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viernes, 3 de junio de 2011

España recobra la libertad, el socialismo español ha muerto


No nos engañó Felipe González cuando prometió el cambio en 1982, ni José Luis Rodríguez Zapatero cuando ofreció motivos para creer. El socialismo, tras la caída del muro de Berlín en 1989 y el desmoronamiento del socialismo real, se quedó vacío de ideología y principios, para convertirse en una nueva religión, que ha tratado de asfixiar la libertad: el progresismo. El 22 de mayo del año 2011 el progresismo ha sucumbido, entonando su canto del cisne agónico.

El socialismo está condenado a reinventarse, y aunque trata de ganar tiempo para analizar su catástrofe, nombrando a dedo a Alfredo Pérez Rubalcaba, difícilmente alcanzará las próximas elecciones generales, por mucho que se empeñen en la cúpula de Ferraz, sin abrir una revolución en su seno. España, es la nación europea donde el socialismo más ha resistido los embates de los tiempos y los mercados, pero al final ha caído, y no ha sido gracias a la crisis económica, sino a sus inmensos errores y la soberbia frívola de sus dirigentes.

El poder que ha perdido el PSOE en estas elecciones es irrecuperable, tardarán posiblemente décadas en volver a gobernar en la mayoría de municipios y autonomías de España, y por supuesto, perderán el poder en las próximas elecciones generales. Pero la auténtica causa de su derrota, posiblemente irreversible, ha sido internet, es decir, la libertad. El burka cultural en el que tenían envuelta a la ciudadanía, se ha desintegrado gracias a la eclosión de la opinión pública en las redes sociales, blogs, foros y chats. La comunicación libre, entre la diversidad de ciudadanos, ha sido el antídoto eficaz para acabar con la epidemia de totalitarismo discreto y adoctrinamiento que habían iniciado los socialistas.

El PP ha triunfado en las elecciones, en algunos lugares por sus aciertos y en otros por las infamias a la ciudadanía que el PSOE ha realizado desde las instituciones, desde las que han administrado el poder con detentación y tiranía. Nadie desde el PSOE, ha tenido siquiera el detalle de pedir disculpas a los españoles por el enorme fraude a que han sido sometidos desde el socialismo. El presidente que no reconoció la existencia de la crisis económica para triunfar en las elecciones generales de 2008, ha logrado devastar el país, dejándolo al borde de la quiebra, con cinco millones de parados, y todavía, como si del rey desnudo se tratara, sigue hablando como si hubiera convertido España en la potencia mundial que prometió.

Varios cientos de miles de trabajadores afincados en la administración pública están a punto de perder sus inmerecidos puestos de trabajo, esa es la auténtica tragedia del PSOE, porque desde el caciquismo más infame se han aprovechado de la ingenuidad de los electores para favorecer a los suyos, mientra perjudicaban a la inmensa mayoría de sus votantes. El día que José Blanco y todos los que están en el Gobierno y aledaños, regresen a su puesto de trabajo antes de ocupar cargos políticos, este país habrá recobrado la normalidad. Aunque algunos piensen lo contrario, esto no es una cuestión de venganza, sino de justicia.

Precisamente el PSOE se ha valido de la injusticia social, para afianzar a los suyos en el poder, mientras perjudicaba a los demás; ha utilizado las instituciones públicas como negocios privados; ha impuesto leyes inconstitucionales, ocupando desde su totalitarismo los órganos rectores de la justicia; ha despilfarrado los bienes públicos de forma sectaria para cultivar a la ciudadanía en su catecismo. Han impuesto a los españoles un camino de servidumbre contra su voluntad, sus hábitos y tradiciones, con la esperanza de adoctrinarlos a la carta de sus intereses, han permitido y cultivado las estrategias sediciosas de los nacionalismos y han hipotecado el futuro de nuestros nietos gracias a su mesianismo, recortando por primera vez en la democracia, los derechos sociales adquiridos por trabajadores y pensionistas. Todo ello con el único objetivo de perpetuarse en el poder, sembrando socialismo para cosechar cargos políticos y privilegios.

