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domingo, 5 de febrero de 2012

Razón y Comunicación en tiempos de crisis (reflexiones muy personales)

James Ensor (1860-1949)


"El hombre es un ser social cuya inteligencia necesita para excitarse el rumor de la colmena" Santiago Ramón y Cajal

De la razón hemos pasado a la sinrazón de... todas las razones son posibles, es decir, la comunicación. La comunicación nada tiene que ver con la razón, más bien es su contrario; cuanta más comunicación existe también existe más ruido y más confusión, mas distracción y dilación en la toma de decisiones, más atoramiento, más anegación, más molicie, más vacío, y más deshumanización.

No toda la información que se comunica en nuestros tiempos es correcta, es decir, cierta, sujeta a realidad; más bien ocurre lo contrario, la mayor parte de las cosas que se comunican son falsas, quien transmite errores por ignorancia, hace tanto daño como quien los trasmite por insidia.

Sin embargo asistimos a una cruel paradoja, si seleccionamos la información que se comunica y despreciamos otra que se queda sin comunicar, ¿no atentamos entonces contra la libertad de expresión?. ¿Por qué criterio vamos a seleccionar la información que se transmite, por su verdad, por su idoneidad, por su valor adaptativo, por su validez racional, por su necesidad social...?. Al fin y al cabo, criterios fundamentados en alguna creencia particular o mayoritaria. ¿Acaso no es verdad para unos lo que no lo es para otros?.

¿No viven en verdades diferentes el banquero que hace un préstamo hipotecario y el desahuciado que no ha podido pagarlo? ¿No viven en realidades distintas el parado de larga duración y el broker financiero? ¿No hay diferencia entre la realidad que perciben los ciudadanos y la que deben resolver los políticos?.

Contra la razón

La razón está en decadencia, por que la libertad de pensar o conocer, el “cógito ergo sum” cartesiano, se ha sustituido por el “me comunico, luego existo” de nuestros tiempos. La comunicación ha desplazado a la razón como valor prioritario, haciéndonos caer en la trampa materialista del capitalismo y el leninismo. ¿Pensar para qué?. ¿Acaso se necesita pensar para existir?. No, no es necesario, el mercado solo necesita que nos consumamos consumiendo, el Estado solo necesita que nos consumamos pagando impuestos. Es decir, si solo podemos ser consumidores, y en algunos casos productores, en otros ni eso, ¿para qué necesitamos pensar?, menuda pérdida de tiempo: carpe diem. Al fin y al cabo, Estados y Mercados han logrado el ganado humano que necesitan para sus propósitos, dócil ante los miedos que nos inoculan en vena, adoctrinado en el “desmoralismo”, cautivo y rendido ante las estrategias de los poderosos.

Pero al mismo tiempo, con el exterminio de la razón, desaparece la crítica, y por tanto el individualismo, origen de la libertad y cualquier opción de rebeldía ante lo existente se difumina hasta su desaparición. El “no pensar” está de moda, quien menos piensa, menos se preocupa y menos sufre, pero también deja de saber ocuparse de sus propios problemas, y espera que los demás se los acaben resolviendo. Así vamos viendo cada día más gente condenada a la supervivencia en mínimos para toda su existencia, jóvenes perdidos sin horizonte alguno, viejos abandonados, parejas disueltas, padres que aborrecen a sus hijos e hijos que aborrecen a sus padres.

Disolución del ser humano y disolución de sus relaciones, por lo tanto de la identidad y el significado voluntario que cada uno a sí mismo se concede, de esta forma somos convertidos en masa, unidades de la misma masa, cosificados, deshumanizados, gotas de agua en el río de la vida sin posibilidad de abandonar la corriente que nos arrastra hacia el profundo océano de nuestra desaparición. Nos vamos deshaciendo, disolviendo, desvinculando de todo y de todos, y al mismo tiempo, nos falta razón para ser, sólo podemos estar, existir, sin ninguna opción de cambio o liberación.

Estoy convencido de que todo esta marasmo alienante desaparecerá el día que alguien sea capaz de plantear la salida del laberinto, que no es otra que la razón, razón sí, la aritmética de la vida humana es la razón, sin ella es imposible cualquier operación, más allá de la supervivencia. Y comunicación, por supuesto, pero discerniendo lo valioso de lo espurio, lo necesario del divertimento, lo fundamental de lo accesorio, lo importante de lo que no lo es. No debemos reducir la comunicación, algo que iría contra la libertad de expresión, sino seleccionarla exhaustivamente, para poder percibir la realidad tal como es y no convertida en lo que quieren presentarnos. Hay que eliminar el ruido de la comunicación, para sintonizar lo que realmente necesitamos de la comunicación, lo que nos interesa, lo que nos resulta útil y práctico, lo que nos permite avanzar. Como cuando se gira el dial de un transistor para escuchar con nitidez el programa que nos gusta, cada uno que elija en libertad el que quiera, pero que no se quede escuchando ninguno, o el ruido que producen todos. La comunicación al servicio de la razón, no la razón al servicio de la comunicación. Antes de decir hay que pensar, tras escuchar también, no vale con decir y escuchar sin pensar, sin reflexionar, sin comprender.

