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martes, 30 de octubre de 2007

Adoctrinamiento Infantil en Dibujitos

Cataluña vuelve otra vez a enseñarles a los niños inmigrantes que viven en una "gran nación". En esta ocasión mediante el regalo masivo de un DVD de Las 3 Mellizas que bajo el nombre Cataluña, Tierra de Todos explica en clave infantil y con un argumento de ficción (y nunca mejor dicho), cómo la sociedad catalana ha sido, es y será una tierra de acogida de familias recién llegadas: adoctrinamiento separatista del que son objeto los niños, últimamente centrado con especial virulencia en los niños inmigrantes, ya que ellos no sienten apego hacia España y es mucho más barato convertirlos en integristas de la casa nostra.
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Rumors-01

Exaltación de la intolerancia

Si un solo día nos acostáramos los españoles satisfechos de lo que han hecho los políticos que algunos han votado, seguramente esa noche sería el comienzo de una nueva etapa de nuestra historia, pero no va a ocurrir; España, políticamente va con retraso sobre la edad cronológica, no se desarrolla de forma adecuada porque los políticos de los que disponemos son en su más íntimas fantasías, imprescindibles, insustituibles, "nuestros salvadores".


En cierta ocasión, un amigo que más tarde se ha dedicado a la política, tras un instante de cabreo, por que los dirigentes de su partido estaban dilapidando todo lo que había hecho a lo largo de una legislatura, simplemente para que no descollara demasiado, me dijo mientras nos tomábamos una caña: “he pensado en dimitir, en irme y mandarlos al carajo, pero no lo voy a hacer”, y tras un breve instante de silencio me atreví a preguntarle: “¿y por qué no vas a dimitir, si es lo que quieres?”, entonces su respuesta todavía me dejó más asombrado: “parece mentira que tú me hagas esa pregunta, ¿te has fijado quién es el que va tras de mi en la lista?".

Esos son los políticos que tenemos en este país, el enfrentamiento que se ve entre el PP y el PSOE no es un epifenómeno de la crispación extemporánea, ni mucho menos; sino la estructura básica de funcionamiento, la crispación que hay entre los grandes partidos no difiere de la que viven en su propio seno. La cohesión interna de los partidos políticos españoles se fundamenta en la tensión dialéctica permanente, que conduce al conflicto como ambiente habitual. No se sienten buenos por lo que hacen, sino por lo que deshacen del adversario.

Atrapados por la histeria

Se podría hacer un análisis de esta condición de rivalidad de partes entre sí, de partes contra el todo y en el todo en sí mismo. El problema no difiere de lo ocurrido en 1812 cuando se promulga la primera Constitución española, por poner una fecha de comienzo, porque el origen del conflicto es mucho más remoto y posiblemente provenga de la situación geohistórica de la península que ha permitido el cruce de pueblos y configuraciones mentales diferentes desde los mismos orígenes. Algún historiador romano se fascinaba con la pluralidad existente en los pueblos que habitaban esta tierra. Y todos los hispanistas que han tratado de retratar a nuestra población han dicho prácticamente lo mismo, “que raros son los españoles”, para añadir a continuación lo de fascinantes, apasionados, o folclóricos.

La diversidad es una de nuestras características definitorias, que algunos intérpretes interesados han considerado desde su feudalismo postmoderno como diferencias insoslayables que confirman sus presupuestos emancipadores. En su terquedad confunden la diversidad de pareceres colectiva con la ausencia de identidad propia, cuando precisamente es todo lo contrario, la fuerte identidad propia es la que conduce a la discrepancia y la desavenencia, más allá de las distintas fragmentaciones que se haya hecho de nuestra tierra por motivos diversos, unas veces con fundamento y otras sin él. Ser lo mismo, no significa ser iguales, idénticos, clónicos.

Respeto al interlocutor que no coincide con nosotros, es lo que nos falta a los españoles, nos sobra ese ánimo de maestro de escuela que pretende convencer a sus pupilos del error y la ignorancia en la que viven, frente a su omnicomprensiva sabiduría que les liberará de la estupidez. En España el relativismo no puede existir, todo lo más, un equilibrio tenso de diferentes absolutismos. El consenso, aquel invento de Adolfo Suárez, era precisamente ponerle puertas al campo, de ahí su reconocido éxito civilizatorio.

No desconozco que toda generalización es absurda y que los estereotipos antropológicos fundamentados en compartir lugar de residencia son absolutamente refutables, pero si hay algo más allá de la mitología y la propaganda que permite que los españoles podamos ser clasificados como un pueblo, precisamente es la discrepancia. Puede usted preguntar a cualquier europeo lo que opina sobre un tema como el cambio climático, y se encontrará respuestas que variarán entre los que lo consideran la última plaga, hasta los que no le dan importancia, incluso puede haber alguno que pregunte que es eso del cambio ¿qué?.

