El pacifismo es una doctrina que se opone a las guerras y otras violencias humanas, pero también es una ideología, que adopta tintes políticos o religiosos.Lo diré desde el principio, no creo en el pacifismo, al igual que no creo en la existencia de los extraterrestres, o en la bondad de Rodríguez Zapatero. Y digo que no creo, porque si es una doctrina su lugar ontológico se encuentra en el ámbito de las creencias. Se necesita fe, mucha voluntad, y una gran dosis de ingenuidad política de la que carezco, para creer en algo organizado con otras intenciones a las que se exponen. Evidentemente sí creo en la paz, y la deseo, pero considero que el equilibrio de fuerzas es la única garantía de su posibilidad.
A lo largo de la historia humana podemos comprobar que con buenos deseos no se han conseguido detener las guerras, y solo la victoria de uno de los rivales ha permitido su conclusión. La paz siempre se ha firmado tras la derrota de alguien.
Si analizamos el ejemplo más conocido de pacifista, Mahatma Gandhi, el icono más reconocido del movimiento, debemos recordar que para lograr la independencia pacífica del Reino Unido de la nación india en 1947, tuvo que fragmentar su territorio y segregar a sus gentes en hindúes y musulmanes. Tras sesenta años, India y Pakistan siguen en guerra de baja intensidad por la posesión de Cachemira, y ambos países poseen armamento nuclear.
La obra de Gandhi permitió un acuerdo de reparto de tierras y gentes sin prácticamente derramamiento de sangre, pero pagando el elevado peaje de fragmentar la nación india, segregar a su población, y pasar a una situación de tensión permanente desde entonces. La paz no ha perdurado ni con el pacifismo natural que se promueve en la religión de los hindúes, porque los musulmanes no son pacifistas, ni nunca lo serán, realmente no pueden serlo si creen en su religión, por coherencia no pueden permitir que los poderes políticos sustituyan sus valores religiosos por los civiles, de ahí se deriva la inutilidad de tratar de implantar una democracia en Afganistán o Irak.
Evidentemente, Gandhi fue un personaje inolvidable, pero si Reino Unido hubiera querido continuar con el imperialismo británico, lo habría hecho; sin embargo, la época de las grandes colonias concluyó con la apertura de los mercados tras la Segunda Guerra Mundial, así se podía establecer un dominio económico desde la metrópolis que resultaba más rentable, y por lo tanto era innecesario, por costoso, un dominio político.
El mercado pacificador
Soy de los que piensan que el desarrollo global del mercado ha hecho más por la paz, y la erradicación de la violencia, que cualquier iniciativa pacifista. Se que esto que digo resultará una barbaridad para los espíritus más sensibles, pero es demostrable. Japón, Alemania, China, Rusia, India o Pakistán han avanzado más hacia la paz por la apertura y desarrollo de sus mercados que por ninguna otra condición política, social o cultural.
Personajes de nuestra historia tan relevantes y admirables como Inmanuel Kant, León Tolstoi, Bertrand Russell, Albert Einstein, Ernst Jünger, Pablo Picasso, o John Lennon se han declarado pacifistas, y estoy seguro de que cada uno tendría sus buenas razones para hacerlo, posiblemente que hubieran contemplado horrorizados los estragos de la guerra.
El pacifismo es un arma peligrosa, especialmente si se utiliza como instrumento político para ganar algunas batallas haciendo trampas. “Haz el amor y no la guerra”, decía el movimiento hippie de los años setenta del pasado siglo
Pero en realidad esta hermosa frase oculta un mensaje mítico y una liturgia secular: sustituye la guerra por el amor, erradica la violencia y abre tu corazón, sé bueno y perdona a tus enemigos, pon la otra mejilla si recibes una afrenta, no reacciones si eres agredido. El sincretismo civil comienza en ese momento a desplazar la religión cristiana en Occidente, especialmente en Europa, pues si los Estados son capaces de proporcionar una nueva moral, (aunque la moral siempre es la misma, con muy ligeras variaciones), la fe cristiana resulta innecesaria.
