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sábado, 14 de agosto de 2010

La conquista de la realidad

Libertad o Muerte - Jean Baptiste Regnault. 1795.

"Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día". Goethe

Vivimos en tiempos de confusión, cambio y desasosiego. Es necesario reconocer el pasado, reflexionar con paciencia y prudencia para comprender lo que está ocurriendo, aquí y ahora, en este mundo en pleno siglo XXI, en nuestro país al igual que en todas partes, en nosotros mismos cada día. El futuro será tan impreciso e inefable como deseemos y permitamos, en función del abandono de nuestras responsabilidades como soberanos de la nación española y como ciudadanos españoles, y por ello europeos.

El problema más grave de nuestro tiempo es el abuso de poder, en todas sus formas, que nos está desposeyendo de la conquista de la realidad que se había conseguido con el esfuerzo de todos los que nos precedieron. No es la primera ocasión en que algo así ocurre, más bien ha ocurrido siempre, salvo en determinados periodos que han permitido que la humanidad avance, habitualmente coincidiendo con las revoluciones políticas y sus consecuencias.


Los seres humanos nos hemos enfrentado siempre a los abusos del poder desde los albores de la Civilización. Cuando se creó el Estado, también surgió la Sociedad, creándose una relación de dominio en la que el Estado ha ejercido siempre su poder sobre la Sociedad, con los periodos excepcionales en los que ciudadanos reunidos se han rebelado contra el poder. El Estado interpreta la Sociedad siempre desde su detentación del poder, no desde la Libertad de los ciudadanos, aún en los tiempos actuales los políticos siguen considerando súbditos a sus votantes y no soberanos a los que tienen que rendir cuentas.

Es necesario regresar al antiguo Egipto, Babilonia, Grecia o Roma para comprender lo que está ocurriendo. A lo largo de la historia se ha producido una confrontación permanente entre los seres humanos dominados y el poder dominante. El Estado, el Mercado, las Religiones (incluida la reverencia por las Nuevas Tecnologías -Nueva Cultura-), han impuesto su yugo sin descanso sobre los humanos, ayer esclavos, hoy ciudadanos libres. Siempre de la misma forma, promoviendo un recorte de la libertad y creando un cercado legislativo, encerrando a los ciudadanos dentro de la sociedad y así poder explotarlos sin fin.

La primera forma de dominación, todas las que la han sucedido han seguido el mismo patrón, se estableció desde la Mitología. Tales de Mileto (Siglo V a.C), el primer racionalista del que tenemos noticia, lo expuso con claridad cuando pronunció su conocido aforismo: “todo está lleno de dioses”, posiblemente con la intención de abandonar un mundo construido sobre las creencias (mythos) para aproximarse a un mundo construido sobre las explicaciones (logos). La humanidad con la intención de ser dueña de su propio destino en un momento determinado dejó de rezar a los dioses para que lloviera y se dedicó a construir presas para disponer de agua en tiempos de sequía. Pero el poder se afianzó en seguir manteniendo la prisión de las creencias que le permitíieran continuar ejerciendo su dominio. Se formó una alianza de poder, simbiosis entre los distintos poderes representados por la autoriadad que provenía de los dioses (religiosos, políticos, económicos, culturales) para autoperpetuarse en la dominación de los ciudadanos, que ha ido evolucionando hasta nuestros días atravesando distintas etapas.

Con Agustín de Hipona (Siglo IV d.C) y la implantación de la fe cristiana se pusieron nuevas puertas al campo, estableciendo un marco o fortaleza que definía la única realidad posible: el cristianismo. Y el poder del Estado derivado de Dios. La verdad conquistada por la razón y el esfuerzo de los que lo hicieron posible, pasó a ser una revelación, porque la verdad que debía hacernos libres según la propaganda cristiana, en realidad nos convirtió en fieles de su creencia, el mismo método utilizado por todas las creencias dogmáticas, que siempre exigen reverencia con intención fundamentalista de su percepción de la realidad.

Aproximadamente pasaron mil años, hasta que en el Renacimiento y la Reforma Protestante (Siglo XV d.C) para que la humanidad comenzara a recobrar el dominio de su destino y la libertad de pensar, que hasta entonces había sido patrimonio exclusivo de los poderosos. La Inquisición desde el cristianismo, el Poder Absoluto desde el Estado, siguieron ejerciendo su dominio aniquilando a todo aquel que osaba a enfrentarse a sus designios. En la Ilustración (Siglo XVII d.C) surgieron las primeras voces discrepantes de la modernidad Locke, Hobbes, Voltaire, Rousseau y otros muchos que trataron de impulsar la liberación de la humanidad del dominio despótico del poder a que estaban sometidos. Un primer aviso de que los ciudadanos tenían algo que decir sobre su destino fue la Revolución Inglesa de Cromwell de 1648, que concluyó con la cabeza de Carlos I de Inglaterra en un cesto.

