Es hora de hablar de cosas más interesantes que las elecciones generales del 9 de marzo, sea cual sea el resultado, todo seguirá prácticamente igual. Los políticos que nos representan distan demasiado de los políticos que necesitamos para resolver los problemas que se presentan en nuestras vidas, en nuestra sociedad, en nuestro mundo.Abandonen toda esperanza de que las cosas mejoren en algún ámbito, todo seguirá deteriorándose paulatinamente, por qué políticos de todos los colores, medios de comunicación subvencionados, entidades financieras conniventes, empresarios rampantes, funcionarios y profesionales silentes, trabajadores obedientes, y sus respectivas parroquias dependientes, se han adueñado de la esperanza de cambio en el futuro, la tienen a su servicio, han maniatado la oportunidad de transformación social para convertir a los ciudadanos en esclavos de sus grandes obras.
Es hora de abandonar la creencia en la bondad de los políticos, en su altruismo, en sus intenciones positivas. La sociedad globalizada solo tiene dos estados posibles, opresión y resistencia. Los opresores viven de oprimir a los que pueden; los resistentes, como buenamente podemos de nuestros propios recursos, sin explotar a nadie. Los políticos y los financieros son opresores, los ciudadanos somos sus siervos, algunos están felices con esta coyuntura, mientras otros hemos decidido rebelarnos, no somos los primeros, esperamos que tampoco seamos los últimos.
La deshumanización mecanicista y materialista a la que asistimos es la reacción del marxismo que ante su derrota por la realidad pretende implantarse de nuevo en la sociedad a cualquier precio. El marxismo se enmascara para acabar con el capitalismo e imponer su modelo de sociedad. El capitalismo se conforma con que la explotación siga siendo posible, entre ambos, capitalismo y marxismo, explotan al ser humano, obligando a la especie al movimiento uniforme entre la producción y el consumo, pero el marxismo, busca además imponer su orden acabando con la libertad: entre ambos conforman el "social-capitalismo", el nuevo régimen que deja a los seres humanos reducidos a dos dimensiones: producción-consumo y sumisión-exclusión.
El social-capitalismo
Capitalismo y marxismo, se dan la mano en la opresión de los seres humanos, si el primero nos explota desde el mercado, el segundo lo hace desde el Estado. Entre ambos cierran cualquier posibilidad de evolución independiente de los seres humanos. Cada día se recortan más las libertades dentro del sistema, cada día se establecen con criterios más claros la distribución de privilegios entre los que asienten al poder. Vamos hacia una sociedad en la que solo puedan medrar los disciplinados, los obedientes, los abducidos por el sistema, en la que toda crítica será desatendida oficialmente.
Es la sociedad de la mediocridad, en la que el mejor funcionario es el que renuncia a su libertad por un planto de lentejas asegurado; el mejor empresario el que sabe a que políticos debe untar; el mejor periodista el que sabe alabar y encomiar la labor de sus amos; el mejor escritor el que traduce a lenguaje políticamente correcto, el nuevo idioma, la realidad cotidiana; el mejor trabajador, el que produce, consume y calla; el mejor parado, el que espera sin hacer nada. Es una sociedad gasificada, en la que la identidad propia ha dejado de contar, en la que la razón no es necesaria para vivir, en la que el silencio ante los desmanes del poder es la única forma de seguir viviendo tranquilo.
Asistimos a un magnicidio silente y subrepticio, discreto y sibilino, pero arteramente eficaz. Cada día los poderosos nos recortan a los ciudadanos un poco más la libertad, con el objetivo de incrementar geométricamente sus privilegios. Aplicando una revisión del malthusianismo, los recursos crecen linealmente, pero se distribuyen según criterios de injusticia organizada en proporciones geométricas para algunos e infames para otros. En este nuevo régimen la miseria crece de forma transversal, mientras que la riqueza no sigue ningún paradigma relacionado con la razón, sino con la mentira y el embaucamiento, con la ausencia de respeto a la ley, con la tiranía.
El fenómeno es global, pero en España se puede apreciar mucho mejor pues su democracia está en construcción y se puede observar cuantas son las trabas que se van estableciendo para que no pueda desarrollarse. El control político y financiero de la población es el objetivo último, no el bienestar de los ciudadanos. Evidentemente, vivimos mejor, porque trabajamos menos, entre otras cosas porque en los países avanzados económicamente se está rentando el déficit político de los países menos desarrollados y su explotación económica.
El comunitalismo es la vieja-nueva doctrina política. El "establishment" por un lado y los ciudadanos por otro. Los que se benefician de su statutus y los que no saben siquiera que es el status. Las élites y los demás, como describió Gaetano Mosca.
En estas elecciones generales a las que estamos asistiendo, estamos observando un juego de patricios que simula un juego de patriotas. La racionalidad ha sido excluida de la política, ni un solo argumento más allá de la crítica del contrario, ni una sola explicación consistente, ni siquiera con criterio, ni siquiera con dirección o sentido.
Los discursos de los políticos actuales en nuestro país representan la práctica de engorde de los cerdos, el cuidado de las vacas, la libertad de los pollos, y la organización de las ovejas. Estamos asistiendo a la domesticación de la ciudadanía al servicio de la política. Y nadie dice nada, porque no hay nada que decir. El comunitalismo está aquí, es el descubrimiento de largos años de explotación del prójimo. Al fin todos somos iguales, todos creemos ser libres en el escenario virtual que nos han construido. Todo está consumado, y a esto le tenemos que llamar progreso. Zapatero es el mejor representante de la nueva doctrina, y Rajoy, un discípulo muy aventajado. Es el partido único.
Erasmo de Salinas



