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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (012)


La emboscadura (1951) - Ernst Jünger (1895-1998) - (012)

Ernst Jünger es un autor maldito para el poder y los poderosos. La propaganda que ha embadurnado su obra no puede ser aleatoria, sospecho que ha sido urdida con intención e interés; no soy el único que piensa así, porque sólo hay que leer las críticas a su obra en internet (dificultad, confusión, extrañeza, u oscuridad son palabras adheridas a su obra para eludir su contagio) y quienes las hacen –habitualmente defensores del pensamiento único, del totalitarismo- son precisamente los que veneran el velo de indiferencia que se cierne sobre la sociedad occidental, los destructores del ayer para que no exista otro mañana más que el originado en su creencia, mientras colonizan el presente con su nueva fe y disfrutan de su hegemonía. Por el contrario, los defensores de su verbo y obra son los habituales detractores del sistema político fundamentado en la extinción de la libertad, los rebeldes habituales, la resistencia intelectual desorganizada, entre ellos, mi admirado Antonio Escohotado, no en vano la obra que hoy presentamos también fue subtitulada: "Tratado del Rebelde".

En la filosofía de Jünger se configuran personajes simbólicos paradigmáticos,- “gestalts” - como el trabajador, el soldado desconocido, el anarca, o el emboscado. Este último personaje o configuración surge en una sociedad inerme e inerte, en un sistema político de lemocracia plebiscitaria que se encarga de domesticar y adoctrinar a los seres humanos hasta convertirlos en gregarias cabezas de ganado, incapaces de disfrutar de la vida en libertad. El emboscado, radicalmente enfrentado al Leviathán –el Estado- opresor, debe retirarse al “bosque” para poder iniciar su contraataque. La casta dirigente desprecia, a la vez que teme, a los hombres libres, ya que éstos ponen en peligro las sólidas estructuras del poder. "El emboscado está decidido a ofrecer resistencia y se propone a llevar adelante la lucha".

A lo largo de esta obra, el autor expone el concepto de “bosque”, ese lugar secreto donde el ser humano debe vencer el miedo que le paraliza y elevarse por encima del tiempo, el lugar en el que se encuentra la libertad. El bosque está en todas partes, en las mismas ciudades donde el emboscado vive escondido, o en cualquier otro sitio donde sea posible oponer resistencia. Sólo aquel que pueda llegar a percibir la angustia y la monotonía de la existencia, aquel que, sumido en la desesperación, pueda asomarse al inmenso abismo de la nada que se abre bajo sus pies, estará preparado para iniciar el camino del emboscado. Para ello deberá renunciar a las comodidades que le proporciona la tecnología y a la seguridad que le ofrece la vida entre el rebaño. La grandeza humana –dice Jünger- se conquista con la lucha. "Esta grandeza obtiene la victoria cuando vence en su propio pecho el ataque de la vileza". La revolución interior debe preceder a cualquier revolución colectiva, ante la aniquilación de la esencia humana que se establece desde el poder.

Además de enfrentarse al vacío existencial, el rebelde, deberá derrotar al miedo, terrible fantasma que esclaviza al ser humano y que es, además, el mayor aliado del poder para someter a las masas. Si bien el miedo es consustancial a la naturaleza humana y no es posible eliminarlo por completo, el emboscado deberá perseverar en la lucha hasta conseguir la libertad espiritual. "El miedo humano es siempre el mismo en todos los tiempos, en todos los lugares, en cada uno de los corazones; es miedo a la aniquilación, es miedo a la muerte".

Las ideas que se desarrollan en "La emboscadura", tanto en el plano político-social como en el espiritual, están plenamente vigentes en la sociedad del siglo XXI. Transcurridos más de cincuenta años desde su publicación la obra mantiene su vigencia. El Leviathan actual está fortalecido y cuenta gracias a los avances tecnológicos con elementos poderosos para controlar y someter a los seres humanos, en sincronía con la presión mediática. Cada día resulta más difíclil que los escasos emboscados contagien su rebeldía de lobos esteparios al rebaño de ovejas, a la masa más domesticada y alienada de la historia humana, a la más sometida a adoctrinamiento. El camino del emboscado deberá ser introspectivo. La salvación, si existe, sólo podrá conseguirse a través de la lucha del individuo contra sí mismo, porque en su interior está incrustado el destino que le han implantado desde el poder y del que debe saber deshacerse para recobrar su libertad. Sólo una revolución de seres humanos liberados puede derrocar el aplastamiento de la libertad desde el poder.

