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domingo, 27 de febrero de 2011

Profetas e impostores


Si los conceptos no están claros no se pueden hacer teorías consistentes y posiblemente ese sea el principal problema epistemológico de la política española actual. La ignorancia de los políticos que nos representan es ofensiva, una auténtica infamia para el sentido común y la inteligencia de los ciudadanos.

La sociedad de masas, la eclosión mediática, la decadencia intelectual y el burka del talante, han conducido a muchos compatriotas a la extraña conclusión de que son libres porque pueden cambiar de canal de televisión con el mando a distancia, o porque pueden hablar, en tiempo real, con un taiwanés o taiwanesa desde Villaconejos por el Messenger. Otra cosa es el paro, la deuda, el déficit y la cochambre en la representación pública.

La impostura en política se manifiesta en nuestro país más que en ninguna otra profesión , donde hay gente como Basagoiti, González Pons o Pérez-Espinosa que se han convertido en socialistas de palabra y discurso, para arengar a los ciudadanos contra la epopeya de Francisco Alvarez Cascos que se avecina. Las siglas son más importantes que las personas, las organizaciones son más importantes que los personalismos, y alguna otra tontería que no encaja en un partido que no sea socialista, porque defender algo por encima de las personas, que no sea la justicia, representa la insidia de la memez, que es la más perniciosa de todas. Que ceguera más enorme la de los iluminados por las alas de la gaviota, antaño de la libertad.

Las personas son siempre el sujeto de la política, las personas diferenciadas, con identidad propia, que respetan las instituciones y deben ser respetadas por ellas. Un político es igual que un ciudadano, no se puede elevar a los políticos a costa de demoler a los ciudadanos. La sociedad de masas no es una entidad amorfa, sino un agregado de personas con identidad, libertad, responsabilidad, derechos y deberes. La trampa postmodernista de la deshumanización de la política (y por ende, de la ciudadanía), es la mejor forma de eludir responsabilidades ante los electores, porque si algo indeseable ocurre, la responsabilidad será de los clones que se reproducen en las organizaciones, no de fulano o mengano. ¡Qué barbaridad!

La proeza de Alvarez Cascos es humanizar de nuevo la realidad política, algo parecido a lo ocurrido en el Renacimiento con el arte y la cultura, o en el Romanticismo con las personas. Los políticos españoles actuales se han hecho un zumo con la colección de ciudadanos que formamos este país, para extraer el valor añadido de la sociedad de masas. Las legislaciones impuestas remedan a las establecidas en la Unión Soviética, en las que desde un Comité Central se establecían los límites de la realidad, algo que termina asfixiando la libertad, y consecuentemente la vida. Aquí nos ponen la vida a 110, por nuestro bien, y se quedan tan frescos.

Cascos ha hablado de cruzada en Cangas de Onís, de recobrar los valores humanos, del civismo, de la “areté” política, los códigos de conducta que aseguran la nobleza de actitudes en quienes representan a los demás, pero al mismo tiempo su discurso se establece contra los charlatanes, contra los impostores, contra los trepas, contra los sinvergüenzas que aspiran a representar a los demás sin reunir méritos para ello, sin ofrecer nada, porque nada pueden ofrecer, al bienestar de los demás, más que su intención de alzarse en privilegios que no les corresponde, expoliando a sus prójimos.

Alvarez Cascos nos habla de la impostura de los que viven de la política, no de los que viven para la política, de los buscavidas en comparación con los estadistas, que piensan en términos de generaciones y no de salvar su culo en el instante dejando la deuda de sus errores a sus descendientes, en un acto de mendacidad que alcanza cotas de genocidio saturnino.

Claro que es tiempo de profetas, no de charlatanes, Alvarez Cascos lo sabe, por eso nos habla a los asturianos como Moisés habló a su pueblo de una Tierra Prometida, en esta ocasión más allá en el tiempo, a partir del próximo 22 de mayo, por eso nos induce a un éxodo para abandonar la mezquindad y decadencia política en la que nos encontramos, para dejar atrás la esclavitud, el expolio, y el despojo al que nos someten los que nos representan mal en su propio interés y beneficio.

