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viernes, 23 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
Por un control de la manipulación de la información en la opinión pública

“Es posible que para manipular eficazmente a la gente sea necesario hacer creer a todos que nadie les manipula”. John Kennet Galbraith.
Definitivamente, en España hay dos realidades informativas, una la política, que es de la que se ocupan los medios de comunicación de masas y otra la ciudadana, que cada día se manifiesta más a través de las redes sociales e internet.
Desde la llegada masiva de las nuevas tecnologías de la comunicación e información se viene produciendo, de forma paulatina pero inexorable, una fractura entre la realidad informada por los medios de comunicación de masas y la realidad informada por los medios de intercomunicación y sus redes. Hoy la gente accede más a las noticias de los diarios españoles por internet que por medio del formato de papel, la información publicada, cada día se matiza más con opiniones múltiples e informaciones alternativas surgidas en la red.
Los profesionales del periodismo viven sus días más grises, siendo esta profesión una de las que más paro presenta. Al mismo tiempo los medios de comunicación cada día presentan mayo dependencia del poder, con fórmulas directas como subvenciones y contrataciones; o indirectas con publicidades institucionales e inyecciones económicas puntuales.
La opinión pública ya no se fía de la opinión publicada. Hay diarios nacionales que viven en el sectarismo más panfletario, hay periodistas y tertulianos que parecen estar a sueldo de determinados partidos políticos. En la maraña informativa que surge en España cada día es más difícil averiguar la verdad, porque todo es relativo a quien publica la información y resulta cada día más difícil descontar los sesgos manipulativos.
En este blog, hemos venido denunciando desde hace años esta perniciosa situación para nuestra democracia (“leyes contra la propaganda política”, “la propaganda nos hará esclavos”, “vuestras disputas no resuelven nuestros problemas”, “modos de intoxicación de la opinión pública”, “de las creencias políticas a la credibilidad por los hechos”, “la crisis del periodismo español”, …) porque en un sistema donde la libertad se conculca con intoxicaciones no puede producirse una elección libre y la democracia degenera. A pesar de que el artículo 20.1.d de la Constitución Española de 1978 habla expresamente del derecho “A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”, no hay ningún órgano institucional, en el que de forma abierta y transparente, se puedan denunciar las mentiras y falacias cotidianas a que nos someten los medios de comunicación, fundamentalmente los que viven del pesebre del poder.
Creo que va siendo hora que desde la red se establezca algún formato de control de veracidad de las noticias que nos presentan los medios de comunicación, un sistema de evaluación anónimo y autónomo, sobre la credibilidad de las noticias y los medios en las que se presentan, así como la de sus principales colaboradores. La sociedad civil debe responder a la intoxicación a que es sometida habitualmente por los medios de comunicación de masas.
En Ciudadanos en la Red, estamos dispuestos a incluir una plataforma o enlace de acceso a la misma, en la que se puedan evaluar a los medios de comunicación y también a convocar a otros blogs defensores de la libertad de expresión a crear una plataforma que permita a los ciudadanos acceder a una información veraz, regulada en su rango de credibilidad por ellos mismos. Al final, sin información auténtica sobre la realidad, estamos sometidos a todas las formas de manipulación y propaganda, a que quieran someternos aquellos que viven a costa de tomarnos el pelo y desinformarnos.
Resultado provisional Encuesta Parlamento Español 2.0
Enrique Suárez
Definitivamente, en España hay dos realidades informativas, una la política, que es de la que se ocupan los medios de comunicación de masas y otra la ciudadana, que cada día se manifiesta más a través de las redes sociales e internet.
Desde la llegada masiva de las nuevas tecnologías de la comunicación e información se viene produciendo, de forma paulatina pero inexorable, una fractura entre la realidad informada por los medios de comunicación de masas y la realidad informada por los medios de intercomunicación y sus redes. Hoy la gente accede más a las noticias de los diarios españoles por internet que por medio del formato de papel, la información publicada, cada día se matiza más con opiniones múltiples e informaciones alternativas surgidas en la red.
Los profesionales del periodismo viven sus días más grises, siendo esta profesión una de las que más paro presenta. Al mismo tiempo los medios de comunicación cada día presentan mayo dependencia del poder, con fórmulas directas como subvenciones y contrataciones; o indirectas con publicidades institucionales e inyecciones económicas puntuales.
La opinión pública ya no se fía de la opinión publicada. Hay diarios nacionales que viven en el sectarismo más panfletario, hay periodistas y tertulianos que parecen estar a sueldo de determinados partidos políticos. En la maraña informativa que surge en España cada día es más difícil averiguar la verdad, porque todo es relativo a quien publica la información y resulta cada día más difícil descontar los sesgos manipulativos.
