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sábado, 14 de diciembre de 2013

Un poco de memoria histórica


Zapatero dijo que anhelaba marcharse, para irse a contar nubes, felizmente tumbado, plácidamente relajado en una hamaca, sabiendo que nos dejaba en medio del huracán que había creado, y a Mariano Rajoy como su sucesor, para resolverlo, que era como dejar de hombre del tiempo, a una compañía de reparaciones quebrada, que sobrevive como puede, de decir que resuelve los destrozos de los huracanes, sabiendo que no puede resolver nada. No hace un mes que alguno me decía en este lugar que para qué me acordaba de Zapatero, si el problema era ahora Rajoy. 


Pues anda que estamos cojonudos, llevamos 35 años acordándonos de Franco para que el PSOE triunfe en las elecciones y ahora el problema era Rajoy, algo que es cierto, pero también es cierta la inmaculada concepción del PSOE, que nunca es responsable de nada de lo que ocurre en este país, ni Montilla de lo que ocurre en Cataluña, ni Patxi López de lo que ocurre con ETA, ni Griñán de los EREs andaluces, ni Zapatero de lo que ocurre actualmente en España.

Que fácil es para algunos vivir en la desvergüenza, tras haber imperado en el despropósito y luego echarle la culpa de lo ocurrido a los demás, pero que a nadie se le ocurra decir nada sobre ellos. Así que los problemas de España son los creados por Franco y los creados por Aznar y Rajoy, esta es la versión oficial del PSOE, para catetos, borregos e imbéciles, y por supuesto para todos sus militantes, a los que no se les puede ocurrir hacer autocrítica de nada de lo ocurrido porque los problemas en este país, todo el mundo sabe que siempre son creados por la derecha.

La peor de las soberbias humanas es aquella de los que abusando del poder para hacerle mucho daño a los demás, posteriormente escurren el bulto echándole la culpa a los demás de todo lo ocurrido, así actúa el PSOE en España, desde hace muchas décadas, posiblemente desde que apoyó la dictadura de Primo de Rivera, para luego llamar fachas a los que apoyaron la dictadura de Franco.

Con una izquierda de este calado intelectual y moral, que se presupone el adalid del cambio ¿qué vamos a esperar los españoles que cambie si son el mejor ejemplo de CASTA inmovilista y reaccionaria contra cualquier cambio en su seno y en la configuración política del país que les permita, a pesar de su taruguismo, malevolencia y criminalidad, poder seguir siendo, sino la primera, la segunda opción política de los españoles en las urnas?

"Primo de Rivera a la sazón era capitán general de Cataluña pero había tenido una intensa actividad militar durante la etapa de la Restauración, ya que había participado en las guerras de Cuba, Filipinas y Marruecos. Con este golpe militar, que llevó a cabo sin derramamiento de sangre y sin apenas oposición política, instauró una Dictadura que contó con el apoyo del rey Alfonso XIII, la burguesía, en especial la catalana –que buscaba ley y orden para acabar con el pistolerismo y los atentados terroristas-, la oligarquía, la Iglesia y sorprendentemente, un sector del PSOE, el mayoritario, dirigido por Francisco Largo Caballero."

Enrique Suárez

viernes, 13 de diciembre de 2013

La descomposición ha comenzado


Discurso traducido al español de la sedición del President de la Generalitat
 Lluis Companys (ERC)  contra la II República Española

El proceso de putrefacción del Estado ha concluido, precisamente hoy, con la propuesta de  preguntas para una consulta, que en realidad es un referéndum –prohibido expresamente por el artículo 149.32 de la Constitución Española de 1978- que ha realizado el elenco político catalanista partidario de la independencia de Cataluña; a partir de ahora asistiremos a un inefable proceso de descomposición institucional, sin precedentes, pero sí con consecuentes.