Que magnífica alegoría primaveral para Asturias. Moisés, el profeta de las grandes religiones monoteístas (las ideologías se han convertido en creencias), salvando a su pueblo de los mezquinos que se aprovechan de él. Decía Mircea Eliade que la historia humana siempre se acaba reproduciendo en el mito del eterno retorno, la historia de la humanidad se reedita sin fin, porque los seres humanos somos siempre humanos, por mucho grado de sofisticación tecnológica o cultural que nos acompañe en el contexto. Tal vez tenga razón.

Moisés comprendió el mensaje de una zarza que le nombró, que le concedió significado, tal vez Cascos haya sentido la misma llamada en su interior al contemplar el enzarzado escenario de la política española , para emprender la de liberación de su pueblo asturiano oprimido por una legión de impostores que se arremolinan ante el duerno del despropósito incoercible.

Moisés recibió las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí, que analogía magnífica cuando nos habla de recobrar la civilidad política, de civilizar a los representantes públicos sometiéndoles, como al resto de los ciudadanos, al imperio de la Ley. Cuando Moisés descendió de las alturas del Monte Sinaí, (algo que recuerda el descenso de Cascos desde las cumbres de la política de Génova, tras haber sido todo en su partido) , se encontró a su pueblo adorando el becerro de oro por influencia de los que solo querían extraer lo material de la existencia, aunque fuera en perjuicio de sus semejantes. Los que lideraban la plutocracia fueron eliminados, como serán apartados de la vida pública todos los corruptos e impostores en un futuro próximo.

Por último, Moisés guió a su pueblo hacia la Tierra Prometida atravesando el Mar Rojo (que extraña coincidencia, si se compara con el espacio público en España) , para lo que fue necesario abrir un paso entre sus aguas dejándolas a izquierda y derecha, haciendo un camino de centro que permitiera el paso de su pueblo hacia el futuro. Los hebreos de aquella generación (Cascos ya tiene siete mil seguidores oficiales en Foro Asturias) vagaron cuarenta años por el desierto, muchos no llegaron a la Tierra Prometida, pero lo hicieron sus hijos, una generación libre que cambió el curso de la historia.

Moisés jamás llegó a la Tierra Prometida, ni muchos de los que lo acompañaron, pero sí lo hicieron sus descendientes que jamás volvieron a perder su identidad y han luchado con denuedo durante milenios por mantener su libertad. Claro que estamos en tiempos de profecía, de profecía autocumplida, de las profecías que son sueños que se acaban convirtiendo en realidad.

Esto es lo que nunca podrán comprender los que consideran que las siglas, las organizaciones, o las entelequias sociales son más importantes que las personas, que los seres humanos libres y sus proezas, cuando se proponen trascender.

Enrique Suárez

jueves, 24 de febrero de 2011

Civismo en la España del siglo XXI


Poco se habla de la condición que nos convierte en ciudadanos, porque parece que ser ciudadano se ha convertido en una condición pasiva y no activa. Grave error, ser ciudadano no es una condición hereditaria, sino adquirida. Nos hacemos ciudadanos cada día, desde que nacemos hasta que nos vamos. Ser ciudadano es un resultado, antes que un propósito, una elección, una decisión, no una asignación, ni una designación, porque no proviene de los criterios clasificatorios del poder, sino del reconocimiento de nuestros homólogos, de su respeto. La autoridad no nos hace ciudadanos, somos los ciudadanos los que debemos hacer la autoridad. Los ciudadanos hacemos la sociedad y el Estado, no es la sociedad, ni el Estado, ni el poder, lo que nos hace ciudadanos.

