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jueves, 5 de marzo de 2015

La realidad y sus depredadores




Cuando se analizan los hechos, aunque sean simplemente datos o referentes estadísticos, se descubre que España, en términos generales, está mucho mejor que Grecia, pero también mucho peor que Noruega. Evidentemente, Grecia está extraordinariamente mejor que países tercermundistas como Bolivia o Venezuela.

En cuestiones macroeconómicas España, parece que está saliendo de la crisis, la prima de riesgo está en 98, el IBEX en sus máximos desde hace tiempo, parece que el déficit público está controlado. Sin embargo en cuestiones microeconómicas, la cuestión es más difícil de valorar, el paro en enero de 2015 estaba en 23,6 %, pero la deuda de las familias está actualmente a niveles de 2006 y descendiendo. El paro es una consecuencia de las condiciones económicas, cuando el PIB sube del 3 %, se crea habitualmente empleo, y España está a punto de superar esa cifra en lo que se refiere a periodos interanuales.

Sin embargo hay algunas cosas en las que España está muy bien, en comparación con sus vecinos inmediatos, porque en este país el 83 % de los ciudadanos residen en una vivienda propia. Nuestro país es también el que tiene la primera Esperanza de Vida de Europa que ahora supera los 82 años. En la Encuesta sobre Calidad de Vida de 2011-2012 de Eurostat, los españoles son menos felices que los nórdicos, pero sin embargo lo son más que otros países que le superan en Renta Per Cápita como Alemania, Italia, Francia o Reino Unido.

En España hay dos problemas que destacan más que en otros países, el paro y la corrupción, al menos eso es lo que se refiere en la última encuesta del CIS. En ningún otro país se ha organizado una campaña de propaganda por parte de la izquierda política y mediática para hacer una crítica exhaustiva de las condiciones reales en las que se desarrolla la vida en nuestro país, con tal de minar la moral y la confianza de los españoles y llevar los votos al origen de sus pesebres. En ningún otro país el gobierno ha hecho mayor anuencia de sus logros, más que nada porque en el clima en el que se desenvuelven los acontecimientos, cualquier presentación que no comulgue con el fatalismo está condenada a la hoguera pública por la oclocracia que se apresta a imponer un orden que nos conduce directamente al tercermundismo.

Tal vez ese sea el escenario necesario que algunos desean para hacer valer sus intereses y hacerse con el poder, pero desde luego nada tiene que ver con el escenario de la realidad de este país. Evidentemente hay muchas cosas en las que debemos mejorar, entre otras hacer un sistema público que realmente sea eficiente y eficaz, y salir del anacronismo de los puestos fantasma y la depredación de recursos, porque no puede seguir permitiéndose que en España se requieran dos empleados públicos para hacer lo mismo que en Alemania hace uno solo, algo a lo que no se ha atrevido el gobierno de este país, esperando que le voten los que le critican cada día, por dejarles en el puesto de trabajo innecesario que ocupan, y por supuesto para no incrementar aún más el paro y que no se vean cifras como las de Andalucía en toda España.

Es hora de recordar que mientras el paro alcanzó el 25 % de la población activa durante la crisis, sólo hubo un ámbito en el que creció el empleo, el sector público autonómico hasta en un 25 % de media, y en algunos lugares aún más, eso en una época en que la crisis las nuevas tecnologías y la globalización hacían cisco el empleo en las actividades económicas privadas, que al fin y al cabo son las que generan ingresos y no sólo gastos. Es necesario recordar que la mayoría de estos nuevos empleos eran de contratados circunstanciales de la era digital, porque España ocupa el cuarto lugar por la cola en número de funcionarios. Al tiempo que decenas de miles de pequeños empresarios y autónomos eran desvalijados por los gobiernos de todos los partidos, hasta llevarlos a la quiebra.

Como conclusión se puede decir algo que está relacionado con los hechos, España está económicamente mejor que estaba con los gobiernos de Zapatero, socialmente no está mucho peor, prueba de ello es que las situacionesde pobreza real han comenzado a disminuir en los últimos años, al igual que la desigualdad, al tiempo que se han incrementado las rentas de inserción que nunca han recibido más porcentaje en los Presupuestos Generales del Estado.

