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martes, 4 de diciembre de 2012

La construcción de la perversión política



Este artículo fue publicado por primera vez en este blog, hace cinco años, el 17 de marzo de 2007, en él se puede observar con claridad lo que ha ocurrido en España, es un ensayo sociológico que nos descubre que la responsabilidad sobre lo acontecido no ha estado exclusivamente en la maldad, impostura e ineptitud de los políticos, sino también en la indiferencia de los ciudadanos españoles ante esa maldad, impostura e ineptitud. Se confirma por tanto la hipótesis establecida: ¿qué ocurre si se produce indiferencia de los ciudadanos hacia la política?, pues sencillamente, el abuso de poder que hemos vivido y estamos viviendo

"Nadie se hizo perverso súbitamente" Juvenal

En tiempos de globalización, el análisis exhaustivo es imprescindible. Los cambios que han experimentado, durante las últimas décadas, las sociedades reconocidas como más avanzadas, han sido extraordinariamente positivos, pero han arrastrado algunas cuestiones que se deberían erradicar por acuerdo de todos.

La democracia no se renueva espontáneamente, la libertad no se mantiene por sí misma, los derechos humanos no se sostienen por estar escritos; la justicia, la igualdad, la solidaridad, no se producen si no se siembran y se cultivan con esmero. La ausencia de atención a todas estas cuestiones conduce a una colección de distorsiones que pasamos a describir.

La sociedad realiza intercambios con sus representaciones, pero es incapaz de regularlas de forma racional, ocurriendo singulares mecanismos de refuerzo a posiciones que precisamente la perjudican. El conductismo debería analizarse con más detalle en el ámbito de la política


PERVERSIONES POLITICAS

En los momentos de amenaza, conflicto o peligro, la sociedad y sus representantes políticos, al igual que ocurre con los militares, establecen un proceso de convergencia de intereses comunes, que conduce a un estado de cohesión de sus propuestas. No hay diferencia entre las propuestas políticas y los deseos de la sociedad.

Sin embargo, en tiempos de paz y tranquilidad, la sociedad cuestiona sus representantes, promoviendo cambios que conciernen a las leyes y a la forma de gobernar. Sociedad y política solo alcanzan un auténtico proceso simbiótico en tiempos de guerra.

Al igual ocurre con otras semióticas; las expresiones simbólicas como la bandera, el himno, las instituciones, o los valores nacionales, cobran especial sentido para la sociedad en tiempos difíciles, y sin embargo, son desdeñadas, cuestionadas, o desposeídas en tiempo de paz.

Los políticos están condicionados por la sociedad que representan para recibir amor cuando hay problemas y críticas cuando no los hay. Numerosos conflictos son creados entre los políticos, que antes de resolver los problemas que ocurren en la sociedad que los elige, disfrutan de la conflictividad que generan al no resolverlos, lo que termina justificando su presencia hasta hacerlos imprescindibles. Es como si al único fabricante de ataúdes de una comunidad se le permitiera decidir sobre la necesidad de implantar la pena de muerte en su ámbito.

Pero este problema no afecta solo al ámbito de la política; en menor escala ocurre en todas las instituciones y estamentos del Estado: justicia, militares, religiosas, orden público, educación, sanidad, obras públicas, o medio ambiente, entre otras.

En cada decisión política, ocurra en el ámbito que ocurra, siempre se producen dos consecuencias; la primera es la que concierne propio asunto que la suscita, y la segunda, la que incide en la carrera personal del personaje político que ha de tomar las decisiones. Es imposible separar una de la otra, por lo que siempre habrá que pensar que influencia incidió más en su decisión, si el asunto común o el privado.

PERVERSIONES EN LOS MEDIOS DE COMINICACION

Con los medios de comunicación ocurre lo mismo de una forma aún más flagrante, habitualmente subvencionados por la política en forma de publicidad o subvenciones, se ven obligados a no dejar de emitir información política de forma regular, si quieren subsistir.

Los medios de comunicación viven de la información que comunican, por lo que además de su utilidad como instrumentos de divulgación de las cosas que ocurren, también fomentan que ocurran cosas, por que así tendrán mayor información que transmitir.

Es una pescadilla que se muerde la cola, y que tiene mucho que ver con la sociología del rumor, que va cobrando más importancia a medida que se aleja de la realidad y se aproxima a los temores compartidos de los receptores.

Cuanto más partidista es un medio de comunicación, más necesidad tiene de sobrevivir a costa de beneficiar a su mecenas, y menos de una forma independiente; por lo que cada día se va haciendo menos importante la defensa de la verdad y más importante la propaganda.

Lamentablemente, España es un ejemplo interesante del pesebrismo de los medios de comunicación sesgados políticamente, con periódicos de derechas e izquierdas, pero no independientes. También ocurre lo mismo con emisoras de radio y cadenas de televisión.