Un ser humano que nace en España (o adquiere la nacionalidad española) es uno de los 46 millones de españoles que se reparten de forma alícuota y equitativa la soberanía de la nación española. Eso nos ofrece la máxima condición de igualdad, porque todos los españoles somos iguales en relación a nuestra soberanía. Pero la ciudadanía es una condición adquirida siempre, hay buenos y malos ciudadanos, ciudadanos responsables e irresponsables, ciudadanos que cumplen con las leyes y otros que las incumplen. El criterio que determina la condición ciudadana es precisamente el civismo. Hay un error insidioso que se repite sin fin en la cultura española, lo que nos hace iguales a los españoles es nuestra condición soberana, ningún español puede ser más que otro en relación a su nación, pero la ciudadanía es una condición que nos hace diferentes, porque hay buenos ciudadanos y malos ciudadanos, al igual que hay buenos políticos y malos políticos.

La soberanía ciudadana (o popular) es algo que proviene del ámbito republicano, los franceses son soberanos porque son ciudadanos, pero los españoles somos ciudadanos porque somos soberanos. La diferencia es muy importante, en Francia es el Estado jacobino el que concede la condición ciudadana, en España es la nación española –la reunión de todos los españoles, el pueblo español- la que lo establece, no el Estado, porque en nuestra Constitución queda extraordinariamente claro que somos los españoles los que constituimos el Estado español, no el Estado español el que constituye a los españoles. En nuestro caso, es la nación la que hace el Estado, no el Estado el que hace la nación, aunque a la inmensa mayoría de nuestros políticos, nacionalistas y no nacionalistas, se les haya olvidado para defender sus intereses

Tras este preámbulo estamos en condiciones de saber que es lo que nos hace ciudadanos a los españoles, que es prácticamente lo mismo que a cualquier ciudadano europeo, mientras que es la condición de soberanía la que nos distingue de los demás europeos y nos hace exactamente iguales a los demás españoles.

El civismo es el criterio que nos hace ciudadanos, que nos convierte en ciudadanos responsables, que nos otorga la condición colectiva que se ha diluido de forma extravagante en el concepto de sociedad. La sociedad es un ente abstracto mientras que la ciudadanía es una condición política que va en paralelo con la condición de los gobernantes y representantes públicos en el Estado. La ciudadanía ha sido usurpada por la designación social desde el poder, desde el Estado, los políticos han convertido a los ciudadanos en sociedad, para su administración homogénea desde el Estado, convirtiendo de forma desapercibida a los ciudadanos en súbditos y sometiendo su soberanía a a su poder omnímodo.

Recobrar la condición ciudadana, individual y colectiva, abjurando de la designación social, que considera a los ciudadanos como masa amorfa, es imprescindible para exigir rigor y responsabilidad a nuestros políticos. El civismo nos ofrece esa oportunidad, por eso es muy importante que cumpamos con los criterios de nuestra condición civil para que podamos exigir, no solo desde el contrato social, sino desde la potestad civil que se respeten nuestra libertad y derechos, que se administre la justicia con equidad y rigor, que los representantes públicos cumplan con sus obligaciones

Civismo es el conjunto de reglas compartidas que un colectivo humano se concede y exige a sus miembros para una convivencia armónica en común, pero también es la conducta pública que debe demandarse a los ciudadanos, conscientes de sus derechos y deberes, en relación a sus iguales en la colectividad y en relación a quienes administran el poder desde el Estado. El civismo no implica la participación en la actividad política, que puede darse o no darse según el grado de compromiso con las cuestiones públicas que cada uno decida.

