Hace 40 años la gente estaba
en las calles pidiendo libertad, para este país y para sus ciudadanos, la
libertad por entonces tenía como destino acudir a las urnas en democracia y poder elegir entre las
distintas opciones que se presentaban para representarnos políticamente.
Hace 40 años un pueblo daba su
salto definitivo a la democracia, después de 40 años de dictadura tras una
guerra civil, había ilusión y esperanza en la gente, confianza en la política y
en los políticos, y una magnífica agregación colectiva para construir nuestros
sueños.
¿Qué hemos hecho? ¿Qué han
hecho aquellos a los que les hemos concedido nuestra representación para
encontrarnos actualmente políticamente devastados, cívicamente desmoralizados,
perdidos y desvalidos? ¿Qué se ha hecho mal?
Estas preguntas merecen una
reflexión, el próximo 6 de diciembre se cumplirán 36 años de la Constitución
vigente, que es el nexo común entre todos los españoles, mejor dicho, entre
casi todos, porque algunos españoles no quieren saber nada de ella, mientras el
Gobierno del Estado se equivoca al permitir los juegos malabares que algunos se conceden impunemente, en Cataluña, Andalucía o Madrid.
Sin duda todo esto tiene una
explicación, aunque sea compleja, por mi parte daré referencia de los tres
elementos que constituyen el origen de la catástrofe:
El primero sin duda alguna fue el Golpe de Estado dado por José Luis Rodríguez Zapatero al votar en el Parlamento Español un Estatut de Cataluña que luego resultó inconstitucional en sus aspectos fundamentales, sin que nadie exigiera el regreso a la legalidad en tierras catalanas. ¿Por qué Zapatero cometió prevaricación que nadie se atreverá a reclamarle?. Por mi parte lo tengo claro, para ocultar la tierra quemada que iba a dejar como legado a los españoles tras su penoso discurrir por la historia de este país como Presidente del Gobierno
El segundo la desmesurada corrupción existente en este país, que interesa a todas las formaciones políticas, en mayor o menor medida, incluido el Gobierno nacional y la casi totalidad de los Gobiernos autonómicos. Vivimos en un Fallo de Estado y un fracaso institucional, que incluye a la justicia y todos los órganos de control, incluida la prensa al servicio del poder político, para ocultar la impune conducta de los políticos de este país que han desvalijado instituciones y recursos públicos a su voluntad, sin recibir la sanción correspondiente y las inhabilitaciones oportunas. Que nadie se olvide que si dentro de los partidos políticos hay autores materiales de los delitos cometidos, todos los demás que les han acompañado en las siglas son cómplices o en su defecto unos negligentes que lo han permitido.
En tercer y último lugar, la soberana incapacidad de los españoles de poner orden en el caos existente, ejerciendo sus libertades y derechos cívicos hasta acorralar a los depredadores de su bienestar, por el contrario, la mayoría de los españoles esperan soluciones milagrosas o mesías que les salven del destino seguro de quiebra democrática que les espera, además de la continuidad en el despojo que se cometerá desde la política sobre ellos. Absortos en la ceremonia de la confusión que se ha organizado desde el poder para ocultar sus crímenes, mientras nos cuentan cuentos y no rinden cuentas.
Sólo hay una forma de resolver
nuestros problemas con la forma de gobernarnos y pasa ineludiblemente por desalojar del poder a todos los
crápulas que lo ocupan e impedir que otros similares, disfrazados de
diferentes, puedan ocuparlo. Si queremos que cambien las cosas, no queda otra,
es hora de que cambiemos nuestras actitudes hacia el poder, mientras la calaña
que nos representa nos siga considerando sus siervos y no sus soberanos, nada
cambiará en este país.
Enrique Suárez




