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miércoles, 16 de enero de 2013

La representación política en la España actual




"Desde la aparición del Estado constitucional y más completamente desde la instauración de la democracia, el demagogo es la figura típica del líder político en Occidente." Max Weber

Jorge Santayana, ha sido el único catedrático de filosofía en la Universidad de Harvard nacido en España, vino al mundo en Madrid, educado en Ávila y en Boston, su nacionalidad fue hispano-norteamericana, su padre era español y su madre norteamericana. El filósofo discreto,  nos mostró con claridad que la democracia no era lo mismo para los elegidos que para los electores. Para los elegidos, es una ocasión para legitimar su poder ante el pueblo, para formar un gobierno democrático, por tanto es un medio; para los electores, sin embargo, es un proceso que permite elegir a aquellos que van a representarles, sería por tanto un fin, que tendría por objetivo último representar a la sociedad, aunque en realidad, esto es una ilusión.

Como podemos comprobar en la democracia española actual, las elección de representantes políticos, tras el voto emitido en las urnas, ya no tiene deuda con los electores, sino con los partidos que han impuesto los candidatos y estos candidatos deben pleitesía a quienes les han elegido, las cúpulas de los partidos políticos en listas cerradas; por lo tanto no hay elección, sino un proceso de selección realizado por los partidos políticos y de aceptación por parte de los electores de la oferta de los partidos políticos.

Mejor se denominaría a nuestro sistema de selección y reclutamiento de representantes políticos como behetría, una figura jurídica e histórica en la que los vasallos de algunas comunidades tenían derecho a elegir amo. En España no hay una auténtica democracia, sino una mezquina behetría, una forma de vasallaje.

Se conculca de esta forma, mediante artificio arbitrario, la voluntad del pueblo soberano, gracias a un principio de autoridad subyacente que limita y enajena la voluntad de los ciudadanos. El pueblo sólo puede elegir entre aquellas alternativas que les ofrecen los partidos políticos, por tanto en España vivimos en una auténtica democracia para los partidos políticos, pero en una behetría para los ciudadanos. En realidad vivimos en una forma de aristocracia política, puesto que no todos los ciudadanos pueden ser elegibles, no hay isocracia, sólo pueden serlo aquellos que deciden los líderes de los partidos políticos.  Una vez seleccionados los representantes políticos, pierden todo vínculo con sus electores y se deben exclusivamente a los designios de las cúpulas de sus partidos, algo que se puede comprobar cuando en 35 años de democracia, no han sido más de tres ocasiones en la que algún diputado o senador se ha atrevido a romper la disciplina que le imponen en su partido.

El poder sigue siendo un intangible, la democracia una entelequia. El pueblo no transfiere su autoridad –no tiene autoridad alguna, nadie se la ha procurado- tan solo su beneplácito o no, a las propuestas que se hacen desde los partidos políticos. La autoridad ha pasado del monarca soberano a una entidad anónima, desconocida por los ciudadanos, que seguimos siendo tratados como súbditos. Vasallaje es la relación actual de los españoles con los representantes políticos, con los partidos políticos.

Por eso no es extraño que ante los desmanes que se producen actualmente en la política española haya consentimiento, porque en realidad vivimos en dos mundos paralelos, uno el del poder en el que se imponen las pautas democráticas, y otro el de los desposeídos, en el que se imponen las reglas del vasallaje. La democracia en España es una farsa que a una minoría aristocrática le permite quedarse con todo el poder, mientras que a una mayoría democrática es desposeída y dominada. La democracia en España es una estrategia de dominio, enmascarada de legitimidad, que permite a unos tener poder y a otros ser desposeídos.

No es extraño por tanto que cuando un representante político alcance su acta de diputado o senador, considere que ya forma parte del Olimpo y se crea que la democracia le ha convertido en un nuevo dios, y como tal, desprecia a todos aquellos pobres humanos que le alzaron al poder. ¿Acaso esto es una injusticia?, por supuesto, una farsa, demagógica e injusta urdida por unos depravados que se han apropiado de la democracia, para convertir a sus electores en vasallos, en nombre de la democracia y a su pesar.
Se equivocan los elegidos para la gloria y el privilegio, porque en realidad la democracia no puede ser secuestrada por el poder político como lo está siendo. La democracia es, en realidad, una forma cívica de elegir a los representantes en los asuntos públicos. No es el dedo del líder que señala a los candidatos lo más importante, eso es sencillamente una usurpación, lo que convierte a un candidato en un representante político es la confianza que depositan en él sus electores.