Sumario

1. Las preguntas que se nos hacen van simplificándose y exacerbándose. 2. Llevan a disyuntivas, como lo muestran las elecciones. 3. La libertad de «decir no» es restringida sistemáticamente. 4. Está destinada a dejar patente la superioridad de quien hace las preguntas 5. y se ha convertido en un riesgo 6. que se asume en un sitio tácticamente equivocado. 7. Lo dicho no pretende ser una objeción contra su significado moral.

8. La emboscadura representa una nueva respuesta de la libertad. 9. Los hombres libres son poderosos, aunque constituyen únicamente una minoría pequeñísima. 10. Nuestro tiempo es pobre en grandes hombres, pero produce figuras. 11. La amenaza configura pequeñas minorías selectas. 12. Junto a las figuras del Trabajador y del Soldado Desconocido aparece una tercera figura, el Emboscado. 13. El miedo 14. puede ser vencido por la persona singular 15. si ésta adquiere conocimiento de su poder. 16. La emboscadura, en cuanto conducta libre en la catástrofe, 17. es independiente de las fachadas político-técnicas y de sus agrupaciones. 18. La emboscadura no contradice a la evolución, 19. sino que introduce libertad en ella mediante la decisión de la persona singular. 20. En la emboscadura la persona singular se confronta consigo misma en su sustancia individual e indestructible. 21. Esa confrontación expulsa el miedo a la muerte. 22. Aquí las Iglesias no pueden dar más que asistencia, 23. pues, en su decisión, la persona singular está solitaria, 24. y el teólogo puede, ciertamente, hacerla cobrar consciencia de su situación, 25. mas no sacarla de ella.

26. El emboscado atraviesa por su propia fuerza el meridiano cero. 27. En las esferas de la medicina, 28. del derecho 29. y del empleo de las armas la decisión soberana corresponde al emboscado, 30. quien tampoco en la moral actúa de acuerdo con doctrinas 31. y se reserva la aceptación de las leyes. El emboscado no participa en el culto del crimen. 32. El decide la naturaleza de su propiedad y el modo de afirmarla. 33. Es consciente de la inatacable profundidad 34. desde la que también la Palabra otorga una y otra vez plenitud al mundo. En eso está el cometido del «Aquí y ahora».

Cada número nos lleva a un capítulo de la obra

Relaciones

Sobre la obra

Tratado del rebelde: la emboscadura

La resistencia contra el tiempo

Goces y exigencias de la libertad, por Antonio Escohotado

Sobre el autor

Ensayos sobre Ernst Jünger

Ernst Jünger, por Adolfo Álvarez Rocca

Página web de punks unidos

Ernst Jünger, por Fernando Báez

Ernst Jünger, por Antonio Escohotado

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Tusquets 11,54 €

Vídeos

Ernst Jünger: Memorias de un guerrero (8'21")


martes, 29 de diciembre de 2009

¿Por qué Cataluña no puede ser una nación?



El consenso nos trajo la Constitución, no había otra posibilidad. Los progenitores de la Constitución Española de 1978 –aunque es hija de todos los que la reconocimos como Carta Magna- fueron siete políticos españoles que representaban el arco parlamentario de la época. Dos se han ido, Gabriel Cisneros (UCD) –que hubiera estado en contra, trató de impedir su trámite de forma ordinaria-, y Jordi Solé Turá (PCE) –que posiblemente hubiera estado a favor-, otros dos se han manifestado “favorables de forma velada” a la aprobación del Estatut de Catalunya sin modificaciones, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD) – “Cataluña es una nación” -, y Miquel Roca i Junyent (CIU) –“Podría ser que el Tribunal Constitucional dictase en los próximos días su esperada sentencia sobre el Estatut de Catalunya. Y, podría ser, que la sentencia declarase la plena constitucionalidad del Estatut, lo que produciría una significativa distensión política. No sólo en Catalunya, sino también en toda España. Podría ser”.

