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domingo, 12 de diciembre de 2010

España: una guerra de doscientos años


En su exilio de Santa Helena, aquel hombre que logró unificar a toda Europa contra él, imprecaba hace 200 años a la diosa fortuna maldiciendo España, la maldita guerra de España, que destrozó su hoja de ruta imperialista. Cierto es que sin la madre Rusia, Napoleón no hubiera sido derrotado, la resistencia del pueblo del Volga siempre ha sido tan notoria como la española, posiblemente también inconsecuente para el cambio de las relaciones del pueblo con el Estado, siempre opresor contra los ciudadanos.

El pequeño corso abjuraba así de los españoles, harapientos y miserables, infravalorados por el valido Godoy que sirvió más los franceses que a los españoles y que compitió en felonía con el hijo de su señor, el “deseado” Fernando VII, que no dudó en ofrecerse en adopción al emperador francés para convertir nuestra nación en una colonia gala. Felipe VI debería recordarlo y pedir disculpas en nombre de su dinastía, ya que su padre no lo ha hecho, en su futura y atribulada coronación. No amaneceré monárquico de repente, pero la situación que atraviesa la Corona española en estos tiempos es un fiel reflejo de la que atravesamos todos los españoles, ambos nuevamente, pueblo y Rey, estamos secuestrados por un propósito inconfesable, como en aquella ocasión.

El hispanista Raymond Carr, ha considerado que España ha vivido en un conflicto continuado desde la guerra de Independencia contra el invasor francés del siglo XIX hasta la conclusión de la guerra civil del siglo XX, el mismo conflicto con distintos personajes, motivos, circunstancias y escenarios, así lo expresa en su magnífica obra “España 1808-1939” (1966), y lo recuerda en el artículo publicado el día once de diciembre en el ABC Cultural, titulado “Ruido y furia, después nada”, con motivo del análisis de la singular obra de Ronald Fraser “La maldita guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia “(2006).

Quizás debamos pensar que ese conflicto sigue abierto a diez años del comienzo del siglo XXI y posiblemente se prolongue “sine die” si la inteligencia de los españoles no lo impide y supera el bucle histórico en el que permanecemos atrapados desde hace dos siglos. Salvo el eterno conflicto entre palestinos y judíos, por diferencias muy superiores, no creo que haya otra confrontación tan prolongada como la española en la toda la historia contemporánea mundial.

Algo tendrá que ver el beligerante carácter de los hispanos, pero sin duda también la intolerancia y cerrazón que caracteriza a nuestro pueblo. Sin duda también la conflictividad entre el poder y la libertad, la incapacidad de establecer una auténtica democracia y la negación implícita de un ajuste duradero entre el Estado guiado por los Gobiernos de distinto color y la Sociedad Civil de todas las épocas, es decir, la nación.

En España, el Estado, como reunión de instituciones y decisiones de poder, y la Nación, como pueblo reunido y producción agregada de cultura en el tiempo, viven en un conflicto irresoluble desde hace dos siglos; el factor fundamental de esta incoherencia es la incapacidad de los políticos para lograr un marco común respetado por todos, que permita el desarrollo de objetivos compartidos. En España cada hito histórico abre las más profundas heridas, establecidas de antemano entre los que quieren algo y al mismo tiempo, lo contrario. No hay posibilidad alguna de consenso, porque no hay intersección de intereses. El mito de las dos Españas, se ha convertido más bien en un rito ineludible e inexcusable.

Ser español es difícil en estas circunstancias, los nacionalismos lo saben y se aprovechan de la coyuntura, a pesar de que dos de las batallas más importantes contra el francés, que permitieron la independencia española como nación, acontecieron en Gerona y Vitoria, los catalanes y vascos lucharon como el que más por la independencia de España y su configuración nacional. Pero el conflicto eterno es sin duda entre las fuerzas más conservadoras y las más progresistas. Alguien dijo que los españoles eran cristianos atípicos, porque cada uno tenía su propia interpretación de la divinidad, su forma de creer y no creer, su particular relación con las instituciones religiosas y con Dios. Algo parecido ocurre con las instituciones políticas.

Es tradicional que en nuestro país donde unos ven un límite, otros ven una posibilidad; mientras las derechas siempre piensan que España siempre se está destruyendo como debería ser, las izquierdas piensan que nunca acaba de construirse como debería ser, así llevamos doscientos años y seguiremos otros doscientos años si no alcanzamos el grado de inteligencia colectiva para superar este escollo que evita siempre la definición de los intereses generales y comunes.

El conflicto reciente de los controladores aéreos levantándose en rebeldía contra el Estado resulta inconcebible en cualquier otro país europeo, al igual que la imposición alevosa a este colectivo, por parte del Gobierno, de una serie de decretos autoritarios con su criminalización previa desde el poder del Estado. La consecuencia, la militarización del colectivo, la solución autoritaria habitual que compite en violencia intempestiva con los pronunciamientos de los espadones en el siglo XIX y las dictaduras militares del siglo XX.