Comunicarse es transmitir información, no ruido. La información válida para nuestras vidas puede ser racional, emocional o incluso metafísica, pero debe ser alguna, porque no somos capaces de procesar la realidad de forma holista, sino secuencial. No estamos preparados para sentir al mismo tiempo que pensamos, ni para pensar al mismo tiempo que sentimos, o sentimos o pensamos, pero ambas cosas no pueden mezclarse, ni deben mezclarse. Nadie puede sentir la belleza de un amanecer en toda su profundidad cuando debe resolver un problema matemático con urgencia, pero podemos hacer ambas cosas, aunque no al mismo tiempo.

Sí hay salida

Necesitamos romper las cadenas con que tratan de cautivarnos, reduciendo el ser humano a un objeto, una cosa, un cliente o un ciudadano, un usuario o un contribuyente, un votante o un creyente, hay que zaherirse de la opresión que tratan de imponernos, agotando con el ruido de la comunicación inútil, el tiempo que necesitamos para conocernos y conocer a los demás y al mismo tiempo, el mundo en el que vivimos; para sentir, para emocionarnos o dedicarnos a lo que nos produzca bienestar y felicidad. No podemos olvidarnos de que nadie regala nada, el recreo que nos están concediendo desde el poder nos condena a la esclavitud de mañana. No nos están regalando la comunicación, nos están secuestrando la capacidad de razonar.

Hay que regresar a Aristóteles, cuando dijo que el ser humano era un zoón logikon, un ser que piensa, un animal racional y además, como consecuencia, un zoón politikón, un ser que se relaciona, un animal social. Debemos abandonar el engaño al que nos están sometiendo desde todos los enclaves del poder político, económico, cultural o tecnológico. No existe el ser humano siendo exclusivamente animal social, para que el ser humano se convierta en un animal social, es imprescindible previamente ser un animal racional. Hay animales sociales que no son racionales, las abejas, las hormigas, los monos, o las sardinas, pero no por ello son humanos, no tienen desarrollada una razón individual, porque "su razón" responde exclusivamente a algo parecido a un instinto colectivo. El ser humano no puede renunciar a su razón, ni por su comunicación, ni por su asociación con otros seres humanos, porque si renuncia a su razón, deja de ser humano, libre y pierde su capacidad para cambiar él mismo y su mundo, condenándose a su propia autodestrucción. Sin razón sólo somos animales, sociales o asociales, no nos podemos hacernos seres humanos en los otros, sino en nosotros mismos.

La única forma de salir de esta crisis es la recuperación de la racionalidad en el ser humano, si es posible individual y reflexiva, compartida después con otros que hayan hecho el mismo recorrido. La única revolución posible es la de cada uno en la conquista de su libertad. No hay soluciones colectivas, toda solución colectiva está urdida desde el poder y establecida contra la libertad del ser humano.

Enrique Suárez

10 comentarios:

Geppetto dijo...

"La única forma de salir de esta crisis es la recuperación de la racionalidad en el ser humano, si es posible individual y reflexiva, compartida después con otros que hayan hecho el mismo recorrido. "

Si esperas esto de la sociedad española actual busca una silla
De pie te vas a cansar de esperar.
http://lapoliticadegeppetto.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Comunicación: Todo el día pegado al móvil para decir chorradas

Razón: Tripear, follar, beber, buscar jolgorio. Ergo,hacer el fantasma, presumir de buga, o como decía mi abuela "peer en botija pa que retumbe"

Estas las preocupaciones y características báscicas de los españolitos actuales.

Sí, ya sabemos que tenemos LIBRE ALBEDRIO, la cuestión es aplicarlo correctamente o dejarse arrastrar por la riada que es más cómodo, sinpensar ni implicarse. La cabeza sólo para la gomina y las gafas negras.

Es muy triste, pero es así. Ninguna noción del BIEN y el MAL, sólo relativismo y egoismo absurdo. España está perdida porque está llenita de Españoles, esa es la verdad. Nadie con un mínimo de vergüenza soportaría lo que se soporta y se conformaría con la NO INVESTIGACION del 11M. Este último nos retrata, un país de cobardes, corruptos y de gentuza. Con esos mimbres no se puede hacer gran cosa, más bien NADA.

fractalio dijo...