Los tres restantes progenitores están manifiestamente en contra del Estatut catalán, Manuel Fraga Iribarne (AP): “"El Estatuto de Cataluña es completamente inconstitucional. Insoportable la actitud de la prensa y de varias otras personas en Cataluña. Eso es destruir España", Gregorio Peces Barba (PSOE), “preveo un recorte sensato del Estatut” y José Pedro Pérez LLorca (UCD): “No veo grandes diferencias entre el Estatuto catalán y el Plan Ibarretxe”.

El balance de la votación de los padres de la Constitución española, al menos por sus manifestaciones públicas es de 4 a 3 en contra de que el Estatut sea admitido como Constitucional tal como está.

Los expresidentes Felipe González y José María Aznar también han rechazado el Estatut, cada uno a su manera. Sería valioso conocer la opinión de Adolfo Suárez al respecto, pero conociéndole se hubiera opuesto, al igual que lo hubiera hecho Calvo-Sotelo.

Pero no sólo quiero llamar la atención de los lectores sobre lo que está ocurriendo con el Estatut de Catalunya y su posible aprobación íntegra o reprobación parcial por parte del Tribunal Constitucional. Me estoy refiriendo a la esperpéntica batalla que se ha establecido entre aquellos que dicen representar la opinión pública –unos a favor y otros en contra- por una parte y aquellos que representan la legitimidad –El Tribunal Constitucional- por otra. Algo insólito en un régimen no totalitario, en el que exista un mínimo recuerdo de la separación de poderes.

La opinión pública es una entidad abstracta, habitualmente interpretada a conveniencia por los políticos, cierto es que el Estatut se votó en Cataluña y resultó aprobado por el 38 % de los catalanes con derecho a voto –menos del 25 % de los residentes en Cataluña-, también fue aprobado por el Parlamento español – en una jugada de intereses políticos que ha denigrado a la máxima institución representativa de los españoles -, pero esto no le concede legitimidad, para ello el Tribunal Constitucional debe establecer que el Estatut de Catalunya es Constitucional tal como está, algo que resulta imposible por tres razones fundamentales.

1) Una autonomía o “nacionalidad” es una organización administrativa descentralizada del Estado, algo parecido a una Diputación provincial, y nada tiene que ver con una nación de hecho y de derecho, que es el único sujeto de legitimidad constituido por el pueblo español, de nuestra Constitución.

2) El único sujeto con capacidad para determinar la condición nacional en España (o su disolución) es el pueblo español reunido en referéndum –no los ciudadanos de forma individual, ni los territorios de forma fragmentada-, ni siquiera el Tribunal Constitucional tiene potestad para dirimir en esa cuestión. Porque si acepta que Cataluña es una nación, en ese mismo instante los magistrados habrán prevaricado, porque la Constitución exclusivamente tiene validez sobre el escenario de la nación española, patria indivisible de todos los españoles.

3) El orden vigente establecido en nuestra Constitución no permite la existencia de otro sujeto legítimo que la nación española, que es la reunión del pueblo español en referéndum, por lo tanto para que el Estatut tal como está fuera aceptado, o bien tendría que desaparecer la Nación española, o establecer una nueva Constitución que lo admitiera, o ambas a la vez, y para que tal objetivo se produzca el pueblo español –no el catalán por su parte y el español por la suya- tendría que determinar en referéndum su destino –no el que establezcan los políticos o el Tribunal Constitucional-