Pero tome usted a diez o veinte españoles, hágales esa misma pregunta y descubrirá la de cosas que se pueden apreciar mirando lo mismo, aquí la sentencia, condena y ejecución se hace al mismo tiempo; además dejando bien claro quien es el culpable, donde vive, como se llama, cuantos hijos tiene, y a que dedica el tiempo libre. Eso sin tener más idea sobre el tema que lo que se ha leido en los periódicos, que se toma como la verdad suprema, por que necesidad de creer en lo que nos cuentan, no nos falta.

Pequeños inquisidores somos los españoles, ejerciendo control social sobre lo que ocurre, aquí nada de “laissez faire”, ni otras zarandajas. Cada hecho se juzga con sumo detalle, aunque sea sin información, y se defiende la posición devenida contra viento y marea, con tal de que los interlocutores, aunque tengan razón, no se salgan con la suya.

Compara y derriba

Quien no comprenda que los españoles nos medimos a nosotros mismos mirando lo que hacen los demás, no entenderá jamás este país. Somos devaluadores del prójimo por naturaleza, al que acabamos ensalzando por impulso y no por reflexión, si es que acaso acierta en su cometido. Por eso España no gana un mundial de futbol, y sin embargo los equipos españoles han triunfado en competiciones internacionales, porque no llegamos a medirnos con el rival, sino con el aliado, que no es como nosotros, que en este caso suele ser extranjero y juega fenomenal, por eso está aquí. Pero en vez de pagar grandes fortunas por que vengan investigadores de los que podamos aprender, y que ayuden a cambiar la realidad de este país, aquí se fichan futbolistas. Así nos luce el pelo.

Zapatero tiene razón en una cosa, a su pesar, necesitamos que este país se llene de emigrantes, porque al compararnos con ellos, por orgullo, envidia o soberbia, haremos las cosas mucho mejor para competir contra los foráneos, diciendo aquello de que se habrán creído éstos, que lo pueden hacer mejor que nosotros, se van a enterar.

Somos un pueblo reactivo, la furia española proviene de la improvisación, no se hacen las cosas, y cuando todo se da por perdido, se promueve un esfuerzo sobrehumano y se cambia el destino previsible, así llevamos siglos. España se ha hecho a borbotones, de forma disruptiva e inimaginable previamente. No hay planificación en cuestiones colectivas ni individuales.

Pero una de las pruebas más interesantes de lo que digo, es la forma de actuar de nuestros políticos, se miden tanto, que si Zapatero dice una tontería, Rajoy no puede ser menos y le responde con otra, y viceversa, para que se vea que están en igualdad de condiciones. No hay igualdad en España en nada, y lo sabemos, incluso podemos llegar a reconocerlo con la boca pequeña, y la desigualdad existente entre los españoles, acrecentada desde el sobrealzamiento de los nacionalistas, es la causa de la mayor parte de nuestros problemas.

Por eso tenemos a un PSOE diciendo que busca la igualdad, y a un PP que busca la libertad, y en vez de pensar un instante en que en un país avanzado, la octava o novena economía mundial, con una democracia consolidada formalmente (otra cosa serían los contenidos), no se puede prescindir ni de la igualdad, ni de la libertad, que tanto monta, monta tanto, elegir una alternativa, como poder hacerlo todos por igual, se dedican a negarse recíprocamente.

Pero lo dramático, absolutamente patético, es ver a un PSOE ir contra la libertad por defender la igualdad, y a un PP ir contra la igualdad por defender la libertad. Es entonces cuando a uno le dan ganas de abjurar de la nacionalidad, para afiliarse a cualquier otro lugar donde los políticos no sean tan nefastos, por ejemplo Francia, que tiene como lema lo de la “liberté, fraternité, egalité”.

Aquí la fraternidad brilla por su ausencia, es más, todavía no hemos llegado a ella, ni creo que lo consigamos en varias legislaturas. Más que hermanos parecemos primos. Es tan estúpido lo que ocurre, que parece que el PSOE y el PP no fueran los representantes políticos de un mismo país, en el que hay más intereses comunes que diferentes. Claro entre los ciudadanos, por que evidentemente los que viven de la crispación, deben serguir enfrentados, para cultivar el malestar de todos y sus privilegios, al mismo tiempo.

Nuestros políticos deberían leer el "Tratado sobre la Tolerancia" de Voltaire en el que se dice: "Todas las cofradías merecen respeto: son edificantes; pero por muy grande que sea el bien que hagan al Estado, ¿iguala a ese mal que han causado?". Y después pasar un examen, antes de prometer el cargo. Sr. Rajoy, Sr. Zapatero, yo tengo varias preguntas para ustedes.