En este blog, hemos venido denunciando desde hace años esta perniciosa situación para nuestra democracia (“leyes contra la propaganda política”, “la propaganda nos hará esclavos”, “vuestras disputas no resuelven nuestros problemas”, “modos de intoxicación de la opinión pública”, “de las creencias políticas a la credibilidad por los hechos”, “la crisis del periodismo español”, …) porque en un sistema donde la libertad se conculca con intoxicaciones no puede producirse una elección libre y la democracia degenera. A pesar de que el artículo 20.1.d de la Constitución Española de 1978 habla expresamente del derecho “A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”, no hay ningún órgano institucional, en el que de forma abierta y transparente, se puedan denunciar las mentiras y falacias cotidianas a que nos someten los medios de comunicación, fundamentalmente los que viven del pesebre del poder.
Creo que va siendo hora que desde la red se establezca algún formato de control de veracidad de las noticias que nos presentan los medios de comunicación, un sistema de evaluación anónimo y autónomo, sobre la credibilidad de las noticias y los medios en las que se presentan, así como la de sus principales colaboradores. La sociedad civil debe responder a la intoxicación a que es sometida habitualmente por los medios de comunicación de masas.
En Ciudadanos en la Red, estamos dispuestos a incluir una plataforma o enlace de acceso a la misma, en la que se puedan evaluar a los medios de comunicación y también a convocar a otros blogs defensores de la libertad de expresión a crear una plataforma que permita a los ciudadanos acceder a una información veraz, regulada en su rango de credibilidad por ellos mismos. Al final, sin información auténtica sobre la realidad, estamos sometidos a todas las formas de manipulación y propaganda, a que quieran someternos aquellos que viven a costa de tomarnos el pelo y desinformarnos.
Resultado provisional Encuesta Parlamento Español 2.0
Enrique Suárez
miércoles, 21 de diciembre de 2011
¿Qué ha cambiado realmente en España tras el discurso de Mariano Rajoy?

"La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos." George Bernard Shaw
Tras el discurso de investidura de Mariano Rajoy y la votación parlamentaria que le convertirá en el sexto presidente de gobierno de la España democrática, he reflexionado sobre lo que ha cambiado en nuestro país tras las elecciones generales del pasado 20 de noviembre, llegando a la conclusión de que lo único que ha cambiado es el discurso que se emite sobre la realidad española, ayer más ocultado y hoy menos.
En cuanto a lo demás, creo que seguimos igual, la política no obra milagros, aunque sí es seguro que provoca muchos descalabros a las empresas, los trabajadores y todos los ciudadanos. Si antes del 20-N teníamos cinco millones de parados, seguimos teniendo cinco millones de parados. Nuestro déficit es el mismo que ayer, y nuestra deuda no ha cambiado.
He tratado de encontrar en el discurso de Mariano Rajoy y de todos los que han intervenido en la tribuna de oradores del Congreso, alguna diferencia relevante con la situación que se vivía en Las Cortes antes de las últimas elecciones generales: lamentablemente, no la he encontrado.
Los políticos españoles se siguen repartiendo los privilegios mientras los ciudadanos nos repartiremos los perjuicios que nos han causado y nos causarán. Han cambiado las caras de nuestros representantes pero nada más y todavía no se han dado cuenta nuestros diputados y senadores de que su vocación taumatúrgica es rancia y está obsoleta.
Siguen equivocándose, cuando representan sus propios intereses y no realmente los de los ciudadanos. Ni un solo político se ha atrevido a pronunciar, abiertamente, el discurso que está en la calle y que según las encuestas del CIS, convierte la representación política en el tercer problema para los españoles, en rango creciente. Siguen confundiéndose al pensar que eso era un síntoma de la nefasta política de los anteriores representantes gubernamentales, porque la confianza que los españoles hemos perdido en la política no se volverá a recobrar, hasta que algún político haga en el Parlamento una reflexión crítica sobre su condición privilegiada. Verán ustedes, la cuestión no es que el PSOE o el PP tengan más razón en sus debates, sino que entre el debate establecido entre las necesidades de la ciudadanía y las representaciones teatrales de los políticos, el precio que pagamos los ciudadanos es demasiado elevado para tener políticos que solo crean perjuicios.
¿Cómo podemos aceptar que no haya habido ni una sola crítica a la gestión catastrófica de la realidad que han desarrollado los gobiernos del PSOE dirigidos por Rodríguez Zapatero?. Volvemos al Pacto del Pardo, como ha indicado acertadamente el diputado de Foro, en el que los que hacían oposición perdonaban los errores de los que gobernaban, porque sabían que los siguientes en gobernar serían ellos. Creo que esto es una tomadura de pelo monumental a los españoles, los políticos viven en plena inmunidad e impunidad ante las conductas temerarias que distorsionan nuestra existencia y son irresponsables de los daños que nos ocasionan. Y que nadie comprenda mal mis palabras, porque si Rodríguez Zapatero hizo una política deleznable y ominosa, fue precisamente porque Mariano Rajoy hizo una oposición deleznable y ominosa. El PP tapa los errores del PSOE y mañana los del PSOE taparán los errores del PP, y mientras tanto los españoles seguiremos mirando a la luna de Valencia, que es lo que nos corresponde por ser una nación de borregos, sin capacidad de imponer control y limitación al expolio, molicie y despojo a que nos someten nuestros ilustres representantes políticos.