Ante un vaso de bienestar, la izquierda siempre dirá que está medio vacío, y la derecha que está medio lleno, pero ni la izquierda, ni la derecha nos dirán porque está mediado y no más lleno gracias a sus errores, mezquindades, corrupciones y depredaciones. Al fin y al cabo, todo lo que se dice desde los partidos políticos sólo tiene un interés, ocupar el poder para beneficiarse de sus prójimos; desgraciadamente la profesión política se ha convertido en el cuarto problema para los españoles, nadie cree ya que ningún político sacrifique sus propios intereses por el servicio a los demás. A mí me da igual que me roben con la izquierda o con la derecha, lo que no acepto es que me roben ni con la izquierda, ni con la derecha.

De lo que estoy seguro, es que a la inmensa mayoría de los españoles, les encantaría haber progresado durante este tiempo aunque fuera tan solo la mitad de lo que lo han hecho la media de los políticos españoles de todos los partidos, especialmente aquellos que ocuparon algún puesto en los consejos de administración de las Cajas de Ahorros de los que algunos truhanes han desfalcado o desviado más de 200.000 millones de euros durante la última década y de los que nadie parece saber nada.

Enrique Suárez


lunes, 2 de febrero de 2015

La casta sigue triunfando; seguimos sin soluciones

El poder arbitrario constituye una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer” Jonathan Swift

Los ciudadanos de este país llamado España, también conocidos como españoles en tiempos pasados, han vuelto a equivocarse, como ha venido ocurriendo a lo largo de la democracia, eligiendo gobiernos y oposiciones, porque cuando unos y otros forman parte de un sistema corrupto y disputan por el poder dentro de ese sistema, cualquiera de los resultados posibles es intrascendente. No puede surgir democracia, de un lugar donde no existe.

Sé que por lanzar hipótesis tan arriesgada me voy a condenar en el cielo del poder de la casta y  en el infierno de los radicales que aspiran a ocupar el cielo poderoso, ni tic tac, ni asalto, ni na de na, pero a estas alturas de mi vida y después de todas las aberraciones impunes que he presenciado en aquellos que decían representarnos políticamente, me da absolutamente igual. Un renegado no tiene fe en los impostores y usurpadores que le han llevado a renegar de una farsa en la que se deciden las vidas, obras y paros de sus compatriotas

La troupe de Pablo Iglesias ha desaprovechado una magnífica ocasión para desplazar del poder a tanto mendrugo con marchamo representativo y escarapelas diversas que pueblan los pesebres del Estado. Era de esperar.

La función del partido Podemos fue bendecida por la casta, pues proporciona tres opciones que la favorecen: devolver votantes de la abstención al redil de las urnas que al fin y al cabo es la única legitimación que tienen que hoy ya es minoritaria (42 % todos los partidos, 58 % ningún partido en las últimas elecciones europeas; pacificar las calles brindando a los descamisados y pesebristas una oportunidad de protesta y por supuesto establecer un interlocutor variable con las tres caras de la hidra de la izquierda (PSOE, Podemos, IU) que amenazan al partido del hombre que ha convertido España en un convento económico a mayor gloria de Bruselas. Podemos va a traer más jóvenes a las urnas que ningún partido anterior, para que aprendan el camino del adoctrinamiento en esta democracia menor que en realidad es un despotismo muy poco ilustrado.

El partido de Pablo Iglesias, sin embargo, ha hecho algo por este país impagable, a pesar de haberlo hecho desde los medios y no desde la calle, donde se ha comprobado que sus apoyos eran menos de los que esperaban hace unos días: mostrar que todos los títeres de la casta no tienen media hostia intelectual, que viven en un simulacro de servicio público cuando en realidad son los más aprovechado del país, que se han corrompido sin descanso a lo largo de los últimos treinta años de régimen. Pero nada más, bueno hacer que crezcan los ingresos de los medios de comunicación haciendo titulares de bravuconadas y provocaciones y poco más. Las iglesias de Pablo, con anagrama circular y aroma de oclocracia, tienen escasas posibilidades de mutar las cosas de la política en este país y a partir de ahora, con su hermana Syriza en Grecia, tendrán muchas menos.

