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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Una agencia pública contra el engaño


¿Alguna vez han pensado que ocurriría en este país si realmente funcionaran bien las cosas?. Quiero decir por ejemplo que pasaría si los representantes públicos que se eligen en las urnas fueran realmente responsables, tuvieran un envidiable talento y cada vez que se gastaran un euro público, lo hicieran con el mismo criterio que si fuera de su propio bolsillo. Posiblemente en los diarios veríamos noticias sobre la cria de los castores en Canadá o que un pingüino emperador ha recorrido patosamente cientos de kilómetros para aparearse. Las imágenes de los telediarios recogerían el parto de un panda, el otoño variopinto de Vermont y los cambios hormonales que los seres humanos sufrimos en una interacción emocional.

No teniendo que dedicar buena parte de nuestra miserable existencia a conocer lo que han dicho Rajoy o Zapatero, podríamos descubrir la sutileza literaria de Borges o Zweig, descubrir las melodías de Dvorák o Mahler, disfrutando de un scape land desde la estación espacial internacional. Sin embargo, eso no será posible, porque los políticos han invadido nuestras vidas como bárbaros, para ocupar toda nuestra atención. Que si hay derroche público, que si nos suben los impuestos, que si han pillado a un concejal del PP llevándose lo que no era suyo y a otro del PSOE en el municipio de al lado haciendo lo mismo.

Realmente, a pesar de lo que indiquen los gurús de la información, la era de la comunicación masiva no creo que procure más bienestar a los ciudadanos en las próximas décadas y menos en España, esta nación tan desvencijada que ya no se sabe si va, viene o se entretiene. No es extraño que el estrés haya elevado la presión arterial de los españoles, que haya más conflictos en las relaciones familiares o de pareja o se hayan incrementado los accidentes de tráfico, al tiempo que cada día asistimos a la exposición de noticias que nos sacan de quicio.

Empero, quiero hacer una sugerencia a los lectores de este blog tan acostumbrados a ser testigos de la deletérea deriva que acontece con las cosas públicas, que conciernen al interés común de los ciudadanos en nuestro páis, así como la exposición de muchas vidas privadas de esos nuevos mártires del escarnio y la mofa que salen en la tele, bien cobrando por ello, eso sí. Mi propuesta es crear una agencia pública contra el engaño.

No sería difícil, se elegiría un comité independiente que fuera mutando sus miembros cada tres meses que se encargaría de asistir a todas las denuncias que los ciudadanos hicieran sobre las múltiples estafas a que son sometidos por todos los depravados parásitos que viven del malestar ajeno. No es baladí la cuestión, porque en estos momentos es difícil encontrar algo público o privado que no esté directamente fundamentado en el engaño.

Fíjense ustedes en todos esos productos sanitarios que nos ofrecen desde el elixir de la larga juventud, hasta los crecepelos de toda la vida, pasando por las vitaminas que incrementan el vigor sexual o que nos devuelven la memoria y la atención. Ciertamente hay mucha gente que cae en las trampas publicitarias con la facilidad que las moscas en la miel. Si la gente hiciera una simple reflexión se daría cuenta de que muchos de los productos que se ofrecen son un engaño, porque de no serlo hace tiempo que viviríamos eternamente, no habría calvos, nadie tendría impotencia o inapetencia sexual y todos recordaríamos al menos lo que no olvidaba Funes el memorioso. Decía Aldoux Huxley que la ciencia médica ha avanzado tanto que ya nadie puede considerar que está sano, y no le faltaba razón: ¿quién tiene la certeza de que no tiene algún padecimiento oculto a punto de manifestarse?.

Pero quien dice productos parasanitarios, también puede ocuparse de los alimentos que adelgazan, las bebidas que nos llevan al paraiso, o las dietas espectaculares que nos devuelven la juventud perdida y todas sus virtudes. Alguien se preguntará por qué no se regula desde el Estado la veracidad publicitaria sobre productos de gran consumo, pues por una sencilla razón, posiblemente por qué nadie tenga interés en que recibamos una información correcta y por qué los publicistas se las saben todas, con decir que tal producto puede hacer tal cosa (aunque tenga realmente más posibilidades de que no haga nada, es decir, que sea ajena al proceso que pretende solventar) ya es suficiente para ser admitida.