Las revoluciones de la Libertad

El siglo XVIII fue el de las grandes revoluciones y las conquistas de la identidad nacional, fundamentalmente dos: la norteamericana y la francesa, pero también la española de comienzos del siglo XIX, las de las colonias latinoamericanas, y la de la mayoría de las naciones europeas. Coinciden todas ellas en la declaración de independencia del poder absoluto ejercido por los monarcas de la época. La soberanía pasó del monarca al pueblo o a su representación en el Estado, la ciudadanía dotó de libertades y derechos a los ciudadanos.

En la Revolución Norteamericana, al igual que ocurrió posteriormente en la Revolución Española de 1808-1820, a instancias de los padres de la nación norteamericana, liberales en su inmensa mayoría, se produjeron dos fenómenos convergentes: la independencia y la construcción de la nación conocida como Estados Unidos de América. La declaración de Independencia se produjo en 1776 (previamente se había establecido la Declaración de Derechos en 1774). La Constitución Norteamericana se promulgó en 1787 en el Independence Hall de Filadelfia, dotando por primera vez a los ciudadanos norteamericanos de soberanía y ciudadanía.

La Revolución Francesa tiene características diferentes con respecto a la norteamericana, pero también comunes. En el caso francés la soberanía y la ciudadanía no se tuvieron que disputar con una potencia colonizadora o extranjera, sino con el poder absoluto de la monarquía. El 14 de julio de 1789 los ciudadanos de París incendiaron La Bastilla, símbolo de la opresión monárquica, del poder absoluto, dando comienzo a la revolución. La asamblea nacional constituyente impulsada por ilustrados franceses, muchos de ellos liberales, otros jacobinos, promulgaron la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en agosto de 1789. Un periodo de confusión y lucha por el poder concluyó con la vida de absolutistas (Luis XVI) y revolucionarios (Robespierre y todos los que el mismo decidió guillotinar en el régimen del Terror), hasta la llegada de Napoleón al poder, tras un golpe de Estado el 18 brumario de 1799 que le convirtió en Primer Cónsul de la nación francesa, el caos reinó en el país vecino, pero los franceses conquistaron su ciudadanía para siempre, aunque el poder trató de birlarles su soberanía al descuido en numerosas ocasiones.

La Revolución Española comienza con el levantamiento del pueblo español en 1808 contra el invasor francés y concluye en 1820 con la sanción por Fernando VII de la primera Constitución Española, a instancias de un liberal, el General Riego, que prefirió consolidar la nación española antes que lanzarse al apaciguamiento de las colonias americanas, esto permitió que la inmensa mayoría de las antiguas colonias españolas, guiadas también en por liberales, alcanzaran su independencia al mismo tiempo que la metrópolis. La Revolución Española tiene mucho más paralelismo con la Revolución Norteamericana que con la Revolución Francesa, fundamentalmente porque las primeras fueron impulsadas exclusivamente por liberales convirtiendo al pueblo en soberano, mientras que la Revolución Francesa fue promovida por liberales y jacobinos estatalistas (los antecesores del socialismo), que convirtieron en soberano al Estado (aunque no quieran reconocerlo) y no al Pueblo.

La nación española es la garantía de la soberanía del pueblo español, contra los que pretenden usurpársela desde el Estado. La soberanía no proviene de los deseos, como algunos pretenden, sino de la conquista de la libertad de un pueblo reunido, no de una facción minoritaria de ese pueblo que pretende representar a la mayoría de forma autoritaria y fanática, cuando en realidad lo único que busca es su acceso directo al pesebre público.


El socialismo contra la libertad

La historia occidental está plagada desde entonces de confrontaciones entre los pueblos que buscan su libertad y los Estados que buscan su opresión, utilizando la fantasía de la democracia como coartada. Las últimas revoluciones importantes ocurrieron en el siglo XX, comenzando por la rusa de 1917, han sido promovidas desde el socialismo, lo que ha producido un aplastamiento de la libertad y del pueblo allí donde han acontecido, y al mismo tiempo un triunfo hegemónico del Estado. Siguiendo la estela del jacobinismo francés, estas revoluciones no han buscado devolverle el poder al pueblo, sino al contrario, concentrarlo más en el Estado contra el pueblo. La trayectoria histórica de los países que han tenido la desgracia de padecer una revolución socialista se puede comprobar en la evolución de los sometidos por el poder soviético a lo largo del siglo XX, en Cuba, en China o en Corea del Norte. El socialismo es enemigo de la libertad de los ciudadanos, detentador de su soberanía, opresor y autoritario., estatalista, paradójicamente no gobierna para el pueblo, sino para su utopía social a la que debe someterse el pueblo. Nunca ha crecido la libertad en páramo socialista.

Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, el socialismo ha tratado de reinventarse y adaptarse al capitalismo de forma contradictoria con su ideología, para ello no ha dudado en acabar con la razón, a la que no puede vencer, infundiendo desde el relativismo la negación de cualquier verdad objetiva y racional, menos las que provienen de su propaganda, convirtiendo en totalitarismo encubierto todas las democracias que ha ocupado. El socialismo prescinde del pueblo transformando las democracias en oclocracias, una combinación de tiranía gubernamental y muchedumbres sectarias que se alían para erradicar la libertad de todos los que no pertenecen a su secta, para imponer su dominio sobre la realidad, legislando de forma sectaria, vulnerando las leyes fundamentales, obteniendo por ello pingües beneficios para sus asociados y afines que jamás obtendrían en una situación natural, no artefactada por argumentos que inducen a los ciudadanos a pensar que su creencia es la mejor y la única posible, al igual que una religión del pasado, que pretende el bienestar de la mayoría y no el privilegio de su intensa minoría.

Motivos para creer, promesas de pleno empleo para elevar el paro en nuestro país hasta los cinco millones, redistribuciones de la riqueza que les permite obtener a los repartidores más de lo que les corresponde, gestión catastrófica de la realidad desde una ideología dogmática, no desde la adaptación a las circunstancias, prohibiciones, censuras, intoxicaciones en la información, propaganda, coerciones, y muchos privilegios a los suyos exclusivamente por pertenecer a la secta, es lo que les debemos los españoles a los socialistas.
Los socialistas tienen como único objetivo el dominio del pueblo por el Estado, para conseguirlo no dudan en cambiar la historia, el lenguaje, pisotear los derechos constitucionales, y erradicar cualquier fantasía de libertad a los pueblos que dominan.

Los españoles debemos reconquistar la realidad que nos han usurpado los socialistas desde su ocupación del poder. Podemos hacerlo hoy o mañana, pero mientras no erradiquemos de la política española al socialismo estaremos condenados a vivir en el ámbito social que nos impongan, enjaulados en su percepción de la realidad, que siempre será la que a ellos les conceda privilegios en perjuicio de todos los demás. La realidad no puede ser la que nos impongan los políticos de cualquier ideología, sino la que los españoles, decidamos, no la que nos construyan desde sus intereses orientados hacia su privilegio y beneficio, en esta ocasión por los socialistas, pero mañana podrán ser los conservadores o los nacionalistas. No podemos aceptar que en España esta política sea la única posible, por tanto es necesario acometer la defensa de nuestra libertad, derecho e intereses de forma directa y no intermediada.

Es la hora de la libertad o su definitiva muerte en el socialismo o mañana en otra doctrina que trate de convertir al ser humano en lo que no es ni quiere ser, con el fin de explotarlo y expoliarlo. La Revolución Liberal contra el abuso de poder en todas sus formas continúa hoy como en siglos pasados. Únete a ella y volverás a ser libre y soberano, no lo hagas y serás un esclavo de los políticos para siempre, al igual que tus descendientes. Tu eliges tu destino, mientras puedas seguir siendo libre, aunque sea en las condiciones que se imponen desde el poder, que cada día serán más, en proporción a la libertad que nos usurpen.


Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano liberal español que no renuncia a su soberanía

viernes, 13 de agosto de 2010

Don José Blanco, próximo ministro de Economía


El rumor en los mentideros políticos no cesa, la situación económica española es grave, incluso más que la política. España se ha convertido en el patito feo de la Unión Europea por dos motivos: de cada diez parados europeos nueve son españoles, el otro es que se necesitan tomar medidas de austeridad que José Luis no quiere tomar, porque entonces perdería las elecciones al quedarse sin pesebre público para alimentar a los borregos de su secta que firman como directores.

Alemania está creciendo al 2,2 %, la cifra más elevada tras la reunificación, con un gobierno formado por la derecha y los liberales. España crece al 0,2 %, tras haber subido el IVA un 2 %. Es curioso, en España con un gobierno socialista suben los impuestos prácticamente al mismo ritmo que la riqueza en el país germano con un gobierno liberal-conservador. En China lo llevan mejor aún, y eso que han ralentizado su crecimiento, porque han pasado del 11,9 % al 11,1 %.