La solución que el poder establece en España para resolver los grandes conflictos siempre es la misma, el golpe de mano, la imposición del poder y la autoridad, la intervención del ejercito, cargándose instituciones, Constitución y Estado de Derecho de un plumazo, para volver a empezar, siempre volver a empezar, con las lecciones de la historia sin aprender, sin servir para nada; ni a los ciudadanos, rebeldes o serviles, ni a los políticos que les representan y acaban gobernándoles desde el despotismo.

Seguimos viviendo atrapados en un bucle de disenso entre poder y libertad desde hace doscientos años, algo que han denunciado los intelectuales españoles, historiadores, sociólogos y políticos durante los últimos dos siglos. Hay algo que no funciona, o posiblemente haya algo que funcione mal, por encima de las instituciones y el poder, quizás sea el inconformismo de los españoles o la incapacidad para entendernos, pero está claro que España tiene una asignatura pendiente y no es otra que la tolerancia, aquella virtud imprescindible para la convivencia de los pueblos que alababa Voltaire. Los españoles somos demasiado intolerantes y rebeldes para ser ahormados por el poder, tanto desde las fuerzas del cambio como desde las de la tradición. Pero también somos demasiado inconsecuentes para organizarnos en una comunidad de intereses y objetivos, en una sociedad civil homogénea, en una Nación. Ese proyecto abierto, inacabado, inconcluso, imposible, e inagotable al desaliento, es al final, nuestra nación: España, un no ser siendo, más bien un estar.

Quizás sea el momento histórico para cambiar definitivamente la realidad, porque entre los españoles hay muchas más cosas compartidas que las que son asumidas desde la política. Al final, cuando hay paro, déficit, endeudamiento y deterioro institucional, a todos nos afecta por igual, seamos de la ideología que seamos o de la comunidad en la que habitemos. En los últimos seis años hemos tenido una actuación gubernamental que deja mucho que desear, es cierto, pero algunas cosas, aunque escasas, se habrán hecho bien, el problema es que cuando cambiemos el color del Gobierno se producirá un bandazo hacia el otro lado y dentro de seis años volveremos a estar igual que ahora. Más allá de los intereses de facción, están los intereses de la Nación, el pueblo reunido a lo largo del espacio y el tiempo.

Los españoles, de todas las condiciones, ideologías y orígenes volveremos a hartarnos, una vez más, del más de lo mismo. Estamos cansados de que los Gobiernos miren por los intereses de los partidos que los promocionan, antes de hacerlo por los intereses de los ciudadanos a los que representan. De que manden antes de Gobernar, de que nos traten como súbditos o vasallos y no como ciudadanos soberanos y libres. La tutela política de los españoles debe desaparecer definitivamente, es insoportable que los políticos nos traten como analfabetos en pleno siglo XXI, tratando de envolvernos en su propaganda y mentiras sin el mínimo respeto a nuestra condición de ser sus soberanos, y no sus siervos.

Cuando en cualquier país occidental un Gobierno alcanza el poder, inmediatamente recibe el apoyo de la oposición para realizar su tarea de gobernar, hay un común que se respeta, pero España ese común es siempre tan mínimo y fútil que se desvanece en los primeros meses de legislatura. ¿Tan difícil es ponerse de acuerdo en las cosas comunes que compartimos para que prevalezcan los intereses generales sobre las que discrepamos derivadas siempre de una particularidad?

Si España va bien, todos vamos bien. Si España va mal, todos vamos mal. Si hay trabajo es bueno para todos, si hay riqueza, desarrollo y bienestar, también. Si se eleva la renta per cápita todos estaremos felices y si desciende todos lo pagaremos. España no necesita políticos cortoplacistas que miren exclusivamente por los intereses de su partido, sino estadistas que miren por los intereses de las próximas generaciones. En la era de las nuevas tecnologías, con la información inmediata y la multiplicidad abierta de opiniones y criterios, se necesita un marco común de actuación, absolutamente respetado por todos, quien no lo acepte debe ser recriminado y segregado por la inmensa mayoría, porque no pueden prevalecer intereses particulares sobre intereses comunes, aunque los intereses comunes deben incluir también los particulares, la diversidad natural de nuestro país.

Los españoles sabemos hoy, mejor que nunca, que los errores de imponer los principios ideológicos sobre la atención real a las auténticas necesidades se pagan con deterioro en la calidad de vida para todos. Necesitamos más hechos y menos hipótesis. Los gobiernos no pueden exigir conciencia, responsabilidad, austeridad y rigor a los ciudadanos, más bien al contrario, somos los ciudadanos los que debemos exigir a los Gobiernos un comportamiento óptimo, ajustado a la realidad y adecuado a nuestras circunstancias. Esa es la lección que debemos adquirir de los últimos seis años, de la situación de crisis en la que estamos.

El PSOE se ha equivocado y lo pagará en las urnas, pero el PP también se equivocará con seguridad si no comprende que los errores de su rival no son el problema que debemos resolver, sino la consecuencia de que en España no haya una política que impida los errores, con unos políticos que estén a la altura de evitarlos nuevamente, que son los que nos merecemos los españoles. Es hora de superar la maldición de España, la guerra de los doscientos años, es necesaria la paz definitiva, es hora de que todos seamos españoles subiendo a la misma montaña, aunque lo hagamos por distintos caminos y en distintos tiempos, es hora de superar el absolutismo inútil y alcanzar definitivamente el relativismo auténtico de nuestra realidad común y diversa. Es hora de la reunión bajo la misma bandera.