Cifuentes Pérez, lo define así:"la construcción del concepto de ciudadano o ciudadana consciente de sus derechos y deberes, libre, crítico, responsable, participativo y solidario"

"El civismo designa un modo de comportamiento basado en actitudes de respeto y tolerancia activa hacia el ejercicio de los derechos y libertades de todos, aunque sean diferentes a nosotros en costumbres, moral o religión; el civismo tiene sentido en el marco del cumplimiento de las leyes en un Estado democrático y de derecho. En un contexto de tiranía, de despotismo o de dictadura el verdadero civismo adquiere la dimensión de la rebeldía cívica y de desobediencia civil. Ser ciudadano no es solamente tener los "buenos modales" que la burguesía preconiza como señal de buena convivencia y de orden social, porque esos buenos modales pueden servir de pretexto para encubrir una serie de injusticias que no interesa a los más poderosos descubrir ni eliminar"

Victoria Camps, sin embargo, prefiere añadirle la condición "social", considerando prácticamente que no puede existir un civismo que no sea social, algo que no se puede compartir, porque ambos términos no forman parte de la misma episteme, los ciudadanos pueden ser cívicos y sociales, esta reducción interesada puede conducirnos a numerosos equívocos. Lo civil o cívico es una cosa y lo social otra muy diferente, evidentemente para algunas ideologías como el socialismo que tiende habitualmente hacia la confusión terminológica, termina siendo lo mismo, que es la mejor forma de lograr que nadie se entere de lo que realmente es cívico y lo que es social. Desde una perspectiva liberal, política o simplemente democrática, lo cívico es un concepto y lo social, otro muy diferente.

Victoria Camps lo define así, en su deriva confusa hacia lo social, erradicando su fundamento en la libertad: "El concepto de civismo, como también el de virtudes cívicas, ha ido adquiriendo importancia en los últimos años debido a la necesidad creciente de poner de manifiesto el papel que el ciudadano debe desempeñar en las democracias liberales. El liberalismo, en el sentido más amplio de la palabra, es el régimen político que se ha impuesto, especialmente en el mundo occidental. Digo liberalismo en el sentido amplio, que incluye el reconocimiento no sólo de los derechos civiles, sino también de los derechos sociales, como la educación o la protección de la salud. Entendido de este modo, el liberalismo se caracteriza por el reconocimiento de dos valores fundamentales, la igualdad y la libertad, siendo este último el prioritario, dando por sentado, no obstante, que sin unas políticas mínimamente equitativas, el derecho individual a la libertad sólo es un derecho formal, lo que equivale a decir que es un engaño".

Dos formas diferentes de observar el mismo concepto, la primera desde la libertad, la segunda desde su negación. Siguiendo las enseñanzas de Victoria Camps, llegamos a la extravagante conclusión de que es el Estado (o bien la sociedad), el que concede la condición cívica, y no la elección en libertad de los ciudadanos y su decisión voluntaria, la que los convierte en ciudadanos. Deduciéndose entonces que la condición ciudadana debe ser obligatoria e impuesta y no voluntaria, elegida en libertad, y asumida en responsabilidad.

Algunas de las condiciones que constituyen y determinan el civismo son las siguientes:
1) Cumplimiento de las obligaciones dimanadas de las instituciones públicas en relación a los servicios que estas les procuran. Respeto a la Constitución, respeto a las leyes que conforman el Estado de Derecho.

2) Interés por los asuntos del Estado, por las cuestiones públicas, al menos en el mismo grado que por los asuntos particulares.

3) Conciencia de que se forma parte de una comunidad que debe ser construida por todos, no exclusivamente por los políticos, sino por los políticos y los ciudadanos.

4) Respeto a las instituciones a lo largo del tiempo, a los valores comunes y compartidos, a su cohesión, a su historia y a su futuro común, a los objetivos políticos democráticos establecidos por todos, a su consistencia y a su esencialidad.

5) Acuerdo de colaboración con los demás ciudadanos del país en aspectos compartidos, a pesar de las discrepancias ideológicas, políticas y económicas que existan entre ellas. El objetivo es la convergencia y no la divergencia.

6) Un objetivo permanente, compartido por todos, de mejorar la situación institucional, económica, política y social de todos los que conforman la comunidad. Lo común está por encima de las particularidades, que deben ser asumidas, siempre que no se desvíen del objetivo compartido por todos o al menos la inmensa mayoría.