Hay una teoría económica que sugiere que la creación de empleo está correlacionada con el crecimiento económico de un país, de tal forma que hasta que no se alcanza un 2,5-3 % de crecimiento, no se producen nuevos puestos de trabajo. De la misma forma, los países que crecen a más del 3 % terminarán absorbiendo la mano de obra propia y atraerán inmigración para complementar sus necesidades productivas. A nuestros hijos les espera la emigración.

Evidentemente esto no tiene nada que ver con España, aquí la cuestión es absolutamente diferente porque todo el mundo sabe que la precaria situación que vivimos en nuestra economía es culpa de la derecha, ¿cómo iba a ser responsabilidad de los socialistas si ellos exclusivamente miran por el bienestar de los ciudadanos y las ciudadanas?.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero necesita un cambio de carácter en su política económica, alguien con mucho coraje y menos conocimientos económicos que la musa del régimen que es Elena Salgado, alguien como Celestino Corbacho o José Blanco, conocidos por su curriculum académico y su buena disposición para convertirse en los españoles menos formados que cobran más sueldo, gente de partido con experiencia que en su vida no han hecho otra cosa más que manipular a todo el mundo para sobrevivir de la mejor forma posible siendo socialistas, queridos por los sindicatos a los que han subvencionado y los empresarios a los que han concedido negocios. Como Celestino Corbacho estará ocupado con sacarle las castañas a Montilla en Cataluña, solo nos queda José Blanco para salvarnos.

José Blanco es el único que puede salvarnos ocupando el ministerio de economía y hacienda, porque sólo él podrá hacer bajar la bolsa en un día lo que no había bajado en un año (que se jodan los ricos), porque sólo él invitará a todo el capital extranjero a huir de nuestro país, porque sólo él tiene el desconocimiento y la experiencia para hacer lo que se debe hacer en este país: repartir la riqueza existente entre todos los españoles. Sólo alguien de su inteligencia se atrevería a hipotecar el Museo del Prado y La Alhambra de Granada para que lo gestionaran empresas internacionales (para qué queremos arte si no podemos comprenderlo). Sólo él se atrevería a quitar las ayudas económicas del Estado a todos menos los que están en su secta (y así nadie protestaría). Sólo él podría repartir el esfuerzo de los que trabajan entre los que no han pegado palo al agua en su vida y han vivido a la sombra del Estado sin mérito alguno para alcanzar tal privilegio.

José Blanco es la persona que necesitamos en Economía, porque si usted tiene cien euros debe dar cincuenta al Estado para que los reparta entre los que no tienen nada y entre los que se encargan del reparto. La justicia social comienza por la justicia económica y en este mundo, según el socialismo, somos todos iguales. Si usted trabaja 14 horas al día es por qué puede hacerlo gracias al socialismo, lo justo es que reparta lo que gana con los que no trabajan gracias al socialismo. Basta ya de privilegios, cómo va a permitirse en este país que los ambiciosos que trabajan como burros vayan a tener más ingresos que los que disfrutan como asnos sin mover un dedo.

Solidaridad amigos, solidaridad, ha llegado la hora de demostrar que los españoles somos socialistas, debemos pagar todo el progreso que los socialistas han traido a nuestro país, ahora tenemos en sus cómodos despachos a todos los que antes se manifestaban en las calles. ¿No se merecen los socialistas vivir como marqueses en esta España feudal?. A la vuelta de las vacaciones, "sus vais a enterar del conceto" de lo que es el socialismo (o muerte), que José Luis es la pirotecnia "in person".

Biante de Priena

La propaganda nos hará esclavos


Los relativistas han acabado imponiendo sus dogmas en la sociedad occidental, cuando anunciaban que el relativismo era la superación de todos los dogmas (menos los suyos, claro). Desde los axiomas de la comunicación de la Escuela de Palo Alto hasta nuestros días han pasado muchos años. De la verdad os hará libres han pasado muchos siglos. Hoy la verdad sólo puede ser aproximada, no existe la certeza (aunque esté contrastada), sin embargo en todo de lo que no se puede demostrar su certeza se genera un espacio de incertidumbre que permite a los que manejan los medios de comunicación influir sobre los criterios y los conocimientos de las personas, manipulando la información a su interés, que habitualmente coincide con el poder correspondiente que les paga generosamente por su trabajo, e indefectiblemente con nuestros impuestos.

Los cambios que se han producido en la comunicación en las últimas décadas provienen de una estructura compleja que se ha establecido sobre diversas adquisiciones y pérdidas de la civilización contemporánea con respecto al periodo anterior, de no consumo cibernético. Hoy la realidad virtual ha ampliado la realidad humana, fundamentalmente con varias intenciones, la primera inducirnos al consumo de todo lo que quieren vendernos y la segunda influir en la opinión pública desde el poder, para que los poderosos y sus edecanes puedan seguir adheridos al pesebre público, que detentan con la coartada de las urnas.