Sin libertad, sin respeto, sin inteligencia, sin reflexión y prevención de reproducir los mismos errores, sin democracia real, no hay otro futuro que la declaración de un Estado de Alarma permanente para que los Gobiernos impongan su voluntad contra la voluntad del pueblo en un despotismo anacrónico e inadmisible.

Enrique Suárez

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cordón sanitario al socialismo


En este país hay gente que se permite llamar facha a los demás por decir lo que piensan libremente. A mí, personalmente, siempre me repelieron los dogmas de cualquier tipo, sean religiosos, políticos, científicos, sociales o culturales.

Hace años que vengo denunciando que la ineptitud, la insidia, la incultura, la maldad o la estupidez que adornan a los gobiernos del PSOE, apoyados por sus muchedumbres bárbaras e ignorantes, eso que se resume en el concepto de oclocracia, le han hecho a este país un daño estructural que nos lastrará durante décadas. El socialismo es como la peste, donde entra arrasa con todo, no respeta nada y trata de imponer un totalitarismo en su interés.

La democracia para un socialista es una democracia restringida, limitada, recortada, un prodigioso bonsai que miman con cariño, que en realidad es la mayor de las demagogias. La apropiación indebida de las instituciones, de la Constitución, de la justicia, de todo lo que nos rodea no resulta admisible en una democracia que no tiene comparación posible más que con regímenes dictatoriales, estatalistas y totalitarios. Sólo por decir esto, alguno me llamará facha. Pero realmente lo que más les gusta destrozar a los socialistas es la libertad, les molesta la libertad, por la sencilla razón de que en condiciones de libertad y no de manipulación y propaganda, no tienen nada que ofrecer más que un atajo de mentiras y promesas falsas.

Si denuncio que el gobierno ha metido la pata con el tema de los controladores, que es lo que pienso, algún imbécil dirá que no lo entiendo o que soy un facha. Si digo que en este país hay presos políticos gracias a leyes sectarias, saldrá algún tonto para recordarme que eso solo ocurría con Franco. Si se me ocurre decir que a los españoles nunca nos ha costado más el Estado y el entramado político, para vivir peor que hace una década, me dirán que no entiendo el progreso. En fin, si digo que Leire Pajín no puede nombrar subalternos porque le salga de los cojones, dirán que soy un machista. La iglesia socialista de la Alianza de las Civilizaciones, la economía sostenible, el talante y la defensa de la alegría, es así, pero a los pecadores que cuestionen que esas son las mayores verdades que existen sobre el planeta, entre los que me encuentro, nos espera un repudio social-socialista como a los iraníes que cuestionan que Ahmadineyad es el mahdi.

A mí, personalmente, José Blanco me parece un inútil total, no como a Rajoy, que también, pero no se atreve a decirlo. José Luis Rodríguez Zapatero es un iluminado y Rubalcaba más que inteligente es malvado y diletante. Bono juega a Bayrou. De todos estos ejemplares que están en el Gobierno, con un par de excepciones, no se conoce que hayan destacado en nada en su vida más que en la política, sindical o de partido, y con esos méritos se ventilan privilegios que ya los quisiera un controlador aéreo para sí, con mucho menos esfuerzo, sin presión alguna, y sin rendir cuentas ni a dios, ni al diablo, ni a los ciudadanos. En el PP cada día les emulan más, tanto que hay que perder toda esperanza de que en este país las cosas puedan cambiar, si no es a golpe de revolución, aunque sea cibernética.

El mayor problema que tenemos en España es la irresponsabilidad de los gobernantes y de aquellos que tienen que hacerles oposición, no se puede decir que la Tierra está quieta y asentir en la cabeza para que no te llamen facha, eso podía hacerlo Galileo, pero no puede hacerse en pleno siglo XXI, cuando todo el mundo se comunica y hay gente que piensa, porque en cualquier blog o foro te encuentras un par de personajes, que tienen ideas suficientes para ser mejores Presidentes de Gobierno que José Luis Rodríguez Zapatero o jefes de la leal oposición como Mariano Rajoy.

La casta política española está acorralada, los españoles que pensamos por nosotros mismos nos hemos dado cuenta del engaño y cada día somos más. Hace cuatro años cuando en este blog denunciábamos lo que estaba ocurriendo, no pasábamos de cincuenta los redactores críticos con la realidad política cotidiana en toda la red española. Eran tiempos difíciles, las hordas socialistas cibernéticas asolaban cualquier crítica y adscribían el marchamo de facha a todo lo que se salía del pensamiento permitido por el poder, pero hoy somos miles de blogueros, cientos de foros los que anunciamos la buena nueva de que el negocio de engañar a los ciudadanos se ha acabado. Muchos blogs han sucumbido en el camino, pero también muchos hemos resistido hasta el presente. La gente cada día quiere estar mejor informada, pero no por las fuentes oficiales de la prensa o por los medios de comunicación, sino por ciudadanos como ellos que no están sometidos a la presión del poder.