Imagínense ustede que mañana les digo que el extracto de los huesos de aceituna molidos, en dosis mínimas perfectamente encapsuladas y presentadas, pueden prolongar la vida, y lo hiciera aprovechando el máximo share de publicidad, fichando a una actriz madurita de buen ver hablándonos de sus ventajas. Les aseguro que al día siguiente cientos o miles de personas acudirían a interesarse por el asunto a la farmacia más próxima y se dejarían unos cuantos euros en “las píldoras de la juventud” que deberán tomarse de forma pautada durante un periodo prolongado de tiempo suficiente, no menos de dos o tres años, para comenzar a comprobar sus efectos. Pasados los tres años y viendo que no ocurre nada espectacular, algunos abandonarían el tratamiento pero no se lo dirían a nadie, porque gracias al fenómeno de la disonancia cognitiva, asumir que han sido estafados sería publicar su ingenuidad irredenta, y a nadie le gusta que le consideren idiota, y menos entre sus amigos para que se lo recuerden siempre.

Así que mientras el inventor del “olivochelix”, ese producto milagroso tan reconocido, se pasea con su yate por la costa azul, miles de ciudadanos se habrán dejado miles de euros sin haber rejuvenecido ni un día, por qué ya estaba perfectamente advertido en el prospecto del producto que el efecto del milagro podía darse o no, dependiendo de las característica personales y ambientales a las que estuviera expuesto el sujeto, siempre particulares y diversas, sin decirnos cuales eran las que aseguran su funcionamiento, por supuesto.

Por lo tanto tendremos un hombre de negocios navegando por Cannes en vez de un truhán condenado a veinte años de cárcel por estafa. No crean que no tiene importancia la cuestión, porque el inventor del olivochelix posiblemente haya contribuido a la riqueza de este país comprando una factoría de producción, contratando a cincuenta trabajadores y pagando sus impuestos, haciendo nuevas inversiones en nuesvos productos que “pueden” resolvernos la vida, incluso exportando su producto a otros países con más ignorantes que en el nuestro con las bendiciones del instituto de exportación correspondiente, con la garantía del Estado español.

Pues si alguno ha entendido el ejemplo, aún con esfuerzo, le sugiero que ahora traslade su conocimiento al ámbito de la política y fíjense ustedes lo que pueden hacer nuestros loados representantes públicos ofreciéndonos reiteradamente el paraiso aunque cada día nos aproximen más al infierno.

Por eso insisto en crear una agencía pública contra el engaño, tanto si es en forma de publicidad comercial como propaganda política o manipulación de la información en los medios de comunicación. Sería una forma magnífica de aligerar el paro, contratando un par de miles de desempleados que recopilaran toda la información en toda España, además sería muy ilustrativo, porque cuando se dijera desde la agencia que el señor Zapatero ha mentido al igual que el señor Rajoy en tal fecha y circunstancia, y se acumularan todos sus engaños se podría hacer un magnífico “hit parade” del asunto, que podría extenderse a todos los políticos españoles, crando un ranking de estafadores públicos nacionales, autonómicos y municipales, y la cota alcanzada se podría exponer al lado de su nombre en las papeletas electorales.

El señor Zapatero con 2487 mentiras contrastadas se presenta a las elecciones en oposición al señor Rajoy que acumula 2387 mentiras contrastadas. Elijan ustedes a su mejor representante. En cuanto a los distribuidores del olivochelix sería fácil añadir en el prospecto del producto por ley, que no ha sido contrastado en sus efectos, su consumo puede ser perjudicial para la salud o no serlo, hasta que no se demuestre la cuestión de forma contrastada.

Pero descuiden, esto no ocurrirá, ¿cómo van a controlar a los estafadores los que no dejan de estafarnos todos los días gracias a que les hemos concedido el poder de hacerlo con nuestros votos?. Al contrario, la tendencia de los políticos será contratar a todos aquellos que pueden envolvernos mejor en la mentira, entre ellos ese procer de la humanidad que inventó el "olivochelix", contribuyendo al incremento de la riqueza nacional y a la reducción del paro.