Biante de Priena

lunes, 29 de octubre de 2007

De mayor, Rajoy quiere ser Sarkozy


En su primer amago de "apertura", Rajoy adelantó este fin de semana que coincide en muchas cosas con gente de izquierdas y que lo importante es regenerar la democracia con gente capacitada y de buena voluntad, llamando al consenso nacional.

Antes de optar por una estratégica basada en el éxito electoral de Sarkozy y su "ouverture", el líder popular debería estudiar de cerca la trayectoria del nuevo presidente francés:

-Sarkozy ha preparado su acceso a la presidencia desde... el año 1975, cuando a los veinte años se hace con las Juventudes gaullistas y empieza a tejer su red de influencias políticas, económicas (a través de su actividad de abogado de negocios) y de la farándula (actores y cantantes de éxito).

-Tuvo su momento de gloria y heroísmo al arriesgar su vida, siendo un joven alcalde de Neuilly, cuando entró a dialogar con un secuestrador de niños en una escuela maternal, y salió con dos niñitas en brazos, consiguiendo una foto que penetró en la memoria subliminal de los electores a veinte años vista. Horas después, el psicópata sucumbía de dos disparos en la frente en una operación del GIGN (Geos locales), con su méntor Pasqua de ministro de Interior y su máxima preferida: "Vamos a aterrorizar a los terroristas".

-Sufrió una derrota que provocó su marginación durante años, cuando decidió apoyar a Balladur en la enésima guerra fratricida de la derecha, en 1.995. Aguantó en silencio, se recompuso, reorganizó sus huestes y volvió como Bonaparte, pero no para quedarse cien días, sino diez años y lo que le queda.

-Entendió que sin un partido fuerte, no podría ganar, así que accedió a la jefatura de la UMP, nuevo partido de unión de las derechas, arrebatándoselo al presidente Chirac (quien lo había creado para su beneficio) y eliminando cualquier tipo de pluralismo político o de democracia interna en la cúpula de ese movimiento, convertido en ejército para la conquista del Elíseo. Al mismo tiempo, favoreció los mecanismos de expresión directa de sus militantes, en una especie de despotismo ilustrado y de diálogo directo entre los afiliados y él. Multiplicó por tres las adhesiones, particularmente de gente joven de clase media sin antecedentes políticos. Empezó por eliminar a los rivales de su partido antes de enfrentar a los adversarios ideológicos, pues entendió y aplicó a la perfección la máxima de Churchill: "están los amigos, luego los adversarios, luego los enemigos, luego los enemigos mortales y por fin los compañeros de partido".

-Ocupó durante años el ministerio de Interior, reorganizando y controlando los servicios más confidenciales y operativos del Estado, rodeándose de mandos policiales fieles y ambiciosos.

-Organizó su estrategia política de acceso al poder en torno a una célula de comunicación dirigida por los mejores publicistas del país, cuya experiencia en el medio no era propiamente política, sino en el ámbito de los "famosos" del pop, del cine taquillero y de las empresas.

-Frente a una izquierda mediática y culturalmente dominante y frente a una derecha extrema populista y popular, hizo campaña en torno a los valores y preocupaciones de la derecha sociológica asumiendo que son compartidos por una amplia mayoría natural de los ciudadanos: orden y seguridad, control de la inmigración, patriotismo republicano, orgullo nacional, apología del trabajo y del esfuerzo, rehabilitación del mérito.

-Modificó constantemente su estrategia electoral, no en función de los sondeos de intención de voto, sino mediante un seguimiento cuidadoso y continuo de sondeos de opinión general sobre las preocupaciones supuestamente apolíticas de la gente. Se rodeó, no de sociólogos formados en La Sorbona 1968, sino de lexicólogos y especialistas de semiótica social.

-Jamás rechazó en diez años un debate en televisión o en la radio, más bien los reclamó, contra los adversarios más combativos y habilidosos, desde Le Pen hasta la extrema izquierda, convirtiéndose así en la bestia negra de cualquier político y forjándose una imagen de hombre público correoso, vehemente, con ideas claras, rapidez y ocurrencia dialéctica.

-Visitó los lugares más inhóspitos, siempre acompañado por cámaras de televisión, enfrentándose desde su metro sesenta y ocho y en diálogos a pie de calle con sindicalistas furibundos, hijos frustrados y rencorosos de la inmigración o representantes de la farándula progresista (versión francesa de la pandilla Bardem).

-Su prioridad, más allá de las rupturas económicas y sociales, es preservar la soberanía nacional: fuerza de disuasión nuclear; independencia energética gracias a la energía nuclear; combatividad diplomática en el espacio político de la Unión Europea, oponiéndose por ejemplo al ingreso de Turquía; iniciativas internacionales con proyección de liderazgo, como el discurso sobre "Euro-África" en Tánger; compromiso personal con el dinamismo económico de las empresas francesas (regresó de Marruecos, hace unos días, con contratos de ventas y cooperación económica por 3.000 millones de euros de ingresos netos).

