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domingo, 21 de octubre de 2007

En un momento de lucidez

Hay algo muy entrañable en la contemplación de un ser humano reconociendo sus dificultades, esa confesión íntima de lo que ocurre más adentro de lo que los demás podemos observar es digna de encomio y fascinación. Mi respeto para Maragall como ser humano, que públicamente dice que confunde a Eisenhower con Alzheimer.

Coincido con
Arcadi Espada, en exculpar al actor de la obra política representada en Cataluña durante los últimos años. No es el primer caso que se produce, entre los más destacados podemos recordar a Boris Yeltsin o Ronald Reagan, por diferentes motivos.

Sin embargo, un sistema político debe tener previstos los imprevistos, o al menos que se debe hacer ante un caso como el que nos ocupa, porque es un error flagrante la improvisación en estas circunstancias.

Cuando un político en ejercicio, al igual que un médico, un juez, o un maestro, no reúnen las condiciones suficientes para continuar en su trabajo, no puede hacerlo. Hay casos en que ni siquiera el sujeto reconoce sus propias dificultades.

La hija de mi admirado Juan Antonio Vallejo Nájera, siguiendo la tradición iniciada por su padre en aquella magnífica obra titulada
“Locos egregios”, ha publicado recientemente un libro titulado “Locos de la Historia”, que merece atención, tal vez para descubrir la consecuencia de las decisiones de aquellos que delimitan nuestras condiciones y circunstancias vitales, el marco en el que se nos permite vivir.

En cuestiones sobre la locura política y su repercusión social, hay que reconocer que los franceses se constituyen en líderes mundiales de la reflexión filosófica. Quizás la figura del mayor desmitificador del tema de locura y su relación con el poder, Michel Foucault (1926-1984) haya tenido algo que ver, con su monumental obra: “Historia de la locura en la época clásica”, continuada de su “Historia de la Sexualidad”. Pero no fue el único que se ocupó de el poder y su relación con la locura.

Los alemanes también tienen que decir algo al respecto, pero en esta ocasión desde las consecuencias derivadas del impacto de la sociedad sobre el individuo. Herbert Marcuse (1898-1979) en sus obras “Razón y Revolución”, “Eros y Civilización” y “El hombre unidimensional” representa otra forma de decir las cosas desde otro punto de vista, como una de las voces más conocidas de la Escuela de Frankfurt.

Pero quizás sea la voz menos comprendida de Jacques Lacan (1901-1981), la que nos ha dejado las palabras más suculentas sobre el tema, al introducir en el juego el concepto de libertad. “La locura es el límite de la libertad, si no existiera la locura no existiría la libertad”. Sobre este tema, se puede leer el artículo de Daniel Gerber:
“Lacan y la libertad”.

El problema es cuando nuestra libertad, siempre condicionada por el poder, además viene determinada por la locura de los que lo administran, e incluso por los que gestionan la sinrazón de los que administran el poder en su propio beneficio, ahí si hay dolo, intención y alevosía. Es necesario hacerse una pregunta, ¿desde cuando ha sido diagnosticado el Sr. Maragall de su deterioro cognitivo?. Sería bueno que a todos se nos quedara la conciencia más tranquila, sabiendo que la relación establecida inicialmente entre los socialistas de Cataluña y los nacionalistas de ERC, no sea exclusivamente una consecuencia de que determinados depravados hayan utilizado a alguien con problemas de conciencia e identidad, para organizar su desidentificación providencial.

Mi respeto y admiración por el gesto humano del señor Maragall, no puedo decir lo mismo de quienes le han utilizado para lograr sus objetivos políticos de una forma extraña. Los señores Rodríguez Zapatero, José Blanco, Clos, Montilla, Carod-Rovira, Saura, entre otros, deberían explicar algunas cosas públicamente.



Erasmo de Salinas

1 comentario:

Ciudadano en la Red dijo...

Maragall no se retira y anuncia el lanzamiento del Partido Demócrata

El ex presidente de la Generalidad confirma este lunes que no se retira, aunque haya abandonado el PSC y Rodríguez Zapatero se haya apresurado a difundir que está enfermo. En un artículo publicado en El Periódico de Cataluña, Pascual Maragall avisa con retranca de su "Buena salud política" y anuncia el relanzamiento del proyecto de un Partido Demócrata Europeo, a imagen y semejanza de su homónimo norteamericano. Maragall da a entender que prepara un libro de memorias y admite, con ironía, que se quedó corto al denunciar comisiones ilegales del 3 por ciento durante la etapa de Jordi Pujol. Pero al simbolizar la corrupción, elige un referente del PSOE: Bettino Craxi. Todo un aviso de que seguirá dando guerra.