Biante de Priena

lunes, 1 de noviembre de 2010

El regreso de la Política. A propósito de Francisco Álvarez Cascos


Para todos los males, hay dos remedios: el tiempo y el silencio.
Alejandro Dumas.

Si de algo carece la política española, con ostentosidad en los actuales tiempos, es de “areté”, quizás sea la explicación fundamental y más simple de todos nuestros males, porque sin esta virtud singular en los representantes públicos, la democracia siempre acaba degenerando en demagogia y tiranía.

¿Qué es la areté?, no es fácil precisar el término, pero puede comprenderse como una reunión de cualidades que el pueblo concede a algunos de sus miembros –“Princeps Inter Pares”- para representarlos públicamente . La areté es una peculiar mezcla armónica de virtudes cívicas, morales e intelectuales, que según Hipias faculta a su poseedor para pensar, hablar y obrar con éxito en las tareas del poder.

Asistimos en los últimos meses a un bochornoso espectáculo político en Asturias que al mismo tiempo se está convirtiendo en una épica hazaña democrática. Un aspirante a candidato, como los héroes de la antigüedad, ha renunciado a su posición de privilegio para iniciar desde la nada su carrera política de nuevo, como si con su ejemplo quisiera mostrar a los asturianos y a los españoles el auténtico sentido de la democracia, en un clima circundante de oprobio, desmesura y desmadre.

Francisco Álvarez Cascos es mucho más que un candidato a la Presidencia del Principado de Asturias, porque con su certero obrar está procurando, con sus ausencias y silencios, el regreso de la Política, con mayúsculas, a esta democracia desvaída y desvencijada en la que vivimos en España.

Un candidato, unas propuestas y unos seguidores, esa es la esencia más simple de un partido político en una democracia, un ejemplo real en esta pantomima virtual y demagógica de la política de nuestro país, en la que los dirigentes políticos deciden por los ciudadanos, incluso a su pesar. La circunstancia de que Francisco Alvarez Cascos sea miembro del Partido Popular es lo de menos, porque tras las últimas encuestas (que coinciden con las anteriores) su presencia en la candidatura del PP le dará el triunfo a su partido, frente a cualquier otra alternativa que no se la daría. Estos son los valores esenciales de la democracia, no del casquismo (culto al líder con que algunos intentan desprestigiar su gesto), no de la rebeldía, sino de la cordura y la coherencia.

Quien conoce a Francisco Álvarez Cascos sabe que no se caracteriza precisamente por callarse, sino por lo contrario, por decir lo que realmente piensa como si de un discípulo de Quevedo se tratase, precisamente esa es la razón por la que en su propio partido ha recibido el rechazo de los dirigentes asturianos y el silencio vaticano de los dirigentes nacionales. Al tiempo que sus seguidores (los de pico y pala, las bases del PP), cada día más y cada día de forma más apasionada van prorrumpiendo en un clamor por su presencia como candidato a la Presidencia del Principado. Por eso su silencio retumba y su ausencia es inmanente, está sabiendo manejar con inteligencia la trama del esperpento: ahora toca callarse y esperar, para que los focos iluminen a sus rivales en su máximo esplendor y la opinión pública conozca de primera mano su autentica naturaleza.

Ni con Maquiavelo de asesor representaría mejor su papel imprescindible en la política española pletórica de despropósitos; prudencia, paciencia y perseverancia al mismo tiempo, sabiendo que ahora no es el momento de decir nada, sino de callar y que hablen sus seguidores reclamando su presencia. Que fascinante es ver a un político con areté en estos tiempos en que todos sus colegas de profesión padecen una epidemia de hybris (desmesura ambiciosa y estúpida, con empacho de poder).

