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lunes, 20 de octubre de 2008

Zapatero reinventa el mesianismo

Uno de los entretenimientos más divertidos de la política española es analizar las frases de los políticos vigentes, especialmente, los discursos del triunfante socialismo de Rodríguez Zapatero y José Blanco. La escenografía del humor siempre nos ha brindado parejas inolvidables: el gordo y el flaco, Tip y Coll, Faemino y Cansado, Martes y 13 (que en realidad eran tres), Cruz y Raya, etc.

Humor del bueno, Zapatero diciendo que lo que estropea Estados Unidos lo va a arreglar Europa, que el progresismo y la socialdemocracia arreglarán lo que han estropeado el liberalismo y el capitalismo. Y dentro de poco pedirán un nuevo orden mundial, es de risa, pero también de pena.


El Presidente del Gobierno español es un personaje moderno que desconoce mucho más de lo que conoce, por eso dice esas tonterías. Y de los 640 asesores, no hay ninguno con la mínima capacidad crítica, ni la independencia de criterio suficiente, para decirle que deje de hacer el majadero.

Verá usted, señor presidente, como español estoy harto de que me represente por el mundo y que deje a nuestro país más a la altura del betún que el programa económico de Barack Obama, al que por cierto sigo analizando con detenimiento y me parece cada día más que no es ni lo que Estados Unidos, ni el mundo necesitan; el problema es que todavía necesitamos menos al dúo de McCain y Palin. Es que lo tienen muy difícil los norteamericanos de en medio.

Estamos descubriendo la socialdemocracia como antídoto de todos los males del planeta, la purga universal será, gracias a Zapatero. La socialdemocracia sólo puede negociar con el mercado si es soltando dinero de los contribuyentes para pagar los errores de los banqueros. Menos mal que el Deutches Bank, también Botín, por cierto, han dicho que mejor que no, que no necesitan ayudas, que ayuden a los que se han cargado el sistema, los nuevos ambiciosos advenedizos, muchos de ellos progresistas, que la banca clásica no necesitaa ayuda, sino es para desparasitar el mercado de todos las cargas políticas que soporta.

Menos mal que todavía hay alguna cabeza descontaminada de estupideces, en forma de regalos del Estado Providencia en manos de los socialdemócratas. Un poquito de por favor, hombre, que hay que respetar a los mayores, y a los más ricos, que son los que mandan.

Y para no hacerlo extenso, que me dicen que largo demasiado lo diré con sencillez, para que lo puedan comprender los del nivel LOGSE: Zapatero es un inculto, y José Blanco más. Ahora ya me he quedado más tranquilo, y explico el porqué.

Atribuir los males de la crisis al sistema liberal de mercado, es exactamente lo mismo que atribuir los crímenes sociales de Stalin a la socialdemocracia. Hay que distinguir las especies, pero como el "taruguismo" se ha hecho doctrina, la gente habla por hablar.

La corrupción no es inherente al capitalismo, la ambición desmesurada dista tanto del "laissez faire" como la Tierra de Marte. El liberalismo político se opone a la corrupción más incluso que la socialdemocracia, que en muchas ocasiones se asienta sobre ella.

La crisis que estamos viviendo no es un problema liberal, es más bien un problema de ausencia de libertad, de acaparamiento de recursos desde las instituciones del Estado; por ejemplo, lo que quiere hacer el señor Barreda con el Tajo, eso es corrupción, y el señor Barreda es socialista. Lo que hacen los socialistas colocando a sus seguidores en las instituciones, por la ley de paridad, o el carnet en la boca, es socialismo. La creación de un Estado burocrático, enorme monstruo que no es capaz de saciarse, es socialista.

Y no se enteran, por mucho que se les explique, porque ni les interesa, ni les conviene. El socialismo, es el mejor método conocido para empobrecer un país. Y el progresismo su envoltorio más cínico. El socialismo necesita más impuestos siempre, porque es incapaz de generar riqueza por sí mismo, sólo consume los recursos acumulados como ha ocurrido con el superavit económico nacional, que se ha esfumado y eso que ni estábamos en crisis.

El capitalismo de Estado de China, es una forma de explotación de los ciudadanos chinos, que aspiran a comer, mientras que en el resto del mundo aspiramos a consumir generalizadamente. China abarata los precios y revienta el mercado, sólo hay que mirar cuanto ha bajado el petróleo en España y cuanto lo han hecho el gas, el diesel y la gasolina, que son sus derivados. Sólo hay que mirar lo que nos cuesta el Estado en manos de los socialistas, y entonces estaremos en condiciones de valorar la enorme diferencia con el resto de países. Los socialistas han llevado al 12 % el paro -la cifra más elevada de Europa-, diciendo que defienden los intereses de los trabajadores y con la promesa de alcanzar el pleno empleo en no mucho tiempo según nos prometió Zapatero. Ahora que van a arreglar la economía podemos ponernos a rezar o a vomitar, según creencias. Zapatero está reinventando el maná, ante el becerro de oro. No sé si es más inteligente Zapatero o Garzón, ¿ustedes qué piensan?, lo que estoy seguro es de que José Blanco es su único profeta, el de los dos.


