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martes, 31 de julio de 2007

Los movimientos siniestros de la política española

Hay acciones políticas que retrasan la historia de un país, la última que hemos vivido en España es la negociación con la banda terrorista ETA, que estableció Rodríguez Zapatero por decisión propia, para más tarde buscar asesoramientos entre su comité de expertos, que tampoco pudieron hacer mucho más de lo que hicieron. ETA nunca negocia, soborna directamente, tanto a un empresario, como a un gobierno, como a un pueblo, el vasco, que también es español.. ETA vive en la cultura del chantaje, y el PSOE ha nutrido el poder del movimiento terrorista vasco.

Cuando se piensa en las crónicas políticas de las últimas décadas en este país, se descubren dos acontecimientos que desviaron la inercia existente. Uno el golpe de Estado de 1981, otro el atentado de Atocha de 2004. Ambos se resolvieron con la victoria electoral del PSOE. En el caso de Felipe González, por mayoría hegemónica, ye en el de Rodríguez Zapatero, por mayoría simple, fundamentalmente basado en la promesa de extraer a los soldados españoles de Irak, para enviarlos a Afganistán o Líbano, bajo pabellón de la ONU, pero en esta ocasión, en operaciones de “paz” en la que hay bajas como en cualquier guerra.

A la vista de los acontecimientos, pudiera parecer que los electores confían en los momentos de crisis más en el PSOE que en cualquier otro partido. Sin embargo, lo que sí está cada día más claro, es que cuando el partido socialista está en la oposición mueve sus fuerzas propagandísticas con encomiable sabiduría, hasta convencer al electorado de que la mejor alternativa para resolver los problemas existentes es la suya..

Sin embargo, cuando el PSOE gobierna se distrae demasiado en su propia supervivencia política, y todas las ideas geniales que presenta cuando está en la oposición se van desinflando hasta concluir habitualmente en practicar un decadente más de lo mismo, con el añadido de unas cuantas pinceladas políticas para gusto de la galería electoral, pero también de la política, como es el caso de sus alianzas con los nacionalismos.

Recientemente se ha dicho que los gobiernos del PP establecieron acuerdos con los nacionalistas, incluso negociaciones con ETA, como si con ello se descontara la política del PSOE en relación a la deriva de los nacionalismos.

La fuerza hipnótica del socialismo español es singular, pero resulta esplendorosa cuando atribuye el mismo grado de relación al PP, que el practicado por sus militantes. El PSOE ha gobernado con el PNV en el País Vasco, y ahora mismo lo está haciendo con ERC en Cataluña. Y se quedan tan frescos, y a los del PP no se les ocurre decir, no sé por qué, que ellos nunca han gobernado con los nacionalismos beligerantes contra lo español en ningún lugar, pero eso se olvida.

El PP siempre ha tenido un concepto claro de lo que es la nación española, de otras cosas se le podrá acusar, pero nunca de vender la patria por un plato de lentejas, y esto le honra. Sin embargo, el PSOE la vende cada día, y además invita a los ciudadanos de este país a considerar que eso es precisamente un acto de modernidad y progreso.

Más bien es un acto de supervivencia política, porque el PSOE para sobrevivir en el escenario electoral de este país, cada día necesita hacer más piruetas políticas. En ese sentido, el PP es un partido más social que político, mientras que el PSOE es un partido más político que social.

La españa del PSOe

El PSOE utiliza el poder para crear o destruir, según corresponda, el escenario electoral hasta dejarlo como más le conviene, mientras que a Rajoy se le inflaman las venas del cuello con cada vuelta de tuerca que Rodríguez Zapatero le inflinge a la Nación española; luego los acólitos Pablo Iglesias, lo arreglan diciendo que por supuesto que los socialistas son españoles, pero con la boca pequeña, con la bandera arriada, y con la minusvaloración progresiva de la cultura común de los habitantes de este país.

Así llega uno a pensar, en estos calores de julio, que al PSOE cada día le queda más grande la E, y que por la política que desarrolla mejor podría denominarse PSOe, con e minúscula, con una nación minúscula que es lo que persigue, porque en el crecimiento de los nacionalismos viene la beligerancia de Estado contra Autonomías, y la Nación desaparece del juego.

A los nacionalistas les interesa mucho más que gobierne el PSOE, que siempre defenderá un modelo de Estado (no de Nación), y a los socialistas les interesa que los nacionalismos cada día tengan más poder, porque son sus aliados, nunca lo podrán ser del PP, porque el modelo de este es incompatible con el crecimiento sin sentido de los nacionalismos. Y de esta gran estrategia de poder que nos lleva atenazando durante décadas, es de la que extraigo el título de este artículo: los movimientos siniestros de la política española.

Es una sutil política de tierra quemada. Excluir al PP de las autonomías más beligerantes, pactar con los nacionalistas en las mismas, para que el PSOE pueda parecer la única alternativa posible, antes de la hecatombe última. El PSOE nos lleva vendiendo años que los nacionalismos más beligerantes renuncian a solicitar la independencia, siempre que ellos sean los que gobiernan en el Estado español, cuando en realidad, su política ha sido la de alimentar los nacionalismos para que cada día puedan tener más argumentos para solicitar la independencia de sus respectivos territorios.

Y tras escribir ésto, uno que no es votante del PP, piensa que quienes serán los estrategas que tiene contratados el partido que representa a la derecha española, para que no puedan hacer un discurso alto y claro, que deje las cosas encima de la mesa, para que las puedan contemplar todos los españoles.

En lo que se refiere al tema de los nacionalismos, al PP le falta inteligencia política, y al PSOe, le sobran malas artes.


Erasmo de Salinas

2 comentarios:

Güalter Descanseti dijo...

Mentiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiira

Butzer dijo...

Totalmente de acuerdo. Realmente el PP tendría que despedir a los que llevan su estrategia política, porque no lo están haciendo nada bien. O si acaso, que contrate a alguno que trabaje para los socialistas.

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