Cascos representa el despertar de la nación española, y como no podía ser de otra forma, acontecerá en Asturias, porque los asturianos sabemos reconocer entre los nuestros a los mejores (y también a los peores). En esta ancestral patria querida, que ama la libertad tanto como odia el poder injusto, que no tiene miedo a decidir y que ha sabido a lo largo de la historia romper los yugos que trataban de imponerle enfrentándose a sus opresores, creando una armonía en la convivencia por encima de las ideologías, porque sabemos que la razón no es de nadie más que del que la tiene; un candidato como Cascos, hecho a sí mismo, promovido por ciudadanos que le apoyan y no por su partido (más bien a su pesar), será el mejor pabellón que se pueda izar para destacar en la memoria colectiva de los asturianos, y por supuesto, también en unas elecciones. Cascos será candidato, porque en caso contrario el PP dejaría de existir en Asturias, ¿quién iba a votar a un partido que decide contra los deseos de sus propios afiliados?. Es la hora del ágora, hágase su voluntad.

¡Que hubiera sido de la memoria de Pericles, si Tucídides no hubiera recordado sus virtudes, y al mismo tiempo, la esencia de la democracia!

Biante de Priena

domingo, 31 de octubre de 2010

La falacia del igualitarismo


Quizás el igualitarismo haya sido la doctrina moral más provechosa para las políticas de izquierdas, tanto como el amor fraterno para el cristianismo, o tal vez, la grandeza de Alá para los musulmanes. Ciertamente las creencias siguen tejiendo la urdimbre que permite la dominación de los seres humanos y su segregación en dos clases: los poderosos y los desposeídos.

El igualitarismo es una estrategia política urdida con la intención de recabar apoyos en la democracia de masas entre los sectores menos cultos y más oprimidos. La demostración de que la búsqueda de la igualdad es una utopía irrealizable, es que nunca ha existido en este mundo, a pesar de que en su nombre se haya oprimido, despojado y aplastado a millones de ciudadanos desde el comunismo o el fascismo, pero en tono menor, como una lluvia fina que todo lo inunda, desde la socialdemocracia y las doctrinas conservadoras.

Hace unos meses escribí un artículo titulado: “igualitarismo no es igualdad”, hoy quiero avanzar aún más sobre lo escrito, a partir de las adquisiciones ideológica recogidas durante los últimos meses, fundamentalmente provenientes de pensadores liberales, pero también de socialistas utópicos y radicales.

Los liberales solo aceptamos una igualdad, la de todos ante la ley, mientras que los socialistas pretenden utilizar la ley para producir una supuesta igualdad y los conservadores para mantener una sutil desigualdad. Todo tiene que ver con las propiedades, no de los medios de producción como sugería Marx, sino de los recursos. Los conservadores heredan el trabajo acumulado de las generaciones anteriores y pretenden perpetuarlo con el trabajo ajeno, los socialdemócratas adquieren sus privilegios y propiedades del trabajo, y tienen la pretensión de mantener su adscripción reciente por medio del trabajo ajeno, de aquellos que les apoyan y esperan beneficios inmediatos.

La socialdemocracia produce desigualdad, como las doctrinas conservadoras tienden a mantenerla, porque ambas utilizan la coacción y el apoderamiento del Estado para desarrollar una supuesta justicia social, en beneficio, según indica su propaganda, de las clases más desposeídas para los socialdemócratas y de las menos privilegiadas por los conservadores.

Sin embargo lo único que pretenden ambas doctrinas es mantener el establishment y el status quo de los poderosos. Realmente los detentadotes del poder no cambian, siguen siendo los mismos, al igual que los desposeídos. En los últimos seis años ha crecido la pobreza en España con gobiernos socialistas, pero también la riqueza de los que más tienen, a los que se han añadido algunos socialistas como José Bono, entre otros muchos, mientras que la inmensa mayoría de los españoles hemos comprobado como nuestra calidad de vida se ha deteriorado y el Estado de Bienestar está comenzando a deteriorarse paulatinamente.

Los españoles somos iguales ante la ley, el artículo 14 de nuestra Constitución así lo indica, sin embargo hoy la desigualdad entre los españoles es mucho mayor, gracias a que el PSOE ha necesitado de los apoyos nacionalistas para seguir gobernando y el PP no ha sabido o no ha querido hacer una oposición rigurosa.

