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jueves, 1 de noviembre de 2007

El final del juicio abre el proceso histórico


La sentencia del 11-M ha logrado dejar insatisfechos a todos, y fundamentalmente a los que pretendían que eran sus rivales los que estaban equivocados. Quizás por eso sea un gran artefacto jurídico que permite seguir adelante.

No sé si el juez Gómez Bermúdez ha sido capaz de conservar algún resquicio para la ironía, tras todo lo que ha podido contemplar en este proceso kafkiano, al dirimir sobre el mayor atentado terrorista de la historia de Europa.

Pero hay algunas cosas que no se pueden comprender fácilmente, quizás la fundamental sea cómo desde la limitación extraña de la instrucción (en determinadas cuestiones fundamentales), se ha podido establecer, que a la vista de lo conocido, no se puede certificar la autoría intelectual de nadie, pero sin embargo no existe ninguna posibilidad de que ETA haya participado en el asunto. No es lógico negar autores intelectuales, y discriminar que estos no han sido con certeza.

Estoy seguro de que la sentencia se ha estructurado correctamente, creo que el juez Gómez Bermúdez lo ha hecho bien, precisamente porque nadie se ha quedado plenamente satisfecho con su juicio. Varapalo a los fiscales, a los que protestan por la chapuza, y al gobierno que no ha estado a la altura. Respeto a las víctimas, compensación, y justicia limitada a lo que se podía juzgar.

Evidentemente el final del juicio no será el juicio final sobre el 11 – M, ahora vendrán los recursos, las críticas, los comentarios políticos. Pero el juez ha cumplido con la parte que le correspondía, que no era precisamente juzgar lo que ocurre en España, sino lo ocurrido, o mejor dicho, lo que se sabe de lo ocurrido en relación al atentado de Madrid.

Esta sentencia no cierra el proceso, porque no puede hacerlo, todo lo que había encima de la mesa no permitía determinar las fuentes de la responsabilidad, así que desde una actitud pragmática el magistrado se ha ocupado de juzgar los hechos probados, sin arriesgarse en las probabilidades o en las posibilidades.

El ha cumplido con su trabajo, y en la sentencia se ve precisamente la confusión en la se ha desarrollado todo el proceso de investigación, las extrañas circunstancias que acompañan a algunas pruebas, y la negación de determinadas teorías (con las pruebas aportadas por la instrucción, el marco limitado del proceso).

Pero quizás, donde se muestre mejor la talla humana del señor Gómez Bermudez y su imparcialidad, es en las absoluciones que ha emitido, contra todas las presiones existentes.

La absolución de diversos personajes de la escena como El Egipcio o Toro, porque no se han reunido pruebas que permitan condenarles, nos lleva a pensar de dos formas, o las pruebas que les inculpaban no eran suficientes para sancionarles, o los hechos que cometieron no merecen sanción.

De cualquiera de las dos formas alcanzamos la conclusión última: ha habido gente implicada en este proceso que son inocentes tras el análisis pormenorizado del asunto y eso ya demuestra una cosa, que algo se ha hecho mal, y precisamente el juicio de Gómez Bermúdez así lo ha demostrado.

Pero, ¿qué se ha hecho mal?, ¿quién lo ha hecho mal?, y ¿por qué se ha hecho mal? Ahora queda responder a esas preguntas, por lo que el juicio del 11-M ha concluido, pero el proceso histórico continúa abierto, y aquí será la sociedad la que determine las responsabilidades, posiblemente en las urnas.



Biante de Priena

1 comentario:

cucurrucucú dijo...

Bueno, creo que la sentencia es decepcionante en fondo y forma. En forma, es sorprendente, pues han pasado semanas desde el cierre del juicio y se supone que estos jueces son de primera: errores de ortografía y de sintaxis; presentación ilógica de las partes. Incongruencias en la argumentación escrita. Párrafos contradictorios (¿corta y pega deficiente?).

Sobre fondo, errores muy importantes y por los que deberán responder un día:

-¿Cómo puede sostenerse que no se haya roto la "cadena de custodia" en unos "periplos" (es "periplo", Bermúdez, "periplo") extravagantes?

-¿Cómo puede dictarse sentencia sin establecer autoría intelectual, sin arma del crimen y sin móvil?

-¿Cómo se puede dictar sentencia sin ni siquiera señalar que la instrucción fue un desastre y sus conclusiones ilegibles, también por fondo y forma?

-¿Cómo se puede dictar sentencia sin cuestionar algunos testimonios de representantes de cuerpos y seguridad del estado, contradictorias entre sí yo sencillamente falsas?

Se ha solucionado algo importante, eso sí: la indemnización de las víctimas. Pero falta lo demás, que se haga justicia.

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