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viernes, 18 de julio de 2008

Carta a Adolfo Suárez

Querido presidente:

Se que nunca leerás esta carta, pero no me importa, porque más que contarte algo trascendente, quiero compartir con los españoles algunas reflexiones sobre la reciente historia de nuestro país.

Hace tiempo que no sabía de ti, pero ayer te vi con el Rey Juan Carlos en una foto que os tomaron de espalda en el jardín de tu casa; no se ve tu rostro, pero se distingue tu figura inconfundible de "tahur del Mississipi", recortada sobre un muro de bambú. El Rey, también de espalda, te cogía del hombro, como un viejo amigo en una escena singular, tierna y simbólica.

Aquel "cariñoso" apodo que te brindó Alfonso Guerra, ya sabes que bromista era, pasó a la historia como el primer sínntoma del canibalismo político que más tarde se transformaría en grave patología. Fue la primera ocasión en que los españoles comprobamos que el fin justificaba los medios, que el respeto pasaba a mejor vida, el vicesecretario del hermano garrulo que trincaba en la Junta de Andalucía, el profeta que nos prometió que a "España no la iba a conocer ni la madre que la parió" gustaba del gracejo y el exabrupto, y sabíaa que tenía que destrozar tu imagen como fuera, y del "puedo prometer y prometo", pasamos directamente al "café para todos".

Tras tu marcha, Adolfo, la "areté" comenzó a extinguirse de la política española, degeneraron las cosas hasta tal punto que hoy ser parlamentario en España ya no es un mérito, sino una vergüenza oportunista, que los partidos políticos les brindan a los arribistas sin escrúpulos, el clima político en el que vivimos es insoportable, tórrido, putrefacto, tóxico y nauseabundo.

Te recuerdo sentado en el Parlamento Español, ocupando tu puesto de Presidente, para levantarte en el mismo instante que Tejero trataba de derribar a España, sin conseguirlo, representada en aquel trabado y enjuto personaje que era el general Gutiérrez Mellado. Cuanto miedo alrededor en nuestros representantes políticos. Santiago Carrillo tampoco se tiró al suelo, representando en aquel momento a toda la izquierda española, como el PCE lo había hecho durante el franquismo.

No recordarás que Felipe González triunfó hegemónicamente en las elecciones generales de 1982, siendo el PSOE el principal beneficiado del golpe de Estado fallido, en el que no aparecieron ni grandes elefantes blancos, ni autores intelectuales. Tampoco hubo autores intelectuales en la trama del GAL, porque "Mister X" era quien no podía ser. Y tampoco hay autores intelectuales en los asesinatos terroristas del 11 de marzo de 2004.

Luego vino el CDS, querido Adolfo, y ahí estuve contigo, como otros muchos españoles que queríamos un mundo normal, que creíamos en la libertad, la justicia y la igualdad, que practicábamos la tolerancia y la prudencia, y como decía Punset: "éramos extremadamente de centro", porque realmente respetábamos la democracia y éramos unos ingenuos que buscábamos un mundo mejor, más allá de los enfrentamientos permanentes, respetando las reglas del juego ante todo, porque sin reglas, todo son trampas.

Asistí a tu final político en Torremolinos, y no comprendí tu actuación en aquel último Congreso del CDS, cuando apoyaste a Raúl Morodo que representaba el sector socialdemócrata más racional, contra Calvo Ortega que reunía a los liberales en su equipo, pues tu eras el presidente de todos y no tenías que apoyar a otro que el que decidiéramos democráticamente los compromisarios en aquel congreso.

Con el tiempo comprendí tu gesto, aunque me costó entenderlo. Estabas harto de la política, el CDS era tu hijo más querido y lo sacrificaste allí mismo apoyando precisamente la opción que impedía su supervivencia. Estabas cansado de tanta miseria, preferiste entrar en la historia por la puerta grande que seguir quemándote en la pira funeraria que te habían organizado los demás partidos políticos, así te acogiste a la jubilación anticipada de la política dejando indemne la historia de una ilusión en una España tranquila y democrática.

En la imagen dorsal que os han sacado a ti y al Rey se representa un simbólico epílogo a nuestra historia democrática. Los dos principales personajes de la política española tras el franquismo, alejándose fraternalmente hacia la puerta de la jungla de los sueños, dándole la espalda a la miseria de lo cotidiano; el elefante y el tigre han cumplido con su trabajo, dejando atrás a las ratas devorando los despojos de la política y la democracia.