Así el igualitarismo permite que los funcionarios del Estado cobren cantidades que varían en un 50 % su sueldo si están en una comunidad autonómica o en otra, las mujeres siguen cobrando menos que los hombres por el mismo trabajo y se ha producido un desequilibrio insoportable entre los jóvenes que disfrutan de un 50 % de paro y los adultos que tienen que trabajar un 50 % más para ganar lo mismo. Hay instituciones en España que se han creado con el objetivo de imponer la desigualdad jurídica desde el Estado, como el instituto de la mujer o el fenecido ministerio de igualdad. Hay políticos sin formación que cobran de sueldo lo que en la administración pública se corresponde con funcionarios de carrera con seis trienios, que tuvieron que obtener su trabajo por oposición tras haber dedicado muchos años a la adquisición de conocimientos que les permitiera su acceso a la función pública. Hasta los más pobres son diferentes, ser pobre en una autonomía pequeña permite acceder a más ayudas que en una autonomía grande, y para colmo de los colmos, un factor de igualación como el idioma español ha sido excluido constitucionalmente de algunas comunidades autónomas con marchamo totalitario.

Pero quizás la mayor desigualdad es la que crea el Estado concediendo 426 euros como impuestos sociales negativos, a muchos que son improductivos (y piensan seguir siéndolo), mientras que hay ciudadanos en este país que para obtener poco más de sueldo tienen que dedicar muchas horas de trabajo y pagar impuestos para que sus colegas subsidiados puedan seguir disfrutando de la miseria organizada por el Estado, gracias a un Gobierno absolutamente incapacitado por los hechos.

Hay muchas otras desigualdades que se han producido en España durante los últimos seis años, para que vivamos en una sociedad menos equitativa y justa que antes de gobernar el PSOE, donde la injusticia y la inequidad se establece por ley. Pero el mayor problema que tenemos que afrontar los españoles es la descomunal deuda que hemos adquirido, que supera el 400 % entre la pública y la privada, el déficit galopante que traspasa el 12 % enjugado con subidas de impuestos y recortes sociales, condiciones que nos alejan del bienestar y abren un futuro muy negro para los españoles, de esta generación y las siguientes. Al final con el cuento del igualitarismo lo que hemos conseguido es convertirnos en un país atormentado por las deudas y la amenaza inmanente de ruina, donde el consumo no deja de reducirse, y la producción está absolutamente estancada, en una situación técnica de estanflación, disimulada y encubierta con las inversiones públicas más descerebradas.

Este panorama desolador tiene responsables, que son todos aquellos que han abogado desde la política por mantenerla y no enmendarla, y también por aquellos que debían haber frenado tanta estupidez y no han sabido hacerlo, habiendo fracasado ambos en su función pública de servicio a los ciudadanos. No sé ustedes, pero por mi parte creo que la afrenta violenta que nos han hecho los políticos no puede resolverse con un cambio de gobierno para que los que vengan sigan sin resolver las cosas, acusando a los que se vayan del estropicio, mientras siguen disfrutando de los mismos privilegios que sus predecesores.

Necesitamos hacer un cambio fundamental en España, los ciudadanos no podemos admitir bajo ningún concepto que los autores del descalabro (unos por sus excesos y otros por sus defectos) queden exentos de responsabilidad sencillamente con la celebración de elecciones y el cambio de collar. Es hora de exigir responsabilidades, no exclusivamente políticas, sino jurídicas, civiles y penales a los políticos españoles. Quien ha decidido desde la política algo que vulnere la Constitución Española debe responder por ello ante los tribunales, porque ha traicionado su mandato y ha vulnerado su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución, porque a la larga la Constitución se ha convertido en un instrumento para someter a los ciudadanos y no para controlar a los políticos en sus excesos y defectos.