Esto de la política se está convirtiendo en un juego peligroso, en el que siempre pierden y ganan los mismos, ellos juegan en el teatro de la representación política librándose de todos los males que sufrimos los ciudadanos. No creo que vivamos en una democracia, más bien estamos viviendo en una behetría, en una elección de amo entre la aristocracia política que dice representarnos.
Considero que los políticos nos han perdido el respeto por completo, mientras que los españoles seguimos siendo fieles creyentes en esa nueva mitología que se han inventado para vivir a nuestra costa, a la que denominan democracia, cuando en realidad es una nueva forma de tiranía, eso sí, enmascarada, para que no nos demos cuenta del engaño.
Enrique Suárez
Tras el discurso de investidura de Mariano Rajoy y la votación parlamentaria que le convertirá en el sexto presidente de gobierno de la España democrática, he reflexionado sobre lo que ha cambiado en nuestro país tras las elecciones generales del pasado 20 de noviembre, llegando a la conclusión de que lo único que ha cambiado es el discurso que se emite sobre la realidad española, ayer más ocultado y hoy menos.
En cuanto a lo demás, creo que seguimos igual, la política no obra milagros, aunque sí es seguro que provoca muchos descalabros a las empresas, los trabajadores y todos los ciudadanos. Si antes del 20-N teníamos cinco millones de parados, seguimos teniendo cinco millones de parados. Nuestro déficit es el mismo que ayer, y nuestra deuda no ha cambiado.
He tratado de encontrar en el discurso de Mariano Rajoy y de todos los que han intervenido en la tribuna de oradores del Congreso, alguna diferencia relevante con la situación que se vivía en Las Cortes antes de las últimas elecciones generales: lamentablemente, no la he encontrado.
Los políticos españoles se siguen repartiendo los privilegios mientras los ciudadanos nos repartiremos los perjuicios que nos han causado y nos causarán. Han cambiado las caras de nuestros representantes pero nada más y todavía no se han dado cuenta nuestros diputados y senadores de que su vocación taumatúrgica es rancia y está obsoleta.
Siguen equivocándose, cuando representan sus propios intereses y no realmente los de los ciudadanos. Ni un solo político se ha atrevido a pronunciar, abiertamente, el discurso que está en la calle y que según las encuestas del CIS, convierte la representación política en el tercer problema para los españoles, en rango creciente. Siguen confundiéndose al pensar que eso era un síntoma de la nefasta política de los anteriores representantes gubernamentales, porque la confianza que los españoles hemos perdido en la política no se volverá a recobrar, hasta que algún político haga en el Parlamento una reflexión crítica sobre su condición privilegiada. Verán ustedes, la cuestión no es que el PSOE o el PP tengan más razón en sus debates, sino que entre el debate establecido entre las necesidades de la ciudadanía y las representaciones teatrales de los políticos, el precio que pagamos los ciudadanos es demasiado elevado para tener políticos que solo crean perjuicios.
¿Cómo podemos aceptar que no haya habido ni una sola crítica a la gestión catastrófica de la realidad que han desarrollado los gobiernos del PSOE dirigidos por Rodríguez Zapatero?. Volvemos al Pacto del Pardo, como ha indicado acertadamente el diputado de Foro, en el que los que hacían oposición perdonaban los errores de los que gobernaban, porque sabían que los siguientes en gobernar serían ellos. Creo que esto es una tomadura de pelo monumental a los españoles, los políticos viven en plena inmunidad e impunidad ante las conductas temerarias que distorsionan nuestra existencia y son irresponsables de los daños que nos ocasionan. Y que nadie comprenda mal mis palabras, porque si Rodríguez Zapatero hizo una política deleznable y ominosa, fue precisamente porque Mariano Rajoy hizo una oposición deleznable y ominosa. El PP tapa los errores del PSOE y mañana los del PSOE taparán los errores del PP, y mientras tanto los españoles seguiremos mirando a la luna de Valencia, que es lo que nos corresponde por ser una nación de borregos, sin capacidad de imponer control y limitación al expolio, molicie y despojo a que nos someten nuestros ilustres representantes políticos.
Esto de la política se está convirtiendo en un juego peligroso, en el que siempre pierden y ganan los mismos, ellos juegan en el teatro de la representación política librándose de todos los males que sufrimos los ciudadanos. No creo que vivamos en una democracia, más bien estamos viviendo en una behetría, en una elección de amo entre la aristocracia política que dice representarnos.
