa, porque para comunicar noticias, internet se ha convertido ya en el medio hegemónico.

Hoy mismo se ha producido una reacción inmediata por parte de la izquierda mediática. El País ha tomado el diario Público (dirigido por Nacho Escolar, alguien con ideas propias), prácticamente al asalto, y eso supone un realineamiento de la izquierda periodística española bajo las órdenes de Cebrián. Se están configurando los ejércitos mediáticos para el conflicto que se avecina, que está muy próximo y se manifestará posiblemente en las próximas semanas, coincidiendo con las elecciones a celebrar en nuestro país durante este año, (debía estar previsto para más adelante, pero la situación de debacle no permite seguir soportando tanta memez).

Definitivamente, la historia de Zapatero (y también la de Rajoy) es una consecuencia directa de un atentado terrorista que apartó de la vida a 192 ciudadanos en Madrid, y dejó más de 1400 heridos. El atentado del 11-M favoreció al PSOE y perjudicó al PP, de eso no cabe la menor duda. En política, hasta el azar es intencionado, sino por sus causas, sí por sus consecuencias. Una colección de extrañas circunstancias permitieron a los partidarios del PSOE ganar las elecciones generales de 2004 (en las que todas las encuestas daban un resultado muy diferente)

Una historia de manipulación pública de los ciudadanos utilizando el reagrupamiento de la izquierda para salvar el mundo, el victimismo clientelar, el ostracismo del contrario por cordones sanitarios, la aproximación gubernamental a los enemigos de los intereses comunes de los españoles (nacionalistas y ETA), y un juicio singular, en el que las pruebas eras buenas o malas según el criterio del instructor, y no su valor propio, permitieron al PSOE salir triunfante en las últimas elecciones, las del pasado año.

Sin el atentado del 11-M el PSOE no habría triunfado en las elecciones generales de 2004 (en las que todas las encuestas daban victorioso al PP). La disonancia cognitiva de los electores del PSOE, que se aferran al juicio del 11-M, como si hubiera sido por su precisión el mismo juicio universal (cuando los errores cometidos fueron numerosos) y tal vez porque pensaron que el PSOE pudiera detener las ambiciones diferenciales de los nacionalistas mejor que el PP, han permitido el triunfo del PSOE en las elecciones generales de 2008. Las virtudes políticas del candidato y su equipo son demasiado escasas, a la vista de los hechos, para concitar apoyos razonados, luego fueron las emociones y una necesidad imperiosa de creer en la bondad esgrimida por Zapatero, los motivos fundamentales para que el PSOE se adelantara en las elecciones por menos de un millón de votos, junto a la precaria argumentación de una oposición noqueada desde lo sucedido en los comicios anteriores.

En el sanedrín de El Mundo, posiblemente en estos mismos instantes, alguien estará escribiendo el proyecto de epitafio del PSOE, quizás sea el último gesto romántico de su director, ese Walter Burns que sabe que la noticia no está en las circunstancias que acompañaron al delito cometido, sino en las consecuencias políticas derivadas de la ocultación y enmascaramiento de su origen real.

Si Felipe era un capullo al que demandaban hijos sus seguidoras, Zapatero produce orgasmos cuando habla, según Cerolo. Pedro J. Ramírez tiene otras afinidades electivas, lo deja bien claro en su artículo: "el orgasmo sólo se alcanza cuando estás en condiciones de demostrarlo". A estas alturas de la película, no vendería la piel del oso de no saberlo cazado con certeza y listo para desollar. Nadie inteligente revelaría sus planes, si supiera que no puede llevarlos a buen fin.


Biante de Priena

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