
"En La Moncloa, viendo que hacían con los venados en esas correrías cinegéticas, se les ha encendido la bombilla de bajo consumo y han tenido una idea: hay que proteger a Bambi como sea, porque estos son capaces de dispararle sin ningún remordimiento".
Antes de dejarse la cabeza por la causa, Danton pronunció una frase recordada: “de lo único que me arrepiento es de irme antes que esa rata de Robespierre”. Y es que cuando la guillotina comienza a funcionar es difícil detenerla. Robespierre fue tan incorruptible que terminó siendo presa de su propio régimen de terror, antes de que acabara con todos los demás.
Hoy ha caído la cabeza de Bermejo, no se sabe si de forma voluntaria –como dice- o inducida –como parece-. Un trofeo para alguien, sin duda. A partir de ahora el PSOE se hará aún más jacobino en este trance.
Realmente no ha caído porque se lo mereciera -¿cuántas se lo merecen más?-, sino porque hay elecciones y el cromático Bermejo restaba votos en Euskadi y Galicia, y la cosa no está como para desafectos de última hora.
Pero Bermejo, que es un hombre pasional, que cree en sí mismo y en la honestidad de su causa –no lo duden-, ha dicho algo al despedirse, que invita a la fantasía: que no quería traicionar el proyecto, y que si él era un obstáculo para su consecución, se apartaba gustosamente.
Hombre, a estas alturas, que nos diga esas cosas, suena hasta estridente, porque Bermejo no es un hombre de partido, sino de causa. Al defenestrado ministro de justicia, el PSOE le importa mucho menos que lo que se puede hacer desde el PSOE, y eso se nota en estas ocasiones en que necesitas un partido detrás, como por ejemplo en el caso de José Blanco y Villa PSOE. Nada que ver.
La causa de Bermejo, posiblemente compartida con Garzón, era acabar con todas las derechas, quizás antes de acabar con todos los derechos, ambos tienen más de exterminadores convencidos que de ecologistas. Porque son creyentes fanáticos en su causa, se hacen a sí mismos en ella, como Robespierre. Y aunque no lo reconozcan, Zapatero les queda blandito con su carácter apacible y su buen talante.
En La Moncloa, viendo que hacían con los venados en esas correrías cinegéticas, se les ha encendido la bombilla de bajo consumo y han tenido una idea: hay que proteger a Bambi como sea, porque estos son capaces de dispararle sin ningún remordimiento. Pero hay que tener poca vista, mira que dedicarse a matar ciervos, ahora que Zapatero ya es recibido en el G-20 como uno más.
Bermejo y Garzón son personajes de sainete, habrá que esperar a ver el final de la obra, que huele a sangre hasta la tercera fila. Y Zapatero diciendo el día anterior que no va a permitir que nadie intimide a los jueces desde la política y al día siguiente aceptando la dimisión de su ministro de justicia. Tiene diversas lecturas, hagan ustedes la que les parezca bien. Ciertamente, si un personaje ha intimidado a los jueces en los últimos años ha sido Bermejo, al que le han hecho hasta la primera huelga judicial de la historia de España, y ahí lo había dejado en el congelador. ¿No habrá querido decir qué no va a permitir que nadie desde la política intime con los jueces?.
Y es que el Presidente del Gobierno no se ha caracterizado precisamente por la precisión fonémica, recuerden lo del "accidente" por querer decir atentado, y lo de la desaceleración por no decir crisis. Cohecho tiene dos acepciones, una tiene que ver con el soborno de los jueces, y otra con la preparación de la cosecha tras el barbecho. Esperemos que la segunda prevalezca sobre la primera y a ver si nos vamos aclarando, que apuntan a dar.
Biante de Priena
Antes de dejarse la cabeza por la causa, Danton pronunció una frase recordada: “de lo único que me arrepiento es de irme antes que esa rata de Robespierre”. Y es que cuando la guillotina comienza a funcionar es difícil detenerla. Robespierre fue tan incorruptible que terminó siendo presa de su propio régimen de terror, antes de que acabara con todos los demás.
Hoy ha caído la cabeza de Bermejo, no se sabe si de forma voluntaria –como dice- o inducida –como parece-. Un trofeo para alguien, sin duda. A partir de ahora el PSOE se hará aún más jacobino en este trance.
Realmente no ha caído porque se lo mereciera -¿cuántas se lo merecen más?-, sino porque hay elecciones y el cromático Bermejo restaba votos en Euskadi y Galicia, y la cosa no está como para desafectos de última hora.
Pero Bermejo, que es un hombre pasional, que cree en sí mismo y en la honestidad de su causa –no lo duden-, ha dicho algo al despedirse, que invita a la fantasía: que no quería traicionar el proyecto, y que si él era un obstáculo para su consecución, se apartaba gustosamente.
Hombre, a estas alturas, que nos diga esas cosas, suena hasta estridente, porque Bermejo no es un hombre de partido, sino de causa. Al defenestrado ministro de justicia, el PSOE le importa mucho menos que lo que se puede hacer desde el PSOE, y eso se nota en estas ocasiones en que necesitas un partido detrás, como por ejemplo en el caso de José Blanco y Villa PSOE. Nada que ver.
La causa de Bermejo, posiblemente compartida con Garzón, era acabar con todas las derechas, quizás antes de acabar con todos los derechos, ambos tienen más de exterminadores convencidos que de ecologistas. Porque son creyentes fanáticos en su causa, se hacen a sí mismos en ella, como Robespierre. Y aunque no lo reconozcan, Zapatero les queda blandito con su carácter apacible y su buen talante.
En La Moncloa, viendo que hacían con los venados en esas correrías cinegéticas, se les ha encendido la bombilla de bajo consumo y han tenido una idea: hay que proteger a Bambi como sea, porque estos son capaces de dispararle sin ningún remordimiento. Pero hay que tener poca vista, mira que dedicarse a matar ciervos, ahora que Zapatero ya es recibido en el G-20 como uno más.
Bermejo y Garzón son personajes de sainete, habrá que esperar a ver el final de la obra, que huele a sangre hasta la tercera fila. Y Zapatero diciendo el día anterior que no va a permitir que nadie intimide a los jueces desde la política y al día siguiente aceptando la dimisión de su ministro de justicia. Tiene diversas lecturas, hagan ustedes la que les parezca bien. Ciertamente, si un personaje ha intimidado a los jueces en los últimos años ha sido Bermejo, al que le han hecho hasta la primera huelga judicial de la historia de España, y ahí lo había dejado en el congelador. ¿No habrá querido decir qué no va a permitir que nadie desde la política intime con los jueces?.
Y es que el Presidente del Gobierno no se ha caracterizado precisamente por la precisión fonémica, recuerden lo del "accidente" por querer decir atentado, y lo de la desaceleración por no decir crisis. Cohecho tiene dos acepciones, una tiene que ver con el soborno de los jueces, y otra con la preparación de la cosecha tras el barbecho. Esperemos que la segunda prevalezca sobre la primera y a ver si nos vamos aclarando, que apuntan a dar.
Biante de Priena





