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martes, 28 de octubre de 2008
Entre "El Álamo" y "El Color Púrpura"

Ha llegado la hora de hablar de las elecciones norteamericanas, hasta que no se celebren no se sabe que pasará en este mundo tan intempestivo, y después, tampoco. Abandonen toda esperanza de que la solución, en plan Mr. Jones, inunde Europa, tampoco es probable que Europa unida, reunida, y vuelta a reunir, procure alguna solución mágica a lo que está ocurriendo en los mercados y los estados, en esa distorsionado equilibrio entre el poder económico y el poder político.
Como diría Edgar Morín, la crisis es compleja, inmensamente compleja, por eso hay que abandonar la esperanza de las soluciones simplificadas, que el Estado le presta dinero al sistema de mercado, que el sistema de mercado se lo vuelve a prestar a los contribuyentes y otra vez se pondrá en marcha la noria de la riqueza y de la pobreza, todo es mucho más complejo. Las elecciones norteamericanas también lo son, quien diría cuando se contaban los votos en Florida, que Bush sería presidente para iniciar las guerras de Afganistán e Irak, y para que Al Gore fuera Premio Nóbel de la Paz. Triunfan en la guerra y en la paz, son así.
Como liberal, soy muy escéptico con las intervenciones de los Estados sobre los mercados, pero aún soy más escéptico en el paralelismo que pueda exister entre los políticos norteamericanos y los europeos.
Estados Unidos no es Europa
En Europa, los Estados están dirigidos por políticos que buscan su propio interés que es el de perpetuarse en el poder, que rinden pleitesía a sus partidos y sólo pueden ser candidatos si sus partidos lo autorizan, pero quien en la vida sólo ha alcanzado esa forma de subsistir, demuestra que no ha servido para otra cosa, así que todas las inteligencias de los políticos europeos reunidas alrededor de una mesa, no dan ni para resolver un sudoku, y si va a Zapatero a Washington, ni una sopa de letras.
En Estados Unidos las cosas son diferentes, todo se fundamenta en la competición y para alcanzar la candidatura a la presidencia, hay que ganársela directamente con el apoyo de los ciudadanos, no exclusivamente con el de los partidos políticos, que lo único que hacen es ratificar lo decidido por sus electores. Esto dice mucho a favor de los candidatos norteamericanos.
A lo que vamos, hay elecciones en USA, ese país al que Alexis de Tocqueville admiraba tras haber vivido la Revolución en su país y siendo francés. En realidad, a quien admiraba era al pueblo norteamericano, más fraguado en la libertad que ningún otro en el planeta.
Por eso tengo la certeza de que los norteamericanos van a elegir como futuro presidente a McCain, porque todos sus discursos han sido de incertidumbre, es decir, sinceros, correlacionan con la realidad que estamos viviendo, mientras que los del candidato demócrata, Barack Obama, hablan de certezas, cuando la veleta que indica el futuro económico está en medio de un huracán, luego ha mentido en su campaña, y puede hacerlo por dos motivos: uno porque si dice lo que realmente piensa no triunfa en las elecciones, -ojalá sea así, eso correlaciona con su inteligencia-, y otro, porque realmente crea que lo que piensa es cierto, y estaríamos ante un caso como el de nuestro presidente Zapatero, lo que sería para echarse a temblar. Me decanto por la primera opción, por su trayectoria.
Triunfar en la campaña no da la presidencia
Barack Obama ha triunfado en la campaña, de eso no cabe duda, por su verbo amable y su cosmovisión apacible. En la propaganda es un fenómeno comparable a nuestro cejudo presidente, pero no existe paralelismo alguno cuando se comparan sus trayectorias personales, por mucho que se empeñe José Blanco en repetirlo. Líbreme Dios de los taimados como Zapatero, aunque sea agnóstico; no son de fiar, porque venden a su madre si es preciso, con tal de ganar las elecciones o colocar participaciones de una "subprime". Nada que ver con Obama, que tiene toda la mar detrás de una larga y cansina campaña pública, sólo para ser candidato.
Sí, ya sé que queda bonito un negro en la Casa Blanca, pero no va a ser para esta y si no al tiempo. Las encuestas están artefactadas por la crisis, los norteamericanos en tiempos difíciles siempre votan republicano, aunque sea al dúo McCain-Palin, o Rajoy-Cospedal si se terciase.
Al fin y al cabo, tienen la certeza de que los republicanos son lo que son y no aparentan que son otra cosa, mientras que los demócratas varían según las circunstancias, se adaptan a los tiempos. Son de los que piensan que en época tormentosa, mejor el barco anclado en puerto conocido que a la deriva de las veleidades del capitán, por muy negro que sea en un país que quiere quitarse el racismo de encima desde hace doscientos años y tras la acusación latente de la cabaña del Tío Tom.