Considero que los políticos nos han perdido el respeto por completo, mientras que los españoles seguimos siendo fieles creyentes en esa nueva mitología que se han inventado para vivir a nuestra costa, a la que denominan democracia, cuando en realidad es una nueva forma de tiranía, eso sí, enmascarada, para que no nos demos cuenta del engaño.
Enrique Suárez
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Ciudadanos y Política,
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Mariano Rajoy,
Oposición,
Rebelión
jueves, 15 de diciembre de 2011
Curso Rápido de Estrategias Defensivas (CRED)... en manipulación mediática

“La propaganda es en una democracia lo mismo que la coerción en el totalitarismo” Noam Chomsky
Los tiempos aconsejan estar preparado para afrontar los problemas que nos acechan en la sociedad actual, quizás uno de los más perniciosos sea la manipulación mediática; basado en las enseñanzas de Noam Chomsky, comenzamos la sección de cursos CRED (Curso rápido en estrategias defensivas), en esta ocasión dedicado a la manipulación mediática. A continuación les ofrecemos un decálogo, las diez tácticas de persuasión más frecuentes, utilizadas con la finalidad de “lavarnos el cerebro” desde los medios de comunicación de masas.
Distracción
Una de las formas más frecuentes de manipulación de la opinión pública consiste en DISTRAER SU ATENCIÓN, por medio de diversas técnicas, entre las más habituales se encuentra EL DILUVIO, que consiste en la inundación con información intrascendente pero atractiva, que concita su atención. La atención no se puede fraccionar, si se atiende una cosa, no se puede atender otra. Por tanto si el tiempo de atención de la opinión pública se ocupa con “ruido” e inanidad, no se ocupa de los temas que realmente son importantes para sus vidas, sin materiales para la reflexión, sin tiempo para pensar, induciendo paulatinamente el adoctrinamiento en el adocenamiento, que es una forma artera de imbuir a los seres humanos en la desesperanza y la frustración, sin saber realmente lo que está ocurriendo en sus vidas, ni a su alrededor.
Crear problemas para después ofrecer soluciones
También denominado como proceso de “PROBLEMA-REACCIÓN-SOLUCIÓN”. Se crea un problema, una situación que previsiblemente cause una reacción en la opinión pública, a fin de que esta sea la demandante de las medidas que se desean que sean aceptadas: dejar que se incremente la violencia urbana, organizar atentados terroristas, con el fin de que la opinión pública demande medidas política y legislaciones en perjuicio de la libertad. También se puede forzar una crisis económica con el fin de que la opinión pública acepte y asuma el retroceso en los derechos y en su bienestar como un mal necesario e inevitable, en evitación de supuestos perjuicios mayores.
Gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. De esa forma se van implantado, por ejemplo, condiciones socioeconómicas inde-seadas: legislaciones regresivas, precariedad laboral, incremento en el desempleo, disminución de los salarios, subida de impuestos, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
El mal diferido
Una forma de imponer una decisión impopular es diferirla en el tiempo, evitando su vigencia inmediata (ejemplo: el retraso de la edad de jubilación). Es más fácil aceptar un sacrificio en el futuro que en el presente, porque “diferir el sacrificio” crea la vana esperanza de que llegado el momento de su implantación, resulte innecesario. Esto permite que la opinión pública se adapte gradualmente al cambio y lo acepte de forma mucho más resignada.
Mensajes infantiles
Una de las estrategias más utilizadas por los manipuladores de la comunicación es presentar sus mensajes en formatos adecuados para la comprensión de un niño de doce años, aquellos que un niño de doce años puedan comprender. Pero para ser realmente útiles debe parecer que contienen un mensaje relevante, que no está al alcance de todo el mundo. Por ejemplo: motivos para creer.
Emocionar
En los mensajes de propaganda se utiliza con más frecuencia el so-porte apoyado en las emociones que en las reflexiones. Considerar verdugos de las esperanzas de la mayoría a los rivales, siendo los propios los únicos que se ocupan de los auténticos problemas que se deben resolver. Estimular los bajos instintos siempre ha sido muy rentable para la propaganda, apelando a las emociones comunes y compartidas por la inmensa mayoría.
Cultivar la ignorancia y la mediocridad
Un buen ciudadano es aquel que se comporta como demandan los intereses de los que aspiran a representarle. Aquel que acude a las urnas y vota, para que el sistema se siga reproduciendo. El mal ciu-dadano es aquel que se abstiene en las elecciones, protesta o se rebela, aquel que denuncia la tomadura de pelo a que la opinión pública es sometida por los manipuladores de la comunicación. Lo que dice la prensa es sagrado, ¿cómo iban a mentir los medios de comunicación si representan la libertad de expresión?