Y de nuevo, una vez más, como ha ocurrido a lo largo de los casi cuarenta años que llevamos de democracia los españoles estamos abocados a escoger entre aquello que nos ofrecen, unos u otros, engaño participativo que no tiene ninguna posibilidad de cambiar las cosas de la política en este país, como se ha visto recientemente en Grecia, que a pesar de haber llevado el radicalismo a su gobierno, este gobierno está formado en su mayoría por personajes que han estado asociados a la casta griega a lo largo de su vida, que precisamente han sido los que han hundido el país.

Los no representados, que en las últimas elecciones europeas fuimos el 58 % de los que tenían derecho a votar (abtención, voto en blanco, voto nulo), se sumarán en las próximas elecciones a los no representados por todos los partidos perdedores, así, como ocurre actualmente en Grecia, un 20 % decidirá por el 80 % que no ha apoyado a Syriza durante cuatro largos años.

Por mucho que lo intento, día tras día, todavía somos demasiado pocos los que en este país sabemos que tales engendros nada tienen que ver con la democracia y si con los engaños de los de la casta en el poder y aspirantes a sustituirlos para volver a engañar a los ciudadanos de este país una vez más. ¿Se creen ustedes que los líderes de Podemos que son profesionales de la política no saben que lo que están haciendo es sostener a la casta diciendo que van contra ella en un engendro despótico que nada tiene que ver con la democracia?

 Lo dicho, sin solución, hasta que los ciudadanos de este país dejen de apoyar majaderías y juzguen con su voto la conducta de aquellos que aspiran a representarles, no votando por nadie que no les ofrezca garantías en los hechos, más allá de las creencias, de que no va a defraudarles. El timo de las urnas está servido, este año se harán varios procesos electorales, no vaya a ser que los ciudadanos se den cuenta del engaño y las urnas se queden vacías, la casta se da prisa por perpetuarse en el poder, porque esa es su condición natural, hasta que un día cambien las cosas.


Enrique Suárez

sábado, 24 de enero de 2015

Podemos echarlos a todos


Celebro la declaración contra la estupidez patria que ha pronunciado el recientemente nombrado director de la Real Academia Española de la Lengua, Darío Villanueva: “la RAE nunca hará un diccionario políticamente correcto”. Garantía de todos los derechos y deberes es poder denominar a las cosas por su auténtico nombre, poniendo subrayados, cursivas y negrillas sobre los despropósitos que asolan y asedian la opinión pública española

Tal vez, haber sido uno de los primeros medios donde los españoles pudieron acceder al concepto de casta –otro fue “Voto en blanco” de Francisco Rubiales-, y divulgarlo con insistencia desde entonces,  conceda a este humilde blog la potestad de poner negro sobre blanco en la entelequia que se dirime en este país. Por aquel tiempo, alrededor de 2007, los partidos políticos españoles que conformaron la casta vivían felices en su Arcadia de despropósitos, despilfarros y desenfrenos, mientras que algunos líderes de Podemos, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, servían a los intereses de las castas bolivarianas de Latinoamérica (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua), la gerontocracia cubana y la islamista tiranía teocrática persa, sin haberse pronunciado al respecto de la imposición del poder político sobre los ciudadanos de estos países, cercenando su libertad, pisando los derechos humanos, arruinando su futuro y asfixiando su convivencia.

Es por ello preciso, determinar, más allá de fintas retóricas y argucias demagógicas, la descripción del escenario en el que se dirimen las cuitas del poder en nuestro país, porque si Voltaire nos acompañara, seguramente pronunciaría su “ecrasez l´infame”, pues nunca en este país, de nombre España, ha existido más esplendor de la infamia, la ignominia y el escarnio. Alarde de demagogia y despotismo verbal, para ocultar que nos ha tocado en suerte la representación política más degenerada de la historia democrática reciente. Infamia, ignominia, escarnio, son los ejes de la política española actual.

El escenario de la infamia se corresponde con el PP, con Luis Bárcenas, ex tesorero del partido acusando a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de financiarse de forma ilegal y del partido de acusar a Luis Bárcenas de haber robado 48 millones de euros de las arcas de la formación política sin que nadie se hubiera enterado entre los que conforman la casta dirigente del desfalco. Sin autocrítica es imposible la democracia, sólo puede existir despotismo. Sí Barcenas ha robado en el PP, el PP es responsable de que lo haya hecho, bien en grado de participación directa como indica el acusado o de negligencia irresponsable, por parte de sus dirigentes. Roma no paga a traidores, pero paga sus errores. En cualquier circunstancia, los dirigentes del PP actual consideran que los españoles somos idiotas.