Los norteamericanos saben lo que son y no quieren ser otra cosa, es decir, creen en sí mismos, no como los españoles que pensamos que el Estado protector nos va a resolver todos los problemas. La campaña de McCain ha sido inteligente, sutil, penetrante, está dejando que hable Obama, que prometa Obama, que se moje Obama, y el sólo tiene que decir: "ojalá tuviera razón, pero se equivoca", lleva haciéndolo toda la campaña, y esto ha desgastado a Obama, mucho más que si le dijera que estaba en el limbo, directamente. Rajoy y Arriola, deberían aprender de los norteamericanos haciendo campañas.
Los progresistas norteamericanos están moviendo todos sus recursos organizados para llevar por primera vez un negro a la Casa Blanca, y eximirse de muchas cosas, pero ese acontecimiento puede esperar, aunque quede bien, y sea deseable, porque el problema ahora es como se resuelven las dificultades económicas de su país, y al contrario de esta última España en la que vivimos, que se acojona ante las amenazas de los terroristas y anhela una propuesta política que exima de responsabilidades a sus ciudadanos, los norteamericanos, que no tienen duda de lo que son, con todas las consecuencias, votarán primero por lo mejor para su país, y en segundo lugar por su imagen ante el mundo, que realmente les importa un carajo. Vamos que no votarán a Obama por ser negro, muy al contrario, votarán a McCain por ser blanco.
Y los sueños..., sueños son
Han inventado la fábrica de sueños de Hoolliwood, para vender al resto del mundo como funcionan en Estados Unidos, cuando en realidad eso sí que es propaganda. Los norteamericanos sólo se hacen autocrítica en el cine, pero aún así, sus mitos permanecen subliminales, si no recuerden todas las películas de vaqueros e indios, a ver si haciendo memoria hubo algún protagonista que fuera negro, yo no recuerdo ninguna; el héroe norteamericano siempre es blanco, como John Wayne, y los Estados Unidos, que son los que más autocrítica se hacen en el cine, en política se siguen considerando la primera potencia mundial, y cuando tienen que votar no lo hacen con el corazón, sino fundamentándose en los mitos en los que creen.
Así que lamento darle un disgusto a José Blanco, pero el negro puede esperar para llegar a la Casa Blanca, porque en Estados Unidos ya es suficientemente negro el futuro que les espera como para reafirmarlo eligiendo a Obama.
Y estoy seguro de que Obama sería mejor presidente que McCain -aunque se haya pasado la campaña en plan ecuánime y zapateril-, tiene buenas condiciones y es el primer senador negro de los Estados Unidos, eso dice mucho a su favor, porque nadie le ha regalado nada.
Yo también votaría por Obama, pero no por lo que se ha visto en campaña, ni por ese paralelismo que se empeñan en encontrarle José Blanco y los progresistas de El País, con Zapatero, sino por sus demostradas cualidades personales, primero para ser senador por Illinois, y segundo para alcanzar la candidatura demócrata a la presidencia enfrentándose a Hillary Clinton, la esposa del último presidente demócrata y sus conocidas contradicciones. Eso dice mucho a su favor, y a Zapatero lo han colocado en su partido por la tercera vía, para no molestar ni a González, ni a Guerra.
La campaña no ha concluído y ya verán cuando los estrategas de McCain saquen "El Álamo", y los norteamericanos se vean rodeados por los mejicanos -que representan en esta ocasión al resto del mundo-, como cambian las cosas. Esta semana, sin ir más lejos.
No son tiempos para llorar con "El color púrpura", por qué en esta ocasión hay motivos suficientes para que broten las lágrimas sin tener que ir al cine; los electores votarán primero por quien les prometa continuar con "el sueño americano", que por quien amenace con despertarles de repente y convertirlos en unos ciudadanos más de todos los que habitamos este planeta, por eso votarán por McCain, aunque les mienta, Obama perderá las elecciones, aunque les haya dicho la verdad: que los norteamericanos ya no son lo que eran y buena prueba de ello es que él pueda ser presidente de los Estados Unidos de América . ¿Ven como las cosas son complejas?, y en la política norteamericana mucho más, porque en la patria de George Washington votan con mucho sentido común.
Erasmo de Salinas
Como diría Edgar Morín, la crisis es compleja, inmensamente compleja, por eso hay que abandonar la esperanza de las soluciones simplificadas, que el Estado le presta dinero al sistema de mercado, que el sistema de mercado se lo vuelve a prestar a los contribuyentes y otra vez se pondrá en marcha la noria de la riqueza y de la pobreza, todo es mucho más complejo. Las elecciones norteamericanas también lo son, quien diría cuando se contaban los votos en Florida, que Bush sería presidente para iniciar las guerras de Afganistán e Irak, y para que Al Gore fuera Premio Nóbel de la Paz. Triunfan en la guerra y en la paz, son así.
Como liberal, soy muy escéptico con las intervenciones de los Estados sobre los mercados, pero aún soy más escéptico en el paralelismo que pueda exister entre los políticos norteamericanos y los europeos.