Aquellos  políticos que olvidan que su condición de representante público se la debe a la confianza que sus electores han depositado en él, es un profanador de la democracia. Aquellos políticos que defraudan la confianza de sus electores son, además de unos inmorales, unos detentadores, que hacen de la usurpación su paradigma de vida. Aquellos políticos que embaucan a sus electores para acceder al poder para luego desentenderse de sus circunstancias, son unos bastardos delincuentes. 

Los españoles se preguntan por qué tenemos en España una casta política tan impresentable, como para llevar a pensar al 95 % de los encuestados por el diario de mayor tirada en este país, que los partidos no sólo denuncian, sino que tapan y apoyan a aquellos de sus miembros que se han corrompido, mientras que un 92 % piensa que la justicia española es inútil para acabar con la corrupción política en España.

La confianza de los españoles en la casta política, que forma una aristocracia, cada día se está perdiendo a mayor velocidad, llegará el día, ya próximo, en que haya más españoles que desconfíen de los políticos que aquellos que confíen en ellos. 

Será el momento de crear entonces un partido de la desconfianza política en España en cuyos estatutos se establezca que los políticos deben rendir cuentas por mandato imperativo de sus actos, habiendo firmado su renuncia al cargo previamente a asumirlo, que se dejará ante notario, con unas cláusulas establecidas de antemano, que de ser incumplidas,  se activará de forma inmediata el proceso de destitución y será apartado del poder. El mayor problema que tienen los políticos en España es perder la confianza de los ciudadanos, nunca volverán a tener la que tuvieron en el pasado y eso es malo para la democracia, pero mucho peor para ellos.

En la Grecia clásica aquellos representantes políticos que incumplían con el mandato de la asamblea, no sólo eran destituidos de forma inmediata, sino desposeídos de sus bienes y en la mayoría de los ocasiones condenados a muerte, a prisión o a ostracismo. Es hora de que recobremos el auténtico sentido común de la democracia, para ello es imprescindible que en este país exista una justicia independiente del poder político, como establece nuestra Constitución.

Enrique Suárez

lunes, 14 de enero de 2013

En busca de los orígenes de la democracia



"El mal que impregna la democracia es la tiranía de la mayoría o que un partido, no siempre la mayoría, consiga ganar las elecciones por fuerza o fraude" Lord Acton

El siglo VI a. de C. es, sin duda, el momento crucial para el origen de la democracia en Grecia, fundamentalmente en Atenas y el Ática. ¿Qué ocurrió en Grecia para que aconteciera semejante fenómeno?

Sin duda, las cosas no ocurren de repente, posiblemente para que pudiera emerger un concepto como Democracia debieron producirse previamente aproximaciones diversas.

Así pueden considerarse a los misterios órficos, que posteriormente derivaron en pitagóricos, se produjo una evolución religiosa hacia la humanización de los dioses; con Ferécides de Siros se crearon las primeras obras en prosa de la Grecia clásica (hasta entonces la escritura se utilizaba de forma meta-mágica en forma de poesía); con Tales, pronunciando en las puertas del mercado de Mileto (uno de los más importantes puertos comerciales de intercambio), la frase: “todo está lleno de dioses” se produjo definitivamente el paso del mythos al logos en el pensamiento griego, que dio lugar la larga evolución entre el pensamiento mítico y el presocrático; con Pitágoras, se nombró por primera vez la filosofía (también la armonía) y se estableció una concepción determinada del mundo, de la vida, del ser humano; y con Solón, se produjo la primera Constitución política en el año 594 a.de C. que transformó en timocracia lo que era una plutocracia, o gobierno de los más ricos. Una de sus más controvertidas propuestas fue la de amortizar las enormes deudas contraídas por las clases menos afortunadas del Ática. Pero lo más fascinante es que todos estos personajes se llegaron a conocer y posiblemente a dialogar entre ellos sobre los grandes cambios que iban a producirse a partir de entonces y de los que serían protagonistas.

