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sábado, 16 de marzo de 2013

España arde en la hoguera de la estupidez



"El máximo de poder es el comienzo de la decadencia." Lin Yu Tang

Los españoles seguimos caminando hacia el abismo económico, sin prisa pero sin pausa,  que nos acabará conduciendo al colapso, a pesar de los cuentos de la lechera del Presidente de Gobierno y los ministros de economía y hacienda. España no tiene ninguna, absolutamente ninguna posibilidad de salir adelante, con la política económica que se está dictando desde La Moncloa.

El modelo económico que ha puesto en práctica el gobierno del PP reúne en sus propuestas lo peor del socialismo de Estado y lo peor del capitalismo de Estado, al mismo tiempo. Partiendo de una situación de economía intervenida desde el Estado, con un sector privado que no ha dejado de destruirse desde hace cinco años, estamos condenados a la quiebra con absoluta seguridad. Lo extraño es que en el Gobierno no lo sepan, aunque en mi opinión, creo que lo saben y actúan con la malevolencia estúpida de los tiranos. 

España no puede salir adelante mientras no genere riqueza, desde hace mucho tiempo en este país sólo se genera pobreza, un 25 % de poder adquisitivo desde que ha comenzado la crisis hemos perdido los españoles, entre los impuestos que han subido y los ingresos que han bajado. Sin embargo, resulta extravagante que las estructuras e instituciones del Estado hayan seguido creciendo sin hacer ningún ajuste digno de reseña, mientras todos los españoles lo hemos hecho.

Prueba de ello es que la deuda de los hogares españoles ya es menor que la deuda pública del Estado. La deuda total de España financiera y no financiera supera ya los 4,2  billones de euros  a fecha actual (un 24 % deuda hogares, un 26 % deuda pública, un 35 % deuda empresas, un 15 % deuda entidades financieras). En este país a los únicos que se está asfixiando es a los ciudadanos, para mantener estado, empresas y bancos.

España tiene 6 millones de parados en la EPA (5 millones en el INE), alguien debería dimitir, porque no es normal que haya esa discrepancia y alguien debe estar haciendo mal su trabajo. Sin embargo, al mismo tiempo que el desempleo ha crecido por encima del 25 % durante los últimos diez años, el empleo público ha crecido un 25 % durante el mismo tiempo. El Estado es la primera empresa de este país, por el número de colocados.

No tiene sentido alguno que los españoles perdamos un 25 % de poder adquisitivo, para que un Estado descomunal que se ha creado para mayor gloria y poder de los partidos políticos se siga manteniendo. Tampoco tiene sentido alguno que los españoles paguemos las quiebras de las entidades financieras que han arruinado los políticos y sindicalistas que ocupaban los consejos de administración de las cajas de ahorros. Pero lo que clama al cielo es que además de pagar todos los errores y desfalcos que se han cometido desde las entidades públicas no haya ni un solo responsable en la cárcel, ni del PSOE, ni del PP, ni de ningún partido o sindicato, esto sólo puede ocurrir con una justicia corrupta conchavada con el poder político. El dinero público voló al extranjero a nombre de los Blanco, Pujol, Bárcenas o Urdangarines de turno, y los españoles pagamos las consecuencias de la corrupción, cuando somos las víctimas del despilfarro, la vesania y la perversión de los poderosos.

En España, todos los políticos de todos los partidos son corruptos, unos en grado de autoría, otros en grado de complicidad y otros en grado de negligencia. Tenemos auténticos delincuentes dirigiendo el Estado, las autonomías y los ayuntamientos. No sólo nos han estafado en plena impunidad, sino que lo siguen haciendo en pleno sarcasmo. Sólo hay algunas honrosas excepciones, pero posiblemente no sean más del 10 % de todos los representantes públicos. El sistema de poder en España está parasitado por lo peor de lo peor de nuestra sociedad.

La justicia es injusticia cuando juzga a políticos, mientras que actúa con severidad cuando lo hace con ciudadanos. Muchos desahuciados han saltado por las ventanas, y resulta que la ley que les llevó a la muerte era ilegal por incumplir la normativa europea. A todos los que han desahuciado ya no  resulta aplicable, porque no tiene efecto retroactivo, incluidos los que se han suicidado, cuando en realidad su muerte han sido homicidios cometidos por el Gobierno español, por el Parlamento español, por los tribunales de justicia españoles y por las instituciones financieras que han actuado desde la ilegalidad, sin que nadie lo haya impedido. Muertes causadas por el Estado, injusticias cometidas desde el poder, impunidad de aquellos que las cometen, sólo puede conducirnos a una reivindicación de venganza, si no se pone remedio a tiempo.