Noam Chomsky, uno de los líderes carismáticos del pensamiento social en Norteamérica decía que “la propaganda es en una democracia lo que la coerción en un Estado Totalitario”. Me permito modificar la frase para decir que la propaganda es la coerción del poder que convierte una democracia en un Estado Totalitario. El derecho a la información no manipulada es necesario para que un sistema democrático pueda funcionar de forma armónica y eficaz. La libertad de expresión es imprescindible para que una democracia permanezca viva, sin embargo los mecanismos de la censura se han invertido, si ayer se recortaba la información con interés político, hoy se difumina en un proceso de intoxicación permanente desde los órganos del poder que se encargan de que no sepamos lo que realmente está ocurriendo.

En el caso español la información política ha convertido en una cloaca pestilente el espacio público. Los medios de comunicación redundan sin fin las mentiras que se urden en Gobierno y oposición cada día, provocando un efecto sobre nuestra atención que termina aturdida antes siquiera de saber lo que está pasando. La propaganda ha convertido la información en un material de consumo, que se expande con las reglas de la publicidad en la opinión pública. Los seres humanos no estamos preparados para comprender lo que está ocurriendo y lo único que podemos hacer es permanecer absortos ante la campaña permanente de manipulación informativa a la que nos someten desde todas las fuentes de información.

La realidad ha cambiado, porque hoy es lo que antes era más la intoxicación correspondiente, vivimos en una realidad tóxica. Cada día resulta más difícil para la inmensa mayoría de la gente saber lo que está ocurriendo, pero sin embargo la sensación subjetiva que nos infunden es la de que jamás hemos tenido tanto acceso a la información, cuando en realidad a lo único que podemos acceder es a su manipulación con finalidad propagandista.

El cambio que acontece en el ámbito informativo y de la comunicación se ha producido, en mi criterio, por tres motivos entrelazados: la eclosión de las nuevas tecnologías, la ausencia de criterios de comprensión y la ilusión de control de las masas, la ambición de los detentadores de influir sobre la opinión pública para perpetuarse en el poder.

En primer lugar el estallido tecnológico en los medios de información y comunicación al que estamos asistiendo en las últimas décadas, es algo que no tiene parangón en la historia humana. Mucha gente disfruta con la fantasí de considerar que el accesor a un ordenador conectado a internet le permite controlar el mundo, cuando en realidad lo que ocurre es que está siendo controlado por el mundo. Al igual que los jugadores de videojuegos consideran que son héroes o villanos, con la facilidad que supone manejar un jostick.

En segundo lugar la ignorancia de las masas ha crecido en proporción correlacionada con los avances tecnológicos. Es cierto que hoy tenemos mucha más información de la que podemos consumir, pero el problema es que para digerirla se necesita disponer de un criterio que permita su comprensión. Somos náufragos en un océano en el que acabaremos muriéndonos de sed. Disponer de información sin criterio para comprenderla es igual que morirse de hambre en un supermercado por tener la boca amordazada.

La irracionalidad de los seres humanos es portentosa. Hoy cualquiera puede acceder a la información sobre el funcionamiento de un reactor nuclear, teniendo la impresión de que puede comprender perfectamente su mecanismo, habiendo leído previamente de ingeniería el manual de instrucciones de una lavadora. Lo mismo se puede decir de temas relacionados con cualquier materia, sea en el ámbito científico o en el mundo del humanismo. La gente opina sin criterio, así se pueden observar magníficas barbaridades en los medios de comunicación o en el espacio virtual de internet. El criterio proviene del conocimiento y la experiencia prolongadas, pero hoy la gente tiene prisa para reflexionar y prefiere consumir los productos intelectuales aptos para el consumo que les proporcionan desde los manantiales de la propaganda.

En tercer lugar está la ambición del poder de perpetuarse a sí mismo, de autoreproducirse, de extinguir cualquier amenaza que pueda desplazar a los detentadores de su abuso. Los gobiernos de cualquier color destinan ingentes cantidades de recursos públicos a fomentar en la opinión pública y el imaginario colectivo que están velando por el bienestar de los ciudadanos, mucho mejor de lo que pudiera hacerlo cualquier alternativa rival. Para ello no duda en cambiar las propiedades del lenguaje si es necesario, con el objetivo de que los mensajes que emite sean aceptados como excelentes por la inmensa mayoría, especialmente por la masa desinformada, amorfa y sin criterio. Al poder no le interesa educar a los ciudadanos en la libertad, más bien lo que pretende es que su forma de opresión sea consideradad por los ciudadanos como la única libertad posible.