Es necesario distinguir en este caso la acción y efecto de pudrir, en las acepciones orgánica, emocional y letal, de la acción y efecto de descomponer o descomponerse y diarrea, porque nos ofrece una riqueza semántica más acertada. Descomponer es 1. Desordenar y desbaratar;  2. Separar las diversas partes que forman un compuesto; 3. Indisponer los ánimos, hacer que se pierda la amistad, confianza o buena correspondencia; 4. Averiar, estropear, deteriorar; 5. Dicho de un organismo: Corromperse, entrar o hallarse en estado de putrefacción; 6. Dicho del cuerpo: Desazonarse, perder la buena disposición de un estado saludable; 7. Perder, en las palabras o en las obras, la serenidad o la circunspección habitual; 8. Dicho del rostro: demudarse.


Descomposición, por tanto, mejor que putrefacción, para definir lo ocurrido ayer en la Generalitat catalana. Descomposición, por cierto, es sinónimo de corrupción. La corrupción de las palabras que traducen del español al catalán los términos: referéndum a consulta, soberanía nacional a me importa un pimiento, Constitución a papel higiénico, y Gobierno de España a que os den. Ciertamente, hay diferencia en la interpretación de los conceptos entre el idioma español y la lengua catalana, pero todavía es más grave la sedición de los postulantes que para hacer sus propuestas anticonstitucionales desde los cargos que detentan han tenido que asegurar previamente que iban a cumplir y hacer cumplir la Constitución Española de 1978. 


Al menos han tenido el detalle de no dar un Golpe de Estado como el que LLuis Companys dio en la República Española, y que además de costar algunas vidas, terminó con los huesos del gobierno sedicioso de la Generalitat acusado de rebelión militar en un Consejo de Guerra, en los penales de Puerto de Santa María y Cartagena, con más de 3.000 detenidos en el buque prisión “Uruguay” atracado en Barcelona para la ocasión.


Parece que la historia tiene la maldita costumbre de repetirse, en esta ocasión asistiremos a un Golpe de Estado prolongado en el tiempo, que lo único que busca es provocar una reacción por parte de las autoridades competentes del Gobierno español, para imponer en Cataluña el artículo 155 de la Constitución Española de 1978. 


Artículo 155
1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.



De no hacerlo así y permitir que en Cataluña se siga incumpliendo la Constitución por parte de las autoridades que prometieron en su día cumplirla y hacer cumplirla, la descomposición institucional de Cataluña está asegurada,  por tanto también la descomposición institucional de España, de la que Cataluña forma parte desde 1978, cuando 2.701.870   catalanes aprobaron la Constitución española (sobre un censo de 4.398.173 personas), aproximadamente un millón más que los 1.882.650 que aprobaron en 2006 el Estatut de Catalunya, (sobre un censo de 5.202.291 personas).


Resulta harto complicado para cualquier demócrata aceptar que la decisión de un 36,1 % de catalanes con derecho a voto  de 2006, tenga más valor que la decisión no revocada  de un 61,4 % de catalanes con derecho a voto de 1978, puesto que en Cataluña, a pesar de la sentencia del Tribunal Constitucional, se sigue aplicando el Estatut de Catalunya de 2006 con prevalencia sobre la Constitución Española de 1978. Es algo que los promotores del independentismo catalán deberían explicarle a sus electores, puesto que el Gobierno de España no ha movido un dedo por hacerlo, ni con el PSOE, ni con el PP. 

Enrique Suárez

sábado, 7 de diciembre de 2013

El estúpido necesario


Cuando la casta política española comienza a perder el respeto por sí misma, no importándole ni las leyes, ni las instituciones, ni la Constitución,  ni la soberanía de los ciudadanos a los que, enfáticamente, trata de representar, surge un interlocutor genérico al que dirigen su discurso: el estúpido necesario.

De esta forma se reducen todas las diversidades existentes en un proceso de homogeneidad que permite la construcción de borregos electorales, que acudirán a las urnas para apoyar a aquellos que les salvan cada día de sí mismos, o a aquellos, que al contrario, pretenden "librarles" de los supuestos salvadores. El estúpido necesario, representado en la mayoría silenciosa que demanda lo que la casta le ofrece, representa en sí mismo al cuerpo electoral decapitado de todos los regímenes totalitarios.