Estados Unidos no es Europa
En Europa, los Estados están dirigidos por políticos que buscan su propio interés que es el de perpetuarse en el poder, que rinden pleitesía a sus partidos y sólo pueden ser candidatos si sus partidos lo autorizan, pero quien en la vida sólo ha alcanzado esa forma de subsistir, demuestra que no ha servido para otra cosa, así que todas las inteligencias de los políticos europeos reunidas alrededor de una mesa, no dan ni para resolver un sudoku, y si va a Zapatero a Washington, ni una sopa de letras.
En Estados Unidos las cosas son diferentes, todo se fundamenta en la competición y para alcanzar la candidatura a la presidencia, hay que ganársela directamente con el apoyo de los ciudadanos, no exclusivamente con el de los partidos políticos, que lo único que hacen es ratificar lo decidido por sus electores. Esto dice mucho a favor de los candidatos norteamericanos.
A lo que vamos, hay elecciones en USA, ese país al que Alexis de Tocqueville admiraba tras haber vivido la Revolución en su país y siendo francés. En realidad, a quien admiraba era al pueblo norteamericano, más fraguado en la libertad que ningún otro en el planeta.
Por eso tengo la certeza de que los norteamericanos van a elegir como futuro presidente a McCain, porque todos sus discursos han sido de incertidumbre, es decir, sinceros, correlacionan con la realidad que estamos viviendo, mientras que los del candidato demócrata, Barack Obama, hablan de certezas, cuando la veleta que indica el futuro económico está en medio de un huracán, luego ha mentido en su campaña, y puede hacerlo por dos motivos: uno porque si dice lo que realmente piensa no triunfa en las elecciones, -ojalá sea así, eso correlaciona con su inteligencia-, y otro, porque realmente crea que lo que piensa es cierto, y estaríamos ante un caso como el de nuestro presidente Zapatero, lo que sería para echarse a temblar. Me decanto por la primera opción, por su trayectoria.
Triunfar en la campaña no da la presidencia
Barack Obama ha triunfado en la campaña, de eso no cabe duda, por su verbo amable y su cosmovisión apacible. En la propaganda es un fenómeno comparable a nuestro cejudo presidente, pero no existe paralelismo alguno cuando se comparan sus trayectorias personales, por mucho que se empeñe José Blanco en repetirlo. Líbreme Dios de los taimados como Zapatero, aunque sea agnóstico; no son de fiar, porque venden a su madre si es preciso, con tal de ganar las elecciones o colocar participaciones de una "subprime". Nada que ver con Obama, que tiene toda la mar detrás de una larga y cansina campaña pública, sólo para ser candidato.
Sí, ya sé que queda bonito un negro en la Casa Blanca, pero no va a ser para esta y si no al tiempo. Las encuestas están artefactadas por la crisis, los norteamericanos en tiempos difíciles siempre votan republicano, aunque sea al dúo McCain-Palin, o Rajoy-Cospedal si se terciase.
Al fin y al cabo, tienen la certeza de que los republicanos son lo que son y no aparentan que son otra cosa, mientras que los demócratas varían según las circunstancias, se adaptan a los tiempos. Son de los que piensan que en época tormentosa, mejor el barco anclado en puerto conocido que a la deriva de las veleidades del capitán, por muy negro que sea en un país que quiere quitarse el racismo de encima desde hace doscientos años y tras la acusación latente de la cabaña del Tío Tom.
Los norteamericanos saben lo que son y no quieren ser otra cosa, es decir, creen en sí mismos, no como los españoles que pensamos que el Estado protector nos va a resolver todos los problemas. La campaña de McCain ha sido inteligente, sutil, penetrante, está dejando que hable Obama, que prometa Obama, que se moje Obama, y el sólo tiene que decir: "ojalá tuviera razón, pero se equivoca", lleva haciéndolo toda la campaña, y esto ha desgastado a Obama, mucho más que si le dijera que estaba en el limbo, directamente. Rajoy y Arriola, deberían aprender de los norteamericanos haciendo campañas.
Los progresistas norteamericanos están moviendo todos sus recursos organizados para llevar por primera vez un negro a la Casa Blanca, y eximirse de muchas cosas, pero ese acontecimiento puede esperar, aunque quede bien, y sea deseable, porque el problema ahora es como se resuelven las dificultades económicas de su país, y al contrario de esta última España en la que vivimos, que se acojona ante las amenazas de los terroristas y anhela una propuesta política que exima de responsabilidades a sus ciudadanos, los norteamericanos, que no tienen duda de lo que son, con todas las consecuencias, votarán primero por lo mejor para su país, y en segundo lugar por su imagen ante el mundo, que realmente les importa un carajo. Vamos que no votarán a Obama por ser negro, muy al contrario, votarán a McCain por ser blanco.
Y los sueños..., sueños son
Han inventado la fábrica de sueños de Hoolliwood, para vender al resto del mundo como funcionan en Estados Unidos, cuando en realidad eso sí que es propaganda. Los norteamericanos sólo se hacen autocrítica en el cine, pero aún así, sus mitos permanecen subliminales, si no recuerden todas las películas de vaqueros e indios, a ver si haciendo memoria hubo algún protagonista que fuera negro, yo no recuerdo ninguna; el héroe norteamericano siempre es blanco, como John Wayne, y los Estados Unidos, que son los que más autocrítica se hacen en el cine, en política se siguen considerando la primera potencia mundial, y cuando tienen que votar no lo hacen con el corazón, sino fundamentándose en los mitos en los que creen.