Se puede constatar lo que digo comprobando los comentarios que aparecían en los artículos hace cuatro años y los que hoy aparecen. Lo de facha ya no cuela, porque fachas son los fascistas que utilizan el poder a su antojo para jodernos la vida, no los críticos que los denunciamos. ¿Pero desde cuándo se puede soportar una izquierda absolutamente soberbia que jamás se haga autocrítica?. ¿Pero no se da cuenta la gente que Zapatero compite en infalibilidad con el mismo Papa o cualquier Iman que patrocine la yijad?

Precisamente Zygmunt Bauman, Premio Príncipe de Asturias denuncia que en esta sociedad no se cuestiona nada y advierte que estamos ante un cambio de era en las relaciones entre los políticos y los ciudadanos, a raíz del fenómeno de transparencia que ha supuesto el wikileaks de Julian Assange, con unas hermosas palabras: "No tanto los efectos inmediatos de esta información, sino que va a obligar a los gobiernos a cambiar la manera hacer política porque no pueden ir contra los deseos de los ciudadanos". “Tiene que resurgir el ágora que ha desaparecido; los intereses privados se deben traducir en públicos y viceversa. Tiene que haber un intercambio de opiniones en la sociedad".

Los seguidores de Ciudadanos en la Red desde sus comienzos saben que esa es una de las demandas permanentes que se ha hecho desde este lugar sin interrupción. La sociedad en sentido sociológico y no en la interesada interpretación política que realiza el socialismo, reclama un nuevo contrato social a lo que se niega el poder en todas sus formas, como ha ocurrido a lo largo de la historia humana. Los políticos actuales son dinosaurios que están al borde de la extinción y se acantonan en el poder de cualquier forma para evitar que la libertad que exigimos los ciudadanos les acabe apartando de su estatus de privilegio, habitualmente inmerecido.

Todo es cuestión de tiempo, pero no hay vuelta atrás, a medida que vaya avanzando la cohesión de fuerzas ciudadanas, los políticos quedarán desnudos en su tiranía y demagogia. No pueden evitarlo más que imponiendo su poder, en esa clave y no en otra, es en la que se debe entender el Estado de Alarma en el que nos encontramos, como uno de los primeros episodios de rebelión colectiva ante la impunidad de unos políticos, que cobrando y costando, mucho más de lo que nos cuestan los controladores aéreos, se permiten criminalizar a estos últimos convirtiéndolos en chivos expiatorios de sus pecados y entregándoselos a la masa social como si fueran los culpables de todos los problemas que tenemos; mientras cinco millones de parados residen en el infierno gracias a los motivos para creer, la promesa de que jamás habría recortes sociales, y que el que habita en La Moncloa jamás abandonaría a los suyos, esto último es cierto, el problema es que los suyos eran los que detentan el poder y no los puñeteros pringados que le han hecho Presidente del Gobierno. Al loro para la próxima.

Es hora de que les paguemos con su misma moneda haciendo un cordón sanitario al socialismo, a su iglesia del PSOE y a su máximo profeta José Luis, esa doctrina política que engaña a todo el mundo debe ser erradicada de España por perniciosa para la mayoría de los españoles, en interés social y para evitar que arrasen con el recortado bienestar que nos quede, antes de que acaben con todo.

Biante de Priena

jueves, 9 de diciembre de 2010

Rehenes del Estado perfecto


Verán ustedes, entre el poder y la libertad, siempre la libertad, será un defecto personal, no voy a discutirlo. Del poder, hace muchos años que no surge nada bueno para la sociedad, quiero decir, para la sociedad total, no para determinados sectores que de pronto se ven sorprendidos por la magnanimidad de los que dirigen sus pasos. Si observamos lo que ocurre con los gobiernos, con los parlamentos, con las instituciones políticas, descubriremos que las decisiones de los que detentan el poder siempre usurpan la libertad de aquellos a los que gobiernan, siempre lo hacen de forma sigilosa, ladina y artera, pero siempre lo hacen.

Lo social es un invento, un concepto inútil como otros tantos, una cárcel que favorece a los poderosos que al final son los que tienen la facultad de utilizar el lenguaje como les convenga. Ni siquiera ellos mismos comparten los términos, cuando alguien del PSOE se refiere a lo social, se aprecia su veneración divina: lo social lo es todo, exactamente todo lo que les vota y les conviene, supuestamente, a ellos y a los que les votan. Si son los del PP, consideran que lo social es algo derivado, un producto de la obra divina, humana o incluso del poder, algo que recuerda a una concesión de alguien. Los nacionalistas siempre se refieren a lo social particular, lo ajeno no es social, es barbarie, imperio o miseria.

Los liberales abjuramos de lo social, porque lo social se ha convertido en una jaula inhumana en la que Pedro Pérez Percances deja de ser Pedro, un ciudadano soberano, para convertirse en una entidad amorfa, un microbio político, un ente abstracto y por supuesto colectivo. Lo social asesina lo individual, al poder le interesa acabar con lo individual, porque lo individual es el germen de la diversidad y al poder le interesa la homogeneidad de sus súbditos. Sin individualidad, sin diversidad, no existe la libertad y esa es la trampa de la que se sirve el poder para organizar la sociedad de masas a su conveniencia.