La propaganda comienza por considerar culpables a los ciudadanos de la desmesura de los políticos: “verán ustedes si nosotros nos equivocamos es que ustedes se han equivocado, porque nosotros somos infalibles”;  de su propia situación: “si ha perdido su casa, si se ha quedado en el paro, si no tiene que comer, es problema suyo, algo habrá hecho mal”; de los desmanes consecuentes: “si hemos salvado las Cajas de Ahorros de las que todos los de la casta hemos trincado, es para que no nos echen del euro, al fin y al cabo, este sistema está hecho así, con una casta que vive de los demás y un sufrido pueblo que sufraga sus excesos”; y por supuesto, de su vulneración permanente de las leyes que imponen a los demás: “es normal que en este país hayan desaparecido miles de millones de euros de dinero público, se haya traficado con influencias, se haya cometido prevaricaciones y cohechos, todo eso es normal, y es la razón que justifica que, en un futuro incierto, haya que modificar la Constitución, es inconcebible que todavía algún miembro de la casta siga por los tribunales, la dictadura no funciona”.

El estúpido necesario, habitualmente no dice nada, pero observa como un búho como va desapareciendo de la farsa representada cualquier atisbo de democracia que hubiera podido existir en el pasado, acumula información sobre la lacra que supone la casta política representativa para su existencia, y por supuesto, va estableciendo un criterio de decisión para el futuro desde el razonamiento que le asiste, en el que dirimirá sobre un escabroso dilema: ¿a quién elegiré para que me robe, me maltrate, me considere idiota y me expolie con impuestos sin fin. ¿A los que me dicen que la austeridad debe prevalecer mientras ellos despilfarran? ¿A los que me dicen que lo social y lo público debe crecer para que tengan más de dónde trincar? ¿A los que me dicen que hay que cambiarlo todo porque tal como están las cosas, ellos no pueden robar, trincar, prevaricar y adquirir privilegios como aquellos a los que aspiran a sustituir, incluidos los que abogan por independencias?

Creo que la casta se equivoca en esta ocasión, porque los estúpidos necesarios están en vías de extinción en este país, exactamente igual que aquellos que consideran necesario que existan ciudadanos estúpidos para poder continuar ejerciendo su tiranía, mientras acumulan privilegios para sí mismos y reparten perjuicios para todos los demás. El tiempo de los depravados ha concluido, y se aproxima, sin duda,  la ocasión para exigir responsabilidades por su desmadre a todos los miembros de la casta. 


Enrique Suárez 

lunes, 2 de diciembre de 2013

España no aguanta más y los españoles, tampoco




Durante los últimos siete años he seguido la deriva de la política en España, de partidos y partidarios, de todos los partidos que conforman el elenco representativo español en las instituciones públicas. Ha sido una tarea cotidiana que he añadido a las que me corresponden como ciudadano de este país que paga sus impuestos y recibe a cambio una pequeña parte de lo que procura, porque lo demás se queda por el camino en la cuenta de algún sinvergüenza.


Durante estos largos años, he constatado que la política en este país no es otra cosa que una forma acabada y singular de estafar a los ciudadanos con falsas promesas, demagogia, y propaganda, con el único objetivo de crear una casta de impresentables que viven en el privilegio inmerecido, algo que han logrado, con la inestimable contribución de la justicia española que les ha servido de cómplice, lo que les ha permitido convertir este país en una casa de putas en la que ejercen su proxenetismo, de forma inmune e impune.


Para alcanzar su propósito, no han dudado en hundir la economía de este país con despilfarros, robos y miserias, insoportables para cualquiera que no pertenezca a la casta, pero asumidas por todos los que pertenecen como una condición de pertenencia: su complicidad en todo lo que ocurre. Ni les ha impedido dejar en el paro y al borde de la supervivencia a millones de españoles. Ni cargarse todo lo que haya sido necesario para imponer su despotismo.


En nombre de la democracia, y a su pesar, hemos ido comprobando que no hay nadie que se salve de la quema, en todas las organizaciones de representación pública hay motivos suficientes para encerrar en la cárcel a sus ejecutivas de inmediato. Sin embargo, no ocurre nada, porque el poder está en sus manos, exclusivamente en sus manos, ellos han nombrado al policía que debería detenerlos y al juez que debería juzgarlos –con honrosas excepciones-, también han comprado a los medios de comunicación que deberían denunciarlos –con honrosas excepciones- y por supuesto, se han encargado de ocupar también los espacios de protesta, para dirigir estas según les convenga, los de opinión pública en la red con sicarios a sueldo para que confundan a la gente, y por si fuera poco, ahora están creando leyes inconstitucionales para acotar más su poder de cualquier protesta, que no fuera controlada por los de siempre.