Pero sin duda fue Clístenes (uno de los Alcmeónidas, sin esta estirpe no se podría entender la historia política de la Grecia clásica) quien dio forma a la incipiente democracia griega, aunque por entonces todavía era exclusivamente isonomia (igualdad ante la ley de todos los ciudadanos) superando la aristocracia propuesta por Solón. Surge la democracia con diversas instituciones, la boulé o consejo de los quinientos, con cincuenta miembros por cada tribu elegidos  por sorteo; la ekklesia o asamblea de ciudadanos a la que pertenecían todos los ciudadanos mayores de edad; el aerópago o consejo aristocrático, cuyas funciones eran consultivas y relacionadas con tribunales de honor. La ekklesia elegía la Helea o tribunales de justicia y también los arcontes mayores y menores. Así surgió la democracia griega en la que todos los ciudadanos tenían posibilidad de participación y también capacidad de decisión sobre la inmensa mayoría de decisiones políticas de la polis. Si bien es cierto que los metecos (inmigrantes), mujeres y esclavos no eran considerados ciudadanos. Por aquella época Atenas tendría aproximadamente  300.000 habitantes.

Los elementos fundamentales de la democracia griega clásica

Los griegos estaban excepcionalmente preocupados por la igualdad en su condición de ciudadanos, su concepto de libertad (eleutherios) se limitaba a ser libres ante los demás pueblos, libres ante los poderosos, su condición de libertad ante los demás estaba plenamente establecida,  los ciudadanos  de la polis griega se consideraban libres e iguales, pero evidentemente había diferencias entre ellos, que fueron corregidas con algunas estrategias ingeniosas, al menos en el ámbito político, y reducidas en el ámbito económico.

Los griegos se consideraron a sí mismos iguales ante la ley (isonomia), pero también portadores de una igualdad de derechos (isotemía). No había, por tanto, privilegios legales o jurídicos que distinguieran a los ciudadanos griegos, si los había para distinguirse de extranjeros, mujeres y esclavos.

Otro de los conceptos relevantes de la democracia griega era la isegoría (igualdad en la libre expresión ante la asamblea), en realidad integraba más conceptos, como la libertad de comunicación, reunión y expresión. Es interesante recordar que los griegos tenían tres niveles de libertad (eleutherios), ante el destino no tenían ninguna pues las moiras se encargaban de su biografía desde el nacimiento hasta la muerte, pero sí tenían una libertad pública, la de expresarse libre y directamente en la asamblea y también una libertad privada restringida al oikos, es decir, el hogar y también a las iniciativas mercantiles y comerciales.

Sobre el siguiente concepto hay discrepancias, nos referimos a la isomoiría, que algunos interpretan como una forma de igualdad económica o de las condiciones económicas de partida, aunque más bien se refiere a una cuestión de equilibro y proporción (de origen pitagórico), que tiene más relación con la equidad o igualdad de oportunidades. Los griegos estaban extraordinariamente preocupados por evitar la corrupción política y los abusos de poder, establecieron una condición para definir los excesos de los poderosos, la hibrys, una forma de considerar la desmesura y la soberbia. La hibrys se relaciona directamente con el concepto de moira, que en griego significa “destino”, “parte”, “lote” y  “porción”. El destino es la parte de felicidad o desgracia, de fortuna o infortunio, de vida o muerte, que corresponde a cada uno en función de sus condiciones y cualidades, transgredir el destino aprovechándose de los demás, tenía como sanción la némesis o venganza, el castigo de toda desmesura por los mismos dioses. Junto a la asebeia o impiedad, que era el adoctrinamiento de los más jóvenes contra los dioses (y los intereses) de la ciudad – delito del que fue acusado Sócrates y por ello condenado a suicidarse- la hibrys y la traición, eran las afrentas más importantes a la polis. Si bien en el oráculo de Delfos, templo común de los griegos, a su entrada se leía la frase: “conócete a ti mismo”, a la salida, según Platón, estaba escrita una frase contra la desmesura: “nada en exceso”.

La preocupación de los griegos por la igualdad se manifiesta también en un último término, la isocracia, que es la igualdad de poder y ante el poder, por la que todos los griegos podían ser electores y elegidos en cualquier forma de representación, se complementa con el término isogonía, que es la igualdad de participación en los asuntos públicos y administrativos. Los ciudadanos griegos tenían igualdad de derechos pero también igualdad de deberes, no podían declararse ajenos a los asuntos de la polis y tenían la obligación de participar en los mismos.

La configuración de la democracia griega se completa con la justicia (Diké), que debía ser independiente de los demás poderes y autónoma en sus decisiones. En la mitología griega, Diké es la justicia. Hija de Zeus y Temis, tiene como hermanas a Irene (la paz) y Eunomía (la legalidad o el orden). Son conocidas como las Horas, representan los valores que sostienen la convivencia entre los hombres y crean el bienestar. Su función es la búsqueda del equilibrio y la armonía, siendo las encargadas de abrir y cerrar las puertas del Olimpo, presidir las bodas de los dioses, regir las vidas de los hombres por el camino justo.