Decía Mac Luhan en “La Aldea Global” que el medio es el mensaje, hoy en día podemos resumirlo en que los deseos del poder son el único mensaje posible en un estado totalitario como el que nos están construyendo a modo de jaula mental. El pensamiento político correcto, el talante, la ocultación de la realidad, las mentiras urdidas con intenciones propagandistas, la negación de cualquier discurso que no sea el del poder con el aplastamiento de las opciones políticas rivales –la derecha- y su difamación permanente, son las armas que permiten a los gobernantes del PSOE continuar aferrados al poder, fundamentalmente porque el millón de “pesebristas” que mantiene han conseguido desplazar a cinco millones de españoles al paro, con la ayuda inestimable de los sindicatos. El PSOE ha adquirido las mejores técnicas de manipulación de la extinta Unión Soviética tras la caida del Muro de Berlín. Los del PP arriolano se conforman con esperar y ver como el cadaver de su enemigo pasa por delante de su puerta sin mover un dedo, con esa credulidad que caracteriza a los ineptos que se piensan superdotados por los dioses.

Lástima de país y de las generaciones que tendrán que resolver en el futuro el páramo intelectual que han creado los progresistas que nos pretenden llevar de regreso a la Edad Media, para constituir de nuevo el Antiguo Régimen de poderes absolutos, eso sí, en esta ocasión desde el más puro relativismo, con una sonrisa beatífica y la miseria de los que siempre esperan que alguien haga algo sin mover un dedo siquiera por cambiar el desastre de su propio destino.

Biante de Priena

miércoles, 11 de agosto de 2010

La deriva inconstitucional del poder político en España


“La nación todo lo puede y Las Cortes solamente lo que les permite la Constitución que forma la nación”. Conde de Toreno. Diario de las discusiones y actas de las Cortes. Vols. 7-8. Cádiz 1811.

España ha retrocedido políticamente durante las últimas legislaturas en las que el PSOE ha gobernado nuestro país. José Luis Rodríguez Zapatero es el Presidente de Gobierno que más se ha excedido en sus arbitrarias y sectarias políticas legislativas. El Parlamento español ha sido cómplice del Gobierno, vulnerando su mandato y compromiso democráticos. Los órganos de administración del poder judicial están impuestos por el Parlamento y el Gobierno, y por lo tanto no son independientes, sino tributarios solidariamente de la responsabilidad política que corresponde a los dos poderes que determinan la composición de sus órganos rectores. Esto conduce nuestro país a una situación de ilegitimidad establecida desde el poder de forma delictiva.

El Parlamento español a instancias del Gobierno, con el apoyo de los minoritarios grupos nacionalistas y la connivencia del principal partido de la oposición, en una vesania totalitaria desconocida en las democracias occidentales, ha aprobado leyes inconstitucionales, que afectan a los derechos fundamentales de los ciudadanos españoles, que sólo podrían reformarse convocando Cortes Constituyentes.

La gravedad de la situación ha pasado prácticamente desapercibida gracias al apoyo y la colaboración de los medios de comunicación y el silencio de la inmensa mayoría de opinadores sin criterio que pueblan el espacio mediático, convertido en pesebre, en nuestro país. Los principales supuestos valedores del orden constitucional se han comportado como oligarcas sin complejos, que han secuestrado la soberanía del pueblo español.

Al menos en tres cuestiones el Parlamento Español ha cometido fraude de ley: la ley de violencia de género, la negociación con ETA, el Estatuto de Cataluña. En todos los casos citados se atenta fundamentalmente contra el artículo 14 de la Constitución Española de 1978, pero no es el único que han transgredido los parlamentarios españoles que deberían haber velado por el cumplimiento estricto de la Carta Magna.

Estamos asistiendo a una situación perversa, porque los parlamentarios españoles al transgredir la Constitución, pierden de forma inmediata su representatividad pública, pues su mandato democrático debe ceñirse escrupulosamente al ámbito perfectamente delimitado por la Constitución.

Definitivamente, el Parlamento Español y el Gobierno han derivado hacia la extraconstitucionalidad y deberían ser deslegitimados de su representatividad democrática por el Tribunal Constitucional y desposeídos de su poder por las autoridades correspondientes.

La gravedad de la tergiversación que se ha hecho de la Constitución Española con la insidia orientada exclusivamente por los beneficios electorales que han procurado al Gobierno determinadas alianzas, es de tal perjuicio para los españoles, como el Golpe de Estado encubierto que el Presidente Zelaya intentó dar en Honduras o Hugo Chávez ha dado en Venezuela.