La mayor desigualdad que hay en España es entre ciudadanos y políticos, es hora de que exijamos a los políticos responsabilidades por haber incumplido el artículo 14 de la Constitución Española de 1978, que dice textualmente:
“Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”
Hasta que no logremos que los políticos sean iguales que los demás ciudadanos, viviremos en una tiranía, aunque sea por la defensa del igualitarismo o la justicia universal. Está claro que si hay igualdad ante la ley, no es necesario el igualitarismo, y si no la hay es que la Constitución Española no se está cumpliendo, que es un problema que requiere soluciones legales, y no políticas o morales.

Biante de Priena

Tapar el sol con la boina


Recuerdo que hubo un tiempo en España, a comienzos de esta transición que nunca concluye, que la política era una actividad respetable y respetada, la gente saludaba con sincera admiración a los políticos cuando se los encontraba por la calle, mostrando su agradecimiento por haber devuelto a nuestro país a la senda de la democracia, lo que nos convertía en unos europeos más. Pero como han cambiado las cosas.

Hoy los políticos de todos los partidos tienen que escuchar improperios, insultos y abucheos en cada acto público al que asisten, fundamentalmente por dos razones, la gente ha perdido por completo el respeto por la profesión política y los políticos actuales son los más ineptos, nefastos e ignorantes de la reciente historia democrática de este país. La confianza en la política por parte de los ciudadanos, ha descendido a sus cotas más bajas, la gente ha dejado de creer en que los políticos representen otros intereses que no sean los suyos y los de sus partidos políticos, la deriva corrupta de la actividad política en nuestro país ha producido en la gente un desafecto institucional inaudito. Con la excepción de los que se benefician del poder de alguna forma, que no son pocos, los que pagamos los impuestos y solo recibimos promesas, abjuramos cada día de los políticos, da igual que sean de un partido que de otro, porque si unos son responsables por sus excesos, otros lo son por sus defectos, pero pocos españoles se sienten bien representados por los valedores de sus votos.

Hoy he escuchado a José Blanco decir que la derecha oculta una agenda política que va a rebajar los derechos sociales de los españoles, para quedarse tan fresco como es. Nadie ha dicho nada, todos sonrientes. Alguien podría decirle que el PSOE ni siquiera oculta su agenda antisocial, porque el Gobierno del que forma parte es el que más ha recortado los derechos sociales a los españoles en los últimos treinta años; porque a nadie se le había ocurrido reducir el sueldo de los funcionarios y menos congelar las pensiones. Ante las palabras de José Blanco cabe hacerse dos preguntas, o bien piensa que su electorado es idiota o es tan simple que con echarle las culpas a los demás de los errores propios se queda con la conciencia tranquila, lo que nos indica su capacitación para dirigir el ministerio que más gasto público (dinero de los españoles) produce. Siempre he pensado que la única razón para que José Blanco sea ministro de Fomento, es precisamente la de fomentar los negocios de los afines al PSOE y negárselo a todos los demás, algo muy propio de su sectarismo demostrado. Si un patán como él puede derrochar lo indecible, con el mismo criterio de bienestar público que tenía Stalin, que no harán sus sucedáneos y edecanes.

Pero el cuadro no estaría completo si no mencionáramos el affaire Cascos, que cada día me resulta más interesante, porque nos permite ver cómo funcionan los partidos políticos. Supongo que estarán al tanto de lo ocurrido a lo que debe añadirse la salida de pata de banco del Alcalde de Oviedo que hoy se ha permitido decir que sus compañeros de partido actúan como “kaleborrokeros” de la ultraizquierda, por qué los que defienden la candidatura de Cascos querían salir a la calle a mostrar apoyo a su candidato (recordemos que Cascos también fue Ministro de Fomento, como José Blanco y Magdalena Álvarez, aquella que pensaba más rápido que hablaba, pero eviten hacer comparaciones). Para posteriormente indicarle a la dirección nacional del PP que si apoyan a Cascos (y no a él y su camarilla) cometerían un pucherazo. Que empacho de poder hay que tener para tratar de imponer su voluntad a sus supuestos dirigentes nacionales, tratando de denostar al rival de su propio partido e infamando a sus seguidores, que resulta que son sus propios compañeros.