Considero que todo poder es opresivo por naturaleza, y que las motivaciones sociales que arguye para sus propósitos es la mejor forma de alcanzar su perpetuación, en el más de lo mismo, impidiendo cualquier cambio o evolución. Por eso al poder sólo se le puede derrocar con revoluciones, aunque sea provisionalmente. Al menos en los periodos revolucionarios las cosas cambian, cambian los personajes que detentan el poder, y ocurren algunas cosas nuevas, sino estamos condenados a replicar de forma clónica el más de lo mismo.

Esa es la situación en la que nos encontramos en España en el actual Estado de Alarma, he visto al Gobierno en sus intervenciones, también a los representantes de la oposición, han hecho su juego, como siempre, a espaldas de los ciudadanos, pero todos se han sentido satisfechos porque han defendido a la sociedad, a su manera, eso sí. Han definido el campo semántico de maniobras, lo han asumido entre todos y se han quedado tan frescos, sin que ninguno de los parlamentarios haya dicho realmente lo que ha ocurrido, ni haya ofrecido soluciones para resolverlo. Se permiten juzgar a los demás como si fueran el tribunal del juicio final de los últimos días y se quedan tan frescos. Pero, y aquí está la enseñanza de lo ocurrido, cuanto más perfección no muestran en su estado, más nos damos cuenta los ciudadanos de sus mentiras, de su ineficacia, de su ineptitud, de su extravagancia.

La cuestión de los controladores ha servido, como un retrato, para comprender que el gobierno manda más que gobierna, que impone su voluntad como le sale de los cojones con la legitimación de haber sido votados en las urnas y a eso no tiene nada que decir la oposición, porque está ahí gracias al mismo procedimiento. Así demuestran que son una casta, con muchos más privilegios que los controladores aéreos, porque lo que los controladores aéreos han hecho un día, por tener el poder de hacerlo en sus manos, los políticos lo llevan haciendo desde hace 32 años todos los días y no pueden admitir ningún intruso que les desplace del poder, que es absoluto y les pertenece.

Hagan ustedes una lectura de las palabras de todos los que han intervenido en el estrado del Parlamento, sustituyan huelga de controladores, por nuestra perpetuación en el poder y descubrirán que el auténtico objetivo de todos ellos no es ni la sociedad, ni la imagen de España, ni los ciudadanos, ni las pérdidas descomunales, sino seguir haciendo lo mismo sin que nadie lo impida, ni se atreva siquiera a decir algo en contra, porque eso será causa de sedición.

El Estado perfecto es el que permite a unos ineptos, todos y de todos los partidos, imponer su voluntad a los ciudadanos, sean controladores aéreos o parados, a los que desprecian por completo y que consideran una incomodidad innecesaria para seguir en su más de lo mismo, destruyan el país, arruinen la economía, impongan su yugo o destruyan cualquier posibilidad de solución. Todos ellos han hablado del problema, ninguno de la solución. Viendo lo que ha ocurrido con los controladores aéreos se puede entender lo que ocurrió entre el PSOE, ETA y el GAL, o entre el PSOE, Al Qaeda y el 11-M, o entre el PSOE, la crisis económica y el paro, y los españoles. Siempre un enemigo contra la sociedad, siempre el PSOE interviniendo en el asunto por nuestro bien y cagándola. Luego los platos rotos los pagamos todos. ¿El PSOE nunca es responsable de nada, ni cuando gobierna, ni cuando está en la oposición? y la oposición haciéndoles la ola.

¡Magnífico, ésto es el Estado Perfecto! ¿Y las vícitmas de sus desmanes e ineptitud, a quién reclamamos?. ¿Los cinco millones de parados donde tienen que presentar la demanda? ¿El país arruinado dónde presenta la reclamación?. ¿Vamos al Fiscal General del Gobierno , directamente a los juzgados de instrucción o salimos a la calle?. Si el fiscal pedirá ocho años de cárcel para los controladores rebeldes, ¿cuántos habría que pedir para los políticos que nos esquilman sin interrupción?. El daño que los controladores aéreos han causado a España y los españoles no es ni la milésima parte del que nos causan los políticos cualquier año de legislatura. Y no pasa nada. ¡A votar! ¡Que hable la democracia! ¡Y el pueblo!. Yo me pregunto, ¿para qué?, si da igual que hable, que grite, que llore o se desespere por el maltrato continuado, que los políticos van a seguir haciendo lo mismo, los que vengan como los que se fueron: defenderán la sociedad, mientras los ciudadanos nos vamos a la mierda. ¿Ustedes lo entienden?

Ciertamente, la sociedad de los políticos tampoco tiene mucho que ver con la sociedad de los ciudadanos. Los políticos consideran la sociedad como un amuleto amorfo, formado por una mosa informe de microbios, sin capacidad política, que hay que guiar por el buen camino, que es el que a los políticos les interesa. Con nombrar la sociedad de vez en cuando ya pagan el peaje para seguir recibiendo privilegios. La sociedad que a ellos les concede libertad y poder, a los ciudadanos nos oprime y aplasta.