En estas circunstancias la única solución pasa por el abandono definitivo de toda confianza en los representantes públicos que utilizan el poder conferido por los ciudadanos en su propio beneficio, como ocurrió recientemente cuando en una manifestación de estudiantes de Madrid contra la LOMCE, los estudiantes se volvieron contra los organizadores políticos y sindicales del acto de protesta.


Sólo nos puede salvar de la opresión infame que se avecina el sentido común, pero no como una mínima expresión de racionalidad compartida, sino como agregado de voluntades en unión contra los adversarios que detentan el poder, la unión libre del pueblo español, sin manipulaciones de nadie, sin partidos políticos que dirijan la protesta para defender sus propios intereses contra sus adversarios políticos, que dejemos de ser carne de cañón de todos ellos. Al fin y al cabo, ellos son sólo un 1 % que ejercen la tiranía contra el 99 % restante, sin cumplir la Constitución, ni las leyes, ni siquiera las mínimas normas de convivencia.


Hasta que los españoles, en ejercicio de nuestra soberanía, no nos demos cuenta de que debemos abandonar la representación política que nos convierte en ganado electoral para volver a ser ciudadanos que exijan respeto a quienes les representan, contra sus propios intereses y necesidades, no habrá nada que hacer. 

La batalla que está por venir está definida, los condenados a obedecer y a callar, contra aquellos que les mandan por la Gracia de Dios, o sus antípodas, el motivo al igual que la ideología, es lo que menos importa, porque no hay motivo, ni ideología que permita asumir este régimen de corrupción como una democracia.


Enrique Suárez

viernes, 29 de noviembre de 2013

La desaceleración del decrecimiento



Cuando se escuchan las explicaciones que se ofrecen de la evolución de la economía española desde los aledaños del Gobierno, lo primero que llama la atención es los esfuerzos que se toman por adornar la decadencia de nuestra estructura económica, laboral, social y política. Los responsables del Ministerio de Economía español viven entre el delirio y la disquisición, pero están absolutamente seguros de que la economía española está mejorando. Por supuesto, el papel lo resiste todo, y unos medios de comunicación sometidos repiten como loros la intoxicación en la que se cultiva en el despropósito a este aturdido y sonado pueblo, después de haberse peleado contra el destino con dos puños volviéndose contra él: primero el de Zapatero (PSOE) y ahora el de Rajoy (PP).


Zapatero quedará inmortalizado para siempre cuando engañó a los españoles negando la existencia de una crisis económica para triunfar en unas elecciones; sin embargo es curioso que todavía ande promoviendo su libro por los sanedrines y no esté en la cárcel, como máximo responsable de lo que nos está ocurriendo. Lugar al que debería acompañarle Mariano Rajoy, por haber engañado a los españoles, plasmático icono de la estupidez, al haber decidido continuar con las políticas socialdemócratas de su predecesor, haciendo pagar a los españoles por la crisis que había creado la patulea descamisada del PSOE, IU, UGT y CCOO. 

De Mariano Rajoy se esperaba algo más de inteligencia cuando se pasó ocho años sin hacer absolutamente nada en la oposición, para evitar la catástrofe en la que nos encontramos; algunos pensamos que había reflexionado sobre lo que acontecía y que ya tenía un plan para que saliéramos de la crisis que nunca existió para Zapatero cuando llegó al Gobierno, pero desgraciadamente no ha sido así, improvisación tras improvisación estamos peor que estábamos.


Estamos peor que estábamos, porque tras dos años de Gobierno del PP, todavía no sabemos quiénes han sido los autores intelectuales de la crisis, aunque sabemos que autores materiales hay muchos dispersos por partidos políticos y sindicatos, con muchos miles de millones de euros desaparecidos. Todavía hay más confusión, pues si pensábamos que la crisis se debía al despilfarro de tierra quemada que cometió el PSOE para seguir ganando elecciones aunque fuera endeudando este país para siempre, ahora, cuando Rajoy ha acelerado nuestra velocidad de endeudamiento para dejar todo como está, es decir, hecho una mierda, nos damos cuenta de que endeudar un país es la única cosa que se les ocurre a los mequetrefes para salir de una crisis que nunca existió.