La apertura política sólo la hizo después de las elecciones, siendo ya Presidente de la República. Y no la ofreció a los partidos de la izquierda, sino de forma individual, por encima de las burocracias de partido, a impertinentes con alto porcentaje de aceptación en la opinión pública (Kouchner, el French Doctor, aborrecido por sus compañeros socialistas) y a símbolos atípicos de la lucha contra la discriminación y la miseria (el presidente de Emmaüs o la responsable de origen magrebí del colectivo "Ni Putes ni Soumises").

En cuanto al consenso nacional, el "Cher Nicolas" lo viene defendiendo con entusiasmo desde... la noche de su victoria y acceso al poder. Antes no tuvo tiempo, pues dedicó todas sus energías a combatir sin cuartel: a sus mejores enemigos, criticando su inmovilismo (la derecha de Chirac); a la izquierda dominante y su buenismo, que tanto ha irritado, desde hace treinta años, a la gente más humilde y más expuesta a la violencia social; a la extrema derecha, no sin antes haber recuperado sus leitmotivs (seguridad, inmigración y orgullo de ser francés), dándoles una legitimidad republicana desde la reivindación discreta pero continua de sus orígenes judíos y extranjeros y de su trayectoria impecablemente democrática.

Señor Rajoy, medite sobre el "antes" de la victoria de Sarkozy y, sólo después, decídase acerca de la oportunidad de seguir su ejemplo. Y si no, invente su propia estrategia de ofensiva hacia el poder, rompiendo moldes y buscando el respaldo de los ciudadanos indignados por la decadencia de la Nación; y si no se siente con fuerzas, regrese al registro de la propiedad, pues España necesita a hombres extraordinarios para superar nuestro estado de emergencia.

El Conciso

domingo, 28 de octubre de 2007

Hotel Constitución 1812

Me sorprende la noticia que he leído esta mañana, el Oratorio de San Felipe Neri, lugar en el que se promulgó la Constitución Española de 1812,(origen moderno de todas nuestras instituciones y de la independencia de España y los españoles, de su soberanía ante el Rey, y ante las fuerzas invasoras), tras el fracaso de las negociaciones entre el obispado y la Junta de Andalucía, parece que sigue en venta, y unos promotores están pensando en la posibilidad de adquirirlo para dedicarlo a la hostelería.

Es ridículo, absolutamente imperdonable, y prueba de la depravación histórica a la que estamos asistiendo, que se permita hacer estas cosas con los lugares simbólicos de nuestra país, en los que se fundamenta nuestro origen como Nación y como Estado.

La negociación se resume de la siguiente forma, cesión por treinta años a la Junta de Andalucía por 50 millones de euros. La iglesia gaditana quiere dedicar ese dinero a la construcción de 16 edificios parroquiales en lugares donde la población ha crecido durante los últimos años y en sanear sus arcas en las que deben residir las arañas, y los defensores de Estatutos de cartón-piedra, cuyo coste y puesta en marcha será mucho mayor, han decidido no llegar a un acuerdo, porque no van a conceder fondos para hacer iglesias desde la Junta de Andalucía del mariscal Chaves, no vaya a ser que le hagan la competencia en lugares donde la población ha crecido.

Un vergüenza histórica digna de ocupar un espacio en nuestra memoria, que muestra el elevado nivel de nuestros políticos. El respeto que tienen por los símbolos que son origen de nuestra nacionalidad española, de la soberanía del pueblo español, ante los poderes absolutos, de nuestra independencia.

Quiero pensar que ocurriría en los Estados Unidos si se le ocurriera a alguien proponer hacer un hotel en Filadelfia, en el Independence Hall, utilizando la campana de la libertad para anunciar los desayunos. O que propusieran a los ingleses hacer un aparta-hotel en la Torre de Londres, o a los franceses un camping en Los Inválidos.

Y aquí nadie dice nada, o mejor dicho el portavoz de la Junta advierte que les han pedido mucho dinero, cincuenta millones por la cesión del lugar donde se han promovido las libertades y los derechos de nuestro pueblo, del que por supuesto se obtendrán pingues beneficios con la conmemoración de 1812.

Esta cesión debería ser suscrita por todas las autonomías, y por el Estado a partes iguales, y en último extremo, si en este país conserváramos la dignidad suficiente, deberíamos adquirir la cesión por suscripción pública, y demostrarle a los políticos que los españoles todavía podemos resolver nuestros problemas sin esperar nada de los políticos, nada bueno, quiero decir.

Biante de Priena

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