La magnificación de una noticia o su olvido absoluto no depende nunca del azar, sino del interés de alguien que desea implantar sus posiciones en la sociedad.

PERVERSIONES EN LA SOCIEDAD

Los ciudadanos también somos responsables de que las cosas permanezcan igual, pues con quejarnos de lo que ocurre no es suficiente; así aceptamos como bueno lo que hay, sea lo que sea, con tal de no hacer la reflexión y el esfuerzo de intentar cambiar las cosas. “Todo vale” en principio, aunque luego se comprueba que esta actitud es errónea, por que permite que se transforme en el “vale todo”.

Nuestra sociedad no es una organización bien estructurada, más bien es una acumulación de gente. La sociedad no puede organizarse por si misma, mientras la política se ocupe de dirigir sus pasos.

La sociedad debe emanciparse de la política, hemos entrado en una dinámica extravagante, en la que resulta extraordinario observar como la sociedad depende de las decisiones de los políticos, y no la política de las decisiones de los ciudadanos.

PROXIMOS ESCENARIOS

Critica de la democracia occidental: el caso español

Tras la alianza puntual de la segunda guerra mundial para derrotar al común enemigo fascista, el mundo occidental recupera su dicotomía en dos facciones opuestas y complementarias, que fueron determinados con acierto como bloques: la OTAN y el Pacto de Varsovia.

En los años sesenta se construye el muro de Berlín en Alemania, que representa el acmé de la segregación en bandos a ambos lados de la frontera (el telón de acero en Europa), pero también de la escalada armamentística de la “guerra fría” y la disminución de intercambios entre el bloque comunista y el capitalista.

Años de maniqueísmo, que permiten a los poderes fácticos de ambas agrupaciones utilizar los recursos económicos y sociales en la construcción de sus respectivas fortalezas políticas. La sociedad evoluciona en este ambiente como buenamente puede. Pero es en Occidente, por su diferente valoración de la libertad, donde mejor se aprecia la reacción social de grupos minoritarios que están llamados a defender otros valores alternativos a los oficiales.

Es la época de la oposición permanente, de la crítica sistemática de lo existente, del “antismo”, de la negación permanente de lo que hay. Brotan movimientos antinucleares, antibelicistas, anticapitalistas, antiautoritarios, antiracistas, antireligiosos, anticivilización, antimercado, etc.

Durante este tiempo era más importante decir que se estaba en contra de algo, que definirse directamente, pudiendo aceptarse que la gente se hace por lo que no es, más que por lo que realmente es. Un ecologista no defiende la naturaleza, está contra la civilización. Un pacifista no defiende la paz, está contra la guerra. Un comunista no defiende el socialismo, está contra el capitalismo.

Cuando el líder socialista, Felipe González, gana las primeras elecciones en España en 1982, se sabe que sus seguidores y compañeros de partido están más por la labor de destruir lo que se encuentran que por crear algo nuevo. El pueblo aplaude la intervención en Rumasa, por ejemplo, más tarde la persecución de Mario Conde, se anticipa el reparto de las fincas de la Duquesa de Alba en Andalucía.

Desaparecen los iconos del franquismo y reaparecen otros. La administración se socializa, y se aprovecha la politización del sistema funcionarial para colocar a los partidarios en los puestos de gestión y gobierno de las instituciones, pero no solo en los nivele superiores del escalafón, el nepotismo alcanza al personal de limpieza o a los proveedores. Se crea una mafia política, económica y social.

Las masas siempre han aprobado el ir contra lo que hay. El acertado lema del PSOE es por el cambio, tras varias décadas de inmutabilidad. Brotan por todas partes expresiones culturales nuevas: la movida, el reconocimiento de los perseguidos, las legislaciones más igualitarias y por supuesto la entrada en Europa en 1986, que define el comienzo de una nueva etapa. Ya no importa tanto ser antifranquista, sino lo que realmente hay que ser es europeo en plenitud de hechos y derechos.

España se alinea con el resto de países de su órbita política y económica. Acompasa su marcha a la de los otros, con sus peculiaridades. Se producen las grandes luchas políticas entre los partidos de izquierdas y derechas, hasta que su confrontación termina aburriendo a la ciudadanía. A la gente le importa más el paro o el terrorismo que las elecciones, lo que quiere decir que nuestro país ha superado la etapa infantil en política, comenzando la juvenil.

Nuestro país se parece cada día más a cualquier otro de Europa. Surgen las inversiones extranjeras y la cultura del pelotazo, y los grandes negocios de la corrupción. Con Aznar, la ciudadanía descubre que los políticos son un mal necesario, más que aquellos anhelados salvadores que se esperaban durante el franquismo.