Los españoles estamos viviendo en estos momentos fuera de la ley, mientras la oclocracia gubernamental y parlamentaria defiende sus propios intereses contra los del pueblo español. Esto es inadmisible en una democracia europea. Deberíamos reunirnos y presentar una protesta en Estrasburgo por aceptar un país que ha dejado de ser democrático en el seno de la Unión Europea.

El programa marco del Gobierno en su aproximación a comunidades no democráticas bajo el pabellón inventado de la Alianza de Civilizaciones está logrando el efecto contrario al que se presuponía, en detrimento de la soberanía nacional y la ciudadanía española. Lo mismo se puede decir de la deriva gubernamental hacia las hipótesis arbitrarias del nacionalismo catalán o el secesionismo etarra. El Gobierno se alía con los principales agresores de la Constitución española, contra los españoles soberanos de esta nación, en plena impunidad y regresión.

Hoy la España de Zapatero se parece más a Turquía en los ámbitos social y político, que Turquía a la España que existía antes de que el PSOE llegara al Gobierno tras el atentado del 11-M, con José Luis Rodríguez Zapatero de Presidente. En 2012, si seguimos al mismo ritmo, posiblemente ya nadie recuerde que España tenía una Constitución legítima aprobada por el pueblo español en 1978. El silencio de los supuestos opositores del PP no es otra cosa que complicidad y connivencia, de la que son absolutamente responsables.

Biante de Priena

Liberalismo Revolucionario: una propuesta para la juventud española

"Para que una nación ame la libertad basta con que la conozca, y para que sea libre basta con que lo desee." Lafayette

"¿Qué es el gobierno sino la conducción de los asuntos de una Nación?. No es, y no puedo serlo por su naturaleza, la propiedad de cualquier hombre o familia particulares, sino la propiedad del conjunto de la comunidad, a cuyas expensas es sostenido; y aunque mediante la fuerza o el ingenio ha sido convertido en patrimonio privado, esta usurpación no puede alterar la naturaleza de las cosas. La soberanía, como un asunto de derecho, pertenece solamente a la Nación y no a un individuo cualquiera; y una Nación tiene en todo momento un derecho inherente e irrenunciable a abolir cualquier forma de gobierno que encuentre inconveniente y a establecer la que esté de acuerdo con su interés, disposición y felicidad. La romántica y bárbara distinción de los hombres en reyes y súbditos puede convenir a los cortesanos pero no a los ciudadanos; y resulta desmentida por el principio en el que los Gobiernos ahora se fundan. Cada ciudadano es un miembro de la Soberanía y, como tal, no reconoce sujeción personal y sólo obedece a las leyes" (p. 165). Los Derechos del Hombre. Thomas Paine. 1791

Hace unos años se publicó en este blog una breve biografía comentada de Thomas Paine, si lo desean pueden ustedes leerla en este enlace, pero si lo prefieren pueden conocer al personaje que hoy abordamos en este otro, o también en éste. Un personaje como Tom Paine no pasa desapercibido para nadie que considere la política como el arte de administrar el poder sin hacer daño y la libertad como una conquista irrenunciable del ser humano.

Hoy, al mismo tiempo que vivimos en el marasmo de la mediocridad gubernamental que nos conduce, sin duda, al declive económico y el desamparo social, es buen momento para recordar a una de las figuras más notorias de la historia del pensamiento político, posiblementa la figura más relevante del liberalismo revolucionario, hecho a sí mismo, mezcla de ideas claras y precisas sobre la condición social de los seres humanos y de acción permanente en la búsqueda del bienestar comunitario, tanto privado como colectivo. Al liberalismo revolucionario debemos las mejores páginas de la historia de la lucha contra el poder en todas sus formas, religiosas, políticas, culturales, económicas y sociales.

Hoy en día, que hasta un inepto como José Blanco se permite disertar sobre filosofía, mientras un paradigma de la estulticia como es Celestino Corbacho, opina sin criterio alguno sobre la realidad social, es momento para recordar a las nuevas generaciones que no siempre la decadencia y la basura mental ocupó las riendas del poder. Los jóvenes españoles, más que cualquier otra juventud europea, necesitan comprender la realidad más allá de la propaganda que les brindan desde La Moncloa, como ayer se hacía desde el franquismo, convenciéndoles de que el socialismo es la panacea universal a todos los problemas humanos, la epítome de la democracia y otras chorradas semejantes destiladas por José Luis, en el páramo en el que se ha convertido el espacio político en nuestro país gracias a la inestimable ayuda de ese fantasma del Licenciado Vidriera que es Mariano Rajoy y la corte de los milagros que le acompaña en la deriva tediosa de lo sobrevenido.