Promover la estupidez
Los propagandistas crean la moda de que ser estúpido es algo normal, toda la gente es estúpida, incluso, ser estúpido y manifestarlo públicamente es un acto de liberación humana contra aquellos que tratan de imponer su tiranía de conocimiento. El mensaje es claro: sé libre, no tengas criterio propio, no lo necesitas. Lo vulgar es lo popular, la incultura es un derecho, la ignorancia una bandera de aquellos que se rebelan contra los “listos”.
Inducir la culpabilidad
Es necesario apelar a la conciencia de la gente, para colocar un buen mensaje manipulador. Hay que “criminalizar” a los ciudadanos de las cosas que ocurren, si las cosas van mal, es que algo habrán hecho, porque el poder, representado en el Estado y los políticos es infalible.
Si sube el paro es que la gente no quiere trabajar, si suben los impuestos es que la gente no sabe ahorrar, si suben los servicios es que la gente consume demasiado, si hay accidentes de tráfico es que la gente no conduce bien. Ejemplo: no podemos conducir por ti.
Mentir, que todo se olvida
Vivimos en una época cargada de información, algo que es aprove-chado por los manipuladores de la comunicación para urdir sus men-sajes con mentiras, que no puedan demostrarse hasta que haya pa-sado el tiempo, y cuando el tiempo ha pasado dejan de tener vigen-cia. Mentir reiteradamente puede construir una “verdad”, tanto si aparece la misma mentira en muchos medios o se repite a lo largo del tiempo. Ejemplo: no hay crisis, hasta que la hubo, pero eso sirvió para que un presidente español triunfara en unas elecciones, gobernara durante cuatro años, hundiera un país, y nadie, todavía, se haya atrevido a pedirle explicaciones. ¿Por qué?, pues sencillamente porque lo importante es que “la mentira” continúe, ¿cómo se va a denostar lo que da de comer a tanta gente de una forma tan sencilla, con enormes privilegios, mientras los demás cada día vamos teniendo más problemas para sobrevivir?
Enrique Suárez
Distracción
Una de las formas más frecuentes de manipulación de la opinión pública consiste en DISTRAER SU ATENCIÓN, por medio de diversas técnicas, entre las más habituales se encuentra EL DILUVIO, que consiste en la inundación con información intrascendente pero atractiva, que concita su atención. La atención no se puede fraccionar, si se atiende una cosa, no se puede atender otra. Por tanto si el tiempo de atención de la opinión pública se ocupa con “ruido” e inanidad, no se ocupa de los temas que realmente son importantes para sus vidas, sin materiales para la reflexión, sin tiempo para pensar, induciendo paulatinamente el adoctrinamiento en el adocenamiento, que es una forma artera de imbuir a los seres humanos en la desesperanza y la frustración, sin saber realmente lo que está ocurriendo en sus vidas, ni a su alrededor.
Crear problemas para después ofrecer soluciones
También denominado como proceso de “PROBLEMA-REACCIÓN-SOLUCIÓN”. Se crea un problema, una situación que previsiblemente cause una reacción en la opinión pública, a fin de que esta sea la demandante de las medidas que se desean que sean aceptadas: dejar que se incremente la violencia urbana, organizar atentados terroristas, con el fin de que la opinión pública demande medidas política y legislaciones en perjuicio de la libertad. También se puede forzar una crisis económica con el fin de que la opinión pública acepte y asuma el retroceso en los derechos y en su bienestar como un mal necesario e inevitable, en evitación de supuestos perjuicios mayores.
Gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. De esa forma se van implantado, por ejemplo, condiciones socioeconómicas inde-seadas: legislaciones regresivas, precariedad laboral, incremento en el desempleo, disminución de los salarios, subida de impuestos, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
El mal diferido
Una forma de imponer una decisión impopular es diferirla en el tiempo, evitando su vigencia inmediata (ejemplo: el retraso de la edad de jubilación). Es más fácil aceptar un sacrificio en el futuro que en el presente, porque “diferir el sacrificio” crea la vana esperanza de que llegado el momento de su implantación, resulte innecesario. Esto permite que la opinión pública se adapte gradualmente al cambio y lo acepte de forma mucho más resignada.
Mensajes infantiles
Una de las estrategias más utilizadas por los manipuladores de la comunicación es presentar sus mensajes en formatos adecuados para la comprensión de un niño de doce años, aquellos que un niño de doce años puedan comprender. Pero para ser realmente útiles debe parecer que contienen un mensaje relevante, que no está al alcance de todo el mundo. Por ejemplo: motivos para creer.
Emocionar
En los mensajes de propaganda se utiliza con más frecuencia el so-porte apoyado en las emociones que en las reflexiones. Considerar verdugos de las esperanzas de la mayoría a los rivales, siendo los propios los únicos que se ocupan de los auténticos problemas que se deben resolver. Estimular los bajos instintos siempre ha sido muy rentable para la propaganda, apelando a las emociones comunes y compartidas por la inmensa mayoría.