Erasmo de Salinas

Optimismo ante la Crisis


TEXTO: Esta ha sido la única manera en que he podido conseguir tener mi propio trozo de tierra / Di que sí, chica, y que le den por culo a la crisis.

Blog: dibujandolacrisis.blogspot.com

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sábado, 18 de octubre de 2008

El Fascismo Catalán: Companys y el "Estat Català". Traducción al español del discurso golpista.



El camarada Liberto Libertarian nos acaba de hacer llegar su primera producción que nos ofrece a modo de primicia, con la condición de que publiquemos el texto de su canal en You Yube.

Dice Liberto:

Los fascistas-nacionalistas quieren rehabilitar la imagen del golpista y traidor a la República Española, Lluis Companys presidente fascista de la Generalitat de Cataluña y diputado por Esquerra Republicana de Catalunya, partido fascista que pervive actualmente.

Companys fue un burgués de izquierdas, por tanto con unas raíces filosóficas relacionadas más con el individualismo y relativismo, aunque tambien apoyaba el totalitarismo marxista. Fue un personaje mediocre, mezquino, tosco y oportunista, con una ideología bastante simplona de corte jacobino, el perfil intelectual de Companys era bajo por no decir nulo.

Era un personaje, un tanto ridículo, que había adquirido cierto renombre defendiendo anarquistas como abogaducho laboralista.

El 6 de octubre de 1934 el presidente fascista Companys proclamó el "Estat Català" desde los balcones de la plaza San Jaime. En el video que he subido se puede observar claramente el demencial discurso filofascista de Companys.

Su aventura, sin embargo, duró tan solo 6 horas.

El saldo de la aventura lisérgica del demente: 75 muertos.

El balance no puede ser más siniestro, son dos los hechos criminales que se deben imputar a Luis Companys y Jover.

Por lado un levantamiento armado contra la legalidad democrática, que provoca decenas de muertos en octubre de 1934, y por otro la responsabilidad política y personal directa en la represión en Cataluña durante la Guerra Civil, represión que Companys no solo no desconocía y permitía, sino que apoyó con sus medidas legislativas y de gobierno.

De aplicarse las mismas normas procesales y penales que se utilizaron durante el juicio de Nuremberg contra los dirigentes nazis, a la conducta de Companys, seguramente habría acabado, al igual que los jefes nazis, colgando de una soga.

Agradecemos desde Ciudadanos en la red la confianza depositada.

Equipo Ciudadanos en la Red
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La economía no es sólo mercado

La crisis económica que atravesamos se manifiesta y materializa en su representación espectacular en los vaivenes del mercado, sin embargo, no se debe confundir lo que simplemente es un síntoma, la fiebre del sistema, con las auténticas causas explicativas de la enfermedad, por cierto, extraordinariamente complejas.

El sistema económico está enfermo, las constantes –precio del crudo, precio de materias primas, paridades euro/dólar/libra/yen- están muy alteradas, deben controlarse, pero su estabilización no garantiza la resolución de la patología, aunque sí numerosas manifestaciones histéricas, que a este paso serán históricas.

El pronóstico en estos caso siempre es reservado. La convalecencia seguro que será larga, pero ¿qué enfermedad padece el sistema económico capitalista al alcanzar la mayoría de edad de la globalización?. Es difícil precisarlo, pero algunas ideas sobre la cuestión pueden ser más afortunadas que otras. Nos haremos algunas preguntas.

¿Ha cambiado realmente la economía real de los países?. No, no ha cambiado, prácticamente es la misma, pero en algunos lugares como los mercados emergentes asiáticos hay una sobreproducción que no se puede asimilar fácilmente desde los mercados consumidores occidentales. El mercado global, con acuerdos o sin acuerdos GATT de libre comercio, todavía no es real, es más bien un deseo que una realidad.

Lo que se produce en China por 10 dólares, y se vende en Europa o Norteamérica por 20 dólares, cuesta en realidad 30 dólares, si fueran los países occidentales los que tuvieran que producirlo, y debería venderse por 50 dólares, para que resultara provechoso. El problema es que si China o la India, como en otros tiempos hizo Japón, Corea o Taiwan, nos venden 100 unidades a 20 dólares, aún son capaces de reducir el precio a 15 dólares y seguir incrementando la cuota de mercado. Este fenómeno funciona como una “dumping” inmenso –disminución del precio por debajo del valor-, que termina asfixiando el mercado por medio del comercio. En realidad, lo que estamos es empachándonos de consumo.

Por otra parte, los países occidentales, hace tiempo que han dejado de producir muchos bienes, y las riquezas acumuladas han derivado el negocio hacia la producción de servicios, que es otra forma de empacho, porque las necesidades de la gente –la demanda- crece de forma aritmética, mientras que la oferta de servicios crece de forma geométrica en la misma proporción que disminuye la producción de bienes en Occidente.