Si no se respetan las reglas constitucionales sancionadas por el pueblo español en referéndum en el año 1978, se entrará en Fraude de Ley, lo que quiere decir en la terminología de Paulus “que obra contra la Ley el que hace lo que la Ley prohibe”. El Tribunal Constitucional podría eludir su responsabilidad, y posiblemente lo hará de una forma sencilla, considerando que el Estatut no es Constitucional en su integridad, al menos con la Constitución de 1978, pero puede proponer una reforma o enmienda Constitucional que recoja el caso particular, lo que daría lugar a una Reforma Constitucional, que traiga como consecuencia una restricción del desmadre nacionalista y el secuestro del Estado cuando todos los nacionalismos españoles representan menos del 10 % de la población española, evidentemente la Reforma será sometida a votación por el pueblo español. Los catalanistas saben y temen -mientras que los vasquistas, balearistas y galleguistas remojan sus barbas-, que de no salir aprobado el Estatut íntegro por el TC, no sólo se puede producir un parón a sus intenciones secesionistas, sino una restricción paulatina de su poder autonómico, algo que sería muy necesario para que este país pudiera avanzar políticamente más allá de la ciénaga en la que nos han atrapado los creyentes de los hechos diferenciales.

Sin embargo, se abrirá un nuevo y grave problema, porque el Estatut se habrá aplicado en Cataluña durante los tres últimos años de forma inconstitucional, dando lugar a muchas legislaciones que contravienen nuestro orden Constitucional, y que una vez aplicadas han generado damnificados de forma ilegal en Cataluña que deberán exigir una restitución de la ilegalidad cometida con ellos. Por eso la sentencia del Tribunal Constitucional no resolverá absolutamente nada, más bien al contrario, nos va a proporcionar nuevas perplejidades y no precisamente de forma gratuita. La espiral de violencia política de la política catalanista contra la igualdad de todos los españoles, no cesará con la sentencia del Tribunal Constitucional.

Tantas posibilidades tiene Cataluña de ser una nación, como Polonia de que Montilla y Carod Rovira le cambien el nombre, para denominarla Catalonia.

Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía

lunes, 28 de diciembre de 2009

El día del orgullo familiar se celebró en Madrid


La iglesia católica española está cometiendo un grave error tratando de apropiarse del espacio público que ha perdido, con la misma escenografía que utilizan sus detractores. Ni lo necesita, ni tiene sentido alguno. La estructura social de España ha cambiado realmente y la iglesia católica lo que debe hacer es reconocerlo, de no hacerlo, cada vez su posición quedará más desvaida y pretenciosa. A la iglesia católica no le van las celebraciones de visibilidad, al modo salida del armario, ni las necesita, ni le corresponden, ni la benefician. La Conferencia Episcopal Española debe actualizarse en sus propósitos desde la coherencia, la congruencia y la humildad

El origen cristiano de Europa no resulta refutable, por mucho que se empeñen algunos en la erradicación del simbolismo religioso de la cultura española. El cristianismo ha estado imbricado a la evolución cultural de nuestro país para bien y para mal, es un hecho cultural que no se puede borrar de nuestra historia. Pero los comportamientos desesperados de mostrar el orgullo católico como se muestra el orgullo feminista, gay, o pacifista, son una solemne estupidez

Los valores humanistas han sido monopolizados por el cristianismo en Europa tradicionalmente, la reacción a la que asistimos es contra el materialismo rampante que acosa el espacio social europeo. Pero se hace mal, muy mal, y lo único que se logra es convertir a la iglesia católica en "un equipo de futbol político" que compite en la liga de la fe con los partidos políticos y los colectivos organizados, que es lo que precisamente buscan los partidarios de la Nueva Fe. El lugar de la iglesia católica está en la defensa de los valores humanistas, pero no de forma monopolizadora, sino congruente, para bien o para mal, los valores humanistas de los que europa puede enorgullecerse se han logrado a veces con el beneplácito y otros con la excomunión de la iglesia católica. La libertad en Europa tiene su origen en la escisión cristiana de Lutero, el patriarca del libre albedrío. La prevalencia de la vida humana también tiene su origen en el cristianismo, al igual que la lucha contra los materialismos deshumanizadores, como supo en todo momento Juan Pablo II, principal artífice ideológico de la caida de El Muro de Berlín.