Con la internacionalización de España, nuestro país alcanza la madurez política, y se descuenta de una vez por todas la deuda de la nación con los ciudadanos de izquierdas perseguidos durante el franquismo. Aquí concluye la etapa anti, en los últimos años del pasado siglo.

La indiferencia, como tránsito hacia la nada

Ahora los políticos importan menos que la subida del petróleo o los combates del Barça y el Madrid. España, recupera su pulso tranquilo después de la taquicardia que padecida tras la muerte del dictador.

Los políticos sin embargo siguen peleándose por que consideran que la lucha está en su sueldo, sin haberse adaptado a las circunstancias actuales. Así tenemos un ambiente trasnochado en el Parlamento, por que estos señores no se dan cuenta de que las cosas ya han cambiado, y los únicos que no cambian son ellos.

En el pensamiento filosófico o la ciencia ocurre lo mismo, se está viviendo el periodo adaptativo tras la revolución tecnologíca, mediática y comunicativa, a la que hemos asistido en las tres últimas décadas. Es un periodo de reflexión discreta, de digestión histórica, de metabolismo de lo adquirido. Pero también de preparación del futuro.

Cuando hoy se pregunta a los más jóvenes sobre la política y los políticos, o no saben nada o dicen que no les importa. Esto es un grave problema, porque nuestros jóvenes se están acostumbrando a vivir en su propio mundo tribal de piercing, movil y msn, sin percatarse que ese letargo les conduce poco a poco a la incapacitación civil para asumir responsabilidades propias o sociales.

La indiferencia, es el peor enemigo de la libertad, no hay nadie más atrapado que aquel que no se pregunta nada. La indiferencia, es el caldo de cultivo para que los mismos aprovechados de siempre se beneficien de la baja resistencia a sus propósitos de culminar su obra personal. La indiferencia de los ciudadanos hacia la política y los políticos, es el preámbulo de la dictadura política de los arribistas y la próxima asfixia económica de los más poderosos.

Cada día que pasa nos cuesta más vivir de la misma forma, o peor; parece que no somos capaces de zafarnos socialmente de la servidumbre y la dependencia. Esclavos en Grecia y Roma, siervos en la Edad media, y adictos al consumo de lo que nos ofrecen en el siglo XXI.

Hoy nadie quiere cambiar, pero sin embargo todo el mundo se queja de que nada cambie; nos da miedo perder lo conseguido, y nos da miedo conseguir lo que necesitamos. Nos han llevado entre todos los políticos al río revuelto de sus intereses, y ahora se disponen a divertirse con la pesca.

La libertad es elección, pero no se puede elegir entre blanco y blanco, no hay elección en el más de lo mismo. Solo queda aceptar lo que hay, o dedicarse a la miseria de criticar lo que existe para soportar el paso del tiempo, la impotencia absoluta de los individuos considerados libres, y el naufragio social en el océano que separa la duda de la nada.

Los jóvenes, en esta ocasión, más que dueños de su destino, van a ser esclavos de su impotencia, inermes de valores, dependientes económicos, apáticos en la política y absolutamente conformistas, porque el precio de su libertad les resulta demasiado alto, mejor continuar en la estela de los viejos, aunque sea sometidos.

Y si la juventud acepta lo que hay, hemos alcanzado por fin, la zona cero de la democracia y la libertad, a partir de ahora, la política se convierte en un solar, preparado para el negocio de cualquier oscuro constructor.

Biante de Priena

¿Dónde está el billón de euros que ha desaparecido de las cuentas públicas en España?

"Al principio de las catástrofes, y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica. En el primer caso, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad" Albert Camus.


En Ciudadanos en la Red hemos sido previsores, durante los últimos seis años (el 18 de noviembre cumplimos nuestro sexto aniversario), no hemos dejado de recoger información cada día de lo que estaba ocurriendo en España, pero con un objetivo concreto: señalar los desmanes de la casta política de forma cotidiana, así que si ustedes quieren ver lo que ocurría hace tres años o cuatro, sólo tienen que buscar la fecha y sabrán que era lo que se decía por entonces, y lo que decíamos en este blog ante lo que estaba ocurriendo. Ahora es fácil hacer crítica, a toro pasado, como hacen numerosos tertulianos que se columpiaron felices y se siguen columpiando, pero lo difícil, heroico y arriesgado ha sido hacerlo cuando el toro nos estaba embistiendo. No hace tanto tiempo que en España por decir tu opinión libremente cuando no coincidía con la del PSOE algunos infames te denominaban facha, mientras ocultaban como se lo estaban llevando desde el Gobierno. Ahora te llaman rojo si denuncias las tropelías del PP de Mariano Rajoy. Así que mucho no han cambiado las cosas.