Solo por ello, una vez más, y a pesar de que me revienta, tengo que reconocer que la acción de los controladores aéreos ha estado justificada contra el poder, no así contra los ciudadanos, a los que han convertido en sus vícitmas y sus rehenes. Ha estado justificada contra el poder, pero ha sido ilegítima, amoral y de una violencia despiadada contra sus conciudadanos.

Pero no puedo asumir justificación alguna para la imposición del Gobierno, sin entrar en consideraciones sobre si los controladores aéreos ganan o deben, sobre si nos expolian o nos desprecian a los demás, me da absolutamente igual. Si son unos privilegiados o unos explotados, si ganan muchísimo o si no tienen tiempo para gastarlo a su antojo. Ellos han elegido ser controladores para lo bueno y lo malo y es lo que hay. Controladores aéreos se necesitan en toda el mundo y no he visto que se hayan marchado a otro país, luego será que aquí no están tan mal como nos cuentan. ¿Qué tasa de abandono profesional hay en los controladores aéreos tan puteados y envilecidos?. Si es elevada los controladores demostrarán de forma inmediata que llevan razón, si no es así, habrá que pensar otra cosa.

Pero lo que no puedo aceptar es que los políticos nos engañen de forma tan cochambrosa para imponernos su voluntad y sus privilegios, porque si razones tengo para quejarme de los controladores aéreos por explotarme cuando vuelo en avión, ¿qué razones poderosas no tendré acumuladas para aquellos que me explotan todos los días en todas las cosas que hago y puedo llegar a hacer?. Me siento rehén de los políticos, secuestrado en el Estado perfecto, convertido en esclavo de sus memeces, subyugado por su estupidez y sin ninguna posibilidad de hacer nada contra ellos, más que quejarme sin cesar y dejar un rastro de lamentos en este blog, para advertir a los que vengan detrás con la esperanza de que ellos sepan librarse del despojo al que sin duda serán sometidos desde el poder, y para que algunos coetáneos lo lean y me respondan que paz y amor...y el plus pal salón. Es lo que hay.

Biante de Priena

miércoles, 8 de diciembre de 2010

De Dóberman a Labrador


La interesada propaganda de sus detractores, la misma del “nunca mais”, el “no a la guerra”, el “pásalo” del 11-M, o la genialidad del Estado de Alarma en que nos encontramos, consideró en su día, que Francisco Álvarez Cascos, por su carácter y formas recordaba a un perro de una raza extraordinariamente agresiva, los dóberman, incluso las juventudes del PSOE le hicieron un vídeo a propósito de la infamia. Pasado el tiempo y la égida del zapaterismo, creo que debemos considerar que no se equivocaron del todo, pues de su mentira salió una profunda verdad.

Cascos defendió con todas sus fuerzas sus creencias, valores, y principios y su lealtad al Partido Popular, a su país, España, y a los ciudadanos que lo pueblan, los españoles, no tuvo añagazas de enfrentarse a cualquiera que tratara de imponer su propaganda o de hacer daño a los españoles con su mentiras e insidias. Su fiereza fue épica, su furia considerable, su hostilidad contra la ineptitud encomiable. Cascos siempre ha sido responsable de sus actos, pero nadie ha logrado demostrar que se había equivocado en sus percepciones, en su olfato de político recio y experto. Quizás fue el primero que se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo en España, con una legión de descamisados e ineptos dispuesta a tomar al asalto las instituciones, los recursos públicos, el Estado y la libertad de los españoles. El saco de Roma por los bárbaros es el precedente de lo ocurrido en España con los gobiernos del PSOE, y el Presidente Rodríguez Zapatero en los últimos años.

El tiempo va poniendo las cosas en su lugar, en los últimos seis años, a mí, personalmente se me ha ido cambiando el gesto, viendo lo que estaba ocurriendo, al principio sentí sorpresa, más tarde perplejidad, después enfado, y por último cabreo, porque la realidad política que estamos soportando resulta inadmisible. Por cierto, durante los últimos años, cada día he visto como a muchos españoles se les ha ido frunciendo el ceño, cada día más, sin importar su ideología. Los cinco millones de parados, la deuda galopante, el déficit inadmisible, las leyes sectarias, los abusos de poder, la soberbia de los gobernantes, la estupidez de los que les alaban, la miseria y mezquindad en la que nos encontramos, el profundo desasosiego, y la ruina de la nación a la que nos han llevado los gobernantes del PSOE, con la colaboración o acomplejamiento de los que se han callado, pudiendo haberlo impedido, nos ha vuelto a todos un poco como Cascos, sacándonos “el dóberman” que los españoles llevamos dentro.

Quizás haya que reflexionar sobre lo acontecido, con serenidad y sosiego, sobretodo a la vista de los resultados, porque aquellos que nos ofrecían el paraíso nos han llevado directamente al infierno, y los que nos advertían del infierno ahora quieren regresar al paraíso, para volver a empezar, desde el suelo de la democracia, buscando el regreso de la política con mayúsculas, en unión de los ciudadanos a los que quiere representar.