La iglesia católica en España debe saber jugar el papel que le corresponde sin entrar en un enfrentamiento con el Estado que no tiene más sentido que mostrar el canto del cisne del adoctrinamiento exhaustivo de la población del pasado siglo. Sencillamente se debe reconocer que los valores cristianos son valores humanistas, y dejarse de tratar de que los valores humanistas sean exclusivamente cristianos, porque la realidad lo desmiente

No se trata de competir entre el humanismo y el materialismo por una cuestión de fe, eso es un grave error cuando el poder político está en manos de representantes fanáticos de su fe, el materialismo. No es hora de regresar a la Doctrina de las Dos Espadas, ni de buscar el reparto de los bienes materiales entre los discípulos de Cesar y los discípulos de Dios, sino de profundizar en la doctrina cristiana y encontrar los valores humanos que forman su patrimonio cultural

El cristianismo es una cultura, antes que una política. Aferrarse a los dogmas en unos tiempos que el pragmatismo impera, es un grave error. El objetivo no debe ser en ningún caso que la iglesia busque visibilidad, sino que sus mensajes nos iluminen como ha hecho en los últimos veinte siglos. Quizás deba regresar a su origen en las catacumbas romanas para salir de nuevo a la luz pública. Y mientras tanto, hay que abandonar la grandilocuencia, que nada tiene que ver con el mensaje cristiano, porque con palabras como las pronunciadas por Rouco Varela diciendo que "sin la familia católica Europa se quedaría sin hijos", es una barbaridad que flaco favor le hace a su propósito de implantarse en la sociedad

La iglesia católica española debe defender los valores humanos, la libertad de los seres humanos, la vida, el orden, el derecho a creer en cualquier fe, la razón no fundamentada exclusivamente en la fe, la tradición, su auténtico papel en los cimientos de la civilización occidental. Y si le queda tiempo mostrar que desde la caridad, la piedad, la humildad, y el amor fraterno se puede hacer mucho más en la sociedad que desde el materialismo deshumanizador

La iglesia católica española debe defender al ser humano como unidad básica de la sociedad, impedir su alienación y anomia, promover su ética y dignidad, ensalzar la relación fraterna entre los seres humanos y predicar sus motivos espirituales en libertad, pero no debe hacer más el ridículo, por mucha presión a que se la esté sometiendo por el Gobierno de turno. El derecho a elegir creencia o no elegirla, por encima de la obligación de creer, porque los tiempos han cambiado y nunca volverán atrás

Las hijas de Zapatero no deben ser muy católicas, al igual que sus padres y también forman una familia, que por lo que se ve se siente muy orgullosa de sus valores, poco tienen que ver con los principios cristianos salvo por el color negro de sus vestimentas góticas, tan característico del catolicismo de sotana, estoicismo y oscuridad de muerte. Lo que se teme, muchas veces está próximo a lo que se desea, y me pregunto lo que darían estas niñas por visitar las criptas del Vaticano, y el arzobispo de Madrid sin invitarlas a una excursión guiada, con su papá y su mamá, que con tal de complacer a sus hijas harían lo que fuera, aunque fuera visitar al Papa. Si es que donde no hay "talante", de poco sirve el talento

Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (011)




El hombre rebelde (1951). Albert Camus (1913-1960)-(011)

“Hay que aprender a vivir y a morir y para ser hombre hay que negarse a ser dios”. Albert Camus

Conocí a Camus leyendo La Peste, como casi todo el mundo, luego vino El Mito de Sísifo, más tarde El Extranjero, luego El Hombre Rebelde, posiblemente uno de los mejores ensayos del siglo XX. Quizás más que un ensayo con un propósito definido, sea una magnífica reflexión sobre la dominación y el poder, más que un libro de autoayuda para enfrentarse a la tiranía, es un canto solemne a la libertad.