Adolfo Suárez, tú le mostraste el camino del futuro al pueblo español, pero también que la política era el arte de lo plausible, nos llevaste a los españoles hasta la libertad, como un Moisés bíblico, abriendo las aguas del Mar Rojo de sangre, apartando a la izquierda y a la derecha, pero una vez llegados a la Tierra Prometida, mostrarnos que cada uno tiene que defender lo que es suyo. Cumpliste con tu cometido, y con tu marcha, demostraste una vez más, que más vale honra sin barcos, que barcos sin honra. Eres el último de los grandes de la política española, un honor haber compartido contigo una parte del camino.

Enhorabuena por el Toisón de Oro, lamentablemente, contigo y con el Rey, se acabó también la Historia de España; lo que vino después, mejor ni recordarlo, esa es otra historia.

Un fuerte abrazo "presi"







Constitución Española de 1978 (01): Artículo 1

TITULO PRELIMINAR

Artículo 1.

1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

El precio del tribalismo nacionalista

"Los nacionalismos están condenando a todos los españoles a regresar al pasado, porque saben que no pueden existir en el futuro".

La identidad cultural no es susceptible de creación, pero sí lo es de creencia, por eso las pretensiones segregacionistas de los nacionalismos antiespañoles, fundamentalmente vasco, gallego y catalán, están condenadas al fracaso con seguridad y únicamente se sostienen por el apoyo político que reciben; sin subvenciones, regresarían al lugar que les corresponde en realidad. Las políticas nacionalistas y la imposición cultural de los códigos excluyentes actúan en simbiosis, al tiempo que parasitan lo español .

Cuando las culturas requieren subvenciones económicas permanentes por parte de las instituciones políticas, interesadas en lograr su supervivencia para sus objetivos de perpetuación, se pueden considerar más bien "artefactos políticos" que entidades culturales genuinas. El sesgo que la política imprime a la cultura para instrumentarla en beneficio de sus intereses, anticipa siempre el comienzo de su final.

El problema de los nacionalismos antiespañoles es que juegan contra el tiempo tratando de imponer el espacio, sin darse cuenta de que la sociedad en la que vivimos es líquida en el sentido que le concede a este término Zygmunt Bauman. La globalización actúa contra los localismos porque resultan costosos, el peaje nacionalista es un impuesto añadido que no todos los ciudadanos estaría dispuestos a pagar si pudieran elegir, pero los políticos se ocupan de que esto no resulte posible.

Los nacionalistas son tan modernos que utilizan las mismas estrategias que el antigua colonialismo, para "evangelizar" culturalmente a los "salvajes" que habitan el territorio que gobiernan, olvidándose de la salvajada que esto supone. Se guían por criterios etnocentristas, xenófobos, y opresivos para implantar de forma dogmática su perspectiva etnicista, lo que supone una insoportable demostración de tiranía palurda.

Los nacionalismos catalán, gallego y vasco hilvanan elementos aislados e inconexos para configurar un armazón singular al que denominan hecho diferencial. Sin hecho diferencial no sería posible reivindicar nuevas naciones inventadas. Evidentemente, las diferencias entre un gallego y un portugués son considerables, aunque compartan una lengua prácticamente común, pero la prosodia les distingue y la cadencia también, no comparten la misma cultura porque los gallegos son españoles y no lusos. Igualmente ocurre con un catalán o un vasco del sur y del norte, porque los del norte son más franceses que vascos o catalanes, de hecho los movimientos segregacionistas en Francia son prácticamente inexistentes, y no habrá un ciudadano de Perpignan o Biarritz al que se le ocurra erradicar el francés para implantar su lengua local, evidentemente, el gobierno francés tampoco lo consentiría.

Sin embargo, los nacionalismos pretenden fundamentar en la modernidad lo que es puro feudalismo, concediendo prioridad a los derechos territoriales sobre los derechos de los ciudadanos y su libertad, atentan a la razón constitucional y al estado de derecho de los ciudadanos españoles construyendo sociedades de artificio, desplazando la tradición histórica de sus comunidades para implantar costumbres sobrealzadas con dinero público, hablan de lengua vehicular cuando deberían de hablar del tráfico con la lengua.