Francisco Alvarez Cascos regresa a Asturias, el próximo miércoles 15 de diciembre estará en Oviedo a las 19:30 horas, para dar una conferencia sobre el AVE invitado por el Colegio de Ingenieros, en la sede del Colegio de Médicos de la Plaza de América. La expectación es grande, porque se espera que hable de la Huelga de Controladores, así como de su regreso como candidato a la Presidencia de Asturias, cuando la dirección nacional del partido lo confirme.

Quizás ese día comprendamos que Cascos fue un “doberman” circunstancial, algo que nos puede ocurrir a cualquiera si anticipamos un peligro y un daño que se va a cometer sobre las cosas que amamos, porque la conducta de Cascos hoy se comprende mucho mejor, trató de defender Asturias y España con uñas y dientes de la que se le venía encima con la ambiciosa legión de hambrientos de poder y dinero que se avecinaba con la llegada del PSOE, de la quiebra hacia la que nos llevarían, de la muerte pública de todo lo que nos identificaba, de la usurpación y detentación de las instituciones, de la miseria inmensurable que viviríamos, de los cinco millones de parados, de tanta estupidez gratuita y tanta insidia e vesania. Cascos “ladró” con todas sus fuerzas para dar la voz de alarma sobre los lobos que acechaban al rebaño, que estaban dispuestos a esquilmarlo hasta la saciedad. Es de justicia reconocerlo, a la vista de lo sucedido.

Francisco Álvarez Cascos relumbra por si mismo ante la oscuridad que nos circunda, es un personaje clave en la vida política española, imprescindible para esta Asturias que nada tiene que ver con su esencia, que corre peligro en su propia existencia. Es un faro para los asturianos perdidos en el océano de la mediocridad y la estupidez, en la que los tiburones tanto del PSOE como del PP han hecho su agosto. Por eso para mí, y para otros muchos, Cascos para nada representa hoy un doberman, sino un leal labrador, el más fiel de los cánidos, aquel que ayuda a los ciegos a encontrar su camino, nunca les abandona y siempre está dispuesto para ayudarles.

Y para todos aquellos que tratan de que sigamos sometidos y encerrados en el armario de propaganda en el que nos han introducido, con el objetivo de aprovecharse de nosotros y perpetuarse en el poder, sólo quiero dedicarles un estruendoso ¡GUAU,GUAU!, mi ladrido rabioso de advertencia (o de guerra), para informarles de que en esta ocasión Cascos no está solo, su jauría está con él.

Ahora que os conocemos realmente, sabemos de todas vuestras miserias urdidas desde el poder, no estamos dispuestos a olvidar, ni a perdonar lo que nos habéis hecho a los ciudadanos, tratándonos como si fuéramos precisamente perros a vuestro servicio o borregos a los que esquilmar hasta destrozarles la vida, cuando bien os parezca. La política de connivencia y acotamiento urdida desde el poder, forma ya parte del pasado.

Enrique Suárez

Los políticos tienen muchos más privilegios que los controladores aéreos


Cuando el pasado sábado día 4 de diciembre escuché a Rubalcaba en la tele advirtiendo que se había declarado en España el Estado de Alarma, comprendí inmediatamente que habíamos avanzado un poco más hacia la dictadura social y oclocrática que tratan de implantar en nuestro país desde el PSOE y los abrevaderos afines.

El linchamiento que ha sufrido el colectivo de controladores aéreos en nuestro país con su militarización tras la declaración del Estado de Alarma por el Gobierno, pasará a los anales de nuestra historia como una de las mayores infamias que se ha cometido por un Gobierno contra unos ciudadanos. No hay excusa posible, esto ha sido un prodigio de desmesura e insidia, porque no ha sido algo casual, sino provocado por el Gobierno con la intención de someter a los controladores aéreos a su voluntad, como en cualquier dictadura que se precie.

Los representantes parlamentarios de los españoles deben exigir la destitución inmediata del Ministro de Fomento y la convocatoria de Elecciones Generales anticipadas, porque ningún Gobierno puede vulnerar la Constitución del país que administra y en este caso se ha hecho, sin paliativos, ni justificación posible. Utilizar la crispación de 600.000 ciudadanos de forma instrumental a un propósito político del Gobierno para salirse con la suya, es algo inconcebible en una democracia.

Los argumentos que se esgrimen desde el Gobierno no son otros que los elevados sueldos que perciben los controladores aéreos, evidentemente si los comparamos con los ciudadanos de a pie es cierto, pero si los comparamos con los sueldos que reciben los representantes políticos de los españoles, con los fondos públicos que gestionan como les da la gana, hasta llevarnos a la ruina, con lo que realmente nos cuesta su boato, y medimos el perjuicio que nos ocasionan, creo que los controladores aéreos son poco menos que aspirantes a la beatitud y la santidad, tras el martirio a que han sido sometidos.