Por no decir nada de la reducción del déficit público, que si en el años 2012, con el 10,6 %, fue el mayor de Europa, y que en realidad hubiera sido de un 6,9 % si Mariano Rajoy no hubiera decidido empufarnos en un 3,7 % más para tapar el desfalco de las Cajas de Ahorros cometido por los partidos políticos y sindicatos; pero poco hemos avanzado, pues este año el déficit público se estima que será del 6,8 %, una décima de reducción en todo un año subiendo más de un 20 % los impuestos y habiendo reducido en un 20 % el poder adquisitivo de los españoles. Es decir, un 40 % de pérdida de poder adquisitivo total. Las pensiones se han congelado, es posible que lleguen a subir 10 euros en el año, el 0,25 %, si las cosas salen bien. Y tenemos 50 impuestos más que cuando estaba Zapateero gobernando.


Sin embargo, debemos ser optimistas porque aunque la actividad económica se ha reducido en un 7,5 % y se han perdido 3,7 millones de empleos, que tardaremos décadas en volver a recuperar, elevándose los parados hasta los 6 millones y reduciéndose la actividad económica hasta los 16,2 millones, la economía está repuntando, según los charlatanes de turno del Ministerio de Economía. Y el paro seguro que disminuye, cuando emigren un par de millones de españoles para poder comer, a otros países, y entonces dirán que la política de reducción del paro del PP ha sido un éxito.

Se muestran eufóricos porque si con algo ha podido este Gobierno ha sido con la lucha contra la recesión y la deflación que viene pisando fuerte, el PIB ha crecido un 0,1 % en el tercer trimestre de 2013 y el IPC ha subido hasta el 0,2 en noviembre, fundamentalmente porque se esquilma aún más a los españoles con impuestos, fundamentalmente en el sector de carburantes y energía, que no se han reducido como debieran a precio de mercado, subiendo aún más la carga impositiva que soportábamos hace un año.


Se sienten orgullosos en el Ministerio de Economía, porque el paciente en coma de la economía española ha movido un dedo durante un segundo y eso indica que hay posibilidades de que regrese a la vida normal y además un signo evidente de que no está muerto, y como todo el mundo sabe mientras hay vida hay esperanza, aunque siga con respirador artificial, alimentación parenteral y cuidados intensivos en la UCI de todos los despropósitos cometidos por la casta política española contra él.


Sin duda, el pueblo español sigue en coma, a pesar de la movilidad digital,  pero creo que nunca volverán a ser igual las cosas para la casta política e institucional que lo llevó a tal estado, porque si recobra la vida que le han hurtado por el accidente electoral que lo atropelló con Zapatero y lo remató con Rajoy, no creo que vuelva a exponerse nunca más a que los criminales que lo inmolaron para salvar sus culos, puedan volver a hacerlo. Una cosa es que los españoles hayamos llegado al coma por la paliza a que nos han sometido los de la casta, pero otra muy diferente es que porque ahora nos saquen de él hechos una mierda, les agradezcamos que nos hayan salvado, cuando ellos han sido precisamente los que nos dejaron en tal estado.


Pero en este mundo al revés en el que vivimos en España, donde se hacen homenajes a los asesinos y se oculta bajo un burka de indignidad a sus víctimas, imponiéndoles una mordaza de buenos sentimientos solidarios, todo puede ser posible. 


El dilema de Zapatero y el problema de Rajoy son envés y revés de la misma moneda de Judas, crucificando el destino de los españoles en el aspa de la pobreza y la miseria que nos espera durante las próximas décadas, en la que algunos ya han perdido todo y sólo les queda la vida para entregársela a la esclavitud a que quiere someterlos la casta, porque para poder seguir viviendo en sus privilegios inmutables y aristocráticos, tienen la pretensión de que buena parte de los españoles se conviertan en "intocables". 

No está mal el invento, lo que dudo mucho es que les dure.


Enrique Suárez

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