Los medios de comunicación están al servicio del poder, tanto como Pravda lo estaba al servicio del régimen en la Unión Soviética o Gramma lo está al servicio de los dictadores castristas en Cuba, o Pueblo al servicio de Franco. El Gobierno ha salvado a Prisa, una empresa quebrada que debe 3.200 millones de euros (450 millones de euros de los españoles a través de Bankia). 

Y la calle, la farsa de la calle absolutamente controlada por los partidos de izquierda que han participado en el desfalco, junto a los sindicatos que han destrozado más empleo en este país que la crisis, porque a los sindicatos mayoritarios les resultaba más rentable tener parados que trabajadores para incrementar sus negocios.

España arde en un proceso de combustión interna, los españoles estamos quemados, hastiados, desesperados, pero no va a ocurrir nada, hasta que comience la violencia contra tanta desvergüenza, sarcasmo del poder y tiranía. En Chipre el Estado ha comenzado la confiscación de bienes, creando el primer corralito de la Unión Europea. ¿No es acaso un ensayo para un futuro incierto en otros países que atraviesan crisis en Europa?. En realidad, en España, con la nacionalización de los bancos, el famoso rescate bancario, se nos ha hecho copartícipes a los ciudadanos de los desmadres cometidos por los políticos, posiblemente a fondo perdido.

España es un volcán que humea, no sólo por los españoles que estamos quemados, hastiados y desesperados, sino por la yesca podrida del poder que va a servir a la inevitable hoguera. El día que exijamos responsabilidades y restitución por todos los crímenes cometidos desde el poder político contra el pueblo, comenzarán a cambiar las cosas, hasta entonces estamos condenados a soportar la violencia del Estado sobre todos nosotros.

El capitalismo de Estado socialista de Mariano Rajoy tiene los días contados. Han acumulado tanto poder que no podrán evitar su decadencia, y ese será el momento para la liberación de aquellos que siguen oprimiendo en  el mayor de los desprecios.

La violencia del poder contra el pueblo siempre se acaba resolviendo con la violencia del pueblo contra el poder.

Enrique Suárez

miércoles, 13 de marzo de 2013

El acabose



Durante el franquismo se puso de moda “el colmo”, había colmos para todo, mostrando que los extremos y los excesos nunca eran buenos, “¡esto es el colmo!”, decía la gente cuando pillaban a alguien robando mil pesetas, ya no se puede vivir tranquilo en este país. Durante el franquismo la gente consideraba extraño cualquier cosa que se salía de la estricta normalidad, también en la política, claro. Los políticos de los tercios –¡que recuerdos!- tenían siempre  un comportamiento público encomiable, aunque luego todo el mundo sabía que lo que no se sabía era otra cosa, porque durante el franquismo había cosas que se podían saber y otras que no se podían saber y así se vivieron cuarenta años en este país “protegidos” de los asoladores vientos democráticos que devastaban Europa, cuarenta años en un armario.

Hoy, afortunadamente, las cosas han cambiado, sabemos que la política está llena de sinvergüenzas, de adeptos al “pamímismo” movimiento político que está haciendo estragos en las arcas públicas españolas, de corruptos e indeseables, de getas y cenutrios, de partidos vampiros y licántropos sindicatos que hacen de la depredación del bienestar de los españoles su modus vivendi y operandi. ¡Que se le va a hacer!, con Franco no vivíamos mejor, como dijeron algunos, vivimos mejor ahora, por supuesto, pero gracias a lo que hemos hecho los españoles, mucho más que a lo que han hecho los políticos, los periodistas vendidos, los sindicatos y empresarios que cultivan el paro como un negocio, los banqueros públicos del desfalco y los privados de la estafa, los jueces puestos a dedo por el partido correspondiente.

