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miércoles, 18 de julio de 2012

Proponen a Zapatero para el próximo Premio Nobel de Economía


Los españoles sabíamos que estábamos mal, ni la Alianza de Civilizaciones podía salvarnos de estrellarnos contra la realidad. Ahora me viene a la memoria la de gilipolleces que tuvimos que soportarle al idiota del contador de nubes y su corte de los milagros, aquellos que cultivaban brotes verdes para fumárselos y estaban dispuestos a llevarnos por el camino del progreso, defendiendo la alegría.

Pero lo que todavía me sigue sorprendiendo es la inmensa paciencia de los españoles con la cruzada por la farsa que unos trileros se han vivido a nuestra costa y todavía siguen por la calle de procesiones, acusando a Rajoy de querer pagar la deuda que ellos nos dejaron por convertir auténticas acémilas en pura sangres con el dinero público que no es de nadie. Que inmensa deslealtad con su electorado, prometer pleno empleo, negar la crisis, ofrecer motivos para creer mientras organizaban un desfalco permanente del Estado, cargándose para siempre nuestro bienestar, con el único motivo de incrementar sus inmerecidos privilegios personales y de secta.

Hubo un tiempo, no lejano, que en este país ser idiota y ejercer como tal era lo más de lo más, se fomentaba la estupidez, la degradación del sentido común, las más augustas gilipolleces. Cuando un prócer del Gobierno de Zapatero o Zapatero mismo, invertía unos cuantos millones de euros en crear un Estado de diseño superguay que molaba cantidad y el plus pal salón, en El País se derretían, en Público llegaban al orgasmo, las televisiones públicas no cabían en sí de alborozo y en la Ser tocaban el cielo. ¿Y ahora qué?

Pues ahora nada, 500 millones de intereses diarios de la deuda pública, y un 30 % del PIB (que Leire quiso convertir en piba, porque andaba albi-celeste), pero a todos ellos que les registren, porque todavía se sienten molestos de que los españoles no les hagamos la ola como a la selección española de fútbol agradeciendo el progreso que han traído a esta tierra del viento y sus gentes. Es que todavía se enfadan, porque la culpa es de la derecha, otra vez. Si no fuera por Rajoy, ahora viviríamos en el mejor mundo de los posibles, con cientos de miles de liberados sindicales, y los del carnet colocados entre los 600.000 empleos públicos que creó el de las cejas, mientras enviaba 3,5 millones de españoles al paro. Que mayor felicidad puede brindar a sus adeptos una organización sectaria como el PSOE que la de esquilmar a los españoles para colocar a los suyos en los cargos más rimbombantes de la sociedad. No me extraña que con tantos miserables dando órdenes no tengamos a España en el quinto lugar del mundo del índice de miseria, que no es tontería.

Ahora salen a la calle, el PSOE dispuesto a ponerse a la cabeza de la manifestación cuando tendrían que ser perseguidos por cualquier manifestación, pero como las organizan ellos, al alimón con los sindicatos, todavía les permiten portar las pancartas y las banderitas. Yo creo que están jugando al despiste, porque la mejor forma de eludir sus flagrantes responsabilidades en el estropicio que han organizado es poner el miura de las masas mirando a La Moncloa, mientras Rajoy nos hace un corte de pelo al cero con las tijeras de la realidad, para que no puedan volver a tomárnoslo, lo que, a pesar de todo, es de agradecer.

No soporto a la izquierda babosa que tenemos en España, que buscan culpables para hacerse las víctimas y rentabilizar su incapacidad a cotas de descubridores del átomo. Me parece que los españoles no vamos a salir nunca de la crisis, sino somos capaces de llevar a unos cuantos ministros de Zapatero en procesión a la cárcel, con el mahdi circunflejo a la cabeza. Pero mientras los medios de comunicación que han vivido a su sombra les sigan dando parabienes y entonando diatribas contra los demonios de la derecha, en este país todavía hay tarugos suficientes para que vuelvan a ganar las elecciones y lleven el paro hasta los diez millones.

¿Pero no hay nadie en la izquierda de este país que no esté grillado y que reconozca que todo lo que se hizo con el régimen sectario de Zapatero fue retroceder veinte años en libertades, derechos y bienestar? ¿No hay nadie que desde la izquierda se atreva a enfrentarse a estos fantoches que se han aprovechado de la gente para vivir como dioses mientras a los demás nos convertían en feligreses que pagaran sus locuras?

