Francia se recrea mañana en la primera vuelta de las presidenciales y de los electores franceses dependerá, una vez más, el modelo posible de la Unión Europea.Los electores franceses son extraordinariamente pragmáticos, aunque agradecen los esfuerzos que hacen sus políticos por apasionarlos. Lo demostraron en el referéndum de la Constitución Europea, elaborada por el Presidente de la Convención, Valerie Giscard d´ Estaing, que también había sido su máximo dignatario, y al que estamparon un no lapidario en su biografía, y de paso recordaron a los europeos que no hay que comprar todo lo que venden los políticos, no como en España.
Así son los franceses, temerosos del porvenir pero temerarios con su pasado, del que tratan de distanciarse para permanecer instalados en la modernidad política. A nuestros vecinos galos les aterroriza ser convencionales, como los belgas o los alemanes, pero también extravagantes como los italianos. Se miden con los ingleses por las definiciones de los conceptos políticos y su aplicación en la sociedad.
Los franceses se consideran más ciudadanos que todos los demás europeos, y consideran que la Revolución Francesa de 1789 ha sido la única existente en la defensa de los valores civiles. Se olvidan siempre de que Cromwell en 1648, ciento cincuenta años antes, consiguió ejecutar democráticamente a un rey en la Torre de Londres. Y también se olvidan que los Estados Unidos de América firmaron su declaración de Independencia en 1776, y los españoles, en su sempiterno amagar sin dar, no ejecutaron al Rey, pero le desposeyeron en 1812 en las Cortes de Cádiz de sus poderes soberanos.
Que nadie le diga a un francés algo sobre la libertad, la igualdad, o la independencia, porque siguen pensando que ellos han sido los inventores del orden político moderno en Occidente, y además se sienten imbuidos de la responsabilidad de preservar su criterio ecuánime y ecuménico como el más puro entre las democracias occidentales.
Es cierto que las aportaciones de algunos de sus más reconocidos politólogos, han sido aprovechadas por todos: el equilibrio de poderes de Montesquieu, la voluntad general expuesta en El Contrato Social de Rousseau, o el concepto de la tolerancia como elemento indispensable de la convivencia elaborado por Voltaire.
Sin embargo, y a pesar de sus producciones políticas, no se puede establecer sin pecar de chauvinismo, la ilusión en la que viven nuestros vecinos cuando piensan que la democracia como sistema de gobierno surge en Grecia, pero solo concluye su desarrollo y se consolida en Francia. Napoleón pensaba lo mismo sobre el orden, pero partiendo en esta ocasión del ancestro romano.
LAS ELECCIONES DE MAÑANA
En estos tiempos de remodelación cultural y opulencia aparente, los franceses están más divididos que en otras ocasiones, porque se han mezclado las ofertas políticas y los intereses sociales de forma transversal; las encuestas no acaban de determinar la dirección última de los votos, nadie se atreve a decir quien será el próximo presidente de Francia, pero mañana en la primera vuelta del proceso quedará sin duda determinado.
Solo hay una variable a discernir, que consiste en saber que hará la izquierda francesa. La derecha se agrupará en torno a Sarkozy, dejando claro que Le Pen existe, pero los votantes de la izquierda no se sabe realmente lo que harán.
Francia no es España, y la candidata Royal, recogerá votos de las mujeres, de los jóvenes, de los funcionarios, pero debido a su intrascendencia no serán demasiados, y eso que a los franceses les encanta la frivolidad, pero en los espectáculos, no en la política.
Las opciones más a la izquierda están como siempre muy fraccionadas, y recogerán ese porcentaje testimonial de votos que siempre impide a los socialistas estar seguros de que pasarán a la segunda vuelta.
Y tenemos a Bayrou, y su transversalismo rústico-elitista, que representa los valores de la Francia tradicional, y la necesidad de un cambio fundamental de las formas de hacer política. Sus propuestas se podrían resumir en algo que les encanta a los franceses: vamos a hacer cambios, pero con la cabeza, no con los pies, con los pies se juega al futbol. Eso le proporcionará muchos votos, y posiblemente haya gente de izquierdas que viendo las inconsecuencias de la candidata socialista, desplacen su voto hacia el centrismo transversal y abierto del único candidato que sabe ordeñar una vaca, y le puede dar una bofetada en público a un mozalbete tostado que le hurga en los bolsillos, sin siquiera sonrojarse.
Este es el escenario en el que mañana se debatirá el futuro de Francia y el de Europa. Resulta evidente que mis simpatías recaen sobre Bayrou, y creo que va a derrotar este domingo a la candidata socialista. Sin embargo, también estoy seguro de que si así sucede, la socialdemocracia europea va a recibir el mayor varapalo de su historia, y quizás sea lo mejor para Europa y su futuro, porque esta orientación política tras la caida del muro se ha perdido en la rosa de los vientos.
En la primera vuelta, los franceses menos conservadores elegirán entre Bayrou y Royal, por el criterio de quien de los dos podrá representar mejor el aserto de La France c´est moi, y Bayrou le saca cabeza y cuerpo a la Royal, en esta carrera.
Pero en la segunda vuelta, triunfará Sarkozy, porque los franceses cambiarán su criterio de elección, en la pretensión de que su país lidere la Europa del mañana inmediato. Y en estas circunstancias, Sarkozy le lleva mucha ventaja a Bayrou que es demasiado francés, o a la Royal, que es demasiado de ningún sitio. El candidato de la UPM es hijo de la nueva Europa, la de la inmigración, pero también la de "Francia tierra de acogida"; con orígenes húngaros, griegos, sefardíes, y un pasado familiar anticomunista y antiislamista, casado con una española y sabiendo mantener el tipo.
Vivimos en la actualidad un progreso regresivo, que recupera algunas cosas del pasado, y con el fenómeno de la inmigración, es mucho más importante alguien que lo conozca, que alguien que lo tema. Las antiguas monarquías europeas buscaban con los enlaces matrimoniales de sus miembros una paz duradera. A Sarkozy nadie le podrá negar su origen diverso, y su orgullo por ser francés, al mismo tiempo, esto halaga los sentimientos patrióticos de sus electores. Le grandeur siempre se hizo a expensas de legiones extranjeras.
Le Pen, un hombre inteligente, se ha encargado de hacerle la campaña electoral a Sarkozy, diciendo que si él presidiera Francia, el candidato de la derecha no podría presentarse a las elecciones. Eso no le ha quitado ni un voto a Le Pen, tampoco le ha dado ninguno, pero a Sarkozy posiblemente le haya procurado millones. Le Pen lo ha hecho con toda la intención. Tampoco Édith Piaf era francesa de rancia raigambre.
En la segunda vuelta, los franceses votarán al compatriota que mejor pueda representar la frase con la que se inicia y concluye este artículo: l´Europe c´est moi, o lo que es casi lo mismo en estos tiempos: La nouvelle Europe, est Sarkozy.
Erasmo de Salinas