Cultivar la ignorancia y la mediocridad
Un buen ciudadano es aquel que se comporta como demandan los intereses de los que aspiran a representarle. Aquel que acude a las urnas y vota, para que el sistema se siga reproduciendo. El mal ciu-dadano es aquel que se abstiene en las elecciones, protesta o se rebela, aquel que denuncia la tomadura de pelo a que la opinión pública es sometida por los manipuladores de la comunicación. Lo que dice la prensa es sagrado, ¿cómo iban a mentir los medios de comunicación si representan la libertad de expresión?
Promover la estupidez
Los propagandistas crean la moda de que ser estúpido es algo normal, toda la gente es estúpida, incluso, ser estúpido y manifestarlo públicamente es un acto de liberación humana contra aquellos que tratan de imponer su tiranía de conocimiento. El mensaje es claro: sé libre, no tengas criterio propio, no lo necesitas. Lo vulgar es lo popular, la incultura es un derecho, la ignorancia una bandera de aquellos que se rebelan contra los “listos”.
Inducir la culpabilidad
Es necesario apelar a la conciencia de la gente, para colocar un buen mensaje manipulador. Hay que “criminalizar” a los ciudadanos de las cosas que ocurren, si las cosas van mal, es que algo habrán hecho, porque el poder, representado en el Estado y los políticos es infalible.
Si sube el paro es que la gente no quiere trabajar, si suben los impuestos es que la gente no sabe ahorrar, si suben los servicios es que la gente consume demasiado, si hay accidentes de tráfico es que la gente no conduce bien. Ejemplo: no podemos conducir por ti.
Mentir, que todo se olvida
Vivimos en una época cargada de información, algo que es aprove-chado por los manipuladores de la comunicación para urdir sus men-sajes con mentiras, que no puedan demostrarse hasta que haya pa-sado el tiempo, y cuando el tiempo ha pasado dejan de tener vigen-cia. Mentir reiteradamente puede construir una “verdad”, tanto si aparece la misma mentira en muchos medios o se repite a lo largo del tiempo. Ejemplo: no hay crisis, hasta que la hubo, pero eso sirvió para que un presidente español triunfara en unas elecciones, gobernara durante cuatro años, hundiera un país, y nadie, todavía, se haya atrevido a pedirle explicaciones. ¿Por qué?, pues sencillamente porque lo importante es que “la mentira” continúe, ¿cómo se va a denostar lo que da de comer a tanta gente de una forma tan sencilla, con enormes privilegios, mientras los demás cada día vamos teniendo más problemas para sobrevivir?
Enrique Suárez
martes, 13 de diciembre de 2011
La crisis del poder y el poder de la crisis
El poder siempre ha buscado y presentado enemigos externos para no verse obligado a realizar su propia autocrítica, porque todo poder debe preciarse de ser infalible, da igual que sea religioso, político, económico, mediático o social. Este problema ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Si realizamos un análisis del poder a través del tiempo, veremos que al final siempre se producen dos clases bien definidas entre los seres humanos: los que están condenados a obedecer (desposeidos) y los que están obligados a mandar (poseedores), o eso se creen.
La crisis económica que estamos atravesando, es una nueva máscara del poder, para ocultar su fracaso, posiblemente su impotencia y con seguridad su miedo a la pérdida de control sobre la sociedad, que es esa aglomeración amorfa de ciudadanos. Cuando los medios de comunicación nos hablan más de mercados o de Estados, que de parados, desahuciados, desposeídos y desamparados, que son sus víctimas, la opinión pública se está dirigiendo al lugar contrario de aquel en el que debería fijarse. Hablamos entonces de demonios, enemigos, imponderables y factores determinantes de nuestro destino. Todo ésto sólo sirve a un propósito: ocultar que el poder y sus representaciones NO PUEDEN resolver nuestros problemas, esa es la contradicción que trata de ocultarse, LA IMPOTENCIA DEL PODER, que realmente es inútil e innecesario, para resolver nuestros problemas.
Surgen entonces fantasmas nuevos, que hasta ayer mismo desconocíamos: primas de riesgo, estanflaciones, eurobonos, teoremas diversos, especulaciones de augures denominados “gurús”, una tormenta de información sobre la que la mayoría de la población desconoce su interpretación, reformas laborales, impuestos indeterminados, recortes sociales, anticipando un escenario de miserias insospechadas. Toda una proyección fantasmagórica hacia el exterior para ocultar los auténticos fantasmas que tenemos en el interior, que son incapaces de resolver nuestros problemas pero por ello no reciben sanción alguna y siguen cobrando todos los meses, como si hubieran resuelto las dificultades a las que nos enfrentamos de la forma más eficaz.