El escenario de la ignominia se corresponde con el PSOE,  CIU y el PNV, también UPyD y Ciutadans forman parte del engendro, pues todos ellos consideran a los demás, en prodigio de desfachatez, responsables de lo ocurrido, cuando en realidad han sido autores o cómplices del descalabro. En todos estos partidos se produce al mismo tiempo una lucha interna entre los que pretenden seguir haciendo lo mismo, es decir, trincar sin límite y los que pretenden tirar de la cadena, aunque algunos de sus líderes más reconocidos se vayan a las cloacas de la historia, sea Zapatero, sea Pujol, sea Rosa Díez. En cuanto a los nacionalistas, nunca se han sentido españoles más que para robar lo que pudieran, a los de dentro diciéndoles que eran diferentes y a los de afuera diciéndoles que también lo eran. Prodigio de la diferencia, que vale lo mismo para roto, que para descosido

El escenario del escarnio se aventura entre las izquierdas y los nacionalismos radicales, en realidad hijos del trotskismo, aquel que recomendaba caminar separados para golpear juntos, que juegan a la desestabilización, el cuanto peor mejor para nosotros, y las propuestas más descorazonadoras que se han visto, en las que la realidad nada tiene que ver con sus presupuestos y la demagogia, la agitación y la propaganda son medios que justifican el asalto al poder que se han propuesto. Aquí tenemos a formaciones políticas como Podemos, IU, ERC, Bildu, CC, y otras de menor entidad, que anhelan destruir lo existente para imponer su propio despotismo.

Cuando los griegos decidieron prohibir los partidos políticos en los albores de la democracia, comprendieron que toda secta partidaria es un enemigo común de los intereses generales. España no se salvará hasta que estos profesionales del ensañamiento en el expolio y la extorsión, auténticas alimañas carroñeras de libertades, derechos y recursos de los españoles estén alejadas del poder, con estigma de ostracismo. No hay ninguna posibilidad para que la democracia exista entre aquellos que han abrazado el despotismo, la putrefacción y la oclocracia como ejes de su miserable calaña, ni para aquellos que los abrazan a ellos, como única alternativa a sus males.

Mientras tanto, en año electoral, una mayoría silenciada y silenciosa de no representados, harta de descerebrados gastándose sus impuestos en un simulacro esperpéntico a su mayor gloria, medita sobre como desalojar del poder para siempre a tanto hijo de puta disfrazado de demócrata.

Enrique Suárez 

jueves, 30 de octubre de 2014

Del Estado del Bienestar al Tercermundismo





Recuerdo a un presidente del Gobierno que llegó a este país defendiendo el progreso y aniquiló el Estado del Bienestar en siete años y recuerdo a otro que llegó a La Moncloa diciendo que iba a bajar impuestos y ha conseguido en menos de dos años que nunca hayan subido más. La moraleja de lo anterior es sencilla, no creas a los presidentes del gobierno españoles, siempre mienten y de sus mentiras se derivan las mentiras y la corrupción de todos los lameculos que conforman la jerarquía piramidal que los sostiene. 

Cierto es que a todos ellos una parte de la gente de este país les ha dado su apoyo en las urnas,  porque todavía hay una minoría que considera que no votar es fascista, y hay que votar por cualquiera, si no te gusta uno, que sea otro, pero votar es ser demócrata; esa consideración es tan simple y estúpida como considerarse un pájaro por ir en avión de Madrid a Sevilla, al fin y al cabo, los pájaros vuelan, lo que no quiere decir que todo lo que vuele sean pájaros, los murciélagos también vuelan y son mamíferos.

Cuando José Ortega y Gasset anunció en La Rebelión de las Masas la decadencia que aconteció en la II Guerra Mundial y nuestra Guerra Civil, consideró que el hombre-masa era el niño mimado que había recibido lo que no le correspondía por su propio esfuerzo y que cuando dejaba de recibirlo siempre buscaba responsables en aquellos que no se lo concedían. Ayn Rand y Hayek también se ocuparon del tema.