Dos elementos cruzan la singular obra, uno la conciencia, indispensable, otro la ética de la acción (el fin no justifica los medios). ¿De qué sirve triunfar si la victoria asegura la renuncia a la dignidad?. ¿Se puede pagar el elevado precio de la devaluación propia?. Camus no es un creyente, es un peregrino sin destino, que no quiere dejar de ser para poder estar. Camus es un humanista, no renuncia al humanismo, hace emerger al individuo en la rebelión de las masas de su tiempo, esto le ocasionó graves problemas con los seguidores de Jean Paul Sartre, que le brindaron un cordón sanitario para evitar que el contagio de su pensamiento se extendiera entre los más jóvenes, auténticamente hipnotizados por el pensamiento constructivo de una realidad nueva desde los paradigmas marxistas o existencialistas.

Albert Camus era un humanista no cristiano, el cristianismo se había apoderado del humanismo, al igual que el socialismo lo hizo de las relaciones colectivas de los seres humanos, y el existencialismo de la sombra de ambos. Sin espacio, asfixiado por todas las creencias e ideologías, el ser humano estaba condenado a sucumbir en la creencia, abjurando de la razón y la libertad.

Pero surge la rebelión, Camus la representa, también Foucault lo hizo, eran los años 50 del siglo pasado. Había que derrumbar el orden, pero no con un nuevo orden, sino con una correcta interpretación de la realidad desde la justicia, la igualdad, y la libertad.

Camus es heredero de los librepensadores franceses desde Voltaire a Proudhom, desde Derrida a Morin. No se deja adherir, prescinde de ser intelectual al servicio de los ideólogos del poder, para servir a la humanidad, a sí mismo. Si soy, somos. Sí, es necesario cambiar, pero hay que superar el nihilismo sin sucumbir en la creencia.

Albert Camus, fue galardonado en 1957 con el Premio Nobel de Literatura.

Disfruten de la lectura de esta magnífica obra

Relaciones


Sobre el autor

Biografía wikipedia

Albert Camus, testigo de nuestro tiempo. José Rubén Sanabria (1985)

Vida y obra de Albert Camus

Sobre la obra

El baúl de Israel Centeno


La relación Sartre-Camus


Libro para descargar

En PDF: quedelibros

quedelibros

Libro en papel

Editorial Losada 18 €

Agapea 10,25 €

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Albert Camus

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Biblioteca Cien libros para el Siglo XXI (títulos anteriores)

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El negocio de la política emocional


Cuando José Blanco, Ministro de Fomento del Gobierno de España, fleta cuatro aviones para dar cobertura a los soliviantados pasajeros de la quebrada compañía Air Comet, del Presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, está tomando una decisión política que pagamos los españoles. ¿Qué intereses está defendiendo en esos momentos?. En primer lugar los suyos, porque queda bien disparar con pólvora del Pueblo para ayudar al Pueblo; en segundo lugar, los de su partido que lo ha elegido y los de Rodríguez Zapatero que lo ha designado, porque gracias al PSOE unos miles de pasajeros abandonados podrán comer el turrón con sus familias; en tercer lugar, los del Presidente de la CEOE que se ahorra un grave problema y le debe un favor al Gobierno por sacarle las castañas del fuego; en cuarto lugar, los de los pasajeros con pasaje y sin vuelo; en quinto lugar, los de la compañía de seguros que debería abonar las incomodidades ocasionadas, pero ante todo lo que defiende es que las cosas funcionan, porque el actual gobierno es “sensible” a los problema de los ciudadanos, que es el life motiv de la política de la ceja desde su incorporación al gobierno tras los atentados del 11-M y la campaña desaforada del “No a la guerra” que tan bien representaron los cachorros de la escuadra roja.

Lo que está claro es que cada uno, por sí mismo, tiene derecho a creer en lo que le dé la gana, en la existencia de Dios, o en que este Gobierno hace las cosas mejor que otro. La política siempre ha estado dirigida por criterios emocionales, los políticos han sido y son, auténticos traficantes de sueños que aspiran a la heroicidad cívica ante sus electores y detractores. Pero la realidad es que cada acción política cuesta dinero, y cada decisión política favorece a unos y perjudica a otros. En este país la estructura social sigue siendo prácticamente la misma que hace cinco años, pero los ciudadanos tienen la sensación de que se ha avanzado políticamente en igualdad, cuando precisamente ha ocurrido lo contrario: hoy hay más ricos y pobres que hace cinco años, y por lo tanto menos clases medias.

