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jueves, 27 de mayo de 2010

La democracia en España es una estafa pública


Realmente no se puede denominar democracia al sistema de elección de representantes políticos que tenemos en España, más bien es un mecanismo restringido de reparto de poder que se ha organizado desde los partidos políticos, para organizar un negocio o empresa con los recursos públicos del estado, autonomías, municipios. En España tenemos un sufragio universal con elección censitaria, es decir restringida, todo el mundo puede votar, pero no puede votar a todo el mundo.

Decía George Santayana, un filósofo de origen español contemporáneo de Ortega y Gasset (aunque no se reconocieran mutuamente), que llegó a ser profesor de Harvard, que el problema de la democracia no era su definición, sino como esta se interpretaba de forma diferente desde el gobierno y desde el pueblo, porque de la misma definición: gobierno del pueblo, cada agente del binomio extraía una reflexión diferente. Los gobernantes consideran que la democracia es gobernar al pueblo, el pueblo considera que la democracia es elegir a los gobernantes. Los gobiernos hacen su interpretación desde el poder, el pueblo hace su interpretación desde la razón. Ambas son dimensiones diferentes actualmente en nuestro país.

Los ciudadanos españoles no vivimos en una democracia porque no elegimos a los políticos que nos representan, los que todavía votan, apoyan a los políticos que eligen los comités centrales de los partidos, es decir, se produce una primera restricción con el sistema de listas cerradas y bloqueadas, porque lo único que puede hacer un ciudadano que vota es ratificar lo que el líder del partido correspondiente ha elegido. Los comités centrales eligen las listas a nivel nacional, los autonómicos a nivel autonómico y local. Aquí se produce la primera alienación del proceso democrático, porque la lista de candidatos es la lista de un partido, se vota lo que mande el partido, o en su defecto, lo que mande otro partido que ha seguido el mismo proceso.

Si un ciudadano o una agrupación de ciudadanos intentan presentarse a unas elecciones lo pueden hacer por supuesto, pero tendrán que pagarse su campaña de sus propios bolsillos, mientras que los partidos que están en alguna institución recibirán ayudas millonarias, por parte del Estado. Además, para obtener representación política, el ciudadano o la agrupación de ciudadanos que decida presentarse a unas elecciones, deberá aportar garantías jurídicas, siguiendo un largo proceso costoso y acotado, en el que se le pondrán todas las trabas necesarias para sugerirle que desista, si al final se empeña y consigue poder presentarse, para obtener representación tendrá que superar las barreras electorales (entre el 3 y el 5 % de los votos emitidos) para que puedan siquiera contabilizarse y asignarle representación.

La legitimidad de la política española no proviene del pueblo, de los ciudadanos, sino de la connivencia de los partidos políticos para mantenerse en el territorio de poder que tienen perfectamente acotado y delimitado. Realmente, los políticos españoles instrumentalizan la democracia a su servicio y no al de los ciudadanos que dicen representar. El pueblo es utilizado como comparsa de la obra teatral representada.

¿Se preguntarán ustedes por qué se restringe de una forma tan audaz la voluntad del pueblo?, pues es muy sencillo, la política se ha convertido en España en la mejor forma de que gente sin escrúpulos, con pocos conocimientos, y con mucha más maldad que la que manifiestan en las campañas electorales en las que presentan su imagen comercial, se pueda asegurar un futuro magnífico a costa de la participación de unos ciudadanos que desconocen para qué sirven sus votos en realidad, pero acuden a votar porque les han convencido que no hacerlo es estar contra la democracia, cuando en realidad es un acto de libertad en no seguir apoyando a unos aprovechados profesionales que viven mucho mejor de lo que en condiciones no políticas aspirarían a vivir en toda su vida.

¿Saben ustedes cuanto dinero le concede para su administración un fiel votante socialista al PSOE, cuando acude a votar por este partido en elecciones generales, autonómicas y municipales?. Pues aproximadamente 150.000 euros por legislatura, multipliquen por once millones y les saldrán los presupuestos que administran los políticos en su nombre y gracias a sus votos. Cantidad que será la misma que manejarán los del PP cuando lleguen al gobierno, mientras tanto se conformarán con lo que saquen en las autonomías y municipios en los que gobiernen.