Así que lamento darle un disgusto a José Blanco, pero el negro puede esperar para llegar a la Casa Blanca, porque en Estados Unidos ya es suficientemente negro el futuro que les espera como para reafirmarlo eligiendo a Obama.
Y estoy seguro de que Obama sería mejor presidente que McCain -aunque se haya pasado la campaña en plan ecuánime y zapateril-, tiene buenas condiciones y es el primer senador negro de los Estados Unidos, eso dice mucho a su favor, porque nadie le ha regalado nada.
Yo también votaría por Obama, pero no por lo que se ha visto en campaña, ni por ese paralelismo que se empeñan en encontrarle José Blanco y los progresistas de El País, con Zapatero, sino por sus demostradas cualidades personales, primero para ser senador por Illinois, y segundo para alcanzar la candidatura demócrata a la presidencia enfrentándose a Hillary Clinton, la esposa del último presidente demócrata y sus conocidas contradicciones. Eso dice mucho a su favor, y a Zapatero lo han colocado en su partido por la tercera vía, para no molestar ni a González, ni a Guerra.
La campaña no ha concluído y ya verán cuando los estrategas de McCain saquen "El Álamo", y los norteamericanos se vean rodeados por los mejicanos -que representan en esta ocasión al resto del mundo-, como cambian las cosas. Esta semana, sin ir más lejos.
No son tiempos para llorar con "El color púrpura", por qué en esta ocasión hay motivos suficientes para que broten las lágrimas sin tener que ir al cine; los electores votarán primero por quien les prometa continuar con "el sueño americano", que por quien amenace con despertarles de repente y convertirlos en unos ciudadanos más de todos los que habitamos este planeta, por eso votarán por McCain, aunque les mienta, Obama perderá las elecciones, aunque les haya dicho la verdad: que los norteamericanos ya no son lo que eran y buena prueba de ello es que él pueda ser presidente de los Estados Unidos de América . ¿Ven como las cosas son complejas?, y en la política norteamericana mucho más, porque en la patria de George Washington votan con mucho sentido común.
Erasmo de Salinas
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Ciudadanos y Política,
Elecciones USA
lunes, 27 de octubre de 2008
¿Cuánto nos cuesta la crisis?

Demasiado, nos cuesta demasiado. Pagamos por las negligencias, mentiras y estupideces de los políticos, una barbaridad. Verán ustedes, en un ejercicio pedagógico vamos a hablar hoy de lo que realmente nos cuesta la crisis.
Comencemos por las ayudas a las entidades financieras, el impuesto de refundación del capitalismo que en realidad es el pago por los desperfectos, descontrol y arbitrariedades que se han permitido desde los distintos Gobiernos y Administraciones Públicas, desde todas las instituciones colonizadas por los políticos, desde los puestos de confianza -ahora recuerdo que el Presidente Rodríguez Zapatero tiene 644 asesores, que no nos han servido para nada porque ni siquiera uno ha visto venir la crisis-, desde los medios de comunicación y la ausencia de profesionalidad en el periodismo en la que estamos viviendo que no advierte de lo que viene, ni siquiera de lo que hay.
Súmense las negligencias de autonomías y municipios. Añádanse los sindicatos, con un porcentaje de liberados que no dan golpe pero cobran todos los meses, las cámaras de comercio, la CEOE, las CEPYME, y por supuesto, todos los que viven a la sombra del privilegio sectario, con empresas parásitas del Estado en todas sus instituciones, pero que contratan al sobrino del político que les da de comer, y además le proporcionan vivienda a bajo precio, por concesiones ulteriores que espera.
¿Se han enterado ustedes de todos los que tenemos que mantener?. Sin comprender lo que nos cuesta el Estado, difícilmente podremos entender nada. Y ahora proseguimos con las ayudas a los bancos, damnificados por una crisis sin precedentes. Que el Estado financie el Mercado es una aberración, la mayor de las posibles, salvo que tenga la idea de generar nuevas parasitaciones políticas, nuevas vías de profanar la honestidad de los negocios, quiero decir.
Y no quiero olvidarme de recordar a todos los lectores, que la crisis española poco tiene que ver con la crisis de otros países, porque en España los problemas no son de liquidez de las entidades financieras, que aún andan comprando y vendiendo participaciones por el mundo, sino de la extraordinaria incompetencia de nuestro mercado laboral, lastrado por los sindicatos, sometido por las políticas estatales, intervenido hasta el tuétano. El crecimiento del desempleo nos separa en sus causas y consecuencias de la crisis internacional, y el paro crece porque las estructuras laborales son arcaicas, estacionales, discontinuas, fraccionarias, no planificadas e improductivas, gracias a los sindicatos, la paz social y la petulancia extrema de unos inútiles que se pasean por los escenarios públicos, Sebastián, Solbes, Blanco, De la Vega, Zapatero, sin tener ni pajolera idea de lo que es la economía, porque sólo se han ocupado en su vida de lo que pueden hacer con el Estado, sin saber siquiera de donde viene el dinero que se gastan, como dijo aquella ministra, de cuyo nombre me he olvidado: "el dinero público no es de nadie".
