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sábado, 21 de abril de 2007

L´ Europe c´est moi

Francia se recrea mañana en la primera vuelta de las presidenciales y de los electores franceses dependerá, una vez más, el modelo posible de la Unión Europea.

Los electores franceses son extraordinariamente pragmáticos, aunque agradecen los esfuerzos que hacen sus políticos por apasionarlos. Lo demostraron en el referéndum de la Constitución Europea, elaborada por el Presidente de la Convención, Valerie Giscard d´ Estaing, que también había sido su máximo dignatario, y al que estamparon un no lapidario en su biografía, y de paso recordaron a los europeos que no hay que comprar todo lo que venden los políticos, no como en España.


Así son los franceses, temerosos del porvenir pero temerarios con su pasado, del que tratan de distanciarse para permanecer instalados en la modernidad política. A nuestros vecinos galos les aterroriza ser convencionales, como los belgas o los alemanes, pero también extravagantes como los italianos. Se miden con los ingleses por las definiciones de los conceptos políticos y su aplicación en la sociedad.

Los franceses se consideran más ciudadanos que todos los demás europeos, y consideran que la Revolución Francesa de 1789 ha sido la única existente en la defensa de los valores civiles. Se olvidan siempre de que Cromwell en 1648, ciento cincuenta años antes, consiguió ejecutar democráticamente a un rey en la Torre de Londres. Y también se olvidan que los Estados Unidos de América firmaron su declaración de Independencia en 1776, y los españoles, en su sempiterno amagar sin dar, no ejecutaron al Rey, pero le desposeyeron en 1812 en las Cortes de Cádiz de sus poderes soberanos.

Que nadie le diga a un francés algo sobre la libertad, la igualdad, o la independencia, porque siguen pensando que ellos han sido los inventores del orden político moderno en Occidente, y además se sienten imbuidos de la responsabilidad de preservar su criterio ecuánime y ecuménico como el más puro entre las democracias occidentales.

Es cierto que las aportaciones de algunos de sus más reconocidos politólogos, han sido aprovechadas por todos: el equilibrio de poderes de Montesquieu, la voluntad general expuesta en El Contrato Social de Rousseau, o el concepto de la tolerancia como elemento indispensable de la convivencia elaborado por Voltaire.

Sin embargo, y a pesar de sus producciones políticas, no se puede establecer sin pecar de chauvinismo, la ilusión en la que viven nuestros vecinos cuando piensan que la democracia como sistema de gobierno surge en Grecia, pero solo concluye su desarrollo y se consolida en Francia. Napoleón pensaba lo mismo sobre el orden, pero partiendo en esta ocasión del ancestro romano.

LAS ELECCIONES DE MAÑANA

En estos tiempos de remodelación cultural y opulencia aparente, los franceses están más divididos que en otras ocasiones, porque se han mezclado las ofertas políticas y los intereses sociales de forma transversal; las encuestas no acaban de determinar la dirección última de los votos, nadie se atreve a decir quien será el próximo presidente de Francia, pero mañana en la primera vuelta del proceso quedará sin duda determinado.

Solo hay una variable a discernir, que consiste en saber que hará la izquierda francesa. La derecha se agrupará en torno a Sarkozy, dejando claro que Le Pen existe, pero los votantes de la izquierda no se sabe realmente lo que harán.

Francia no es España, y la candidata Royal, recogerá votos de las mujeres, de los jóvenes, de los funcionarios, pero debido a su intrascendencia no serán demasiados, y eso que a los franceses les encanta la frivolidad, pero en los espectáculos, no en la política.

Las opciones más a la izquierda están como siempre muy fraccionadas, y recogerán ese porcentaje testimonial de votos que siempre impide a los socialistas estar seguros de que pasarán a la segunda vuelta.

Y tenemos a Bayrou, y su transversalismo rústico-elitista, que representa los valores de la Francia tradicional, y la necesidad de un cambio fundamental de las formas de hacer política. Sus propuestas se podrían resumir en algo que les encanta a los franceses: vamos a hacer cambios, pero con la cabeza, no con los pies, con los pies se juega al futbol. Eso le proporcionará muchos votos, y posiblemente haya gente de izquierdas que viendo las inconsecuencias de la candidata socialista, desplacen su voto hacia el centrismo transversal y abierto del único candidato que sabe ordeñar una vaca, y le puede dar una bofetada en público a un mozalbete tostado que le hurga en los bolsillos, sin siquiera sonrojarse.

Este es el escenario en el que mañana se debatirá el futuro de Francia y el de Europa. Resulta evidente que mis simpatías recaen sobre Bayrou, y creo que va a derrotar este domingo a la candidata socialista. Sin embargo, también estoy seguro de que si así sucede, la socialdemocracia europea va a recibir el mayor varapalo de su historia, y quizás sea lo mejor para Europa y su futuro, porque esta orientación política tras la caida del muro se ha perdido en la rosa de los vientos.

En la primera vuelta, los franceses menos conservadores elegirán entre Bayrou y Royal, por el criterio de quien de los dos podrá representar mejor el aserto de La France c´est moi, y Bayrou le saca cabeza y cuerpo a la Royal, en esta carrera.