La filosofía propia del Tercermundismo es muy simple, cualquier analfabeto puede llegar a comprenderla, cuando hay pobres es porque los ricos se han llevado lo suyo, sean otras personas u otros países. También es la filosofía de Podemos, en la que la ética de la irresponsabilidad compite con la ética de la intransigencia. En el Tercermundismo si alguien no trabaja, es por culpa del capitalismo, no porque los crápulas que estén en su gobierno no sean unos ineptos o unos depravados corruptos.

Ciertamente se puede decir que España ha perdido bienestar en su Estado, pero conserva buena parte de su Estado de Bienestar, pero también es cierto que se ha perdido poder adquisitivo con la crisis económica, el despilfarro del PSOE y la austeridad impostada del PP, que no ha reducido el gasto público, a pesar de ser más del que nos podemos permitir, por eso la deuda pública sigue creciendo a razón de más de 100.000 millones de euros al  año, nos han asfixiado a impuestos y han puesto tantas cargas sobre las empresas que se ha destruido más de un millón de puestos de trabajo en el periodo de gobierno de Rajoy, que se suman a los tres millones y medio que se perdieron con Zapatero.

Si la política económica del PSOE era tercermundista por el desfalco que ocasionó en los recursos públicos (el 90 % de los casos de corrupción que hoy estamos conociendo provienen de la época en que gobernaba Zapatero en España), la política social del PP también es tercermundista, no teniendo en cuenta los graves efectos de la crisis económica prolongada sobre los esquilmados y abrumados ciudadanos de este país.

Por tanto no es extravagante que en este país surja una opción política como Podemos que en su discronía y distopía, pretenda convertir a los españoles en bolivianos, sin tener en cuenta que los diez millones de bolivianos producen en su conjunto lo mismo que un millón de malagueños, y Evo Morales, reelecto presidente de Bolivia, renuncie a su indigenismo para abrazar la coleta de Pablo Iglesias, que fue su asesor, para hacerse con el poder en Bolivia.

Los más avispados lectores se habrán dado cuenta de que toda esta farsa representada es un simulacro, un “reality show” a gran escala, una parodia, que se han organizado entre los de la casta y los de Podemos para entretener al personal mientras se sigue sin dar soluciones a los problemas reales de este país, al igual que la independencia de Cataluña o la pantomima purista que se han montado en el PSOE, el rasgamiento de vestiduras de IU, CCOO y UGT, o la petición de perdón de Mariano Rajoy.

Embriaga de surrealismo el espectáculo político que nos brindan los que dicen representarnos y exclusivamente representan sus intereses, personales o sectarios. Y la memez alcanza el apogeo, cuando se plantea una encrucijada política entre elegir a los miembros de la casta en las urnas o como única alternativa, a los chicos de Pablo Iglesias, su coleta y su comunismo, y no hay más para los que organizan el cotarro. 

Verán ustedes, para mí es fácil la decisión, ni unos, ni otros, y creo que para el 58 % de los españoles que no acudieron a las urnas para votar por alguien en las pasadas elecciones europeas también está claro. La casta me recuerda la hyibris de Creso, que cegado por su desmesura lo acabó perdiendo todo, pero Podemos me recuerda a Ícaro, que con alas de cera quiso aproximarse al sol en un acto de insólita soberbia. 

Está claro que vivimos un presente-pasado, porque ambas opciones tienen tanto futuro de gobernar este país como posibilidades de que Franco resucite; un país no retrocede tan fácilmente “por su bien”, aunque no dejen de aconsejarlo hasta el hastío desde los medios de comunicación y propaganda aderezados con dinero público; creo que al final, este país saldará sus cuentas con los mafiosos que han ocupado, el poder político y financiero, la justicia y los medios de comunicación durante la última década, pero el lumpen que han dejado en las cunetas del camino, unos y otros, tiene tantas posibilidades de acceder al poder como Peter Pan de hacerse adulto, aunque es cierto que el eterno infante también sabe volar, como Ícaro, aunque sea en sus sueños.

