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viernes, 20 de febrero de 2015

El final de los días y el comienzo de la realidad





Algunos hablan interesadamente de apocalipsis, de un final de los días próximo, pero creo que el tiempo se acaba para los milenaristas que proponen mesiánicas soluciones y nos invitan al Armagedón diseñado para confundirnos: salir del euro, una prensa pública, abandono de la OTAN, no pagar la deuda y una futura alianza con países como Venezuela, Rusia o Irán para enfrentarse al sionismo de los yankes.

Al otro lado tenemos otro apocalipsis, el de aquellos que en su cobardía son capaces de ceder espacio a los milenaristas con tal de que se queden tranquilos, mientras ofrecen el mejor de los mundos posibles con impuestos de Dinamarca y servicios públicos que cada día serán más parecidos a los africanos.

En la encrucijada también se encuentran separatistas catalanes, partidos de pa ayudar, un PSOE que ha perdido toda orientación y los mismos puntos cardinales, los nacionalistas vascos que esperan a resolver la crisis para convertirse en separatistas y los nacionalistas canarios que lloran por el petróleo que les iban a robar los godos. 

Realmente creo que los que se enfrentan al apocalipsis son todos ellos, los doctrinarios, los separatistas, los que quieren seguir aprovechándose de los que engañen con promesas que serán incumplidas con seguridad, como siempre acontece tras las campañas electorales. No se dan cuenta de que los españoles han avanzado y no están dispuestos a regresar al pasado, ni para abrazar el tercermundismo, ni para ensalzar el caciquismo, ni para hacer la ola con las gilipolleces que dicen los que salen en la televisión. Este país está harto de mangantes de todos los partidos.

No es difícil llegar a la conclusión de que todo lo que no es solución, será problema, y los españoles ya no quieren más problemas creados de forma artificiosa por los que viven magníficamente de representarnos, a costa de que los demás tengamos que vivir cada día peor, para cumplir con sus programas, proyectos y delirios.

La reacción está en marcha, no dejaré de insistir que toda esta colección de mequetrefes que representan a los partidos políticos son menos de un 1 % de los españoles, y reunidos con todos los que les apoyan a todos ellos apenas alcanzaron el 42 % en las pasadas elecciones europeas, con el circo que se han montado no creo que logren llevar más gente a las urnas, aunque se maten en el sarao, sino al contrario, van a despejarlas de todos aquellos que tengan un mínimo respeto por sí mismos y conserven un atisbo de dignidad.

¿Cómo se puede acudir a las urnas para votar por gente que nos ha mentido, robado, expoliado y despojado, sin reconocer siquiera que son los autores, cómplices o negligentes que han creado el estropicio? ¿Pero cómo pueden ser tan indulgentes con sus delitos y esperar que los electores les perdonen la afrenta que están cometiendo con la democracia, la justicia, la equidad  y la libertad que deberían defender?

Creo que tienen razón, el apocalipsis se aproxima, pero para todos ellos con sus bonitas siglas, lemas y eslóganes, con su parafernalia televisiva, con sus cuentos de la lechera y sus actos execrables. No creo que los españoles sean tan idiotas para volver a depositar su confianza en esta banda de impresentables que se afinca en los partidos políticos, en todos y cada uno de los partidos políticos, que participan en la estafa democrática que se está cometiendo con los ciudadanos de este país, con los mismos engaños que utilizaron con sus bisabuelos. Esta casta impresentable es un anacronismo que debe ser erradicado como la Santa Inquisición, porque si los españoles no son capaces de decir no ahora a todos ellos, tendrán que decir sí a lo que vendrá, que por supuesto será mucho peor que lo que hoy existe.

Creo que es hora de realizar una independencia de España y de los españoles de los partidos políticos, que son los invasores de nuestras vidas desde el poder a los que nos enfrentamos, estos no son nuestros compatriotas, son los cien mil hijos de San Luis que han vuelto para que los españoles no podamos vivir en una democracia, con libertad y justicia. 

Son nuestros enemigos, y los enemigos de las próximas generaciones de españoles. Enfrentarse a todos ellos y derrotarlos es un deber patriótico y un acto de inteligencia y sentido común. Hasta que no seamos capaces de reunirnos para hacerlo, seguiremos viviendo alejados de la realidad, en la jaula  de despropósitos que han construido para contenernos como ganado al que ordeñan votos cuando les conviene, mientras ejercen su lavado de cerebro desde los medios de comunicación.