Y vamos con la crisis financiera, que al final va a olvidárseme, pues verán ustedes he hecho algunos cálculos, en este país cotizamos por nuestro trabajo veinte millones de ciudadanos, si se van a dedicar cien mil millones de euros a reflotar el sistema financiero en nuestro país, nos sale la gestión a cada contribuyente real por la simpática cantidad de 5.000 euros, eso dedicado a resolver sólo la crisis de los bancos, ahora súmense los ERES, la pensiones, los parados, el coste de los servicios, y los sueldos de los políticos y descubrirán lo que cada español medio va a tener que pagar de impuestos para hacer la política económica de corte socialdemócrata que pretende Zapatero.
Cada español comenzará el año 2009 debiendo más de 15.000 euros, más lo que le corresponda por la deuda pública, y las deudas personales que tenga adquiridas. Eso sin hacer ni una obra pública, porque con cada concesión, con cada parado, con cada nuevo contratado para tareas improductivas, con cada nuevo liberado sindical, con cada nuevo político, sigue aumentando lo que debemos, porque el superavit aquel que teníamos se lo ha fundido la corte de Zapatero antes de que reconocieran públicamente que había crisis, en tan solo cuatro meses.
Ni reconocieron la crisis, ni la van a resolver, dejarán que las cosas se pudran hasta que el Estado entre en quiebra, se forrarán un poco más con la "resolución de la crisis" y después le pasarán la breva a ese señor de barba que reside en los montes de Babia, y que terminará contándonos a los españoles como han dejado el Estado, mientras las calles se llenarán de huelguistas, parados y esa izquierda social que se ha acostumbrado a vivir de los demás en su victimismo insaciable, porque han hecho de la dependencia un negocio muy rentable. Y los que trabajamos, a trabajar más, para que nos "arreglen la vida" estos entusiastas salvadores que nos han tocado en las urnas, por votar con el modelo de la ONCE como único criterio, a ver si hay suerte y nos acaban de dar los 400 euros.
Díganme ustedes si no son motivos para volver a creer en el más allá, porque en el más acá como que no. Y encima, el inefable cejudo quiere ir a Washington a decirle al mundo mundial como se arregla el embrollo, miedo me da que le dejen participar aunque sea de oyente.
En realidad, el precio que pagaremos por la crisis es el regreso al pasado de incertidumbre y miseria, gracias a los progresistas que decían que nos iban a salvar del "infierno" creado por Aznar, y léanse cuando puedan algo de lo que dice el Profesor Barea, aquel economista que hoy tiene 85 años y fue el que hizo posible que España convergiera con Europa en todos los epígrafes, para que vinieran los pacifistas rentistas a liberarnos del futuro que nos esperaba. Y en su defecto, algo de lo que dice Alberto Recarte en Libertad Digital, o el profesor Nouriel Roubini, si prefieren escuchar lo que piensa sobre nuestro país un "gurú" económico mundialmente reconocido en el tema de las crisis, que clavó lo ocurrido en los Estados Unidos en 2004, y lleva anunciando la crisis desde entonces.
La factura que pagaremos los españoles por no participar de forma "humanitaria" - como estaba previsto, igual que lo hacemos en Afganistán, Bosnia y Líbano - en la guerra de Irak, va a ser inmensamente mayor de lo que se esperaba, y todo porque como siempre, unos manipuladores organizados, consiguieron con propaganda ante la incertidumbre de un pueblo herido, cambiar el curso previsto, al descuido, como delincuentes que son. Está visto que los errores de algunos, los pagamos todos, para la próxima ocasión la mano en el bolsillo, aferrada a la decisión libre de lo realmente elegido, y el móvil apagado, que en tiempo de elecciones los carga el diablo. Pero duerman tranquilos, y procuren soñar con esa magnífica imagen de Zapatero no diciendo la palabra crisis, Solbes negándola ante Pizarro, y el magnánimo Sebastián, ofreciendo una bombilla de bajo consumo por cabeza, para iluminar nuestro futuro.
Biante de Priena
Comencemos por las ayudas a las entidades financieras, el impuesto de refundación del capitalismo que en realidad es el pago por los desperfectos, descontrol y arbitrariedades que se han permitido desde los distintos Gobiernos y Administraciones Públicas, desde todas las instituciones colonizadas por los políticos, desde los puestos de confianza -ahora recuerdo que el Presidente Rodríguez Zapatero tiene 644 asesores, que no nos han servido para nada porque ni siquiera uno ha visto venir la crisis-, desde los medios de comunicación y la ausencia de profesionalidad en el periodismo en la que estamos viviendo que no advierte de lo que viene, ni siquiera de lo que hay.