Con ese dinero establecen acuerdos con grandes empresas, negocios personales, financiación de proyectos innecesarios, regalos a los que les apoyan, obteniendo beneficios personales a costa de invertir el dinero público de todos los españoles en lo que les procure más interés. Pero también se encargan de hacer leyes muralla que impidan que nadie les pueda reclamar absolutamente nada de su tremendo despilfarro, y por si acaso, siempre tendrán a determinados jueces que habrán colocado en los más altos tribunales para que llegado el momento puedan actuar con la lenidad correspondiente, hacia sus posibles delitos.

Ahora hagan un balance muy sencillo, calculen ustedes si en su familia, supongamos de 4 miembros que hayan votado al partido que gobierne, cuanto reciben en cada legislatura de los 600.000 euros (100 millones de las antiguas pesetas) que administran en su nombre en servicios y bienestar, y no, no se engañen, porque sus vecinos del piso de al lado reciben lo mismo que ustedes, más o menos, salvo que pertenezcan a algún partido político, porque entonces recibirán lo suyo y lo de ellos.

¿Se explican ahora por qué los políticos no quieren abandonar la poltrona bajo ningún concepto?. Y si se les ocurre no participar en la estafa pública a la que les someten, todavía les acabarán llamando enemigos de la democracia, fachas, o algo peor.

Mientras ustedes sigan participando en las elecciones con su voto, ellos seguirán apropiándose de su dinero de forma directa o indirecta, en eso consiste la democracia en España. Es lo que hay.


Biante de Priena

martes, 25 de mayo de 2010

Segunda Catilinaria para José Luis


Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, en el caso que nos ocupa sería extraño que alguien que ha tratado de reescribir la historia con la intención de perpetuarse en el poder, se ciñera a la realidad y a los hechos, por eso quiero recordar algo que ocurrió hace mucho tiempo en un día en que la realidad atrapó a un miserable.

Menos conocida que la primera catilinaria, en la que Cicerón proclama su conocida advertencia al aspirante a cónsul que había sido rechazado anterioremente en dos ocasiones (la paradoja es que José Luis ha sido elegido en dos ocasiones por unos, aunque rechazado por otros, que sumados a los que no apoyaron a nadie son mucho más numerosos):

“Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? Quem ad finem sese effrenata iactabit audacia?”

(¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros? ¿Cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?)

La reacción de Catilina fue violenta ante la advertencia de su rival en el Senado, prorrumpiendo en una diatriba que venía a decir que si él se quemaba, sería arrastrando a la República de Roma a su destrucción, por los muchos secretos que había atesorado sobre los senadores romanos y los apoyos, tácitos, de algunos de ellos y de una parte del ejército. Sin embargo, un hombre hizo frente a la tiranía que se avecinaba, obligando a que el denostado abandonara el Senado.

La segunda catilinaria de Marco Tulio Cicerón forma parte de las cuatro que dedicó al político romano más corrupto de la historia. En ella, Cicerón, con el singular dominio de la oratoria y la retórica que le caracterizaba, se ocupó de mostrar al senado romano los agravios y crímenes que Catilina había cometido y pensaba seguir cometiendo, advirtiendo al pueblo de su conspiración para derrocar el orden instituido.

En ella Cicerón hizo una descripción pormenorizada de las intenciones del sedicioso, que no había huido al exilio como anunciara, sino que se dirigía para unirse a un ejército rebelde que pensaba asediar Roma hasta tomar el poder. Entre los conspiradores se encontraban hombres ricos endeudados, gente ansiosa de poder y riquezas, veteranos seguidores de Sila, gente arruinada que esperaba algún cambio, criminales, libertinos, y demás gente de la ralea de Catilina.

Advirtió también que el pueblo de Roma nada tendría que temer, puesto que el Cónsul, él mismo y los dioses protegerían la República. Los hechos que se sucedieron a continuación se recuerdan con el aroma de las épicas hazañas de los héroes. El senado, sabiendo que Catilina se había unido al rebelde Menlio al mando de un ejército faccioso, declaró a ambos enemigos públicos de Roma y encargó a Antonio que formara un ejército de hombres leales a la República que diera captura a los indeseables, mientras el mismo Cicerón fue encargado de la protección de Roma.

