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viernes, 26 de octubre de 2012

El imperio de la grey



"Estamos durmiendo sobre un volcán... Un viento de revolución nos golpea, la tormenta está en el horizonte" Alexis de Tocqueville

Aunque en principio pudiera parecerlo, no pretendo con este artículo hacer propaganda  a la autora de moda, la escritora británica Erica Leonard (E.L. James),  que ha alcanzado un éxito sin precedentes con el “porno-seller” más vendido de los últimos tiempos, la trilogía “Cincuenta sombras de Grey” que, según cuentan los que entienden de estas cosas, está llamado a superar en lectores y lectoras, a las aventuras del  mismo Harry Potter, de su compatriota J.K. Rowling.  Algunos expertos opinan que esta obra es una secuela evolutiva de la saga “Crepúsculo” de Stephanie Meyer que causó gran impacto entre los adolescentes de medio mundo en los últimos años, sin embargo, otros opinan que estamos ante un fenómeno similar al de la escritora asturiana Corín Tellado que tanto éxito adquirió en la España franquista, adaptado a los tiempos de postmodernidad que estamos viviendo.

Tal vez otro día les ofrezca  una interpretación personal de los singulares fenómenos literarios que acontecen en los últimos tiempos, pero hoy prefiero deambular por los derroteros de la sociología, tan asolada por las desolaciones reiteradas que nos sorprenden en el discurrir cotidiano; desde una perspectiva personal e intransferible, me atrevo a sugerir que todos estos grandes éxitos literarios de los últimos tiempos, en realidad no son algo diferente a lo acontecido en otras épocas, sino una forma de escaparse al tiempo y el espacio que nos ha tocado vivir, que por supuesto incluye los polivalentes mundos virtuales. Las épocas difíciles siempre nos han brindado excelentes joyas literarias, parece que los escritores tuvieran entre sus funciones sociales hacernos pensar en mundos diferentes a los que nos corresponde vivir, sólo hay que recordar la obra de Tolkien “El Señor de los Anillos” o “Las Crónicas de Narnia” de C.S. Lewis escritas en la Inglaterra bombardeada en la Segunda Guerra Mundial. Parece que cuanto más difícil es la vida, más se estimula, posiblemente como protesta,  la imaginación y fantasía de algunos autores literarios.

Las masas rebeladas

Sin más preámbulos, abordo el tema del que me interesa hablarles en esta ocasión, bajo el título de este artículo: “El imperio de la grey” para referirme a un fenómeno sociológico que acontece en los últimos tiempos en España y posiblemente en otros países occidentales. Me refiero a la imposición que nos ofrece el rebaño en la cultura, algo observado con antelación meritoria por nuestro filósofo más reconocido, José Ortega y Gasset en su magnífica  obra: “La rebelión de las masas”, en la que anuncia la llegada del nuevo Mesías colectivo de los consumidores voraces de lo existente, sin capacidad de reposición alguna. Esa masa, dispuesta a imponer su criterio de fundamentalismo democrático (algo sobre lo que ha escrito el filósofo español vivo más relevante, Gustavo Bueno) sobre cualquier razón minoritaria, habitualmente caracterizada como obsoleta, sino anacrónica.

Sí, he denunciado con anterioridad esta actitud en otros artículos, como: “Presentismo y Adanismo:los males de nuestro tiempo” (hablando de dos características singulares de esta época), “el riesgo de pensar” (recomendando la iconoclasia en tiempos de veneración por la iconografía),  “Desmoralismo:la doctrina de nuestros días” (mostrando el adoctrinamiento en el melancólico y apesadumbrado nihilismo de nuestra sociedad ante el devenir que acontece). En realidad, creo que todas estas propuestas siguen la estela del pensamiento del sociólogo Zygmunt Bauman, que ha elaborado una obra pletórica de atribulado pesimismo sobre los acontecimientos que se están produciendo  en los comienzos de la revolución tecnológica que ha favorecido la comunicación de las masas rebeladas, dispuestas a tomar el poder a golpe de ratón en las pantallas de sus ordenadores. 

Más que de “vidas líquidas” (sin vínculos tradicionales con las personas próximas y las reglas establecidas por la historia, paradójicamente, hoy es más fácil la comunicación a miles de kilómetros que a medio metro), creo que bien podríamos hablar de vidas liquidadas, o mejor dicho, disueltas en la masa colectiva y amorfa. Los individuos dejan de ser protagonistas de la historia para dar paso a un nuevo Zeitgeist que se establece en su reducción a elementos clasificados por el poder en alguna categoría: usuarios, contribuyentes, votantes, ciudadanos, consumidores, según el escenario de su evaluación que convenga a los detentadores.  Sin duda, la mirmecología (ciencia que estudia la vida de las hormigas), creo que es un paradigma epistemológico de gran futuro en estos tiempos. Habrá que volver a leer “La vida las hormigas y las abejas” de Maurice Maeterlinck para comprender el papel que nos corresponde en los páramos desolados de la razón democrática que nos aguardan en un futuro inmediato, antes de pasar a la utopía de “Un mundo feliz” de Aldoux Huxley, que sin duda es un magnífico retrato de lo que algunos pretenden.