El problema de los españoles sigue siendo el mismo, la brutal ignorancia, ayer promovida desde la censura y hoy, desde la intoxicación y la propaganda. Pero los españoles seguimos sin saber lo que no se puede saber, parece que sabemos, pero no sabemos nada, ni creo que lleguemos a saberlo; bueno, sí sabemos algo: esto no es una democracia, ni nada que se le parezca, en este país no hay libertad efectiva ni conquistada, sólo es una libertad de movernos en la jaula mediática que nos impone el poder. De palito a palito, como los canarios, de partido a partido, en las elecciones.

Y la cosa seguirá así, salvo que la cambiemos, porque los que han organizado el tinglado y la farsa, maldita la voluntad que tienen de perder ni uno solo de sus privilegios aunque sea un tarugo como José Blanco o un mendrugo como Luis Bárcenas. Esto es lo que hay, los españoles al servicio de sus amos, como en la Edad Media, pudiendo elegir señor a quien servir,  como mucho, como en una behetría. Y la corona sin cabeza, como siempre, porque en este país no llegamos a decapitar a ningún rey, no ha habido cabeza que cortar desde Carlos III, los borbones ya venían decapitados de fábrica.

Sí, amigos, esto es el acabose, claro, pero sigue nevando en marzo y dentro de poco será primavera y florecerán las margaritas y los margaritos. Todo seguirá igual, España vive en el acabose desde los Reyes Católicos y al final nunca pasa nada, que nos expolian los de la tiranía, pero eso ya estaba descontado. Siempre nos pasa lo mismo en este país, llegamos al abismo y luego damos la vuelta y alguien o algo nos acaba salvando en el último momento... de nosotros mismos. Ruido, furia... y después, nada.

Sed felices con lo que os quede, y procurad que no os arrebaten más que se ha levantado la veda de los pardillos.

Enrique Suárez

jueves, 7 de marzo de 2013

Democracia es civilizar al poder político, no politizar a los ciudadanos



 
"El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros." Ambrose Bierce

Aceptemos que la democracia es el menos malo de los sistemas de formación de gobiernos, aquel que permite que los ciudadanos mayores de edad de un país puedan decidir quiénes van a representarles políticamente en los parlamentos, quienes van a detentar el poder y quienes la oposición, según el resultado que las distintas formaciones obtengan en las urnas electorales.

Xavier Zubiri, estableció que los tres grandes pilares que sustentan la civilización occidental son la religión judeo-cristiana, la filosofía griega y el Derecho romano. Por mi parte añadiría uno más, los deseos de libertad de los ciudadanos europeos, en particular la confrontación de aquellos que tratan de que la libertad avance y aquellos que tratan de que no lo haga, a los que se podría considerar enemigos de la libertad.

Se podrían añadir algunos conceptos relevantes más, como la constitución  naciones, la relación Estado-Sociedad, la distribución de la riqueza, la seguridad financiera, el afán de justicia,  el refinamiento cultural y artístico, la historia, la racionalidad, la burocracia,  las tecnologías, la corrupción, o la búsqueda de equidad y felicidad.

Hasta épocas recientes había un amplio consenso entre las diversas ideologías políticas occidentales en compartir un modelo único de convivencia, sin embargo, en la última década, posiblemente debido a la aparición de las comunicaciones inmediatas, que han expandido los límites de la libertad de expresión y relación, así como los de censura, intoxicación y propaganda, se ha producido una quiebra en los objetivos comunes.  En realidad lo que ha ocurrido es que la diversidad natural de las opiniones de los ciudadanos se están manifestando, venciendo las limitaciones impuestas por los creadores de opinión tradicionales, los medios de comunicación y al mismo tiempo, esto acontece en un clima de crisis económica y política, institucional, en la que la política se ve por mucha gente más como un problema que como fuente de soluciones.

En el caso de los países de la Europa del Sur y la del Este, se están viendo movimientos claros que tratan de desplazar las formas de representación política habituales del poder, porque se ha comprobado que prevalecen los intereses sectarios de las distintas formaciones políticas, antes que sus manidas propuestas de servicio a los ciudadanos. El poder en las democracias de partidos ha mostrado al fin y al cabo su cara y su farsa, pues no son los ciudadanos quienes eligen a sus representantes políticos sino las cúpulas de los partidos, y los ciudadanos lo único que hacen es ratificar las decisiones de los partidos, no las suyas propias, cuando acuden a las urnas.