Pero la cuestión de la que quería hablarles era del billón de euros que falta de las arcas públicas españolas, que ha sido la cantidad aproximada que se ha esquilmado a los españoles en los últimos diez años. En realidad, no sabemos cuanto se ha llevado el PSOE, el PP, los nacionalistas, IU y el resto de los partidos políticos que han funcionado como agencias mafiosas, pero el montante total ronda aproximadamente el billón de euros, aunque posiblemente sea bastante más si hacemos un estudio riguroso.


Tampoco sabemos cuanto se podría recuperar si el Fiscal General del Estado, ese velador por ley del interés público, se recobrara de su ceguera y comenzara a realizar AUDITORÍAS PERSONALES a todos los políticos españoles que han tenido acceso a dinero público en los últimos diez años, que sería la mejor forma de recobrar miles de millones de euros de una forma sencilla, sin solicitar rescates a Europa.

Sin duda, el PSOE y sus acólitos han sido los más beneficiados en esta coyuntura, porque han sido los que más poder han tenido, tanto a nivel nacional, como autonómico y municipal. La corrupción ha crecido a su sombra como los champiñones en temporada. Se puede decir que hemos pasado del mito del cambio a la estafa pública organizada, en menos que canta un gallo. La asignatura pendiente que tiene este partido no es la de la eficiencia o la eficacia, sino la de la honestidad, van a pasar muchos años, tal vez dos décadas, hasta que nos recobremos del desfalco que han cometido, esperemos que no vuelvan al poder durante ese tiempo, aunque viendo la chapuza que está haciendo Rajoy no es imposible. Esto no quiere decir que el PP, los nacionalistas, o los demás partidos, no hayan participado de la corrupción en España, en realidad todos están implicados en distintas proporciones.  También tienen que añadirse a esta estafa los agentes sociales, en realidad, todos estafan a los españoles, y se reparten un porcentaje de forma mafiosa como si fueran un cártel de corrupción organizado, pero "legal". 

Durante la última legislatura de Zapatero hicimos seguimiento de los casos de corrupción que salían en los periódicos en distintos periodos, no solo del PSOE, sino de cualquier partido y la media era de 3,3 casos por día, más de 1.000 casos al año, con un montante variable que rondaba varios millones de euros por caso. Considerando que no se ha descubierto ni el 10 % de los casos de corrupción, tendríamos más de 10.000 casos al año, durante los últimos diez años, llegaríamos a 100.000 casos de corrupción, de los que apenas conocemos un pequeño porcentaje, habitualmente siempre los casos menos cuantiosos, porque los más cuantiosos están blindados y nadie se atreve a moverlos.

En este país se ha estafado a los españoles más de un billón de euros en las transacciones que se han realizado con dinero público, en ocasiones de forma sutil y otras de forma grotesca. Voy a dejarles un ejemplo de una estafa que se realizó en el año 2007, por parte del ministro de economía, aquel pirata llamado Solbes y el almirante de los corsarios, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el principal responsable  de la mayor estafa cometida en este país con las Cajas de Ahorros transformadas en bancos y quebradas por los Consejos de Administración de partidos políticos y sindicatos.

Me refiero a la venta de oro a Moscú, en los primeros meses del año 2007 se vaciaron las reservas de oro y de divisas de España a la mitad de las existentes, nos dijeron que era para comprar bonos, nadie nos ha informado de que bonos y que precio tienen actualmente. Pero cada mes, España le vendía a Rusia y otros países del orden de 30-40 toneladas de oro aun precio de 669 dólares por onza troy, cuando actualmente la onza troy tiene un valor de 1.750 dólares. 

Lo que no sabemos es quien se llevó las comisiones del negocio, si están en bancos suizos o paraísos fiscales, a nombre de quien están las cuentas y cuanto suman en total. No sabemos cuantos se beneficiaron del asunto tanto al vender el oro, como al comprar los bonos.  Tampoco sabemos por que el señor Solbes y el señor mafo, no están todavía en la cárcel. Pero los españoles, cada día que pasa, estamos más interesados en saber lo que ha ocurrido, entre otras cosas porque estamos pagando la desmesura de unos impresentables que todavía se pasean por la calle en plena impunidad, habiendo dejado este país en la ruina, mientras ellos se han forrado.