Pero en la segunda vuelta, triunfará Sarkozy, porque los franceses cambiarán su criterio de elección, en la pretensión de que su país lidere la Europa del mañana inmediato. Y en estas circunstancias, Sarkozy le lleva mucha ventaja a Bayrou que es demasiado francés, o a la Royal, que es demasiado de ningún sitio. El candidato de la UPM es hijo de la nueva Europa, la de la inmigración, pero también la de "Francia tierra de acogida"; con orígenes húngaros, griegos, sefardíes, y un pasado familiar anticomunista y antiislamista, casado con una española y sabiendo mantener el tipo.

Vivimos en la actualidad un progreso regresivo, que recupera algunas cosas del pasado, y con el fenómeno de la inmigración, es mucho más importante alguien que lo conozca, que alguien que lo tema. Las antiguas monarquías europeas buscaban con los enlaces matrimoniales de sus miembros una paz duradera. A Sarkozy nadie le podrá negar su origen diverso, y su orgullo por ser francés, al mismo tiempo, esto halaga los sentimientos patrióticos de sus electores. Le grandeur siempre se hizo a expensas de legiones extranjeras.

Le Pen, un hombre inteligente, se ha encargado de hacerle la campaña electoral a Sarkozy, diciendo que si él presidiera Francia, el candidato de la derecha no podría presentarse a las elecciones. Eso no le ha quitado ni un voto a Le Pen, tampoco le ha dado ninguno, pero a Sarkozy posiblemente le haya procurado millones. Le Pen lo ha hecho con toda la intención. Tampoco Édith Piaf era francesa de rancia raigambre.

En la segunda vuelta, los franceses votarán al compatriota que mejor pueda representar la frase con la que se inicia y concluye este artículo: l´Europe c´est moi, o lo que es casi lo mismo en estos tiempos: La nouvelle Europe, est Sarkozy.


Erasmo de Salinas

2 comentarios:

Rebelde dijo...

Estoy impresionado, qué belleza de artículo.

aca dijo...

Acabo de leer el artículo de Erasmo, y me quedo IMPRESIONADO.

No sólo hay conocimiento fino de la situación y de las personas, que no se encuentra en ningún diario español, sino un "instinto" para leer el paisaje político francés. Te felicito, y además, debo decir que estoy de acuerdo con lo más importante, o por lo menos lo considero verosímil.

Sólo hay algo que me da vueltas desde hace algún tiempo. También asumo que la revolución inglesa del 16 y la declaración de independencia de EE.UU. han tenido por lo menos tanta importancia como la revolución francesa en el vuelco de la humanidad. Pero he vuelto a leer, la estoy estudiando ahora, que tengo más madurez, la obra de François Furet sobre la revolución francesa, y de paso me va a llevar a releer la historia de la revolución francesa de Tocqueville, que probablemente no entendí en los años 80. Furet desmontó, después de 50 años de homogeneidad marxista en la cátedra de Sorbona, la leyenda de la revolución y la introdujo en el debate auténticamente histórico.

A lo que voy: a pesar de todo, llega Furet a la conclusión que el hecho revolucionario francés sí es único e incomparable, aunque no por los motivos generalmente aludidos. Después de destrozar las teorías de Lefebvre sobre parentescos positivos entre jacobinismo y bolchevismo, acepta con Tocqueville que la revolución francesa no es ruptura sino continuidad con el antiguo régimen. Pues lo que tiene la revolución de "constituyente" (estado administrativo reinando sobre una sociedad igualitaria) ya lo había cumplido en buena medida la monarquía. Hasta aquí, nada que contradiga la importancia equivalente entre Cromwell, 1789 y el nacimiento de Usa, y por consiguiente la puesta en entredicho del protagonismo excepcionalista de la [i]Révolution.[/i]

Sin embargo...a pesar de o precisamente por eso, porque otros países han logrado lo mismo sin cortarle la cabeza al rey ni experimentar el primer terrorismo de estado, Furet sigue pensando que la revolución 89 aporta un valor añadido: [color=blue][b]inventa la cultura democrática revelando al mundo una de las conciencias fundamentales de la acción histórica. [/b][/color][b]La política democrática [/b]adquiere así, a diferencia de Inglaterra un siglo y medio antes, valor de [b]ideología nacional[/b], constitutiva hasta ahora (y por eso "sufre" Francia más, en su alma, con la globalización) de la nación encarnada por la bandera, el himno... y el chauvinismo que tan bien describes.

Es decir que habría un secreto, un mensaje, un fulgor irrepetible en el 14 de julio, que le dio [b]primacía y universalidad [/b]a la revolución francesa pese a ser bien posterior a la británica, y más imperfecta, violenta, autoritaria y criminal.
Si todo esto es cierto, cosa de la que no estoy seguro, significa que lo que le falta a la república de Cromwell sería, al estar cubierta por su religiosidad y su retorno a los orígenes, la dimensión de profecía de los nuevos tiempos, o, dicho en lenguaje racional, [b]la política democrática en tanto que árbitro del destino de los hombres y de los pueblos.[/b]

Yo soy bien incapaz de solucionar esta encrucijada, pero me atengo a los hechos:[b]el convencimiento de los franceses [/b]acerca de la superioridad de su revolución, como guía para las libertades y la democracia planetarias, es REAL e INDICUTIBLE. Pasa como con Dios, quien ha ejercido y sigue ejerciendo una influencia extraordinaria en el devenir de la humanidad, independientemente de que exista o no exista.

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