Enrique Suárez

viernes, 22 de agosto de 2014

Apuntes para comprender que ocurre en la política española



"Cuando la tiranía se derrumbe, procuremos no darle tiempo para que se levante" Maximilien Robespierre

Los ciudadanos asistimos absortos cada día,  a la exposición de cientos de noticias que, hace sólo unos años, nos daría cada una, para comentarios que durarían semanas. ¿Nos hemos acostumbrado de tal forma a la degradación de la política que hoy nos resultan indiferentes?, no creo que sea así, más bien al contrario, los ciudadanos de este país nunca antes habíamos dedicado mayor atención y tiempo a las cosas que ocurren en la política española. 

Hay ocasiones en las que parece que no existe otra cosa en este mundo más que las extravagancias políticas que nos encontramos, y a pesar del hastío, no hablas con alguien que no te acabe contando alguna barbaridad acontecida en el día anterior, por algún político o algún partido. En realidad, creo que es un signo de los tiempos, nos aproximamos a la apoteosis de la desfachatez, a la culminación de todos los despropósitos que nos brindan desde el poder.

¿Pero qué ha ocurrido en este país para que en la última década las cosas de la política hayan degenerado de esta forma?, creo que los ingredientes más importantes del menú son el incremento de la comunicación directa entre ciudadanos a través de las redes sociales, la propia degradación de los representantes políticos y por último, el diagnóstico en la conciencia colectiva de los ciudadanos de que la política más que una alternativa de servicio, es un expolio de unos aprovechados, en función de los intereses de los políticos y los partidos a los que representan (porque en realidad nunca han representado a los ciudadanos).

Dice un viejo refrán español, que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, y las operaciones de maquillaje de la casta y sucesores están a punto de expirar. Han sido tantos los delitos impunes que se han cometido desde la política española que la gente ya está comenzando a dudar de si la justicia española no es una sucursal del poder político, al igual que los medios de comunicación, que hasta ahora se habían dedicado a tapar sutilmente los desmadres de una élite representativa que cada día se asemeja más en sus formas a la mafia siciliana.

Hay otro fenómeno que podemos observar en algunos formaciones, como el PSOE, Podemos o recientemente,  UPyD, la rebelión de las bases en los partidos políticos, que exigen una democracia interna real y no la pantomima acostumbrada y ficticia con la que han venido funcionando durante los 35 últimos años. La concentración de poder en las ejecutivas de forma sectaria y corporativa, está a punto de saltar por los aires. En el PSOE se ha visto recientemente con la exclusión de las candidaturas alternativas a la triunfadora, que sumaban más votos que aquella, entre ambas. En Podemos, se está viendo con las advertencias de Pablo Iglesias y Echenique sobre “los intrusos” y “la gente que no comparte nuestros valores” (cuando en cualquier democracia, los dirigentes de un partido tendrían que esperar a ver lo que dicen sus bases antes de considerar cuales son los valores del partido o quienes resultan “intrusos”, no vaya a ser que los intrusos realmente sean ellos).

El último caso ha sido UPyD, con la sugerencia de Sosa Wagner de que el partido de Rosa Díez debería unirse con Ciudadanos dada la situación del país, a lo que la "indiscutible" lideresa del partido magente y su camarilla, han respondido de forma furibunda denunciando por traición la propuesta y al proponente, cabeza de candidatura en las Elecciones Europeas recientes. La enésima tentativa de autoritarismo del partido de Rosa Díez ha sido respondida, a su vez, por los militantes de la base del partido que apoyan la propuesta de Sosa Wagner. Entender lo que ocurre en UPyD no es difícil, pues es, sin duda, el partido que mejor representa la organización de una formación política en el marketing y el populismo, dispuesta a defender cualquier idea o alternativa que le conceda votos. Las cartas de Alvaro Ballesteros y Fran García, y la de Mikel Buesa, todos ellos cargos caídos del partido, nos muestran por donde van las cosas.

En el PP las cosas no se mueven porque el partido está en el poder y el que se mueva no sale en la foto, ni en las candidaturas, mientras haya acceso al pesebre público, todos felices. En IU, están esperando a ver qué ocurre con Podemos tras su congreso, pero están dispuestos a no dejarse ni un conserje colocado por el partido en la batalla. En los partidos nacionalistas como CDC con su aventura pujoliana, CC con su referéndum sobre las prospecciones y en ERC sobre la independencia siguen su propio curso, ajenos a las necesidades reales de los ciudadanos que dicen representar.