Enrique Suárez



domingo, 2 de diciembre de 2012

El imperio de la casta inicia su decadencia en España


"Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado" Voltaire

Al contrario de lo que muchos puedan pensar y algunos comienzan a manifestar públicamente, no creo que en España sobre la política, más bien, lo que estamos atravesando en estos momentos, es el desolado desierto de su ausencia. Eso es lo que nos han dicho, precisamente, dos ex-presidentes de Gobierno hoy mismo: José María Aznar, en una prolija entrevista concedida a El Mundo; –se percibe que tenía ganas de hablar-, y Felipe González, en una reunión de su partido, en la que “ha reñido paternalmente” a sus compañeros por el bochornoso espectáculo que han protagonizado en los últimos años en nombre del socialismo –olvidándose que él fue despojado del poder por un asunto tan turbio como el del GAL y unas operaciones de corrupción que nunca se justificaron.

Dos formas diferentes de exponer que se inicia una nueva etapa en la política española, cuando el presidente de honor del PP se permite decir: “vivimos uno de los momentos más desalentadores de toda la historia de la Transición: por primera vez en democracia, los políticos se han convertido en un problema grave para el país”. Algo parecido ha acontecido en la reunión que han mantenido los dirigentes y militantes del PSOE, para celebrar la victoria de su partido hace treinta años, en la que Felipe González ha recriminado que actualmente no haya debate en las ejecutivas del PSOE, y pidiendo que en su partido no haya un debate de ideas, sino alguna idea que se ponga sobre la mesa y se debata sobre ella, denunciando la precaria situación interna que se vive en su formación política. Hasta Rodríguez Zapatero, en una intervención sorpresa, resucitado de la ultratumba del olvido, requirió: “una España de más entendimientos, una democracia que se legitime día a día y un partido que mantenga los afectos, la lealtad y la unidad compañeros” y con esa habilidad que le caracteriza, podemos concluir que sabe que su legado –aunque no lo reconozca públicamente- ha sido una España sin entendimiento, una democracia agotada y un partido desunido, enfrentado y agonizante

Todas estas intervenciones son síntomas de desentendimiento con aquello que está ocurriendo, en el caso de Aznar y González, han expuesto sus discursos institucionalmente, mientras que en el de Zapatero, ha pedido su exculpación, sin pedirla, ante sus compañeros, algo muy propio de sus vaivenes insustanciales No en vano, hoy ha salido una encuesta en en la que un 60 % de los propios votantes del PP rechazan la política desarrollada Mariano Rajoy –al que votaron-, mientras que en el caso de Rubalcaba, hasta un 83 % de sus votantes, rechazan su política de oposición. En la última encuesta del CIS, un 27 % de los ciudadanos consultados consideraban que la política era el tercer problema de este país, sin darse cuenta de que el paro y la crisis económica que consideran primer y segundo problema, sin duda son, en buena parte, consecuencia de los errores de los políticos de todos los partidos.

 Recientemente, Artur Mas se ha visto expuesto a la voluntad del pueblo, cosechando el mayor de los fracasos que pudiera prever, contra todos los resultados que habían sido preconcebidos por las encuestas. Y el señor Rafael Ribó, Sindic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) se ha permitido decir que la mayoría de los políticos son honestos y que deshonestos son unos pocos –no se sabe en que categoría se incluye a sí mismo tras haber realizado 50 viajes por todo el mundo durante los últimos dos años a costa del erario público-. Cataluña, en estas cuestiones también tiene sus hechos diferenciales, y si no los tiene, será necesario inventarlos para justificar los desmadres diferenciales

A pesar de que no sea buena noticia que hayamos alcanzado en este país el mayor grado de desprestigio de la casta política de todos los partidos en los últimos 35 años, he de reconocer que, tras seis años ininterrumpidos de denuncia sobre lo que estaba ocurriendo con el poder político en España, siento una agradable satisfacción, algo así como el deber cumplido. Hace seis años, me propuse mostrar a mis compatriotas la indecencia, degeneración, perversión, codicia y egoísmo de que hacían gala los políticos españoles y ahora me invade la perplejidad, cuando tres ex-presidentes de Gobierno, han decidido reconocerlo públicamente y el mismo día. Han elegido el mismo día para hacer el obituario de la casta política española, de la que ellos, por supuesto, también han formado y forman parte. Sin duda, algo ha comenzado a cambiar en la casta política española, pero ahora es el momento de no hacer ni la más mínima cesión, mis queridos compatriotas, es hora de que rindan cuentas –todas las cuentas- y se dejen de cuentos para siempre.