El modelo de la polis, de los representantes y mediadores, ha perdido su sentido original tras establecerse desde el poder determinadas limitaciones a que sea una representación de los votos, para quedarse en una representación de los cotos. Los representantes políticos son delegados o agentes de los intereses de los partidos en los hechos, aunque se promueven como representantes directos de los intereses de los ciudadanos. Pero esta falacia se ha acabado, cada día la gente desconfía más de las instituciones denominadas partidos políticos, porque  se han alejado demasiado de la función que ofrecían y han defraudado. El contrato social de las voluntades generales ha caducado.

Sin duda vamos hacia nuevos modelos de representación política, menos alejados de la civis y las decisiones de los ciudadanos, es necesario recordar la historia de la Grecia clásica, porque los griegos se previnieron contra los acotamientos de poder que hoy padecemos los ciudadanos de los países occidentales dos mil años después, ningún griego hubiera aceptado algo parecido a partidos políticos que conculcaran su voluntad, en realidad, para evitar agrupaciones de poder, los griegos recurrieron a ingeniosas formas de elección como el sorteo, aunque al mismo tiempo aceptaron cierta profesionalización de los poderosos por sus conocimientos y experiencia, reconociendo a algunos de sus conciudadanos una condición de primus inter pares. Pienso que en los próximos años la democracia se hará más cívica que política, porque la representación será más directa y menos artefactada. La política seguirá siendo el escenario del debate, pero dejará de ser el escenario del combate.

Cívico será también el retorno al imperio de la ley sin inmunidades e impunidades asociadas al poder, que promueven una aristocracia representativa con el fondo de una democracia inexistente. La independencia de poderes se materializará, abandonando el modelo jerárquico que permite reinar al poder político sobre los demás. Sólo hay que contrastar dos términos: civilizar y politizar, en el diccionario de la RAE lo expone con claridad:


civilizar.
(De civil).
1. tr. Elevar el nivel cultural de sociedades poco adelantadas. U. t. c. prnl.
2. tr. Mejorar la formación y comportamiento de personas o grupos sociales. U. t. c. prnl.

politizar.
1. tr. Dar orientación o contenido político a acciones, pensamientos, etc., que, corrientemente, no lo tienen. U. t. c. prnl.
2. tr. Inculcar a alguien una formación o conciencia política. U. t. c. prnl.


Creo que está suficientemente claro, las sociedades occidentales desean avanzar hacia la civilización al tiempo que se alejan de la politización. No pasará mucho tiempo en que ciudadanos y políticos avancemos hacia modelos que dejen atrás las viejas representaciones más propias de Antiguos Regímenes absolutistas que de democracias avanzadas. 

La representación política indirecta quizás fue necesaria en la época en que había grandes bolsas de pobreza e ignorancia en los ciudadanos, con grandes distancias sociales y territoriales, que exigían un cuerpo representativo profesional, pero en la sociedad del siglo XXI es un anacronismo, porque las comunicaciones son inmediatas y los ciudadanos reúnen suficientes condiciones en sí mismos para saber lo que les conviene racionalmente y no confiando en la fe de los que les prometen el cielo y les terminan conduciendo al infierno.

Es hora de que entre todos los demócratas civilicemos definitivamente al poder político, a los políticos y a los partidos que les acogen. Es hora de civilizar a los políticos y abandonar para siempre la politización de los ciudadanos.

Enrique Suárez

miércoles, 6 de marzo de 2013

Abducidos por la estupidez




"España, el bello país del vino y las canciones".  J.W. Goethe

El origen de todos males que acontecen  en España no es otro que la ignorancia. De la ignorancia proviene la estupidez humana, como nos relató el historiador y economista italiano Carlo María Cipolla en su  inolvidable obra “Allegro Ma Non Troppo”, pero también lo hace de la ineptitud, la irracionalidad, la inconsecuencia y la memez.

España está llena de idiotas, los hay por todas partes, atravesamos una auténtica epidemia de imbecilidad y la cosa tiene mal remedio, el mayor peligro para nuestro porvenir es que buena parte de los más imbéciles se han hecho con alguna cota de poder que defenderán con su propia vida, aunque sea haciendo trizas el futuro de las próximas generaciones de españoles, como han destrozado el de sus padres y abuelos.