Es tan fácil de comprender lo que está ocurriendo, que parece mentira que en este país sigamos viviendo en la inopia.

Lo que está aconteciendo es, sencillamente, que el modelo de representación política en este país está agotado y no lleva ni arreglo, ni apaño. La mayoría de los ciudadanos han comprendido definitivamente que el mayor atentado a la igualdad que existe en este país es el que existe entre ciudadanos de a pie que pagan todos los destrozos y políticos de pedestal que se llevan todos los privilegios y beneficios. La ausencia de isocracia, que nos condena a un modelo estamental como el existente antes de la primera Constitución de 1812, en el que los que representan a los demás, y los que estos han colocado en las administraciones públicas y empresas vinculadas a la cosa pública, viven bien, mientras que sus representados cada día viven peor y con más dificultades.

El cuento se acaba, los de la casta lo saben y andan desesperados tratando de buscar fórmulas que le devuelvan la confianza de sus electores, que se ha ido para siempre.  Así lo demostraron las elecciones europeas con 5,2 millones de votos perdidos por el PSOE y el PP en relación a las anteriores. Ni las propuesta de alcaldes más votados del PP, ni la hibridación electoral de los candidatos del PSOE, ni los círculos de Podemos, ni las propuestas de alianzas entre Ciudadanos y UPyD, o entre el PSOE y el PP, salvarán de la catástrofe a la casta política española, absolutamente deslegitimada por sus delitos, sus corrupciones y sus fraudes, además de su desvergüenza, pero también por la crítica incendiaria que cada día acompaña sus hazañas en las redes sociales, así como las protestas sin interrupción de buena parte de los ciudadanos que abjuran de su representación (83 % en la última encuesta del CIS que trató el tema), pero sin duda y  fundamentalmente, el escaso apoyo recibido de los electores en las pasadas Elecciones Europeas, donde un 58 % de los convocados no votaron por ninguna formación política. Hoy todos los partidos políticos reunidos son una minoría, con respecto a ninguno que es el elegido por la mayoría.

La extinción del modelo de representación política con el que hemos vivido los últimos 35 años en este país está próxima, o bien los políticos de todos los partidos cambian su tradicional comportamiento despótico, o serán depuestos definitivamente, al tiempo que los partidos políticos que hoy conocemos disueltos por inútiles ejemplos de democracia. También se extinguieron los dinosaurios de la noche a la mañana y habían dominado el planeta durante millones de años. 

Los políticos de este país deben ir dándose cuenta de su condición absolutamente prescindible, cuando se han convertido en causa fundamental de nuestros problemas y consecuencia de nuestra ingenuidad y confianza infantil, cuando anunciaban la búsqueda de nuestro bienestar en las campañas electorales, pero en realidad sólo se procuraban el suyo una vez que llegaban al poder. 

Creo que a partir de ahora no podrán continuar engañando a la gente, se les agota el tiempo y se les acaba el chollo, por mucho que se disfracen en su impostura y usurpación. Las alternativas se van definiendo, o bien deponen en breve su actitud infame, o vamos camino de un enfrentamiento ineludible, directo y prolongado entre ciudadanos y políticos, hasta que sean desalojados de la representación política que les hemos concedido y han demostrado que no se merecen.

Enrique Suárez


miércoles, 16 de abril de 2014

¿Cómo resolver la crisis económica europea en un día?



  • SE DEROGAN LOS BILLETES DE 500 EUROS
  • SE CONCEDE UN MES PARA SU CAMBIO EN ENTIDADES OFICIALES DE FORMA NOMINAL, POR OTROS DE MENOS VALOR O SIMILARES DE NUEVA CREACIÓN.
  • INMEDIATAMENTE FLUIRÍA EL CRÉDITO, SE CREARÍA TRABAJO, Y SE DESCUBRIRÍA DONDE SE ENCUENTRA EL FRAUDE Y LA CORRUPCIÓN.
  • NO HAY NADA COMO IDENTIFICAR QUIEN TIENE EL DINERO, PARA QUE EL DINERO REGRESE A LOS MERCADOS. ¿NO TENEMOS UNA CRISIS DE LIQUIDEZ?, PUES LIQUIDEMOS A LOS QUE LA CREAN.
  • QUE NO NOS CUENTEN CUENTOS, Y ACLAREN LAS CUENTAS, SI SE QUIERE SE PUEDE, PERO NO SE QUIERE, AL PODER LE INTERESA ESTA CRISIS, ANTES EL PODER HACÍA GUERRAS, AHORA SE HA CIVILIZADO, HACE MISERIA PARA OBTENER EL MISMO EFECTO: MUERTE, POBREZA, DESESPERACIÓN, EN LOS SÚBDITOS DE SU ESTUPIDEZ.
Enrique Suárez