Las sociedades mutan despacio, sin embargo la sociedad española ha cambiado mucho durante los últimos cinco años, en mi opinión para peor, otros dirán que para mejor. Digo que para peor, porque la dependencia social se ha incrementado considerablemente, no porque en España haya más discapacidades, la población haya envejecido de forma acelerada o hayan nacido muchos niños, no, lo que ha ocurrido es que ha habido muchos más aprovechados que se dedican a vivir del sudor ajeno desde la representación de la cosa pública, en partidos políticos, en sindicatos, en colectivos.

La política de los Gobiernos de Rodríguez Zapatero se ha caracterizado por introducir la emocionalidad en sus propósitos, Gustavo Bueno lo denunció hace años en su libro: “Zapatero o el pensamiento Alicia”. Otros periodistas, escritores e intelectuales también lo hicieron. El fenómeno no es exclusivo de España, porque en Estados Unidos ha ocurrido algo parecido con el Presidente Obama al igual que en diversas naciones latinoamericanas, posiblemente también en varias naciones del Este de Europa, incluida Rusia. La diferencia es que en España se ha elaborado con tremenda osadía y una extraordinaria insidia por parte de los aprovechados.

En ningún caso quiere decir que la política esté dispuesta a resolver los problemas que trastornan las emociones de la gente, sino más bien que los políticos están dispuestos a utilizar las emociones de la gente para perpetuarse en el poder, con la bendición de los subvencionados medios de comunicación, las televisiones de los reality show, y los intelectuales del corazón partío. Alguno ha pensado que este movimiento es bueno, como Daniel Innenarity que escribía un artículo en El País titulado: Gobierno Emocional. Podría parecer que la ética se va a instalar al fin en la acción política de los gobernantes y eso va a traer como consecuencia una civilización más humanizada y bondadosa. Pero nada más distante de la realidad.

Lo que está trayendo esta emocionalidad de la política es precisamente una opresión violenta de los valores, principios y criterios que sustentan la identidad de los ciudadanos, porque los partidos gobernantes tienen su propia ideología, y la emocionalidad está restringida a sus códigos morales y doctrinarios, por lo que si antes teníamos un problema con una sociedad políticamente sesgada, ahora tenemos dos, gracias a la solución sesgada del sesgo previo.

Como el único interés cicatero de los gobernantes es abonar sus lechos electorales, en estos momentos tenemos la sociedad española más sectaria y confrontada desde que el franquismo fue sucedido. Los grupos favorecidos por el gobierno y en los que apoya su sustentación tienen unos intereses tan sectarios y fundamentalistas, que se han terminado convirtiendo en un pesado lastre para el avance de la sociedad española, antes que en un estímulo a su crecimiento. Mostrando no sólo el egoismo, sino también la depravación, el odio, la inquina y la envidia que a todos les distingue.

Si hablamos de los sindicatos, CCOO y UGT, ampliamente abonados económicamente desde el poder, por lo único que han manifestado su estupor es porque se realice una reforma laboral, que pudiera reducir su poder adquirido, aunque en este país haya más de cuatro millones de parados y unas expectativas tenebrosas en materia laboral.

Si hablamos de las discriminadas positivamente, la sección feminista del PSOE que ha accedido al poder por cuota, otro tanto de lo mismo, pues han utilizado la política para criminalizar a los ciudadanos y blindar la dependencia de las ciudadanos con la Ley de Violencia de Género y los despropósitos que han ocasionado, todavía pendientes de evaluación como en los grandes desastres bélicos.

Si hablamos de los jóvenes, el haber favorecido a determinadas sectas de apoyo al poder como los antibelicistas de la guerra de Irak pero no de la de Afganistán, la de los ecoteologistas del cambio climático y la erradicación de la fiesta taurina, la de los tarugos que aplauden la burricie como bandera pasando de un 56 % de alumnos que acaban el bachiller a un 39 %. La de los más de 40 % de parados jóvenes, obligados a la dependencia del hogar familiar, y algún curso impartido por sindicatos –gran negocio tienen montado- para que sigan perdiendo el tiempo, pues tampoco es para sentirse orgulloso, a pesar de la implantación de esa asignatura sectaria que es la Educación para la Ciudadanía.