¿No hay nadie qué tenga lo que hay que tener para llamar imbéciles a estos miserables a la cara cada vez que haya oportunidad, viendo como tienen el cuajo de habernos arruinado, sin haber pedido siquiera disculpas eternas? Verán ustedes, no se engañen, la crisis en España se resolverá cuando se disuelvan el PSOE, los sindicatos, también el PP y el resto de los partidos políticos, que tienen que establecer un blindaje del Parlamento para seguir protegiendo los intereses de sus partidos con los votos que los españoles les concedieron, tras engañarlos.

Para colmo de los colmos, nombran a un sectario del PSOE Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, no vaya a ser que a alguien se le ocurra la locura de llevarlos a los tribunales por todo lo que han deshecho impunemente y haya que buscar alguna fórmula para evitar que visiten la cárcel, que es su destino obligatorio en justicia.

Lo único que nos faltaba es que la asociación de progresistas de Kazajstan, la coordinadora transexual de las islas Célebes, y el coro feminista de Arkansas, propusieran a José Luis Rodríguez Zapatero para el próximo Premio Nobel de Economía.... y que los suecos se lo concedieran, por aquello del talante.

Enrique Suárez

5 comentarios:

Lobo Solitario dijo...

Tu lo has dicho: Fomentar la estupidez desde el propio gobierno.
Y es que ya lo dice el refrán: "Quien a buen árbol se arrima..." Pues lo mismo pero a la inversa.

fractalio dijo...

Pues no, Enrique, no hay nadie en la “izquierda de derechas” de este país que reconozca nada, porque si fueran capaces de eso, no hubieran permanecido acurrucados treinta años bajo las faldas de sus niñeras sólo por el miedo a ser excluidos del círculo de la “modernidad”, el “progresismo” y la “cultura” si no repiten a diario las consignas emitidas desde sus medios de cabecera. A nada observador que seas, te das perfecta cuenta de cómo todas las opiniones vertidas por los votantes sociatas son idénticas, y las sueltan al unísono cuando hay más de uno. O sea, te repiten con idénticas palabras lo que ha dicho o escrito ese día el Gabilondo o el José Mª Izquierdo de turno, por hablar de dos de los más increíblemente forofos irredentos que he conocido. ¿Cómo es posible que NUNCA hayan dicho algo en contra del iluminado de las cejas contador de nubes y de sus secuaces? ¿Es posible ser tan ciego y tan sordo? No me lo creo. Es sencillamente el pánico que tienen a que alguien les tache de fachas, cuando llevan esa característica en las venas. El que algo teme, algo debe.

Geppetto dijo...

La verdad es que estos tiempos y estos personajes dan verguenza ajena.
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com.es

Sin duerno viviremos mejor dijo...

La verdad fractalio, que si miramos al otro lado del río tampoco se ve nada para recordar, estamos sometidos a la dictadura más delustrada de la historia de España y la más cara, por cierto.

fractalio dijo...

Cierto, Enrique, pero la otra orilla es la de siempre, la de toda la vida, aquella de la que nos hubiéramos tenido que despojar hace ya treinta y tantos años, aquella de la que unos salvapatrias con chaqueta de pana nos juraron que nos iban a librar, y resulta que se acomodaron allí, allí siguen y allí seguirán, pero claro, con trajes de Armani, porque se vive de puta madre a costa del resto, como hacían hace cuarenta años los que ya estaban allí. Eso es imperdonable, sencillamente. Chorizos los ha habido, los hay y los habrá siempre en todas partes, pero lo que no se puede consentir es que los chorizos den clases de ética, de cultura, de progreso, de derechos humanos y de no sé cuántas cosas más, como pretender hacer estos sinvergüenzas de sociatas disfrazados de lagarterana, subidos al carro del éxito, de la modernidad, de la competitividad, de la innovación, de los objetivos crecientes, de los beneficios más crecientes todavía, del buen comer, del mejor beber, del glamour y de toda estupidez que mejore la apariencia importando un bledo el contenido. Para eso ya tenemos a los de la otra orilla, no hace ni puñetera falta que se pase allí ni uno más, y mucho menos que se pasen en manada.

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