Estoy de acuerdo con casi todo, con algunos matices muy personales.

Cierto lo de la comunicación. De ahí que me retirase de ser audiencia de los mass media hace 20 años. No me interesa la opinión de profesionales de la opinión. Me interesa la opinión del ciudadano sin más, del amateur, del que razona sin interés material para él.

Los hechos no son falsos, suceden, están ahí, y son invariables e irrevocables. En el momento que se opina sobre ellos profesionalmente, se están tergiversando, siempre a favor de algo, o sea, de alguien.

No sé qué es peor, si el exceso de oferta informativa o la ausencia de ésta. Me temo que lo primero. En la era de la comunicación resulta que se da la mayor incomunicación.

El banquero y el desahuciado, lo mismo que el parado y el broker, viven en la misma verdad, la única que existe. Una verdad en la que todo es a costa de algo, o de alguien. Los políticos no deben resolver la realidad, la deben gestionar y administrar. Es el ciudadano el que tiene que resolver, no la realidad, sino las trampas que en ella hacen los tramposos. Como los políticos, por ejemplo, que no representan al ciudadano, sino al enemigo de éste.

Pensar está poco menos que prohibido, de hecho. No sea que se piense en desenmascarar a los que lo están prohibiendo. No lo han prohibido por ley porque no les ha sido necesario, todavía, lo han hecho a través de sus panfletarios mass media y el virus del consumismo absurdo, salvaje, cruel y cegador. Y lo han hecho muy bien, porque aunque se piense, no sirve para nada, salvo para la satisfacción personal.

No hay forma de salir de esta crisis. La única opción es salir del sistema, porque ha colapsado. Y eso sí, sólo la racionalidad nos hará capaces de diseñar otro viable y sostenible. Y ese otro sistema ha de ser colectivo, como no puede ser de otra manera si no queremos que esté también abocado al fracaso, como el actual. Y para ello es imprescindible educar en la verdad, que no es de ningún color si no se mira a través de ningún cristal.

Sin duerno viviremos mejor dijo...

fractalio, ¿quién es el YO de las soluciones colectivas sino el poder en todas su formas?. La solución colectiva ha de provenir del agregado de todas las soluciones individuales -SIN MANIPULACIONES- eso es la representación de la democracia

fractalio dijo...

Enrique, tú lo has dicho: el YO de las soluciones colectivas es el poder. Y el poder es (mejor dicho, debería de ser, y mientras no sea, no hay solución que valga) el agregado de las soluciones individuales, SIN MANIPULACIONES, o sea, SIN TRAMPAS. Exactamente, la DEMOCRACIA, no la broma pesada que padecemos.
Más que el agregado de las soluciones individuales, es la solución promedio, que será útil para todos y cada uno de los individuos. Si el individuo no es tramposo, llegará a la conclusión de que lo que es bueno para el que está al lado, es bueno para él, porque si el que está al lado tiene problemas, le van a salpicar tarde o temprano, quiera o no quiera. Y el que está al lado, pensará lo mismo respecto a ti.
Eso lo tienen claro las abejas y las hormigas, saben perfectamente que el individuo es la colmena o el hormiguero. Que una abeja o una hormiga independiente de las demás es un ser muerto.

Sin duerno viviremos mejor dijo...

fractalio, vamos aproximando posiciones. Si te parece bien la solución de los hormigueros y las abejas, llegarás a la conclusión conmigo de que eso detiene la evolución: los hormigueros de Egipto de hace cinco mil años son iguales que los de ahora. Sigo diciendo que el factor individual, es decir, la libertad, deber prevalecer en toda circunstancia; la opresión, limitación de la libertad, es un obstáculo para hacer algo de forma compartida, debemos recurrir al libre albedrío para que la gente sepa renunciar a su libertad por sí misma, cuando eso beneficie a todos, no que todos le quiten su libertad por la fuerza, porque entonces estamos hablando del totalitarismo, peor aún que las dictaduras mecánicas de la partitocracia

Anónimo dijo...