Nos han dicho que los controladores aéreos cobran cifras astronómicas, con una media de 200.000 euros anuales. Bien, en este país hay políticos que cobran más, Leire Pajín hasta ser nombrada ministra pasaba de esa cantidad al igual que Maria Dolores de Cospedal. Sin embargo, donde los emolumentos superan lo extravagante es en los asesores de los partidos políticos, recientemente un medio nos ofrecía que el asesor principal del Partido Popular, Pedro Arriola, cobraba 2 millones de euros al año (cifra que no cobra ningún controlador aéreo, y los del PSOE no cobrarán mucho menos. Cuando el señor Montilla era Presidente de la Generalitat y su mujer vicepresidenta de la diputación de Barcelona, encargada de urbanismo se levantaban entre ambos más de 320.000 euros al año de sueldos. Así que la cuestión económica no es precisamente algo que distinga en desmesura a los políticos españoles de los controladores aéreos.

¿Y cuánto cobran los consejeros de empresas públicas por designación política?. ¿O aquellos qué representan al Gobierno en empresas privadas internacionales en las que participa el Estado Español?. ¿Cuánto nos van a costar a los españoles las Cajas de Ahorros gestionadas por servidores políticos de los distintos partidos?. La de Castilla La Mancha ya nos ha costado 4.000 millones de euros, gracias a la construcción de un aeropuerto en Ciudad Real para que los jeques árabes vayan a cazar perdices y los políticos les acompañen, para establecer relaciones que les permitan asegurarse un mejor futuro.

Se ha argüido que los controladores aéreos forman un colectivo singular que se autodefine a sí mismo, no menos hacen los políticos, que además regulan sus sueldos sin dar explicaciones a nadie, al contrario que los controladores aéreos. Mientras los controladores aéreos tienen que cotizar los mismos años que los demás trabajadores para poder jubilarse, los políticos con siete años de ejercicio ya pueden recibir la pensión más elevada, sin tener que llegar a los 67 años como todos los demás.

Los controladores aéreos no suponen muchos más gastos a los españoles que sus sueldos, mientras que los políticos tienen dietas, escoltas, vehículos, casas, prestaciones y privilegios abonados por el Estado, inaccesibles para cualquier español.

Pero quizás el privilegio más extravagante del que disponen los políticos es su relación con la justicia, ni siquiera son juzgados por los tribunales ordinarios como los demás ciudadanos, pues se necesita la autorización por ellos mismos para poder juzgarlos y en caso de que se conceda el laudatorio, el proceso será celebrado en el Tribunal Supremo directamente, en una sala especial declarada a tal propósito, en condiciones singulares.

En cuanto a los impuestos que ellos deciden para todos los españoles, incluidos los controladores aéreos a ellos no les afectan, porque no están sujetos a la declaración del IRPF como los demás ciudadanos, además tienen exenciones fiscales especiales, y en cuanto a sus propiedades no computan de la misma forma que el currito de turno.

Y por supuesto, en ningún caso pueden ser militarizados como los controladores aéreos, porque tal cosa supondría un Golpe de Estado, penado por la justicia. Tampoco pueden ser coaccionados, ni presionados, ni manipulados porque se considerará un atentado a su libertad sacrosanta.

Además los políticos son irresponsables de sus errores mientras ejercen su profesión, si un político se equivoca o un Gobierno se equivoca y eso nos cuesta a los españoles miles de millones de euros, no se les pueden exigir ni responsabilidades civiles ni penales, porque su potestad les permite hacer prácticamente lo que les dé la gana y sólo son responsables ante las urnas. Imagínense ustedes una barbaridad como la acontecida con la cuestión de los controladores aéreos por una nefasta gestión y coacción posterior del Gobierno para imponer su voluntad, y nadie será responsable, ni un euro le costará a ninguno de ellos lo ocurrido, porque si hay que pagar indemnizaciones, que habrá que pagarlas, las pagaremos entre todos los contribuyentes de forma solidaria.

Los controladores aéreos regulan sus procesos laborales por el Estatuto de los trabajadores, como cualquier ciudadano y están sometidos a las mismas leyes laborales, mientras que los políticos lo regulan como les da la gana.

En fin, juzguen ustedes mismos que colectivo laboral tiene más privilegios, si los controladores aéreos o los representantes políticos españoles. Y la próxima vez que José Blanco les diga lo de esta casta de privilegiados le preguntan por el examen de idoneidad que superó para poder decir lo que dice y hacer lo que ha hecho. Si consideramos el concepto de casta como fuente de privilegios y prebendas y autoregulación de las mismas, sin duda los políticos cumplen mejor los criterios que los controladores aéreos.

La distancia entre lo que nos han manifestado desde el Gobierno que han sido las causas del problema y lo que realmente han hecho es proporcional a la que separa la demagogia en la que vivimos de la democracia en la que deberíamos vivir. Si miramos el interés en la privatización de AENA y sus miles de millones de pérdidas, entenderemos mucho mejor lo que está ocurriendo.

Y que a nadie se le olvide que Adolf Hitler también comenzó el exterminio de los judíos atribuyéndoles a éstos los privilegios de los que no gozaba ningún alemán, menos los nazis, claro. Aquello acabó muy mal, a ver como acaba ésto.

Biante de Priena

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