(Libertad Digital) Artículo entre incendiario y sarcástico de Pascual Maragall en El Periódico de Cataluña, tres días después de que anunciase que se ha dado de baja en el PSC.

Bajo el título de Buena salud política, el ex presidente de la Generalidad maneja con habilidad el registro irónico para lanzar algunos mensajes relevantes y alguna que otra carga de profundidad dirigida a sus ex compañeros.

Maragall confirma que no se retira, como probablemente les gustaría a los dirigentes socialistas.

Todo lo contrario: para poder seguir gozando de "buena salud", Maragall considera útil "no perder nunca el interés ni por el sexo opuesto o preferido ni por la posibilidad de cambiar los partidos políticos para hacerlos más abiertos, más limpios y financiados con transparencia, con elecciones primarias y varios candidatos a la presidencia, como está pasando en EEUU".

Maragall toma como ejemplo a Rutelli, el líder de la nueva izquierda italiana, que empezó luchando "contra los escándalos de la tangentópolist de los años de Craxi y otros". Misil de profundidad contra uno de los referentes del socialismo español.

"Por esto, también por esto", subraya Maragall, "me gusta el Partido Demócrata, a cuyo nacimiento asistimos con Josu Jon Imaz hace un año, justo cuando me fui, y que ahora ha hecho su lanzamiento definitivo, al que asistí, en Roma y en Torino, el fin de semana pasado. Por esto, en el año 1998, registré el Partit Catalá d'Europa ante el notario de Tarragona. Veremos qué da de sí aquella idea".

Maragall se toma con buen humor su condición de ex y su reputación de heterodoxo. Mira hacia atrás en el tiempo y ve sus tres años al frente de la Generalidad como si fuera un "trancazo" o gripe, "con una tensión constante, con la batalla contra las prácticas habituales de financiación de los partidos (el famoso 3 por ciento que finalmente ha resultado ser bastante más alto), con la batalla del Estatut, con los partidos (y el país) poco acostumbrados a gobiernos de coalición..."

Recuerda, además, que el Gobierno de Rodríguez Zapatero primero "soñaba un pacto con los nacionalistas" y que luego "vio desde el primer momento que el Estatut de Catalunya ponía en juego su propia estabilidad y hubiera preferido un president más obediente (¡y ahora que lo tienen no es tan obediente como se pensaban!).

Maragall recomienda la lectura de un libro de próxima aparición, y que él ya conoce, escrito por algunos de sus colaboradores, sobre sus tres años como presidente de Cataluña. Dice que él lo habría titulado 1.000 días con P.M. o El Túrmix. Es "excelente", dice del libro. "Me podría ahorrar hacer una parte de las memorias... Aunque entonces mi editor me mataría", bromea, dando a entender que está escribiendo su propio relato de su vida política.

Además de por relanzar el Partido Demócrata, Maragall cuenta en este artículo que está interesado en "poner a este país al nivel de América en materia de excelencia médica y hospitalaria". Cree que la industria farmacéutica y los centros hospitalarios de Cataluña pueden aspirar a estar entre los excelentes del mundo. "Si Catalunya no espabila en sectores punteros, habremos perdido el tren que más nos conviene", advierte.

"Estamos condenados, en el buen sentido de la palabra, a vivir de la búsqueda y los servicios adelantados, de la creación cultural y del interés que despiertan por todas partes nuestras editoriales y nuestro arte, como he podido comprobar recientemente en Francfort".

Montilla no es "tan obediente"

Por su parte, el ex presidente de la Generalidad ha opinado que el jefe del Ejecutivo catalán, José Montilla, no es "tan obediente" como se pensaba el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque sí reconoce que lo es más de lo que él lo fue.

Según Maragall, el Gobierno "hubiera preferido un presidente más obediente", aunque agrega que "ahora que lo tienen no es tan obediente como se pensaban".

¡MANDA HUEVOS! HAY QUE PEDIR DESTIERRO PARA ZAPATERO Y SU TROPA....

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