La estrategia de suplantación de valores cristianos por nuevos valores civiles es promovida por los partidos de izquierda en los países occidentales. En los países de influencia socialista y comunista, la religión había sido perseguida y erradicada de forma directa, pero en Occidente era necesario neutralizar el poder religioso y su influencia, esencialmente sus valores, y la única posibilidad era implantar una nueva religión, una nueva doctrina social, con nuevos valores, o al menos con denominación diferente de los existentes.
¿Es el socialismo una religión?
La solidaridad, el ecologismo, el pacifismo, la igualdad, la laicidad, la prevalencia de lo social sobre lo individual, la fe en la agrupación, no son más que valores cristianos transformados. La solidaridad es el amor al prójimo, el ecologismo el respeto por la obra divina, el pacifismo es la fraternidad universal, la laicidad es la vacuna definitiva para las creencias religiosas, y lo social es una extensión del comunitarismo cristiano. Hasta el símbolo de la paz es una paloma con una rama de olivo en el pico, tal que si fuera el Espíritu Santo.
Sin embargo hay una inmensa falacia en esta estrategia, tan utilizada en nuestros días por los políticos de izquierdas, que conduce a una reflexión insoslayable: si la izquierda defiende el materialismo como única fe, ¿para qué necesita sustituir al cristianismo y suplantar sus valores?.
Evidentemente por una sola razón: la conquista del poder, porque la gente necesita creer en algo, sino el materialismo deshumanizador sería rechazado, para eso había que desplazar los valores existentes y sustituirlos por otros manufacturados a la medida de los intereses de los políticos de izquierdas.
Desde mi reflexionada laicidad, esta es la razón por la que no creo en el pacifismo, porque sencillamente es un instrumento violento que permite que algunos partidos alcancen el apoyo de los ciudadanos desplazando inicuamente a las doctrinas rivales.
Un pacifista es un soldado de una causa política determinada, que busca acabar con el enemigo por medio de su extraordinaria bondad, haciendo culpables a los demás de los males del mundo, y que por supuesto pretende salvarnos de nosotros mismos, para guiarnos hacia el paraíso maravilloso que otros han establecido de antemano, con dirigentes incluidos.
Las intenciones de la Alianza de Civilizaciones
Hoy se han reunido por primera vez en Madrid los actores políticos de la gran comedia de la Alianza de las Civilizaciones. Sería de agradecer que se dejaran de jugar con las emociones de la gente buena e inocente, con la única intención de alcanzar más poder o mantener el que tienen. Turquía, el principal alíado del proyecto quiere entrar en Europa por cuestiones económicas, y promueve su candidatura. Los demás, son invitados del Gobierno de España que se hacen unas vacaciones a costa del erario público para promocionar la candidatura de su anfitrión y promotor, Rodríguez Zapatero, en las próximas elecciones generales.
Alejándome de coyunturas irrelevantes, sigo siendo fiel partidario de la "doctrina de las dos espadas" de Guillermo de Ockham; en cuestión de poderes, mejor repartidos que en una sola mano, porque la acumulación absoluta de poder, tarde o temprano, conducirá a alguna forma de totalitarismo.
En España asistimos hoy a la aglutinación de todos los poderes en la política: económico, judicial, legislativo, ejecutivo, mediático, militar y tecnológico. Solo queda el poder religioso, maltrecho tras la implantanción de la Educación para la Ciudadanía, de ahí su vigente resistencia, y cuando sea definitivamente derribado los ciudadanos estaremos absolutamente abatidos y entregados a los políticos. Esto se corresponde exactamente con una pérdida de soberanía de los ciudadanos que algunos políticos necesitan para sus propósitos inexplicados.
Definitivamente no soy pacifista, por la misma razón que no me considero cristiano, por qué deseo tener mis propios valores, no los que tratan de imponerme. Ante todo, creo en la libertad de elección, no en aquellos que tratan de decirme cuales son los límites de mi libertad y que es lo políticamente correcto. Y definitivamente soy laico, porque la laicidad es la oposición a cualquier adoctrinamiento por parte de los que disfrutan de cualquier tipo de poder, tanto religioso como político.
Biante de Priena


