Por otras cosas te he podido admirar, tu lucha por la libertad en el País Vasco te concede estatuto de heroicidad, pero nada más, querido Fernando, hay otros muchos como tú, que además se juegan su vida desde el anonimato, precisamente por la idea de España.
No es la primera vez que observo que tienes alguna dificultad con el concepto de libertad individual, ese precisamente que te permite decir que la idea de España te la sopla, precisamente en España. Me gustaría escucharte lo mismo sobre Euskadi, nunca te he escuchado decir que la idea de Euskadi te la sopla.
Esta expresión en boca de un advenedizo soplagaitas, que pretende vender entradas de sus espectáculos y obtener las subvenciones convenidas, tiene el valor de una bufonada histriónica, pero en la tuya, es signo y síntoma, de un síndrome peligroso: el adoctrinamiento.
Tal vez no te hayas dado cuenta de que precisamente tus palabras servirán a otros para impartir doctrina, pero quizás lo hagas con intención, y voluntad, y eso me preocupa mucho más, porque puede convertirte en el precursor del soplismo, Savater, una nueva fe, fundamentada en tus creencias, precisamente lo contrario de lo que dices, cuando expresas que las creencias son algo que forma parte de la particular vivencia de cada persona. La historia dirá de ti que fuiste el promotor del soplismo hispánico.
Tal como están las cosas en nuestro país, más bien estamos para que no nos la sople nada, tras el diletante culto a Eolo que se imparte desde La Moncloa, donde habita nuestro excelso presidente, del que sospecho que en la intimidad de sus más próximos (creo que tu eres uno de ellos), también se la sopla la idea de España.
Que defiendas tu idea de Estado sobre Nación, me parece muy bien, Savater. Pero estás incurriendo en una extraña sinuosidad que converge con los intereses de los partidos nacionalistas que habitan esta maltrecha patria.
Les das alas a los bichos ponzoñosos, Fernando, y de paso te declaras ciertamente anticonstitucional, porque tu discurso socava el artículo 1.1.2 de la Constitución Española de 1979, el que precisamente nos habla de que la soberanía reside en la nación española, es decir en el pueblo español, por ende España. Lo del Estado viene después, si mal no recuerdo.
Fernando, creo que en tu carrera política debes tomarte las cosas con más paciencia a pesar de que las elecciones sean en marzo. No se puede vender la nación por un plato de lentejas, eso es precisamente lo que hay que evitar, porque es lo que se lleva haciendo durante toda la democracia, y así nos va con la desmembración del Estado, produciéndose cada día más desigualdades entre los españoles.
Vuelve a leerte la Constitución Liberal de 1812 y tal vez comprendas de una vez, que la nación española surge como antítesis del Antiguo Régimen, al mismo tiempo que el Estado como institución de derechos y deberes de los ciudadanos. Son dos cosas muy diferentes, que nada tienen que ver, precisamente en las raíces profundas de la democracia que actualmente disfrutamos. Resulta extraño que un ilustrado como tú, siga confundiendo la estructura que es la Nación, con la función, que es el Estado.
No me gusta tu progresismo Savater, lo siento. Ni tampoco me gusta tu laicismo ultramontano, ni tu visión sesgada de la realidad. Barres demasiado para la izquierda consentidora de los nacionalismos, Savater, para soportar un discurso ecuánime sobre tus palabras.
Creo que Protágoras se sentiría orgulloso de ti, y de tu relatividad acomplejada y doctrinaria. Los españoles estamos cautivos, no solo de los terroristas de ETA y los nacionalismos que les sostienen, sino también de algunos de nuestros supuestos liberadores, como tú.
Deja que los ciudadanos piensen y sientan por sí mismos, si quieres conservar el estatuto de filósofo. Procura alejarte del adoctrinamiento en los valores y contravalores convencionales y bufos, de ti se puede esperar algo más que extravagantes consignas políticas.
Que un filósofo exprese su pensamiento le hace libre, pero no sabio, Fernando, aunque seas tú. Actualmente en Euskadi y Cataluña ni siquiera hay libertad, a mí eso, como español (y no solo como ciudadano de este país), tampoco me la sopla, ¿y a tí?.
Biante de Priena