Súmense las negligencias de autonomías y municipios. Añádanse los sindicatos, con un porcentaje de liberados que no dan golpe pero cobran todos los meses, las cámaras de comercio, la CEOE, las CEPYME, y por supuesto, todos los que viven a la sombra del privilegio sectario, con empresas parásitas del Estado en todas sus instituciones, pero que contratan al sobrino del político que les da de comer, y además le proporcionan vivienda a bajo precio, por concesiones ulteriores que espera.
¿Se han enterado ustedes de todos los que tenemos que mantener?. Sin comprender lo que nos cuesta el Estado, difícilmente podremos entender nada. Y ahora proseguimos con las ayudas a los bancos, damnificados por una crisis sin precedentes. Que el Estado financie el Mercado es una aberración, la mayor de las posibles, salvo que tenga la idea de generar nuevas parasitaciones políticas, nuevas vías de profanar la honestidad de los negocios, quiero decir.
Y no quiero olvidarme de recordar a todos los lectores, que la crisis española poco tiene que ver con la crisis de otros países, porque en España los problemas no son de liquidez de las entidades financieras, que aún andan comprando y vendiendo participaciones por el mundo, sino de la extraordinaria incompetencia de nuestro mercado laboral, lastrado por los sindicatos, sometido por las políticas estatales, intervenido hasta el tuétano. El crecimiento del desempleo nos separa en sus causas y consecuencias de la crisis internacional, y el paro crece porque las estructuras laborales son arcaicas, estacionales, discontinuas, fraccionarias, no planificadas e improductivas, gracias a los sindicatos, la paz social y la petulancia extrema de unos inútiles que se pasean por los escenarios públicos, Sebastián, Solbes, Blanco, De la Vega, Zapatero, sin tener ni pajolera idea de lo que es la economía, porque sólo se han ocupado en su vida de lo que pueden hacer con el Estado, sin saber siquiera de donde viene el dinero que se gastan, como dijo aquella ministra, de cuyo nombre me he olvidado: "el dinero público no es de nadie".
Y vamos con la crisis financiera, que al final va a olvidárseme, pues verán ustedes he hecho algunos cálculos, en este país cotizamos por nuestro trabajo veinte millones de ciudadanos, si se van a dedicar cien mil millones de euros a reflotar el sistema financiero en nuestro país, nos sale la gestión a cada contribuyente real por la simpática cantidad de 5.000 euros, eso dedicado a resolver sólo la crisis de los bancos, ahora súmense los ERES, la pensiones, los parados, el coste de los servicios, y los sueldos de los políticos y descubrirán lo que cada español medio va a tener que pagar de impuestos para hacer la política económica de corte socialdemócrata que pretende Zapatero.
Cada español comenzará el año 2009 debiendo más de 15.000 euros, más lo que le corresponda por la deuda pública, y las deudas personales que tenga adquiridas. Eso sin hacer ni una obra pública, porque con cada concesión, con cada parado, con cada nuevo contratado para tareas improductivas, con cada nuevo liberado sindical, con cada nuevo político, sigue aumentando lo que debemos, porque el superavit aquel que teníamos se lo ha fundido la corte de Zapatero antes de que reconocieran públicamente que había crisis, en tan solo cuatro meses.
Ni reconocieron la crisis, ni la van a resolver, dejarán que las cosas se pudran hasta que el Estado entre en quiebra, se forrarán un poco más con la "resolución de la crisis" y después le pasarán la breva a ese señor de barba que reside en los montes de Babia, y que terminará contándonos a los españoles como han dejado el Estado, mientras las calles se llenarán de huelguistas, parados y esa izquierda social que se ha acostumbrado a vivir de los demás en su victimismo insaciable, porque han hecho de la dependencia un negocio muy rentable. Y los que trabajamos, a trabajar más, para que nos "arreglen la vida" estos entusiastas salvadores que nos han tocado en las urnas, por votar con el modelo de la ONCE como único criterio, a ver si hay suerte y nos acaban de dar los 400 euros.
Díganme ustedes si no son motivos para volver a creer en el más allá, porque en el más acá como que no. Y encima, el inefable cejudo quiere ir a Washington a decirle al mundo mundial como se arregla el embrollo, miedo me da que le dejen participar aunque sea de oyente.
En realidad, el precio que pagaremos por la crisis es el regreso al pasado de incertidumbre y miseria, gracias a los progresistas que decían que nos iban a salvar del "infierno" creado por Aznar, y léanse cuando puedan algo de lo que dice el Profesor Barea, aquel economista que hoy tiene 85 años y fue el que hizo posible que España convergiera con Europa en todos los epígrafes, para que vinieran los pacifistas rentistas a liberarnos del futuro que nos esperaba. Y en su defecto, algo de lo que dice Alberto Recarte en Libertad Digital, o el profesor Nouriel Roubini, si prefieren escuchar lo que piensa sobre nuestro país un "gurú" económico mundialmente reconocido en el tema de las crisis, que clavó lo ocurrido en los Estados Unidos en 2004, y lleva anunciando la crisis desde entonces.