Lo digo para que nadie se me anticipe, los partidos políticos españoles, tal como los hemos conocido hasta ahora,  están muertos y todavía no se han enterado; lo único que queda es depositarlos en el cenotafio del olvido y pasar página sobre este luctuoso hecho que nos ha traído la mayor crisis institucional, política y económica que jamás hemos vivido los españoles a lo largo de la transición, cuando desde una ingenuidad que raya en la estupidez, hemos consentido, con nuestros votos, que hayan decidido empeorar el;destino de nuestras vidas y las de nuestros hijos, exclusivamente para salvarse a sí mismos de la propia degeneración que ellos habían creado, en plena impunidad ilegítima, frívola e irresponsable


 Enrique Suárez

jueves, 29 de noviembre de 2012

La política en España, ejemplo de inmoralidad y cobardía



"Todo lo que en las condiciones de la vida no se renueva o transforma, o se corrompe o es foco de corrupción" Nicolás Salmerón

Nunca el descrédito había acorralado de forma tan asfixiante a los políticos españoles, realmente ya no tienen donde esconderse;  la gente ya no distingue de siglas, ni de partidos, ni de carteles, se  comienza a utilizar una denominación común para definir a todos los representantes públicos de este país, una aristocrática élite de cenutrios reunidos, bajo el genérico término de la casta.

La casta se mueve por la pasta, no hay ideologías, ni principios, ni fines, ni moral, ni ética. La única ley que motiva a los políticos españoles es la de la apropiación indebida, cuando cobran sus sueldos por representarse a si mismos y sus sectas, cuando ejercen la corrupción sin interrupción, cuando miran para otro lado cuando un compañero es imputado por prevaricación. Pero afortunadamente, la casta tiene sus días contados, está viviendo en su apoteosis final antes del seguro desenlace de su extinción, entre otras razones porque ya no queda nada que robar al descuido a los esquilmados ciudadanos de este país. Ahora queda juzgar a todos los que han participado en el ágape de la codicia, condenarlos y obligarles a que devuelvan lo que han sustraído en nombra de la democracia que les alzó a su privilegiada posición. No hay moral en sus actos, ni en sus palabras, ni en sus personas.

La justicia en España también se encuentra en entredicho, cuando se ha visto que en este país no hay igualdad en las leyes que son aplicadas con severidad extrema sobre los ciudadanos de a pie y con descuidada lenidad a los miembros de la casta. La opinión pública cada día se preocupa más por la ceguera irreversible que sufre el Fiscal General del Estado, pues la institución que representa es, sobre el papel, la encargada de velar por el interés público y el cumplimiento de la ley equitativa para todos en este país. Los tribunales comienzan a ser cuestionados cuando permiten que tramas de corrupción en pleno abandonen la cárcel, mientras ciudadanos que no han pagado una pensión compensatoria tras quedarse sin trabajo o algunos que han vulnerado el código de la circulación, sin causar daños, ingresan en prisión. ¿Qué vara de medir los delitos se utiliza en la justicia española cuando los políticos viven en plena impunidad, mientras los ciudadanos cada día tienen la soga más apretada sobre su cuello?

La gente está desconfiando cada día más de los políticos y de sus portavoces oficiales en los medios de comunicación, demasiada intoxicación, censura, propaganda,  ha conducido a la opinión pública a un estado de saciedad y rechazo de todo lo que acontece. Ni se investiga, ni se informa con rigor, ni se responde de las mentiras cotidians que nos brindan.

El Gobierno nacional ha perdido buena parte de la credibilidad con la que contaba hace un año al triunfar en las elecciones, al ver que trata de maquillar la realidad en su interés, mientras todos los organismos internacionales denuncian el engaño a que está sometiendo a los ciudadanos de este país. Los gobiernos autonómicos están acogotados por el descrédito que han acumulado gracias a su desmesura. Ejemplo reciente es el voto de castigo que Artur Mas ha recibido en Cataluña, o que la abstención fue la primera opción política de las pasadas elecciones en Euskadi y Galicia.

La extrema crisis que soportamos los ciudadanos en este país está funcionando como una lente de aumento sobre todo aquello que ocurre, nunca los españoles han estado más atentos a cualquier noticia  sobre los políticos y la política que se ejerce en España. Manifestaciones, huelgas, protestas se van coleccionando, cada día con más virulencia e intransigencia ante la tomadura de pelo a la que estamos siendo sometidos los españoles.

En este escenario, comienza a resquebrajarse la unidad de acción política de todos los partidos que contribuyen a la formación de la casta: desde el PSOE algunos militantes han pedido disculpas, mientras que la ministra de defensa de Zapatero ha dicho que quien la nombró no había hecho las cosas bien. Desde la alborotada Cataluña, un político se permite decir que la mayor parte de los políticos son honestos, mientras imputan al número dos del PSC por un caso de corrupción. En Aragón, han propuesto dar un premio a los políticos más honestos y eficaces, mientras en Castilla La Mancha los diputados del PSOE presentan enmiendas para que no les retiren los sueldos hasta 2015. El Presidente de Bankia, dice que se dejará la vida para devolver el préstamo de 17.000 millones que va a recibir de los españoles.  