Un mundo infeliz

Pero quizás lo que más me preocupe de lo que acontece en la evolución de las sociedades occidentales es la dicotomía que se está produciendo hacia una sociedad dual, en la que los desposeídos de todo estarán condenados a vivir junto a los poseedores de los recursos. Creo que el mundo camina por senderos de desigualdad extrema e injusticia, no en vano en todos los países avanzados está creciendo la proporción de ciudadanos empobrecidos, condenados a la miseria de por vida. Simplemente hay que echarle un vistazo a España, para ver que seis millones de parados (25 % de la población activa) están orientados hacia un mundo de pobreza y desolación en el que ya residen un 25 % de los españoles. Pero el peligro que acecha a nuestra sociedad proviene esencialmente de una juventud condenada a la dependencia (un 55 % de desempleo joven no es una banalidad), desesperanzada en sus objetivos, pues ni por la vía del estudio, ni la del trabajo pueden liberarse de la esclavitud que les espera, si no deciden emigrar a otros lares más afortunados, pero al mismo tiempo, si deciden hacerlo, se abre un nuevo dilema, pues las generaciones que se vayan jubilando en el futuro no podrán recibir una pensión después de haber dedicado su vida a trabajar, lo que supone una estafa social en toda regla organizada por el Estado.
  
Quizá sea hora de reflexionar, se han cometido demasiados errores por los políticos que han guiado nuestro destino, que además no han sido reconocidos en ánimo de lograr su impunidad, pero es hora de acusar a los depredadores de lo público, habitualmente con una pretensión de colectivizar hasta el aire que respiramos, y es hora de hacerlo sin miramientos, porque gracias a su intento de imposición del “imperio de la grey” en aras de cambiar las reglas de juego para favorecer sus posiciones, sus corrupciones y su detentación de poder, lo que han hecho es liberarse del “imperio de la ley” que debe prevalecer para todos en una democracia.

Va siendo hora de condenar al ostracismo y escarnio a todos los que han intentado suplantar la ley para imponer el imperio de su grey, con el único objetivo de implantar su despotismo social, su tiranía colectiva, su oclocracia y su demagogia, desde la más despiadada propaganda y censura, desde la asfixia de toda libertad que no sea la que a ellos les favorezca, aunque sea perjudicando a los demás. Es hora de que el socialismo de todos los partidos, ese progresismo retrógrado del pensamiento políticamente correcto,  rinda cuentas ante los españoles y se dejen de cuentos:  de la lechera, de Pedro y los lobos o  de Peter Pan. La vida de los demás no puede ser el escenario devastado de sus ocurrencias, aunque pregonen, desaforados, sus magníficas intenciones.

Enrique Suárez

5 comentarios:

fractalio dijo...

Enrique, un post con muchíííísima miga, que me considero incapaz de desmigar en un comentario.

Sí que espero ver algún día tu interpretación personal de los singulares fenómenos literarios que acontecen en los últimos tiempos, porque es un tema que hace muchos años que me llama la atención y sobre el que tengo mi teoría formulada hace tiempo. Eso sí, nadie la comparte, creo que debido a la mitificación que esta sociedad ha hecho del mejor negocio del mundo, el editorial, y que ha llegado a ser uno de los mayores tabúes que conozco.

Y en cuanto al asunto de las abejas y las hormigas, no sé si será por cuestiones semánticas, pero creo que diferimos en lo que consideramos individuo en la especie humana, a juzgar por el individualismo exacerbado que siempre has defendido, frente a la idea de animal social que tengo yo de la especie humana, en la que considero que el individuo biológico es el grupo, como lo es la colmena o el hormiguero en esas especies, y como tal ha de actuar, sin tener nada que ver con “Un mundo feliz”.

Sin duerno viviremos mejor dijo...

fractalio, seguro que discrepamos, yo sigo pensando como Aristóteles que el ser humano es un zoon logikon (un animal racional) y solo cuando es racional, puede volverse un zoon politikón (animal social o político). La barbaridad que pretenden las ideologías de izquierda de convertir al ser humano en un animal social, antes de que sea un animal racional, es propio de los totalitarismos más indecentes.

Pero discrepar es bueno, sin racionalidad no hay nada, no se puede construir una sociedad contra la razón, en función de una creencia, como hicieron Felipe II, Fernando VII o Zapatero

Sin duerno viviremos mejor dijo...

Pues parece que nos han hackeado el blog, estamos intentando arreglarlo

Sin duerno viviremos mejor dijo...

Problema resuelto por ahora ;)

fractalio dijo...

Enrique, qel ser humano es un animal racional es indiscutible, aunque sólo sea por definición, pero para llegar a ello, en su evolución ha pasado antes por estados de ser social, como el resto de especies superiores. No sé si Aristóteles y tú utilizáis ser social y ser político como sinónimo o no. Para mí no es lo mismo. El ser político no debería ir más allá de una capacidad para delegar funciones gestoras y administrativas de la res pública, y el ser social es el que acepta la necesidad de la convivencia y la utiliza como algo positivo, no como un mal menor. O sea, que es capaz de aprehender esa característica como parte del patrimonio vital hacia la felicidad.

Y es en el terreno de la gestión y la administración, en el que creo que una de dos, o cedemos terreno a la colectividad, o la cagamos tía maría. Si cada uno campa por sus respetos, como ha venido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad, así nos luce el pelo y nos lucirá. Nunca concebí, y seguiré sin concebirlo, que se pueda hacer negocio con asuntos que queramos o no, nos guste o no, son colectivos: educación, sanidad, alimentación, vestido, vivienda, energía, comunicaciones y justicia. Otra cosa es el abuso y la podredumbre que de esa gestión se ha derivado, comparable solamente al abuso y podredumbre derivada de la iniciativa privada y de la acumulación salvaje de capitales gracias a las necesidades vitales ajenas.

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