La factura que pagaremos los españoles por no participar de forma "humanitaria" - como estaba previsto, igual que lo hacemos en Afganistán, Bosnia y Líbano - en la guerra de Irak, va a ser inmensamente mayor de lo que se esperaba, y todo porque como siempre, unos manipuladores organizados, consiguieron con propaganda ante la incertidumbre de un pueblo herido, cambiar el curso previsto, al descuido, como delincuentes que son. Está visto que los errores de algunos, los pagamos todos, para la próxima ocasión la mano en el bolsillo, aferrada a la decisión libre de lo realmente elegido, y el móvil apagado, que en tiempo de elecciones los carga el diablo. Pero duerman tranquilos, y procuren soñar con esa magnífica imagen de Zapatero no diciendo la palabra crisis, Solbes negándola ante Pizarro, y el magnánimo Sebastián, ofreciendo una bombilla de bajo consumo por cabeza, para iluminar nuestro futuro.
Biante de Priena
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España
Los Efectos de la Crisis sobre la Población
TEXTO: ¿Pensáis que la crisis puede cambiar a las personas? / Yo diría que no / Me parece improbable / ¡Que va! / No lo creo
Blog: dibujandolacrisis.blogspot.com
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domingo, 26 de octubre de 2008
Por un Observatorio para la Etica Politica
El constructivismo es una de las muchas formas en las que se puede representar la interacción del sujeto con el objeto, del ser humano con el mundo, y de los seres humanos entre sí.
La política es una construcción genuina, pletórica de símbolos, mitos y rituales, que se consolida cada día más como el criterio fundamental por el que deben determinarse todas las cosas conocidas, y desconocidas. Su importancia está desplazando a la economía, en la intención de fundirse con ella y dominarla. La presente crisis es extraordinario ejemplo.
Previamente la política suplantó a la religión, como la única creencia posible, legítima, admitida, por una sociedad moderna, avanzada, progresista. .
La inocencia de la mayoría de los ciudadanos es insultante, casi tanto como su ignorancia. A los irresponsables que aceptan que la democracia es ver a sus elegidos en la tele diciendo tonterías, y que su papel en la política es acudir cada cuatro años para relevarlos o ratificarlos en las urnas, les debemos todos los males que nos ocurren, económicos, políticos, sociales e individuales.
Los ciudadanos necesitan convertirse en creyentes, y los políticos en una clerecía singular que defiende los dogmas de obligado cumplimiento. Los medios de comunicación viven fundamentalmente de las creencias y mucho menos de la información, por eso la propaganda ha ido desplazando cada vez más al relato de los hechos. Todo está politizado, absolutamente todo.
En los anuncios de televisión se ven productos que posiblemente disminuyan el colesterol, que nos hagan estar más bellos y lúcidos, o que nos van a hacer felices. Esto es una patraña, pero prepara el contexto de la creencia, o mejor dicho, de la credulidad requerida para que las cosas sigan siendo de la misma forma, para estabilizar un sistema en el que los políticos son los privilegiados de la sociedad y los ciudadanos los damnificados, sin posibilidad de réplica alguna.
La democracia existente en la mayoría de los países, ni es democracia, ni nada que se le parezca, sencillamente es un negocio egoísta que permite a algunos vivir muy bien, y a la mayoría seguir viviendo cada día peor, porque los que viven muy bien quieren vivir mejor.
Estamos en el 2008, los ciudadanos saben leer y escribir, incluso una mayoría dispone de un criterio sobre las cosas, y una minoría sabe que la política es un montaje estafador, posiblemente el mayor factor de segregación y desigualdad existente en las sociedades avanzadas.
No se puede seguir triunfando en las elecciones para cobrar sueldos astronómicos a costa del erario público por no hacer nada, por empeorar la vida de los ciudadanos. Sin ningún control, sin tener que rendir cuentas, en plena impunidad, moviéndose por caprichos personales y no por las necesidades de los ciudadanos.
La revolución pendiente sólo es una, la ocupación del poder por los ciudadanos, la representación de cada uno por sí mismo, y el control exhaustivo de los políticos, exigiendo una auditoría permanente de sus ingresos, pero también de sus gestiones políticas.
La forma de acabar con todas las crisis, pasará siempre por el control de los políticos. Hay una pequeña diferencia entre representar los intereses de los ciudadanos, y representar los intereses propios, que permiten la perpetuación en los cargos.
Es hora de crear en nuestro país una agencia independiente de control político, un observatorio de la ética política, de las propuestas y de las acciones políticas, formado por ciudadanos independientes, con la colaboración de expertos en cada tema importante para nuestras vidas.
Basta ya de repetir errores, se necesita un jurado permanente de personas que nada tengan que ver con la política, porque su interés sea exclusivamente la defensa de las auténticas necesidades de los ciudadanos.
El Defensor del Pueblo se ha mostrado ineficaz, y además se ha apartado de la defensa de los intereses de los ciudadanos, quizás por exceso de trabajo, eso es cierto. Más allá del Defensor del Pueblo, está un observatorio de Ética Política, una institución indispensable en nuestro país, que los ciudadanos debemos exigir de inmediato, y si no se hace con la colaboración del Estado, deberá hacerse de forma independiente, con el apoyo de ciudadanos comprometidos.