Sinceramente, creo que todas estas alternativas llegan demasiado tarde y no servirán de nada, porque lo que la opinión pública española esta harta o más que harta de haber contemplado atrapada en el Síndrome de Casandra como se llevaban el dinero los señores políticos, para sus cuentas o sus partidos, mientras este país va camino de los seis millones de parados y los cuatro millones de nuevos pobres. Mientras los ciudadanos se suicidan antes de ser desahuciados, mientras cada día se ve más gente buscando comida entre los contenedores de basura. La crisis institucional, de confianza en la política, no se va a resolver hasta que se haga justicia, no va a servir con pedir perdón, tampoco con las mejores declaraciones de intenciones, que para lo único que sirven es para reconocer que se han cometido delitos, que se ha abusado del poder, que se ha esquilmado al pueblo en nombre de la democracia.

Los españoles queremos justicia, ni más ni menos, que se juzgue a los responsables de lo ocurrido, que se restituya el dinero que han desviado y que cumplan con las penas que les impongan los tribunales. La opinión pública española quiere que se haga justicia, llevando a los tribunales a todas las direcciones de los partidos políticos españoles, para que respondan de forma subsidiaria de los delitos que han cometido sus miembros en su nombre, defraudando a sus votantes y a todos los demás. En realidad, lo que queremos y anhelamos los españoles es que se hagan auditorías personales a todos los políticos que han tenido acceso al dinero público por medio de una fiscalía anticorrupción que sea eficaz y eficiente y no un escenario de cartón piedra para engañar a los ciudadanos.

Si no se hace pronto, de forma voluntaria por los partidos, en este país se va a crear una fragmentación definitiva e irreversibel entre políticos y ciudadanos, que a la larga se convertirá en un cuestionamiento de una democracia que solo es demagogia y tiranía, que sólo puede traernos miseria y podredumbre. Creo que ya no es posible una regeneración del sistema desde dentro, los políticos han acabado con la gallina de los huevos de oro. Más de un tercio de españoles considera que los políticos son el mayor problema de este país, cuando los que consideran que el paro y la crisis económica tienen autores en todos los partidos políticos que conforman la casta, pasarán a ser considerados el primer problema de este país, y entonces ya no habrá más solución que una acción revolucionaria que derroque a los miserables y deponga su actitud por la fuerza. Algo que posiblemente nadie quiera, pero que será la única opción que quedará si los políticos de la casta se empecinan en no rendir cuentas de sus crímenes ni a los ciudadanos, ni a los jueces, ni a la opinión pública, ni a dioses o demonios. Una falsa democracia de nada sirve para resolver los problemas que tenemos.

Tanta impostura, tanta opresión, tanta usurpación, tanta codicia y tanta inanidad no pueden quedar sin sanción por pueblo que se respete a sí mismo y no haya perdido para siempre su dignidad. Toda tolerancia se ha sobrepasado, toda transigencia se ha excedido y cada días somos más los españoles que nos planteamos que si los políticos, que hacen las leyes y tienen doble compromiso en su cumplimiento, se las pasan porel forro de su grandeza, ¿por qué los ciudadanos españoles vamos a tener que cumplir con ellas si en este país tenemos una Constitución, un Estado de Derecho, que vulneran mientras obligan a todos aquellos que no forman parte de la casta, a que cumplan con todas sus veleidades, estupideces y despotismos?

Creo que se equivocan, los españoles todavía somos soberanos, no súbditos de la estupidez de los políticos que se consideran nuestros amos, ni somos sus siervos, ni sus vasallos, al contrario, cuando ellos incumplen el contrato de servicio con el que se han comprometido, los ciudadanos estamos legitimados para mandarlos a la mierda y pasar de todo lo que dispongan sus señorías para seguir  viviendo como aristócratas, mientras someten al pueblo español al mayor de los escarnios.

Enrique Suárez

miércoles, 28 de noviembre de 2012

La res pública ya no da más leche



 "En España, necesitamos dos empleados públicos para hacer lo mismo que en otros países de la zona euro hace uno solo". Enrique Suárez

Han acabado con todo. Y lo peor es que siguen insistiendo. La Casta es insaciable. No pasa un día sin que asistamos a un nuevo esperpento político-financiero, hoy ha sido en Sabadell. ¿Pero de dónde ha salido esta legión de macarras que expolian al pueblo español como si este país fuera su lupanar?  No tienen vergüenza, no respetan nada, son la codicia personificada en siglas de partidos y sindicatos, que en nombre de la democracia, se han forrado a costa de dejar esquilmados a los españoles.