Diké es una implacable enemiga de la violencia. Como diosa de la justicia divina le corresponde examinar todas las sentencias de su padre Zeus, proteger las empresas nobles de los hombres y perseguir a los transgresores de la ley para imponer su castigo. Como personificación de la justicia humana, era la encargada de brindar sabiduría a aquellos que impartían justicia, no sólo a los jueces, sino también a la boulé y la ekklesia.

Los griegos consideraban que la convivencia armónica entre los ciudadanos de la polis era indispensable para el buen funcionamiento de la vida pública. Sus preocupaciones y temores se fundamentaban prácticamente en las mismas que tenemos los ciudadanos del siglo XXI, temían los excesos y abusos  de poder, la ausencia de libertad, la desmesura en los poderosos, la corrupción, el sectarismo, la impunidad, la injusticia. 

Temían al poder, temían a los poderosos,  temían a los enemigos de otras ciudades, temían al destino, temían a la opresión y a la desigualdad, temían al hambre y la miseria, por eso establecieron un sistema que les permitiera defenderse de todos los males que les acechaban. La democracia es, sin duda, la forma más acabada de protección de los ciudadanos ante el poder, quizás la forma más eximia de armonía en la convivencia cívica; sin embargo, cuando los ciudadanos abandonan sus funciones y obligaciones, permiten que pisoteen sus derechos, consienten la corrupción y la injusticia, toleran la desigualdad y la desmesura, y no hacen nada cuando les oprimen, son víctimas de todos aquellos que pueden imponerles su voluntad de forma ilegítima. 

Deberíamos recordar todos los días que cuando la democracia deja de funcionar, no es por la habilidad de los poderosos en ocultar sus transgresiones y desmanes, sino por el abandono de los demócratas en sus obligaciones. La última responsabilidad no es de los políticos, sino de los ciudadanos.

Enrique Suárez

sábado, 12 de enero de 2013

La casta, la costra y la mugre



Podría ser el título de un ensayo para resumir la política española a la que estamos expuestos en los últimos años. En cualquier democracia, estas tres manifestaciones decadentes serían erradicadas de inmediato, en la demagogia española que vivimos nos costará años hacer limpieza. Pero es importante que tengamos conciencia del problema al que nos enfrentamos los españoles, para que al menos, no nos sigan estafando de forma continuada.

La casta, es el término que define a la aristocracia política formada por todos los representantes públicos de los partidos, del PP, del PSOE, de los nacionalistas y de los demás, y también a todos los que han colocado en la administración pública. Una élite que se ha aferrado al poder y al dinero que proviene del Estado para representar una auténtica farsa democrática ante los españoles. La casta es un elenco de impresentables que se han acantonado en los cargos públicos para ejercer una tiranía discreta que les permita perpetuarse en el poder, siendo fuente de todas las corrupciones y degeneraciones de nuestro sistema político, de los atentados contra la Constitución y el Estado de Derecho, manteniendo inmunidad e impunidad ante los desmanes que cometen, como si estuviéramos viviendo todavía en el siglo XVIII.

La costra, es la sección parasitaria de lo público, aquellos que ocupan puestos en nombre del servicio a los demás, que sólo sirven a sus propios privilegios. La costra se enfrenta al poder en la defensa de sus propios intereses contra los de todos los demás. La costra ocupa las calles y los foros públicos con sus mensajes salvadores y su propaganda, en nombre de los partidos de izquierdas o de los sindicatos, de los colocados por castas anteriores, de los colectivos damnificados, en una suerte de oclocracia, que confunde la voluntad de las muchedumbres con la voluntad del pueblo (que tratan de usurpar) por su presencia mediática persistente e initerrumpida. La costra, es una resistencia reaccionaria para que las cosas permanezcan igual de mal que siempre, mientras medio millón de vividores puedan seguir esquilmando a los ciudadanos de este país mostrando las mejores intenciones y motivos para creer, que al fin y al cabo, sólo son propaganda para mantener sus privilegios y los beneficios que no les corresponden por su servicio, sino que recogen por su usurpación.