¿No ven ustedes cierto paralelismo entre la agenda antisocial oculta del PP que denuncia José Blanco desde su paranoia interesada y la amenaza de pucherazo del alcalde ovetense a la dirección nacional de su partido si no hacen lo que él ha impuesto por su sacrosanta voluntad?.

Hoy mismo saldrá una encuesta en el diario El Comercio de Gijón en que la candidata que presenta “la cofradía de la escalerona” (los dirigentes asturianos del PP que se oponen a la candidatura de Cascos por qué sienten amenazadas sus poltronas) resultaría derrotada por el candidato del PSOE, pero si el candidato del PP fuera Francisco Álvarez Cascos obtendría con seguridad mayoría absoluta. Hace una semana se anunciaba en este mismo diario que el dirigente asturiano del PP que ha ocupado los cargos más elevados en un Gobierno estatal, en lo que llevamos de democracia, agrandaba diferencias con sus rivales.

Creo que se abre una gran disyuntiva para la dirección nacional del PP, porque van a tener que decidir concederle el triunfo al PSOE en los próximos comicios asturianos, que es lo que pretende el alcalde de Oviedo y la dirección regional del PP, o en su defecto, ser acusados de haber dado un pucherazo por los que llevan perdiendo durante tres legislaturas consecutivas las elecciones autonómicas con el PSOE y todavía exigen confianza.

Como me recuerdan estos personajes a aquellos fabricantes de velas que denunciaba Frédéric Bastiat, que para que su negocio funcionara bien solicitaron a su gobierno que promoviera una ley que obligara a los ciudadanos a cerrar las persianas de sus casas dos horas antes del ocaso para que se alumbraran con las velas que ellos fabricaban, porque el sol era un competidor desleal que perjudicaba su negocio y el progreso de su país y se quedaron tan frescos como José Blanco con la agenda antisocial oculta que tiene el PP y Gabino de Lorenzo, con el pucherazo que dará la dirección nacional de su partido si decide presentar a Francisco Álvarez Cascos para triunfar en las elecciones autonómicas de Asturias.

Mientras tanto en el Principado de Asturias, los ciudadanos comienzan a pensar si el PP querrá realmente ganar las elecciones con Cascos o realmente preferirán continuar de comparsas del PSOE sin Cascos, como en los últimos doce años. Hay ocasiones en que la esperanza se agota en la espera, retrasar la decisión de una opción de victoria puede acabar convirtiéndose en tedio, desinterés y desafecto de los electores por quien le impide la realización de su voluntad, al tiempo que incrementa la complicidad y aprecio por el candidato deseado. Es fácil entender que el paso del tiempo sin decisión alguna sobre el candidato afianza en los electores la afición por lel candidato vetado, al tiempo que deteriora la imagen de quien pretende vetarlo. Creo que nunca antes en la historia de la política española un candidato ha recibido más apoyo popular con menos esfuerzo, gracias a la torpeza permanente de sus rivales.

Biante de Priena

viernes, 29 de octubre de 2010

La representación política en España es un robo, un auténtico crimen contra el pueblo y la democracia

“El 13 de julio de 1793. Marie-Anne Charlotte Corday al ciudadano Marat. Es suficiente que me sienta tan desgraciada para tener derecho a vuestra benevolencia”. La muerte de Marat, Jacques-Louis David, 1793.

Antes de que los irresponsables que representan políticamente a los españoles acaben con la democracia debemos dar un paso al frente para expulsarlos del poder, no se puede soportar más miseria. La democracia española está muy enferma, al borde de su agonía, gracias a la invasión de parásitos que medran en impunidad en su marco privilegiado, mientras dilapidan los fondos públicos en propaganda para hacerse imprescindibles.

Es hora de enfrentarnos al mayor problema que tenemos en España, mucho más grave que el paro, la crisis económica, la paulatina decadencia de las libertades, o la ausencia de respeto por nuestros derechos constitucionales, porque si no erradicamos la infestación política e impedimos su reproducción, de nada servirá ya acudir a las urnas. ¿Votar para qué?, ¿para cambiar de amo?. Estamos en el siglo XXI y no se puede admitir que los políticos infames nos traten a los ciudadanos libres como si fuéramos sus siervos.