En el camino hacia la Galia en busca de nuevos aliados, Antonio interceptó a Catilina que tuvo que luchar en la antigua Pistoria, relatando las crónicas que el mismo Catilina se batió con valentía en la batalla, con la esperanza de derrotar a Antonio y buscarse el apoyo del ejército, pero no fue así, cuando vio que todo estaba perdido se abalanzó contra el grueso del ejército enemigo. Cuando se realizo el recuento de los cadáveres todos los soldados aparecieron con heridas frontales, ninguno había intentado huir, pero el de Catilina se encontró ciertamente más avanzado que sus compañeros en las líneas enemigas, lo que indica que había luchado con bravura y coraje. Se le cortó la cabeza y ésta fue llevada a Roma, como prueba pública de que el conspirador había muerto.

Hoy en el Senado español, Pío García Escudero ha remedado a Marco Tulio Cicerón y le ha dicho a nuestro Catilina particular, el ínclito José Luis, que hasta cuando va a seguir abusando de la paciencia de los españoles, a lo que el fantasma de La Moncloa ha respondido que el grupo del señor senador volvería a perder las elecciones, sin darse siquiera cuenta de que el único apoyo que le queda es el de casi todos los que ha agasajado, ascendido, enriquecido y privilegiado durante los últimos seis años, esa reunión de oclócratas que han conformado una sutil tiranía de ineptos sobrealzados por las circunstancias.

Con ese esquilmado ejército, lo único que le queda es salir corriendo, a ver si tiene suerte y le da tiempo a exiliarse, ni siquiera le dará tiempo a borrar las pruebas de sus crímenes. El tiempo es un juez inexorable que siempre acaba atrapando a los que han jugado a ser dioses, no siendo siquiera de los mejores entre los humanos, los que han pecado de hybris. Némesis se acerca.

Biante de Priena

lunes, 24 de mayo de 2010

Himno a los parados españoles



Los 5 millones de parados españoles
agradecen la solidaridad de los ^artistas^

domingo, 23 de mayo de 2010

Carta abierta a José Luis


Mi denostado Presidente:

Hay tantas cosas que desconoces, que no sabes, que no entiendes, que no ves (porque no miras, no sabes mirar), que no crees, que no creas (las limitaciones de la creatividad vienen de fábrica), que no sientes, que no vives, que desestimas, que obvias, que disimulas, que ocultas y que no expresas. Son tantas y tan destacadas, que sería casi eterno analizar tu personalidad, tu conducta, tu inefabilidad.

Los españoles tenemos un grave problema contigo, no sabemos como deshacernos de ti y sabemos que contigo no hay ninguna posibilidad de resolver los problemas que nos has creado, tu solito, porque el que ha cogido la caja de las esencias y los ahorros de todos para jugar y divertirte has sido tú y solo tú.

Comenzaste diciendo que Aznar nos había metido en la guerra de Irak, y unos cuantos oclócratas, de esos que esperaban tu cultivo y abono, se dedicaron a correr la especie tras el atentado más horroroso que ha sufrido España. No mediste las circunstancias, tu ambición de poder era tan inmensa, tu soberbia tan magnífica, tu envidia tan hostil, que llegaste a la Presidencia del Gobierno contra el Gobierno y los españoles que lo habían apoyado, sostenido por la cofradía de la ceja y once millones de creyentes. Ciertamente, que poco tiempo después tu eras el que enviabas tropas a Afganistán, Bosnia o Líbano, eso sí, en son de paz, mal pertrechados y con mala conciencia, mientras ofrecías al mundo algo tan incongruente como la Alianza de las Civilizaciones, el juguetito al que has dedicado muchos millones de euros, en tu despilfarro singular.

Lo único que te quedaba era huir hacia delante, no tenías otra posibilidad que aproximarte a los nacionalistas, que son los principales enemigos de la unidad de España y lo común entre los españoles, decidiste convertir así nuestra nación en algo discutido y discutible, hacer de los terroristas asesinos de ETA unos hombres de paz que te volaron la T4 en las narices, para que comprobaras su respeto y sus buenas intenciones.

No te bastó, necesitabas el apoyo de los agentes sociales, convertiste a sindicatos y empresarios en silenciosos comparsas de tu política, ofreciste pleno empleo –otra de tus muchas mentiras-, negaste la existencia de la crisis económica en la que estamos –para ganar las elecciones-, y has conseguido llevar el déficit y la deuda españolas a cifras espantosas, gracias a tu manirrota política de reparto de dinero público entre todos los que potencialmente pueden apoyarte, eso explica que en 2008 volvieras a salir elegido en las elecciones generales, gracias a esa inutilidad de alter ego que te ha salido en Mariano Rajoy, sin alguien como él, nunca hubieras podido hacer tanto daño como has hecho a los españoles, a tus votantes y a los demás. Deberías agradecérselo a él y al cordón sanitario que impusiste para convertir la democracia española en demagogia populista de tipo bolivariano.