El mayor problema que tenemos los españoles es ver como se pierde el tiempo sin resolver los problemas de este país, mientras nos ofrecen un magnífico espectáculo desde el poder, que por supuesto, vamos a pagar entre todos. Al final, la culpa de todo será de los ciudadanos de este país por no haberse enfrentado a tanto miserable a tiempo, porque como esperemos que se resuelvan las cosas con las medidas anticorrupción del PSOE de Pedro Sánchez, las disculpas del lector del Marca que es Mariano Rajoy o las ocurrencias de los líderes de Podemos, nos veremos secuestrados en las mazmorras decadentes de sus intereses en contra de los nuestros para las próximas décadas. La casta, Podemos y los demás, no se han enterado de que la política ya no es la mano de Dios en el poder y el destino de los seres humanos, que anticuados están y que poco les queda.

Enrique Suárez

jueves, 28 de agosto de 2014

La era de los simulacros


"Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad" Marco Aurelio

Ciertamente todo ha ido demasiado deprisa en los últimos 20 años, en el año 1995 adquirí mi primer PC, tenía un disco duro de 40 Mb, era de los buenos; hoy los ordenadores similares tienen discos duros de 1 Tb de serie, es decir 25 millones de veces más capacidad. Con internet ha ocurrido algo similar, las primeras conexiones de acceso público  provienen también del mismo año, los servicios eran limitados, lentos y restringidos. En el año 2000 no había más de un millón de usuarios en España, en 15 años, prácticamente todos los hogares españoles tienen varias formas de acceso a internet. Durante los últimos tres años se ha transferido la "internetización"  a los móviles, de tal forma que hoy en día, pasamos buena parte de nuestro tiempo de trabajo y ocio conectados a la red.

La generación que será mayor de edad en el próximo año ya no sabría vivir sin ordenador, móvil e internet, de esta forma el ideal del humanismo como conocimiento completo del ser humano ha concluido, nadie podría conocer hoy lo que concierne al ser humano en una sola vida, pero conocerá muchas cosas desconocidas que ampliarán su "humanidad" dependiente. 

Durante este tiempo el hardware como el software han experimentado un avance exponencial. Hay millones de aplicaciones, juegos, películas, textos, y usuarios de blogs, foros, redes sociales. Todo esto ha transformado la configuración de nuestra existencia, es difícil distinguir si la vida asociada a internet es vida real o no lo es,  transformando incluso nuestro concepto de realidad que se ha ampliado con un anexo inexistente hace veinte años que va camino de ser más importante que la propia realidad: la realidad virtual o hiperrealidad.

El abrazo de la sociedad global

El fenómeno de la globalización también ha transformado nuestra existencia creando una expansión mundial desconocida hace unas décadas. Las empresas se han deslocalizado, los trabajadores han perdido su trabajo, la producción se ha fragmentado y el consumo se ha internacionalizado. Hoy podemos consumir productos creados a miles de kilómetros por una empresa que tiene su sede en un país situado también a miles de kilómetros y que no está ubicado en el mismo lugar de la producción. La división del trabajo ha superado la especialización para introducirse en la fragmentación de la producción, lo que ha traído como consecuencia también la fragmentación del consumo y su sublimación, a veces esperpéntica.

Hoy la leche ya no es de vaca, cabra u oveja, puede ser de avellanas o almendras, soja, y otras alternativas. Dentro de poco tendremos quesos de soja y almendras, con sabor de arándanos y frambuesas, y disolución de chocolate en la base, y en unos pocos años más llegaremos al queso personalizado, posiblemente según un perfil de alergias establecido científicamente. Decía Aldoux Huxley con ironía que la medicina había avanzado tanto en su tiempo que ya nadie podía considerar que no estuviera enfermo, algo así ocurre con el mercado, ha avanzado tanto en sus ofertas como en sus productos que ya no hay nadie en este mundo que pueda prescindir de lo que le ofrece.

Creando la caverna

El avance de los soportes para la información, así como los distintos canales de comunicación que ha supuesto internet de forma  instantánea, prácticamente gratuita y universal, también contiene su lado oscuro, un paquete pernicioso con las viejas fórmulas de la manipulación, persuasión y demagogia que, con un nuevo disfraz apto para la hipocresía, sirve al enmascaramiento de la realidad que pretenden aquellos que viven de embaucarnos. La información se ha masificado de tal forma que cada día resulta más difícil encontrar datos rigurosos, consistentes, fundamentados en hechos o pruebas fehacientes. La comunicación se ha transformado en algo parecido a un espectáculo, donde ya no importa tanto lo que dice la gente, sino lo que representa o escenifica, la forma prevalece sobre el contenido, el significante sobre el significado.