Pero en España también hay otras costras como las que viven a costa del erario público contra la integridad del sistema, los nacionalistas virulentos que tratan de sacar tajada particular del malestar de todos los demás imponiendo sus particulares pretensiones, los altermundistas a sueldo, las instituciones creadas para expoliar a los ciudadanos, como la SGAE y similares. Las empresas subvencionadas y los lobbys que imponen al gobierno las políticas que les convienen y no las que convienen a los ciudadanos, un ejemplo lo tenemos en las empresas bancarias o las eléctricas. Y por supuesto también hay una costra que se ha acostumbrado a vivir de la limosna del Estado, obligada por las circunstancias y por el cultivo de los parásitos sindicales y empresariales, que los mantienen secuestrados en el despojo para utilizarlos como carne de cañón al servicio de sus intereses, algo que no resulta difícil en un país que ha sido capaz de crear seis millones de parados gracias a las decisiones erróneas de sus gobernantes, con más de un 55 % de parados jóvenes.

La mugre es como la grasa del sistema que permite su buen funcionamiento, esa representación teatral de enfrentamiento permanente entre casta y costra, que en realidad sólo es una lucha por el reparto de privilegios entre ambas posiciones de poder. La costra se erige en única representante de la opinión pública, sencillamente porque se manifiesta, aunque su representatividad es muy escasa y reclama, utilizando la estafa moral y el embaucamiento, todas aquellas cosas que permiten su pervivencia privilegiada. La casta se considera representante legítima del pueblo, cuando eso sólo podría acontecer si respetara las leyes que incumple,  igual que se las impone al pueblo. Entre ambas conforman una tiranía maniquea que soportamos la inmensa mayoría de los españoles que ni somos casta, ni somos costra.

La mugre también son los órganos de propaganda subvencionada que se ocultan bajo el palio de la libertad de expresión y ejercen su opresión contra la libertad de los ciudadanos, por medio de la intoxicación, la censura y la manipulación. En España no hay información veraz, hay depredación feraz con la información, cualquier noticia relevante es inmediatamente sometida a despojo, con tal de ocultar los desmadres en los que vivimos.

También es mugre el sistema jurídico politizado en el que vivimos, en el que los máximos órganos rectores de la justicia están impuestos por el poder político, no hay separación de poderes, sino imposición de poderes. La justicia en España ha perdido toda presunción de equidad, porque si juzga a alguien que pertenezca a la casta o la costra, nunca acontece el mismo resultado que si juzga a alguien que no pertenece a ellas.

El sistema electoral español que favorece la representación partitocrática exclusivamente, también forma parte de la mugre, como los funcionarios públicos que consienten los desmadres de la casta y la costra, como las instituciones de control del poder político que no funcionan, por ejemplo la Fiscalía General del Estado o el Defensor del Pueblo, que tendrían que estar todos los días en el Parlamento llamando sinvergüenzas a los parlamentarios electos y a los miembros del gobierno.

Casta, costra y mugre, es el resumen de lo que queda de España, la mayoría de los españoles estamos sometidos a su tiranía, como si no existieran otras posibilidades más que la de elección de amos o chulos en una democracia. Mientras los españoles se dejen atrapar por la idea peregrina de que casta, costra y mugre son representaciones de la democracia y no del más execrable despotismo depredador, no tendremos nada que hacer para que cambien las cosas en España.

 La democracia nada tiene que ver con toda esta mierda.

Enrique Suárez

viernes, 11 de enero de 2013

Indicadores económicos on-line

 PRIMA DE RIESGO ESPAÑA Y OTROS PAISES A TIEMPO REAL


 

 BOLSAS DE ESTADOS UNIDOS (cada 15 minutos)

 BOLSAS EUROPEAS (cada 15 minutos)  

BOLSAS ASIÁTICAS (cada 15 minutos)  
BOLSAS LATINOAMERICANAS (valores al cierre)

 PRECIOS ENERGÍA (valores al cierre)
DIVERSOS INDICADORES POR PAÍSES  (DEUDA, PARO, PIB, ETC)

INDICADORES ECONÓMICOS NETVIBES  

DATOS MACRO 

jueves, 10 de enero de 2013

Algunas falacias económicas del socialismo



"La gente empieza a darse cuenta de que el aparato del gobierno es costoso. Lo que aún no ven es que el peso recae sobre ellos." Frédéric Bastiat

Han sido muchos años de lavado de cerebro socialista los que se han soportado en las economías occidentales. Primero con las maravillas del socialismo real, que terminó hundiendo todos los países del Telón de Acero en la miseria, más tarde con las socialdemocracias nórdicas que actualmente han derivado hacia el liberalismo conservador, como Alemania, y por último, con la necesaria búsqueda de la justicia social en el capitalismo como contrapeso de la codicia depredadora.