La sociedad civil no puede permanecer inerme ante tanta insidia y tantos desmanes. Resulta curioso que en este mundo plagado de ONGs, a nadie se la haya ocurrido hacer la principal, la de protección de los interes de la sociedad civil frente a la opresión del Estado en manos de políticos egoistas. Esto dice mucho de cuales son los auténticos intereses de las ONGs, que no tienen nada que ver con los intereses de los ciudadanos, sino con su culpabilización permanente, y la rentabilidad que de ello se deriva.
Biante de Priena
La política es una construcción genuina, pletórica de símbolos, mitos y rituales, que se consolida cada día más como el criterio fundamental por el que deben determinarse todas las cosas conocidas, y desconocidas. Su importancia está desplazando a la economía, en la intención de fundirse con ella y dominarla. La presente crisis es extraordinario ejemplo.
Previamente la política suplantó a la religión, como la única creencia posible, legítima, admitida, por una sociedad moderna, avanzada, progresista. .
La inocencia de la mayoría de los ciudadanos es insultante, casi tanto como su ignorancia. A los irresponsables que aceptan que la democracia es ver a sus elegidos en la tele diciendo tonterías, y que su papel en la política es acudir cada cuatro años para relevarlos o ratificarlos en las urnas, les debemos todos los males que nos ocurren, económicos, políticos, sociales e individuales.
Los ciudadanos necesitan convertirse en creyentes, y los políticos en una clerecía singular que defiende los dogmas de obligado cumplimiento. Los medios de comunicación viven fundamentalmente de las creencias y mucho menos de la información, por eso la propaganda ha ido desplazando cada vez más al relato de los hechos. Todo está politizado, absolutamente todo.
En los anuncios de televisión se ven productos que posiblemente disminuyan el colesterol, que nos hagan estar más bellos y lúcidos, o que nos van a hacer felices. Esto es una patraña, pero prepara el contexto de la creencia, o mejor dicho, de la credulidad requerida para que las cosas sigan siendo de la misma forma, para estabilizar un sistema en el que los políticos son los privilegiados de la sociedad y los ciudadanos los damnificados, sin posibilidad de réplica alguna.
La democracia existente en la mayoría de los países, ni es democracia, ni nada que se le parezca, sencillamente es un negocio egoísta que permite a algunos vivir muy bien, y a la mayoría seguir viviendo cada día peor, porque los que viven muy bien quieren vivir mejor.
Estamos en el 2008, los ciudadanos saben leer y escribir, incluso una mayoría dispone de un criterio sobre las cosas, y una minoría sabe que la política es un montaje estafador, posiblemente el mayor factor de segregación y desigualdad existente en las sociedades avanzadas.
No se puede seguir triunfando en las elecciones para cobrar sueldos astronómicos a costa del erario público por no hacer nada, por empeorar la vida de los ciudadanos. Sin ningún control, sin tener que rendir cuentas, en plena impunidad, moviéndose por caprichos personales y no por las necesidades de los ciudadanos.
La revolución pendiente sólo es una, la ocupación del poder por los ciudadanos, la representación de cada uno por sí mismo, y el control exhaustivo de los políticos, exigiendo una auditoría permanente de sus ingresos, pero también de sus gestiones políticas.
La forma de acabar con todas las crisis, pasará siempre por el control de los políticos. Hay una pequeña diferencia entre representar los intereses de los ciudadanos, y representar los intereses propios, que permiten la perpetuación en los cargos.
Es hora de crear en nuestro país una agencia independiente de control político, un observatorio de la ética política, de las propuestas y de las acciones políticas, formado por ciudadanos independientes, con la colaboración de expertos en cada tema importante para nuestras vidas.
Basta ya de repetir errores, se necesita un jurado permanente de personas que nada tengan que ver con la política, porque su interés sea exclusivamente la defensa de las auténticas necesidades de los ciudadanos.
El Defensor del Pueblo se ha mostrado ineficaz, y además se ha apartado de la defensa de los intereses de los ciudadanos, quizás por exceso de trabajo, eso es cierto. Más allá del Defensor del Pueblo, está un observatorio de Ética Política, una institución indispensable en nuestro país, que los ciudadanos debemos exigir de inmediato, y si no se hace con la colaboración del Estado, deberá hacerse de forma independiente, con el apoyo de ciudadanos comprometidos.
La sociedad civil no puede permanecer inerme ante tanta insidia y tantos desmanes. Resulta curioso que en este mundo plagado de ONGs, a nadie se la haya ocurrido hacer la principal, la de protección de los interes de la sociedad civil frente a la opresión del Estado en manos de políticos egoistas. Esto dice mucho de cuales son los auténticos intereses de las ONGs, que no tienen nada que ver con los intereses de los ciudadanos, sino con su culpabilización permanente, y la rentabilidad que de ello se deriva.
Biante de Priena
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Ciudadanos y Política,
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