No se resolverá con un congreso, ni siquiera con una refundación, la enorme crisis de identidad que les espera a los socialistas. España ha descubierto, al fin, que la defensa de lo público y lo colectivo, era una estrategia urdida con el único interés de que los que deciden vivan mejor de lo que les corresponde, sin más mérito que atesorar un carnet, y a costa de que la inmensa mayoría viva peor. El engaño ha concluido.

Aquellos que amamos la libertad, nos congratulamos de lo acontecido. En una democracia se puede aceptar la pluralidad ideológica, pero no se pueden asumir creencias totalitarias disfrazadas de democracia que atentan contra la libertad de los ciudadanos, ni socialistas, ni nacionalistas, ni conservadoras, ninguna que trate de reducir a las demás sin respetar las reglas del juego justo. La democracia es hija de la libertad, no su madre, como nos reseñó Proudhon.

En el año 2008, anunciamos que la crisis económica acabaría con el socialismo español, como así ha ocurrido, y también predijimos que sería la ausencia de autocrítica su letal veneno.

En el año 2009, desmontamos la farsa del socialismo español y advertimos a nuestros lectores que el socialismo había entrado en situación delirante.

En el año 2010, advertimos de las tentaciones totalitarias del socialismo español y también que la libertad, ante tanta opresión, acabaría con el socialismo español, y le brindamos nuestro adios más efusivo.

En el año 2011, pedíamos derribar el muro de progresismo que nos separaba de la libertad y el progreso, diagnósticando la agonía irreversible en la que había entrado el PSOE.

Hoy, tras las elecciones del 22-M, con el mismo criterio que hemos ido anunciando las distintas fases de la enfermedad del socialismo español, estamos en condiciones de confirmar su muerte. Descanse en paz, por fin, también los españoles podremos descansar, aunque ahora nos queda bregar con el PP socializado de Mariano Rajoy, que como no recobre rápidamente su identidad propia, también entrará en proceso de decadencia prolongada.

Con el resultado del 22-M, definitivamente, hemos recobrado la libertad, la coherencia y la congruencia como nación. Ahora podremos volver a sentirnos españoles, sin considerarnos por ello criminales, ni pecadores.

Enrique Suárez

4 comentarios:

fractalio dijo...

Biante, dice usted: “La comunicación libre, entre la diversidad de ciudadanos, ha sido el antídoto eficaz para acabar con la epidemia de totalitarismo discreto y adoctrinamiento que habían iniciado los socialistas”.

Y hace unos días decía: “no dudo de la buena voluntad de muchos de los que se han reunido en las plazas españolas, pero tampoco de quien está pilotando la revuelta de forma coactiva y discreta: el Gobierno, el PSOE, IU, los sindicatos, los colectivos apesebrados y los grupos de poder social de la izquierda española”.

¿No le parece que hay alguna contradicción? A mí sí me lo parece.

Ciudadano en la Red dijo...

Pues no la veo, fractalio, lo que dicen las urnas es realidad, lo que dice la calle puede estar manipulado, son realidades distintas, verá usted, la primera se corresponde con el pueblo que se ha expresado en las urnas y la segunda con una muchedumbres, que tratan de usurpar al pueblo su representación, fuera de las urnas y que se corresponde más con la demagogia propia de una oclocracia que con el germen de una regeneración democrática.

Pero ya sabe usted, en este mundo no todos estamos obligados a percibir lo mismo, si usted considera que hay contradicción entre ambas cuestiones, sus razones tendrá

epi dijo...

Lastima que tanta clarividencia que intenta demostrar...ya se haya acabado, con el intento de mantener este estado de partidos oligárquicos.

Menos mal que ainda quedan Pelayos y Cincinatos

Anónimo dijo...

Sin Lágrimas, por Javier Neira

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