Friedrich A. Hayek, nos recuerda en su ensayo titulado El atavismo de la justicia social que mientras la creencia en la justicia social rija la acción política, el proceso deberá aproximarse cada vez más a un sistema totalitario, desmintiendo que tal pretensión sea un avance civilizatorio, sino más bien un extravagante retroceso a sociedades tribales organizadas en la redistribución de la escasez. 

A partir de esta premisa, podemos ir desmontando algunas de las falacias más incrustadas en la mentalidad de los ciudadanos occidentales tras un siglo de propaganda ininterrumpida.


1)    A lo largo de la historia de la humanidad jamás se ha resuelto la pobreza plenamente en ningún país del mundo, tampoco en “los paraísos socialistas” abanderados de la justicia social. Algunas de las economías más deprimidas del mundo son las que han vivido bajo paradigma socialista desde hace décadas y en ellas se encuentran las bolsas de marginación y pobreza más extendidas.
2)    Disminuir el número de ricos o la riqueza de los que ya lo son no disminuye el número de pobres, sino al contrario, se ha observado a lo largo del tiempo que cuanta mayor es la riqueza de los países, y cuantos más ricos tienen, cuanto mayores son sus rentas per cápita, menos pobres existen y menos extendida es la pobreza, como ejemplo tenemos lugares como Alemania, Dinamarca, Luxemburgo, Suiza, Singapur o los Emiratos Árabes.

3)    Una de las falacias más socorridas del paradigma socialista es la de que los pobres y los ricos se distribuyen una riqueza fija e inamovible, por tanto, cuantos más ricos hay, más pobres se producen. Evidentemente si se fuerza a la decadencia y la recesión se consigue ese objetivo, que la riqueza no crezca y entonces se produce una profecía autocumplida: los ricos le quitan el pan a los pobres. No ocurre así cuando los países siguen una tasa de enriquecimiento progresiva, es decir, cuando los países crecen y no se empobrecen sin fin, cuando se producen más ricos, también, casualmente, se producen menos pobres. En los modelos planificados se producen cada vez menos ricos, pero también más pobres. Riqueza y pobreza no son términos opuestos, sino correlacionados inversamente. Si crece la riqueza, disminuye la pobreza, pero si la riqueza disminuye, aumenta la pobreza.
4)    En ningún lugar del planeta se ha producido una situación en la que hayan dejado de existir los ricos, en las economías intervenidas por el Estado, socialistas y comunistas,  a lo que más se ha llegado es a sustituir los ricos depuestos por una casta relacionada con el aparato de los partidos políticos que habían tomado el poder, como actualmente ocurre en China.
5)    Definitivamente la deseable “justicia social”, que en realidad es un concepto vacío de contenido (Hayek), es un magnífico motivo para creer, como el cielo de los cristianos o el “jannat al-na’im” (jardín de las delicias) de los musulmanes. Aquel lugar al que van los justos tras su muerte, pero lo que se dice en vida, a seguir sufriendo.

La conclusión es que la justicia social está llamada a formar parte del friso de los motivos para creer que han llevado el mundo hacia el retraso, la pobreza,  la miseria y el retroceso.

La gente parece olvidarse de algo muy importante y es que en esta vida todo lo que se le concede a alguien sin merecérselo se le arrebata a alguien que se lo ha ganado con el sudor de su frente, mereciéndoselo; por eso cuanta más intervención redistributiva se haga desde los Estados más injusticias reales se crean en nombre de la justicia social. 

La mejor forma de crear pobres es cultivando la pobreza desde el Estado y regando el no hacer de unos con el hacer de otros, que cada vez tienen que hacer más para recibir menos (más impuestos). A este paso, llegará un día en que nadie hará nada, porque es tremendamente injusto que se explote a los trabajadores para mantener a los que no trabajan, ese día habremos alcanzado la plena justicia social, el cielo cristiano y el jardín de las delicias musulmán: todos seremos políticos a sueldo del Estado, que nos ganaremos honestamente la vida criticando a los ricos, a los pobres y a los hacen algo por levantar el país y a los que no hacen nada. 

¿Acaso los desalmados que aún tienen la inmensa fortuna de tener un trabajo en España no lo hacen porque son unos egoístas que no se conforman con los 450 euros que obtendrían si no hicieran nada, por lo menos hasta que duren? Desde luego, no sé a dónde vamos a llegar con tanto insolidario que pretende obtener con el sudor de su frente las lentejas que se come y con tanto condenado a recibir la limosna del Estado para poder seguir comiendo.

Enrique Suárez

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