7) El civismo exige tolerancia con los que discrepan de nosotros siempre que no traten de imponernos su versión de la realidad

8) El civismo se resume en un “ethos”, una ética para la vida y la convivencia, un respeto al prójimo y la exigencia de su respeto. El civismo requiere equidad y respeto por una justicia independiente del poder político

9) El civismo se adquiere por educación en unos valores, principios y creencias comunes, que deben respetar los particulares o los diferentes, sin tentación de erradicarlos.
Ser un buen ciudadano, requiere conocer en que consiste el civismo y cumplir con los criterios que lo definen, así como exigir a los demás que los cumplan igualmente, pero fundamentalmente una "conciencia cívica". Tal vez siendo mejores ciudadanos nos pongamos de acuerdo para exigir que los políticos que nos representan lo hagan de forma eficaz y rigurosa. Si no nos respetamos a nosotros mismos, difícilmente podremos exigir respeto de los demás. El civismo debería ser la condición inexcusable que deberíamos exigir todos los ciudadanos españoles a nuestros políticos.

Recobrar nuestra identidad ciudadana, nuestra condición cívica, es un auténtico acto revolucionario en la España del siglo XXI.

Enrique Suárez

miércoles, 23 de febrero de 2011

La aristocracia roja nos usurpa por nuestro bien


Cierto es que la ministra de sanidad, Leire Pajín, con los 240.000 euros anuales que ha venido cobrando, más gastos, se puede permitir acudir a uno de los restaurantes más caros de Madrid, Horcher, para disfrutar de un ágape a la medida de su excelsa condición, lo que no impide que algún ciudadano se cabree y la increpe por su inmensa hipocresía, cuando en este país se aproximan a cinco millones el número de parados.

Cierto es que el Presidente del Congreso de Diputados, José Bono, pueda disfrutar de alguna participación negocios millonarios como hípicas o joyerías o inmobiliarias, aunque sea poniéndolos a nombre de su familia, también es cierto que el 21,8 % de españoles que se encuentran en situación de pobreza, le recriminen su escasa solidaridad.

Cierto es que en este país un ministro de Justicia, el señor Bermejo, cazaba sin permiso en un coto en compañía del juez Garzón, y que al final tuvo que ser destituido porque resulta que nos hemos quedado con un mundo en blanco y negro después del empobrecimiento y endeudamiento al que nos ha conducido el PSOE a los españoles, también es cierto que se quedó de diputado cobrando un excelente sueldo y acumulando los siete años necesarios para jubilarse, en comparación a los treintaycinco años que tendremos que cotizar el resto de los españoles para jubilarnos a los 67 años.

Cierto es que el vicepresidente Chaves puede conceder subvenciones a la empresa de su hija de diez millones de euros y que nadie se atreva a decirle nada porque será acusado de ser de derechas inmediatamente, porque todo el mundo sabe que en este país los hijos de los socialistas tienen más derechos que los hijos de los demás españoles, como por ejemplo las trillizas del extinto Montilla, que acudían a un colegio privado alemán donde prácticamente no se daba catalán, mientras que los hijos de sus gobernados eran olbigados en la enseñanza pública a educarse exclusivamente en catalán.

Cierto es que en Asturias se ha producido un caso de corrupción que prácticamente ha desaparecido del espacio público de opinión, aunque mantenga en la carcel a un exconsejero de educación con diez años de ejercicio, a una directora general y a una alta funcionaria, y que el Presidente Areces ni siquiera haya tenido que dar explicaciones de lo ocurrido en la Junta General del Principado, gracias a la ayuda del PP y de IU.

Cierto es que los únicos ministros que han pasado por la cárcel han sido socialistas, que los mayores casos de corrupción estatal han sido socialistas (recordemos el caso Roldán y todos los demás del GAL, Filesa, Matesa, Time Sport, PSV) o los más recientes del Pretoria, Mercasevilla, los ERE andaluces, o el que ha apartado por diez años a la número dos del PSOE madrileño.