Yo creo, y no me tiréis piedras please (soy el anónimo de más arriba que pone a parir a los españolitos) que esta crisis tan tremenda nos va a venir de perilla para recuperar la RACIONALIDAD. No hay nada como pasarlas negras negrísimas para volverse sensato y erigirse en contemplador ilusionado de la realidad. Esa realidad de la que la sociedad española lleva ausente desde hace mucho, demasiado. Seguramente esta época de austeridad y ayuno forzados nos ayudará a bajar de las nubes y a cultivar el criterio propio y el espíritu crítico. Sí, sí, criticar a todo hijo de vecino que lo merezca, ya sean los supuestamente "nuestros" o los de enfrente. En realidad todos deben estar en el punto de mira. Son NUESTROS EMPLEADOS Y NO NUESTROS AMOS, a ver si esto nos entra de una buena vez en la mollera y dejamos de lado el oficio de hooligan y palanganero que tan caro nos está costando. Tenemos una oportunidad de oro para hacer un master en ciudadanía, civismo, responsabilidad y conocimiento político. Ahora o nunca; o ponemos a la casta en pleno contra las cuerdas o estamos más perdidos que carracuca. Habrá que decir como el Mariscal Pétain en Verdun dirigiéndose a sus tropas "Nous avons la volonté de vaincre etbnous vaincrons" ¡¡¡Fuera la canalla!!! Y queremos saber la verdad del 11M, sin ella no habrá futuro ni esperanza en este desdichado país en el que una masacre, la mayor de Europa se utiliza para dar un vuelco electoral sangriento sin que nadie rechiste. Ni PSOE ni PP, todos metiendo la cabeza debajo del ala.

Anónimo dijo...

Yo creo, y no me tiréis piedras please (soy el anónimo de más arriba que pone a parir a los españolitos) que esta crisis tan tremenda nos va a venir de perilla para recuperar la RACIONALIDAD. No hay nada como pasarlas negras negrísimas para volverse sensato y erigirse en contemplador ilusionado de la realidad. Esa realidad de la que la sociedad española lleva ausente desde hace mucho, demasiado. Seguramente esta época de austeridad y ayuno forzados nos ayudará a bajar de las nubes y a cultivar el criterio propio y el espíritu crítico. Sí, sí, criticar a todo hijo de vecino que lo merezca, ya sean los supuestamente "nuestros" o los de enfrente. En realidad todos deben estar en el punto de mira. Son NUESTROS EMPLEADOS Y NO NUESTROS AMOS, a ver si esto nos entra de una buena vez en la mollera y dejamos de lado el oficio de hooligan y palanganero que tan caro nos está costando. Tenemos una oportunidad de oro para hacer un master en ciudadanía, civismo, responsabilidad y conocimiento político. Ahora o nunca; o ponemos a la casta en pleno contra las cuerdas o estamos más perdidos que carracuca. Habrá que decir como el Mariscal Pétain en Verdun dirigiéndose a sus tropas "Nous avons la volonté de vaincre etbnous vaincrons" ¡¡¡Fuera la canalla!!! Y queremos saber la verdad del 11M, sin ella no habrá futuro ni esperanza en este desdichado país en el que una masacre, la mayor de Europa se utiliza para dar un vuelco electoral sangriento sin que nadie rechiste. Ni PSOE ni PP, todos metiendo la cabeza debajo del ala.

fractalio dijo...

Los hormigueros de Egipto de hace cinco mil años son iguales que los de ahora. Y seguirán siendo iguales que los de dentro de cinco mil años. Cierto. Y la especie humana, de seguir evolucionando como lo está haciendo en los últimos cien años, sencillamente desaparecerá en otros cien, como mucho. Así que lo que nos deberíamos plantear es a qué llamamos evolución, y saber cuál es la evolución que nos conviene. Si el factor individual es el que nos diferencia de las hormigas y las abejas, una de dos, o demostramos que es útil y conveniente, utilizándolo racionalmente en el buen sentido de la palabra y para el bien común, o será este sentido el que se encargue de demostrarnos que somos bastante menos inteligentes que los insectos, que al menos consiguen la supervivencia de la especie, y además sin tener que votar, ni ir al colegio, ni al médico ni a El Corte Inglés.

fractalio dijo...

Mi generación ha tenido una oportunidad magnífica de haber utilizado y desarrollado para bien el factor individual. Hasta ahora la ha desperdiciado de la forma más cruel que se puede hacer, o sea, utilizándolo para el mal, y lo que es peor, haciéndoles pagar a los que vienen detrás las consecuencias que no han provocado. Dudo que estemos a tiempo, porque no hay ni visos de la menor intencionalidad, pero ojalá que sí, y lo deberíamos hacer como dice Anónimo, denunciando a diestro y siniestro, y con la clarísima resolución de no consentir ni la más mínima trampa a NADIE, bajo ningún concepto. Y eso sólo es posible con una TRANSPARENCIA TOTAL en todos los aspectos. Menos protección de datos, que sólo beneficia al tramposo, y más tener la tranquilidad de que si me inspeccionan hasta el aliento no van a encontrar nada. Y acabando con el beneficio económico empresarial de los cuatro pilares de la sociedad: educación, sanidad, justicia, y vivienda.

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