El origen de la estupidez en España enlaza las proezas de Felipe II y su empecinamiento en convertir al mundo al catolicismo con todo el oro proveniente de las Indias, hasta dejar al reino en quiebra por cuatrocientos años, endeudado con los banqueros de Flandes;  hasta ese prodigio del espanto intelectual que fue José Luis Rodríguez Zapatero que trató de corregir los desmanes del rey que fue “más papista que el Papa” creando una Alianza de Civilizaciones para unir a musulmanes y cristianos, inmortalizándose de paso, a expensas de los 300.000 millones de euros de deuda pública que nos colocó a los españoles. Ser memo es muy español.

Cenutrios, lerdos, inanes, tenemos en España en todos los partidos políticos y judiciales, hay majaderos ricos y pobres, mequetrefes ilustrados e iletrados, cretinos que maldicen y que aplauden, y a veces, al mismo tiempo. La imbecilidad, posiblemente sea la característica social que más iguala a los españoles, hay idiotas en Murcia y tontos en Asturias, zoquetes en Andalucía y papanatas en Extremadura, garrulos en Madrid, zopencos en Cataluña y simples en Euskadi, al igual que en las demás comunidades; lo extraño en este país es no ser idiota, yo también lo soy, por supuesto, pues durante varios años me he dedicado a analizar, gastando mi tiempo libre en balde, los porqués de esta maldición bíblica que nos convierte a los españoles en tarugos incorregibles.

¿Cuánto tiempo malgastamos los españoles en hacer cosas que no sirven más que para amargarnos la vida?. ¿Cuánta vida nos dejamos en la melancolía de desear lo imposible mientras aceptamos lo deleznable?. Nadie en el mundo ha llegado tan alto para, poco después, caer tan bajo. Gloria y miseria en partes proporcionales, a lo largo de nuestra historia.  En ningún país del mundo hay tanta gente que se queja de su triste condición natural por la mañana y por la tarde se convierte en patriota de lo contrario. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha hubiera conquistado el mundo, sino fuera porque se lo desaconsejó su escudero de burro, Sancho Panza, que a su vez estaba empeñado en asegurar su porvenir. 

En un último intento, ya cansado de bregar con la inopia nacional, trataré de exponer algunas cuestiones que durante los últimos siete años me han parecido dignas de reseña.
España es el único país del mundo en que cualquiera sabe más de lo que sea que el interlocutor que se expone a sus soflamas y proclamas. En un prodigio de soberbia insostenible, sólo hay que ver cualquier discusión en la barra de un bar o el Parlamento para comprobar que esto no tiene remedio, porque en España la razón, la fe, y la certeza no son una, sino tantas como españoles. Aquí no hay relativismo, ¡qué más quisiéramos!, lo que hay es atomismo, pero en el sentido de prescindir de las enseñanzas escolásticas de Santo Tomás de Aquino, nos hemos quedado en las verdades reveladas por San Agustín. 

En los últimos años hemos vivido en la revelación permanente, en prodigio milagroso de “adanismo”, descubriendo que la crisis económica no era tal cosa sino una desaceleración, que los problemas financieros eran de los demás; que los asesinos de ETA eran, en el fondo, hombres de paz; que el presidente del Gobierno español, hombre de gran talante y escaso talento, defendía el inconstitucional Estatut de Cataluña ¡en el Parlamento español! como algo "suyo"; que no había jóvenes, sino jóvenes y jóvenas, para llegar a descubrir con su sucesor, que la mejor forma de salir de la crisis no es otra que empobrecernos con alegría a mayor gloria de los petardos que ocupan actualmente La Moncloa, mientras el actual Presidente del Gobierno se siente muy orgulloso de no haber cumplido con su programa –es decir, de haber mentido para ganar las elecciones- pero sin embargo cumpliendo con su deber (que no debe tener nada que ver con su programa, por lo que se ve) –ni el mismo Franco se hubiera atrevido a semejante prodigio de despotismo reaccionario-, que prodigiosa desfachatez. En este país los que mandan (no gobiernan), esperan que los españoles les aplaudamos, y no se crean, todavía hay muchos que lo hacen, pensando, como el Cándido de Voltaire, la suerte que tienen de que les amarguen la vida precisamente los que están, porque seguramente otros, todavía se la podrían amargar más.

España cuenta sin duda con la opinión pública más lerda del planeta, en este país si alguien dice que los extraterrestres han sido los culpables de la crisis que atravesamos, seguramente, al día siguiente, muchos mirarán al cielo a ver si ven los platillos volantes... y los verán, no lo duden.