Lo que resulta absolutamente inconcebible es que toda esta camada de garrulos organizados que detentan el poder desde el PSOE y usurpan el bienestar a los españoles, todavía se permitan difamar a los demás, acusándoles de todo lo inimaginable. ¿Recuerdan ustedes alguna ocasión en que el Presidente Rodríguez Zapatero o el Presidente González hayan dado la más mínima explicación de los desmanes del PSOE?

Utilizan la vieja estrategia de eludir su responsabilidad, de evitar cualquier relación con el desmadre nacional que ha organizado su partido, tanto desprecio a los españoles, creo que en justa medida debe ser respondido desde las urnas, porque los españoles que voten por el PSOE después del legado de podredumbre, miseria y opresión que nos han dejado, se convierten de forma inmediata en cómplices del desmadre del PSOE y de todo lo que ha destrozado. Los motivos, más que para creer, son para correrlos a gorrazos durante toda su vida, por indeseables. Que vergüenza SER SOCIALISTA con representantes públicos de esta calaña. ¿Qué pensarán los socialistas auténticos de toda esta legión de advenedizos, trepas, aprovechados y "chorizos"?. ¿Quién habrá sido el afortunado profeta que acuñó la frase de los "cien años de honradez"?. Pues cuidado con las carteras que amenazan con volver a salvarnos.

Biante de Priena

martes, 22 de febrero de 2011

El Santo Oficio de la Comunicación en Asturias

Lástima, con el buen comienzo de año que habíamos tenido con Francisco Álvarez Cascos recorriendo los medios de comunicación nacionales, autonómicos y locales, bueno, todos no, porque hay algunos que solo hablan mal de lo que detestan y bien de lo que les patrocina. Las guerras políticas se trasladan a los medios de comunicación, así como a los patrocinios correspondientes de las líneas editoriales afines.

En España, carecemos de ecuanimidad mediática, la forma de comprobarlo es fácil, hay periódicos en los que resulta prácticamente imposible encontrar una noticia favorable que no sea de las izquierdas, como Público, El Plural, y en menor escala El País, las tres pes. Hay otros en los que resulta difícil encontrar una noticia que no sea favorable a la derecha, como La Gaceta o el grupo intereconomía, Libertad Digital y en menor escala, ABC o El Mundo o La Razón. Sin embargo en otros es prácticamente imposible encontrar algo contra el nacionalismo, como Deia o Avui, y en menor escala La Vanguardia.

En lo que se refiere a Asturias, hay un diario que se dice independiente, que mantiene más dependencia con el establishment que Pravda en el pasado o Gramma en el presente, otro que es una filial de Público y otro que intenta se ecuánime al menos. En lo que se refiere a las cadenas de televisión, la última vez que la TPA dijo algo en contra del PSOE nunca existió, pero si se cerró el canal Teleasturias por falta de licencia que concedía el Principado. Las emisoras de radio locales funcionan con códigos similares, la COPE con la derecha, la SER con la izquierda. En Asturias no existe es Radio, por ejemplo, porque nadie le ha concedido licencia.

Ante este panorama es difícil enterarse en Asturias de lo que ocurre, recientemente hemos tenido un caso de corrupción que ha llevado a altos dirigentes del Gobierno del Principado, pertenecientes al PSOE y a algún alto funcionario a la cárcel, pero la noticia ha ido decayendo y ni siquiera desde el Gobierno se han dado explicaciones sobre lo ocurrido, con aquel manido hecho de: “nosotros no intentamos injerirnos en las causas activas de la justicia”, cierto es que la oposición ayuda en su connivencia tradicional, a evitar por ejemplo, que el Presidente Areces tenga que dar explicaciones de lo acontecido en el caso Marea. Parece que en este país hay una ley de silencio sobre la corrupción socialista y una de aclamación sobre otras corrupciones.