Exigen libertad para sus decisiones, al tiempo que conculcan la libertad individual de los ciudadanos para desarrollarse como bien les parezca, en el idioma que deseen y en la cultura que valoren; y encima quieren que se reconozca su invención cultural como una condición prácticamente genética e ineludible.

La primacía de lo local sobre el mestizaje en un mundo global como el que vivimos es un atraso; recuerdan en sus pretensiones el aislacionismo de los países del telón de acero, y se han propuesto imponer un arancel educativo con su lengua doméstica contra la lengua nativa e histórica de sus territorios que es el castellano, para asegurarse la supervivencia política y las prebendas que les concede el poder, a las que tendrían que renunciar en el caso de que la Constitución Española de 1978 se cumpliese. Secuestran a los ciudadanos en un mundo irreal e irracional, imponiendo por puro dogmatismo políticos una cultura inventada sobre la cultura autóctona real.

Definitivamente, los nacionalismos antiepañoles conducen a un nuevo absolutismo, a un despotismo ancilar que pretende someter a la cultura española y los españoles, que no se puede seguir consintiendo desde el Gobierno del Estado, porque entre otras cosas vulnera nuestro Estado de Derecho y nuestra Constitución.

Cada día está más próximo el momento en que los españoles despertaremos de la hipnosis a que nos han sometido los partidos políticos de este país, que en su afán de perpetuación están traficando con nuestros derechos constitucionales, malvendiendo nuestra dignidad como pueblo en las rebajas autonómicas, para seguir gobernando contra lo establecido en su día por los españoles, en un acto de traición, que por cierto no prescribe.

El grave problema en que nos encontramos los españoles en estos momentos es que si exigimos que se cumpla la Constitución española, como corresponde a nuestro derecho, los políticos que nos representan deberán ser juzgados por traición, porque en caso de no hacerlo, nuestra Constitución será exclusivamente papel mojado. Nos han llevado a ese lugar de la historia en que o defendemos lo que es nuestro o perderemos para siempre la condición de ciudadanos para convertirnos en siervos de los políticos actuales y los que vengan en el futuro.

Al contrario de lo que pueda parecer nuestro mayor problema no es la agresión de los nacionalismos contra lo español, sino la indefensión a la que nos han conducido los partidos nacionales, PSOE y PP, que deberían haberlo evitado. Los policías se alían con los ladrones para delinquir, hurtándonos paulatinamente los derechos constitucionales con parsimonia estudiada y sin recato alguno.

Sin respeto a la Constitución el ejercicio de la justicia resulta imposible, sin justicia sólo la ley de la fuerza prevalecerá como en la época feudal. Los nacionalismos están condenando a todos los españoles a regresar al pasado, porque saben que no pueden existir en el futuro, y por eso pretenden congelar el paso del tiempo -algo que realmente resulta imposible -, para lograr su propósito antes de que la globalización los acabe devorando, y en vez de darse cuenta de que la mayor garantía de su supervivencia es incrustarse en lo español, porque fuera de lo español no tienen sentido, pretenden tener entidad propia y singular, contra lo español que es precisamente el único espacio cultural en el que pueden resistir el huracán homogeneizador que nos espera. Lo español sobrevivirá con seguridad, mientras que lo vasco, gallego y catalán acabará extinguiéndose porque el mundo no acepta lo que es útil para los políticos, sino lo que es necesario para los ciudadanos.

El problema más grave de los nacionalismos es que no resultan rentables desde la perspectiva del consumidor, mientras que lo español tiene un mercado de 450 millones de habitantes en continuo crecimiento. En el caso de los nacionalismos catalán, vasco o gallego, el precio de la diferencia es mucho más elevado que su auténtico valor. Esta es la auténtica tiranía del tribalismo, no reconocer que se les ha pasado el arroz, y condenarnos a todos los que no somos nacionalistas a no progresar para que intenten, sin ninguna posibilidad de lograrlo, que sus naciones inventadas acaben siendo reales.

Biante de Priena

jueves, 17 de julio de 2008

Constitución Española 1978 (0): "Preámbulo"

A lo largo del próximo mes de diciembre, se cumplirán 30 años de existencia de la Constitución que nos otorgamos los españoles; con motivo de esta conmemoración, comenzamos con esta entrada una nueva sección titulada: Constitución Española 1978.