José Luis, llegaste prometiendo progreso, y nos has llevado al mayor retroceso de las últimas décadas, lo que estás haciendo ahora mismo con el “tijeretazo” (eufemismo de tiranía social), es recortar por primera vez en muchos años los derechos sociales de los españoles. Pero no servirá para nada, lo tienes todo calculado en tu estrategia. Las medidas que has tomado no resuelven nuestros problemas y lo sabes, no puedes no saberlo, tampoco la subida de impuestos que harás a últimos de junio para cargar a los españoles y a los turistas –que terminarán abandonando España como opción de vacaciones, por la crisis y por tu estupidez- con la compensación de tus errores.

Tu política se ha fundamentado en dividir a los españoles desde el primer día, has tratado de enfrentar a las dos Españas regresando a la memoria histórica, con la ley de violencia de género, con tu apoyo a los nacionalistas, a los sindicatos, a los colectivos que han derrochado el dinero que les has concedido en propaganda y buena vida para sus dirigentes. Con las enormes diferencias que has permitido en la gestión de los servicios y el salario de los funcionarios en las distintas autonomías. Con la diferencia en derechos entre los españoles según su lugar de nacimiento y residencia, algo que nunca anteriormente había ocurrido.

Te has cargado la independencia de la justicia, generando la ruptura de la cohesión entre los profesionales, dividiendo a los fiscales y jueces en equipos ideológicos, para quedarte de único árbitro, algo que nos deja sospechar tu ambición por la tiranía. Ni el Supremo, ni el Constitucional, ni el CGPJ se han librado de tu perniciosa influencia e injerencia.

Has intervenido los medios de comunicación con dinero público para asegurarte la propaganda de tus mensajes, has llenado las instituciones de incompetentes con carnet y mando, has convertido en ministros, secretarios, subsecretarios y directores generales a auténticos patanes y patanas, porque les debías favores políticos, es decir, traer a tu redil a los muchos electores que controlaban por sus favores.

Nunca en España ha habido tanta corrupción política como contigo, ni en la época de tu mentor Felipe González. La práctica del poder ha sido despiadada con todos, pero especialmente con los más débiles, en donde gobierna el socialismo ha crecido la ignorancia, la pobreza y la apatía. Has dividido a todos los españoles con el único objetivo de crear un enfrentamiento inexistente para seguir en el poder tratando de convencerles de que querías resolver los conflictos que tu mismo estabas creando. Prueba de la opresión a la que sometes a quienes te han apoyado, es que ni uno se atreve a reconocer que te votó, ni a criticar tus magníficos errores, tienes amordazado a medio país con tus bufandas y absorto al otro medio. No te insulto por ahora, porque me respeto.

Y ahora, cuando ya estamos en la miseria a la que nos has llevado, te dedicas a maquillar la realidad, pareciendo que quieres resolver los graves problemas que has creado a los españoles, cuando en realidad lo que estás haciendo es permitir que nos sigamos hundiendo, para que el que venga detrás tenga que tomar medidas severas y dolorosas, recortando incluso servicios públicos y endeudándose aún más, para que tú, aligerado del poder, puedas dirigir a los oclócratas desde la calle, tras la pancarta de apertura de la manifestación, pidiendo piedad a los rivales que estarán tratando de resolver los problemas que tu creaste. Eres un auténtico sinvergüenza.

Si fueras decente, que no lo eres, presentarías inmediatamente la dimisión y convocarías elecciones generales. Pero no lo harás, porque todavía necesitas tiempo para borrar todas las pruebas de tus crímenes y España puede seguir hundiéndose, gracias al capitalismo, el despecho de Obama, o la ineptitud de Rajoy. Por qué tú, nunca eres responsable de nada de lo que ocurre, eres como los niños que rompen la vajilla que le regalaron a la abuela por su boda y alegas que fue sin querer. Vete José Luis, antes de que te pase algo más grave, porque estoy seguro que eres capaz de simular un infarto cualquier día para darnos pena a todos.

Que gran truhán eres, cabrón.

Biante de Priena


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