Asistimos a  un procesamiento singular de la información por el que la simulación sustituye y desplaza a la realidad, en un propósito que remeda la confección de hamburguesas con carne picada, las chuletas tienden a la desaparición; al igual que los medios de comunicación tradicionales, masivos y compartidos; esto trae como consecuencia una nueva forma de limitación, porque sin duda el futuro está en las comunicaciones personalizadas, cada uno tendrá la información que desee, se comunicará con quien quiera y vivirá en el mundo que mejor le parezca, a la carta, desapreciando todo aquello que no le interesa, incluidos los seres humanos que tiene por vecinos. Será más fácil establecer una comunidad de jugadores de petanca virtual, que una nación de contribuyentes.

A fecha actual, la comunicación más  frecuente y posiblemente fundamental no es con las personas más próximas, sino con aquellas con las que se tiene mayor afinidad, independientemente del lugar del mundo en que se encuentren. Esto está creando graves problemas de comunicación entre las personas y sus relaciones, en las parejas, pero también en las familias, en los hijos con los padres, entre los hermanos y en las comunidades más próximas, los vecinos, los compañeros, los compatriotas

De esta forma, lo que ayer se consideraba más auténtico se vuelve cada día más inaccesible, por eso estamos abocados a vivir una era de los simulacros, la representación de la realidad que exactamente no es la realidad, en nuestros “reality shows” particulares, donde se mezcla lo virtual y lo genuino. Este mundo exige que nos representemos públicamente, no que seamos como somos, ni que pensemos, sintamos o hagamos como corresponde a nuestra condición, lo importante en la era de los simulacros es sin duda la representación: la imagen pública.

Y cuando ya no somos quienes somos sino nuestras representaciones públicas en el escenario mundo en el que todos se representan, nuestra identidad se confunde, se hace más anómica y anónima; trascendemos la realidad para habitar en una forma de ficción, que se entremezcla con las ficciones de todos los demás, con sus diversas representaciones.

Si la realidad pasa a ser hiperrealidad, es lógico que esta requiera que el ser humano pase a un ser  hiperhumano, que contenga lo humano más sus circunstancias, pero el grave problema es que esas circunstancias no están bajo su control, sino de otros. Paradoja sorprendente, en el momento en el que el ser humano alcanza su mayor grado de liberación en la historia, surge el ser hiperhumano que es el más dependiente de la técnica que jamás ha existido.

La verdad como epifenómeno de la realidad

En ese proceso similar a la fragmentación de los alimentos o de los seres humanos, la verdad que contiene la realidad también se va transformando hasta el punto de que lo que se dice puede contener más o menos porcentaje de verdad, pero en algunas ocasiones nada tiene que ver con la realidad, pues de tanta sustracción de su contenido y tantos aditivos que se añaden, una noticia puede ser una intoxicación muy bien elaborada que nada tiene que ver con la que realmente ha ocurrido y que ha sido creada para beneficiar de alguna forma el interés del procesador de la información y la comunicación que amablemente nos la regala. Avanzamos de esta forma hacia alguna forma de ceguera magníficamente urdida por aquellos que tratan de imponer un velo sobre nuestra propia conciencia y la de todos. Y al mismo tiempo a un nuevo mapeado de las relaciones que si por un lado se hacen universales, es al precio de hacerse controladas.

Volvemos de esta forma a la búsqueda de la verdad, haciendo válido el aforismo cristiano de la verdad nos hará libres, pero ¿cómo alcanzarla?. Estas cuestiones relativas a la información y la comunicación no son nada nuevo, provienen de la Grecia Antigua como tantas cosas, cuando los sofistas se propusieron demostrar que podrían, mediante artificios retóricos, demostrar una cosa y la contraria, algo que sin duda coincide con los comienzos del relativismo por parte de los escépticos, origen de la duda y la incertidumbre, pero también de la desinformación, la propaganda y las intoxicaciones y por supuesto, de la publicidad. La manipulación de la realidad por medio del verbo es algo muy antiguo sobre lo que nos advirtieron ilustres personajes como Aristóteles, Maquiavelo, Voltaire Schopenhauer,  Milosz o Chomsky.