Sólo hay que observar lo que ha ocurrido con la corrupción, es decir que desde todos los partidos políticos se ha trincado lo que no está contabilizado en el Tribunal de Cuentas; sin embargo, los españoles discutimos si lo han hecho más unos que otros, antes de ponernos a dirimir sobre el auténtico sexo de los ángeles, la superioridad del Madrid o el Barsa, la bondad de Zapatero o Rajoy; o los devaneos de los esperpentos coronados o blasonados; lo hacemos obsesivamente, sin interrupción, durante semanas, meses o años, hasta que aparece otra barbaridad,  que desplaza a la anterior del foco opinático,  como si eso resolviera alguno de nuestros problemas o sirviera para algo útil o provechoso.

Inútil es, claro, cualquier intento de regreso a la normalidad, porque en España un taxista sabe más de economía  que un premio nóbel, y un premio nóbel de economía sabe más de conducir que un taxista. Los españoles sabemos de todo, pero no nos sirve para nada, que pérdida de energías y recursos, mientras la prima de riesgo nos asfixia, lo que nos preocupa es si Bárcenas o Blanco se llevaron más, con lo fácil que sería concluir que entre Bárcenas y Blanco se llevaron mucho y es necesario juzgarlos a ambos, de forma abreviada, con la celeridad que un rayo visita un pararrayos.

En ningún otro país del mundo, el conocimiento es más inútil que en España, menos valorado y reconocido, no sirve para nada, porque como dijo en su día Jean François Revel: “la primera de las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” y en España, la mentira está mejor valorada que la verdad, la verdad nos molesta, nos incomoda, no estamos acostumbrados a escucharla y admitirla, por eso preferimos seguir viviendo permanentemente en la farsa que se representa, entre el embaucamiento y la patraña.

La doxología es un término polisémico, que si bien significa la propiedad de dar gloria a Dios que debe tener el lenguaje teológico para ser auténtico, por otra parte también se refiere a la ciencia que se ocupa del estudio de la opinión pública.

En la Grecia clásica, la doxa era el conocimiento vulgar u ordinario del hombre, no sometido a una rigurosa reflexión crítica (venía a ser el sentido común), que se oponía a la episteme, que es el conocimiento reflexivo elaborado con rigor y criterio. En este país atormentado, vivimos desde hace siglos en la doxología (las opiniones), pudiendo residir plácidamente en la epistemología (los juicios), porque la incultura de nuestros gobernantes y sus gobernados, que somos todos, trata ininterrumpidamente de hacer el mundo a la medida de sus desconocimientos, sin impedir aguerridas opiniones sobre todo lo opinable, aunque sea por prodigio milagroso, ciencia infusa o posesión de carnet de un partido político o sindicato. Si lo ha dicho.... algo habrá.

Por eso en España no es extraño que aquellos que muestren saber algo más que los otros sean chivos expiatorios de sus inquinas (y envidias);  así hemos logrado tener en el elenco de la representaciones, políticas y no políticas, a los más incapaces personajes de la historia de este país, por una suerte de evolución y empoderamiento antinatural, dispuestos a enseñarnos que saben hacer la o con un canuto, siempre que les demos tiempo suficiente, porque para eso ocupan un cargo, aunque no hayan demostrado en su atribulada existencia tener condición alguna para detentarlo, más que su geta extrema

¿Cómo se va a poder volar con alas de plomo?, se preguntará cualquier niño que todavía no haya pasado por la escuela del estropicio intelectual de los telediarios, o cualquier extranjero que haya acudido a visitarnos, antes de salir  corriendo del espanto. Con alas de plomo, no se puede volar, que de eso se trata,  para que los de arriba puedan seguir donde están y los de abajo, también

La única forma de que sigamos como estamos, en el más de lo mismo, es asesinar la razón, la verdad, la libertad, la honestidad, la tolerancia, la transparencia, la inteligencia, el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad, la competencia, para seguir conquistando el mundo, mientras nos morimos de hambre, al tiempo que otros se forran por decirnos lo que debemos pensar, sentir y hacer para que ellos sigan en el Nirvana, mientras nosotros nos acostumbramos al Infierno.

Mientras no civilicemos al poder político, al económico, al judicial, y desparasitemos las instituciones de mentecatos, no hay nada que hacer. La Santa Inquisición de la estupidez seguirá guíando nuestras vidas.

Enrique Suárez



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