domingo, 12 de mayo de 2013

Claves para salir de la crisis de desmoralización que atravesamos en España





Si con el desaparecido Zapatero aprendimos que no se debe negar la realidad, ni tratar de ocultarla transfiriendo al futuro despropósitos, con Rajoy estamos asistiendo al empecinamiento de aquel que se ha juramentado en seguir todas las instrucciones del libro gordo de Ángela Merkel, para que le quieran los alemanes, mientras los españoles nos vamos acordando de todos sus antepasados. Cierto que las tonterías de Zapatero no se van a resolver con las tonterías de Rajoy, pero induce realmente al pavor pensar que hemos tenido un par de tontos haciendo tonterías a la cabeza de los gobiernos de este país durante los diez últimos años.



Mariano Rajoy nos ha dicho que se siente satisfecho de no haber cumplido con su programa pero haberlo hecho con su deber, George Bernard Shaw decía que todo aquel que decía hacer las cosas por su deber era porque realmente se avergonzaba de lo que estaba haciendo. Zapatero nos llenó la cabeza de “nuevas ideas” demostrando que hubiera sido mejor lingüista que político, porque nadie como él ha cambiado la semántica del español, para imponer sus singulares delirios, desde las cruzadas de Felipe II.



Sin embargo de lo que pretendo hablar es de lo que creo que este país necesita para salir de la crisis de desmoralización que estamos atravesando. Por recrearnos en los errores del pasado o en las equivocaciones del presente, no vamos a resolver mejor el futuro; ni la nostalgia, ni la melancolía son caminos posibles para salir de la crisis.



Para salir de la crisis se necesitan algunas condiciones de las que este país y sus habitantes carecen en estos momentos; las describo a continuación, siempre según mi criterio que, ni impone, ni dispone, sólo propone:



1)     Unidad: mientras los españoles no nos demos cuenta de que lo que nos interesa en común es imprescindible para lograr lo que nos interesa en particular no saldremos del lodazal en el que nos encontramos. Esto incluye que el 99 % de los españoles que sufrimos los desvaríos del poder nos pongamos de acuerdo para desplazar al 1 % que nos los imponen.


2)     Compromiso: sin comprometernos en causas comunes, que definan el marco de la realidad con criterios de equidad y libertad, tampoco podremos avanzar demasiado hacia el futuro. Salir de esta crisis requiere compromisos básicos o mínimos, favoreciendo acuerdos y postergando desacuerdos.


3)     Responsabilidad: sin duda, la responsabilidad comienza por uno mismo, pero sólo quien es responsable puede exigir responsabilidad a los demás. A mí me resulta patético ver a Rubalcaba reclamar a Rajoy por las consecuencias de las propias decisiones erróneas que él mismo adoptó cuando estuvo en el gobierno. De nada sirve hundir el país y luego ponerse a la cabeza de la manifestación para exigir que se levante.


4)     Mérito: si hiciéramos un estudio de la cualificación de los políticos que nos representan nos quedaríamos asombrados, al contemplar como auténticos tarugos con carnet están tomando decisiones que provocan gastos de miles de millones de euros. Es hora de exigir que para representar a los demás en este país, por lo menos se supere la media del 10 % más cualificado, porque si ponemos al 10 % menos cualificado, sólo por ser de un partido, las cosas no pueden ir bien de ninguna manera. En un país con más de seis millones de parados, un millón de ellos licenciados, seguro que tenemos muchísima gente más joven, valiosa y con ideas nuevas y más afortunadas que los tarugos que amenizan los telediarios en el más de lo mismo.