Foucault nos advirtió sobre el poder y sus engaños, verán ustedes, todo es mucho más sencillo, el poder, en todas sus representaciones, ejecutivas, legislativas y judiciales ha fracasado al intentar resolver las diversas crisis que padecemos, pero no solo eso, ¿hasta qué punto no ha acrecentado las crisis en las que nos encontramos? ¿No resulta sorprendente que un gobierno de izquierdas ayude al capital, sin hacer reformas sociales, para que ahora venga un gobierno de derechas y realice esas reformas sociales, tratando de salvarnos del capital? ¿Hasta qué punto el PSOE, con su parsimonia, no ha contribuido a obligar a que el PP realice drásticas reformas, gracias a su “ineptitud” bien administrada?
La gente en su inocencia piensa que el PSOE ha tratado de resolver las cosas, pero que su impotencia (no su falta de intención), fue la que le impidió hacerlo y la crisis internacional de los mercados contribuyó a su fracaso. Imagínense ustedes por un momento que el propósito del PSOE no fuera resolver la crisis, sino acrecentarla, para que el PP estuviera obligado a tomar las medidas insociales, que ellos no asumieron, para que tuviera muy difícil gobernar. Imagínense que el PP le dejó hacer durante los últimos ocho años, esperando heredar una situación tan penosa que le permitiría obtener una mayoría absoluta en las urnas, para luego hacer lo que el PSOE evitó asumir de forma irresponsable, no por no poder hacerlo, sino con la intención de crear una tierra quemada en la que prácticamente no hubiera solución posible. Las consecuencias ya las conocemos deuda, déficit y desempleo, y herencia del rival de una situación endemoniada, pero también una crisis que pagaremos los ciudadanos, mientras en el PSOE y el PP juegan al tenis con nuestro bienestar.
¿Realmente se piensan ustedes que hay solo torpeza en las acciones del ejecutivo, el silencio connivente del legislativo y la mirada para otro lado del judicial? No sean inocentes, el poder es uno, da igual que sea PSOE o PP, la cuestión es que cuanto peor vayan las cosas, más necesarios se hacen los políticos para resolverlas, o mejor dicho, para hacer que las resuelven.
No se crean nada, todo es puro teatro, representan una catarsis de tragedia, pero el PSOE y el PP siguen arriba, igual o mejor, y los demás seguimos abajo, igual o peor. No se equivoquen al identificar el poder de la crisis, porque su principal finalidad es la instrumentalización que de ella hace el poder para incrementar el dominio de los ciudadanos.
En una época de intensa comunicación entre los seres humanos, gracias a las herramientas de la red, cuando ya no es suficiente con unos medios de comunicación subvencionados para intoxicar a la opinión pública y censurar el conocimiento de la realidad, una crisis económica es una causa fantástica para recobrar el valor, la credibilidad y la confianza que los ciudadanos han perdido con los políticos y ahora vendrá la retahíla predecible: que nos van a bajar el nivel de vida, pero luego, gracias a una milagrosa intervención y la magnanimidad, inteligencia y buen hacer de los que detentan el poder nos salvarán en el último momento, nos harán creer que estamos al borde de la asfixia y en el último instante evitarán nuestro final, con lo que la gente aplaudirá, sonreirá y volverá a ser feliz, por haber perdido sólamente el 20 % de su bienestar cuando le habían anunciado que podría ser mas del 50 %, mientras que los políticos se afianzarán con sus privilegios en el poder y recobrarán todas “las virtudes” de las que parecían adolecer.
Así el poder de la crisis terminará ayudando a resolver la auténtica crisis que el poder está atravesando, nos quitarán libertad, derechos y recursos, pero al menos conservaremos la vida, y al final, gracias a los medios de comunicación y sus intoxicaciones, lograrán convencernos de que si no somos felices realmente somos unos ingratos desaprensivos.
En fin, queridos visitantes de este blog, entre los que espero que haya algún lector todavía, esta regresión cada día da más asco, pero la tenemos bien merecida por haber progresado con Zapatero en el poder y Rajoy en la oposición, lo que no nos merecíamos. Ahora, Rajoy concluirá la obra de Zapatero, y dentro de cuatro años ni nos acordaremos de todo lo que nos han usurpado.
Enrique Suárez
La crisis económica que estamos atravesando, es una nueva máscara del poder, para ocultar su fracaso, posiblemente su impotencia y con seguridad su miedo a la pérdida de control sobre la sociedad, que es esa aglomeración amorfa de ciudadanos. Cuando los medios de comunicación nos hablan más de mercados o de Estados, que de parados, desahuciados, desposeídos y desamparados, que son sus víctimas, la opinión pública se está dirigiendo al lugar contrario de aquel en el que debería fijarse. Hablamos entonces de demonios, enemigos, imponderables y factores determinantes de nuestro destino. Todo ésto sólo sirve a un propósito: ocultar que el poder y sus representaciones NO PUEDEN resolver nuestros problemas, esa es la contradicción que trata de ocultarse, LA IMPOTENCIA DEL PODER, que realmente es inútil e innecesario, para resolver nuestros problemas.