Hoy contamos con una herramienta para analizarlo de forma indirecta que es ver su repercusión en Internet, puesto que muchos blogs y foros reproducen las noticias, pero tampoco parece que las correspondientes a la corrupción del PSOE tengan fortuna, mientras que las que afectan al PP se mantienen de forma permanente. Cabe pensar que la corrupción del PSOE, cuando se descubre, será idéntica a la del PP, pero realmente no es así, como pueden comprobar en la gráfica que compara el caso Riopedre con el caso Gürtel.

A pesar de que vivimos en una época con grandes posibilidades para expandir las noticias, descubrimos que las noticias que se difunden están extraordinariamente sesgadas, pues entre las perjudiciales se magnifican las que afectan a la derecha y se reducen hasta la extinción las que afectan a la izquierda. Ténganlo en cuenta, porque una cosa es la realidad que nos cuentan y otra muy diferente la que acontece.

La manipulación de la información, la intoxicación, los sesgos programados y la propaganda nunca brillaron tanto en un país occidental como actualmente lo hacen en España. Cabe pensar entonces, si de la realidad que nos presentan los medios de comunicación conocemos auténticas atrocidades,¿que ocurriría si tuviéramos unos medios de comunicación ecuánimes, que buscaran realmente informarnos de lo que sucede y no contarnos los cuentos de la lechera que favorecen sus intereses?

Cuando se aproximen las campañas electorales, vamos a comprobar como algunos medios de comunicación en Asturias no se han enterado de que Francisco Álvarez Cascos se presentará a las elecciones autonómicas y municipales del próximo 22 de mayo, por su partido político: Foro Asturias. Atentos a la campaña de enmascaramiento y ocultación que se avecina.

Enrique Suárez

viernes, 18 de febrero de 2011

¿Cuánto nos cuestan a los españoles los representantes políticos y sus empleados?


¿Cuánto nos cuesta el Estado a los españoles?

Vivimos sometidos y abducidos. La política ha invadido nuestra existencia de forma parasitaria, prácticamente nada queda fuera de su influjo, sin embargo la mayoría de la gente no tiene el mínimo interés por las cosas que ocurren en el ámbito público, salvo cuando les afecta a sus circunstancias personales, eso explica que en nuestro país la gente no acabe de tomar decisiones para organizarse y enfrentarse a la usurpación de sus vidas, al despojo a que son sometidos por sus políticos.

Jesús Manzano nos refiere en su blog “no hay tiempo que perder” algunas cosas muy interesantes sobre las dimensiones de nuestra clase política.

¿Cuántos políticos hay en España?. Aproximadamente 78.000 representantes públicos, en su inmensa mayoría en el ámbito municipal (95 %)
  • · 259 - Senado de España
  • · 350 - Congreso de España
  • · 54 - Parlamento Europeo
  • · 74.008 - Alcaldes y concejales
  • · 1.206 - parlamentarios autonómicos
  • · 1.031 - diputados provinciales
  • · 139 - responsables de Cabildos y Consejos Insulares
  • · 13 - consejeros del Valle de Arán
A los que se deben sumar asesores y personal administrativo especializado asignado, lo que nos lleva a una cifra de 100.000 profesionales de la política, más todos los que trabajan en los partidos políticos directamente.

¿Cuánto nos cuestan los políticos en España?.

Aproximadamente, entre 720 y 1000 millones de euros cada año nos cuesta en sueldos la clase política española, a los que habría que sumar otros 2.000 millones de euros de los gastos que ocasionan por su representación, en total, unos 3.000 millones de euros.

¿Cuántos funcionarios tiene el Estado español?.