5)     Experiencia: es imprescindible exigir experiencia en gestión de intereses generales, y no de mantenerse en la poltrona que es la única que nos pueden ofrecer los que llevan años representándonos. Nombrar ministros o consejeros exclusivamente por que tienen una titulación es una desfachatez. Nombrar ministro de Fomento a un iletrado como José Blanco o a un médico como Ana Pastor, no parece ser la mejor alternativa para que se puedan hacer las obras que este país necesita, salvo que la obra de José Blanco fuera trincar con las obras, y la de Ana Pastor, impedir que continúe la epidemia.


6)     Honestidad: esta cuestión es imprescindible, la justicia española debe radicalizarse contra la corrupción política en este país. A alguien que se le pille mínima proximidad al delito, se le tiene que expulsar del poder de forma inmediata y además exigirle cuentas por lo ocurrido. Sería buena idea elevar las penas contra los políticos (como hacen en Suiza) con el agravante de haber cometido el delito con recursos públicos, al doble de las comunes.


7)     Abrirse al futuro: todo lo que estamos viviendo forma parte del pasado, el PSOE y/o el PP no van a volver a gobernar este país tras las próximas elecciones generales, porque han sido los autores de todo lo que está ocurriendo, aunque nieguen su responsabilidad y traten de justificar sus dislates, ellos son los que han tomado las decisiones y por tanto son responsables que deben rendir cuentas. 


    El futuro de este país ya no puede contar con ellos, nos han defraudado, esquilmado y empobrecido motivos suficientes para ganarse el despido por incumplimiento de contrato.



Enrique Suárez

lunes, 15 de abril de 2013

Los españoles dejan de atender a las noticias políticas



Realmente no es fácil interpretar este dato, pero el desinterés de los españoles por estar informados sobre los acontecimientos políticos está descendiendo a las cotas más bajas desde 1978, cuando se aprobó en referéndum la Constitución Española.

Sin duda, hay varios hechos que pueden influir en esta saciedad y rechazo consecuente.
Las informaciones sobre política nunca han sido tan negativas en todos los ámbitos, la corrupción política es hoy el segundo motivo de preocupación de los españoles tras el paro y por delante de la economía, según la última entrega del CIS, nunca hubo tanta comunicación y tantas opiniones sobre lo que ocurre en la política española como en la actualidad, los medios de comunicación tradicionales y convencionales cada día tienen menos audiencia, pero también se aprecia la fatiga y el cansancio en los medios de comunicación no convencionales como las redes sociales, los digitales y los blogs.

Al mismo tiempo cada día resulta más difícil establecer un diálogo o debate mínimamente serio sobre los problemas que acontecen en la actualidad política española. La deriva es hacia el sarcasmo, la ironía y en numerosas ocasiones hacia el insulto, la infamia y la estridencia. Incluso el lenguaje utilizado por los medios de comunicación o los miembros de partidos políticos está declinando hacia el exabrupto y la digresión, en la letanía tradicional de vituperación de los males del contrario y al mismo tiempo silencio en los propios.

Se aprecia una devaluación del interés de los españoles y una desatención paulatina de las cosas que cuentan los políticos, posiblemente porque sea más de lo mismo y no responda a ninguna de las preguntas que se hacen los ciudadanos. Parece que viviéramos en dos mundos paralelos, políticos y ciudadanos, los políticos empeñados en justificar lo injustificable y los ciudadanos acantonados en no admitir ni una concesión más a los delitos cometidos por los políticos, y mucho menos aceptar sus pretendidas justificaciones en los cuentos habituales.

Los españoles ya no estamos para más cuentos, y cada día estamos más próximos a exigir cuentas de todos los desmanes cometidos. El daño que los partidos políticos de todos los colores le están haciendo a la democracia es inadmisible e inaceptable. 

No se quieren enterar los que dicen representarnos que la política ha dejado de ser para siempre el escenario en el que nos conceden sus representaciones teatrales, su farsa representada, las palabras han dejado de contar, porque han perdido la mayor parte de la credibilidad que atesoraban urdida en el embaucamiento y la mezquindad. El fraude de más de tres décadas toca a su fin. Un 1 % de privilegiados por los partidos políticos no pueden seguir imponiendo su dictadura al 99 % de los españoles como si viviéramos en la época feudal.

Por mucho que se empeñen en seguir contándonos su película, utilizando todas las estructuras de poder en su objetivo, las escenas de la tragedia de su impostura cada día recuerda más a una película inolvidable: Lo que el viento se llevó. 