Los políticos opresores están ejerciendo un daño institucional irreparable, no será fácil que los españoles volvamos a creer en las instituciones desde las que se administra el poder que concedemos en democracia. Esta forma de actuar del poder político en democracia, es inadmisible, ilegítima y criminal, el poder tiene sus límites establecidos y quien los supera debe ser apartado de inmediato de todo acceso a la representación pública de los ciudadanos, además de juzgado por su desmesura. Hibrys siempre trae como consecuencia Némesis.

La democracia en España ha degenerado por completo, vivimos en una democracia usurpada, que ha derivado en una oclocracia, que es el gobierno de los tiranos soportado sobre los sectores apesebrados con los que se mantienen mutuamente en simbiosis para repartirse los privilegios. No hay oposición, hay silencio cómplice por parte de los que deberían enfrentarse contra los opresores, porque a lo único que aspiran es a heredar el sistema de opresión, sin cambiar los mecanismos que conceden privilegios a los políticos y perjuicios a los ciudadanos, tratados como súbditos y siervos.

Es hora de hacer una reflexión sobria y serena, antes de pasar a la urgente acción. Entre las numerosas propuestas que fluyen por el espacio de comunicación pública, aquí dejo la mía, el primer paso es eliminar de la representación política a todos los que han mostrado no representar más que sus intereses o los de su partido, para ello hay que identificarlos uno por uno y juzgar su gestión de forma independiente, sin entrar si pertenecen a un partido u a otro. Todo aquel que no haya representado los ntereses generales, de todos los españoles, será considerado sospechoso de sectarismo y corrupción, y relegado de sus funciones representativas.

El segundo paso es generar un sistema de transición política para erradicar toda la miseria y mezquindad a la que hemos estado expuestos estos años.

El tercero es promover una reforma Constitucional que impida que vuelva a ocurrir algo parecido en el futuro.

En cuarto lugar, realizar una Auditoría General del Estado, de todas las instituciones públicas, para mostrar de forma transparente y permanente que es lo que se hace en este país con dinero público, los medios existen y sólo es necesaria la voluntad para hacerlo.

Y por último juzgar a todos los representantes públicos que se hayan apropiado en dinero, especias o propiedades de algo que exceda estrictamente sus remuneraciones e ingresos fiscalizados. Pero hacerlo con un sistema jurídico renovado, del que se hayan expulsado previamente a todos los jueces y fiscales conniventes con el régimen corrupto, como por ejemplo el ciudadano Garzón (y todos los que han defendido su inimputabilidad), tras su juicio por aquellos de sus compañeros que puedan demostrar su honestidad, rigor jurídico y lealtad institucional. Lo mismo deberá hacerse con todos los medios de comunicación y los periodistas que hayan mentido, intoxicado y ejercido la propaganda insidiosa, con el objetivo de enmascarar la inmensa corrupción política en la que hemos vivido y estamos viviendo, como por ejemplo alguno que va de plural.

Dirán algunos que estas medidas recuerdan a las tomadas tras la Revolución Francesa por los Comités de Salúd Pública, pues como si dicen misa, porque lo único que haces es impedir que el peso de la Ley caiga sobre ellos. Contra los ladrones no bastan las palabras, hay que pasar a los hechos, y en el Estado español, nunca ha habido tantos ladrones en representación pública de los ciudadanos, como hoy en día, que eso no tiene nada que ver con la situación internacional, sino con la condición infame de los políticos que tenemos en España. Ni Marat puede salvarnos del Robespierre colectivo que habita en La Moncloa.

Si no lo hacemos, y si no lo hacemos pronto, tendremos que aceptar que nunca volveremos a vivir en una democracia, sino en una tiranía disfrazada de democracia que convierte a los políticos en nuestros amos y a los ciudadanos en sus vasallos, sometidos a la miseria de su servicio. Se han tornado las cosas, las han tergiversado interesadamente, los políticos que decían acudir a la política por su vocación de servicio público se han convertido en nuestros amos más miserables. Exijamos justicia, mientras aún sea posible.

Biante de Priena

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