Aproximadamente tres millones cien mil funcionarios en las distintas administraciones públicas, a los que se deben añadir otro millón en contratación interina o provisional. Mientras que el sector público no ha dejado de crecer durante los últimos años, el sector privado ha perdido millones de puestos de trabajo. De todos estos funcionarios y contratados, menos de un millón se dedican al servicio directo del ciudadano, la inmensa mayoría se dedican a la administración pública. Los dos millons de funcionarios dedicados a tareas administrativas nos cuestan a los españoles aproximadamente 80.000 millones de euros, más los gastos que se ocasionan por su servicio, nos pondríamos en una cifra de 125.000 millones de euros cada año, siempre de forma estimativa.

¿Cuántos liberados sindicales hay en España?.

La cifra es difícil de conocer porque es uno de los secretos mejor guardados por los sindicatos y la CEOE, pero se estima que no serán menos de 57.000, el gasto que suponen a las empresas españolas es aproximadamente de 1.600 millones de euros al año.

¿Cuánto nos cuesta de media cada representante político -administrativo- sindical a los españoles?.

No es fácil calcularlo, pero la cantidad no bajaría entre sueldos y gastos que ocasionan, de los 60.000 euros por 2.200.000, supondría la cantidad de 132.000 millones de euros cada año (aproximadamente).

¿Cuántos parados hay en España, cuánto nos costaría mantenerlos a todos con una paga de 1000 euros al mes?. También es dificil saber cuantos parados hay en España, pero se estima que en febrero de 2011 rondarán los cuatro millones setecientos mil , si a todos ellos les pagáramos 1000 euros al mes, es decir 12.000 euros al año, nos costaría 56.400 millones de euros al año, aproximadamente el 44 % de lo que nos cuesta el Estado y los políticos a los españoles.

Con lo que nos cuesta el Estado a los españoles, todos los parados de este país podrían cobrar 2300 euros al mes cada año. Es realmente impresionante saber que si no tuviéramos que pagar a todos los gestores del Estado (políticos, administrativos, etc), cada español tendría en el bolsillo 2869 euros más cada año, hasta los recien nacidos, ese es el dinero que nos cuesta mantener a la casta político-administrativa cada año a los españoles, pero como los trabajadores españoles actualmente son 18 millones, los políticos le cuestan a cada trabajador la friolera de 7350 euros al año (en un cálculo proporcional de referencia).

Evidentemente, al Gobierno del PSOE lo que le interesa es que el Estado siga creciendo de forma desproporcionada, se calcula que en los últimos seis años se han producido más de medio millón de nuevas plazas de funcionarios, posiblemente no hayan sido pocas las que se hayan ofrecido y ocupado por políticos sin oficio ni beneficio o a contratados a dedo, para que puedan blindar su situación personal por poseer un carnet o una buena relación con los que administran el poder. Esta es la mejor representación de lo que les interesa a los políticos socialistas y de otros partidos con poder, y no la situación de los ciudadanos españoles, especialmente los que están sometidos a la esclavitud del paro.

Y que nadie se engañe, cuando comenzó la democracia en este país, allá por el año 1978, la pobreza en España era del 20 % con diez millones menos de población, (7 millones de personas) exactamente igual que ahora que aún ha crecido alcanzando casi el 22 % de la población, pero en términos absolutos afectando a 10 millones de personas, es decir tres millones más que cuando comenzó la democracia.

Tras 23 años acumulados de gobierno del PSOE, 8 años de gobierno del PP y 3 años de gobierno de UCD. En España tenemos más pobres, más deuda, más políticos cobrando lo que no les corresponde por sus méritos o esfuerzo, más parados, más impuestos y más derroche público del que podemos asumir.

¿A quién podemos reclamar los españoles por el deterioro que nos han ocasionado en nuestras vidas durante estos años, dónde está la hoja de reclamaciones para quejarse de los políticos que nos hemos concedido en las urnas?.

La pregunta que queda por hacerse es la siguiente: ¿nos sirven los políticos y sus empleados a los españoles o les servimos nosotros a ellos?

Enrique Suárez

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