Vientos de cambio agitan el futuro de los españoles, hartos de un destino determinado por unos mangantes organizados de forma mafiosa en la depredación mezquina y permanente de los recursos de todos.  La atención y el apoyo a una opción política también son recursos de los españoles; según nos refieren las últimas encuestas, actualmente menos del 50 % de todos los convocados acudirán a las urnas, y menos de un 25 % de todos los convocados votarían por PSOE o PP, por el bipartidismo tradicional. Uno de cada cuatro españoles (25 %) apoya hoy a los partidos que representan en estos momentos casi el 90 % del Congreso de Diputados. 

A la deuda pública fruto de la estafa que han cometido en nombre de la democracia y a su pesar, se suma ahora la deuda moral que han acumulado, que nunca podrán amortizar, ni ellos, ni sus sucesores. Ante una barahúnda de estafadores, que han hecho de la representación pública un mecanismo perverso de opresión de los ciudadanos, demolición de las instituciones, y desfalco de los intereses generales, lo más prudente será que cada uno se represente a sí mismo y no se deje representar por nadie. 

No se dan cuenta de que la democracia exige, precisamente, prescindir de todos los partidos políticos y sus miembros, cuando se han convertido en instrumentos de la más vejatoria tiranía, del más ofensivo embuste, de la más deleznable ilegitimidad y de la más inadmisible tomadura de pelo. No se dan cuenta, pero se la darán, de que ya se los ha tragado el pasado, antes de que desaparezcan en el olvido.


Enrique Suárez Retuerta

lunes, 31 de diciembre de 2012

Nada permanece, todo cambia




"Se hace lo que se es y se es lo que se hace" Pedro San José Orellana (EPI)

Heráclito,  nos dijo que era imposible bañarse dos veces en el agua que desciende por un  río, más tarde  se dedicó a estudiar el fuego. Las cosas cambian, nada permanece, nosotros  también cambiamos y cambiamos, al mismo tiempo las cosas que nos rodean en el mundo. En numerosas ocasiones nos amargamos la vida pensando, sintiendo y contemplando que las cosas cambian demasiado deprisa o demasiado despacio tanto en nosotros mismos como en aquellos que nos rodean y el entorno en el que vivimos. Sin embargo nos olvidamos de todo aquello que ya ha cambiado. 

Sin duda nuestra cohorte ha sido la que ha vivido los cambios más importantes en la historia de la humanidad, se ha llegado a la luna, se han acabado los grandes conflictos planetarios, aunque quedan todavía algunos focos residuales, se ha creado una red de comunicación que permite a todos los ciudadanos del planeta comunicarse en tiempo instantáneo a precio asequible, los índices de desarrollo humano han crecido en todos los países del planeta, hay menos hambre, hay menos guerras y hay menos miseria en el mundo. Nunca tantos hemos opinado tanto.  Hoy, tenemos acceso a la información que ningún antecesor ha tenido en su vida, en un minuto podemos obtener datos que en otras épocas llevaría posiblemente años. 

No quiero decir con ello que vivamos en el mejor mundo de los posibles, como aquel Cándido de Voltaire, pero la inmensa mayoría de los habitantes del planeta ha logrado vivir mejor de lo que lo hicieron sus padres en las últimas décadas.  Sin duda, en todo el planeta hay más libertad, aunque eso no haya afectado a que el poder haya transferido su principio de dominación a los ciudadanos, todavía estamos tutelados por autoridades que, en nombre de cualquier creencia o ideología, nos imponen el curso por la vida que conviene a sus intereses, pero eso también cambiará y lo hará pronto. Posiblemente seamos nosotros o nuestros hijos los que acaben de liberar al planeta de todas las tiranías, despotismos y opresiones, un sueño inalcanzable hace tan sólo unas décadas.

Nada permanece, todo cambia, somos hijos del tiempo –no del viento- y el tiempo impone la única dictadura que estamos obligados a asumir, como seres mortales, sin embargo, posiblemente también seamos conscientes de que en este planeta jamás se habían acuñado antes a fuego, el fuego heracliteo, los valores, principios y leyes que darán lugar a una nueva humanidad, que vivirá en mayor libertad y justicia, que alcanzará cotas de equidad jamás alcanzadas y que escribirá una página en la historia de la evolución humana que siempre será recordada.

Brindo con todos vosotros por un 2013 mejor que todos los años anteriores en la existencia de los seres humanos; son años de tránsito, de crisis, de cambio, pero sin duda, hacia un mundo mejor.

Enrique Suárez

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