Surgen entonces fantasmas nuevos, que hasta ayer mismo desconocíamos: primas de riesgo, estanflaciones, eurobonos, teoremas diversos, especulaciones de augures denominados “gurús”, una tormenta de información sobre la que la mayoría de la población desconoce su interpretación, reformas laborales, impuestos indeterminados, recortes sociales, anticipando un escenario de miserias insospechadas. Toda una proyección fantasmagórica hacia el exterior para ocultar los auténticos fantasmas que tenemos en el interior, que son incapaces de resolver nuestros problemas pero por ello no reciben sanción alguna y siguen cobrando todos los meses, como si hubieran resuelto las dificultades a las que nos enfrentamos de la forma más eficaz.
Foucault nos advirtió sobre el poder y sus engaños, verán ustedes, todo es mucho más sencillo, el poder, en todas sus representaciones, ejecutivas, legislativas y judiciales ha fracasado al intentar resolver las diversas crisis que padecemos, pero no solo eso, ¿hasta qué punto no ha acrecentado las crisis en las que nos encontramos? ¿No resulta sorprendente que un gobierno de izquierdas ayude al capital, sin hacer reformas sociales, para que ahora venga un gobierno de derechas y realice esas reformas sociales, tratando de salvarnos del capital? ¿Hasta qué punto el PSOE, con su parsimonia, no ha contribuido a obligar a que el PP realice drásticas reformas, gracias a su “ineptitud” bien administrada?
La gente en su inocencia piensa que el PSOE ha tratado de resolver las cosas, pero que su impotencia (no su falta de intención), fue la que le impidió hacerlo y la crisis internacional de los mercados contribuyó a su fracaso. Imagínense ustedes por un momento que el propósito del PSOE no fuera resolver la crisis, sino acrecentarla, para que el PP estuviera obligado a tomar las medidas insociales, que ellos no asumieron, para que tuviera muy difícil gobernar. Imagínense que el PP le dejó hacer durante los últimos ocho años, esperando heredar una situación tan penosa que le permitiría obtener una mayoría absoluta en las urnas, para luego hacer lo que el PSOE evitó asumir de forma irresponsable, no por no poder hacerlo, sino con la intención de crear una tierra quemada en la que prácticamente no hubiera solución posible. Las consecuencias ya las conocemos deuda, déficit y desempleo, y herencia del rival de una situación endemoniada, pero también una crisis que pagaremos los ciudadanos, mientras en el PSOE y el PP juegan al tenis con nuestro bienestar.
¿Realmente se piensan ustedes que hay solo torpeza en las acciones del ejecutivo, el silencio connivente del legislativo y la mirada para otro lado del judicial? No sean inocentes, el poder es uno, da igual que sea PSOE o PP, la cuestión es que cuanto peor vayan las cosas, más necesarios se hacen los políticos para resolverlas, o mejor dicho, para hacer que las resuelven.
No se crean nada, todo es puro teatro, representan una catarsis de tragedia, pero el PSOE y el PP siguen arriba, igual o mejor, y los demás seguimos abajo, igual o peor. No se equivoquen al identificar el poder de la crisis, porque su principal finalidad es la instrumentalización que de ella hace el poder para incrementar el dominio de los ciudadanos.
En una época de intensa comunicación entre los seres humanos, gracias a las herramientas de la red, cuando ya no es suficiente con unos medios de comunicación subvencionados para intoxicar a la opinión pública y censurar el conocimiento de la realidad, una crisis económica es una causa fantástica para recobrar el valor, la credibilidad y la confianza que los ciudadanos han perdido con los políticos y ahora vendrá la retahíla predecible: que nos van a bajar el nivel de vida, pero luego, gracias a una milagrosa intervención y la magnanimidad, inteligencia y buen hacer de los que detentan el poder nos salvarán en el último momento, nos harán creer que estamos al borde de la asfixia y en el último instante evitarán nuestro final, con lo que la gente aplaudirá, sonreirá y volverá a ser feliz, por haber perdido sólamente el 20 % de su bienestar cuando le habían anunciado que podría ser mas del 50 %, mientras que los políticos se afianzarán con sus privilegios en el poder y recobrarán todas “las virtudes” de las que parecían adolecer.
Así el poder de la crisis terminará ayudando a resolver la auténtica crisis que el poder está atravesando, nos quitarán libertad, derechos y recursos, pero al menos conservaremos la vida, y al final, gracias a los medios de comunicación y sus intoxicaciones, lograrán convencernos de que si no somos felices realmente somos unos ingratos desaprensivos.
En fin, queridos visitantes de este blog, entre los que espero que haya algún lector todavía, esta regresión cada día da más asco, pero la tenemos bien merecida por haber progresado con Zapatero en el poder y Rajoy en la oposición, lo que no nos merecíamos. Ahora, Rajoy concluirá la obra de Zapatero, y dentro de cuatro años ni nos acordaremos de todo lo que nos han usurpado.
Enrique Suárez
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