Sin duda la hegemonía visual a la que nos enfrentamos, que ha desplazado los argumentos racionales por los memes ópticos, tiene algo que ver en este proceso. Algo que fue descrito en su día por Giovanni Sartori con su “homo videns” el ser humano como espectador que ve la realidad pero no reflexiona sobre ella, con sus puntos de coincidencia con el “homo sentiens” de Franco Ferrarotti,  sedicentes reproductores de aquello que no han comprendido pero de lo que consideran que entienden  porque lo han visto. No se alejan estos personajes de los “hombrecillos” descritos por Whilhem Reich, el hombre masa de Ortega y Gasset, o los “estúpidos” de Carlo María Cipolla. 

Si no se hace algo para evitarlo, pronto nos quedaremos sin realidad, sin autenticidad, y sin verdad. Y todo lo que llegará a nosotros será una maraña de datos imposible de procesar, un auténtico fiasco, una reproducción interesada del simulacro de la realidad, que sólo contiene de realidad lo que le interesa que contenga al mensajero.  El procedimiento es sencillo, cada día lo disfrutamos en la televisión con los “reality shows”, concepto no traducido al castellano, porque perdería su glamour, pero en realidad no son otra cosa que simulacros, pero también en las redes sociales, en cualquier escenario de comunicación, incluso en los que ayer eran reales. El problema es que la inmensa mayoría de la gente se cree que simulacros y realidad coinciden, de esa forma resultan dependientes de las intenciones del cocinero, se alimentarán con lo que le interese y cuando son estafados, antes de reconocer su ingenuidad, posiblemente recurran a la desconfianza, la neurosis y la paranoia.

El secuestro de la opinión pública 

El sociólogo Jean Baudrillard nos advirtió de que la hiperrealidad había envuelto a la realidad, que las representaciones al igual que los mapas habían desplazado a los territorios, que la información y la comunicación cada día se abrazaban más al simulacro de la realidad, a su representación, de aquí en adelante, decía el pensador francés, los simulacros precederán a cualquier acontecimiento, o más exactamente  a cualquier suceso que ocurra en la realidad. 

Michel Foucault nos advirtió antes de la llegada de internet que para alcanzar los conocimientos de la realidad sería necesario realizar algo parecido a la arqueología, rebuscando en el montón de escombros que la hiperrealidad, la realidad virtual creada y construida con intereses, hubiera dejado sobre ella.  El modelo que nos sirve para comprender el pasado desde la historiografía, también nos debe servir para comprender el futuro desde la hipocresía, al fin y al cabo, desde sus representaciones ficticias, que tanto recuerdan a la caverna de Platón.

Algo ha debido hacer bien el poder para lograr que tras un periplo de 2500 años hayamos regresado al mismo punto de partida, ver sombras proyectadas que sólo recuerdan a la realidad, pero que no coinciden con ella. Volveremos a depender de aquellos que encienden y apagan las luces según su conveniencia, como ha ocurrido siempre, pero algo hemos avanzado, antes lo hacíamos en una caverna creada por el poder y hoy podemos hacerlo relajadamente desde nuestras casas, sintiéndonos poderosos por ver todo aquello que otros han decidido mostrarnos y no acceder a todo aquello que han decidido ocultarnos. 

El problema se producirá cuando regresemos a la fase anterior como creo que acontecerá en los próximos años, abandonando el ámbito de la creación, la reflexión y el raciocinio que ha caracterizado a la civilización occidental, para abrazar la mitología de las creencias tan grata a otras civilizaciones y a algunas opciones dentro de la nuestra. Sin duda, creeremos aquello que les interese que creamos a los detentadores del poder que administran el curso de nuestras vidas. 

Los dioses que guiarán nuestra existencia ya no se denominarán Zeus, Minerva o Venus, sino Prima de Riesgo, Déficit Público e Indice de Precios al Consumo y sus sacerdotes formarán gobiernos, hata que algún émulo de Tales, en la puerta de algún mercado, vuelva a repetir aquello de "todo está lleno de dioses" y comencemos una nueva era de la razón, que haya abjurado para siempre de las trampas dialécticas del relativismo y de todos los simulacros que conlleva. Sólo entonces, volveremos a ser dueños de nuestra realidad, el homo mensura de Protágoras.

Enrique Suárez

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