Ahora, desde el PSOE quieren pedir perdón, ¡estaría bueno!, primero que devuelvan la pasta que han trincado. Si en este país hubiera justicia se tendrían que hacer auditorías personales a todos los miembros de partidos que hayan tenido acceso a dinero público. Es necesario para hacer un punto final y comenzar de nuevo, tras la restitución y las condenas correspondientes, claro está. Pero desgraciadamente, tenemos un Fiscal General del Estado ciego, que a punto está de lograr un puesto de trabajo en la ONCE, porque méritos no le faltan. Y una justicia en la que sus representantes viven confortablemente al pairo del poder

La res pública ya no da más leche, la han vaciado estos energúmenos, ineptos delincuentes, pero todavía siguen empeñados en convencernos de que lo público es necesario en este país, cuando se ha demostrado que es el pesebre de todos los sinvergüenzas que han vivido de estafarnos. Lo público, en realidad, es un nido de parásitos, como voy a demostrar a continuación.

Verán ustedes, permanezcan atentos para comprender lo que acontece, antes de que nos dejen en pelotas ante el futuro. Lo público ha sido el duerno de todos los partidos, sindicatos, asociaciones y organizaciones afines al poder. Lo público, tiene en estos momentos en España, un millón más de los empleados que necesita (tirando por lobajo) para su correcto funcionamiento en comparación con otros países europeos. Sigue siendo intolerable que para hacer lo mismo que hace un empleado de cualquier país europeo, en España se necesiten dos empleados públicos.

En este país hay mucho cuentista que vive del cuento de lo público, a costa de los demás. No sé si ustedes sabrán que desde 2001 hasta 2011 en España hemos pasado de tener 2,5 millones de empleados públicos a tener 3,2 millones, 700.000 empleados públicos más. Mientras que durante el mismo periodo, hemos pasado de tener 2,5 millones de parados a tener 5 millones. ¿Cómo se puede explicar en justicia,  en nombre de que sacrosanta ley de igualdad pueden promoverse protestas y huelgas en defensa de lo público, cuando en este sector ha crecido un 27 % el empleo, mientras en todos los demás ha crecido un 25 % el paro?

Lo que está claro es que lo público es un corralito laboral defendido por la casta política-sindical, con el embaucamiento de que es una conquista social, cuando en realidad es una sectaria imposición por parte de aquellos que viven a costa de los demás, siendo muchos los que no pegan palo al agua, pero que no están dispuestos a perder sus privilegios, cuando los españoles que no viven de lo público han perdido toda seguridad en su supervivencia.

Sin entrar en más mezquindades de esta patulea de fantoches que viven del prójimo y la pancarta, se puede deducir que si el paro hubiera seguido una evolución en el empleo público igual que en todos los demás, hoy tendríamos que tener un 25 % menos de los empleados públicos que teníamos en el año 2001, es decir aproximadamente 1.875.000 empleados públicos, teniendo en cuenta el proceso de tecnificación e informatización posiblemente algunos menos, pero sin embargo tenemos 3.2 millones, lo que quiere decir que nos sobran aproximadamente 1,3 millones de empleados públicos, en relación a la evolución natural del mercado laboral español y en comparación con otros países europeos. Sólo hay que recordar que entre 1980 y  2006, en España se pasó de 1.117.456 empleados públicos a 2.728.269 empleados públicos, cuando en la mayoría de los países de Europa no se ha incrementado en más de un 10 % el número de empleados públicos. Cierto es que hay muchos trabajos que son necesarios e imprescindibles, que hay gente que trabaja en el sector público como el que más, pero también es cierto que hay cientos de miles de parásitos que han convertido lo público en su feudo para seguir trincando hasta la jubilación. Es hora de hacer criba, separando el trigo necesario de la paja prescindible.

Es hora de que los españoles nos demos cuenta de como nos estafan, con las mejores intenciones de mantener sus pesebres desde partidos y sindicatos, en defensa de lo público que no es otra cosa que un puesto de trabajo seguro para los que llevan el carnet en la boca, tienen un pariente en un sindicato o un partido, y salen en las manifestaciones para hacer bulto en defensa de sus propios intereses.

Les recomiendo que la próxima vez que traten de tomarles el pelo, convocándoles a una protesta para defender sus privilegios, (lo público, lo social, su bienestar y el sueldo seguro porque se lo merecen los angelitos), les digan que se metan la pancarta por donde les quepa con los tensores incluidos. Creo que va siendo hora de que los españoles que pagan los improductivos salvadores que nos quieren adoctrinar en la moral de sus privilegios por la gracia del enchufe, reaccionen ante la estafa a la que están siendo sometidos. En España sobran un millón de empleados públicos, y Rajoy nos sube los impuestos a los demás, cuando ya la vaca no da más leche, quizás haya que acabar con la res pública que nos está dejando en la ruina, para que unos cuantos desalmados sigan cobrando todos los meses, y encima se intitulen de héroes sociales y esperen veneración popular. ¡Hay que tener geta!

Enrique Suárez

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