De los nacionalistas, necesarios para que el PSOE continúe en el gobierno, desde el Nunca Mais gallego, el pesebrismo andaluz, la imprescindible independencia catalana, y el asunto vasco con las secuelas de ETA, pues tampoco se puede decir que hayan mirado por otros intereses que no sean los suyos.

Lo único que ha hecho el socialismo en España es sustituir los valores cristianos tradicionales por otros valores de igual dimensión y magnitud, puro sincretismo social para influir la ideología de los ciudadanos en el futuro y arrimarlos a su pesebre electoral. La memoria histórica, la polémica de los crucifijos, el anticlericalismo, y las medidas antirreligiosas de este gobierno, implican que su objetivo es desplazar las creencias antiguas por otras nuevas, para seguir teniendo una población de creyentes permanente, como ocurría en el franquismo. Nada que ver con la liberación política, económica, social o cultural de los ciudadanos, sino todo lo contrario.

La libertad en España se ha reducido en los últimos cinco años, aunque resulte extravagante, porque si hace cinco años había pluralidad social, hoy hay adoctrinamiento y coacción, desde todas las plataformas subvencionadas, sean colectivos, sindicatos, partidos políticos, gobiernos, o medios de comunicación.

La democracia ha desaparecido por completo, porque no se puede considerar democracia la participación política de los ciudadanos exclusivamente en las urnas, ya que todos los mecanismos cívicos de controlo político se han ido desvaneciendo.

La justicia están tan imbricada con la política que cada juez que dictamina o establece una sentencia, rápidamente es asignado a los tirios o a los troyanos. El espectáculo lamentable del Estatut en el Tribunal Constitucional, o la politización del CGPJ son claros ejemplos.
España no está mejor que hace cinco años, ni con las leyes antitabaco, mientras el Estado sigue cobrando impuestos y gracias a la prohibición enmascarada ha incrementado su consumo, ni con todas las medidas que incluyen la injerencia en la vida privada de los ciudadanos. Se han pasado pero mucho, porque en este país los políticos sólo están autorizados para gestionar la vida pública de los ciudadanos, no para secuestrar su vida privada desde el poder.

Y ante este espectáculo goyesco, que recuerda el esperpento de Valle Inclán, un partido en la oposición, el PP de Mariano Rajoy, que ha demostrado su absoluta incapacidad y que ha jugado el papel de la paciencia, y esconder la cabeza como los avestruces, ante los desmanes gubernamentales, de lo que se deduce que tampoco tiene capacidad para sustituir lo existentes, ni siquiera en un estado de desmadre como el acontecido.

El próximo año, el 2010, será un periodo de clarificación de lo existente, el PSOE y las sectas que le acompañan llegarán a la culminación de los despropósitos, el PP y las sectas que le acompañan llegarán al punto de su posible disolución; los nacionalistas tratarán de sacar tajada como sea, y los partidos minoritarios, IU y UPyD, nos brindarán la salvación mesiánica que tanto necesitamos desde la más profunda demagogia que les caracteriza a ambos.

Pero será buena esta debacle política, porque millones de españoles comenzaremos a plantearnos para qué necesitamos a los políticos, existiendo la posibilidad de representarnos a nosotros mismos gracias a las nuevas tecnologías. Porque si los ciudadanos podemos ejercer nuestros derechos directamente, con un gobierno de funcionarios bien preparados, a los que podamos vetar de forma continua si no nos gusta como hacen su trabajo, ¿para qué necesitamos tantos buscavidas de la política que lo único que hacen es crearse fortuna propia mientras nos joden la vida cada día un poquito más?.

Hay que ir pensando en un cambio de sistema, más que de régimen. Las emociones no pueden ser representadas como las ideas lo han sido, es hora de tomar el timón del poder desde la sociedad civil. Reflexionemos sobre esa idea.

Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español que no renuncia a su soberanía

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