Cada día se publicará un artículo o varios, que se ofrecerán al comentario de nuestros lectores. Un pueblo que desconoce sus derechos siempre estará condenado a la tiranía de la ignorancia o del tirano de turno. Esperamos que los ciudadanos participen en esta lectura comentada de nuestra Carta Magna

Hoy hablaremos del preámbulo de nuestra Constitución vigente. Publicada en el Boletín Oficial del Estado el 29 de diciembre de 1978, aprobada por las Cortes el 31 de octubre de 1978. Sancionada por el Rey Don Juan Carlos I el 27 de diciembre de 1978 y ratificada por el pueblo español el 6 de diciembre de 1978.

------------Constitución española de 1978.

PREAMBULO



Don Juan Carlos I, Rey de España.

A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yo vengo en sancionar la siguiente Ley:

La Nación Española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:

Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las Leyes conforme a un orden económico y social justo.

Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la Ley como expresión de la voluntad popular.

Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

Establecer una sociedad democrática avanzada, y

Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.

En consecuencia, las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la siguiente Constitución

Un Gobierno de papel cuché

Cuando el poder y la razón se desentienden es síntoma patognomónico de que las cosas irán a peor con seguridad. En España tenemos un Gobierno en extinción que se aferra a una realidad inventada, pero muy bien vendida los ciudadanos, con la ayuda de todo el aparato de propaganda que financia el Estado.

El problema fundamental del Gobierno que preside Rodríguez Zapatero es que los del PSOE han dejado el país en bancarrota, porque se han gastado buena parte del dinero en resolver sus complejos ancestrales, sus manías sempiternas, que pagamos todos los españoles, mientras dejamos sin atender nuestras necesidades públicas.

Los derivados del petróleo están al precio que están porque al Gobierno le interesa mantener los precios elevados para recoger impuestos. Los alimentos han subido por lo mismo. La inflación es beneficiosa para las arcas del Estado, aunque perjudique a los ciudadanos.

Desde hace tiempo se ha comprobado que el Gobierno miente, que no tiene sensibilidad con los problemas de la gente, que lo único que se hace es prometer soluciones que nunca llegarán, ni siquiera Rodríguez Zapatero se atreve a mencionar la palabra que define nuestra realidad: crisis, como va a poder resolver algo que ni se atreve a decir en público.

Estamos al borde del caos económico que precederá al caos político. Ahora, lo único que queda por saber es cual es el nivel de resistencia del pueblo español ante las dificultades organizadas por una política que distorsiona la realidad, y que no responde a las necesidades de los ciudadanos, al contrario, les carga cada día más con el peso de la crisis que proviene de los errores políticos cometidos desde la irresponsabilidad.

Alicia ha pasado al otro lado del espejo, y lo que hace unos meses era poco menos que el país de las maravillas se ha convertido en el planeta de los simios, con estatua de la libertad semienterrada, y algún especimen póngido repartiendo mentiras por doquier.

Es inconcebible como en plena crisis mundial, el Gobierno español sigue adelante como si no ocurriera nada, olvidándose de que la realidad nos va a cobrar la factura que no podremos pagar, en forma de hipoteca o de aceite de oliva.

Creo que se va haciendo cada día más necesaria una Auditoría General al Estado y de todas las autonomías, para saber donde se han ido los millones de euros que han fluido en manos de los políticos, por eso resulta ridículo publicar las balanzas fiscales, cuando en realidad lo que tendría que publicarse es en que se han gastado los dineros públicos los que tienen potestad para hacerlo. Se han dilapidado millones de euros en hacer una campaña política permanente favorable al PSOE, para que la gente no se de cuenta de que los que han organizado el desastre económico, político, y cultural español son precisamente los discípulos del progresismo.

Se han gastado nuestro bienestar del presente y del futuro, y el de nuestros hijos, ¿y vamos a permitir que lo sigan haciendo?. Al no ocuparse de nuestros auténticos problemas, los progresistas han llevado nuestro país al caos y el retraso histórico. La recesión económica no es más que el retroceso histórico de un país. Han destrozado toda la estructura política, social y económica de España, para construir un mundo a su medida, en un gesto de violencia gubernamental jamás acontecido en democracia.

Quien siembra vientos de tiranía, recogerá con certeza tempestades revolucionarias.


Erasmo de Salinas

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