Mis queridos compatriotas más jóvenes abandonad la miseria en la que os han adoctrinado, porque es el yugo que los infames quieren ceñir sobre vuestras cabezas, para convertiros en esclavos. El socialismo jamás ha liberado a nadie de nada, es la más inane de las ideologías y solo puede brillar en la miseria, la opresión y la depresión. Es hora, queridos jóvenes españoles, de que sepais que vuestra nación no es un accidente, ni una aberración, sino al contrario, un paradigma de la libertad, la igualdad y la justicia que no acaban de cultivarse de forma adecuada en esta democracia asfixiada por los partidos políticos.

Cuando en los Estados Unidos de América se promulgó la Declaración de Independencia en el año 1776 (previamente habían establecido la Declaración de Derechos en 1774), todavía faltaban trece años para que estallara en el país vecino la Revolución Francesa en el año 1789 y la proclamación de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.

España no se quedó atrás, porque en el periodo comprendido entre 1808-1812 vivió ambas revoluciones al mismo tiempo, la primera contra los ejércitos invasores de Napoleón, y la segunda con la promulgación de la primera Constitución Española, en la que se declaraba que el pueblo español era el único soberano de la nación española, se establecía el sufragio universal, la separación de poderes y se sometía al Rey Fernando VII a la Ley del Pueblo.

Los socialistas y conservadores os ocultarán esa realidad, porque ni existían por entonces y sus ancestros apoyaban a los serviles o a los traidores. Aquella magnífica obra política fue promovida por los liberales, a ellos se debe la mayoría de las libertades y derechos que hoy disfrutamos en nuestro país, muchos de aquellos liberales se dejaron la vida por traer a España un gobierno con mayor presencia del pueblo, que con el tiempo derivaría en lo que hoy conocemos como democracia liberal. Desde entonces hemos retrocedido, porque la democracia ya no es el poder del pueblo, sino de sus intermediarios: los partidos políticos.


Cuando hoy se le llena la boca al Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero sobre los derechos humanos, siempre se le olvida rendir tributo a aquellos liberales que los trajeron a la civilización occidental, mostrando la miseria de su propaganda, parece que antes de la llegada del socialismo a España nadie había hecho nada por el pueblo, cuando el socialismo siempre ha gobernado contra el pueblo, formando pesebres para sus sectas que fundamentan en el victimismo, que solo se debe a su propia mediocridad e incapacidad para el esfuerzo, los males que atenazan a los que en un mundo de libertad solo pueden triunfar haciendo trampas, ocultando la realidad, intoxicando la opinión pública, mintiendo sin recato, aborreciendo a todo aquel que destaca si no es de su apestosa secta.

Rindo homenaje a Thomas Paine, un hombre extraordinariamente generoso que jamás veréis reflejado en ningún texto socialista o conservador, a pesar de haber publicado textos que superan todo lo aportado por el socialismo a lo largo de su mezquina historia y por los conservadores a lo largo de su impertinente devenir, porque realmente defendía a los ciudadanos (a cada uno de ellos, fueran de su idea o de otra diferente) y no el acotamiento de poder para dominarlos y obtener privilegios a su costa.

No es cierto que no haya salida, es una de las muchas mentiras con las que los políticos del ahora pretenden atraparnos en su red de opresión y privilegio. La salida es, como ha sido siempre la lucha por la libertad de cada uno, cada uno debe luchar por su libertad y contra la opresión a que intentan someterle los poderosos. No hay otra forma de romper las cadenas que destrozando la cárceles mentales en las que nos han depositado los actuales representantes políticos en España.

La única salida es libertad, igualdad y justicia, hoy como en 1812, y por supuesto cultura, sin cultura es imposible escapar a la miseria que nos tienen preparada, así que mis queridos jóvenes españoles, conoced lo que realmente sois por vosotros mismos, para que nadie os pueda condenar a su miseria. Nadie puede hacerlo por vosotros, sólo así seremos capaces de enfrentarnos a esta purria política que pretende que nos creamos que representa los intereses de todos y no los suyos personales. Seguid las enseñanzas de Thomas Paine, los liberales revolucionarios y los padres de la nación española y os aseguro que encontraréis vuestro camino en el horizonte a la luz de la libertad.

* No dejéis de visitar Mundo Libre Digital, La República Constitucional, el estimado rincón de Antonio Escohotado que se anuncia así: «La humanidad no posee regla mejor de conducta que el conocimiento del pasado.» Polibio, o si queréis pasar a la acción Movimiento Democrático, el Movimiento Ciudadanos por la República Constitucional, será un buen comienzo para la conquista de vuestra libertad y la de todos.

Biante de Priena


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