Dentro de los servicios, los activos financieros ocupan un lugar importante. Occidente ha invertido fundamentalmente en seguridad, en mantener la riqueza de la que dispone, y esto está ocasionando un proceso regresivo, como la parábola de los talentos. La gente entierra su dinero en activos seguros, mientras que el mercado financiero tiene la necesidad de mover esos activos, inicialmente seguros, para producir beneficios, sin embargo, los mercados emergentes ya tienen capital suficiente para producir mucho más de lo que necesitamos, y no necesitan más dinero, sino más consumidores.

Y por primera vez en la historia humana asistimos a un curioso fenómeno de sobreabundancia de todos los recursos, tanto los bienes y servicios que nos quieren vender -el pinchazo de la burbuja inmobiliaria es un buen ejemplo-, como los activos de los que disponemos para poder adquirir lo que realmente necesitamos, no lo que nos apetece con esa boca inmensa de niños caprichosos que nos ha hecho el sistema capitalista en Occidente.

Quizás se pueda hablar del final del mercado, tal y como lo conocemos, pero cambiará o evolucionará y se transformará en una nueva organización, en la que fluirán las cosas de forma diferente, pero para que siga ocurriendo lo mismo. Si el sistema económico fuera más equitativo, no habría tanto problema, y posiblemente la presión del mercado vaya en esa dirección, en hacer más justo el sistema. Es una enorme estupidez, y además una barbaridad, que haya 900 millones de personas pasando hambre mientras hay 2000 millones tirando comida a la basura, pero este es otro interesante tema del que nos ocuparemos en su momento.

Ciertamente ,el capitalismo funciona mucho mejor en un sistema más diferenciado, con menos igualdad, porque más que la causa de los problemas humanos, como nos decía Marx, es su inevitable consecuencia. Las guerras y los conflictos han sido los principales motores económicos del capitalismo durante siglos, el malestar humano produce bienestar económico y esto es una interesante paradoja que aún no hemos resuelto en nuestra evolución, y a la que la política no aporta ninguna solución.

La pobreza demanda bienes y servicios, pero cada día hay menos pobres occidentales, y los no occidentales todavía no han alcanzado el rango de consumidores generalizados, producen lo que no pueden comprar, porque todavía se mueven en los tramos de asegurar y mejorar la supervivencia.

La riqueza demanda tiempo libre, ocio de calidad, ampliación del bienestar, y quizás, un cambio cultural que nos haga pasar de una sociedad opulenta a una sociedad suculenta, no hastiada y saciada, la opulencia de nada sirve si no se materializa en bienestar y el bienestar no se produce de hacer siempre lo mismo.

En la situación que vivimos hay varias fórmulas para resolver los problemas que tenemos, que fundamentalmente se pueden agrupar en dos alternativas: las que provienen de la libertad (liberales) y las que provienen de la intervención (socialdemócratas y conservadoras).

El problema fundamental de lo que ha ocurrido en el mercado global, es que los adolescentes más especuladores le han robado el coche al
Sistema capitalista, y se han dado un golpe con él y lo han dejado destrozado, mientras se arregla de las averías sufriremos la incomodidad de tener que desplazarnos a pie o tomar un transporte público que nos ofrece el Estado.

Las alternativas que se proponen para resolver el problema por parte de los políticos son curiosas, la de los socialdemócratas como Zapatero es prohibir el tráfico rodado de todos los vehículos que no sean públicos, con la excepción de las bicicletas, la alternativa liberal de Sarkozy, mucho más ajustada a la realidad, es alquilar un vehículo público hasta que se reparen los destrozos del saboteado, la alternativa del conservador Bush es alquilar vehículos privados para hacer un transporte público mientras sea necesario, y posiblemente ninguno tenga razón, creo que la mejor alternativa, al menos la más justa, es que pongamos al adolescente díscolo que nos ha robado el coche a trabajar para que podamos comprar uno nuevo y hasta que eso sea posible, buscarnos un transporte o ir andando a donde tengamos que ir si es posible, y que aprovechemos para comprar un coche menos contaminante.

Mientras lo decidimos el petróleo sigue bajando, porque el mercado del crudo no tiene muy claro que es lo que vamos a hacer, y nosotros tampoco. Pero reducir la economía exclusivamente a mercado es una tremenda estupidez, que están cometiendo todos los que tratan de resolver el problema que tenemos, o que más bien tienen ellos, porque nosotros no tenemos ningún problema, o al menos es igual que sepamos o no sepamos que lo tenemos, si ni siquiera disponemos de la oportunidad de resolverlo. Nos están deslumbrando con la economía, como si fuera lo más importante de nuestras vidas, y no lo es. Ni la economía es sólo mercado, ni nosotros somos exclusivamente homo aeconómicus.


Biante de Priena

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